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El camino imposible hacia la transición renovable

The Oil Crash - 9 Agost, 2017 - 18:28

Queridos lectores,

Cada vez que discuto sobre el problema de la crisis energética con especialistas del sector de las renovables, me encuentro, siempre, con los mismos planteamientos y con la misma discusión. Suele comenzar mi interlocutor, quien me comenta de los avances que se están haciendo en tal o cual tecnología para el mejor aprovechamiento renovable o para incrementar su penetración en la generación eléctrica. A esto vuelvo yo recordando que la electricidad representa poco más del 20% de la energía final consumida en un país avanzado como España, y que el 70 y muchos por ciento no eléctrico no es fácil de electrificar, y que se requiere mucho esfuerzo y planificación para llevar tal tarea a cabo, sabiendo que ciertos usos de la energía probablemente nunca se electrificarán. En añadidura, hacer toda esa transformación en el contexto que supone el desafío del peak oil, momento probablemente ya superado, en conjunción con los probablemente ya pasados picos del carbón y del uranio, y el no demasiado lejano pico del gas, implica que en relativamente poco tiempo vamos a necesitar mucha energía que ya no tendremos. Y que quizá el foco se debería poner en ver cómo se tienen que diseñar los escenarios para que la transición renovable sea estable, pues sin planificación podríamos acabar siguiendo un callejón sin salida (como los primeros resultados del proyecto MEDEAS parecen indicar - serán presentados el próximo septiembre, por cierto). En ese momento, mi interlocutor suele responder que todo lo que sea ir incrementando el potencial de generación renovable nos hace avanzar en la necesaria transición energética. Esa respuesta (la de que ir añadiendo sistemas de generación renovable es siempre avanzar en la buena dirección) demuestra, entre otras cosas, que mi interlocutor no ha entendido lo que le acabo de decir. Pues justamente uno de los problemas que tenemos es que, para que la transición renovable llegue a buen puerto y no nos conduzca más rápidamente al colapso, se requiere un alto grado de planificación.

Que la transición renovable, para que sea efectiva, requiere un alto grado de planificación, es algo que choca con las expectativas de la mayoría de los expertos, y no hablo aquí sólo de los despistados de los que me suelo mofar. Incluso a aquellos expertos con posiciones más aperturistas, que comprenden que lo que llamamos (sin serlo) libre mercado no lo puede regular todo, les resulta incomprensible que se tenga que tomar una medida tan drástica como inhibir la autoregulación y marcar férreamente desde una autoridad central qué se debe hacer y cómo se debe hacer. Sin embargo, tenemos ya muchos indicios de que tal planificación es absolutamente necesaria. Por ejemplo, en el trabajo que publicamos en 2012 (en el que asumíamos muchas simplificaciones pero como mínimo introducíamos planteamientos realistas sobre la capacidad tecnológica de los sistemas a utilizar y sobre el uso de materiales requeridos) llegábamos a la conclusión de que la meta del 100% renovable podría ser alcanzada pero 1) se tenía que implantar, a escala mundial, una economía de guerra inmediatamente y durante los siguientes 30 años; 2) se necesitaría un grado de cooperación internacional a una escala nunca vista; y 3) una vez llegado al 100% renovable se tendría que abandonar para siempre el objetivo del crecimiento, pues el abastecimiento energético ya no podría crecer sobre el nivel conseguido, y todo lo más que se podría hacer sería repartir lo que hubiese.

Existe entre los especialistas una gran (y alarmante) disparidad de opiniones sobre el potencial renovable y muchas discrepancias en cómo se podría construir un mix 100% renovable a escala global - conviene aclarar primero que por tal cosa queremos decir uno capaz de producir una cantidad de energía que mantuviera una parte substancial de la actual sociedad industrial; obviamente, si colapsaramos por completo las sociedades humanas sobrevivientes serían 100% renovables a la fuerza, pero lógicamente a un nivel energético muchísimo menor que el actual. Y las diferencias de opinión son tan grandes que algunos expertos afirman que se podría mantener el objetivo del crecimiento durante muchas décadas aún, mientras que otros indican que es imposible de conseguir el 100% renovable, si lo que se pretende es mantener el nivel de consumo similar al actual. Pero, a pesar de esas diferencias, los estudios medianamente serios suelen llegar a una conclusión no demasiado diferente de la de nuestro trabajo de 2012, es decir, que es necesario tomar medidas muy drásticas de planificación en el uso de recursos y en las políticas energéticas e industriales para poder conseguir el objetivo 100% renovable, y que tales políticas tendrían que ser vigentes durante muchos años. En algunos casos, análogamente a nuestras conclusiones, se explicita la imposibilidad de seguir creciendo; en todos ellos, queda claro que hay que poner coto a los sistemas de libre mercado e imponer una planificación obligatoria a escala mundial.

Éste es uno de los grandes problemas de la transición a un modelo de producción de energía 100% renovable (se sobreentiende siempre, manteniendo la sociedad industrial). Y es que, con esos planteamientos, el mix energético 100% renovable es incompatible con la economía de mercado. El problema es muy profundo, pues no afecta solamente a la producción y distribución de energía: dentro de un paradigma capitalista se podría llegar a aceptar que la energía fuera un servicio nacionalizado, con tal de que se permitiera que el resto de actividades fuera completamente liberalizado; sin embargo, dado que la energía es la precursora de la actividad económica (la energía es la capacidad de hacer trabajo, y porque somos grandes consumidores de energía podemos incrementar enormemente el PIB - recordemos que el incremento de consumo de energía es responsable del 60% del incremento del PIB), si uno limita el uso de la energía (y la planificación energética no se limita a la producción, sino que abarca también quién usa y cómo usa la energía) toda la actividad económica acaba sometida a planificación.

Éste es el gran problema de la transición energética. No es sólo que se consiga una rentabilidad a la altura de las expectativas de los inversores, sino que, en cuanto se habla de un cambio radical y a gran escala de la matriz energética, se hace necesario cambiar todo el sistema productivo y, por ende, el sistema económico. Yendo más lejos aún, no queda más remedio que abandonar dos pilares del capitalismo: la liberalización económica de los sectores productivos y el crecimiento perpetuo. Debido a eso, es completamente natural que los grandes capitalistas sientan una profunda aversión por la transición energética, a la que ven como poco menos que un neocomunismo disfrazado de ecologismo (aunque, como ya vimos, el comunismo tiene el mismo problema de insostenibilidad energética que el capitalismo). No deja de ser curioso que la bastante manifiesta aversión de los máximos exponentes del capitalismo a la transición renovable sea interpretada por los grupos pro transición como un miedo a la posibilidad de "democratizar el acceso a la energía", ya que -interpretan estos grupos- la producción de energía renovable sería de manera natural descentralizada (o sea, que cada hijo de vecino podría "producir su propia energía", como suelen decir). Dejando al margen si los sistemas renovables podrían producir tanta energía como se piensan (cosa en sí misma discutible, habida cuenta de los límites de los sistemas renovables), resulta obvio que la liberalización real y absoluta de la producción de energía no es realmente lo que preocupa a los capitalistas, como tristemente muestra el caso de España (pues si es preciso se usa el poder político, completamente cooptado por el económico, para introducir barreras de acceso al mercado al productor minorista).

En realidad, el problema de los sistemas renovables, además de sus límites, es que la producción de energía de origen renovable (dejando de lado la hidráulica) tiene una baja densidad energética y baja exergía. En todas las transiciones energéticas que ha vivido la Humanidad desde el principio de la Primera Revolución Industrial, siempre se ha pasado de fuentes de energía menos densas energéticamente a otras más densas energéticamente, y además las fuentes antiguas no eran abandonadas, sino que todo se iba acumulando. En este caso, se requiere no sólo sustituir una energía densa y versátil, como la que nos proporcionan los combustibles fósiles, por una menos densa y menos versátil, y encima al tiempo ir eliminando el uso de los combustibles fósiles por la doble necesidad de su producción decreciente y por la lucha contra el cambio climático. Como digo, la restricción es doble: por un lado, es necesario reducir nuestras emisiones de CO2 a un ritmo muy rápido para evitar desestabilizar aún más el clima de nuestro planeta; pero, por el otro, aún cuando quisiéramos alargar la época de los combustibles fósiles todo lo posible, el progresivo y termodinámicamente inevitable descenso de la producción de energía fósil minará la viabilidad de nuestro sistema económico, condenándonos a una crisis que no acabará nunca. Bajo tales restricciones, nuestro sistema económico está tocado de muerte y es inevitable buscar un sistema de planificación energética y económica, como comentábamos más arriba, pero no por cuestiones ideológicas, sino meramente lógicas. Parafraseando a Bill Clinton, podríamos decir: ¡Es la Termodinámica, estúpido! Sin embargo, la mayoría de los grupos ecologistas y concienciados con el medio ambiente insisten en las vías evolutivas y posibilistas, como el ejemplo que explicaba al principio de este post. Estas personas creen de buena fe que el ir incorporando sistemas renovables va contribuyendo, aunque sea poco a poco, a disminuir las emisiones de CO2 y nos lleva por la buena dirección. Una buena dirección sobre la que siempre he dudado, y que por las razones expuestas en este post es más bien un malgasto de recursos, puesto que con ella no se consigue una disminución del consumo de combustibles fósiles y no se va a la raíz del problema. En suma, alentar las vías evolutivas dentro del mecanismo de un (presunto) libre mercado no es más que una distracción inútil, cuando lo que ya es inaplazable es un cambio del sistema económico y productivo. Sin embargo, todos somos conscientes de que el discurso de la mayoría de las organizaciones pro transición energética sigue encerrado en el posibilismo de una evolución del sistema, en vez de plantear abiertamente una revolución del sistema.

Por supuesto mi posición no sólo es minoritaria, sino  también bastante impopular. Por todo ello, viendo la falta de avances reales hacia una transición energética que merezca tal nombre mientras que en la prensa se jalean como si fueran grandes logros cambios verdaderamente anecdóticos, y viendo cómo proliferan los análisis que anuncian décadas de precios bajos del petróleo cuando claramente nos dirigimos hacia una caída abrupta de la producción que generará un nuevo shock de precios (que la Agencia Internacional de la Energía espera para antes del final del 2018), lamentablemente sólo puedo ser pesimista en lo que a nuestro futuro inmediato se refiere. Tal y como lo veo, un cierto grado de colapso es ya inevitable, porque sólo cuando haya graves disfuncionalidades a gran escala se comprenderá que hace falta algo más que un cambio cosmético y posibilista. Es una manera necia de obrar, pues para cuando los problemas tengan tal magnitud tendremos menos recursos y menos margen de maniobra para actuar de manera eficiente, pero aún quiero creer que en ese momento podremos implementar los cambios que todos necesitamos y que a todos nos benefician.


Salu2,
AMT
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España tiene un estado de mierda

Ácratas - 3 Agost, 2017 - 14:21


España es un estado en descomposición, sin dirección ni objeto. Nación de naciones, dicen algunos descerebrados con más hormonas que sentido común, deseando subirse cuanto antes al machito para robarnos hasta los calzoncillos sucios. Otros presumen de haber robado ya en directo, ante las cámaras de televisión. El presidente del Gobierno ha cometido perjurio sin despeinarse --aunque balbuceando un poco, supongo que porque a cualquiera le faltan tablas para decir tanto "no sé", "no me consta", "no creo", "no sé nada de finanzas", habiendo sido secretario general del PP durante todos los años en los que se cometieron los más de cien casos de corrupción que asolan al PP, "organización criminal", según la Judicatura.

Mientras, los verdaderos amos del mundo, los banqueros sin prepucio y cuya Ley les permite tratar al resto de la humanidad como si fuera ganado, financian al estado español al 2% con créditos ilimitados, con dinero nuevo, fresca la tinta, dinero recién creado de la nada salido de sus kipas como el humo de una cachimba vieja. ¿Por qué? Pues porque España representa lo que ellos quieren para Occidente entero: servidumbre voluntaria y corrupción absoluta. España es el modelo a seguir: inmigración descontrolada, sindicatos serviles al Estado, partidos corruptos desde su nacimiento, división social, paraíso de feministas y maricones, transexuales y putas. Con una población autóctona de 40 millones de ignorantes de todo lo importante, descerebrados que reniegan de su bajísima extracción social; chusma sin cultura ninguna, sin salud, sin dignidad, sin moral y sin ética. Gentuza de pésimos gustos, adicta a la tele y a mentir en las redes sociales, a copiar y reproducir ideas políticamente correctas, a saltarse la gramática diciendo absurdidades como "nosotros y nosotras", o "miembros y miembras, vástagos y vástagas", hasta que lleguemos algún día al absurdo total de "personas y personos, víctimas y víctimos, independentistas e independentistos, gentuzas y gentuzos"...

España es un país de golpistas al servicio de la banca internacional y de sus petroleras: ahora en Venezuela alienta el crimen, sigue la senda del golpismo aznarista que trató de derribar y asesinar a Hugo Chávez. Da igual si es un nacional-católico como Rajoy o un pseudo-socialista como Zapatero. Todos los políticos españoles contra la democracia, a favor de la privatización de las reservas de crudo venezolanas, las mayores del planeta y de la banca nacional venezolana, una de las pocas que no controlan los Rothschild.

España, modelo de servilismo. Nos lo hemos ganado a pulso. ¡Anda ya a la mierda, España!

ÁCRATA CABREADO







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Siervos de Entropía

The Oil Crash - 18 Juliol, 2017 - 20:02

Queridos lectores,

Cuando yo era niño apareció un videojuego, uno que marcó a toda una generación, más o menos a la edad en la que yo podía comenzar a interesarme por esas cosas. Ese juego era el Pac-Man, el cual, a pesar de lo arcaico que se ve desde hoy en día, es probablemente conocido por la mayoría de mis lectores. Como ya sabrán, la dinámica del juego es muy simple: escapar de los fantasmas (salvo cuando estabas bajo el influjo de una gominola de poder) y comer tantas gominolas como podías. Cuando te comías todas las gominolas de un nivel el juego se paraba, los fantasmas y Pac-Man volvían a sus posiciones iniciales, reaparecían las gominolas y comenzabas en un nuevo nivel. Con cada nivel que se progresaba, los fantasmas se movían cada vez más rápido. Yo jugué mucho a ese juego con una videoconsola Atari (muy avanzada en su época) y con práctica llegué a pasar muchos niveles seguidos, hasta niveles donde los fantasmas se movían a una velocidad increíble. Al final, inevitablemente, siempre te mataban, y ésa era la única posibilidad para terminar la partida (aparte de apagar la consola). Lo más curioso de aquel juego era como, a pesar de lo banal del objetivo (conseguir tantos puntos - un ente abstracto sin mayor significado-  como fuera posible), era muy muy adictivo. De alguna manera, ese objetivo sencillo y ramplón era capaz de generar en el cerebro de los jugadores los adecuados mecanismos de recompensa que hacían que pudieras pasar un montón de horas intentando retrasar la - por otra parte ineludible - muerte y fin de la partida. Entre otras cosas, porque una de las gracias del juego era mostrar que eras capaz de hacer más puntos que los demás.

A cualquier lector avezado de este blog no se le oculta que este ejemplo tonto de un pasatiempo en el que se busca tener más y más sin que ello en realidad redunde en ningún beneficio mesurable es un buen ejemplo de tantos comportamientos desviados e insostenibles de nuestra sociedad. Se puede alegar, como frecuentemente hacemos, que este ansia por acaparar más y más de lo que sea (ya sea puntos electrónicos en un videojuego, ferraris en el garaje o mierdas pinchadas en un palo) es el resultado de un error educativo, y no dejará de ser cierto, pero quizá haya también algo más. Un trasfondo biológico que nos lleva a la maximización de los flujos, por destructivos que sean, una tendencia que de alguna manera está impresa en nuestro ser y que la sobreexcitación capitalista siemplemente ha elevado a la máxima potencia, pero que siempre ha estado ahí.


Cuando se explica lo insostenible que es nuestra sociedad, abocada al objetivo de crecer sin límites en un planeta finito, a veces se nos compara con la levadura. Como es bien sabido, una pequeña muestra de levadura, convenientemente vertida en el zumo de la uva, aprovechará la enorme abundancia de azúcares del ambiente para reproducirse a un ritmo exponencial, y en el proceso, también exponencialmente, agotará los recursos que la hicieron medrar tan rápidamente y aumentará la cantidad de alcohol, que a la postre convertirá el ambiente en excesivamente tóxico para el microorganismo y le condenará a su colapso y extinción. No se puede negar la enorme fuerza de la comparación entre la levadura y la Humanidad: un exceso de recursos les lleva a crecer alocadamente y al final el ambiente degradado que ellas mismas han generado les lleva a sucumbir completamente. Lo curioso desde el punto de vista biológico es que este ejemplo de crecimiento desbocado y sin autocontrol es algo repetido con cierta frecuencia en la naturaleza: en la marabunta, en las plagas de langosta o de lemmings, en las mareas rojas de algas... Siempre la misma historia: una especie tiene demasiado éxito en el acceso a los recursos y acaba destruyendo el hábitat que la sustenta, hasta que ya no puede sustentarle y acaba colapsando, muchas veces de forma completa, por inanición.

La función última de los seres vivos es, todavía hoy, un misterio. Desde el punto de la Física, que es el que yo conozco mejor, por definición un ser vivo es un ente que vive en una continua lucha contra el Segundo Principio de la Termodinámica (ya saben, el que establece que la entropía del Universo siempre crece). Los seres vivos, para mantener su organización interna y funcionalidad, tienen que mantener un flujo continuo de materia y energía: materia, para autorepararse, y energía, para mantenerse en marcha. Ese flujo positivo de materia y energía también puede ser interpretado como un flujo negativo de entropía: los seres vivos se deshacen de la entropía que genera su propia existencia, y lo hacen a costa de aumentar más rápidamente la entropía de su entorno. Esta interpretación de los seres vivos como sistemas lejos del equilibrio termodinámico y fuentes de entropía fue sugerida ya por Richard Feynman en la década de los 50 del siglo pasado y desarrollada en la década siguiente por Ilya Prigogine, y ha sido utilizada profusamente desde entonces. 

En realidad, la idea de que los seres vivos son estructuras altamente disipativas es fuertemente perturbadora, porque plantea un inquietante interrogante sobre la función real de los seres vivos. Si al final lo que posibilita la vida es el gradiente del potencial químico que accidentalmente se crea en algunos rincones del Universo, ese gradiente que va desde los recursos a los residuos y que hace nuestra mera existencia posible, los seres vivos cumplirían la función de destruir de la manera más rápida posible esos gradientes, es decir, maximizando la tasa de creación de entropía, hasta el extremo de llevarles a su autodestrucción. Esa trampa natural, de que somos nosotros mismos los que consumimos los gradientes de recursos que propician nuestra existencia por el mero hecho de vivir, es otra de esas amargas lecciones que nos deja el Segundo Principio de la Termodinámica, posiblemente la más deprimente y fatalista de las leyes y principios de la Física.
 
Con todo, los seres vivos individuales parecen haber desarrollado estrategias para reducir su flujo entrópico a uno que les permita mantener su entorno habitable durante más tiempo (nunca eternamente, por supuesto, pero nada es eterno). Sin embargo, algunas especies tiene dificultades para estabilizar su débito entrópico-metabólico, sobre todo porque no consiguen mantenerse en equilibrio con su ecosistema (en casos como el de la levadura, porque su ecosistema ha sido artificialmente adulterado) y así se comportan como verdaderos maximizadores de la entropía (dicho de otro modo, gestionan mal la abundancia). También de manera natural, los ecosistemas desequilibrados tienden a colapsar y a ser substituidos por otros mucho más equilibrados y con menor débito entrópico-metabólico.

No deja de ser paradójico que la especie que más fomenta los desequilibrios que favorecen las plagas (es decir, las explosiones biológicas que maximizan la creación de entropía), y para comenzar la de sí misma, es el que se jacta de ser la única inteligente en este planeta. Eso no quiere decir que las comunidades humanas estén condenadas a ser macroorganismos maximizadores del débito entrópico y por tanto abocadas a su autodestrucción acelerada. No,  no es ése el destino de todas las civilizaciones humanas. Algunas han demostrado ser capaces de moderar su débito entrópico-metabólico, de vivir intentando no acelerar la inevitable entropización del entorno, el crecimiento de la destrucción. Civilizaciones que aprendieron a vivir en armonía con la naturaleza, vivir a un ritmo metabólico justo y necesario. Pero el capitalismo ha sido concebido para maximizar la entropía colectiva. 

Puede sonar a un poco reduccionista la definición del capitalismo como un sistema que maximiza la producción de entropía de la Humanidad, pero en realidad es exactamente ésa su función. Es bien conocido que en el capitalismo lo que es importante no es el stock absoluto, sino la maximización, justamente, de los flujos. No es importante el PIB en sí, lo que es importante es su tasa de crecimiento, porque ella expresa la esperanza de crecimiento del capital, es decir, la tasa de interés que puede esperara conseguir de sus inversiones. Por ese motivo, no es importante cuánto se tiene, sino tener siempre más y además que la velocidad del crecimiento sea cada vez mayor en términos absolutos (pues ha de llegar a un porcentaje mínimo en términos relativos, y por tanto el incremento es mayor cuanto más se tiene). Por eso mismo, no importa si se degrada el entorno o si disminuyen los recursos necesarios para seguir en marcha; lo que importa es que los flujos sean crecientes, es decir, que se consuman más recursos y se produzcan más residuos, es decir, que crezca la entropía y que cada vez lo haga más rápido. Al final, ésa es la verdadera función del capitalismo: acelerar hacia el colapso entrópico.

De entre los muchos residuos y subproductos tóxicos que se generan con la aceleración entrópica del capitalismo, uno de los peores es la propaganda, que tiene el poder de intoxicar mentes y nublar el entendimiento delante de verdades simples. Por ese motivo, por culpa del fuerte y persistente efecto de la propaganda, se ven los intentos de vivir dentro de los límites biofísicos que nos marca el planeta y de reducir nuestra tasa entrópica a un mínimo razonable como actitudes infantiles, bienintencionadas pero poco maduras, cuando no reaccionarias (como a veces se ataca desde ciertos sectores de la izquierda a las propuestas decrecentistas). Entre tanto, el capitalismo juega a una especie de Pac-Man macabro, buscando maximizar el número de puntos - las unidades monetarias con las que cuantifica su "éxito", aunque éstas no tengan ningún valor intrínseco - sin darse cuenta de que a la larga, forzosamente, será destruido por los fantasmas de la entropía.

Pero, hace falta insistir en ello, el curso que seguimos no es inevitable. Imagínense que jugasen al Pac-Man intentando evitar comer la última gominola del primer nivel. Ciertamente no sería fácil, y el acoso de los fantasmas sería constante, pero como no se acelerarían (al no pasar de nivel) sería mucho más sencillo moverse, durante más tiempo, en el filo de la entropía. Está claro que la mayoría de la gente consideraría tal manera de jugar muy estúpida, porque haríamos pocos puntos, pero imagínense ahora que la competición fuera no a conseguir muchos puntos, sino a durar el mayor tiempo posible.


Sabemos que tenemos que morir, sabemos que no podemos ganar la batalla a la entropía por tiempo indefinido. Del mismo modo, como macroorganismos vivos que son, las civilizaciones mueren, y por fuerza nuestra propia civilización tendrá que morir. Pero no es lo mismo morir después de una vida dichosa y en equilibrio, que morir violentamente después de innumerables excesos, dolor y destrucción. 

La obsesión del capitalismo por maximizar los flujos mientras destruye la base material que le sustentan es algo muy grave. Pero peor que eso es la falta de capacidad de aceptar críticas razonadas basadas en datos y argumentos sólidos basados en las ciencias empíricas, hasta el punto de que el pensamiento económico actual en poco puede diferenciarse de un culto religioso destructivo. La visceralidad de la reacción de los zelotes de este culto, lo agresivo e irreflexivo de sus respuestas cuando uno plantea las alternativas razonables para evitar estrellarse (decrecimiento, economía de estado estacionario,...) muestran a las claras que aquéllos que rigen nuestra sociedad son sacerdotes del culto a la Entropía, entronizada como una diosa pagana de la destrucción. Sólo quieren maximizar el capital por maximizar el capital, entendido ya como un incremento de unos números registrados en un sistema electrónico, no un crecimiento de un capital físico real. Ya no se busca crear objetos durables (hasta las casas y las infraestructuras se construyen para que tengan caducidad), ya no se busca crear un capital físico, sino la mera maximización de flujos. Básicamente, sólo se busca ganar más puntos en el Pac-Man aunque eso acelere nuestra llegada al choque contra el fantasma de la entropía. ¿Para qué? Realmente son sólo siervos de Entropía, Diosa de la Muerte y la Destrucción.

Todos somos, en realidad, siervos del mal, siervos de Entropía, pues con nuestras acciones diarias dentro de esta sociedad en la que vivimos estamos contribuyendo más de lo que realmente sería necesario a gastar recursos y degradar el medio ambiente, a incrementar la entropía en suma. Tenemos que aprender (yo el primero) a vivir dentro de los límites, a no tener vergüenza de vivir en armonía y equilibrio. No es una cuestión moral, pero es una cuestión de supervivencia. Y debemos de ser capaces de explicar estas cosas sin temer ser reprendidos o avergonzados por ello.

Salu2,
AMT
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El declive de las energías fósiles en Latinoamérica y Caribe

The Oil Crash - 11 Juliol, 2017 - 22:32
Queridos lectores,

Una vez más, Demián Morassi, Erasmo Calzadilla y Aníbal Hernández ha preparado un análisis bastante detallado sobre la evolución de la crisis energética, bastante útil para tomar una perspectiva diferente y no eurocéntrica del significado de la misma (y ojalá para aprender algo).

Les dejo con los tres expertos.

Salu2,
AMT


Despacito, vamos cayendo suavecito. El declive de las energías fósiles en Latinoamérica y CaribePor Erasmo Calzadilla, Aníbal Hernández y Demián Morassi.
Por tercer año traemos nuestras observaciones sobre la energía en Latinoamérica y el Caribe aprovechando la salida del nuevo BP Statistical Review of World Energy [1].Desde 2015 descubrimos y presentamos a nuestros lectores un problema al cual suponemos potencialmente catastrófico: “La región está abocada a una crisis energética. En poco tiempo llegaremos al pico del consumo; evento que estará asociado al agravamiento irreversible de la situación social” (TOC 2015).Hasta 2014 la situación era bastante estable, el crecimiento económico de la región aún no se había visto trastocado, sin embargo, a partir del siguiente gráfico, nos animamos a hacer un pronóstico: "(...) en muy poco tiempo el consumo de energía superará la producción o, para ser más exactos, el consumo tenderá a ajustarse a la producción declinante y arrastrará consigo a la economía." (TOC 2015)
Y, como temíamos, la estabilidad de la región se empezó a quebrantar. El año pasado comenzamos a verificar cómo llegaba el pico energético en la región (TOC 2016), no sólo de la producción (habían caído la de gas, petróleo y carbón) sino del consumo (los indicadores totales para 2014 y 2015 eran casi idénticos). Esa línea ascendente del consumo podría estar preparándose para su primer declive desde la crisis global de 2008. 
Los problemas políticos de Brasil y de Venezuela eran, al correr 2015, como el plástico: derivados del petróleo. En la economía más grande de la región la corrupción en Petrobras desencadenó un efecto dominó que aún no deja de voltear fichas. En la nueva etapa venezolana post Chávez, la caída del precio del petróleo demostró que un país atado a la exportación de un sólo commodity tiene menos resiliencia que karateka frente al ISIS. La crisis brasileña también golpeó a los países vecinos y la venezolana afectó a los países de Petrocaribe, que han visto reducido drásticamente el flujo de petróleo desde Caracas. Mientras tanto en México, con la caída del precio (tanto del petróleo como del gas y el carbón), la desinversión lleva a que luego de un declive petrolero de una década se preparen para el fin del monopolio de Pemex, en búsqueda de inversores extranjeros. 
La energía de la región recién ahora está mostrándonos a la cara el problema que habíamos especulado desde el lápiz y el papel. 
Si bien Latinoamérica y Caribe no se mueven como un bloque y algunos países están más ligados a EEUU que a cualquiera del resto de nuestros países, esperamos sirva para conectar las necesidades y problemas, ya que a la hora de analizar diversos asuntos de integración en la región, la energía muchas veces permanece en la sombra.
En el trabajo de este año hemos actualizado los datos para entender qué ha sucedido desde entonces; si se han cumplido nuestros pronósticos o nos equivocamos. Vamos a analizar por separado las diferentes fuentes de energía y la situación de los principales productores. Nuestra lectura puede apenas dar un pantallazo del informe, dejando de lado elementos importantes como la capacidad de refinería o el intercambio de esos productos elaborados.
En la siguiente gráfica podemos observar el porcentaje de consumo de cada combustible al terminar 2016.
PETRÓLEOHace dos años la producción de petróleo en la región decaía de una manera suave, mientras que el consumo crecía como en sus buenos tiempos. La lógica llevaba a pensar que, por la incapacidad de frenar la caída de la producción, antes del 2020 y probablemente en el entorno del 2017, el consumo de petróleo en Latinoamérica y el Caribe comenzaría a descender, con el arrastre de consecuencias económicas y sociales. Finalmente, y luego de una meseta, nuestras predicciones comienzan a cumplirse. Analicemos por partes, pasito a pasito.
Producción de petróleo
La disminución en la producción de petróleo es multifactorial y sería muy difícil deslindar cuánto de ella corresponde a la falta de inversión por la ralentización de la economía mundial y cuánto tiene un origen más propiamente geológico, a raíz del declive de los pozos más generosos, variables estrechamente vinculadas porque la crisis lleva a desinversión y disminución de la producción y esto a su vez a más crisis. Pero el estudio particular de lo que sucede con la extracción en cada uno de los principales productores nos permite asegurar que el aspecto geológico y la disminución de la tasa de retorno energético son fundamentales. El máximo ejemplo es la caída de la producción del Complejo Cantarell en México (el campo más grande del continente), cuyo pico en 2004, marcó el pico de producción en México y su rápida caída arrastró a que los aumentos de toda Latinoamérica nunca vuelvan a los niveles de 2006, hoy Cantarell necesita miles de millones de dólares de inversión para frenar la caída [2].

De los cinco principales productores de la región el único que crece es Brasil y no alcanza a compensar las caídas del resto. A las ya tradicionales caídas de México, Venezuela y Argentina, que rondan en algunos casos los diez años (anterior a la asunción de Chávez en el caso de la patria bolivariana), se sumó Colombia. Este país sale de su meseta ondulante y empieza una segunda etapa de declive. En Venezuela y Argentina se mezclan, como hemos dicho antes, factores geológicos, económicos y sociales, pero el resultado final es el mismo: caídas más o menos lentas son parcialmente compensadas por el crecimiento de Brasil, que pasa a convertirse en el mayor productor de la región.
Consumo de petróleoLa región no tiene políticas ambientales que orienten a una descarbonización de la economía. Se puede ver en el vertiginoso aumento en el consumo de petróleo en la primer década y así entender que la incipiente caída actual tiene una relación directa con los límites y no con un proyecto ecosocial. Dos importantes países están pasando de ser exportadores netos a importadores (Argentina y México): el costo de no tener más crudo económicamente rentable, en el primer caso, o la incapacidad de aumentar la capacidad de refinería para la demanda interna en el segundo, obligan no sólo a dejar de ganar dinero sino a empezar a perderlo. La posibilidad de aumentar la importación dependerá de las políticas económicas pero lo seguro es que, como región, nunca podremos usar ni siquiera todo el petróleo que sacamos teniendo de vecino a la gran potencia devoradora de oro negro, Estados Unidos, que seguramente cree más viable hacerse con el petróleo de Venezuela, o cualquier otro país de la región antes que agotar el propio, sumado al aumento de la demanda de China e India que ya representan más de un tercio de nuestras exportaciones. Una vez revisado el cuadro de abajo, entenderemos que las posibilidades de seguir desarrollando nuestra industria y el comercio se van a ver frustradas y por ende la economía regional también. De hecho, ya la economía está decreciendo, en 2016 el PIB para América Latina y el Caribe cayó 1% [3]
Una solución momentánea pero inútil a largo plazo es desplazar la carga hacia el consumidor: México arrancó este año con un gasolinazo (aumentos del 15 al 20%) que condujo a protestas, disturbios y hasta saqueos con al menos seis muertos y más de mil detenidos.
También Venezuela puso fin al irrisorio precio de centésimas de centavo de dólar a la gasolina, y  aunque sigue teniendo el costo más bajo del mundo, en la frontera con Colombia ya vale alrededor de 0,40 dólares el litro [4], esto junto a un inflación galopante, que es otra manera de pasarle la cuenta a la gente que, como en México, también han recibido palo y bala por manifestarse.

PRODUCCIÓN DE GASLa producción de gas es dependiente de los gastos en exploración y perforación de las mismas empresas petroleras (sean estatales o privadas). Si éstas tienen que dedicar sus ingresos declinantes (por los precios internacionales o el declive de sus pozos) a pagar deudas, recomprar acciones o indemnizar trabajadores poco quedará para invertir salvo en las zonas muy seguras. El resultado de tan malas noticias es apreciable en la siguiente gráfica.

En Argentina el shale gas empezó a rendir luego de la gran apuesta que se hizo en Vaca Muerta pudiendo frenar la caída del gas; que aún es inferior a la demanda. Ahora bien, con el fin de atraer nuevas inversiones el neoliberalismo, recargado con Macri a la cabeza, optó por una opción previsible: quitar el subsidio (exagerado en muchos casos) a las tarifas de gas y electricidad. Sin embargo, la quita fue tan brusca, a niveles impagables para muchos, que generó un gran conflicto donde la justicia obligó al gobierno a dar marcha atrás con la liberación de las tarifas para hacerlo paulatinamente. El problema es que en ese largo lapso hubo un frenazo económico con quiebras y cierres de cientos de PyMEs. 
En Trinidad y Tobago, el gran productor de gas del Caribe, la ecuación fue al revés, se han quitado los subsidios a la gasolina para, indirectamente, promover el uso de GNC (Gas Natural Comprimido) para el transporte. Pero tanto en estos casos como en México con el gasolinazo, el declive energético va en detrimento de lo bueno que queda del Estado de bienestar.  

En el resto de países la extracción de gas siguió por los mismos caminos que la del petróleo: pocas perforaciones desde 2015, poca producción en 2016. Qué esperanzas habrá para 2017 si ya en 2016 el promedio de las plataformas de perforación activas (198) fueron menos de la mitad de las de 2014 (397) [5].
PRODUCCIÓN y CONSUMO DE CARBÓNSi bien la producción de carbón tiene un papel secundario en el mix energético de la región (5% del total), su consumo está en descenso a pesar que la producción colombiana de esta sucia fuente de energía haya aumentado. Habrá que ver si se hacen efectivas las intenciones de Trump de incentivar el consumo en EE.UU., nuestro principal comprador, y esto promueve una nueva ronda de inversiones. En cuanto al consumo, la caída (-4,1 MTEP) tiene bastante relación con el aumento de las energías eólica, solar y geo-biomasa (+4,5 MTEP).

RENOVABLESLas energías renovables siguen representando una esperanza para muchos. Los aumentos interanuales en capacidad instalada de energía eólica son impresionantes, especialmente en Chile (56,3%), Uruguay (43,2% aunque más sostenida en el tiempo) y Brasil (23,1%), pero acá hay que seguir teniendo en cuenta que en nuestro mix energético la electricidad está lejos de ser la principal demanda: petróleo para el transporte y, en menor medida, gas para calefacción se mantienen como poco reemplazables. 
Por otro lado, el abaratamiento de los insumos para molinos eólicos y el interés de empresas extranjeras puede mantenerse hasta un punto que es el del debilitamiento de la demanda. Habrá que ver si el decrecimiento económico de la región es sólo un mal trago para el capitalismo o si, como nosotros suponemos, será la norma en los próximos años. Por otro lado, el calentamiento global de este siglo retrae los glaciares que alimentan los ríos para las represas hidroeléctricas y aún éstas siguen siendo la principal y más económica manera de generar electricidad. Si en la gráfica que sigue no se distingue la energía solar quizás sea porque es apenas un décimo de la energía eólica (amplíe y la verá).

EL FUTUROComo habíamos previsto hace dos años, el consumo energético de ALyC no puede seguir creciendo, y ya ha comenzado a caer. Todas las fuentes decrecen excepto las “otras renovables”, pero su aporte al mix total es mínimo.
Existe una bien estudiada correlación directa entre el consumo de energía y el PIB total. Se puede comparar el gráfico de la CEPAL [6] para Latinoamérica y el Caribe con la línea que describe nuestro gráfico de consumo energético total. Por otro lado sabemos bien que la biocapacidad del planeta está sobrepasada; si todos consumieran como los habitantes de Latinoamérica y el Caribe se necesitan 1,6 planetas para sostener a la población mundial [7]. La ecuación no está cerrando. 
Podríamos estar contentos porque ya en 2016 las emisiones de CO2 de nuestra región son inferiores a las de los tres años precedentes [8], pero la causa de este suceso es otro problema casi más grave. Abogamos por un decrecimiento energético consciente y en lo posible programado, no uno que nos tome desprevenidos y genere grandes sumas de sufrimiento humano. Brasil, Argentina o Venezuela son ejemplos de cómo no deberíamos estar manejando el declive de los fósiles si queremos minimizar el caos y la injusticia social. Los gobiernos y la prensa no están cumpliendo con su papel, corresponde a la sociedad civil y a los activistas conscientes tomar medidas preventivas y hacer presión en el campo político e intelectual.
Muchas comunidades de América viven dignamente con una huella ecológica relativamente baja. Creemos que más cerca de la tierra que de las grandes urbes está la posibilidad de alcanzar un aceptable nivel de desarrollo humano con un decreciente consumo de energía. Cuba lo ha conseguido, no por deseo de su gobierno o la población: los anhelos de desarrollo se han topado con la incapacidad de resolver la ecuación entre un sistema de gobierno autónomo con alto nivel de desarrollo humano (aunque políticamente enajenante) en una economía globalizada que fuerza al neoliberalismo y, en caso contrario, detiene los flujos energéticos y las posibilidades de desarrollo económico. En la otra dirección la cultura de consumo con su propagación en los medios genera un grado de empatía que aún seduce mucho más que el buen vivir andino. Superar el neoliberalismo es aún una tarea titánica y los tantos caminos contrarios se enfrentan no sólo barreras económicas sino también la omisión del Estado, la corrupción o las armas. 
Por nuestra parte seguiremos gastando energía en procesar estos datos y proponer salidas.
Nota: todos los gráficos son elaboración propia a partir de datos de BP Statistical Review of World Energy 2017 [8]. Por petróleo BP refiere a: crudo convencional, extrapesado, shale y GNL (Gas Natural Licuado, cuando los líquidos del gas natural son recuperados de forma separada)
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El declive de las energías fósiles en Latinoamérica y Caribe

The Oil Crash - 11 Juliol, 2017 - 22:32
Queridos lectores,

Una vez más, Demián Morassi, Erasmo Calzadilla y Aníbal Hernández ha preparado un análisis bastante detallado sobre la evolución de la crisis energética, bastante útil para tomar una perspectiva diferente y no eurocéntrica del significado de la misma (y ojalá para aprender algo).

Les dejo con los tres expertos.

Salu2,
AMT


Despacito, vamos cayendo suavecito. El declive de las energías fósiles en Latinoamérica y CaribePor Erasmo Calzadilla, Aníbal Hernández y Demián Morassi.
Por tercer año traemos nuestras observaciones sobre la energía en Latinoamérica y el Caribe aprovechando la salida del nuevo BP Statistical Review of World Energy [1].Desde 2015 descubrimos y presentamos a nuestros lectores un problema al cual suponemos potencialmente catastrófico: “La región está abocada a una crisis energética. En poco tiempo llegaremos al pico del consumo; evento que estará asociado al agravamiento irreversible de la situación social” (TOC 2015).Hasta 2014 la situación era bastante estable, el crecimiento económico de la región aún no se había visto trastocado, sin embargo, a partir del siguiente gráfico, nos animamos a hacer un pronóstico: "(...) en muy poco tiempo el consumo de energía superará la producción o, para ser más exactos, el consumo tenderá a ajustarse a la producción declinante y arrastrará consigo a la economía." (TOC 2015)
Y, como temíamos, la estabilidad de la región se empezó a quebrantar. El año pasado comenzamos a verificar cómo llegaba el pico energético en la región (TOC 2016), no sólo de la producción (habían caído la de gas, petróleo y carbón) sino del consumo (los indicadores totales para 2014 y 2015 eran casi idénticos). Esa línea ascendente del consumo podría estar preparándose para su primer declive desde la crisis global de 2008. 
Los problemas políticos de Brasil y de Venezuela eran, al correr 2015, como el plástico: derivados del petróleo. En la economía más grande de la región la corrupción en Petrobras desencadenó un efecto dominó que aún no deja de voltear fichas. En la nueva etapa venezolana post Chávez, la caída del precio del petróleo demostró que un país atado a la exportación de un sólo commodity tiene menos resiliencia que karateka frente al ISIS. La crisis brasileña también golpeó a los países vecinos y la venezolana afectó a los países de Petrocaribe, que han visto reducido drásticamente el flujo de petróleo desde Caracas. Mientras tanto en México, con la caída del precio (tanto del petróleo como del gas y el carbón), la desinversión lleva a que luego de un declive petrolero de una década se preparen para el fin del monopolio de Pemex, en búsqueda de inversores extranjeros. 
La energía de la región recién ahora está mostrándonos a la cara el problema que habíamos especulado desde el lápiz y el papel. 
Si bien Latinoamérica y Caribe no se mueven como un bloque y algunos países están más ligados a EEUU que a cualquiera del resto de nuestros países, esperamos sirva para conectar las necesidades y problemas, ya que a la hora de analizar diversos asuntos de integración en la región, la energía muchas veces permanece en la sombra.
En el trabajo de este año hemos actualizado los datos para entender qué ha sucedido desde entonces; si se han cumplido nuestros pronósticos o nos equivocamos. Vamos a analizar por separado las diferentes fuentes de energía y la situación de los principales productores. Nuestra lectura puede apenas dar un pantallazo del informe, dejando de lado elementos importantes como la capacidad de refinería o el intercambio de esos productos elaborados.
En la siguiente gráfica podemos observar el porcentaje de consumo de cada combustible al terminar 2016.
PETRÓLEOHace dos años la producción de petróleo en la región decaía de una manera suave, mientras que el consumo crecía como en sus buenos tiempos. La lógica llevaba a pensar que, por la incapacidad de frenar la caída de la producción, antes del 2020 y probablemente en el entorno del 2017, el consumo de petróleo en Latinoamérica y el Caribe comenzaría a descender, con el arrastre de consecuencias económicas y sociales. Finalmente, y luego de una meseta, nuestras predicciones comienzan a cumplirse. Analicemos por partes, pasito a pasito.
Producción de petróleo
La disminución en la producción de petróleo es multifactorial y sería muy difícil deslindar cuánto de ella corresponde a la falta de inversión por la ralentización de la economía mundial y cuánto tiene un origen más propiamente geológico, a raíz del declive de los pozos más generosos, variables estrechamente vinculadas porque la crisis lleva a desinversión y disminución de la producción y esto a su vez a más crisis. Pero el estudio particular de lo que sucede con la extracción en cada uno de los principales productores nos permite asegurar que el aspecto geológico y la disminución de la tasa de retorno energético son fundamentales. El máximo ejemplo es la caída de la producción del Complejo Cantarell en México (el campo más grande del continente), cuyo pico en 2004, marcó el pico de producción en México y su rápida caída arrastró a que los aumentos de toda Latinoamérica nunca vuelvan a los niveles de 2006, hoy Cantarell necesita miles de millones de dólares de inversión para frenar la caída [2].

De los cinco principales productores de la región el único que crece es Brasil y no alcanza a compensar las caídas del resto. A las ya tradicionales caídas de México, Venezuela y Argentina, que rondan en algunos casos los diez años (anterior a la asunción de Chávez en el caso de la patria bolivariana), se sumó Colombia. Este país sale de su meseta ondulante y empieza una segunda etapa de declive. En Venezuela y Argentina se mezclan, como hemos dicho antes, factores geológicos, económicos y sociales, pero el resultado final es el mismo: caídas más o menos lentas son parcialmente compensadas por el crecimiento de Brasil, que pasa a convertirse en el mayor productor de la región.
Consumo de petróleoLa región no tiene políticas ambientales que orienten a una descarbonización de la economía. Se puede ver en el vertiginoso aumento en el consumo de petróleo en la primer década y así entender que la incipiente caída actual tiene una relación directa con los límites y no con un proyecto ecosocial. Dos importantes países están pasando de ser exportadores netos a importadores (Argentina y México): el costo de no tener más crudo económicamente rentable, en el primer caso, o la incapacidad de aumentar la capacidad de refinería para la demanda interna en el segundo, obligan no sólo a dejar de ganar dinero sino a empezar a perderlo. La posibilidad de aumentar la importación dependerá de las políticas económicas pero lo seguro es que, como región, nunca podremos usar ni siquiera todo el petróleo que sacamos teniendo de vecino a la gran potencia devoradora de oro negro, Estados Unidos, que seguramente cree más viable hacerse con el petróleo de Venezuela, o cualquier otro país de la región antes que agotar el propio, sumado al aumento de la demanda de China e India que ya representan más de un tercio de nuestras exportaciones. Una vez revisado el cuadro de abajo, entenderemos que las posibilidades de seguir desarrollando nuestra industria y el comercio se van a ver frustradas y por ende la economía regional también. De hecho, ya la economía está decreciendo, en 2016 el PIB para América Latina y el Caribe cayó 1% [3]
Una solución momentánea pero inútil a largo plazo es desplazar la carga hacia el consumidor: México arrancó este año con un gasolinazo (aumentos del 15 al 20%) que condujo a protestas, disturbios y hasta saqueos con al menos seis muertos y más de mil detenidos.
También Venezuela puso fin al irrisorio precio de centésimas de centavo de dólar a la gasolina, y  aunque sigue teniendo el costo más bajo del mundo, en la frontera con Colombia ya vale alrededor de 0,40 dólares el litro [4], esto junto a un inflación galopante, que es otra manera de pasarle la cuenta a la gente que, como en México, también han recibido palo y bala por manifestarse.

PRODUCCIÓN DE GASLa producción de gas es dependiente de los gastos en exploración y perforación de las mismas empresas petroleras (sean estatales o privadas). Si éstas tienen que dedicar sus ingresos declinantes (por los precios internacionales o el declive de sus pozos) a pagar deudas, recomprar acciones o indemnizar trabajadores poco quedará para invertir salvo en las zonas muy seguras. El resultado de tan malas noticias es apreciable en la siguiente gráfica.

En Argentina el shale gas empezó a rendir luego de la gran apuesta que se hizo en Vaca Muerta pudiendo frenar la caída del gas; que aún es inferior a la demanda. Ahora bien, con el fin de atraer nuevas inversiones el neoliberalismo, recargado con Macri a la cabeza, optó por una opción previsible: quitar el subsidio (exagerado en muchos casos) a las tarifas de gas y electricidad. Sin embargo, la quita fue tan brusca, a niveles impagables para muchos, que generó un gran conflicto donde la justicia obligó al gobierno a dar marcha atrás con la liberación de las tarifas para hacerlo paulatinamente. El problema es que en ese largo lapso hubo un frenazo económico con quiebras y cierres de cientos de PyMEs. 
En Trinidad y Tobago, el gran productor de gas del Caribe, la ecuación fue al revés, se han quitado los subsidios a la gasolina para, indirectamente, promover el uso de GNC (Gas Natural Comprimido) para el transporte. Pero tanto en estos casos como en México con el gasolinazo, el declive energético va en detrimento de lo bueno que queda del Estado de bienestar.  

En el resto de países la extracción de gas siguió por los mismos caminos que la del petróleo: pocas perforaciones desde 2015, poca producción en 2016. Qué esperanzas habrá para 2017 si ya en 2016 el promedio de las plataformas de perforación activas (198) fueron menos de la mitad de las de 2014 (397) [5].
PRODUCCIÓN y CONSUMO DE CARBÓNSi bien la producción de carbón tiene un papel secundario en el mix energético de la región (5% del total), su consumo está en descenso a pesar que la producción colombiana de esta sucia fuente de energía haya aumentado. Habrá que ver si se hacen efectivas las intenciones de Trump de incentivar el consumo en EE.UU., nuestro principal comprador, y esto promueve una nueva ronda de inversiones. En cuanto al consumo, la caída (-4,1 MTEP) tiene bastante relación con el aumento de las energías eólica, solar y geo-biomasa (+4,5 MTEP).

RENOVABLESLas energías renovables siguen representando una esperanza para muchos. Los aumentos interanuales en capacidad instalada de energía eólica son impresionantes, especialmente en Chile (56,3%), Uruguay (43,2% aunque más sostenida en el tiempo) y Brasil (23,1%), pero acá hay que seguir teniendo en cuenta que en nuestro mix energético la electricidad está lejos de ser la principal demanda: petróleo para el transporte y, en menor medida, gas para calefacción se mantienen como poco reemplazables. 
Por otro lado, el abaratamiento de los insumos para molinos eólicos y el interés de empresas extranjeras puede mantenerse hasta un punto que es el del debilitamiento de la demanda. Habrá que ver si el decrecimiento económico de la región es sólo un mal trago para el capitalismo o si, como nosotros suponemos, será la norma en los próximos años. Por otro lado, el calentamiento global de este siglo retrae los glaciares que alimentan los ríos para las represas hidroeléctricas y aún éstas siguen siendo la principal y más económica manera de generar electricidad. Si en la gráfica que sigue no se distingue la energía solar quizás sea porque es apenas un décimo de la energía eólica (amplíe y la verá).

EL FUTUROComo habíamos previsto hace dos años, el consumo energético de ALyC no puede seguir creciendo, y ya ha comenzado a caer. Todas las fuentes decrecen excepto las “otras renovables”, pero su aporte al mix total es mínimo.
Existe una bien estudiada correlación directa entre el consumo de energía y el PIB total. Se puede comparar el gráfico de la CEPAL [6] para Latinoamérica y el Caribe con la línea que describe nuestro gráfico de consumo energético total. Por otro lado sabemos bien que la biocapacidad del planeta está sobrepasada; si todos consumieran como los habitantes de Latinoamérica y el Caribe se necesitan 1,6 planetas para sostener a la población mundial [7]. La ecuación no está cerrando. 
Podríamos estar contentos porque ya en 2016 las emisiones de CO2 de nuestra región son inferiores a las de los tres años precedentes [8], pero la causa de este suceso es otro problema casi más grave. Abogamos por un decrecimiento energético consciente y en lo posible programado, no uno que nos tome desprevenidos y genere grandes sumas de sufrimiento humano. Brasil, Argentina o Venezuela son ejemplos de cómo no deberíamos estar manejando el declive de los fósiles si queremos minimizar el caos y la injusticia social. Los gobiernos y la prensa no están cumpliendo con su papel, corresponde a la sociedad civil y a los activistas conscientes tomar medidas preventivas y hacer presión en el campo político e intelectual.
Muchas comunidades de América viven dignamente con una huella ecológica relativamente baja. Creemos que más cerca de la tierra que de las grandes urbes está la posibilidad de alcanzar un aceptable nivel de desarrollo humano con un decreciente consumo de energía. Cuba lo ha conseguido, no por deseo de su gobierno o la población: los anhelos de desarrollo se han topado con la incapacidad de resolver la ecuación entre un sistema de gobierno autónomo con alto nivel de desarrollo humano (aunque políticamente enajenante) en una economía globalizada que fuerza al neoliberalismo y, en caso contrario, detiene los flujos energéticos y las posibilidades de desarrollo económico. En la otra dirección la cultura de consumo con su propagación en los medios genera un grado de empatía que aún seduce mucho más que el buen vivir andino. Superar el neoliberalismo es aún una tarea titánica y los tantos caminos contrarios se enfrentan no sólo barreras económicas sino también la omisión del Estado, la corrupción o las armas. 
Por nuestra parte seguiremos gastando energía en procesar estos datos y proponer salidas.
Nota: todos los gráficos son elaboración propia a partir de datos de BP Statistical Review of World Energy 2017 [8]. Por petróleo BP refiere a: crudo convencional, extrapesado, shale y GNL (Gas Natural Licuado, cuando los líquidos del gas natural son recuperados de forma separada)
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Apuntes sobre el coche eléctrico: Epílogo

The Oil Crash - 5 Juliol, 2017 - 20:41
Queridos lectores,

Beamspot nos ofrece la que será la última entrega de su análisis en profundidad de la viabilidad del coche eléctrico. Es una entrada muy personal e introspectiva, sobre la cual me abstendré de hacer comentarios, salvo uno: Gracias, maestro.

Salu2,
AMT

Epílogo a la serie del Coche Eléctrico.Mi colapso y yo: crónica de una quiebra anunciada.
Mucho han cambiado las cosas desde que empecé a escribir esta serie, mucho es lo que he aprendido, y más lo que se ha clarificado el futuro que nos aguarda.
Una de las razones de escribir esta serie era dejar claras algunas cosas que mucha gente no sabe sobre los coches eléctricos y que considero que se deberían saber, pero, sobre todo, ir desbrozando el camino de lo que hay por delante y de cómo esto va a afectar a todos, especialmente a mí, puesto que la caída del sector automovilístico es una de las primeras consecuencias del Peak Oil.
En el período en que iba investigando todas las implicaciones de la electrificación que se asocia al coche eléctrico, que está de fondo detrás de muchas cosas, no sólo aprendí mucho sobre la situación de nuestra sociedad y cultura, sino también se fue desvelando algo sobre el futuro del coche eléctrico, de la automoción en general, y de nuestra sociedad en particular.
Para aquellos lectores avispados quizás no haya pasado desapercibida la crisis de 2008, que tantos problemas ha dado a mucha gente, y algunas personas además seguimos todavía con el sueldo reducido como consecuencia de dicha crisis.
Es el caso particular del que esto escribe, a quien la crisis y la caída de ventas de los coches, que es precisamente el sector para el que trabajo, no solo llevó a una tremenda reducción de ventas, con los habituales despidos y expedientes de regulación del empleo, sino también a una reducción del 5% del sueldo.
Con el tiempo, gracias a esta reducción, y a que la crisis cerró otras plantas, entre ellas una de Ford belga que trasladó sus líneas a Almussafes, las repercusiones de estos cierres llevó a un aluvión de nuevos proyectos asociados a estas otras plantas, junto con un montón de cambios y nuevos modelos en los fabricantes.
Dado que trabajo en la implementación de nuevos proyectos que empezarán en los próximos meses o años, mientras que a la serie normal, de momento, sólo le doy apoyo, mi trabajo exige una planificación a años vistas.
Hacia 2014, esta planificación dejaba claro que la plantilla del departamento necesitaba pasar de 4 a 6 personas, más subcontratas para mecanizados y programación, fabricación de útiles, etc. Es decir, que en el momento en que la situación estaba estabilizándose en sus momentos bajos, con futuro más o menos bueno a la vista, ya se estaban pidiendo una serie de contrataciones y ampliación de plantilla.
Por supuesto, esta ampliación no se produjo. No sólo eso; además, algunos de los compañeros se fueron a otros trabajos dentro y fuera del sector. Las únicas acciones que se tomaron fueron la de ir pidiendo becarios para ayudas puntuales, y siempre a posteriori. No se fue ampliando la plantilla con la previsión de que los que entren aprendan, siempre fue a toro pasado, a veces con meses sin nadie que cubriese la baja, sin solución de continuidad, con el trabajo esperando o acumulándose en los que quedábamos, más el añadido de ir formando a los becarios, recién salidos de la facultad y sin experiencia de ningún tipo.
Con el paso del tiempo, la bola de nieve que era la carga laboral, no paraba de crecer. Y para rematar la faena, los becarios -algunos de los cuales se contrataron, ingenieros superiores haciendo el máster y el doctorado, cobrando menos que lo que el ingeniero técnico que esto escribe cobraba en la misma situación diecinueve años antes - nos dejaron.
Al ser becarios o personal con contratos recientes y baratos, el preaviso fue corto, y su salida de lo más fácil (económicamente para la empresa, claro), puesto que cualquier empresa que quisiera contratarlos lo tenía barato.
El resultado fue que esa inmensa bola de nieve con la que no podíamos ni de rebote esos 4 ingenieros, ahora ya siendo dos, se ha convertido en una situación explosiva con grandes repercusiones, retrasos con grandes problemas con los clientes, desarrollo, la central de Alemania, etc.
En esta situación, el ir poniendo nuevo personal sin formación, que es lo que se sigue haciendo, es contraproducente, ya que hay que formarlos, es decir, se añade más trabajo aún a una inmensa problemática de sobrecarga laboral.
El hecho de que se haya tomado esta política de recursos humanos, no tienen nada que ver con las chicas que allí trabajan. De hecho, merecen una medalla por lo difícil de la situación en la que se encuentran, así como los responsables de departamento.
Porque aunque la situación particular del tipo de trabajo del autor es bastante difícil de suplir, hay pocos con conocimientos y se trata de algo muy específico, el resto de departamentos que igual necesitan menos especialización, o no, está en la misma situación. De tal manera, que junto al aluvión de nuevos proyectos, más la subida de la producción de los proyectos que ya estaban en serie, el resultado es que hasta los operarios y operarias, la gente de producción, de ingeniería, de informática, de industrialización, de calidad, de muestras, de paquetería, etc. se encuentra igual.
Más gente nueva, más (demasiado) tarde, más inexperta, con sueldos más bajos, más rotación de personal, menos motivación de la gente que entra en situaciones más precarias, y más desmotivación de los veteranos que al final vemos doble trabajo, menos sueldo, más precariedad, y ninguna mejora a la vista, hacen que la situación sea explosiva.
Dados los cambios en gerencia, con el cese previsto para junio de 2017, por fin de convenio/contrato, del actual gerente de la planta, que fue evaluado al final del 2016, la situación tiene unas ciertas connotaciones de lo más funestas. Puesto que esa evaluación era la ‘foto’ de la planta a finales de 2016, lo que le interesaba al jefe era dar la imagen que estábamos haciendo mucho con muy poca plantilla.
Así pues, el interés estaba en contratar el mínimo de personal (como gasto de producción), y los que era imprescindible contratar, siempre lo más tarde posible, encima como subcontratas, ingenierías, ETT’s asociadas al desarrollo de un proyecto nuevo (como inversión) en lugar de plantilla.
Y una vez hecho eso, la situación ya no interesa mejorarla: puesto que el futuro de la  dirección ya ha quedado clara y establecida, lo que interesa es dejar la situación lo peor posible para que el que siga se encuentre un problema grande (que esté como esté la situación siempre será achacado a la dirección saliente), y que el proyecto o la gestión del nuevo quede empañada, si es que consigue salir del problema.
Evidentemente, que la dirección de la multinacional esté enterada o no de esta política es una pregunta totalmente pertinente, quizás hasta primordial en la lista de prioridades. Dadas las circunstancias, sería muy raro y muy feo, por no decir hasta tétrico, que la dirección central no estuviese al tanto. Más bien, todo parece apuntar, visto desde fuera, que precisamente estas directrices aplicadas hasta estaban inspiradas por la central.
Algunos comentarios recibidos desde algunos de los centros de desarrollo en Alemania que trabajan en los nuevos proyectos y que son los que nos pasan la información, que nos dan apoyo e instrucciones en el desarrollo de los nuevos proyectos, apuntan algo peor.
La situación es exactamente la misma en toda la multinacional. La crisis golpeó en todas las fábricas. Algunas cerraron como se ha comentado, otras se llevaron los proyectos y con ello consiguieron sobrevivir, caso particular de la planta en que trabajo. Pero la política de contrataciones y planificación de recursos, humanos y no humanos, para los próximos años, ha sido la misma en todas partes, con lo que queda muy claro que es la más alta dirección la que ha dictado estas directrices.
Pero, por supuesto, hay mucho mucho más. No se trata sólo de tener más trabajo con menos gente (y sueldo), con soluciones inexistentes, en los típicos tres plazos: tarde, mal y nunca.
Las nuevas tecnologías lo complican aún más. No sólo las elevadas inversiones para una industria 4.0 que implica más gasto, más tiempo de inversión, más personal especializado haciendo labores más complejas, difíciles y a más largo plazo, son parte del problema.
Que estos mismos problemas mencionados se aplican precisamente a esta ‘revolución industrial’ con todos los problemas de personal nuevo con escasos conocimientos del producto, que tiene que tomar el relevo de cosas muy complicadas, lo cual hace que sea más lento el desarrollo, puesto que hay que volver a realizar toda la curva de aprendizaje por parte del nuevo personal, hay que añadir el cambio de tecnología del producto, con lo que hay nuevas especificaciones, complejidades, problemas desconocidos que abordar.
Y es que en la automoción, hay un cambio de paradigma que viene externo al mismo y que es complicado de realizar si no se sabe por dónde van los tiros, el conocimiento profundo del mundillo de las dos tecnologías, y que es muy interesante de entender.
Para aquellos que tenemos el cerebro trastocado de tanto olisquear los vapores del flux de soldadura de estaño, el concepto de ‘tiempo real’ es casi consustancial con la programación de los humildes (hoy en día, esto es un decir) microcontroladores.
En la automoción, así como en los campos de control industrial, electrónico, aviónica, etc, el ‘tiempo real’ es la premisa básica sobre la que edificar toda la infraestructura informática y electrónica. Es el dominio de estos pequeños ordenadores con los periféricos y las memorias incluidas en sus tripas, y cuyo cometido principal, que cumplen a la perfección si los programadores que trabajan con ello lo hacen bien, es responder en un tiempo determinado.
Y es que cuando se aprieta el freno, no se puede esperar uno a que el sistema operativo se ponga a descargar una nueva versión del Internet Explorer, o se espere a que se establezca la señal con el correspondiente punto de acceso.
El tiempo de respuesta de un ABS es del orden de microsegundos (millonésimas de segundo), que para muchas cosas, se trata de una eternidad. Y ese tiempo de respuesta está establecido, determinado, y con un margen de error, variación muy estrecho. Es un parámetro que se usa para determinar, para medir, para comprobar y validar el producto.
En algunos casos, la precisión temporal está en el orden de la partes por millón, PPMs. Y el sistema de comunicaciones por excelencia, el bus CAN, maneja un puñado de bytes (habitualmente 8, aunque ahora empieza a usarse la versión de ‘alta definición' con 64), con tiempos de respuesta en el rango de 10 a 100 ms (milésimas de segundo), con precisiones mejores de 1ms.
Esto es algo que ningún teléfono móvil tiene que cumplir a rajatabla para ninguna de las App que lleva, mucho menos la navegación usando el mismo, donde se usa el WiFi y Ethernet, buses no determinísticos donde el tiempo de respuesta es, literalmente aleatorio, por mucho que manejen millones de bytes de datos, y que además circulan por redes de conmutación de paquetes que retrasan estos mismos según el volumen de tráfico, también durante tiempos aleatorios.
Pero resulta que los grandes fabricantes de electrónica de consumo como Samsung,  LG, Panasonic, están encontrándose con que las ventas de telefonía móvil, tabletas y televisores, ya no es lo que era, los beneficios están cayendo por los suelos, y necesitan nuevos mercados a los que extenderse, hasta el punto que ya apenas encuentran poca cosa, hasta el punto en que la automoción está empezando a centrar sus atenciones.
La profusión de pantallitas, infotainment, electrónica por doquier, GPS, conexión bluetooth, etc, lo convierte en un mercado apetitoso al que hincar el diente, para dar salida a su capacidad de fabricación de pantallas y electrónica de soporte.
A esto hay que añadir que desde 2005 o antes, hay planes de colaboración internacionales, documentados, donde el sector de la automoción y la electrónica (fabricantes de semiconductores, sobre todo), bajo el amparo de los gobiernos, iban planificando el futuro. Entre estos planes, estaba el desarrollo de redes de comunicación y gestión, tanto del tráfico como de datos y la energía eléctrica.
Los cimientos, las bases técnicas, y el concepto general de las smart grids y smart cities, se forjó ahí, probablemente con los auspicios de grandes compañías del sector como Siemens, que por aquel entonces, tenían participación en el desarrollo de electrónica de la automoción, telefonía móvil y aerogeneradores, amén de algunos campos más.
También desde aquel entonces, en Europa, se empezó a trabajar el aspecto legal de todo el asunto de la conducción autónoma, con proyectos de ley ya bastante desarrollados y en análisis en el Bundestag.
Justo en el momento del intercambio de posaderas en el despacho oval, llegó a nuestra central una petición de análisis del estado de los coches conectados, V2V (vehicle to vehicle, coche a coche) por parte del gobierno USAno (por las fechas, presumiblemente esto se movió bajo la administración Obama), para ver a partir de qué año sería posible tenerlo obligatoriamente puesto en todos los coches nuevos.
Como ya se ha explicado anteriormente, la red de datos actual no sirve para estos menesteres, hace falta una nueva infraestructura de datos que pueda gestionar todo esto en tiempo real, tráfico de coches y de energía, lo cual también implica un cierto tráfico de datos bajo el nuevo paradigma.
Pero esto es de una complicación inaudita. Todo el entramado de procesado y transmisión de grandes volúmenes de datos, se basa en sistemas de infinitas capas, altamente ineficientes (para cambiar un bit igual hacen falta miles de llamadas varias entre cientos de capas, con millones de operaciones, que un microcontrolador gestiona en dos o tres instrucciones de ensamblador), programadas por otros, librerías, y sistemas muy saturados de información y tráfico.
Y hay que cambiarlo todo para adaptarlo al nuevo paradigma, mezclando dos sistemas que básicamente son casi antagónicos, incompatibles, y por tanto, de una complejidad poco estudiada y trabajada.
Y es en este punto donde se encuentra la multinacional que me da mi modo de vida. Una multinacional donde el tiempo real es de sobras conocido, pero los grandes volúmenes de datos, vídeo streaming, comunicaciones de gran volumen, y similares, no están bien integradas.
Y sin embargo, casi todos los nuevos proyectos tiran por aquí. Por eso, por ejemplo, se ha introducido la tecnología Broad R, que es el Ethernet (ese bus de tiempo irreal) de grado automoción, con mucha pantallita y mucho gráfico, icono, estética, etc.
El volumen de datos (lo cual también impacta en el tiempo de producción, puesto que ahora los datos a almacenar en las memorias se ha multiplicado por 1000) y el tratamiento necesario es descomunal, y además necesita de ir añadiendo las necesidades de acomodar algo que no es en tiempo real en un sistema en tiempo real, con lo que el volumen de trabajo y empleados, amén de la necesidad de desarrollar (no sólo reaprender, que suele ser más rápido) todo un nuevo entramado, hace que las previsiones de aumento de plantilla choquen con las necesidades reales.
La adquisición de varias empresas de software, que conocen bien las necesidades del SW en tiempo irreal, pero desconocen totalmente las implicaciones del tiempo real, no ha arreglado nada.
Poner a los veteranos curtidos en las batallas temporales del programa, lo que ha conseguido es que éstos se quemen y abandonen el barco.
Así que las grandes de la electrónica, dueñas y señoras del sistema actual de comunicaciones, están aún más interesadas en meterse en el ajo: tienen el conocimiento del SW de proceso y manejo de grandes volúmenes de datos, la electrónica subyacente, líneas de producción más especializadas y expertas en manejar este tipo de electrónica, el personal necesario para el desarrollo, y un músculo financiero que las del sector de la electrónica del automóvil no tenemos.
Sin embargo, ningún fabricante de automoción está dispuesto a ceder en el asunto del tiempo real, que es lo que hace que no se vayan en masa a estas grandes. Y la razón por la que esta grandes están interesadas en comprar a las del sector en el que me hallo.
Es conocido que Samsung ha intentado comprar Magneti Marelli, una de las grandes y conocidas de este sector. Compra que se fue al traste por intentar exprimir más allá de los límites las baterías del Samsung Galaxy Note 7, ésas que estallaban, y que demuestran que los límites de las baterías está ya muy cerca, aunque la historia de las batería de litio está llena de baterías incendiándose, así como You Tube está lleno de vídeos de cómo hacer estallar una de estas baterías clavándole un clavo.
El temperamento y la necesidad de la automoción de tener controlado estos sistemas es un desconocido que merece una entrada y que encarece sobremanera la fabricación de packs de baterías, cosa que los tecnooptimistas no querrán ver.
LG, por su parte, está intentando entrar a saco en el mercado, ofertando por debajo de precio de coste, y no lo consigue debido precisamente a que tiene problemas con el tiempo real. Problemas que, para según qué casos, como por ejemplo la pantalla/panel central donde se suele ubicar el sistema de entretenimiento (el ‘radiocassete’ o ‘loro’ de antaño) y de control climático (el aire acondicionado, climatizador y demás ruedecitas de selección de este elemento del automóvil, ése que acaba rápido con la autonomía de los eléctricos) es sólo cuestión de tiempo que entre, barriendo fácilmente toda competencia que puedan presentar empresas como Bosch, Magneti Marelli, Lear Corporation, Visteon, Johnson Controls, Continental Corporation (que compró a Siemens su división de electrónica de la automoción), etc.
Menos conocido, pero relevante, es el hecho que Panasonic, la de las baterías de litio y otros componentes electrónicos, proveedor habitual de todas estas empresas que he comentado, amén de fabricantes de packs de baterías para la automoción, ha comprado Ficosa, que a su vez compró la planta de Sony.
Ficosa es una empresa que hacía desarrollos de sistemas electrónicos de la automoción, sin llegar a entrar a competir (porque ningún fabricante les daba apenas trabajo) con las anteriormente descritas. Evidentemente, tras ser adquiridos por Panasonic, empezaron a caer proyectos, sobre todo de los híbridos que nos están empezando a meter ya hasta en la sopa. Entre ellos, la próxima generación de BMW, que abandona, como VW, las motorizaciones diésel a favor de las híbridas gasolinas (o GLP) – eléctricas, con profusión de híbridos enchufables.
Resulta curioso que meses antes que VW ‘sufriese’ el ‘diesel gate’ famoso, el grupo VAG, así como BMW, ya nos hubiesen dejado claro que para 2018 – 2020 ninguno de los dos grupos (también hay rumores que el grupo Daimler – Benz, la Mercedes, también está en el mismo planteamiento, pero no tengo constancia personal) pensaba comercializar ninguna motorización diésel.
Resulta curioso que otras empresas automovilísticas han invertido y siguen invirtiendo en las motorizaciones diésel, mientras que el ‘gazapo’ de VW era intentar colar un motor viejo con escasa inversión, al que por SW y parámetros hacían meter con calzador durante la prueba, cosa que, por cierto, está muy extendida, especialmente por los eléctricos. Es decir, VW estaba minimizando sus inversiones en motorizaciones diésel, al igual que BMW, centrándose en híbridos y gasolinas/GLP, mientras que otras se seguían centrando en motores diésel más evolucionados, dejando más de lado las motorizaciones híbridas (que en todo caso, eran además diésel-eléctricas, no gasolina/GLP-eléctricas).
El resultado es que todas estas empresas se han encontrado con grandes inversiones que ahora no amortizarán, cosa que va bien a VW. Pero resulta de lo más curioso que pasa lo mismo con las inversiones en la parte eléctrica de los coches híbridos y eléctricos.
Resulta que al ser todo esto un batiburrillo de electrónica de potencia de gran inversión, y no motores mecánicos, la parte inversora no correspondía a las granes multinacionales de la automoción (aunque sí que invierten, y mucho, en ello), sino que la parte más cara igual correspondía a las empresas del Tier1, esas mismas que he enumerado y entre las cuales se encuentra la que me da de comer.
El fracaso del cochepilas 2.0 ha dejado un agujero de más de 2000 M€ (calculo que rondará los 3000M€ en realidad), y no sólo en esta multinacional, también me consta que en muchas, y hasta el mismo CEO de Ford ha salido amenazando de las elevadísimas inversiones y el escasísimo retorno.
Pero es que estos agujeros de inversión, por la razón que sea, están pasando factura a todos los fabricantes que he enumerado, y todos sin excepción siguen una política de contratación similar, a toro pasado, o incluso nula, de mínimo gasto en personal, con el consiguiente resultado que ahora ninguna está dando el resultado previsto, todas van por detrás, con mucho menos personal, mucho menos formado y capacitado, para afrontar la situación.
Que se deshiciesen de los más veteranos, con sueldos más elevados, para sustituirlos por ‘juniors’ con una segunda escala salarial muy baja, puede que haya hecho cuadrar los números durante unos meses, pero la situación desbordante actual es tal que, especialmente por los problemas de SW, clientes como VW, BMW, y algunos más, están empezando a plantearse dejar de trabajar con ciertos proveedores, entre los que me encuentro.
De hecho, algunos proyectos nuevos de híbridos ya no se nos permitirá ni participar en las cotizaciones, contando incluso con vetos específicos para algunas plantas y proveedores. El mercado anda muy disgustado, revuelto, y con perspectivas muy negras de futuro sobre la posibilidad de cubrir estas pérdidas hechas con los coches eléctricos, como el defenestrado Renault Fluence, y los pedidos muy por debajo de las expectativas del resto.
Este tipo de problemas favorecen precisamente a las grandes de la electrónica, puesto que podrán comprar empresas como la mía a precios de miseria, muy por debajo de los costes, pérdidas que serán asumidas en forma de quitas tarde o temprano.
Es decir, que algunas tecnologías se habrán abaratado porque alguien habrá perdido el dinero que puso alguien, y que presumiblemente acabarán repercutiendo a algunas arcas públicas.
Hay un fabricante de electrónica, quizás bastante desconocido, quizás por lo pequeña que es la empresa, que tiene bastantes plantas, con una de ellas sola que cuenta con más de 60.000 operarios (si, sesentamil operarios), sólo en una de las múltiples plantas que tiene repartidas por el mundo, aunque su origen es de sobras conocido. Estoy hablando de la china Foxconn, la que fabrica los teléfonos móviles de muchas marcas conocidas, empezando por Apple (aunque la mitad de sus ‘tripas’ son Samsung).
En su momento ya compraron Sharp, y andan detrás de empresas como las citadas Magneto Marelli, Lear Corporation, etc. Por supuesto, esperan a que las quiebras empiecen a ser notorias para hacerlo al menor precio posible.
Dado que el coche híbrido, eléctrico, conectado, etc. hacia el que se está tendiendo es básicamente un montón de electrónica con algunos otros componentes, no es de extrañar que los fabricantes de electrodomésticos/equipos informáticos quieran fabricar lo que en realidad es otro electrodoméstico/equipo informático (por componentes) de nuevo cuño.
Y cómo no, la fábrica del mundo no podía estar al margen de todo ello.
El resultado es que las quiebras, pérdidas, inversiones arriesgadas o incluso ruinosas a todas luces, hechas muchas veces con dinero público, al final son mecanismos de redistribución y apropiación de recursos, como bien sabían ya los antiguos romanos, donde la mayoría de esclavos lo eran por deudas.
De esta manera, reza el credo actual, bajan los precios, ya que alguien ha pagado el pato, y por tanto ya no hace falta volver a cobrarlo. Ese alguien habitualmente es el público en general, la sociedad, diluyendo al máximo estos costes, para así evitar ver cuál es la auténtica causa, precio o razón de los problemas, mientras unos cuantos sacan tajada de todo ello.
Externalización de costes y problemas, y privatización de los beneficios, redirigidos hacia unos cuantos. Exactamente este es el problema, tanto del cambio climático (los costes y los problemas medioambientales para todos, los beneficios de su explotación para unos pocos), como de las renovables (contaminación en su producción, para el beneficio de los que lo venden y comercializan, con algunos agravantes espinosos que aquí no se van a tratar).
En todo este entorno, la situación de la multinacional es bastante complicada, a pesar de ser considerada una de las grandes dentro del sector. De hecho, comparativamente, sigue siendo una de las grandes, lo cual es lo mismo que decir que el resto están peor.
Parte de la situación está en que el grupo VAG ya no quiere trabajar con nosotros por los problemas de software, y por otra parte, ante la falta de recursos y los recurrentes problemas, la propia dirección de la multinacional ha decidido que paran algunas ofertas con algunos clientes para centrarse en finalizar lo que tienen entre manos.
Es decir, que los proyectos que ahora empiezan no tienen continuidad. No hay proyectos sustitutos de los que ahora fabricamos. Y encima la central, para evitar problemas, decide que algunos de los proyectos sustitutos de los que actualmente estamos poniendo en marcha no se van a hacer para poder dedicar los recursos existentes a poner en marcha los nuevos proyectos actuales y dejar así satisfecho al cliente.
Es decir, que para 2020 – 2022, cuando alrededor del 60-70% de la producción prevista, centrada en unos pocos clientes, se termine, no habrá proyectos sustitutos de los mismos clientes.
Como mucho, proyectos de los que todavía no tenemos ni siquiera esperanzas, de otros clientes nuevos.
El volumen de producción, sólo con los nuevos proyectos, es muy elevado, afortunadamente, con lo que algunos de los muchos trabajadores que estamos poniendo en marcha estas nuevas líneas seremos reciclados para dar soporte a producción, hacer mejoras, e ir incrementando los resultados, aunque eso no aplica a todo el personal.
Con este cuadro, aplicar una política de contratos temporales, mantener sólo en plantilla a los que ya estamos fijos desde hace años, mientras los demás, una vez que la producción empieza a estabilizarse, ya no estarán, ni se les necesitará debido a que el trabajo de montar líneas, afinarlas, mejorarlas, arrancarlas, etc será menor, podrán desaparecer.
Curiosamente, esta política que tendría sentido en este entorno, es calcada a la que se está siguiendo.
Con este planteamiento, las esperanzas de que entren nuevos proyectos, es reducida. Como mucho pasan por una sorpresa que traiga bajo el brazo el nuevo gerente que está por entrar, como ‘regalo de bienvenida’.
El antiguo gerente, el que me brindó la oportunidad de ir a Nürmberg a hacer I+D+i en HEV, que en su momento estuvo en la lista de candidatos a volver, por lo visto montó otra vez en cólera con la dirección de la multinacional (como ya pasó cuando medio desmanteló la división de HEV y se fue de allí), sin razones conocidas, pero con sospechas poco agradable, y acabó dejando la compañía por voluntad propia.
Con todos estos detalles, ahora empieza a circular el rumor, las sospecha, que un servidor ya esbozaba hace más de medio año, que para 2020-2022 se va a cerrar la planta.
Las ratas están abandonando las sentinas del barco. Los comentarios y las preguntas abundan, y curiosamente muchos se dirigen a mí para preguntarme cómo veo el futuro. Y eso que son conscientes de que no soy precisamente la alegría de la huerta.
De hecho, hacia noviembre de 2016, comenté con una persona que trabaja en contacto con los clientes, con buenos conocimientos del mercado del automóvil, sobre ese cambio tecnológico, y sus inquisiciones apuntaban a que los analistas del mercado preveían que los veinte y pico de OEM’s como nosotros, iban a desaparecer para 2022, y como mucho iba a quedar un par, mientras que el resto o quebrábamos o seríamos absorbidos por las grandes de la electrónica.
Y todo eso, mientras los medios de direccionamiento de la opinión pública no paran de berrear que estamos saliendo de la crisis, mientras a la vez nos asustan con la muy mal llamada revolución industrial 4.0 (que afecta mucho más al sector servicios que al industrial, que sigue siendo lo mismo de siempre). Parece que esta recuperación económica no irá acompañada de una recuperación laboral ni salarial, con lo que en mi opinión sólo será una recuperación de la inflación, los tipos de interés, del aumento de los desahucios y de la pobreza, y una recaída en una crisis que en realidad nunca acabó, ni acabará, y que en pocos años empeorará.
Si con esta presunta recuperación el panorama es aciago, con muchas consultorías hablando de una bajada del parque automovilístico de hasta el 95% (con las consiguientes pérdidas para el sector y ese 10 – 12% de empleados de la automoción en España), ¿qué pasará si la crisis, eso que nunca se prevé y que nunca aparece en los planes de futuro, ni siquiera como planes de contingencia, golpea con más crudeza que en 2008?
La verdad es que el sector de la automoción está en las últimas, aunque no lo parezca a primera vista. Claro que algo tan grande no desaparece de la noche a la mañana. El Imperio Romano no desapareció en un día.
Sin embargo, el fin ya se vislumbra en el horizonte con sólo prestar un poco de atención. Y somos cada vez más los empleados del sector, los que conocemos más o menos lo que se cuece en la industria del automóvil, que lo vemos venir.
Por eso, este epílogo: esto es la crónica de una muerte anunciada, con años de antelación, un languidecer previsible, fácil, y que conlleva el colapso de todo un modo de vida, un montón de trabajos, una de las principales señas de identidad de una sociedad que va a ver cómo cambia muchísimo en las décadas por venir.
Mi colapso y yo.
Así pues, permítanme terminar esta serie aquí, que se me avecina trabajo sólo para irme preparando para lo que se ve venir.
Sean prudentes.
Beamspot.
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Apuntes sobre el coche eléctrico. ¿Futuro?

The Oil Crash - 29 Juny, 2017 - 19:25
Queridos lectores,

Beamspot vuelve a la carga esta semana, con la penúltima entrega de su análisis en profundidad de la viabilidad del coche eléctrico. En esta ocasión, comparte con nosotros sus reflexiones sobre el futuro de la automoción privada, reflexiones que estoy seguro que serán de general interés.

Salu2,
AMT






 
Apuntes sobre el coche eléctrico. ¿Futuro?En esta larga serie, se ha abordado el pasado y presente tanto del coche eléctrico como de algunos aspectos relacionados con este tema. Se ha explicado que los coches prácticamente empezaron siendo eléctricos, y que en las últimas décadas el intento para cambiar de nuevo al viejo modelo ha sido un fracaso.También hemos explicado que el pico de producción del petróleo está detrás de muchas cosas, y que éste modifica mucho la situación actual y futura tanto de los coches como, sobre todo, de nuestra sociedad.Es hora pues de hacer algo de especulación y de intentar vislumbrar por dónde irán los tiros en las próximas décadas en lo que respecta al transporte.Como todos los ejercicios de este tipo, resulta fútil, y muy susceptible de errar de medio a medio. Por tanto, lo más probable es que aunque algunos de los planteamientos se conviertan en realidad, a medida que vaya pasando el tiempo se vaya aumentando la distancia entre lo propuesto, incluyendo algunos de los cimientos que se van a explicar, y lo que vaya sucediendo.En realidad, el fallo está asegurado.Dado lo dilatado en el tiempo de esta serie, la situación ha cambiado mucho entre que se empezó y que sale esta entrada. Cosa que, por cierto, ha servido para verificar algunos de los planteamientos que apenas se podían vislumbrar a lo lejos, hasta tenerlos ya bastante claros en lo que podría ser un momento clave de este proceso de cambio.Cuando se planteó el esquema de esta serie, el sector de la automoción estaba retraído, lamiéndose las heridas del estrepitoso fracaso estratégico con terribles consecuencias económicas: más de 2000 M€ de pérdidas en la multinacional en la que el autor trabaja. El desmantelamiento parcial de la división de Vehículos Híbridos y Eléctricos (HEV) en la cual el autor estuvo trabajando unos meses hasta que, por ironías del destino, dejé el puesto antes que este me dejase a mí, pero no a mis compañeros, que se fueron a dicha división y que se tuvieron que recolocar por el proceso posterior de desmantelamiento.Sin embargo, a pesar de las pérdidas, el intento de rentabilizar al máximo la inversión no ha parado en este tiempo, y una vez más, la mano de la política, junto con la evidente presión del saber de la problemática del petróleo, hace que ahora se aborde un segundo asalto.No en vano, el vituperado pero, hasta la fecha, correcto y certero estudio de los Límites del Crecimiento (Limits to Growth), corroborado por los datos actuales, fue promocionado por VolksWagen. Así pues, la industria automotriz no es ajena a la problemática.El grupo multinacional en el que el autor trabaja tiene un grupo de estudio de escenarios futuribles, y según comunicado interno, trabajan básicamente con tres de ellos: transición a un modelo ‘sostenible’: todo coches eléctricos privados, lo más parecido a la sociedad actual, a pesar de tener profundos cambios; el modelo ‘sharing’, con Uber, el Google Car y una sociedad empobrecida donde el uso del coche privado es algo más reducido; y el modelo ‘peak oil’.Evidentemente, en el modelo ‘peak oil’ no hay coches de ningún tipo. Y por tanto, ¿por qué trabajar en un modelo que implica la desaparición del mercado del grupo?Una buena razón es que se trata de un modelo que ven plausible y que interesa evitar de todas formas, así que conviene reconocerlo, y tomar medidas en lo posible para desviar en la medida de las capacidades y oportunidades, hacia el modelo que más le interesa a todas las empresas automotrices: el modelo ‘sostenible’, que es el que nos presentan en todas partes, mientras se preparan para el modelo ‘sharing’ que no es precisamente el que más les convenga, pero el que ven más probable, el ‘mal menor’.Como ya se ha intentado explicar a lo largo de todas estas entradas, el  modelo ‘sostenible’ en realidad es ‘in-sostenible’ debido a que continúa agotando recursos del planeta a marchas forzadas, sólo reduce el consumo de combustibles fósiles, pero no del resto de cosas, aumentando incluso el consumo de fuentes presumiblemente renovables como la biomasa, y por tanto, incrementando la presión medioambiental todavía más que con el modelo de combustibles fósiles.El aumento de los costes de las energías asociado, junto con los problemas que van apareciendo con los límites físicos reales, y que hacen que la economía no se sostenga, presumiblemente darán al traste con el modelo ‘in-sostenible’.El modelo más realista que apuntan las automotrices, y que ofrece más visos de ser el que se vaya implementando al principio, es el ‘sharing’, ese que Uber empezó, y que Google Car y los coches conectados, el i-Car de Apple, y similares, están promocionando.Es un modelo que presenta serias amenazas a las automotrices. Se calcula que la flota de automóviles se reduciría del orden del 90%, cosa consistente con los problemas de materias primas expuestos, maximizaría el uso de los coches a batería, que estarían casi todo el rato o bien transportando personas o bien cargando, agotando al máximo los ciclos de las baterías, y reduciría la presión tanto urbana como medioambiental en las ciudades.Sin embargo, en las pequeñas poblaciones no habría ‘quorum’ económico como para sostener esa actividad, con una densidad de este tipo de vehículos más reducida.Este sistema tiene varias implicaciones secundarias: la práctica desaparición de la automoción privada, reducida a las clases altas, las élites de elevado poder adquisitivo y los políticos, mientras que el populacho se limita a usar los coches autónomos, presumiblemente propiedad de unas pocas franquicias mundiales como Google Car o i-Car, por poner dos nombres actuales y susceptibles de no ser los que aparezcan.Pero con la mayoría de coches propiedades de franquicias, el número de fabricantes sería muy reducido, sobre todo con una flota también muy reducida. En esa tesitura, ese 10% de la población española que vivimos del sector de la automoción, tenemos los días contados, así como otros millones de empleados de este sector en toda Europa, Asia y América.Pero básicamente, este escenario no es una proyección ‘a más’ o ‘a mejor’ de la situación presente. Es más bien una involución, no es ‘progreso’, e implica un cierto empobrecimiento de la sociedad, cosa que generalmente no se acepta por las buenas.Dado que la situación, tanto energética como de recursos varios, prácticamente obliga a seguir este tipo de caminos, hace falta ir implementando maneras de ‘guiar’ la sociedad hacia dicho destino, evitando en lo posible, las consecuencias indeseadas o reacciones inconvenientes por parte de la sociedad.Por tanto, el camino más o menos trazado pasa por varios cambios sustanciales. El primero es limitar e intentar reducir en la medida de lo posible el uso de combustibles fósiles, con especial hincapié en el diésel por la sencilla razón que es el combustible utilizado en la mayoría de vehículos comerciales y de reparto, así como maquinaria pesada, que constituyen uno de los pilares fundamentales de la economía, puesto que es la cadena de suministros de materiales y productos.¿Un camión del sector de la minería de categoría ultra como el Liebherr híbrido comentado en las primeras entradas? El actual ronda los 3 – 4 millones de € tal y cómo está. Una batería adecuada, y harían falta varias para su trabajo habitual, rondaría el millón de €, y duraría unos dos años. ¿Se puede permitir?Un buque de mercancías, súpercargero de containers, como el Maersk Clase E, ¿Qué tamaño de batería tendría que llevar para tener una semana de autonomía de sus 32MWe de potencia nominal?Los camiones articulados que inundan nuestras autopistas, con sus 30 o 40 toneladas de carga y autonomías de miles de Km que fácilmente se desplazan 1000 Km al día ¿Cuánto costaría, ocuparía y pesaría la batería necesaria para semejante empleo?¿Cuanto mermaría la capacidad de carga del mismo? ¿A cuánto saldría el coste de transporte?
 ¿Y la maquinaria agrícola?Todo esto, que forma parte fundamental de nuestra economía, se mueve con diésel. Por eso es el elemento principal a reducir, para permitir un mejor funcionamiento de la economía. Pero también es, en la actualidad, el 80% de la flota de automóviles privados en Europa. En los USA, sin embargo, apenas hay vehículos diésel, y se les castiga mucho por esos lares, como es el dieselgate de VolksWagen de sobras conocido.Por tanto, es de esperar, que si se quiere reducir el consumo del diésel, se recurra a ‘campañas de criminalización’, así como que se aluda a la contaminación del mismo para subir los impuestos de dicho combustible. En menor medida también se hará lo mismo sobre la gasolina, mientras, para el uso industrial y comercial, los sectores económicos más afectados por los problemas del diésel, no sólo habrá exenciones de impuestos, sino que además se obviarán los problemas medioambientales asociados.La firma del COP 21 el noviembre de 2016 en París básicamente sirvió a muchos gobiernos de excusa para ir implantando impuestos sobre la contaminación (básicamente basados en los gramos de CO2 emitidos), que afectan sobre todo a los vehículos de combustibles fósiles, pues no se contabiliza en ningún caso las emisiones de CO2 asociadas a la generación de electricidad.Incluso se comenta de una prohibición, que antes del COP21 ya era una moratoria autoimpuesta por los propios fabricantes de vehículos, sobre las ventas de coches diésel para la automoción privada.Se da el caso que VW incluso se puso esta moratoria antes que saltase el escándalo del dieselgate.En Noruega se llegó a pedir no sólo la prohibición de venta de este tipo de vehículos, sino la prohibición total de circulación de los mismos, incluyendo los que ya llevaban un tiempo en circulación. En algunas ciudades se está planteando el mismo escenario.Todo ello, con el horizonte del 2020, con algunos puntos adelantados, puesto que la intención declarada es la de haber reducido ya para entonces las emisiones. Las dificultades obvias hacen que en algunos casos se planteen ya retrasarlo hasta 2025.Volviendo la vista atrás sobre lo que fue el Coche Eléctrico 2.0, es fácil ver que el fracaso rotundo generalizado tiene una sola excepción: Noruega.Las razones más obvias son simples y las bases sobre las cuales se pretende aplicar la ‘fórmula noruega’ para conseguir que la gente se pase al vehículo eléctrico.En ese país, el impuesto de matriculación de vehículos de combustión es tan elevada que en varios casos llega al 100%, duplicando el precio de venta del coche. El gasoil está a 3€/l, o más. Algo parecido ocurre con la gasolina, así como los impuestos de circulación, y las prohibiciones de circular en centros de grandes urbes, etc.Los comentarios ya hechos sobre el eliminar impuestos y regalar la electricidad a coches eléctricos, mucho más caros, junto con los privilegios que, de facto, aplican a los más ricos del país, vienen al cuento, pero sólo sirven para ocultar un hecho mucho más trascendental y notorio que, curiosamente, se olvida sistemáticamente una vez más.Noruega es un gran productor de petróleo, que es su principal fuente de recursos de divisas. Eso ayuda, y mucho, a que las cuentas del país estén muy saneadas, se permitan salarios medios mucho más elevados que los que hay al sur de Europa, muy por encima de la media europea, y de los más elevados del mundo, con lo que el coste relativo de los coches es más reducido, es más fácil para la mayoría de noruegos el comprar un coche eléctrico que para los españoles. El concepto de ‘caro’ pone el listón mucho más alto.A eso hay que añadir que el 99.8% de su electricidad es de origen hidroeléctrico (¡desde hace más de 40 años!), que tienen las mayores reservas de energía hidroeléctrica de Europa, que exportan también mucha electricidad de este origen, e incluso ofrecen servicios de balanceo energético a otros países (otra vía de ingresos de divisas).Con esos tres puntos (producción de petróleo que interesa exportar y por tanto reducir su uso interno, gran capacidad eléctrica renovable del mejor tipo – despachable, y un elevadísimo poder adquisitivo en una población reducida, poco más de 5 millones), que no aplican para nada a otros lares.De hecho, es otra demostración del bombeo de riqueza que genera la producción energética y de cómo los vehículos eléctricos son elementos de sociedades y/o grupos elitistas o de gran poder adquisitivo, no de ‘plebeyos’ o ‘pobres’.Estos dos últimos párrafos no están incluidos en la ‘fórmula noruega’ que se nos pretende aplicar. Así que el resultado no será el mismo, obviamente.Con todo lo explicado hasta aquí, ¿qué cabe esperar que ocurra en los próximos años?Como ya se ha comentado, las subidas de impuestos, algunos de los cuales ya se han aprobado, y otros están en camino, con retraso por la situación política de España, son algo de lo más evidente, aunque no es sobradamente conocido.Las prohibiciones de circulación en Madrid y Barcelona están en portadas de periódicos, y no sólo un día. Las pegatinas-sanbenito que clasifican los coches según emisiones para poder hacer esta discriminación según lo ‘sucios’ o ‘malos’ que sean. Hay que destacar que los más limpios no tienen pegatina verde (que son los segundos), si no azul.Apenas se habla de incentivos tipo plan Pive, aunque dada la caducidad de los mismos, seguramente saldrán varios en los próximos años que harán algún tipo de incentivo a los coches menos contaminantes así como a la reducción del parque de combustión.Otras medidas ya se han aplicado, como los peajes gratuitos para esos coches (que son pocos y además hacen pocos quilómetros), aparcamientos favorecidos, postes de recarga (que cuestan un pico de mantenimiento anual, pagados entre todos, para un uso limitado si es que se usan alguna vez), etc. Es decir, estamos ante un remake de la edición anterior, el Coche Eléctrico 2.0 que fracasó tal y como comentamos, pero con el añadido de los nuevos impuestos.La zanahoria ahora irá acompañada de un látigo.Y, como los burros, difícilmente comeremos la zanahoria, pero sufriremos mucho los latigazos.El primer hecho o consecuencia de todo esto, es que el mercado de segunda mano de los coches diésel se va a resentir hasta casi hundirse, y de forma relativamente fácil y rápida. El precio habitual será más o menos algo inferior al que den en el plan Pive para descuento si se envía al desguace a cambio de comprar un híbrido o eléctrico.Puede que los coches a gasolina aguanten algo más en el mercado de segunda mano, así como en el nuevo, pero también van a ir a la baja.Resulta que mucha gente se vende el coche para comprarse el nuevo. Al hundirse el mercado de segunda mano, y con él, la cantidad de dinero que los que se quieren comprar un coche nuevo pueden conseguir, el resultado será que les costará más poderse comprar el coche que quieran, así que el poder de compra se va a resentir.Esto agrava el que es el segundo hecho o consecuencia que se derivará de estas políticas: la capacidad de compra se reduce, puesto que al subir los impuestos, los coches, de media, se van a encarecer. Los híbridos ya son caros per se (y por eso los enchufables no tienen precisamente mucho éxito), y las subvenciones o ayudas no van a ser estelares en ese segmento. Los eléctricos puros están subiendo de precio, debido a que la subida de materias primas de las baterías (si aplicamos la ley de la oferta y la demanda, este hecho resulta obvio, pero nadie lo menciona tampoco).Pero la subida de gasto debido a la subida de dichos impuestos hará más difícil que la gente pueda ahorrar para realizar el cambio de coche, además de ahogar indirectamente algo más la economía al dejar menos dinero en el bolsillo para gastos no esenciales.Con la subida generalizada de precios, junto a la caída del mercado de segunda mano, el resultado va a ser que las ventas de coches van a ir a la baja. Y eso fastidiará mucho los ingresos de los fabricantes de automóviles.Recordemos que el hecho derivado del concepto plataforma para reducir costes, es que los coches que más se venden (diésel invariablemente, pero con los gasolina en aumento) son los que pagan el desarrollo y las inversiones de todos los coches que comparten la plataforma, aunque se vendan menos.Esto implica que una bajada pronunciada de ventas de vehículos de combustión, si no es reemplazada adecuadamente por una subida de híbridos y eléctricos y del margen de beneficio de los mismos (por la subida de las materias primas), puede enviar al fabricante a la quiebra.Y en lo que respecta a los gastos e inversiones en híbridos y eléctricos puros, específicas de estas motorizaciones, TODOS los fabricantes tienen perdidas astronómicas, empezando por Tesla, acabando por la empresa en la que un servidor todavía trabaja.La tercera consecuencia entonces es que el futuro del sector automovilístico está más en entredicho de lo que parece debido no sólo a las nuevas políticas, sino también debido a las viejas. Y eso, queramos o no, va a afectar a la situación económica y laboral, máxime si tenemos en cuenta no sólo la entrada de vehículos autónomos, sino también el hecho que grandes grupos de la electrónica de gran consumo como Samsung, Apple, Foxconn, etc. Se están metiendo de lleno en el sector de la electrónica del automóvil, engullendo empresas como MagnetiMarelli, Bosch, Lear, Delphi, Visteon, Continental, etc.Otra consecuencia ya apuntada, entonces, es el enlentecimiento, el impacto general que esto va a tener en la economía. Si esta subida de impuestos se extiende a otros sectores, es probable que acabe generando una crisis económica, que sea la razón por la que la crisis de deuda soberana que está hinchándose a marchas forzadas, acabe por estallar.La reducción de consumo de combustibles en general también será evidente: los que todavía tengan trabajo minimizarán el uso del vehículo, y el compartir el coche, que es una tendencia al alza, se impondrá con mayor vigor, a la vez que los ingresos de ciertos sectores se ven reducido, y las expectativas de ingresos de los gobiernos también irán a la baja. Al menos una noticia buena: la reducción de emisiones será notoria.Los que no tengan trabajo, presumiblemente se pensarán seriamente si no quitarse el coche de encima, con lo que una vez más, reducción de consumo, y de ingresos.También habrá una redistribución de gastos. Algunas áreas tendrán más afluencia debido a que la gente dejará de ir a otras. Probablemente algunos centros urbanos vean un incremento de gente que va a comprar a los pequeños supermercados en lugar de ir a las grandes superficies, por poner un ejemplo. El sector inmobiliario también verá como las segundas residencias y suburbios pierden valor, mientras que otros suben.El turismo se verá afectado también, no sólo por el menor poder adquisitivo de un público sangrado a impuestos, sino probablemente por el aumento de la presión fiscal precisamente sobre esa actividad (la ecotasa que hace años que se aplica ya en Baleares y ahora en otras parte de España), especialmente en la parte de transporte o viaje. En España, este sector ocupa a un porcentaje muy superior al que ocupa la automoción, el transporte y el taxi.El despliegue de los sistemas necesarios para las smart grids y la conectividad de los coches junto a los servicios urbanos necesarios para la conducción autónoma será lento y costoso para unos ayuntamientos que seguramente verán sus ingresos inferiores a lo esperado, aunque suban, puesto que el coste no será asumible por bastantes personas, y las situaciones de pobreza energética irán al alza.En el medio plazo, sin embargo, lo que se hará público y notorio, será la penetración de mercado de híbridos y eléctricos, que evidentemente subirá. Aunque en relativo, la subida probablemente sea mejor que lo esperado incluso, pero no porque se vendan porrones de coches eléctricos, si no porque se van a dejar de vender muchos más coches en total.Tarde o tempano, esos 10.000M€ que ingresa sólo como concepto de impuesto de hidrocarburos en la actualidad el gobierno (sin contar luego IVA’s y otros conceptos que en estos momentos son más del 56% del precio de los combustibles), y que seguramente subirán durante un tiempo, al principio, a más largo plazo, habrán desaparecido, y la falta de dinero hará que se tengan que sacar de alguna otra parte, siendo la electricidad uno de los mayores candidatos, precisamente. De hecho, la subida que habrá al principio, junto con los gastos del despliegue y mantenimiento de la compleja red de ‘smart gadgets for dumb citizens’, así como un aumento del transporte público, aumentará a más del doble la necesidad de recaudación. Probablemente la mayor complicación además afecte especialmente a los ayuntamientos (recordemos que la mayoría de ayuntamientos españoles están en la quiebra) dada la estructura actual de impuestos y gastos.Sin embargo, el gran punto a tener en cuenta, es la posibilidad de una crisis económica seria, grande, como la ya comentada quiebra soberana de algunos países, que incluso podría ser precipitada por este tipo de políticas, junto con los problemas bancarios que se vislumbran ya sobre el horizonte (¿Deustche Bank, Monte Paschi da Siena?), y que como ya se comentó, tienden a destrozar las ventas de automóviles en los países afectados.A más largo plazo, sin embargo, el resultado va a ser una disminución en el consumo de gasoil que va ayudar a que los precios del petróleo se mantengan bajos, incluso con tendencia a la baja, pero con repuntes importantes puntuales. Y el motivo de esto es sencillo de entender: el colapso de la automoción (y social) en general.Que algunos países mejor situados económicamente puedan realizar un cambio parcial más amplio que lo que pueda hacer España es de esperar, casi se puede asegurar como es el caso de Noruega. Pero los problemas de grandes países donde la situación puede ser bastante dramática, como puede ser el caso de España (pongamos por ejemplo que el sector turístico de va al garete, así como el automovilístico, doblándose el paro, quiebra de la seguridad social y del fondo de pensiones – previsto para el 2018 – y reducción de divisas o ingresos provenientes del exterior), puede hacer mucho daño al sector automovilístico en general, más concretamente a los fabricantes europeos (el grupo VW o Fiat).El problema del coche autónomo, que promete reducir en un 90% el parque automovilístico, la Revolución Industrial 4.0, junto con la pérdida de productividad derivada del Peak Oil, y el aumento del coste de la electricidad, son factores que aumentan la presión en ese sentido.Así pues, es de esperar que en menos de 20 años, el sector automovilístico europeo haya desaparecido, que la sociedad esté muy cambiada, y no precisamente a mejor, que el medio más habitual de desplazamiento sea la bicicleta y/o un buen par de piernas. La bicicleta (o patinete o monopatín o el velomóvil) eléctrica no es en absoluto descartable. Especialmente si el pack de baterías es extraíble y se puede usar para otros menesteres como para tener luz, por ejemplo.Con respecto a los coches eléctricos, presumiblemente sólo habrá dos fabricantes, estatales, en todo el mundo, y serán o bien cosa de ricos (Tesla, que ya veremos qué gobierno la comprará) o bien pequeñas flotas de vehículos autónomos en algunas grandes ciudades, quizás con variantes no autónomas o semiautónomas para los más potentados en núcleos urbanos (la china Foxconn, bajo diferentes franquicias como Apple, Uber, Samsung).La sociedad cada vez va a ser más distópica, con mayores diferencias sociales (el coeficiente de Gini no para de subir últimamente), más desigualdad, una clase media totalmente desaparecida, grandes tensiones, y probablemente gobiernos de corte mucho más autoritario, mucho más aislacionistas, y, sobre todo, mucho más convulsas.Respecto a la Renta Básica Universal, para quien sepa sumar 2 + 2 (impuestos indirectos e IRPF a robots de las empresas escasamente hábiles para evitar el problema) y restar 2000 (los gastos del gobierno, empezando por la RBU) es la receta más directa para la quiebra soberana.En esta situación, la movilidad será el menor de nuestros quebraderos de cabeza.Y sin embargo, el precio del petróleo podría estar incluso por debajo del precio actual, a pesar de lo cual, muy probablemente mucha gente no podrá pagarlo al tener sueldos que habrán caído todavía muchísimo más.No sólo eso. La electricidad, debido a la falta de inversión y a los problemas económicos y financieros de los gobiernos, que tendrán que  recortar en muchas cosas, presumiblemente se habrá convertido en algo muy diferente, con cortes, calidad del suministro bastante baja, precio bastante elevado y probablemente algo de lo que mucha gente prefiera huir, si es que se la pueden permitir.Pero todo esto está ya demasiado lejos en el futuro como para aventurarse, puesto que hay demasiadas variables que influyen: cambio climático, corrientes migratorias que podrían ser varios órdenes de magnitud superiores a las actuales, convulsiones políticas (Geert, Le Pen, AfD? La Unión Europea parece que podría desaparecer antes del 2020), por mencionar unos cuantos.Por tanto, a medio plazo, lo que cabe esperar se puede resumir en los siguientes puntos:
  • Subida de impuestos generalizada que hará muy caro el mantenimiento de los vehículos de combustión en general, y de los diésel en particular.
  • Costes de los coches al alza.
  • Ventas a la baja.
  • Mercado de segunda mano a la baja de forma bastante acentuada.
  • Persecución y demonización implacable de los coches privados a combustibles fósiles.
  • A medio plazo, los híbridos serán más o menos incentivados o consentidos, siendo la mejor opción en la primera década, pero mala opción para más adelante.
  • Aumento de la venta de vehículos híbridos o eléctricos, que tampoco serán más baratos, aunque el mantenimiento no será tan caro como la alternativa.
  • Reducción de los desplazamientos privados.
  • Reducción de la flota privada.
  • Cambio a sistemas de car sharing y al transporte público, si bien el último va a dar problemas varios.
  • Aumento del uso de otros medios de locomoción, como las bicicletas.
  • Problemas económicos, financieros y laborales derivados de todo ello.
  • Reestructuración laboral y social, probablemente acelerada.
  • Posible impacto en el sector turístico.
  • Aumento de los costes sociales y gastos gubernamentales en todos los niveles y en bastantes apartados diferentes.
  • Aumento de la presión fiscal de forma generalizada.
  • Aumento de la pobreza ‘energética’, y de la pobreza sin paliativos.
  • Problemas para los fabricantes de automóviles e industrias asociadas.
  • Problemas para los taxistas.
  • Problemas para los talleres mecánicos, concesionarios y recambios.
  • Problemas, en general y en resumidas cuentas, que aseguran cambios mucho más importantes de lo que la inmensa mayoría está dispuesta a aceptar.
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Apuntes de Coches Eléctricos: Petróleo.

The Oil Crash - 24 Juny, 2017 - 17:31
Queridos lectores,

Con cierto retraso (en todo atribuible a mi) continuamos con su saga de posts escrita por Beamspot sobre la viabilidad del coche eléctrico. En esta ocasión, analiza la relación entre el la carestía (más propiamente, asequibilidad) del petróleo y su efecto sobre la implantación del coche eléctrico. No son ideas nuevas para los lectores más veteranos del blog, pero Beamspot une los puntos con una claridad meridiana para mostrar a las claras cuál es el futuro real del coche eléctrico mientras no se cambien cuestiones fundamentales del funcionamiento de nuestra sociedad.

Les dejo con el maestro.
 
Salu2,
AMT 


Apuntes de Coches Eléctricos y Petróleo. 
Para ir terminando esta larga (para ser una introducción) serie de entradas sobre el coche eléctrico, y ahora que se ha visto que hay unos plazos relativamente largos para la implantación tanto de los vehículos eléctricos como de todo lo necesario para la electrificación de la sociedad, queda una pregunta importante en el aire. Básicamente el auténtico nudo de todo este embrollo. Por eso, en esta penúltima entrada, antes de abordar las últimas consideraciones, las conclusiones y echar una ojeada a lo que es probable en opinión del autor que ocurra, que es la última de las entradas, vamos a dedicar un largo rollo sobre esta pregunta: ¿Cuándo y cómo se acabará el petróleo?Curioso que esta pregunta, que hemos empezado a ver con anterioridad, no está muy claramente explicada en ninguna parte. Mucha gente, a pesar de la importancia que tienen los combustibles fósiles en nuestra vida cotidiana, ignora no sólo la implicación que tienen éstos, si no la posible evolución de los mismos.Aunque quien más quien menos es conocedor de oídas del meme sobre la sustitutibilidad por parte de otras energías, que en teoría entrarán a medida que suba el precio del petróleo, siguen sin entender la dinámica del asunto.El primer punto que la gente cree a pies juntillas, es que los precios del petróleo van a ir subiendo de manera imparable durante mucho tiempo, de forma sostenida, lo cual obligará a la gente a cambiar de modelo energético, puesto que las otras energías serán más baratas, y que si el coche eléctrico no ha entrado debido a que el preciado líquido negro es barato, sólo es cuestión de tiempo que lo haga ante el empuje al alza de los precios de los combustibles.Pero ¿es esto así?¿Van a ir subiendo los precios de los combustibles de manera fija, inexorable, relativamente lenta, o lo van a hacer rápido, o de forma escalonada?¿Cuándo y cómo se acabará el petróleo?¿De cuánto tiempo disponemos?¿Se acabará el petróleo repentinamente?Pues resulta que muchas de estas preguntas ya están respondidas, estudiadas, analizadas, evaluadas, y respaldadas por montones de informes. Empezaremos pues por la respuesta más corta y la mejor noticia de todas. ¡¡El petróleo no se acabará nunca!!Lo que no es tan agradable, es el porqué: nos pararemos de extraerlo antes de que se termine. ¿Por qué? Pues porque para extraerlo hace falta energía, y si la energía que se obtiene del petróleo extraído es menor que la que necesitamos para sacarlo, entonces no vale la pena extraerlo.Este concepto es clave para entender muchas cosas. Es el ya manido concepto de TRE. Pero en este caso pone de relieve dos cosas. La primera, es que la geología y la calidad del petróleo pueden ser relevantes, que es lo que veremos a continuación. La segunda, es que mientras el cobre o cualquier otra materia prima que se extrae son utilizadas en su totalidad, los combustibles no, ya que son las fuentes de energía, y una parte de dicha energía se usa para extraer dichas materias de sus pozos, minas, etc. Es decir, hay una energía ‘bruta’ que se extrae, pero TRE mediante, a la sociedad le llega sólo una fracción para otros usos, una ‘energía neta’. Casi todos los datos que se dan, como con las ofertas salariales, son ‘en bruto’, nunca en limpio. Calcular la energía ‘neta’ que queda es mucho más complicado que calcular el sueldo neto, evidentemente.La dificultad y las limitaciones geológicas son el elemento determinante para calcular precisamente la cantidad de energía neta, y para algo más importante para la sociedad: la producción, sea neta o bruta.Evidentemente, estudiar y conocer de antemano cómo funciona todo esto es algo de suma importancia para muchos sectores. El primero en toda lógica, es el sector del petróleo, precisamente. Una buena información al respecto permite planificar y obtener el mejor rendimiento y las mayores ganancias para las empresas dedicadas a esto. Por ello, después de la Segunda Guerra Mundial, un matemático tejano, Marion King Hubbert [1], contratado por una petrolera en el estado americano del petróleo, se dedicó a hacer precisamente eso.En una época en que apenas había calculadoras mecánicas, tablas de datos en papel que muchas veces no se podían conseguir, copiar a mano, y sin capacidad de cálculo, este señor publicó un estudio sobre la evolución en la extracción de materias primas que valía tanto para el petróleo como para el cobre como para las naranjas en la temporada de recogerlas. El resultado es conocido como ‘la curva de Hubbert’ [2]. Algo parecido a una montaña, más o menos simétrica.La ‘parte izquierda’ se corresponde con el principio de explotación de un recurso. Generalmente suele ser algo que al principio no suele tener mucha demanda, así que la extracción al principio es lenta, poco eficiente mientras se aprende y se desarrolla el mercado, y va creciendo a medida que lo hace la demanda. Así que se van explotando los recursos más sencillos, las naranjas maduras que tenemos más a mano.Así pues, la producción diaria, mensual, anual, va subiendo hasta que llega un momento en que no quedan más recursos sencillos de obtener, éstos se vuelven difíciles, más costoso, y eso frena el crecimiento al principio, para luego reducir la producción a medida que los fáciles que quedaban se acaban y van siendo sustituidos por recursos de peor calidad, o más difíciles de obtener, o ambas cosas. Es ‘el lado derecho’ de la curva, el descenso de la producción.El punto máximo, más elevado, el que separa ‘el lado izquierdo’ del ‘lado derecho’, es el llamado Cénit de la producción, o Pico, o Peak en inglés. Para el caso del petróleo, se llama Cénit de producción del Petróleo, Pico Petrolero, o más comúnmente, Peak Oil [3], y se suele dar hacia el centro, cuando se han extraído la mitad de las reservas del producto.El resultado que obtuvo en Marion K. Hubbert, presentado en 1957, aunque las primeras conclusiones ya las vaticinó a finales de los 40, era no sólo esta curva, si no que la producción de los EEUU (descontando Alaska), llegaría a su cénit en 1971. Pese a los esfuerzos de la industria, sucedió tal y como había predicho. Fue el origen de las crisis petroleras de la década de los 70.El caso del Litio es paradigmático, puesto que ya hemos visto que hay varios tipos de recursos, salmueras, rocas varias. Hemos visto que la mayoría de reservas de Litio son en forma de salmueras, que es lo que ahora se está explotando debido a que son más fáciles (y por tanto, baratas y rentables) de extraer. Ahí hay más de la mitad de las reservas, aunque no todas son de igual calidad, y una misma reserva va volviéndose más difícil y problemática a medida que se explota y se va agotando, como ya vimos con el cobre [4].El caso de la curva de Hubbert, básicamente significa que en realidad tenemos la mitad de lo que hay. Una vez que se ha llegado al cénit, de forma irreversible, la producción decrece, con lo que el precio del recurso, en teoría, sube, al irse explotando las fuentes de más dificultad, menor concentración, más costosas, y se van agotando las fuentes rentables y baratas. Un poco antes de llegar al cénit, ya se suele notar una subida de precios debido a la ralentización de la producción, que aunque sigue subiendo, el ritmo de crecimiento ya no es capaz de seguir el crecimiento de la demanda.Así pues, si cerca del cénit no hay sustitución posible, los precios empiezan, en teoría una escalada que puede llevar a dos cosas: la sustitución por otros elementos menos caros, o la destrucción de la demanda debida a un elevado precio de la materia prima. Dadas las estimaciones de reservas de Litio, dividirlas por la mitad debido a Hubbert no parece precisamente una buena noticia: confirma que no hay suficiente Litio, y eso que apenas está empezando la parte izquierda de la curva.Como esto es algo conocido desde hace tantos años, los gobiernos están todos informados de ello. Sin embargo, me resulta curioso que la mayoría de la población desconozca esta parte tan importante de la historia reciente. Los gobiernos, especialmente el de los EEUU, están perfectamente al caso, aunque hay más: todos los países productores de petróleo.Por tanto, a la vista de lo explicado, los gobiernos de todos los países deberían hacer planes para ir preparando la sustitución del petróleo por otras fuentes de energía. Se comentó el caso de la electrificación en la entrada anterior, aunque bien es sabido que hay otras alternativas. Como hemos hablado del petróleo, podemos mirar de cambiar primero por gas, puesto que es más limpio, emite menos CO2, tiene menos contaminantes que puedan convertirse luego en problemas como pasa con el azufre del carbón, etc.Modificar coches de gasolina para que funcionen con gas es algo relativamente sencillo. En España hubo taxis que funcionaban con bombonas de butano, pero fueron prohibidos hace muchos años. Ahora vuelven a circular, aunque sea con otros derivados del gas, si bien tienen prohibido aparcar en lugares cerrados, incluyendo muchos párquings públicos. En el este de Europa, como por ejemplo Ucrania, son aún más utilizados que los de gasolina y gasoil. Sin problemas.Pero el gas también tendrá su ‘Peak Gas’ en su momento, pues es un combustible fósil. Igual que el carbón, aunque este último es mucho más abundante, pero también variado. Incluso la nuclear tendrá su particular ‘Peak Uranio’.Por tanto, hasta Francia, con sus más de 80 reactores nucleares, sufrirá su propio cénit y tendrá que planificar tarde o temprano una sustitución de las fuentes de energía. Con los plazos largos que manejamos, décadas como mínimo, conviene ir preparando la transición hacia sistemas sostenibles cuanto antes, mientras la energía fósil está todavía barata.Junto a estas teorías está la ya mencionada de la sustitución (sin hablar nunca de tiempo, que es la variable inexistente de los economistas) en una entrevista a un premio Nobel de economía en el cual, ante la pregunta del fin del petróleo, dijo que a medida que el precio del mismo fuese subiendo, simplemente otras energías más baratas tomarían el relevo. Quizás el meme más extendido.Hay dos puntos a tener en cuenta en esta hipótesis: primero está el tema de los plazos, el segundo es que más baratas es un término relativo. Que sean más baratas otras energías que el petróleo caro no significa que estas otras energías sean baratas ni que bajen de precio, no implica en ningún momento que la energía baje de precio.A partir de estas hipótesis, se pueden trazar planes de contingencia para que todo eso suceda de forma ‘natural’ según las leyes del mercado.Por ejemplo, se pueden hacer incentivos fiscales para que sea más atractivo el cambiarse un coche a combustión por uno eléctrico, se puede promocionar la instalación de puntos de recarga, favorecer las empresas que fabrican y usan ese tipo de vehículos, así como la electrificación de cosas no eléctricas.Evidentemente, a la par, se debería reforzar la producción y distribución eléctrica para que a medida que se vaya sustituyendo el combustible por electricidad, no haya problema con esa electricidad.Según las hipótesis comentadas, el cambio, bajo esas premisas, debería ser rápido y eficiente, produciéndose una bajada en el consumo de combustibles y una subida en el consumo eléctrico, que también se reflejaría en las ventas de coches, tanto eléctricos (al alza) como a combustibles fósiles (a la baja).Pues bien, justo estos planes se pusieron en marcha en varias partes del mundo, empezando en España hacia finales de la primera década del nuevo milenio. Según esos planes, a alguien seguramente le sonará el plan Pive, para 2015 habría en España alrededor de 1 millón de coches eléctricos, según el gobierno central.La Generalitat de Cataluña, quizás por tener cerca a la Seat, y por tanto, presumiblemente información de primera mano del grupo VolksWagen, tenía unos cálculos más bajos, de alrededor de 150.000 para toda España.De la misma forma, se planificó el aumento de la potencia eléctrica instalada, que ha pasado de alrededor de 60GW a más de 110GW en una década.Para comprobar el resultado de estos planes, sólo hay que sacar la cabeza por la ventana y mirar cuantos coches eléctricos se ven circulando por nuestras carreteras. Una ojeada a la factura de la electricidad también es pertinente. Un viaje por Europa da una idea aproximada muy parecida, con ciertas diferencias cuantitativas menores muy relevantes.A finales de este 2016 en que estas líneas son escritas, la cifra de coches eléctricos en toda España apenas alcanza unos 3000, haciendo trampas (contando híbridos enchufables como eléctricos). Una décima parte de lo previsto por la Generalitat, una centésima parte de la previsión del gobierno de 2008.En el resto de la más rica Europa más septentrional, la situación no es mejor.Uno de los clientes del autor, Renault, tenía la previsión de fabricar 30.000 Fluence eléctricos al año. Cinco años después, con poco más de 6000 unidades fabricadas en total, la línea del Fluence eléctrico se cerró y se desmanteló [5]. Las ventas del resto de vehículos eléctricos no es que vayan mucho mejor, precisamente, con la excepción minoritaria pero muy importante de Tesla, al reflejar uno de los puntos clave que hay que entender.Del millón que tenía que haber sólo en España, en realidad hay poco más de medio millón en todo el mundo.El invento este del Coche Eléctrico 2.0 se puede, se debe llamar correctamente FRACASO ESTREPITOSO, así, en mayúsculas.Ninguno de los medios de comunicación que alababan (y ahora está repitiéndose la historia) las medidas y anunciaban el advenimiento de la nueva era eléctrica, no sólo no se hacen eco de lo que ha sucedido en realidad, si no que están ahora repitiendo la historia otra vez en lo que será el caso del Coche Eléctrico 3.0 (el 1.0 fue a los inicios de los coches, a finales del siglo XIX y principios del XX).Este nuevo arranque en lo que parece (y de hecho, es) una repetición del anterior fracaso (en realidad, una burbuja), se abordará en la última entrada, pero antes hay que echar una ojeada en este capítulo de porqué fracasó la anterior apuesta, para poder entrever lo que va a suceder próximamente, ya que esta vez será otro fracaso por las mismas razones, pero con algunos resultados diferentes.De trasfondo, como alguien habrá visto ya, hay una crisis económica bastante dura y de la que aún no nos hemos recuperado (por mucho que diga el PIB, hay que ver los salarios y el paro ahora, y compararlo con el de 2007).2008 es recordado por mucha gente como el año del estallido de la burbuja inmobiliaria, de la crisis icónica del momento Minsky de Lehman Brothers, de la recesión, del sector bancario español de Champions Leage y de Bankia, del paro, recortes, el 15M, y de una situación convulsa, también en lo político, en los años que siguieron.En toda esta turbulencia económica y mercantil, laboral y política, hay muchos puntos que pasaron desapercibidos, elementos importantes, y que por tanto no son adecuadamente considerados como causantes de la problemática ni situación actual ni del sector eléctrico ni de los coches eléctricos, a pesar de demostrar varios fallos de razonamiento.El primer elemento a observar, es la evolución del precio del petróleo, no sólo durante los años previos al 2008 si no también los siguientes, junto con algunos puntos relevantes a nivel económico y financiero.Lo primero que se observa, es que el precio del crudo fue subiendo paulatinamente de 2002 a 2008 hasta llegar casi a los 150$ por barril, momento en que cayó casi a plomo. Este evento, aunque no se vea claramente la causalidad, está detrás de la razón del estallido de la crisis de las subprime, aunque no es causante directo de la burbuja (aunque indirectamente tiene algo que ver).Muchos de los productos financieros de esa época tenían en la mezcla de securitización parte de acciones de empresas consideradas como seguras, bancos, petroleras, grandes grupos comerciales, además de las hipotecas y créditos basura.Una parte importante de estas empresas tenían mucha dependencia de sus ingresos y beneficios asociados al precio del petróleo. Todo lo que es transporte de mercancías y personas tienen una fuerte vinculación con el coste de los combustibles, llegando a tener costes de gasto por este concepto de más del 10% de la facturación bruta, en condiciones normales, margen parecido al de beneficios netos tras impuestos.El hecho que el coste del crudo se multiplicase por cinco hizo que los costes en estas empresas se disparasen comiéndose todos los beneficios hasta llegar a las deudas, si no se repercutían al cliente o usuario, lo cual también repercutió en la subida de precios y bajada de demanda.Por ende, estas empresas ‘seguras’, al empezar a tener problemas de solvencia y de financiación, también restaron ‘seguridad’ a los paquetes del casino de derivados (CDOs y CDOs sintéticos, recomendable la película sobre el tema de La Gran Apuesta –  The Big Short  [6]).Con problemas en estas empresas, una economía que se estaba enfriando a marchas forzadas, los impagos hipotecarios evidentemente, especialmente los sub-prime, se fueron disparando, y con ello, se produjo el estallido de la crisis.La primera lección de todo esto, es que un precio elevado del petróleo, y en realidad, por extensión y como veremos a continuación, de toda la energía en general, lleva a una reducción de la economía, a una contracción, a una crisis.En ningún momento se produjo el cambio rápido a otras energías. El consumo eléctrico se estancó, y sigue más o menos, ocho años después, en los mismos niveles que en 2008, con lo que la situación eléctrica no ha hecho más que empeorar.La sustitución de combustibles fósiles por electricidad no se produjo, sólo se redujo el consumo de los primeros de forma notable en algunas partes, de forma moderada en otras, mientras que la electricidad básicamente se estancaba en la mayoría, con la notoria excepción a todo ello de Chima.Pero lo más notorio y que reafirma todavía más esta hipótesis, es que, una vez empezó el gobierno de los EEUU a ‘imprimir’, con la Quantitative Easing, dinero, el precio del crudo volvió a subir hasta los 100$/bbl, donde se mantuvo mientras hubo QE.En ese período, apenas hubo recuperación, aunque subiese el PIB. Pero es que todo lo que se ‘imprimía’ sumaba PIB, sin que subiese consumo ni producción real. Así que el PIB en realidad no es un reflejo real, fiable, de la situación económica.De hecho, fue cortar la QE en 2014 cuando el precio del petróleo empezó a bajar notablemente, y es con los precios bajos cuando el consumo se ha ido elevando, cuando se ha empezado a notar en algunos países una cierta recuperación económica.Y a pesar de todo, el PIB mundial lleva cayendo desde hace ya bastante tiempo, lo cual básicamente viene a demostrar que al pararse la QE y derivados, el crecimiento de la economía se ha parado, lo cual da que pensar si todo lo que ha subido desde entonces ha sido sólo por lo que se ha impreso, es decir, crecimiento virtual, no real.Todo este tinglado, sin embargo, ha exacerbado algo que ya pasaba antes, y que es el fondo sobre el cual se crean las burbujas financieras como la hipotecaria, la de las punto Com de principios de siglo, u otras. La falta de rendimiento.Y ya que hablamos de petróleo, es conveniente hablar de otra burbuja, actual, financiada con la QE, muy importante, y que es el paradigma real de lo que está sucediendo. Es el caso del petróleo de esquistos, lutitas, arenas asfálticas o bituminosas, o más habitualmente, el fráquing (fractura hidráulica de las lutitas o esquistos, fracking in english) y las ‘Tar Sands’. Todas estas tecnologías de extracción de petróleo son conocidas desde hace décadas, y, aunque han sido actualizadas, mejoradas y abaratadas, sólo tienen sentido cuando el precio del crudo es elevado, debido a su elevado coste. Dependiendo del tipo de pozo y crudo, a menos de 60$/bbl, no son rentables, ni en el mejor de los casos. En la mayoría el coste real se sitúa por encima de los 80 o incluso, como para el caso de Venezuela, por encima de los 110$/bbl.Pero la mayoría de estas explotaciones se hicieron con cargo a la deuda de la QE, y con el precio del crudo en los 100 – 110$/bbl. Y además, una vez se ha fracturado un pozo, hay que extraer todo lo que se puede, si no se pierde el pozo y la inversión. Es como echar la pastillita a la gaseosa, que saca todo de golpe en poco tiempo.Este hecho lo que ilustra es la falta de rendimiento económico, una gran inversión inicial en unas condiciones que luego no tienen porqué mantenerse, y que son muy exigentes para que tengan unos rendimientos económicos suficientes como para dar beneficios.Pero el caso del fráquing y similares expuesto, también ilustra el problema real de trasfondo, que es la falta de rendimientos energéticos, no sólo económicos y financieros. Los resultados monetarios en realidad reflejan un problema geológico, físico. Si esos mismos pozos, con la misma inversión, extrajesen más barriles, entonces serían más rentables, tanto energética como económicamente.Pero luego, resulta que todo esto también se puede hacer extensivo a las renovables, y a la economía general: una energía más cara hace que el coste de producir sea más elevado, y por tanto baja los rendimientos, la productividad.Como resultado, los trabajadores producen más caro con el mismo (o más) esfuerzo, a lo cual se tiene que sumar el aumento de los costes de las materias primas, y eso generalmente se suele reflejar también en el tema salarial. Y en última instancia, en la deslocalización laboral de los negocios con mayor coste energético (y salarial) hacia países donde dichos costes sean más reducidos, habitualmente ambas cosas, y generalmente por el uso de energías más sucias como el carbón, más baratas, más fáciles de extraer, etc.Por supuesto, la eficiencia y la tecnología tienen algo que decir aquí. Sin embargo, ambas tienen límites, y en concreto, la tecnología no sólo tiene un coste, sino que también consume energía, así que si bien puede ayudar en ciertos aspectos, especialmente al principio de su desarrollo, en los inicios de un nuevo mercado o producto, pero llega un momento en que también tiene su límite y que hay que gastar mucho para mejorar muy poco, una vez más, rendimientos decrecientes, límites.De hecho, ¿Qué es la mal llamada Revolución Industrial 4.0 sino un intento por crear un crecimiento económico sin crecimiento salarial/laboral asociado?Y una vez más, sale el asunto de fráquing como ejemplo, puesto que el coste de producción, aunque ha mejorado con la tecnología, sigue siendo mucho más elevado, para rascar el fondo del barril, y producir ahora algo que en un principio se dejaba para el final, no para producir algo que antes no se había tenido en cuenta.El resultado, si se aplica a la ya explicada curva de Hubbert, es lo que se conoce como la curva de Séneca, o  Seneca Cliff [7].Por tanto, resulta que si lo sumamos todo, lo que hay es que al subir, hipotéticamente, el precio del petróleo, también suben las otras energías, presumiblemente en menor medida, pero suben igualmente. Con eso, además los salarios van a la baja, y por tanto, la capacidad de compra de la población, el poder adquisitivo, se resiente, llevando a una crisis económica.Esto se ha comprobado y demostrado en la mayoría (todas excepto una) de crisis desde el final de la segunda guerra mundial.Eso explica porqué no se hace la sustitución de una energía por la otra.Es más, en los cambios de paradigma energético, siempre se ha dado el caso de pasar de una fuente energética a otra matriz más barata y/o con mayores prestaciones, habitualmente ambas cosas y aun así, con bastantes décadas de tiempo. Y ese NO es el caso del cambio del petróleo a la electricidad.Al fin y al cabo, la explotación del petróleo y de la electricidad empezó más o menos por las mismas épocas, y sin embargo, la diferencia de aplicaciones es notoria, lo suficiente como para ver que electrificar cosas que ahora no son eléctricas seguramente va a encarecer esas aplicaciones, además de reducir el presunto ‘rendimiento’ de la electricidad.Pero el hecho que los salarios, el poder adquisitivo, vayan a la baja con la subida de la energía, simplemente pone cota a las subidas hipotéticas de la energía, pues restringe la economía, la frena, hasta el punto que se puede llegar un momento en que la economía no lo aguante.Este punto es obvio: cuando no se pueda afrontar el coste de producción para mantener esta, simplemente, esta producción va a desaparecer.Es decir el petróleo, y con él, la mayoría de recursos minerales y muchas otras cosas, por mucho que encontremos, no se van a sacar si no tienen rentabilidad económica.No hay, ni va a haber nunca un problema de escasez (excepto puntualmente) de recursos. Lo que ya hay, es un problema de falta de viabilidad económica de muchos de esos recursos.Un ejemplo obvio de esto es Venezuela. Muchos expertos dicen que se trata de un país rico por que tiene tantas reservas de petróleo, etc. Y eso es totalmente incorrecto, como la simplificación de la sustitución de la matriz energética.Lo que hay, bajo ese país y parte del Atlántico, es un asfalto duro, no un petróleo ligero líquido, a bastante profundidad, que cuesta mucho (en energía y en dinero, en petróleo liviano para disolverlo y en otras energías para bombearlo, en refinarlo) de sacar, con lo que una vez fuera, ya vale mucho menos, si es que tiene algún uso que valga algo, con lo que no sale rentable, no se amortiza, no sale a cuenta, lo cual es lo mismo que no tenerlo.Bajo esta premisa, este punto de vista, esta manera de enfocar las cosas, tanto da la cantidad de petróleo, o lo mismo da de Litio, Neodimio, Disprosio, o lo que sea, si no sale rentable el extraerlo. Por eso el énfasis en el litio de salares, o en las tierras raras en otras minas, y el porqué no se explotan estos mismos elementos en otras partes.Pero el petróleo tiene un agravante: para extraerlo hace falta petróleo, aunque sea para la maquinaria pesada, para calentar, etc. Eso aplica a otras fuentes de energía. Para generar energía, hace falta energía.Lo cual implica que hay una energía neta que se puede usar, que sale después de descontar la energía necesaria para extraer o generar esa misma energía. Es el concepto de TRE ya mencionado, y que está decayendo desde hace bastante tiempo en todas las partes.Junto a esa inversión en energía, está la inversión económica y financiera, esa que hemos visto que busca rentabilidad, que no es otra cosa que la TRE aplicada a la economía, y que sabemos que últimamente también va a la baja.Y lo necesario para cambiar de paradigma energético precisamente es un tipo de energía que necesita grandes inversiones, tanto de energía como de dinero, con retornos más bajos por TRE’s más bajas.Con los salarios también a la baja, y la promesa de más empleos por las renovables que no es más que una constatación de su baja TRE, es decir, una demostración que son más caras (porque necesitan más mano de obra, junto con más inversión, para obtener menor producción, amén de su intermitencia y falta de control, y por ende, falta de versatilidad), lo que se saca de todo esto, es que no se va a poder pagar una energía cara, sea petróleo o electricidad o cualquiera de las opciones que tenemos ahora sobre la mesa.Menos aún unos caros vehículos eléctricos.El resultado, sin embargo, es la inviabilidad de la economía y la sociedad en la que vivimos, del marco de referencia en el cual se enmarca la sociedad de consumo, de la tecnología electrónica que permite que la fotovoltaica, la eólica, las baterías y los coches eléctricos, amén de los teléfonos móviles, ordenadores, etc. sobre la cual se está edificando el futuro, las apuestas de la mayor parte de la sociedad.Dicho de otra manera, los límites de nuestro planeta están dando al traste con nuestra manera de ver el mundo, y se manifiestan de formas poco evidentes, con muchas consecuencias inesperadas, como la falta de crecimiento, la imposibilidad real del mismo, sea este económico, financiero, laboral, social.Y esto, tarde o temprano, nos va a pasar factura.Y no será bonita.Y resulta que todo esto ya era sabido desde 1972, el año en que se llegó al cénit de producción de los EEUU.Y las predicciones que hizo el Club de Roma en el estudio de los Límites del Crecimiento (Limits to Growth), cuarenta años después, se están cumpliendo a rajatabla.Y lo que viene, según esos cálculos no es la escasez de recursos, sino un frenazo económico, problemas sociales, problemas financieros, problemas políticos, problemas medioambientales (el estudio también incluía la polución, como concepto agregado, no detallado).Las renovables paliarán en parte el problema, sólo para trasladarlo a otro sector, y el problema más evidente, no será la intermitencia, si no la falta de inversión.Inversión en todo tipo de energías, líneas de distribución, mantenimiento de infraestructuras, y de hecho, problemas derivados aún más evidentes: falta de financiación de los gobiernos, quiebras soberanas, quiebras de fondos de pensión tanto privados como públicos, quiebras de sistemas sanitarios, quiebras de empresas, incluyendo (quizás empezando, que en 2016 ya llevan más de 50.000 M$ de quiebras en el sector del fráquing y energético en general) petroleras, minería del carbón y gasistas, mineras de materiales habituales (commodities).Los recortes y las subidas de impuestos que fueron tónica común en muchas partes desde 2008 hasta 2015 volverán a la palestra. La insostenibilidad de las pensiones, bien a la europea, bien a la americana, ya está sobre el tapete.Los problemas políticos ya los estamos viendo también. Desde la repetición de comicios en España hasta los problemas de la Merkel, el ascenso de diferentes partidos en Europa de diferente índole, habitualmente más extremos que los habituales, pasando por Trump y el Brexit, la manifestación del malestar social y sus repercusiones políticas están en el orden del día.Incluso el aumento de la violencia desde 2015 a esta parte, hasta incluso el colapso de países, con la situación venezolana como paradigma del problema energético (lo cual no quita para nada injerencias externas, que nunca solucionan ni mejoran nada), pero a los que hay que añadir Libia, Yemen, Siria tampoco es que esté en gran forma, etc. Todo esto son manifestaciones del problema.Ciertamente, no hay un solo problema, si no muchos… que ya estaban antes. Sólo que ahora el efecto suavizante, moderador, incluso aglutinador, de un crecimiento sostenido incluso grande, ha desaparecido, con lo que a las antiguas rencillas (o rencores, odios profundos, agravios de todo tipo), ahora se añaden problemas de desesperación por la incapacidad de afrontar el futuro, tensiones añadidas por el acceso a recursos, intereses creados de varios tipos, problemas medioambientales y el hecho que muchos países están pasando la factura de sus problemas internos a terceros.El caso sirio es otro ejemplo. Uno de los problemas en disputa es que es la ruta de paso de gasoductos, oleoductos y otros medios de transporte de derivados energéticos de algunos países productores (Arabia Saudí e Irán, por poner dos grandes bloques enfrentados de proveedores) a Europa, y el posible control de los países proveedores de dichos gasoductos (USA y Rusia respectivamente) de otra llave de control sobre Europa, y el subsiguiente trasvaso de dinero.Por supuesto, eso sólo no es motivo suficiente. Como tampoco lo es el fanatismo del enfrentamiento Sunní y Chií que hay detrás, o al menos, tampoco lo era antes, puesto que ahora los ánimos se han atizado mucho.Si los sirios hubiesen estado bien económicamente, con comida suficiente, un gobierno más o menos benévolo, y una situación social más o menos próspera, los agentes que hace tiempo que están actuando para inflamar y atizar cualquier posible causa para generar sublevaciones y revueltas, no tendrían, como de hecho no tuvieron, mucho éxito.Hizo falta no sólo una gran labor de zapa y de polarización religiosa, si no que tuvo que ayudar en parte el cambio climático en forma de precipitaciones reducidas en la última década, aunque fuese sólo moderadamente, con el hecho que para mantener la producción de una tierra cada vez más exhausta, hiciesen falta no sólo cada vez mayores cantidades de fertilizantes (la mayoría obtenidos a partir de gas natural, otros, como los fosfatos, fósiles también), sino también cada vez mayor uso de bombas (generalmente a base de combustibles fósiles) que extrajeron hasta prácticamente desecar los recursos de acuíferos fósiles.¿A alguien le suena esta parte de la historia?Eso trajo problemas de caídas de producción de grano y otros alimentos autóctonos, y con ellos, quiebras en el sector agrícola, pero, sobre todo, hambre, estómagos vacíos y problemas graves de subsistencia que se hicieron dolorosamente patentes incluso sin que nadie tuviese problemas serios de desnutrición.En una manifestación de una de las zonas agrícolas mayores del país, alguien cometió el error de disparar contra una muchedumbre cada vez más desesperada. La revuelta y los problemas prendieron con esa chispa.Sin embargo, si no hubiese sido con esa, hubiese sido otra. Las revoluciones se hacen todas con el estómago vacío.  Y cuando uno tiene hambre, generalmente el sentido común suele ser el primer plato que se consume. En esas condiciones, rencillas, odios, y agentes desestabilizadores hacen un gran trabajo con poco esfuerzo.Así pues, el panorama que se nos viene venir, es que tarde o temprano, la situación se irá volviendo mala económica y financieramente, laboral y socialmente.Y la tecnología lo empeorará. Llámese Revolución Industrial 4.0 (o sea, pérdida de trabajos en el sector terciario), o renovables o coches autónomos.Y la subida de impuestos o de costes derivados de la degradación medioambiental, llámese COP21 (con los nuevos impuestos nacidos bajo su sombra), llámese pérdidas por inundaciones, sequías y demás, tampoco van a ayudar, precisamente.El panorama que de esto se deriva es mucho más sombrío que lo que parece a simple vista, y mucho más profundo, si bien no es para nada el Mad Max que algunos catastrofistas de todo pelaje pronostican.El Imperio Romano no desapareció de la noche a la mañana, ni la Isla de Pascua perdió toda la población cierto día a cierta hora. Excepto una muy poco probable guerra termonuclear masiva, es algo que difícilmente puede suceder.Sin embargo, la situación de decadencia en la que se entró entre 1971 y 2008 según el lugar, será la tónica dominante durante los próximos siglos.Algo mucho más preocupante, más profundo que el resultado de la última liga, la última noticia de la prensa rosa o el último invento del sector de las renovables.Es en esa tesitura de desintegración social donde hay que situar correctamente las perspectivas de futuro de los coches, sean estos eléctricos, de combustibles fósiles, o a pedales. Lo veremos en la siguiente entrada.
[1] – https://es.wikipedia.org/wiki/M._King_Hubbert      [2] – https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_pico_de_Hubbert [3] - https://es.wikipedia.org/wiki/Pico_petrolero [4] - http://science.sciencemag.org/content/343/6172/722.full [5] - https://en.wikipedia.org/wiki/Renault_Fluence_Z.E. https://en.wikipedia.org/wiki/Renault_Fluence_Z.E. (Prestar especial atención al segundo párrafo donde explica algunos detalles al respecto de las baterías, que no se halla en la versión castellana).[6] - https://esmola.wordpress.com/2017/01/31/the-big-short/ [7] - http://cassandralegacy.blogspot.com.es/2011/08/seneca-effect-origins-of-collapse.html [8] - https://es.wikipedia.org/wiki/Los_l%C3%ADmites_del_crecimiento
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La dificultad de reconocer el colapso

The Oil Crash - 15 Juny, 2017 - 17:43


Queridos lectores,

Hace algunos años leí un artículo muy bueno que describía con gran precisión cuáles eran los problemas que sufría Yemen y cuáles eran los terribles riesgos a los que podría enfrentarse en un futuro cercano. Quien lo escribía era un yemenita formado en alguna universidad extranjera, con buen conocimiento de la situación de su país y de la escena internacional. Lo curioso del análisis de esta persona es que, a pesar de percibir el riesgo inminente de una guerra civil en Yemen, no era capaz de integrar correctamente el problema que representaba la caída de la producción nacional de petróleo. Para él, era un problema de dejadez y de falta de inversión, sin comprender que, además de esos problemas, había un factor bastante determinante, que era la llegada de Yemen al peak oil, con el agravante de que la bajada por el lado derecho de la curva de Hubbert fue especialmente abrupta para ese país. Desgraciadamente para Yemen, los peores augurios que podíamos hacer para ese país se cumplieron y ahora Yemen, dividido en seis partes, se desangra en una inacabable guerra civil en la que una coalición de países árabes, liderada por Arabia Saudí, también está participando.

Cuando uno habla del colapso de la civilización, o más específicamente del colapso de un país, existe una cierta tendencia a hablar de manera bastante abstracta y con cierta noción de cosa remota, distante en el tiempo. Un colapso, sobre todo si se verifica de manera rápida y descontrolada, es algo bastante desagradable, con respecto a lo cual uno necesita, por higiene mental, poner una cierta distancia para poder hablar de ello. A pesar de que generalmente un colapso es más un proceso que un momento puntual, y que es una situación a la que las más de las veces es posible irse adaptando progresivamente, las graves implicaciones de ese amargo declinar para nosotros y para las personas que queremos hacen que prefiramos hablar de ello de manera teórica, cuando no hipotética. El mayor riesgo de este discreto escapismo intelectual es que, al no concretarlo y sustanciarlo a nuestra situación real y subjetiva, no seamos capaces de reconocer la forma concreta que tomará el colapso en el contexto de nuestras vidas, y que toda la discusión teórica previa se quede en un mero ejercicio de salón.

Viene esta reflexión a cuenta de la lluvia de comentarios que han recibido mis dos últimos posts. En el primero de ellos analizaba cómo una hipotética secesión de Cataluña provocaría un colapso rápido y temprano tanto del nuevo país como de lo que quedase de España, y que tal colapso prematuro sería una oportunidad para "colapsar mejor", algo que debería parecer deseable si uno está convencido que el colapso es, al final, inevitable en algún momento de nuestra historia no tan futura. En el segundo post analizaba el escenario que me parece más probable, en el que Europa se ve abocada al uso de la fuerza militar de manera sistemática para garantizarse el flujo de recursos considerados esenciales para el mantenimiento de la actual sociedad industrial, y que tal cosa implica un creciente autoritarismo interior con fuerte represión de la disidencia. En tal escenario, España sería un país más de ese conglomerado belicista y autoritario, y seguir tal camino nos llevaría a un colapso más tardío pero más anárquico y probablemente finalizando en situaciones mucho menos deseables; en suma, que nos llevaría a "colapsar peor".

Por desgracia, al bajar del terreno de las consideraciones meramente especulativas acerca del colapso a otras no menos teóricas, pero al menos más concretas y cercanas a nuestro paisaje humano y político, el hilo de las numerosas discusiones que he podido observar en diversos foros de internet se ha dispersado por completo del foco de la discusión, que no era otro que intentar imaginar posibles escenarios de colapso un poco (sólo un poco, lo admito) más realistas y menos hipotéticos que los habituales. Así pues, después de la publicación del primer post, muchos lectores independentistas catalanes se sintieron ofendidos porque en el texto se califica la situación política actual (incluyendo ambos bandos) de "vodevil" y ciertas actitudes de los próceres catalanes de "patochada"; muchos se sintieron contrariados porque no hice una vez más la glosa de todos los agravios contra Cataluña (la mayoría reales, algunos imaginados), y alguno llegó a decir que mi post es el típico discurso unionista (!!), haciendo apelación al miedo (lo de "unionista" podría entenderlo, pero lo de "típico" me sorprende y sobresalta). En cuanto publiqué el segundo post (cosa que tenía planeada desde el principio), pude constatar un aluvión de comentarios que se quejaron de que pasara por alto la corrupción de la política catalana (tema que he comentado miles de veces y del cual hablaba en el post anterior), denostaron mi presunta adscripción al independentismo catalán (de nuevo, ignorando mi post anterior), e incluso alguno llegó a decir que había escrito el post para hacerme perdonar, entre mis amistades catalanas, por el anterior. Lo interesante del asunto es que, a pesar de que ambos posts de lo que van es sobre las formas concretas que puede tomar nuestro colapso concreto, las personas que comentaron sobre el fondo del asunto son una franja muy minoritaria.

Los lectores que leen este blog desde allende nuestras fronteras pueden encontrar tal desparrame dialéctico como mínimo pintoresco, pero creo que podrán sacar lecciones interesantes para ellos mismos, ya que tal ejercicio de concreción de los escenarios de colapso a su propio territorio, tomando elementos concretos de la tensión política actual allá donde vivan, probablemente suscitaría una dispersión discursiva semejante a la que hemos vivido al tratar el caso de España.

Hace 7 años, bastante al principio de este blog, escribí un post que también fue bastante polémico en su momento: "El peor escenario posible". Un año más tarde publiqué su contraparte, "El mejor escenario posible". En ambos posts analizaba los dos escenarios más extremos en cuanto a pesimismo y optimismo, a una escala bastante global, sobre hacia qué podría evolucionar nuestro sistema económico y social. Unos meses más tarde publiqué otro ensayo, "La Gran Exclusión", al cual me refería como "el escenario más probable". Todos esos artículos fueron bastante polémicos por las posibilidades que planteaban, bastante discordes con el pensamiento imperante del momento, aunque si uno los mira ahora, pasados 7 años, no son más inverosímiles sino quizá menos (dejando al margen la datación precisa de eventos). Con todo, esos ejercicios de proyección de escenarios pecaban de ser demasiado vagos e inconcretos en nuestra realidad social particular, y en mi caso en concreto española. Con los dos nuevos posts, he pretendido reformular dos escenarios mínimamente verosímiles y más cercanos en el tiempo y en el espacio, y al igual que entonces con un mejor escenario y un peor escenario. 

La intención de escribir sobre esos dos escenarios de colapso es la misma que entonces: analizar las posibilidades y dar a los lectores asideros conceptuales que puedan usar para reconocer eventos si se llegan a dar y saber reaccionar ante ellos. Cabe destacar que yo no hago predicciones, pues no soy adivino ni quiromante. A algunos lectores les ha sorprendido que el segundo escenario sea en cierto modo contradictorio con el primero, sin darse cuenta de que son eso, escenarios. No deja de ser peculiar que, a pesar de las numerosas salvedades que introduzco en el discurso, dejando clara la naturaleza hipotética y especulativa de lo discutido, se tomen como afirmaciones rotundas.

Si se ha producido un cambio en estos siete años de singladura de este blog es que a estas alturas veo el colapso, como mínimo un cierto grado de colapso, como algo inevitable. Habiendo una tal acumulación de evidencia de que hemos pasado el peak oil del petróleo crudo convencional, que probablemente habremos superado ya el peak oil de todos los hidrocarburos líquidos, que carbón y uranio también parecen haber tocado techo y que las compañías productoras de hidrocarburos se están arruinando y eso puede precipitar el descenso energético, parece mentira la absoluta falta de proactividad de las instancias políticas para anticipar los problemas. Queda claro que sólo se va a reaccionar, no a anticipar, y que por tanto un cierto grado de destrozo no sólo es inevitable sino necesario (al fin y al cabo, no hemos recuperado el nivel pre-2008 y sin embargo no ha habido una modificación sustancial de los discursos ni mucho menos estructural). El otro cambio importante en mi percepción es que el escenario que describo como el peor es al tiempo el que considero más probable.

Lo más interesante de este ejercicio de prospección, con todo, ha sido el tenor mayoritario de las reacciones de los lectores. Teniendo en cuenta que los foros donde se han comentado estos posts son muy minoritarios, donde pulula gente bastante concienciada con la problemática de sostenibilidad que se discute en estas páginas (filo-colapsistas, se les podría denominar) no deja de ser triste y decepcionante ver como la mayoría han caído en la trampa de la visión política actual. Se estaba hablando de colapso, pero la gran mayoría ha preferido hablar de los agravios de unos contra otros, y se han esgrimido los mismos argumentos pro y contra tantas veces escuchados en los medios. Es evocar determinados temas y la reacción es la estereotipada, la inculcada machaconamente a través de la propaganda camuflada de información, dominando cerebros, voluntades y deseos. En ese sentido, el experimento que he realizado de concretizar los escenarios del colapso ha sido un rotundo fracaso factual aunque sea un éxito conceptual.

Ha sido un fracaso, porque el ejercicio demuestra que, si finalmente el devenir de la Historia nos hiciera explorar uno u otro de los escenarios que yo exploraba, los protagonistas serían incapaces de reconocer que se trata de un escenario de colapso, ni tan siquiera aquellos que conocen toda la problemática y que han discutido teóricamente acerca del colapso. La cortedad de miras de la discusión política actual y la gran persistencia de las ideas-fuerza inculcadas con la propaganda hace que se nuble todo lo demás, que todo se pierda de vista. Se cae fácil y rápidamente en la descalificación personal, se personalizan los argumentos con una celeridad asombrosa y se pierde por completo cualquier perspectiva de qué es lo que está pasando realmente. En ese sentido, si no se lucha decididamente contra esos arquetipos intelectuales tóxicos con los que se dirige toda la discusión, discurriremos como borregos por el sendero trazado hasta nuestro colapso más absoluto, y ni siquiera reconoceremos el proceso sobre el que tanto hemos llegado a teorizar. Ahí está la mayor dificultad: ser capaces de reconocer el colapso, que es el primer paso para poder reaccionar ante él.

Sin embargo, creo que lo que ha pasado es un éxito conceptual. Y es que ha mostrado con un ejemplo contundente la fuerza que tienen esos arquetipos tóxicos y cómo pueden dificultar nuestra reacción en los tiempos de colapso. En particular, creo que lo que ha sucedido debería ser una invitación a la reflexión, a una reflexión profunda.

Por mi parte, si quieren un mensaje sencillo con el que resumir la lección aprendida, vayan ahora a desconectar su televisor.

Salu2,
AMT
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Lucha de Clases

Ácratas - 15 Juny, 2017 - 11:44


El único mundo que consideramos justo es aquel en el que no exista la explotación. Explotar consiste en tomar la energía física o intelectual de un trabajador a cambio de un salario mucho menor que la riqueza que su esfuerzo produce. Por lo tanto, explotadores son los empresarios de cualquier nivel, los financieros que viven de explotar al propio dinero y, lo que es peor, el Estado. Todos ellos extraen riqueza del esfuerzo de la clase trabajadora.

Muchos explotadores trabajan también: organizan su empresa, negocian y venden bienes y servicios. No es por eso por lo que siguen siendo explotadores. Lo son cuando, aparte de su propio salario, obtienen beneficios empresariales.

¿A qué viene esta obviedad? Pues viene a que, si algún concepto ha desaparecido del léxico común político, es el de "clase trabajadora".

La lucha de clases es un concepto marxista cuyo objetivo era y sigue siendo desclasar a la sociedad, convertirla en una única clase y forma de vida. Un concepto que, en su consecución final, acabaría con la necesidad de la existencia del propio Estado, al desembocar como todo río, por bravo que sea, en el océano de la paz social: la Acracia.Aclaro para los trolls y espías que acracia no es anarquía, sino respeto por una clase de orden pactado inter pares.

Los estados de socialismo real, como la URSS o China, han triturado el marxismo, víctimas de la burocracia frente a un capitalismo de medios infinitos --los capitalistas de la élite mundial fabrican el dinero de la nada--. La caída de la URSS a causa de la corrupción de sus altos funcionarios, ahora magnates capitalistas, ha desembocado no en el océano de la paz social, sino en un mar muerto pestilente en el que la clase trabajadora no ha desaparecido, sino que se ha convertido en una clase esclavizada. El proletariado ha devenido en precariado al aceptar recortes de derechos y sueldos de miseria.

Es muy fácil averiguar quién pertenece o no, aquí y ahora, a la "clase trabajadora". Quien vive de una nómina de la que se detraen impuestos por IRPF es clase trabajadora. Si tienes dudas de si perteneces o no a la clase trabajadora, mírate los brazos. Si detectas en ellos la huella de un pinchazo de Hacienda cada mes, perteneces a la clase trabajadora.

Pero hay personas que pertenecen también a la clase trabajadora, aunque el sistema intente convencerlos de que no es así:

Si eres un autónomo sin empleados, perteneces a la clase trabajadora.

Si eres un jubilado de la clase trabajadora, sigues perteneciendo a tu clase hasta que fallezcas.

Si eres un parado en busca de empleo, perteneces también a la clase trabajadora.

Si eludes a Hacienda trabajando en negro, perteneces a la clase trabajadora, aunque te creas que te entiendes "cara a cara" con el empresariado.

La ancestral "lucha de clases" ha sido siempre el objetivo a batir por el Capital. Hoy día, la lucha de clases es ya casi delictiva, con la aquiescencia de los sindicatos estatales y del propio Estado que legisla contra los trabajadores.

El melifluo canto de sirena que el Capital te propone es que trabajes y ahorres para la vejez comprando acciones de compañías multinacionales o invirtiendo en algún producto bancario. Así serás una mezcla de trabajador/capitalista. Pertenecerás a la clase trabajadora durante tu vida laboral para pasar directamente a la explotadora capitalista a tu vejez. Esa solución ya ha mostrado sus vergüenzas. Las estafas de los bancos y las falsas cotizaciones de las multinacionales, que detraen el beneficio a paraísos fiscales te arruinará. Morirás rebuscando en los contenedores de basura.

Aquí no hay más solución que la de hacer acto de contrición, reconocer que has sido engañado durante muchos años y volver a las trincheras de la lucha de clases. Porque tu enemigo es tan poderoso que te aniquilará si no lo haces.

Te lo vuelvo a recordar: tu enemigo tiene muchos tentáculos, como el Kraken: es el capitalismo financiero; es el empresariado aristocrático, es el Gobierno de la nación, son los partidos políticos (todos, sí, incluso IU o Podemos) incrustados es el Parlamento del Estado; es la alta judicatura que te criminaliza; es la burocracia que te ahoga y son las fuerzas represivas que te espían.

¿Y cuál es la solución? Si te afilias a un sindicato estatal serás vendido como carne de cañón. Si militas en un sindicato anarquista y te señalas como disidente, estás perdido. Si te manifiestas colectivamente, serás fichado. No hay privacidad en Internet ni en la telefonía mundial. Todo se filtra en monstruosos ordenadores que tratan los big data.

La solución, tras la aparente derrota total de de clase trabajadora es radical: que significa regresar a la raíz. La lucha de clases la realizan individuos concienciados e irreductibles que, siguiendo las teorías de La Boètie(1), saben que NO DEBEN COLABORAR CON EL PODER de ninguna forma. Individuos que no escuchan cantos de sirena, que se informan fuera de los circuitos de los mass media, que aprenden porque leen. Y que jamás se sienten vencidos, sino a lo sumo derrotados en alguna batalla. Individuos que se retiran, curan sus heridas, se pertrechan y vuelven orgullosos a las trincheras para seguir combatiendo.

ACRATAS


(1)La Boètie en su Discurso de la Servidumbre Voluntaria: "No os pido que toméis la espada para luchar contra los tiranos, sino sólo que no colaboréis con ellos".



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España ante el colapso

The Oil Crash - 13 Juny, 2017 - 17:36

Queridos lectores,

En el post anterior discutíamos cómo una eventual secesión de Cataluña podría acelerar el colapso de España (posiblemente aderezado con la secesión de más territorios, como comentábamos hace tiempo). Un colapso temprano y precipitado como el que sobrevendría es lógicamente percibido como algo negativo por nuestras élites, por todo por lo que les supondría de pérdida de poder tanto político como económico, y la final y efectiva desintegración de nuestro sistema económico. Justamente por eso, dado su carácter destructivo e inestable (ahora más que insostenible), un colapso rápido de nuestro sistema económico evitaría profundizar más en la degradación ambiental y también en el agotamiento de recursos básicos para nuestra supervivencia futura, ya que cuando los combustibles fósiles avancen en su declive terminal será el medio natural el que, como habitualmente a lo largo de la Historia, nos proveerá de los recursos que necesitemos.

Delante del desafío independentista catalán, desde España sólo se ha sabido dar una respuesta autoritaria y poco abierta a la negociación. Eso, por supuesto, ha espoleado el sentimiento nacionalista e independentista entre una buena parte de la población catalana, ya bastante avivado por los muchos años de agravios en la gestión de la cosa pública que muchas veces miraba a Cataluña como un recurso a explotar y cuyas demandas simplemente se ignoraban. Esa visión extractivista de la periferia que sostienen las élites españolas no se ha dado, por supuesto, sólo hacia Cataluña (durante mi infancia y adolescencia en León, no pocas veces pude escuchar críticas hacia el hipercentralismo, y contra el desdén respecto a las necesidades de los que vivíamos "en provincias"), pero siendo Cataluña un territorio más rico en lo económico y con una cultura y lengua propia en lo cultural es en ese territorio que se ha podido hilvanar un relato más consistente que en otros lugares, un relato que describe el extractivismo centralista de un conflcito de "ellos contra nosotros" (cosa nada fácil de hacer en un lugar como León, por ejemplo, pues tal distinción está lejos de ser evidente). Pero teniendo en cuenta, precisamente, la historia común de Cataluña con España, la disgregación del territorio de Cataluña no es ni mucho menos el único ni necesariamente el más probable de los escenarios en el corto plazo para España.

Cuando escribo estas líneas, el Govern de la Generalitat ha anunciado ya la fecha y pregunta del referéndum que dicen querer realizar el próximo otoño para preguntar a la población de Cataluña sobre la continuidad de esta hoy comunidad autónoma en el seno de España. El Gobierno de España está en una posición de esperar acontecimientos, y es seguro que en cuanto el Govern firme la primera ley o decreto con la que pretenda dar cobertura legal al referéndum y al proceso de autodeterminación, el Gobierno de España comience a recurrir todas esas disposiciones legales ante las instancias jurídicas... españolas, pues, ¿en qué otro lugar podría hacer tal cosa? Pero si justamente éste es un conflicto de legitimidad, y no de legalidad, la respuesta no podría ser más errónea. Pues al final de ese camino sólo queda una salida: si, de acuerdo con la vía que ya ha utilizado anteriormente y que previsiblemente utilizará en el futuro, el Gobierno español consigue que se consideren ilegales todos esos actos de la Generalitat, el paso siguiente e inevitable es la aplicación del código penal español; y en caso de resistencia tendrá que ser usando el monopolio legítimo de la violencia que le da el ser un Estado. Pero, justamente, lo que está en cuestión es la legitimidad, y este choque de legitimidades sólo puede terminar, de proseguir por ese camino, en violencia, violencia legítima contra ilegítima, al decir de unos, o al revés, al decir de los otros (quizá para reclamar el monopolio de la violencia legítima es por lo que el ejecutivo catalán ha incluido de manera alambicada la palabra "Estado" en la pregunta del referéndum). Para el ejecutivo español, la celebración del referéndum es un casus belli absoluto, pues saben de sobras que el resultado del mismo podría perfectamente ser un "sí" a la independencia (las tornas están bastante igualadas, pero la intransigencia española y el grado de corrupción de las altas magistraturas españolas no ayudan demasiado a la causa del "no"). Desde la perspectiva centralista y extractiva del gobierno de Madrid, la eventual secesión de Cataluña es completamente inaceptable, de ahí su completa y rotunda negativa a la celebración del referéndum, usando complicadas perífrasis para intentar justificar que lo más democrático "es no votar".

Mis amigos independentistas están convencidos de que la presión internacional obligará a España a negociar, y que en realidad el proceso de secesión de Cataluña llevará el tiempo, años, que se requiere para hacer efectiva una separación de esta complejidad. Por mi parte, con un pie a un lado y otro de la frontera que separa Cataluña de lo que aún se puede llamar "el resto de España", estoy convencido de que la respuesta española será el uso de la fuerza. Los más enardecidos en el campo nacionalista catalán están deseando que las imágenes de la represión española salten a los noticiarios de los principales países europeos y que al final el clamor de la denominada "comunidad internacional" obligue al Gobierno español a detener la violencia, y como consecuencia a aceptar que no le queda otra que negociar con el separatismo catalán. Que se llegue a tal situación o no depende, fundamentalmente, de los pros y contras económicos de tal secesión, sin olvidar que la eventual separación de Cataluña de España daría brío renovado a tantos movimientos separatistas en Europa, hasta ahora bastante acallados, desde Escocia hasta la Padania, desde Córcega a Baviera, desde Bretaña hasta Euskadi. 

Aunque no se puede descartar la "salida negociada" a la crisis, creo que, para desgracia de quienes creen en una salida de Cataluña relativamente poco traumática,  los vientos de la Historia hace tiempo que han cambiado en Europa y soplan ahora de proa. Pues hace tiempo que Europa, que en otro tiempo se llenó la boca de "respeto a los derechos humanos", ha caído en una espiral belicista y autoritaria, imparable sin una revolución de base. Una Europa que ignoraría el clamor catalán aunque fuera reprimido a sangre y fuego. Y la razón de este giro deshumanizante radica, a mi entender, en la estrategia de las élites europeas para abordar la escasez de recursos naturales que viene.

El problema de la escasez de recursos naturales, que es sobre el que gravita todo este blog, es conocido desde hace mucho tiempo por las élites europeas. Numerosos son los documentos de trabajo que lo recogen, e incontables las reuniones de diversas comisiones, con asistencia de expertos, donde el tema se ha tratado. Todo es conocido sobradamente, y aunque a veces hay destellos de tecnooptimismo infundado, confiando en la tecnología extractiva del día, lo cierto que es nuestras élites son mucho más conscientes de la magnitud del problema de lo que quieren reconocer públicamente. En los últimos tiempos se ha utilizado el espejismo del coche eléctrico como un elemento discursivo tranquilizador de las clases medias mayoritarias en Occidente, a pesar de que las propias élites son más que conscientes de que el coche eléctrico es una quimera y que no va a la raíz del problema, que es la progresiva disminución de la cantidad de energía que va a llegar a Europa durante las próximas décadas. En todo caso, las élites europeas hace tiempo que saben perfectamente cuál es el camino a seguir, y la elección de Trump en los EE.UU. empuja con más fuerza a Europa a seguir ese camino: el del autoritarismo dentro de sus fronteras y de la guerra fuera.

Los últimos movimientos de Donald Trump en los EE.UU. hacen cada vez más evidente algo que ya señalamos aquí hace tiempo: los EE.UU. están tendiendo a desviar fondos para rescatar a su industria extractiva (fundamentalmente, la petrolera), que está en franca bancarrota. La idea es que, a base de desviar recursos públicos para apuntalarla (indirectamente vía reducción de impuestos, directamente vía subvenciones y rescates), se consiga que los recursos fósiles estadounidenses sean explotados. EE.UU. tiene la suerte (desde el punto de vista de sus élites extractivas) de contar con abundantes recursos autóctonos de combustibles fósiles, pero aquellos de mayor calidad hace tiempo que están en retroceso, y lo que le va quedando es de una calidad tan baja y es tan difícil de explotar que ha llevado a numerosísimas empresas a la quiebra durante la última década, tanto en el sector del carbón como en el del gas y, por supuesto, el del petróleo. Se alude continuamente a que los bajos precios actuales son los que causan esta debacle, cuando se sabe perfectamente que en el período con los precios medios del petróleo más altos de la historia la industria perdía dinero a manos llenas (y obviamente mucho más ahora mismo). Por otra parte, y a pesar de la frecuente alusión al militarismo de Trump, sus acciones son generalmente más dirigidas a un cierto repliegue táctico que no al avance militar. Es en este contexto que se tienen que entender las declaraciones de Trump al poco de tomar posesión de su cargo: los aliados tienen que asumir el coste económico de las aventuras militares en el exterior, pues EE.UU. se ha cansado de hacer el trabajo sucio pro bono. Y es que, en la visión de los halcones que ahora sobrevuelan Washington, EE.UU. tiene recursos para ir tirando durante una temporada larga, aunque eso suponga la reducción de prestaciones sociales y que una parte importante de su población se hunda en la Gran Exclusión, en tanto que los recursos que puede conseguir manu militari en el exterior resultan ser mucho más caros y menos rentables. En suma, EE.UU. no necesita recurrir a las armas para garantizarse durante las próximas décadas un cierto grado de bienestar (menor que el actual, pero aún considerable), mientras que el beneficio de las guerras exteriores no paga en absoluto sus costes. Pero ésa no es, en absoluto, la situación de Europa.

Europa dispone de escasos recursos fósiles propios, los que hay están muy explotados (petróleo y gas del Mar del Norte, carbón en Alemania y Reino Unido) y se están usando todo lo que se puede (véase, por ejemplo, el recurso creciente al carbón nacional en Alemania, en medio de su famosa y muy publicitada pero poco conocida Energiewende). Para Europa, continuar con algo parecido a la sociedad industrial actual implica conseguir fuera de sus fronteras los recursos fósiles y el uranio que necesita para mantener sus fábricas en marcha. Pero, ay, el mundo en su conjunto ya está muy explotado, y aunque las cantidades de recursos que quedan por explotar son aún vastísimas, ya no dan para satisfacer el voraz apetito de tantos comensales; encima, los que se han unido más recientemente al banquete reclaman con fuerza (y con razón) su parte. A Europa, que hasta ahora había confiado en el denominado "libre mercado" como vía principal para garantizarse el acceso a esos recursos, no le queda ya más remedio que ir a la guerra para asegurarse que estas materias van a donde deben ir. Así se metió Francia en la guerra de Malí y por motivos similares en la de Siria, y así se irán metiendo progresivamente las potencias europeas en otras guerras, en ocasiones contratando los servicios mercenarios del ejército de los EE.UU., el cual su presidente ha puesto a disposición del mercado. En esencia, EE.UU. no va ayudar a Europa a salir de su pozo, sino que se va a centrar en no caer él mismo en esa sima; pero si los europeos quieren contratarles, pues perfecto: a fin de cuentas, el estadounidense es el ejército mejor pertrechado del mundo y de hacer la guerra saben un rato largo.

No falta demasiado tiempo para que las restricciones que imponen la escasez de recursos comiencen a manifestarse indisimulablemente en Europa en general y en España en particular. De momento, Europa adopta un plan de abandono nada progresivo y sí muy agresivo de los coches de diésel, con el aliento del pico del diésel en el cogote. El problema que plantea la caída de la producción de diésel, más temprana y más precipitada que la del petróleo, era algo que se podía haber anticipado hace años, pero la doctrina neoliberal que impera en el pensamiento económico hoy en día hace imposible hablar de mecanismos de ajustes entre oferta y demanda diferentes de los de un mercado presuntamente libre y eficiente. De la misma manera, se empieza a hablar de manera abierta de que los milennials tendrán menos coches y recorrerán menos kilómetros, y que la fórmula de movilidad del futuro que adoptarán estas nuevas generaciones de jóvenes decididos son la compartición de vehículos y el redescubrimiento de lo local, toda una loa a hacer de la necesidad virtud. Por la misma razón, la imposibilidad de los países occidentales de incrementar su consumo de petróleo por el estancamiento, si no declive, de la producción mundial, y la competencia de otras regiones por esos mismos recursos, se vende bajo el falaz discurso del "pico de demanda" o peak demand (cosa que sabemos que los datos no sustentan mínimamente). Estamos viendo que el relato colectivo que poco a poco se va haciendo permear, en el que las sociedades occidentales van siendo lentamente adoctrinadas, es uno en el que se aceptan como decisiones razonables de consumidores concienciados y responsables lo que no es más que una imposición externa, una imposibilidad de seguir creciendo en nuestro consumo, una necesidad de adaptarse a un mundo con límites.

No todo va a ser tan sencillo; la publicidad o propaganda tiene una efectividad muy grande, pero no ilimitada. Al recurrir a recursos con Tasas de Retorno Energético (TRE) cada vez más bajas, una proporción cada vez mayor de la población tendrá que trabajar en la mera producción de energía y mucha gente se verá reducida a la mera subsistencia. De hecho, el intento de mantener un sistema económico orientado a la producción y al consumo a pesar de la evidencia creciente de la escasez de recursos lleva a plantearse graves dilemas sobre el futuro del orden social, y en última instancia sobre la viabilidad o incluso el interés de mantener este sistema económico y productivo. Dada la inercia mental y social de las élites, que ven cualquier posible cambio como una amenaza a su status quo, lo más probable es que intenten mantener a ultranza el sistema actual, usando para ello los resortes de la violencia legítima de los Estados, los cuales ya hace tiempo que han cooptado (¿a quién se le oculta que los Estados legislan y ejecutan más en favor de las grandes corporaciones que de los ciudadanos de a pie?). Por eso, a medida que una proporción mayor de la población caiga en la semiesclavitud y la exclusión, simplemente para mantener lo que se pueda mantener de la sociedad industrial, será necesario usar cada vez dosis mayores de represión y legislación cada vez más autoritaria, eventualmente llegando a la supresión de derechos civiles hoy en día considerados irrenunciables e inalienables.

¿Cómo queda España en este contexto? Teniendo en cuenta el seguidismo cerril que hacen nuestras élites de las élites europeas, y que en Europa el escenario que se prefigura es el del autoritarismo y el belicismo, lo más probable es que España acabe embarcándose en aventuras militares en el exterior, de la mano de sus aliados, al tiempo que incrementa la presión interior para reprimir la disidencia. No debemos olvidar que en Francia el estado de emergencia (que se prolonga ya desde hace dos años) permitió una represión violenta de los grupos ecologistas que quisieron manifestarse contra la farsa de los acuerdos de la cumbre sobre el clima de París, en diciembre pasado. En España tenemos ya una ley, denominada por muchos "mordaza", que permite a la policía perseguir y encausar a personas que osen fotografiarlos por la calle, o incluso simplemente protestar verbalmente por abusos patentes de la autoridad. Tal y como están las cosas, no debería extrañarnos ver dentro de unos años una misión militar europea con la participación de España a Argelia o algún otro país norteafricano (o incluso más al sur), intervención que será jaleada por los medios de comunicación sin duda.

El gran problema de las guerras como método de asegurarse recursos es que solamente el pillaje tiene un retorno energético y económico suficientemente bueno. Pero asegurarse el flujo de recursos minerales, particularmente petróleo, implica un gran esfuerzo de control sobre el terreno, pues las minas se han de mantener abiertas y los pozos bombeando, y eso tiene un coste y un desgaste enorme, como se ha visto con la intervención militar de los EE.UU. en Irak. Sin ese control férreo, la producción del país "liberado" cae en picado en medio del colapso social y la lucha abierta entre facciones dirigidas por señores de la guerra. Como ejemplo próximo en el espacio y en el tiempo, fíjense en la situación de Libia, actualmente dividida en dos grandes facciones y decenas de otras más pequeñas, y donde la producción de petróleo pasó de los 1,6 millones de barriles diarios en la época de Gadafi a los poco más de 200.000 de ahora mismo, la mayoría de los cuales usados para engrasar el conflicto interno, que tiene todos los visos de enquistarse ad eternum. Por tanto, las campañas militares que emprenderá España junto con sus igualmente desesperados aliados europeos serán costosísimas en términos económicos y humanos, y sus costes no serán compensados por los beneficios conseguidos. Beneficios, además, que serán cada vez repartidos entre menos, lo cual acrecentará el descontento social en España (y por ende en Europa), y eso obligará a más autoritarismo y más represión.

A la larga, después quizá de una o dos décadas de campañas militares ruinosas, probablemente después de un desastre militar (pues el propio ejército se resentirá después de años de restricciones también en su presupuesto), el Estado español colapsará, de manera rápida, dramática y probablemente violenta. En ese proceso de colapso, todas las nacionalidades reprimidas aflorarán con fuerza, con lo cual lo más probable es que la nación española se disgregue en al menos media docena de nuevas naciones. Este escenario de colapso tardío, cuando procesos similares estarán teniendo lugar en Europa, es mucho peor que un escenario de colapso rápido y relativamente temprano que proporcionaba la secesión de Cataluña que comentábamos en el post anterior, entre otras cosas porque la probabilidad de que muchas de las nuevas naciones acaben en un régimen de tipo feudal será más elevado. Por eso, no es evidente que la más que previsible represión del separatismo catalán sea el mejor camino por el que pueda transitar España.

En cuanto a mi, y reflexionando en todo lo que arriba he expuesto, creo que quizá dentro de unos meses tenga que pasarme una temporada en el campo, en la masía, recluido y alejado del fragor de lo que pase 150 kilómetros más al sur (esta distancia sí que me la sé), a esperar que las aguas se calmen. Ojalá que cuando eso suceda lo que nos encontremos no sea un cenagal.

Salu2,
AMT
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Enfrentamiento en Bilderberg 2017

Ácratas - 10 Juny, 2017 - 14:43


Cuando el presidente Trump parece haber resuelto, más o menos, sus problemas de autoridad interna, el conflicto se desplaza al seno de la OTAN. Washington quiere que se abandone la manipulación del terrorismo, pero Londres no tiene intenciones de renunciar al instrumento que tan eficaz le ha resultado para imponer su influencia. Inicialmente organizado como caja de resonancia de la alianza atlántica, el Grupo de Bilderberg acaba de ser escenario de un enconado debate entre partidarios y adversarios del uso imperialista del terrorismo islamista en el Medio Oriente.

El Grupo de Bilderberg fue creado en 1954, por la CIA y el MI6, para respaldar a la OTAN. ¿Objetivo? Crear un marco para el encuentro de personalidades del mundo económico y del mundo mediático con responsables políticos y militares para alertar a la sociedad civil sobre la gravedad del «peligro rojo». Lejos de ser un foro de toma de decisiones, este restringido club ha sido históricamente un lugar de encuentro donde los “veteranos” tenían que rivalizar en fidelidad a Londres y a Washington y los “jóvenes” estaban llamados a demostrar que se podía confiar en ellos para enfrentar a los soviéticos.

Fue en la reunión de 1979 donde Bernard Lewis reveló a los participantes del Grupo de Bilderberg el papel de la Hermandad Musulmana en la lucha contra el gobierno comunista afgano. Este islamólogo anglo-israelo-estadounidense propuso en aquel encuentro extender la «guerra por la Libertad» (sic) a toda el Asia central.

Fue en la reunión de 2008 del Grupo de Bilderberg –o sea, 2 años antes de que comenzaran los desórdenes– que la señora Basma Kodmani (futura portavoz de la oposición siria) y el alemán Volker Perthes (futuro consejero del estadounidense Jeffrey Feltman en la elaboración del documento para la capitulación total e incondicional de Siria) explicaron por qué resultaba de interés respaldar a la Hermandad Musulmana para dominar el Medio Oriente. El dúo Kodmani/Perthes subrayaba entonces ante el Grupo de Bilderberg la «moderación» de la Hermandad Musulmana ante Occidente, en contraste con el soberanismo «extremista» de Irán y Siria.

Fue también ante el Grupo de Bilderberg, en la reunión de 2013, que el jefe de la asociación de los patrones alemanes, Ulrich Grillo, se pronunció por la organización de la migración masiva de 800 000 trabajadores sirios hacia las fábricas alemanas.

Ahora, el Grupo de Bilderberg acaba de realizar su reunión de 2017, del 1º al 4 de junio y en Estados Unidos. Lo excepcional de este encuentro es que, de los 130 participantes, no todos defendieron el mismo proyecto. En realidad pasó todo lo contrario a lo habitual: ante las intervenciones de Donald Trump en la cumbre arabo-islamo-estadounidense y en la cumbre de la OTAN, la CIA y el MI6 organizaron el primer día un debate entre partidarios y adversarios de la lucha contra el islamismo. Por supuesto, se trataba de obtener un compromiso entre ambos bandos o definir claramente las disensiones existentes y no permitir que estas destruyan el objetivo inicial de la alianza atlántica, que es la lucha contra Rusia.

Del lado del anti-islamismo (que no apunta contra la religión musulmana sino contra el islam político al estilo de Sayyid Qutb), estaban el general H. R. McMaster (consejero de seguridad nacional del presidente Trump) y la experta Nadia Schadlow. El general McMaster es un reconocido estratega cuyas teorías se han visto verificadas en el campo de batalla. Nadia Schadlow ha trabajado sobre todo en cómo convertir las victorias militares en éxitos políticos, se ha interesado mucho en la reestructuración de los movimientos políticos en los países derrotados y está a punto de publicar un nuevo libro sobre la lucha contra el radicalismo islámico.

En el bando de los pro-islamistas estuvieron:
- por Estados Unidos, John Brennan (el último director de la CIA de la administración Obama) y sus ex subordinados Avril Haines y David Cohen (a cargo del financiamiento del terrorismo);
- por el Reino Unido, Sir John Sawers (ex director del MI6 y protector de larga data de la Hermandad Musulmana) y el general Nicholas Houghton (ex jefe del estado mayor que preparó el plan de invasión terrestre contra Siria);
- por Francia, el general Benoit Puga (ex jefe del estado mayor particular de los ex presidentes Nicolas Sarkozy y Francois Hollande y comandante de las fuerzas especiales francesas en Siria) y Bruno Tertrais (estratega neoconservador del ministerio francés de Defensa);
- como representantes de las empresas privadas, los estadounidenses Henry Kravis (director del fondo de inversiones KKR y tesorero oficioso del Emirato Islámico [Daesh]) y el general David Petraeus (ex director de la CIA y cofundador de Daesh).

Como si ese desequilibrio no fuese suficiente, los organizadores incluyeron también en el debate a varios expertos en justificar lo injustificable, como el profesor Niell Fergusson (historiador del colonialismo británico).

Habrá que esperar algún tiempo para saber lo que se dijo en esta reunión y entender las conclusiones a las que han llegado o no los contendientes. Pero lo que sí es ya evidente es que Londres está incitando a un cambio de paradigma en el Medio Oriente. Si bien se abandona el modelo de la «primavera árabe» –o sea, la reproducción de la «revuelta árabe de 1916», organizada por Lawrence de Arabia para sustituir el Imperio Otomano por el Imperio Británico–, el MI6 espera crear una nueva colusión basada en el islam político.

De hecho, mientras que Washington renovó su alianza con Arabia Saudita y convenció ese reino de que tiene que romper con la Hermandad Musulmana a cambio de 110 000 millones de dólares en armamento estadounidense, Londres está tratando de montar una alianza entre Irán, Qatar, Turquía y la Hermandad Musulmana. Si el proyecto británico llegara a prosperar veríamos disolverse el conflicto «sunnitas versus chiitas» para asistir a la creación de una «media luna del islam político» Teherán-Doha-Ankara-Idlib-Beirut-Gaza. Esa nueva situación permitiría al Reino Unido conservar su influencia en la región.

El único punto de consenso entre los miembros de la alianza atlántica parece ser la necesidad de abandonar el principio que estipulaba la creación de un Estado yihadista. Todos admiten que hay que volver a meter el demonio dentro de la botella. En otras palabras, están de acuerdo en que hay que acabar con el Emirato Islámico (Daesh)… aunque algunos de sus miembros a al-Qaeda puedan acabar siendo transferidos a al-Qaeda. Eso explica el hecho que –inquieto por su supervivencia personal– el Califa autoproclamado haya hecho llegar secretamente un ultimátum al primer ministro británico y al presidente de Francia.

En los próximos meses veremos si es real el cambio de Arabia Saudita. De ser verdadero, sería una buena noticia para los sirios… pero resultaría mala para los yemenitas –cuya tragedia seguiría manteniéndose en silencio en el mundo occidental. Con su cambio de actitud, el rey saudita Salman se abre a sí mismo la posibilidad de hacer evolucionar el wahabismo –que actualmente es una secta de fanáticos– para convertirlo en una religión normal. Ya en este mismo instante, el súbito conflicto entre Riad y Doha alrededor de Irán viene acompañado de una polémica sobre el posible parentesco entre el fundador de la secta –Mohammed ben Abdelwahhab– y la dinastía qatarí de los Al-Thani, pretensión que pone locos de rabia a los miembros de la dinastía Saud.

El proyecto del «islam político» consiste en unir a los miembros de la Hermandad Musulmana y los partidarios de Khomeiny. Ese proyecto implica que Irán, e incluso el Hezbollah, adopte esa problemática como reemplazo de la lucha antiimperialista. Si llegara a concretarse, Irán se retiraría de Siria. La Casa Blanca toma muy en serio esa posibilidad y se prepara –con gran temor– para enfrentarla. Para ello, Donald Trump ya designó a Teherán como su nuevo enemigo en su discurso de Riad y acaba de nombrar a Michael D’Andrea (el organizador del asesinato de Imad Mougniyeh, perpetrado en 2008, en Damasco) como responsable de la acción de la CIA relacionada con Irán.

Rusia ya se había preparado para una nueva distribución de las cartas en el Medio Oriente. Ha seguido adelante con su ambición de lograr acceso a las «aguas cálidas», mediante su apoyo a Siria, y de poder circular a través de los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo (pasos obligados para entrar en el Mediterráneo), acercándose para ello a su adversario hereditario, que es Turquía. Pero a largo plazo, el islam político sólo puede acabar trayéndole problemas en el Cáucaso.

Como siempre sucede cuando los jugadores se reparten nuevamente las cartas, cada uno de ellos tiene que definir su posición. El Reino Unido defiende su Imperio, Francia defiende a su clase dirigente y Estados Unidos defiende a su pueblo. Algunos, en el Medio Oriente, lucharán por su comunidad y otros por sus ideas.

Pero las cosas no siempre son tan simples: Irán podría seguir el ideal del imam Khomeiny confundiendo el fin y los medios. Lo que comenzó siendo una revolución antiimperialista alentada con la fuerza del islam podría convertirse entonces en una simple afirmación del uso de esta religión para lograr objetivos políticos.
Las consecuencias en el resto del mundo

El MI6 y la CIA asumieron un gran riesgo al invitar a la reunión de Bilderberg 2017 al representante de un país que no es miembro de la OTAN. El embajador de China, Cui Tiankai, cuya intervención estaba programada sólo para el cuarto día del seminario, tuvo por tanto tiempo de evaluar, desde el primer día, las posiciones de cada uno de los miembros de la OTAN.

Por un lado, Pekín apuesta por la colaboración de Donald Trump, por la apertura de Estados Unidos al Banco Asiático de Inversión para la Infraestructura (AIIB) y por el desarrollo de todas sus rutas comerciales. Por otro lado, espera que el Brexit se traduzca en una alianza económica y financiera con Londres.

El embajador Cui, quien fue director del Centro de Investigación Política del ministerio chino de Relaciones Exteriores, aparentemente podría darse por satisfecho con una simple destrucción de Daesh. Pero él no ignora que quienes orquestaron el nacimiento del Califato para cortar el paso a la «ruta de la seda» en Irak y en Siria y organizaron después la guerra en Ucrania para cortar también la «nueva ruta de la seda» se preparan además para abrir un tercer frente en Filipinas y un cuarto frente en Venezuela, con los que esperan cortar otros proyectos de comunicación.

Desde esa perspectiva, China –que al igual que Rusia tiene el mayor interés en respaldar a Donald Trump, aunque sea para prevenir el terrorismo en su propio suelo– no puede menos que interrogarse sobre las posibles consecuencias a largo plazo de una hegemonía británica en la «media luna del islam político».

THIERRY MEYSSAN
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¿Independencia o muerte? ¡Ni de coña!

Ácratas - 8 Juny, 2017 - 23:59


La independencia de Cataluña encaja como un guante en un antiguo proyecto nazi de división de España (y de toda Europa) en pequeños estados nación fácilmente controlables. Obsérvese el plano de Europa adjunto y podrá comprobarse que la muerte de Hitler no interrumpió el proceso --véase Yugoslavia.

El proyecto nazi fue copiado por Israel para ser aplicado en los países-estado de su entorno, en los territorios que quieren que algún día constituya el Gran Israel. Y lo aplican con un éxito absoluto. Irak, Siria, Yemen, Egipto...
Ésa es la razón por la que los líderes catalanes han buscado el apoyo de Israel a la independencia en diversas ocasiones. Los casos de corrupción les están haciendo mucho daño y buscan soluciones desesperadas.

¿Y qué influencia puede tener el remoto Israel en Cataluña? Mucha, desde el punto de vista financiero. Israel controla totalmente la banca internacional sionista, servil a sus intereses expansionistas en Medio Oriente. Pero interés geoestratégico, en España, Israel tiene poco. Es el importante lobby judío de Cataluña el que quiere librar a sus familias (y con ellas, a todas las familias del piñolet) de los continuos paseos por los juzgados.

España, de ser un estado serio, necesitaría controlar sus dos puertas hacia Europa: Cataluña y País Vasco. Pero los gobiernos españoles no están --ni peperos ni socialistas-- por otra labor que la de atender al poder financiero internacional para seguirse financiando al ritmo de 250.000 millones de euros anuales. El PIB español se sostiene gracias a esos créditos, que se contabilizan como si provinieran del trabajo y de la creatividad de los españoles. Y es que los números negativos, los créditos, no existen para el PP. Existen el expolio y los sobres en B. El magro crecimiento de España es, por lo tanto, falso.

En definitiva, ¿qué opina acratas.net sobre la viabilidad del proyecto independentista catalán a estas alturas del 2017?

-Que es una quimera contraria a los propios intereses de las élites catalanas.

--La República Catalana habría de ejercer forzosamente un poder férreo como el que se ejerce en países donde las minorías suníes explotan y controlan a la mayorías chiíes. O viceversa. Un 10% lo tiene todo y el resto, nada. No por cuestiones de facciones religiosas esta vez, sino lingüísticas.

--Pero es una quimera perfectamente posible, dadas la descomposición de España.

El modelo catalán sería c por b el iraquí: 700.000 catalanets de pura cepa y apellidos franceses españolizados sometería a 7.000.000 de charnegazos resto-españoles.

En España eso no puede funcionar. No por los españoles de la península, no . A esos ni se les espera para protestar por el fraccionamiento "de su patria", que le den por culo a su patria. Los españoles que acabarían rebelándose serían los que malvivieran en Cataluña. Aparecería un Neo matrixiano que los liberase de la esclavitud. Un Neo-Lerroux que incendiara los ánimos y las calles. Y acabara por arrasar en las urnas.

JE NE M'APELLE PUIGDEMONT, JE M'APELLE PUY-DU-MONT



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Cataluña ante el colapso

The Oil Crash - 5 Juny, 2017 - 09:00



Queridos lectores,

Con paso lento pero firme, el vodevil catalán que hemos vivido durante los últimos años encara ya su fin, como mínimo el final de esta etapa. Después de jugar al gato y al ratón durante un año, el Govern de la Generalitat de Catalunya tendrá que decidir si decide desafiar al ordenamiento constitucional español, legal y vigente en Cataluña, al convocar un referéndum de autodeterminación en este territorio; o bien acepta que no se puede celebrar tal referéndum con todas las garantías legales, disuelve la cámara y da por acabada la legislatura convocando nuevas elecciones autonómicas, probablemente repitiendo la idea de que son "plebiscitarias", como la última vez. De la parte del Gobierno español, el otro actor en este drama con toques de farsa, la posición es bien simple: no a cualquier propuesta de cambio. Entre medias, una población catalana dividida en dos mitades imperfectas, probablemente más de la mitad deseando que se celebre el referéndum (pues no entienden que se sustraiga a la población el derecho a votar, por más razonamientos alambicados que quiera dar el Gobierno español) y probablemente menos de la mitad a favor de la independencia de Cataluña (pues no es evidente qué ventaja va a reportar eso, en tanto que los inconvenientes son muy evidentes). Después de varias escenificaciones muy teatrales y golpes de efecto más o menos previsibles (conferencia de Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, en el Ayuntamiento de Madrid; oferta a última hora del Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España, para que Puigdemont defendiera su propuesta en el Congreso, oferta que fue declinara por éste último, etc), hemos llegado al clímax de la representación, y ya sólo quedan las dos opciones enunciadas más arriba: o Puigdemont tira adelante con el referéndum con todas las consecuencias, o acepta el fracaso de la legislatura y convoca elecciones.

A mi me resulta difícil saber qué es lo que va pasar, pues los movimientos políticos, en todos los países occidentales, se manejan con claves ocultas a la mirada del pueblo cuya soberanía dicen representar, y en las que los grandes agentes económicos tienen más a decir que el pueblo llano. Tal y como yo veo la cosa desde aquí, lo que me parece más probable es que la Generalitat haga el salto al vacío e intente forzar el referéndum, posiblemente en el convencimiento de que el Gobierno español al final tendrá que ceder y sentarse a negociar (cosa que yo no tengo tan clara), y en su defecto los líderes catalanes se inmolarían política y personalmente (penas de prisión incluidas) para exacerbar la indignación popular y ganarle así el pulso al Gobierno español. Y a pesar de lo que acabo de decir, que pase lo exactamente contrario no me sorprendería en absoluto.

El gran problema en Cataluña, y que el Gobierno de España no ha sabido o querido ver, es que al margen de cómo acabe la patochada actual el sentimiento independentista en Cataluña no va a amainar, sino al contrario. Que el independentismo haya pasado de ser consistentemente el 16% del electorado catalán durante décadas hasta llegar a su cota máxima del 48% en cuestión de unos 5 años no es una cuestión menor. Alguien tendría que haber hecho un esfuerzo para entender porqué el independentismo político se había triplicado en tan breve espacio de tiempo, e intentar dar una respuesta política a lo que en esencia era y es un problema político. Por desgracia, el Gobierno de España, acorralado por múltiples casos de corrupción y teniendo que gestionar una situación interna no demasiado estable, ha preferido en todo momento reducir toda discusión en Cataluña a una tema jurídico, de mero acatamiento de las leyes, anteponiendo legalidad a legitimidad, lo cual es desde el punto de vista político una estrategia kamikaze: ¿hasta qué punto el nacionalismo catalán no se ha visto exacerbado por la intransigencia política española? Y lo peor es que aún hoy la mayoría de los líderes españoles no se dan cuenta del inmenso error estratégico de esta posición inmovilista. Así las cosas, el problema de Cataluña con España sólo puede ir a peor con el paso de los años, y lo más probable es que sólo pueda acabar cuando Cataluña consiga su independencia.

Como ya he comentado muchas veces, creo que la efervescencia independentista en Cataluña responde en mucho al proceso de decadencia de las sociedades occidentales, decadencia que ya se ha manifestado de manera particularmente evidente en Grecia, Reino Unido, EE.UU., e incluso Francia. España sólo es otra ficha más en el dominó de esa decadencia global de Occidente, fruto de una crisis que no puede acabar nunca; y es sólo cuestión de tiempo que España sufra una convulsión, previsiblemente peor que las de nuestros vecinos. El sentimiento de desconexión con las élites que experimentan la mayoría de los ciudadanos hace que todo lo que tenga que ver con el Estado se vea como ineficiente y corrupto, y que cada vez menos personas, tanto en España como en Cataluña, están de acuerdo con un continuismo que tiene una imagen cada vez más retrógrada y despreciable. Eso lleva a la curiosa y triste paradoja de que el movimiento secesionista catalán, a pesar de sus muchas limitaciones y cortedad de miras, es lo más regeneracionista que ofrece el desierto panorama político español.

Para los que vivimos aquí, en Cataluña, y más concretamente para los que somos españoles pero no catalanes, la situación es particularmente incómoda. En mi caso concreto, yo, que soy español (nacido en León, vine a vivir en Cataluña cuando ya tenía 32 años), no deseo que Cataluña sea independiente de España, fundamentalmente porque me causa mucha tristeza nuestro fracaso colectivo, nuestra incapacidad de entendernos y llegar a acuerdos razonables. Por otra parte, comprendo los argumentos que dan mis muchos amigos independentistas (porque sí, a pesar de ser español tengo amigos independentistas catalanes, algo que los nacionalistas españoles no pueden entender, en su totalitaria visión de conmigo o contra mi). Hay muchos de los argumentos de los independentistas catalanes que no comparto, y algunos que sé positivamente que son completamente erróneos; pero por otro lado no puedo alinearme con una postura de oposición frontal al independentismos porque de manera ventajista quienes la defienden suelen alinearse con los intereses de una clase corrupta y decadente, ¿y quién puede negar que España necesita una regeneración? Por supuesto que Cataluña también (la política catalana es tanto o más corrupta que la española), y el proceso de independencia no garantiza, ni mucho menos, que se supere esa corrupción. Pero no hacer nada consiste en aceptar que esto es lo que hay y que nada se puede cambiar, ya que desde España, seamos realistas, no se está proponiendo nada como cambio real y radical. Por tanto, uno no quiere votar a favor de la independencia de Cataluña, por el sentimiento de derrota y pérdida que ello provoca, pero tampoco puede votar en contra, porque es reaccionario, una aceptación tácita de lo actual. Pero por otro lado, por pocas convicciones democráticas que se tengan, es obvio que uno no puede oponerse a que se vote sobre un asunto tan trascendente y sobre el que es notorio y manifiesto que un amplio sector de la población catalana quiere manifestarse. Así que al final, en mi caso concreto, me encuentra en la paradoja, otra más de las que jalonan este camino, de querer que se vote y no poder votar ninguna de las dos opciones. Y como yo me temo que se encuentran bastantes personas, aunque al final, con un espíritu más pragmático que el mío, seguramente optarían por una u otra opción, más probablemente el sí que el no a la independencia.

Este último contrasentido, ese callejón sin salida intelectual de querer votar pero no querer ninguna de las dos opciones, ejemplifica a mi modo de ver el callejón sin salida político en el que estamos. No es de extrañar que las posiciones del sí y del no estén tan igualadas en las encuestas; en el fondo, dado que no se habla de las cuestiones verdaderamente importantes que podrían conseguirse o no con la independencia (qué tipo de república se constituiría, si se acabarían o no los privilegios, si se primarían los derechos de las personas o los intereses de las corporaciones, qué se haría con el pago de la deuda, etc), esta votación no es menos aleatoria que lanzar una moneda al aire y pedir cara o cruz. Una vez más somos la hormiga que busca infructuosamente la manzana que huele, moviéndose adelante y atrás sin darse cuenta de que la tiene encima. Por eso, querría explorar una dimensión del problema raramente (por no decir nunca) tratada: que la secesión de Cataluña supondría una vía rápida hacia el colapso, y por qué eso podría llegar a ser algo positivo.

Contrariamente a lo que se defiende desde el campo independentista, la secesión de España supondría una caída económica más que considerable tanto para España como para Cataluña. El grado de interconexión de las dos economías es total, pues Cataluña forma parte de España, la mayoría de sus "exportaciones" van a España y para España Cataluña es un motor económico fundamental. Ya desde el punto de vista meramente logístico, el proceso de secesión tiene una complejidad astronómica: desde la gestión de la red eléctrica, enormemente interconectada entre ambos territorios, hasta las redes de gas, carreteras, puertos, aeropuertos, cuencas fluviales, recursos hídricos y así un largo etcétera. Además, tal secesión no se verificaría de grado: al margen de que más de un líder independentista pueda acabar en una cárcel española, y de que acabara produciéndose cierta violencia hasta la consumación de la separación, es evidente que, por una cuestión de orgullo nacional y sabiendo cómo son nuestros líderes, España no ayudará a Cataluña a hacer más sencillo el proceso, ni tan siquiera en aquellas cosas en las que la no-colaboración perjudicase claramente a los españoles. Antes al contrario, se pondrán todo tipo de obstrucciones y pegas, y entre otras España intentaría endosarle al nuevo Estado tanta deuda nacional como le fuera posible (si le dejan). Y por si fuera poco, esta eventual secesión de Cataluña pasaría en medio de una grave crisis económica mundial, que no sólo agravaría los problemas económicos internos sino que además mermaría el apoyo internacional al proceso de transición (como mínimo, el apoyo económico). Teniendo en cuenta que la siguiente oleada recesiva muy probablemente será el inicio del largo descenso energético, la trayectoria será siempre descendente para los países occidentales, pero en el caso de Cataluña y España ese descenso sería más rápido que el de otros países de nuestro entorno (lo cual, no nos engañemos, a ellos les vendría muy bien, por lo que se supone de aumento de recursos disponibles para ellos).

Colapsar antes o más completamente que el resto de países occidentales puede tener sus ventajas, sobre todo si uno acepta un punto de vista según el cual el colapso es inevitable. Que el colapso sea o no inevitable es algo en sí mismo bastante discutible, aunque viendo la enorme dificultad para conseguir que se acepte en los ámbitos políticos la idea del decrecimiento necesario e inaplazable, y que la falta de amplitud de miras de las grandes empresas nos aboca irremisiblemente a un descenso energético y material precipitado, es difícil ser optimista sobre la posibilidad de evitar el colapso; más bien se podría decir que nuestros sistemas político y económico están programados para colapsar tan pronto como los recursos comiencen su físicamente inexorable declive (cosa que, por lo que parece, ya ha comenzado).

La Historia, disciplina cada vez más arrinconada en los currículums escolares, es una gran maestra, y si uno se toma la molestia de echarle un vistazo verá que los procesos de colapso de las civilizaciones, aunque rápidos al ser mirados retrospectivamente, toman su tiempo. Incluso en nuestro muy inestable sistema, que probablemente nos llevará a un colapso mucho más rápido de lo habitual, el colapso es un proceso que llevará décadas, y al cual la psique humana, muy adaptativa, se va aclimatando, aceptando a cada paso la nueva realidad. A los países occidentales les llevará un tiempo colapsar, porque antes de que éste se consume por completo se tendrán que haber aprovechado todos los recursos atesorados como capital, no sólo monetario sino físico. En el proceso, la falta de aceptación del momento histórico que estamos viviendo puede abocarnos al recurso a la guerra y el colonialismo como medio para garantizar la continuidad del flujo de recursos, y eso nos degradará más y peor que simplemente dejar a los demás países a su suerte, puesto que la contrapartida de la guerra fuera es el autoritarismo y la devaluación interna dentro.

Por todo ello, un colapso rápido, o más rápido que el de los países de nuestro entorno, puede tener ciertas ventajas. Como dice John Michel Greer, "Colapse ahora y evite las aglomeraciones". Si nuestro colapso se verifica sensiblemente antes que el de las naciones de nuestro entorno, seguramente, aunque sea por su propio interés, nos ayudarán a caer de una manera más ordenada; en justa compensación a su esfuerzo por nuestra parte, el peso muerto que nosotros supondríamos les llevaría a acelerar un poco su propio inevitable y necesario colapso. La idea es, al final, colapsar mejor, como tantas veces dice Jorge Riechmman; o si no somos capaces de colapsar bien, por lo menos colapsar rápido, como dice Carlos de Castro, para acabar lo antes posible con esta locura destructiva.


La enorme carga de la deuda, las espurias rencillas entre Cataluña y España, la enorme complejidad de los ajustes en la gestión de tantas infraestructuras y administraciones, y todo eso con el trasfondo de una crisis económica draconiana, podría servir no sólo para producir una fuerte caída inicial de la que nunca nos recuperaríamos, sino que probablemente pondría, tanto a Cataluña como a España en una vía de descenso más rápido de la que tendrían yendo juntas por la Historia. Así pues, la independencia de Cataluña nos llevaría a un colapso rápido pero en mejores condiciones que los colapsos que sucederán posteriormente. Por tanto, en una última paradoja, el proceso secesionista catalán supondría una gran ventaja y algo deseable tanto para Cataluña como para España. Aunque dudo mucho de que ningún representante político osara jamás plantear el debate en estos términos.


Salu2,
AMT
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Terror Yihadista El Gladio con turbante y chilaba

Ácratas - 5 Juny, 2017 - 08:28


Es vox populi, aunque los medios lo ocultan. El terrorismo yihadista, como el propio Daesh o Estado Islámico, son una creación de los servicios secretos de la Troika del Terror, la CIA, el MI6 y la OTAN(1), infiltrados, coordinados y dirigidos por el MOSSAD. Al Daesh lo entrenan y dirigen militares occidentales e israelíes y es financiado por diversos estados dictatoriales del planeta Tierra, como Arabia Saudita. Nada casualmente, EEUU, que interviene en países teóricamente "para salvar la democracia y los derechos humanos", protege a dictaduras fundamentalistas islámicas como la de Arabia Saudita que corta las manos a los ladrones, cuelga a los homosexuales y lapida a las adúlteras. El presidente Trump acaba de entregar al rey Saud 110.000 millones de USD en sofisticado armamento para que lo use a su antojo. Interviniendo en Yemen o en Siria, por ejemplo.

De modo que, siendo consecuentes, debemos pensar que todos los atentados que se atribuyen al terrorismo yihadista en Occidente son cometidos por las cloacas de la CIA, el MI6 y la OTAN. Por eso resultan imparables. Porque el enemigo está dentro, porque los crímenes los cometen quienes se supone que luchan contra el terrorismo yihadista. Generalmente utilizan la técnica denunciada por el oficial de la CIA de simultanear cada atentado auténtico con maniobras conjuntas con el mismo supuesto(2).

¿Y de dónde salen los culpables que aparecen en los medios, esos terroristas suicidas que se inmolan en Londres o París? Pues siguen un patrón que va desgranándose poco a poco en los medios: cabezas de turco que eran conocidos y "seguidos de cerca" por los servicios policiales de cada país. Todos ellos  delincuentes nacidos ya en el país, de familias musulmanas; generalmente relacionados con el trapicheo de drogas o los pequeños hurtos, que son detenidos por la policía. Gente occidentalizada, pero sin oportunidades de verdadera integración laboral y social. Los más vulnerables de esos delincuentes, detenidos varias veces, son escogidos por los servicios antiterroristas y se les hace una oferta irrechazable: o se prestan a ser informadores de inteligencia o  van a la cárcel. Muchos aceptan. Creen que han tenido mucha suerte ese día. Y acceden a lo que se le pide: acudir a las mezquitas y relacionarse con los extremistas ideológicos musulmanes. Como no obtienen ningún resultado, aceptan que se les hagan páginas de Facebook donde expresan ideas fundamentalistas "para así atraer a los verdaderos terroristas". Se les pagan viajes a Siria o Libia para que "vayan de pesca" o a ver a sus familias.

Un buen día, estalla una bomba situada en una papelera  a la salida del concierto de una estrella del pop y mueren docenas de personas, entre ellas niñas de corta edad. En otro lugar no muy lejano se asesina al cabeza de turco cuando acudía a una entrevista con su "oficial de inteligencia"

La policía acordona el lugar. Y poco después el mundo lobotomizado por los media conoce la noticia de que un peligroso terrorista se ha inmolado, que su cuerpo destruido ha aparecido a docenas de metros de la explosión. Llevarlo al lugar del atentado es muy sencillo, llega en una de las ambulancias de ayuda a los heridos. Pero es que ni hace falta llevarlo. Simplemente se descubre entre los restos en la morgue. Minutos después de hallar el cadáver, la policía tiene "pruebas" del activismo del difunto (casualmente, ha quedado intacto su carné de identidad), las mismas que han sido prefabricadas por la Troika del Terror. Aparecen vídeos del "terrorista" sacando la basura en su casa. Se descubre que el explosivo utilizado era técnicamente muy sofisticado. Y se preguntan todos cómo puede haberlo conseguido. Rápidamente se detiene a una docena de personas "que pueden formar parte de la célula de apoyo". Algunos son muertos a tiros mientras "se resistían". Si la familia del cabeza de turco vive en Libia, se les detiene en ese país y se les lleva a Londres para que no cuenten que su hijo era "agente secreto". Los medios dedican miles de horas a repetir la noticia, lo que asusta a la gente aún más (casi todos somos padres). Y el caso está cerrado.

Si lo anterior no es la verdad exacta, reconozcamos que es perfectamente sencillo. Mucho más que convertir a un putero drogadicto nacido en Occidente en un fundamentalista capaz de inmolarse.

¿Dónde falla estrepitosamente el cuento de los medios? En que nadie, capaz de conseguir un sofisticado explosivo militar, es incapaz de utilizar un mando a distancia para detonar el explosivo colocado en una papelera. Vamos, que no hace falta inmolarse para ser un asesino miserable. De hecho, los verdaderos culpables siguen vivos, cobran todos los meses y preparan el siguiente atentado.

Si leéis inglés, la Red está plagada de evidencias y denuncias fundamentadas de todos y cada uno de los atentados terroristas sobre suelo occidental. Porque la verdad es que no hay ni uno solo que no sea un atentado de falsa bandera. Ni uno.

De modo que lo único que hay que preguntarse es ¿por qué trata de aterrorizarnos la Troika? Dejaremos la respuesta para una siguiente entrega. Aunque la conocéis todos los lectores asiduos de esta publicación, os anticipamos una explicativa fábula-metáfora:

"Érase un rebaño que vivía muy asustado. Porque con frecuencia desaparecían algunos de sus miembros, generalmente los más jóvenes, de la noche a la mañana. El pastor solía reunirlos entonces y les decía que iba a atrapar a los culpables, que aprovechaban la oscuridad de la noche y se los llevaban, seguramente ayudados por los propios borregos más jóvenes en su afán de escapar y vivir aventuras. El pastor añadía que, para protegerlos del terror, necesitaba aumentar el número de perros y vigilarlos. Incluso morderles preventivamente para evitar que los miembros díscolos del rebaño se alejaran. Los perros del pastor asentían riendo entre dientes.

Y los propietarios del rebaño seguían haciéndose ricos con su negocio de carne de lechal, mientras se limpiaban las boceras, tras degustar a los más tiernos. Y los borregos del rebaño se jiñaban cada vez más, claro, porque sentían que el pastor no era trigo limpio: le olía la ropa a carne de cordero chamuscada. Y el borrego medio se sentía culpable, porque era borrego cristiano."

ÁCRATAS




(1) Tierry Meissan, voltairenet.org


(2) David Steele, con 20 años de experiencia en la inteligencia militar del Cuerpo de Marines y ex oficial de la CIA, ya dijo que: La mayoría de atentados terroristas en el mundo o son de falsa bandera, o bien son ejecutados por los propios servicios de inteligencia. En los Estados Unidos, cada incidente terrorista que ha habido ha sido de falsa bandera o bien ha sido perpetrado por un informante controlado por el FBI. De hecho, los ciudadanos norteamericanos están impulsando órdenes de restricción contra informantes del FBI que están tratando de incitar al terrorismo.

LISTA DE ATENTADOS DE FALSA BANDERA sobre territorio americano.


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How To Spot A False Flag Event

Ácratas - 31 Maig, 2017 - 16:14


A missionary friend of mine in Eastern Europe recently gave me a heads up regarding an excellent article written by Sebastian Swift entitled "5 Confirmed False Flag Operations And How To Spot Them In The Future."Swift writes,"The false flag phenomenon is distinctively modern and used as an ideological weapon to control populations with the fear of a manufactured enemy. They are used in ostensibly democratic systems where people believe they have inalienable rights. Such democratic systems--primarily the United States, Israel, and Great Britain--must shock people into sociopolitical and geopolitical consent and, as such, require sophisticated modern propaganda systems and advanced covert operations teams with highly proficient skills."Here are his telltale signs of a false flag operation:
  • There is an immediate comprehensive narrative, including a convenient culprit. Law enforcement, government agencies, and the mainstream media immediately proffer a narrative that completely explains the event and encourages citizens to tie their intellectual understanding of the tragedy to the emotions they experience. In his lecture at Contact in the Desert, [author and researcher] Richard Dolan noted that a distinguishing characteristic of a false flag operation is that the official narrative IS NOT questioned by the media. There are often legislative, ideological and sociopolitical power plays waiting in the wings, which the government can immediately implement.
  • The official narrative has obvious domestic and geopolitical advantages for the governing body. The Bush administration used 9/11 to usher in the War on Terror, which has served as a lynchpin for countless civil liberty infringements by the national security state, including ubiquitous domestic surveillance and indefinite detention.
  • The narrative behind the attack serves to leverage emotions like fear, as well as patriotism, in order to manufacture consent around a previously controversial issue. For example, many of the recent domestic terror attacks, including the Aurora [and Orlando] shooting[s], have exacerbated and reinforced advocacy of gun control legislation.
  • Military training drills and police drills occur on the day of and very near the attack itself, causing confusion to obscure eye witness testimony and allowing orchestrators to plant both patsies, disinformation and backup operatives. This is no small point. An incredible percentage of major domestic or international terror attacks have involved simultaneous "training drills.” This list includes, but is not limited to, the infamous NORAD drills of 9/11, the 7/7 London Bombings, the 2011 Norway shooting, the Aurora shooting, Sandy Hook, and the Boston Marathon. Though none of the aforementioned events can be confirmed or denied without a doubt, they bear a striking resemblance to previous false flag attacks and should be looked at with an investigative eye.
It's time for those of us who have been reluctant to consider the possibility that our own government (and the governments of Israel and Great Britain) could actually be complicit in domestic terrorism in order to further a nefarious agenda to at least stop accepting the government and media’s version of these tragedies at face value. For the most part, the mainstream media is little more than a propaganda ministry for the federal government. We haven’t seen true objective investigative journalism since before the death of John F. Kennedy.Granted, not every national tragedy is part of a government conspiracy--and there is a plethora of "conspiracy nuts" out there to whom EVERYTHING is a conspiracy and through which we must wade to try to ascertain the truth. These people make it difficult for all of us. The Internet has provided the Chicken Littles of the world with an opportunity to play journalist. And their “everything's-a-conspiracy” rants only serve to mask the true conspiracies and turn the average John Doe away from the truth. That’s why I believe that many of these “conspiracy-everywhere” Internet bloggers are actually PART OF THE CONSPIRACY. Their job is to make genuine whistleblowers and researchers look like conspiracy “kooks.” Then, of course, there are genuine kooks out there, too.Regardless, the similarities and "coincidences" of many of these national tragedies are just too numerous for rational people to ignore. I believe Mr. Swift's analysis is very intelligent, coherent, and plausible.Our Founding Fathers believed their government (the British Crown) was deliberately conspiring against them. Thomas Jefferson said as much in our Declaration of Independence:“Prudence, indeed, will dictate that Governments long established should not be changed for light and transient causes; and accordingly all experience hath shewn, that mankind are more disposed to suffer, while evils are sufferable, than to right themselves by abolishing the forms to which they are accustomed. But when a long train of abuses and usurpations, pursuing invariably the same Object evinces a design to reduce them under absolute Despotism, it is their right, it is their duty, to throw off such Government, and to provide new Guards for their future security.”Read it again: “But when a long train of abuses and usurpations, pursuing invariably the same Object evinces a DESIGN to reduce them under absolute Despotism . . . .” Jefferson and the rest of America’s founders believed that there was a “design” (i.e, “plot,” “scheme,” or “conspiracy,” if you please) to “reduce them under absolute Despotism.” So, if you believe that government conspiracy is only for kooks, you must include America’s Founding Fathers in that group.Patrick Henry may have said it best:"We are apt to shut our eyes against a painful truth, and listen to the song of that siren, till she transforms us into beasts. Is this the part of wise men, engaged in a great and arduous struggle for liberty? Are we disposed to be of the number of those who, having eyes, see not, and having ears, hear not, the things which so nearly concern their temporal salvation?
"For my part, whatever anguish of spirit it may cost, I am willing to know the whole truth--to know the worst and to provide for it."I submit if we deliberately "shut our eyes against a painful truth," liberty is not long for this country. And there is plenty of blame to go around.Obviously, the “no conspiracy” group is contributing greatly to the demise of liberty by their unwillingness to even examine the evidence suggesting government conspiracies. Truly, they are shutting their eyes “against a painful truth.” And, unfortunately, this group is most prevalent among pastors, Christians, and churches.I find it incredible that people who supposedly study their Bibles are so completely blind to government conspiracies. The Old and New Testaments are replete with examples of government conspiracies. Jewish governments, especially, were notorious for conspiring against God’s prophets in the Old Testament and against Jesus and the Apostles in the New Testament. Plus, the New Testament plainly pictures the master conspirator, Satan, as being the “god of this world” and “the prince of the power of the air.” His offer to Christ on the Mount of Temptation to give Jesus the “kingdoms of the world” was NOT challenged by the Lord. In other words, Jesus didn’t dispute the fact that Satan controls many, if not most, of the world’s governments. The Book of Ephesians warns against the conspiracy of “principalities,” “powers,” “rulers of the darkness of this world,” and “spiritual wickedness in high places.” Every Bible commentator that I respect includes wicked civil magistrates within these personages. Yet when one brings up the possibility of government conspiracies to the average church member, he or she is treated as if they have the palsy.Nowhere is this attitude of the denial of conspiracies more evident than in the whole Muslim versus America façade. Almost no Christian leader seems to be able to see the “man behind the curtain” in this whole affair. They have absolutely NO concept of what the governments of the U.S., Great Britain, Israel, Turkey, and Saudi Arabia are surreptitiously doing to instigate and foment this “war with Islam.” (Of course, there is no war against the Islamic states of Saudi Arabia and Turkey; they are our “allies.”) Christians aren’t even willing to study the matter. Therefore, the devil--along with the evil miscreants inside Western governments that he controls--is able to go about his diabolical work completely undetected.But, in all fairness, the “everything's-a-conspiracy” group must also share culpability in our country’s demise. There are too many professing “patriots” who seem to have no honesty or objectivity whatsoever. To them, everything government does is bad whether it is or isn’t. And, of course, they, the so-called “patriots,” can do NOTHING wrong.For example, if a black kid in an inner city is unjustly killed by a police officer, these “patriots” say absolutely NOTHING. But if one of their “own” is justly killed by police, they scream “tyranny” and shout about the need for revolution. Such people seem to have no reasoning ability and no understanding of Natural Law. They are agenda driven as surely as are big-government toadies. In fact, some of these “patriot” Internet bloggers and radio broadcasters are no better than the mainstream media: they twist the truth in order to pander to the people who are supporting them financially. It’s not about principle; it’s not about truth; it’s not about the rule of law. It’s all about their financial success.When we only condemn injustice committed by government, while overlooking and condoning injustice committed by so-called “patriots,” we lose all credibility and integrity. Everything is not a conspiracy. Every policeman or federal agent is not a Jackboot. Sometimes there are real acts of violence committed by real deranged criminals with no help whatsoever from anyone--including anyone in government. And sometimes there are so-called “patriots” who are themselves evil, using the freedom movement for their own ulterior purposes. And, of course, there are well-intentioned people who sometimes do very foolish and unwise things. And only foolish and unwise people would condone and support foolish and unwise actions, even if they are well-intentioned. I totally agree with Sebastian Swift’s article that there are indeed false flag operations being perpetrated by rogue elements within government--including the governments of the United States, Great Britain, and Israel. I further agree that people need to honestly and objectively be alert for the identifying characteristics of these false flag operations. More than that, the American people need to begin holding our civil magistrates accountable for these operations, as they could not continue without the tacit support of our elected representatives and President. But what we do NOT need are phony “patriots” who do nothing but distract, confuse, and incite by calling everything a conspiracy and who themselves are guilty of unlawful conduct--unlawful conduct as defined by God and Natural Law. (This is why the ignorance and silence of America’s pulpits is such an egregious crime: people do not even know how to discern lawful and unlawful conduct because pastors are not teaching them these Biblical Natural Law principles.) Plus, I am personally convinced that many of these hot-headed so-called “patriots” are in reality government agent provocateurs who are deliberately trying to incite real patriots into doing something stupid.
Again, I submit if we deliberately "shut our eyes against a painful truth," liberty is not long for this country. And that includes admitting when a tragedy is NOT a conspiracy. But it also means admitting when evidence suggests that it IS.
TYLER DURDEN

 
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Diario de trinchera: atrapar la oscuridad con las manos

The Oil Crash - 29 Maig, 2017 - 08:17




- ¿Qué distancia hay entre León y Granada?

A pesar de que me esperaba cualquier cosa, la pregunta me pilló a contrapié. Estaba algo aturdido por el largo viaje; el jetlag aún no me había hecho efecto, pero había madrugado mucho aquel día y para mi cuerpo, a pesar del pleno día que hacía afuera, ya estaba casi anocheciendo. Aunque en aquella habitación sin ventanas fuera imposible saber si era de día o era de noche. Se diría que todo el ambiente estaba pensado para causar una sensación de irrealidad a los allí retenidos, deprivados de estímulos sensoriales, aunque al fin y al cabo los que por allí pasábamos sólo estaríamos una hora o así, mientras que los funcionarios que trabajaban en aquella sala tenían que pasarse su jornada laboral durante días y días; cabría preguntarse a quién perjudicaba más ese ambiente, a la postre.

Con ésta y otras cavilaciones había ocupado mi tiempo, mientras miraba mi reloj viendo que iba a perder mi correspondencia, antes de esa fatídica pregunta sobre la geografía española de la que aparentemente dependió mi futuro aquel día. Y es que durante la hora y cuarto que permanecí retenido allí antes de ser interrogado tuve mucho tiempo para pensar; al fin y al cabo, no se permitía el uso de móviles en aquella habitación (aunque vi a una chica escribir whatsapps a hurtadillas, escondiendo el aparato y sus manos dentro de su bolso). Lo único que había para entretenerse era una televisión, con la CNN siempre, pero los asientos estaban colocados de espaldas a ella, para hacer deliberadamente incómodo intentar mirar al aparato. Pero la televisión hace tiempo que no me interesa, así que tampoco me había apetecido pasar los minutos de angustiosa espera fijando mi vista en tan incómodo aparato.

Llevaba un libro conmigo, una novela, justamente para entretenerme durante los momentos en que no pudiera usar algún sistema de ocio electrónico: la poco reconocida ventaja de lo analógico, que funciona siempre y que es menos sospechoso que los dispositivos con chips y procesadores. Lamentablemente la novela que llevaba, regalo del último Sant Jordi, no me pareció apropiada para ser exhibida en ese preciso ambiente: "El pacifista que pretenia volar una discoteca". Me habían recomendado ese libro, que explica la radicalización política de un chaval apenas adulto en las postrimerías de la dictadura de Franco, y que para mi tenía el atractivo adicional de que los hechos descritos, que sucedieron realmente, transcurren en lugares muy familiares, en la comarca catalana en la que vivo. Pero, claro, sacar semejante libro en la sala de retención del control de fronteras de los EE.UU. en el aeropuerto de Newark podría hacerme parecer aún más sospechoso, sobre todo cuando más de uno y más de dos de los policías de fronteras hablaban un español decente y podrían entender el título del libro; si encima luego comprobasen que el texto está escrito en una lengua vernácula más incomprensible, la posibilidad de que acabase en un filtro de tercer nivel me pareció bastante real. Así que había dejado el libro en la mochila y había esperado pacientemente a que llegara mi turno para ser interrogado, sin yo ser capaz de imaginármelo, sobre la geografía española. Al fin y al cabo, estaba en un agujero donde uno sabe que si mantiene la calma acabará saliendo al cabo de un buen puñado de minutos, pero a pesar de lo cual te queda siempre la sorda inquietud de que te encuentren algo, de que una extraña pieza de información te haga parecer aún más sospechoso y caigas a un agujero aún más profundo del cual sea bastante más difícil salir. Y es que en realidad uno siempre es sospechoso. ¿Qué pasaría si ese agente que hablaba español se dedicaba a buscar información sobre mi en internet, y consideraba que mis posicionamientos sobre el capitalismo o la transición socioeconómica son demasiado disruptivos y peligrosos? ¿O si accediese a una hipotética ficha de seguimiento de algún cuerpo o fuerza de seguridad del estado español y viera que he mantenido contactos, aunque hayan sido completamente anecdóticos y de carácter técnico, con partidos políticos tan poco recomendables como Bildu, la CUP o Podemos? O vete a saber, quizá lo que no les gustase de mi fuera cualquier otra cosa que yo haya podido hacer durante mis 47 años de vida, cosas a las que yo no les he dado importancia pero que podrían parecerles poco convenientes o sospechosas. Podía leer ese mismo pensamiento en los ojos de muchas de las personas, unas dos docenas, retenidas en aquella sala. Había de todo: jubilados con marcapasos, madres con bebés en portabebés, estudiantes, hombres de negocios, un piloto de avión, un músico, un oficinista... y de todas las razas y credos, algunos más evidenciados externamente y otros menos. Era bastante obvio que se trataba de un control aleatorio y rutinario, pero, al final, ¿quién puede estar completamente seguro de que nada de lo que esté registrado sobre uno, vete a saber dónde, no te puede acabar arrastrando a ese lugar al que no quieres ir?

¿Cómo había ido a parar allí?

Hacía meses que sabía que se celebraba un importante congreso sobre salinidad oceánica en una de las más prestigiosas instituciones ocenográficas del mundo, el Woods Hole Oceanographic Institution. Sin duda era un contexto más que apropiado para mostrar los grandes avances que mi equipo ha desarrollado durante los últimos años, y eso mismo pensaron en la Agencia Espacial Europea, con la que trabajamos, por lo que nos insistieron en que participáramos. Así que una compañera del trabajo y yo nos registramos, hicimos los preparativos del viaje y nos habíamos encontrado en el aeropuerto de Barcelona aquella misma mañana, dispuestos a emprender el largo viaje desde Barcelona hasta Falmouth, Massachusetts, donde nos íbamos a alojar esos días.

Ya antes de salir de Barcelona a mi compañera le tocó un control aleatorio, junto con un buen puñado de otros pasajeros, a los que llevaron a una sala apropiada. Le hicieron preguntas breves y corteses, le revisaron someramente la maleta y ya está, todo rápido y discreto. Eso sí, le avisaron, si se aprueba la normativa que prepara el Congreso de los EE.UU., pronto no se podrán llevar portátiles en el equipaje de mano, sino que deberán ser facturados, y que incluso podría suceder tal cosa antes de que emprendiéramos el viaje de vuelta.

Después, ocho horas de vuelo hasta llegar a Newark y allí, al pasar el control de fronteras, fui seleccionado para un segundo cribaje; afortunadamente, esa vez mi compañera se salvó. Así fue como acabé en el pozo sensorial de aquella sala, mientras los minutos pasaban y mi correspondencia con el vuelo a Boston peligraba.

Cada pocos minutos alguno de los allí retenidos era interpelado para acercarse al mostrador donde un guardia de fronteras hablaba con él o ella, generalmente brevemente; después, le devolvían el pasaporte y le dejaban marchar. Era un goteo lento pero constante, y por lo que pude comprobar cada persona pasaba en media poco más de una hora en aquella sala. Según mis cálculos, eso me dejaba unos 20 minutos para llegar al avión a Boston antes de que comenzase el embarque, 40 minutos antes de la salida del avión. Estando en un aeropuerto que no conocía, las posibilidades de perder mi enlace eran muy elevadas. Y entonces, ¿qué? ¿Quién respondería por ello?

Coincidiendo prácticamente con el plazo que había estimado me llamaron. "Antonio María Turiel Martínez". Me levanté y fui al mostrador, intentando mostrar una sonrisa cordial y confiada. El escritorio de los agentes estaba en una tarima, de manera que el agente de fronteras queda muy por encima de la cabeza del interrogado, lo que incrementa la sensación de intimidación. 

El agente hablaba español, con fuerte acento estadounidense y mexicano. "¿Es Vd. de León?". "Sí", dije yo. "¿Cómo se llaman sus padres?". Le contesté. Y entonces llegó la pregunta de marras:

- ¿Qué distancia hay entre León y Granada?

Un segundo de titubeo, y contesté:

- No sé. Mucho. Qué sé yo, 800 kilómetros -respondí por fin. 


Sabía que de León a Madrid hay poco menos de 350 kilómetros, y de Madrid a Granada, pensaba, podría haber unos 400 o 500, de ahí mi respuesta.

- ¿Unas diez o quince horas manejando? - me preguntó entonces. 

- Hombre - dije yo - si fueran diez o quince horas conduciendo la distancia sería mayor.

- Muy bien, Sr. Turiel. Aquí tiene su pasaporte. Que tenga una feliz estancia.

Cogí mi pasaporte y me alejé torpemente del mostrador, en dirección a la puerta. En seguida me encontré con mi compañera, la cual había preguntado por mí y quizá había acelerado mi salida de aquel lugar. Más tarde pude comprobar que entre León y Granada hay 765 kilómetros por carretera, así que mi respuesta había sido bastante acertada. No pude evitar pensar qué hubiera pasado si me hubiera equivocado por mucho con esta distancia...

Faltaban 45 minutos para la salida de nuestro vuelo, pero aún nos quedaban muchos obstáculos. Tuvimos que pasar la declaración de aduanas, la cual afortunadamente fue muy rápida; después, salir a los mostradores de facturación, pues no nos daban la opción de hacer la correspondencia directamente; después, en medio de un gentío delirante, localizar nuestro vuelo. Afortunadamente, el vuelo a Boston sufría un retraso de nada más y nada menos que una hora y media, así que el hecho de que el vuelo no hubiera aterrizado en la mismo terminal de la correspondencia no fue tan grave. Tras orientarnos, cogimos el tren automático hasta el otro terminal y ahí llegamos a las puerta de embarque, con una fila portentosamente larga. 20 minutos de cola y ya llegamos al control de equipajes. Desafortunadamente, mi mochila se fue por un camino diferente a las de los demás: otra vez un control extra.

Me puse al final de la cola de desvío, a esperar que la agente de control de equipajes revisase el mío. Una familia con niños pequeños esperaba delante de mi. La agente se estaba mirando los pequeños botecitos que llevaban en su equipaje, probablemente jabones y champús, y ese gesto fue una muestra acabada de la absurdidad e impotencia de tanto control. ¿Cómo podría saber esa mujer si esas substancias era peligrosas sólo mirándolas? Era un total ejercicio de inutilidad.

Por fin me llegó el turno y la agente empezó a revisar mis cosas. La única cosa que le interesó fue mi portátil. Me asaltó una vaga inquietud: si me obligaban a encender el ordenador verían que utilizaba el sistema operativo Linux, y una cosa tan extraña me haría seguramente parecer muy sospechoso. Ya me veía dándole explicaciones a un agente malencarado en otra sala oculta de la vista del mundo, cuando la agente acabó de revisar mi portátil: tan sólo había escaneado la batería. Para cuando hube recogido todas mis cosas y vuelto a atarme los zapatos era exactamente la hora a la que estaba previsto que saliese nuestro vuelo de correspondencia.

Tan ajetreado paso por los controles había hecho mella en nuestro ánimo, pero nos consolaba la suerte de que el avión saliese con retraso y no lo hubiéramos perdido (lo cual hubiera desencadenado un pequeño tsunami de papeleo y reclamaciones, a diversas bandas encima ya que en el CSIC los viajes son tramitados obligatoriamente por una conocida agencia de viajes y se ha de pasar por ellos necesariamente para todo). Para nuestra desgracia, el retraso final fue aún mayor, pues ya en el avión éste aún tardó una hora más en salir. Para cuando llegamos a Boston, el último autobús a Falmouth, nuestro destino final, ya había partido y empezaba a ser un poco tarde (hora local, porque para mi reloj interno la hora era tardísima).

En el mostrador de las líneas de bus urbano explicamos nuestra situación y la opción que nos dieron fue que cogiéramos un autobús hasta Sagamore, que distaba unos 30 kilómetros de nuestro destino final, y que desde allí buscáramos el medio de llegar a Falmouth. Mientras mi compañera se informaba sobre los horarios yo llamé a un colega que sabía que ya estaba en Falmouth y que había tenido el buen criterio de alquilar un coche. Le expliqué la situación y muy amablemente se ofreció a venir a buscarnos a Sagamore.

El viaje en autobús estuvo también salpicado de anécdotas, sin mayor relevancia para lo que aquí se explica. En EE.UU. casi todo el mundo tiene coche y el autobús es un medio de transporte marginal y, para lo que es, relativamente caro. Tras hora y pico de trayecto nos dejaron, al azote del frío y de la lluvia, al lado de una gasolinera en medio de ninguna parte cerca de Sagamore. Al final nuestro colega nos rescató y pudimos llegar al hotel. Para cuando pude meterme en la cama hacía 25 horas que me había levantado, por lo que me fui a dormir, en horario español, a la hora en la que generalmente me levanto.

El congreso transcurrió bien, sin novedades reseñables; presentamos nuestro trabajo, pudimos conocer el trabajo de nuestros colegas, y tuvimos tiempo para discutir con ellos. Por la tarde paseábamos brevemente por Falmouth y cenábamos. Contrariamente a muchos lugares comunes que se dicen de los norteamericanos, la gente que nos encontramos fue amable y agradable, muy serviciales y comprensivos con el hecho de que al ser extranjeros no siempre comprendíamos todo lo que nos decían.

Llegó el día de la vuelta, y aún nos esperaba una nueva prueba con los controles obsesivos. Resultó que la agencia de viajes había contratado un vuelo Boston-Montreal-Barcelona, pero al llegar al mostrador de facturación nos informaron de que para pasar por Canadá debíamos haber solicitado una especie de visado electrónico y sin él no podían imprimirnos las tarjetas de embarque. "No se alarmen", nos dijo el amable empleado de Air Canada, "el formulario se completa online, se pagan 7 dólares canadienses y generalmente al cabo de unos minutos ya te dicen si puedes o no viajar". Así que nos fuimos a sentarnos a un banco e intentamos rellenar el formulario de marras con la wifi del aeropuerto, pero ésta iba demasiado sobrecargada y el proceso de pago fallaba siempre. Tras una hora de infructuosos intentos,  al final yo acabé llamando a mi mujer en España y le fui dictando los datos del extensísimo formulario, mientras mi compañera consiguió que le dejasen una tablet conectada a su red interna en el mostrador de Air Canada. Al cabo de unos minutos conseguimos la confirmación para viajar y pudimos sacar las tarjetas de embarque.

El acceso a las puertas de embarque fue caótico y desorganizado, con multitud de problemas y muestras de improvisación bastante ibéricas, y en el control de equipajes retuvieron esta vez el de mi compañera. Habíamos llegado al aeropuerto con cuatro horas de antelación, pero para cuando nos sentamos en el vestíbulo de las puertas de embarque faltaba menos de una hora para nuestro avión.


Ni mi compañera ni yo osábamos decirlo, pero ambos éramos conscientes de que si al pasar por Canadá nos sometían a los mismos controles obsesivos que habíamos sufrido durante todo el viaje perderíamos la conexión a Barcelona (sólo teníamos hora y cuarto para la correspondencia), y seguramente ya no habría ningún otro vuelo hasta el día siguiente. Así que cruzamos los dedos.

Al llegar a Canadá vimos una larguísima y serpenteante cola para pasar por el control de pasaportes y nos temimos lo peor; sin embargo, los ocho agentes que trabajaban en ella sólo se demoraban unos pocos segundos por viajero y al final, al cabo de pocos minutos y para nuestra incredulidad estábamos llegando a la zona internacional del aeropuerto internacional de Canadá, limpia y luminosa en contraste con todo lo que habíamos visto en EE.UU. Mi compañera no pudo evitar decir: "Por fin estamos en un país civilizado".

El vuelo a Barcelona transcurrió sin mayor sobresalto, y al llegar al Prat vimos una lenta y larguísima cola para pasar el control de pasaportes de los ciudadanos no comunitarios. Esta vez no nos tocaba a nosotros pasar por esa penalidad; en cuestión de pocos minutos atravesamos el control para los ciudadanos comunitarios. Por fin estábamos en casa, a salvo de controles obsesivos y de oscuros agujeros en los que caes sin saber por qué y sin saber si saldrás de ellos.


El mundo en colapso es un mundo muy diferente al que hemos vivido durante las décadas de la triunfante globalización. El miedo global, el terrorismo sin fronteras, la proliferación de guerras por los últimos recursos, todo ello nos arrastra insensiblemente hacia una supresión de las libertades civiles y un aumento de los controles obsesivos pero inútiles. Nuestra condición colapsante nos va arrastrando a la negrura, y los gobiernos, como las personas que se están ahogando en medio del mar, chapotean frenéticamente intentando salir de ese marasmo. Intentan atrapar la oscuridad con las manos sin darse cuenta de que son ellos mismos quien la crean, que son sus acciones, sus muchas manos levantadas, las que tapan la luz.

Antonio Turiel
Mayo de 2017



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Anticapitalismo y postcapitalismo

The Oil Crash - 11 Maig, 2017 - 20:25


Queridos lectores,

Es una historia repetida. Una persona concienciada comienza a investigar sobre las graves cuestiones de sostenibilidad y de viabilidad que aquejan a nuestra sociedad, y a medida que se va acercando a las causas profundas de los problemas observados se va dando cuenta poco a poco de que el problema es completamente estructural, que surge de un grave error de diseño del edificio social. Es sólo cuestión de tiempo que pase de hablar de vaguedades (como "el sistema", "escala de valores", "hábitos" o "alienación social") a hablar claramente de la raíz última de los problemas: "capitalismo". Da igual si esta persona se interesa por los problemas de la desigualdad social, de la superpoblación, la pérdida de biodiversidad, el acceso al agua, la alimentación, el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático, la gestión de las ciudades, las pesquerías, los recursos boscosos, la conservación del patrimonio artístico, la exclusión social, la gentrificación, la especulación inmobiliaria, la locura de los derivados financieros, la corrupción política, la gestión del territorio... Al final, al cabo de mucho tiempo y aunque a veces sea de manera reluctante todos acaban yendo a cuestionar el capitalismo.

No somos niños, hemos crecido y hemos sido educados en esta sociedad y sabemos qué significa hablar mal del capitalismo. Es criticar al capitalismo y surgen sarpullidos en nuestros oyentes. Incluso aunque uno haga una exposición pausada, poco emocional, basada en datos y argumentos, en el momento en el que uno pone en cuestión el capitalismo se suele producir una reacción contraria, en ocasiones virulenta.

Para mucha gente, el capitalismo forma parte de un conjunto de verdades aprendidas, y que no puede ser cuestionada porque es la base de nuestro edificio social. De manera muy poco crítica, estas personas interpretan que criticar el capitalismo significa querer destruir esta sociedad, sin que a quien está criticando le importe el caos que suponen que sobrevendría al fin del capitalismo. Por esa razón, en no pocas ocasiones pronunciar ciertas palabras desencadena toda una retahíla de clichés, de respuestas aprendidas y estandarizadas, que intentan reducir tal tipo de razonamientos y posiblemente a quien los sustenta a la categoría de inadaptado social, enfatizando el peligro que supondría para la sociedad seguir tan estrambóticas, alocadas y poco reflexionadas ideas. 

El adjetivo habitual con el que se cuelga un sambenito al crítico del capitalismo es el de "radical". No quiere decir eso que no se pueda ejercer un cierto grado de crítica, pues hasta los más adeptos al presente sistema se dan cuenta de sus muchas disfunciones, pero lo que separa la crítica socialmente aceptable de la locura revolucionaria se marca con ese adjetivo, "radical". Se puede ser "ecologista"  y defender la conservación de la naturaleza, los pajaritos y las flores y todas esas cosas, pero no se puede ser "ecologista radical" y pretender cosas como poner en peligro el crecimiento económico por futesas como el equilibrio térmico del planeta o el envenenamiento de ríos y océanos. Se puede ser "de izquierdas" y tener cierta preocupación social, afán redistributivo e inclinación hacia el igualitarismo, pero no se puede ser "de izquierda radical" y dejarse ir en una orgía estatalista y comunistoide que mataría al loado y muy eficiente libre mercado. Se puede, en suma, hacer una crítica social, pero no se puede ser radical y pretender cambiar todo, o peor que eso, lo que es intocable.

Dentro de la general perversión del lenguaje que domina nuestro tiempo (fenómeno éste, como otros observados, propio de las civilizaciones decadentes) está la confusión de términos. La palabra "radical" debería ser percibida como algo positivo, pero su uso repetido y único en cierto contexto la ha desposeído de su significado original y le atribuye otro diferente y negativo. Como tantas veces le he escuchando decir al maestro Pedro Prieto y a otros (hace unos días, a Marcel Coderch), ser radical es algo positivo, puesto que la palabra radical significa "aquello que va a la raíz". Justamente es de análisis superficiales de lo que vamos sobrados, y lo que más se necesita es ir a la raíz de los problemas, entender su origen último para poder corregir los problemas, actuando ya desde su comienzo.

Es también común que la persona concienciada que comentábamos al principio del post, si persevera en su empeño, se vuelva radical en el sentido propio de la palabra (es decir, que se afane en buscar el origen último de los problemas); pero al encontrar una y otra vez reacciones desabridas a sus reflexiones y comentarios, y al desesperarse viendo la vigencia y urgencia de actuar contra los problemas que tiene bien identificados se acabe volviendo radical en el sentido impropio (es decir, alguien inadaptado socialmente y con una actitud combativa y deletérea con respecto al sistema social vigente), esencialmente adoptando el role que los otros le atribuyen. Lo cual contribuye a cerrar el círculo y ayuda justamente a perpetuar el mito del peligro de la radicalidad en sentido propio, al asociarse a su sentido impropio.

Un ejemplo de esta adopción en falso de la radicalidad impropia por la propia lo encontramos en el uso del término anticapitalista. El término anticapitalismo en sí mismo es una demostración acabada de la radicalidad impropia, puesto que define una posición ideológica (seguramente muy rica y fundada teóricamente) sobre la base de una oposición a algo, en este caso al capitalismo. Formulado así, el anticapitalismo no puede existir sin la existencia del capitalismo, al cual se opone y combate. De ese modo, la denominación anticapitalista lleva asociada la derrota implícitamente, pues lo que evoca es la oposición a todo aquello que la gente asocia al capitalismo (sea o no parte de él), que al final es la oposición a todo lo que la gente común es y aspira a ser. Y no es que no haya multitud de cosas en el capitalismo a las que se necesita oponerse firme y frontalmente; incluso, es lógicamente defendible que los problemas del capitalismo son tan fundamentales, están tanto en su raíz, son tan radicales en suma, que no queda más remedio que oponerse a su idea misma desde los primeros principios. Sin embargo, la denominación "anti", por su carácter iconoclasta y de oposición, sólo puede generar el rechazo de los socialmente integrados y de los que sin serlo aspiran a ello; y rizando el rizo de la perversión lingüística, actúa como imán de ciertos inadaptados que, ellos sí, buscan la destrucción de todo por la destrucción misma. La perversión intelectual llega a su paroxismo cuando, ayunos de otros apoyos, las corrientes anticapitalistas abrazan a esos balas perdidas como "de los nuestros", en algunos casos haciendo propias sus muchas veces absurdas y destructivas causas. Llegados a punto, la derrota intelectual y moral es completa.

No caer en las trampas del lenguaje que con cierta habilidad van tejiendo los adalides del capitalismo resulta fundamental si uno quiere que la empresa de superación de los errores del capitalismo tenga la más mínima oportunidad de éxito. Por esa razón, es preciso abandonar denominaciones como "anticapitalismo" en beneficio de otras más adecuadas, como por ejemplo podría ser "postcapitalismo". Pues el objetivo final del activista social, ecológico o científico no es, o no debería ser, la destrucción del capitalismo, sino su superación. No se trata de destruir un edificio social que es fruto de una evolución con cierta lógica histórica y que ha cosechado muchos éxitos (aunque llevando consigo también muchos y muy graves fracasos), sino de hacerlo evolucionar para superar los problemas cada vez más graves y de abordamiento inaplazable. No se trata tanto de hacer una causa general contra los ganadores de la globalización y la hiperfinanciarización del mundo como de construir nuevas maneras de organizarse socialmente y de asignar los recursos en un mundo acuciado por tantas dificultades y limitaciones que impedirán que el capitalismo pueda durar ni tan sólo unas pocas décadas más, un mundo con unas reglas del juego nuevas que provocarían nuestro colapso si no somos capaces de abandonar el capitalismo por un sistema mejor adaptado a los retos del siglo XXI. 

Es verdad que algunos sectores aspiran a propinar un cierto castigo de los promotores del capitalismo, pero, ¿quiénes han sido? ¿Hablamos de hombres que vivieron hace doscientos años o de los que hoy en día siguen haciendo las cosas del mismo y suicida modo?. Y si miramos el problema desde la perspectiva de quién se ha beneficiado, ¿a quién contaremos, a aquellos que se han beneficiado más? ¿Más con respecto a qué? Posiblemente un occidental de clase media se ha beneficiado mucho más que el 80% de la población del planeta. El revanchismo conlleva una cierta carga de moralización, de sentimiento de superioridad moral de la parte de quien aplica el castigo sobre el castigado, y es por tanto subjetivo y completamente opinable. Quizá, y dada la urgencia y necesidad del momento, convendría más concentrar los esfuerzos en la transición inaplazable y si acaso señalar con el dedo no aquéllos que percibimos, y que son, los claramente beneficiados en el momento actual, sino a aquéllos que ponen trabas para efectuar esta transición.

Pero volviendo a la cuestión terminológica, hay gente que lleva muchos años en la brega del activismo social, ecológico o científico que mira con recelo la adopción de la terminología "postcapitalista" por su tibieza, y que con cierta razón señalan que tal término puede ser cooptado por los mismos de siempre y que su significado sea pervertido (análogamente a lo que pasó con el término "verde", que dio origen al de "capitalismo verde", o al de "sostenible", que dio lugar a la aberración conceptual del "crecimiento sostenible" o del ligeramente menos aberrante "desarrollo sostenible"). Eso es cierto, y además es lógicamente esperable que cuando el duro choque contra los límites biofísicos del planeta vaya haciéndose más evidente e innegable veamos aparecer propuestas "postcapitalistas" emanadas de think tanks crecentistas: recuerden cómo el entonces presidente francés Nicolas Sarkozy habló de "refundar el capitalismo", aunque en realidad seguramente pensaba en hacer los cambios mínimos posibles para que la cosa continuase. Pero es que en realidad el postcapitalismo no es una ideología sino una categoría; no es un término para condensar todas las posibles corrientes de pensamiento económico-social, sino más bien un trazo descriptivo que las agruparía a todas, incluyendo a las más continuistas. Además, el postcapitalismo es un término transitorio, pues aunque no se posiciona contra el capitalismo se sitúa justamente después de él, y por tanto lo sigue tomando como referencia. Poscapitalismo sólo marca una dirección a seguir y que sólo vale ahora, mientras estemos donde estamos; pero una vez alejados de los arrabales del capitalismo conviene designar aquello de que se trate exclusivamente por un término propio, que le designe por sí mismo y no con respecto a otra cosa, ya sea ecosocialismo, ecofeminismo, decrecentismo, municipalismo radical o lo que se quiera. También, el término "postcapitalismo" debe entenderse como un rasgo de toda proposición constructiva para superar el capitalismo, que busca más dotarnos de herramientas para superar el actual reto histórico que no un ajuste de cuentas moral. Es, en ese sentido, que al discutir de los límites del crecimiento y al buscar nuestro camino incierto para la transición, todos deberíamos considerarnos con orgullo radicalmente postcapitalistas.


Salu2,
AMT
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De hormigas y hombres

The Oil Crash - 9 Maig, 2017 - 08:17


Queridos lectores,

Imagínense por un momento un hombre que por arte de un oscuro sortilegio fuese convertido en hormiga, pero que aún conservase la capacidad de razonar como hombre. Pensando simplemente en su supervivencia, su nueva condición tendría algunas desventajas, pero también algunas ventajas. Como hormiga sería diminuto, con lo que no necesitaría comer mucho para mantenerse y el mundo estaría lleno de cosas que podría ingerir; sin embargo, al ser tan pequeño, le costaría más acceder a algunos sitios, y podría pasar menos tiempo sin comer antes de morir de lo que sería capaz de soportar un hombre.

Nuestro hombre-hormiga, o nuestra hormiga-hombre, sería, como todas las hormigas, ciego. Y sin embargo tendría otros sentidos muy agudizados, y en particular la capacidad de percibir ciertas fragancias.

Ahora imaginemos a nuestro hombre-hormiga en medio de una pradera. Tiene hambre y no tiene otras hormigas a las que seguir. No sabe qué hacer, pero es consciente de que debe actuar rápido si no quiere morir. Pero no sabe dónde ir. Se mueve primero en una y luego en otra dirección, sin saber qué hacer, hasta que de repente percibe una fragancia. Un olor exquisito, de algo comestible: una manzana.  Si consigue llegar a ella está salvado.

Al principio el olor es sutil, casi indiscernible entre tantos olores de la pradera. Pero nuestra hormiga-hombre domina ya lo suficiente sus nuevos sentidos como para avanzar en la dirección de ese olor. Ahora ya lo percibe con toda claridad, la manzana está cerca, casi puede saborearla. Avanza hacia ese olor sublime, cada vez más intenso. Ya casi está.

Pero algo no va bien. Fue avanzando y el olor se volvía más intenso, pero ya no. Ha llegado a un punto donde ya no sabe cómo seguir. Parece que avance hacia donde avance el olor se va debilitando, y nuestro hombre-hormiga retrocede, para no perder el rastro; así, repetidas veces avanza en diferentes direcciones, primero en un sentido y luego en el contrario. Desesperado de no conseguir llegar a su objetivo, empieza a dibujar una espiral, haciendo círculos cada vez más amplios centrados en el punto donde percibe mejor el olor, pero no consigue nada. La manzana está allí, pero no la encuentra, no puede alcanzarla. El desgraciado hombre-hormiga de nuestra historia, atrapado en su lógica de búsqueda de hombre más que de hormiga, dará vueltas en círculo sin encontrar nunca la manzana y al final muriendo de hambre.

Una hormiga de verdad no tendría este problema. Seguiría una trayectoria errática, sin rumbo definido.  Quizá ella no llegase a la manzana, pero una hormiga de verdad nunca está sola, y algunas de sus muchas compañeras acertarían a subir por el tronco de un árbol un poco distante, y quizá unas pocas acabaran yendo por la rama de donde colgaba, a cierta distancia del suelo, la jugosa manzana que anhelaba nuestra hormiga-hombre. Después, y tras haber arrancado algunos trozos para llevar a casa, irían marcando el camino de regreso y eso favorecería que otras hormigas, aunque no todas, llegasen hasta la manzana. Al final, todas las hormigas llegarían al hormiguero, donde todas compartirían el botín del día.

El problema del hombre-hormiga es no comprender que se mueve en dos dimensiones pero intenta alcanzar algo que está en una tercera dimensión, justo encima de su cabeza. El hombre-hormiga es tan ciego a esa tercera dimensión como lo es a las otras dos, pero las otras dos las puede experimentar con sus patas y sus antenas. Percibe la manzana, pero no puede llegar a ella porque no puede volar. Se coloca en el suelo justo debajo de la manzana, oliéndola cerca pero sin poder llegar a ella, y emprende una búsqueda, primero sistemáticamente siguiendo varias direcciones diferentes, finalmente corriendo en espiral sin saber realmente dónde va, sin atreverse a alejarse del punto donde más cerca estuvo de la manzana pero desde donde nunca la podrá alcanzar. 

La metáfora del hombre-hormiga nos sirve para ilustrar el dilema en el que las sociedades occidentales llevan tiempo atascadas: la falta de dimensionalidad de los debates. En los dos últimos años hemos visto diversos países enfrentarse a una elección crucial y siempre dicotómica: el referéndum en Grecia, el Brexit, la elección de Donad Trump... El pasado fin de semana fue el turno de Francia, con la elección entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen, ganada - para gran alivio de los mercados financieros y de la Comisión Europea - por el primero. En todos estos casos, una sociedad que ve peligrar su modo de vida, una sociedad que se sabe deslizándose lenta pero inexorablemente hacia su colapso, busca nuevas direcciones hacia dónde moverse. Al igual que el hombre-hormiga de nuestro relato, la sociedad se mueve primero siguiendo líneas rectas: al principio lo hizo en el eje clásico izquierda-derecha, pero al estar éstos cada vez más desacreditados (como en Francia, donde ni el Partido Socialista ni la conservadora UPM colocaron a un candidato para la segunda vuelta de las elecciones) se van buscando nuevas direcciones. No es casualidad que toda la sucesión de elecciones que comentamos sean dicotómicas: es un movimiento entre dos puntos extremos, es una búsqueda en línea recta, unidimensional. Es la estrategia más banal, pero también la que como sociedad nos ha funcionado mejor hasta ahora. No hacía falta nada más complicado.

Por supuesto que la búsqueda lineal no permite salir del problema, sólo oscilar "debajo de la manzana" sin resolver nada. Es decir, las dos opciones que se plantean identifican correctamente cuál es el problema a resolver (llegar a la manzana), que típicamente es devolver el bienestar a una clase media que se siente amenazada; sin embargo, la dirección sobre la que proponen moverse no avanza nada en la resolución de ese problema y cuanto más se avanza hacia un extremo más se agravan los problemas, con lo que surge la reacción de ir en el sentido contrario. No es por tanto casualidad que delante de elecciones de carácter dicotómicas las sociedades aparezcan como "divididas", y con frecuencia las dos opciones están cerca del 50%, ganando una de ellas por poco margen. Esta división en partes virtualmente iguales muestra que los argumentos que se usan por una y otra parte son igual de convincentes (o de poco convincentes), y en el fondo lo que muestran es que la elección es prácticamente al azar, como resultaría de lanzar una moneda al aire. Es natural, puesto que ninguna de las dos opciones es buena y ninguna de las dos solucionará realmente el problema. Por volver al caso Macron-Le Pen (bastante análogo al de Clinto-Trump) no saldremos de la crisis ni "fomentando el crecimiento" (cosa ya imposible) ni "fomentando el nacionalismo" (cuando dependemos tanto de las materias primas que vienen del exterior).

A medida que se va instalando entre los ciudadanos la convicción de que ambas opciones son igual de inútiles, la abstención va creciendo, como ha sucedido en la última elección presidencial en Francia, donde la participación, a pesar de lo aparentemente crucial del momento, ha sido la menor en años (aún con niveles de abstención, 25%, que en España se considerarían bajos). Llegará un momento, a medida que la desesperación cunda entre las clases medias que se vean desposeídas, que se abandonará este movimiento lineal entre dos opciones enfrentadas e igualmente inútiles y comenzará el movimiento en espiral, probablemente cuando el nivel de abstención sea tan alto que reste toda legitimidad a la votación dicotómica.

La llegada a este punto de búsqueda afanosa y desesperada de soluciones vendrá empujada por la necesidad de la mayoría de la población. Lo comentábamos hace poco, al discutir sobre el fin del crecimiento: más de la cuarta parte de la población española está en riesgo de pobreza y exclusión, y eso cuando el PIB lleva dos años en buenas tasas de crecimiento - en contraste con los países de nuestro entorno. Toda la posibilidad de remontar desde el hoyo donde estamos es que el crecimiento continúe y a buen ritmo, pero eso es una quimera: en España se crecerá mientras el petróleo continúe barato y no se desencadene una nueva crisis financiera, pero lo último depende de un monumental castillo de naipes de derivados globales sobre los que nadie, y menos España, tiene ningún control; y con respecto a lo primero es sólo cuestión de tiempo, y no precisamente demasiado, que la fortísima desinversión de las compañías petrolíferas lleve a una súbita caída de la producción de petróleo y a que se dispare el precio del barril. Pero es igual, nuestros despistadísimos expertos siguen creyendo que el fracking va a remontar en EE.UU., confundiendo las ventas a precio de saldo y liquidación por cierre de las compañías de servicios con mejoras en eficiencia, y no anticipando el problema que ya ven en el horizonte de unos pocos meses tanto HSBC como la Agencia Internacional de la Energía. En este momento, con tanta ceguera y soberbia como se está prodigando, el hecho de dar por liquidados los problemas con el petróleo y resto de recursos naturales hará que la bofetada sea épica. Sin un cambio de rumbo rápido, la Gran Recesión que se desencadenará dejará pequeña la de 2008, con la diferencia de que ahora estamos, a nivel social, mucho peor que entonces.

Será precisamente esa inestabilidad social subsiguiente a la próxima e intensa oleada recesiva la que hará que cada vez más países occidentales abandonen la búsqueda unidimensional, a través de ejes un candidato frente a otro (Clinton vs Trump, Macron vs Le Pen) o de una alternativa frente a la otra (Sí vs No en Grecia, Leave vs Remain en el Reino Unido) y comiencen a establecerse dinámicas más complejas, los caminos en espiral del hombre-hormiga. Ese momento será especialmente delicado, porque se caracterizará por el surgimiento de un montón de iniciativas y una tendencia a que múltiples actores actúen desorganizadamente cada uno por su cuenta; las diversas administraciones pondrán en marcha planes diferentes y a veces contradictorios, y en general habrá una pérdida de credibilidad del poder. El movimiento en espiral puede acelerar nuestro colapso como sociedad, sobre todo porque algunas de las cosas que aún se podían mantener consistentemente en la etapa anterior (por ejemplo, la estabilidad de la red eléctrica) podrían perderse en el proceso.

Que lo que suceda a la inútil oscilación dicotómica sea un movimiento en espiral o que sea algo más útil y eficaz depende completamente de tener una buena comprensión de las raíces profundas del problema. El problema es no querer alejarse de ese punto central de la pradera, donde el olor de la manzana es más intenso pero al tiempo desde donde la manzana es inalcanzable. Hay que lanzarse a explorar otras direcciones, y hacerlo no de forma solitaria, sino colectiva.

Nuestro problema es que la sociedad, tal y como está estructurada, no puede garantizar los niveles de bienestar general que conoció en las pasadas décadas. Nuestro bienestar se asentaba en una gran disponibilidad de energía abundante y asequible, cuya cantidad crecía cada año. Eso se acabó. Probablemente hemos superado ya el pico del petróleo, y si no lo hemos hecho aún nos falta muy poco. El pico del carbón y del uranio parecen también superados, y en cuanto al pico del gas natural seguramente se va a producir antes de una década. Las energías renovables tienen muchas limitaciones y no tienen capacidad de cubrir el agujero que dejan tras de sí las no renovables, sobre todo con la rapidez que éstas irán descendiendo. 

Por tanto, nuestro rumbo es el del descenso energético, pero eso no significa que nuestra decadencia y eventual colapso sea inevitable. No. Es cierto que dentro de nuestro paradigma económico actual esta crisis no acabará nunca, pero en realidad la mayor parte de la energía se derrocha porque tiene un sentido económico hacerlo. Hay que abandonar la idea del crecentismo y explorar nuevos caminos, hay que lanzarse a buscar el tronco de ese árbol por el cual trepar a la manzana.

Hemos dejado de ser el Homo invictus, el hombre que se creía todopoderoso aupado en su abrumadora tecnología que estaba apuntalada por una cantidad ingente de energía; y al comenzar a faltar ésta nos hemos convertido en un nuevo hombre, el hombre-hormiga, pero no uno cualquiera, sino uno que se resiste a aceptar su nueva condición hormiguil, las nuevas reglas del juego, con sus nuevas limitaciones (por ejemplo, la ceguera) pero también sus ventajas (por ejemplo, la capacidad de trepar por las paredes). Si dejamos de ser hombre-individuo y comenzamos a ser hombre-sociedad, si nos movemos juntos explorando todos los caminos para conseguir nuestra manzana, el bienestar de la mayoría, lo podremos conseguir. Hace falta, simplemente, que primero nos liberemos de toda nuestra soberbia.


Salu2,
AMT
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Tasa de Retorno Energético y Eficiencia: qué nos dicen y qué no

The Oil Crash - 4 Maig, 2017 - 08:18
Queridos lectores,


JotaEle nos ha querido ofrecer otro lúcido ensayo sobre la relación entre la Tasa de Retorno Energético y la eficiencia, en esta ocasión con una visión no muy estándar entre los picoleros y con ciertas dosis de polémica, pero con la calidad acostumbrada. Les dejo con el trabajo de JotaEle, el cual sin duda les interesará.

Salu2,

AMT




Tasa de Retorno Energético y Eficiencia, qué nos dicen y qué noEn términos generales eficiencia o rendimiento es la cantidad de energía que aprovecha el sistema en relación a la energía que utiliza. Es el cociente entre la energía final y la energía primaria suministrada al sistema. Las estadísticas nos proporcionan estos datos directamente así que sin problemas.Según la Wikipedia se conoce como tasa de retorno energético (TRE) al cociente de la cantidad de energía total que es capaz de producir una fuente de energía y la cantidad de energía que es necesario emplear o aportar para explotar ese recurso energético. La fórmula es TRE=Energía total de la fuente/Energía invertida.Un cociente menor o igual que 1 indica que la energía de la fuente es menor o igual a la energía consumida, por lo tanto una fuente de energía será tanto mejor cuanto mayor sea su TRE, puesto que eso implica que se obtiene una mayor cantidad de energía neta utilizable por cada unidad de energía invertida en ella.El cálculo de la TRE se hace todavía más complicado si queremos incluir además costes energéticos asociados como la energía que se necesita para construir una presa, un parque eólico o una plataforma petrolífera.En este trabajo nos limitaremos a sacar la TRE de los datos estadísticos que proporciona al Agencia Internacional de la Energía (AIE), así que prescindimos de los costes energéticos asociados. Si hacemos el cálculo de la TRE con datos estadísticos nos sale lo mismo que la eficiencia ya que ambas se calculan con los mismos datos, la diferencia está en que en la eficiencia se relacionan la energía primaria y la final y en la TRE se relacionan la energía primaria y las pérdidas (energía primaria – energía final). Viendo la gráfica lo podemos comprobar.
Gráfica 1                                              Eficiencia y TRE mundial Datos de AIE
Ya que con datos estadísticos TRE y eficiencia es lo mismo, yo prefiero utilizar el cálculo de la eficiencia dentro de las gráficas, ya que el concepto de la eficiencia no lleva los costes asociados que si puede llevar la TRE, además la estadística incluye ya los datos directamente. Por lo tanto en el resto del trabajo usaré el cálculo de la eficiencia en las gráficas que lo necesiten.Vemos que tanto la TRE como la eficiencia disminuyen con el tiempo. La disminución de la eficiencia  y la TRE influye en el aumento de las pérdidas en el sistema energético mundial. El post  Pérdidas crecientes en el sistema de abastecimiento energético mundial muestra desde una perspectiva global de todas las energías como aumentan las diferentes pérdidas.
Eficiencia total y eficiencia total de generación eléctricaEn las dos gráficas que vienen a continuación vamos a comparar la energía primaria, final y la eficiencia tanto de la energía mundial como de la generación eléctrica mundial y vamos a comentar sus diferencias.Gráfica 2                           Eficiencia del total de la energía mundial Datos AIEGráfica 3                           Eficiencia del total de generación eléctrica mundial Datos AIE
En las dos gráficas vemos que mientras la eficiencia de la energía total mundial baja, en el caso de la generación eléctrica sube, aunque la distancia entre las líneas de la energía primaria y final aumente con el tiempo en ambas gráficas. Esto es debido a que en la energía total mundial en proporción crece más la energía primaria que la energía final; en cambio, en la energía eléctrica crece más la energía final que la energía primaria, o sea, las pérdidas decrecen. En la gráfica 2 vemos que al final de la gráfica la eficiencia parece que detiene un poco su progresión de bajada, esto es debido principalmente a tres factores:
  • Al menor uso del carbón en la energía primaria, tanto en uso final como en generación eléctrica.
  • Al parón nuclear de Fukushima.
  • El auge de las renovables de área eléctrica.
¿A que es debido el crecimiento de la eficiencia en la generación eléctrica? (grafica 3). Si quitamos de la generación eléctrica las tecnologías que no tienen pérdidas como la hidroeléctrica, la solar y la eólica, la eficiencia baja mucho; sin embargo, la gráfica todavía mantiene una tendencia creciente en la línea de la eficiencia. Si quitamos además el gas entonces la línea de la eficiencia pasa ya a ser decreciente. Por lo tanto, la eficiencia sube por el aumento en generación de las renovables y de los ciclos combinados de gas natural.Sin duda las renovables deberían ser el camino a seguir en generación eléctrica debido al incremento de la eficiencia que inducen en el sistema. Sin embargo, las renovables tienen un problema muy grande, que es el bajo factor de carga que tienen. Esto hace que haya que montar mucha infraestructura renovable para que luego devuelvan muy poca energía al sistema. Esto a su vez hace que el crecimiento renovable sea muy pequeño y por lo tanto quede anulado solo con el crecimiento de la demanda del consumo eléctrico mundial. En la siguiente gráfica lo podemos ver.Grafica 4                    Proporción de energía primaria utilizada en generación eléctrica
Vemos en la gráfica que actualmente solo las nuevas tecnologías renovables eólica y solar pueden aguantar el tirón del crecimiento en el consumo mundial de energía eléctrica. La todavía creciente hidroeléctrica ya no puede; por lo tanto, la proporción actual comparada con 1990 es un poco más pequeña. La hidroeléctrica de grandes pantanos hace tiempo que llego a su cenit en los países OCDE; cuando llegue al cenit en los países no-OCDE, si continúa el crecimiento mundial de consumo eléctrico, la hidroeléctrica irá a menos como le está ocurriendo a la nuclear. Habrá que ver si las nuevas tecnologías renovables eólica, solar y quizás geotérmica pueden sostener ellas solas el crecimiento de la generación eléctrica renovable.
En el sistema energético mundial no tiene sentido hablar de TRE del petróleo.Esta idea ya la dejé caer en el post anteriormente relacionado. (ver gráfica 2 del post Pérdidas crecientes en el sistema de abastecimiento energético mundial). Visto lo poco que caló la idea en medios picoileros insisto ahora con algunos argumentos más.La AIE facilita en su balance energético los datos de gasto energético en uso propio cuya definición le da como la energía primaria y final consumida por las industrias de transformación para su calefacción, bombeo, tracción, y alumbrado. Aquí se incluyen, por ejemplo, el uso propio de la energía en las minas de carbón, el consumo propio en las centrales eléctricas (que incluye electricidad neta consumida por acumulación por bombeo) y la energía utilizada para la extracción de petróleo y gas natural. Con el gasto energético en uso propio están formadas las siguientes dos gráficas.Grafica 5             Gasto energético en uso propio   Datos de AIEGráfica 6                    Gasto energético en uso propio Datos de AIE
Las dos gráficas están formadas con los mismos datos, la gráfica 5 representa las diferentes energías en forma independiente y lineal y en la gráfica 6 se representa la proporción de cada energía a lo largo del tiempo. Se ve perfectamente como cada vez se utiliza menos el petróleo para la extracción de los diferentes combustibles y cada vez se usa más la electricidad y sobre todo el gas natural. Esto y las menores pérdidas en transformación hacen que inevitablemente la energía neta del petróleo sea cada vez más alta, todo lo contrario de lo que se supone. Esto son datos cuantificables que los podemos sacar de las estadísticas; a continuación las gráficas de la energía primaria, final y eficiencia correspondientes al petróleo, al gas natural y al carbón.Grafica 7                                               Eficiencia creciente en el petróleo.                                 Datos AIEGráfica 8                                   Eficiencia decreciente en el gas natural.Datos AIEGráfica 9                                 Eficiencia decreciente en el carbón.                                                                           Datos AIE
Los periodos de meseta e incremento que tiene la eficiencia tanto en el gas como en el carbón son debidos a la distorsión que produce la energía destinada a la generación eléctrica con gas y carbón. Quitando esta energía la eficiencia es descendiente en ambos combustibles.Vemos en las tres gráficas anteriores que la eficiencia del petróleo es la más alta y que además es la única que está en crecimiento; esto es debido a que el petróleo y sus derivados apenas son gastados en transformación y usos propios. Por poner un ejemplo, en la generación eléctrica, que es la transformación que más pérdidas tiene con diferencia, el petróleo y los productos petrolíferos solo son usados un 6%, mientras que el carbón es usado un 50% y el gas natural un 18%. Y además las pequeñas transformaciones restantes son en su mayoría para formar petróleos sintéticos. Todo esto hace que en el petróleo y sus derivados, la gran mayoría de la energía consumida sea usada en destino final, el transporte en gran medida, de ahí su alta energía neta. Esta alta eficiencia y energía neta en el petróleo convierte en especulativo cualquier cálculo en el que se pretenda tener en cuenta su TRE, y por supuesto no reflejará la realidad. Esto conviene tenerlo en cuenta porque quizás esta sea una de las causas que inducen a la multitud de predicciones fallidas que acaban desacreditando y haciendo perder la confianza en el mensaje picoilero.
Ignorando la TREAcabamos de ver como se está potenciando el gasto del petróleo y sus derivados en energía final, limitándoles cada vez más en usos propios y transformaciones, usándose para estos últimos usos el gas, el carbón y la electricidad. Esto hace que no tenga sentido calcular la TRE de los combustibles fósiles de forma individual. El sistema tiende a globalizar todas las fuentes de energía y en especial de las que más dispone como son el gas y el carbón. El gas está resultando una energía casi tan eficaz como el petróleo, está sustituyendo a éste en prácticamente todos los sectores de consumo (se puede ver en Consecuencias del cenit del petróleo). En el transporte todavía no está sustituyendo al petróleo, pero sólo porque no lo necesita; por ahora se limita solo a facilitar la fabricación y extracción de petróleos no convencionales y en declive, pero en un futuro podría incluso empezar a sustituir a éste en automoción, ya que un motor de gasolina normal con pocos cambios puede admitir el gas. El carbón ya no es tan eficaz como el gas; sin embargo, si lo convertimos a electricidad sí. Actualmente el 58% del carbón es usado para generación eléctrica y solo el 28% es usado en consumo final.  Todo esto lo podemos ver en el siguiente gráfico de la energía del mundo por combustibles y sectores.Gráfica 10               Energía primaria y final del mundo por combustibles y sectores, año 2014Datos de AIE
Los sectores representados en la gráfica que pertenecen a la energía final son la industria, el transporte, residencial, comercial  y servicios públicos, y finalmente otros usos en el cual hemos englobado la agricultura, la pesca, gasto no especificado y gasto en uso no energético.Se puede ver en la gráfica que el gas natural y la electricidad son las energías más adaptadas a todos los sectores de la energía final exceptuando el transporte, que está altamente especializado en los derivados del petróleo. Vemos también que el carbón está prácticamente especializado en generación eléctrica. Puede parecer que también está especializado en industria, pero solo en el caso de China que consume el 66% del carbón del sector de la industria. La OCDE solo consume un 11%, dependiendo totalmente en este sector del gas natural y de la electricidad con un 33% cada unoTodo esto hace que mientras el carbón y sobre todo el gas natural se comporten como fuentes de energía ilimitadas el sistema tratará de adaptarse a ello sin tener en cuenta conceptos como TRE, eficiencia, pérdidas o contaminación.Con la energía renovable pasa parecido, da igual que algunas tecnologías como la solar tengan una TRE baja; con el excedente energético que nos proporciona el gas y el carbón todo es viable. Una vez pasado el cenit del gas el mundo tendrá que enfrentarse cada vez más a un escenario progresivo de menos energía y por lo tanto de los nuevos proyectos energéticos se desecharán las energías menos rentables, posiblemente las que tengan menos TRE como la fotovoltaica.El caso de la energía nuclear es aún peor; hoy el mundo almacena multitud de residuos nucleares de miles de años de duración a costa del grandísimo excedente de energía que todavía se dispone gracias a los combustibles fósiles. En el futuro y con la energía total en declive se tendrá que seguir desviando energía para seguir custodiando estos desechos. Y con el agravante de que probablemente sin el aporte de la energía nuclear, ya que se habrá llegado al cenit del uranio, y además se procurará no generar más residuos. Esto significa que nuestros descendientes cargarán con un problema que nosotros hemos ignorado por no querer tener en cuenta conceptos como el de la TRE.Como ya se ha visto, no tiene mucho sentido calcular la TRE de fuentes aisladas en un escenario global de energía. También vemos que una cifra aislada de la TRE no nos dice gran cosa. Sin embargo si tomamos toda la progresión y vemos la gráfica de todas las fuentes de energía en su conjunto (gráficas 1 y 2), hay algo que sí nos dice claramente y no se quiere tener en cuenta. La TRE baja progresivamente y se va acercando al uno, y por lo que vemos, de forma imparable. Que no se diga luego que no nos está avisando.
¿Y cómo se puede reflejar esto en la economía?Aunque puede parecer que no tenga que ver con el tema, dado el creciente interés economicista de buena parte de la peña picoilera, intentaré reflejar un hipotético escenario de cómo puede afectar la escasez de energía a la economía mundial.Para empezar hay que tener en cuenta algunos conceptos sobre economía:
  • La economía no es una ciencia. Es una serie de reglas cambiantes que nosotros mismos nos vamos marcando. Los que tenemos ya algunos años hemos podido constatar lo que ha cambiado la economía hacia formas más insostenibles: intereses por los suelos, bancos descapitalizados y acceso a créditos sin ninguna garantía. Se prima el derroche y no el ahorro. Endeudarse hoy es moda cuando antes era casi un pecado.

  • La economía actual ya es insostenible per se. Es un sistema basado en la producción de grandes cantidades de productos baratos para potenciar el consumo. Y que a su vez para ser más competitivo y tener los productos más baratos promueve la mecanización, la inmigración  y la deslocalización de empresas buscando una menor y más barata mano de obra. Esto hace que la masa laboral pierda cada vez más poder adquisitivo lo que tarde o temprano repercutirá en el consumo.

Como vemos la economía no necesita de escasez de recursos ni escasez de energía para irse al traste, ya lo está haciendo por sí misma. Sin duda si añadimos a la ecuación la escasez de recursos y de energía, ayudarán y acelerarán el proceso.En caso de que antes no se vaya al traste la economía yo contemplo tres etapas donde la economía tendrá que actuar o cambiar:
  1. Auge de petróleos no convencionales: En esta etapa es en la que estamos metidos actualmente. Se caracteriza porque los petróleos no-OPEP han llegado al límite y se empieza a compensar con petróleos no convencionales. La producción OPEP todavía resiste, aunque controlada la producción según los intereses de la organización. Estos petróleos no convencionales son más caros y necesitan de precios más altos. Debido a dinámicas del mercado los pecios pueden bajar como ha pasado recientemente, y esto hace que las empresas se resientan. El sistema compensa la situación de forma satisfactoria haciendo trampas, permitiendo endeudarse a los países productores y a las empresas energéticas afectadas.
  2. Cenit del petróleo: La OPEP llega al cenit lo cual significa que su producción va a disminuir poco a poco y año tras año. Los petróleos no convencionales apenas pueden mantener la demanda. En pocos años el precio sube mucho.
En este caso ya no sirven de nada las compensaciones económicas, se ha llegado a un límite físico y por lo tanto de nada sirve hacer trampas con la economía. El sistema económico no tiene más remedio que cambiar para adaptarse a la nueva situación. Al sistema todavía le queda un balón de oxígeno, que es prescindir de la automoción ya que el vehículo privado es el sector de mayor consumo de productos petrolíferos del mundo y a su vez el más prescindible. Es la mejor opción, ya que tanto en el coche eléctrico como en el de gas sus previsiones de crecimiento son bajas a corto y medio plazo,Aparecerán campañas de difamación del automóvil apuntando a su contaminación, peligrosidad, congestión del tráfico, etc. Se restringirá su uso en núcleos urbano. Se subirán los impuestos al automóvil para penalizar el uso y la compra. Y a todo esto añadiendo el alto precio del combustible.
  1. Cenit del gas: El mundo llega al cenit del gas lo que significa que el gas detiene su crecimiento pasando a disminuir poco a poco. Junto al gas también se ve afectado el petróleo ya que el gas era el que hacía viable la decreciente pero todavía grande producción de petróleo.
Probablemente con el cenit del gas también se llegue al cenit de la energía mundial, ya que aunque queda el carbón, éste es mucho menos eficaz en su producción en su transporte y en destino final; resulta más útil cuando es usado masivamente en generación eléctrica más que en destino final, aunque a costa de una contaminación y unas pérdidas brutales. Debido a esta menor eficacia del carbón, muy probablemente no va a poder sustituir al gas; por lo tanto, todos los sectores de la energía final quedarán afectados, y más especialmente en los países desarrollados que dependen fuertemente del gas. Con el cenit de la energía, el consumo mundial de energía no puede subir más y empieza a bajar, y con él también el PIB. El sistema económico mundial basado en el hiperconsumo de productos baratos ya no puede sostenerse ya que cualquier cosa que hace el sistema le cuesta energía que está empezando a escasear; por lo tanto el cambio de la economía es obligado y tiene que producirse hacia economías más tranquilas que gasten mucha menos energía. Es el fin de la sociedad de consumo.
Las variantes de este escenario pueden ser diversas; y debido a la falta de fiabilidad de las reservas las fechas de cambio son imposibles de estimar, a la etapa dos se podría pasar el próximo año o dentro de diez. Si se alarga la etapa uno, se podrían dar casi al mismo tiempo la etapa dos y la tres. La OPEP podría forzar un cenit artificial, ya lo intentó en el 2004. Podrían ocurrir crisis parciales como la del 2008,  etc.Queda la duda de cómo se producirá el cambio final a la etapa tres, si más o menos traumático. Supongo que esto dependerá de la capacidad que tenga el ser humano de reconocer el problema. Conceptos como la TRE y la eficiencia nos ayudan a entender y a asumir la situación, pero lo que es por ahora, poco caso que les estamos haciendo.
Saludos
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