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La dificultad de reconocer el colapso

The Oil Crash - 15 June, 2017 - 17:43


Queridos lectores,

Hace algunos años leí un artículo muy bueno que describía con gran precisión cuáles eran los problemas que sufría Yemen y cuáles eran los terribles riesgos a los que podría enfrentarse en un futuro cercano. Quien lo escribía era un yemenita formado en alguna universidad extranjera, con buen conocimiento de la situación de su país y de la escena internacional. Lo curioso del análisis de esta persona es que, a pesar de percibir el riesgo inminente de una guerra civil en Yemen, no era capaz de integrar correctamente el problema que representaba la caída de la producción nacional de petróleo. Para él, era un problema de dejadez y de falta de inversión, sin comprender que, además de esos problemas, había un factor bastante determinante, que era la llegada de Yemen al peak oil, con el agravante de que la bajada por el lado derecho de la curva de Hubbert fue especialmente abrupta para ese país. Desgraciadamente para Yemen, los peores augurios que podíamos hacer para ese país se cumplieron y ahora Yemen, dividido en seis partes, se desangra en una inacabable guerra civil en la que una coalición de países árabes, liderada por Arabia Saudí, también está participando.

Cuando uno habla del colapso de la civilización, o más específicamente del colapso de un país, existe una cierta tendencia a hablar de manera bastante abstracta y con cierta noción de cosa remota, distante en el tiempo. Un colapso, sobre todo si se verifica de manera rápida y descontrolada, es algo bastante desagradable, con respecto a lo cual uno necesita, por higiene mental, poner una cierta distancia para poder hablar de ello. A pesar de que generalmente un colapso es más un proceso que un momento puntual, y que es una situación a la que las más de las veces es posible irse adaptando progresivamente, las graves implicaciones de ese amargo declinar para nosotros y para las personas que queremos hacen que prefiramos hablar de ello de manera teórica, cuando no hipotética. El mayor riesgo de este discreto escapismo intelectual es que, al no concretarlo y sustanciarlo a nuestra situación real y subjetiva, no seamos capaces de reconocer la forma concreta que tomará el colapso en el contexto de nuestras vidas, y que toda la discusión teórica previa se quede en un mero ejercicio de salón.

Viene esta reflexión a cuenta de la lluvia de comentarios que han recibido mis dos últimos posts. En el primero de ellos analizaba cómo una hipotética secesión de Cataluña provocaría un colapso rápido y temprano tanto del nuevo país como de lo que quedase de España, y que tal colapso prematuro sería una oportunidad para "colapsar mejor", algo que debería parecer deseable si uno está convencido que el colapso es, al final, inevitable en algún momento de nuestra historia no tan futura. En el segundo post analizaba el escenario que me parece más probable, en el que Europa se ve abocada al uso de la fuerza militar de manera sistemática para garantizarse el flujo de recursos considerados esenciales para el mantenimiento de la actual sociedad industrial, y que tal cosa implica un creciente autoritarismo interior con fuerte represión de la disidencia. En tal escenario, España sería un país más de ese conglomerado belicista y autoritario, y seguir tal camino nos llevaría a un colapso más tardío pero más anárquico y probablemente finalizando en situaciones mucho menos deseables; en suma, que nos llevaría a "colapsar peor".

Por desgracia, al bajar del terreno de las consideraciones meramente especulativas acerca del colapso a otras no menos teóricas, pero al menos más concretas y cercanas a nuestro paisaje humano y político, el hilo de las numerosas discusiones que he podido observar en diversos foros de internet se ha dispersado por completo del foco de la discusión, que no era otro que intentar imaginar posibles escenarios de colapso un poco (sólo un poco, lo admito) más realistas y menos hipotéticos que los habituales. Así pues, después de la publicación del primer post, muchos lectores independentistas catalanes se sintieron ofendidos porque en el texto se califica la situación política actual (incluyendo ambos bandos) de "vodevil" y ciertas actitudes de los próceres catalanes de "patochada"; muchos se sintieron contrariados porque no hice una vez más la glosa de todos los agravios contra Cataluña (la mayoría reales, algunos imaginados), y alguno llegó a decir que mi post es el típico discurso unionista (!!), haciendo apelación al miedo (lo de "unionista" podría entenderlo, pero lo de "típico" me sorprende y sobresalta). En cuanto publiqué el segundo post (cosa que tenía planeada desde el principio), pude constatar un aluvión de comentarios que se quejaron de que pasara por alto la corrupción de la política catalana (tema que he comentado miles de veces y del cual hablaba en el post anterior), denostaron mi presunta adscripción al independentismo catalán (de nuevo, ignorando mi post anterior), e incluso alguno llegó a decir que había escrito el post para hacerme perdonar, entre mis amistades catalanas, por el anterior. Lo interesante del asunto es que, a pesar de que ambos posts de lo que van es sobre las formas concretas que puede tomar nuestro colapso concreto, las personas que comentaron sobre el fondo del asunto son una franja muy minoritaria.

Los lectores que leen este blog desde allende nuestras fronteras pueden encontrar tal desparrame dialéctico como mínimo pintoresco, pero creo que podrán sacar lecciones interesantes para ellos mismos, ya que tal ejercicio de concreción de los escenarios de colapso a su propio territorio, tomando elementos concretos de la tensión política actual allá donde vivan, probablemente suscitaría una dispersión discursiva semejante a la que hemos vivido al tratar el caso de España.

Hace 7 años, bastante al principio de este blog, escribí un post que también fue bastante polémico en su momento: "El peor escenario posible". Un año más tarde publiqué su contraparte, "El mejor escenario posible". En ambos posts analizaba los dos escenarios más extremos en cuanto a pesimismo y optimismo, a una escala bastante global, sobre hacia qué podría evolucionar nuestro sistema económico y social. Unos meses más tarde publiqué otro ensayo, "La Gran Exclusión", al cual me refería como "el escenario más probable". Todos esos artículos fueron bastante polémicos por las posibilidades que planteaban, bastante discordes con el pensamiento imperante del momento, aunque si uno los mira ahora, pasados 7 años, no son más inverosímiles sino quizá menos (dejando al margen la datación precisa de eventos). Con todo, esos ejercicios de proyección de escenarios pecaban de ser demasiado vagos e inconcretos en nuestra realidad social particular, y en mi caso en concreto española. Con los dos nuevos posts, he pretendido reformular dos escenarios mínimamente verosímiles y más cercanos en el tiempo y en el espacio, y al igual que entonces con un mejor escenario y un peor escenario. 

La intención de escribir sobre esos dos escenarios de colapso es la misma que entonces: analizar las posibilidades y dar a los lectores asideros conceptuales que puedan usar para reconocer eventos si se llegan a dar y saber reaccionar ante ellos. Cabe destacar que yo no hago predicciones, pues no soy adivino ni quiromante. A algunos lectores les ha sorprendido que el segundo escenario sea en cierto modo contradictorio con el primero, sin darse cuenta de que son eso, escenarios. No deja de ser peculiar que, a pesar de las numerosas salvedades que introduzco en el discurso, dejando clara la naturaleza hipotética y especulativa de lo discutido, se tomen como afirmaciones rotundas.

Si se ha producido un cambio en estos siete años de singladura de este blog es que a estas alturas veo el colapso, como mínimo un cierto grado de colapso, como algo inevitable. Habiendo una tal acumulación de evidencia de que hemos pasado el peak oil del petróleo crudo convencional, que probablemente habremos superado ya el peak oil de todos los hidrocarburos líquidos, que carbón y uranio también parecen haber tocado techo y que las compañías productoras de hidrocarburos se están arruinando y eso puede precipitar el descenso energético, parece mentira la absoluta falta de proactividad de las instancias políticas para anticipar los problemas. Queda claro que sólo se va a reaccionar, no a anticipar, y que por tanto un cierto grado de destrozo no sólo es inevitable sino necesario (al fin y al cabo, no hemos recuperado el nivel pre-2008 y sin embargo no ha habido una modificación sustancial de los discursos ni mucho menos estructural). El otro cambio importante en mi percepción es que el escenario que describo como el peor es al tiempo el que considero más probable.

Lo más interesante de este ejercicio de prospección, con todo, ha sido el tenor mayoritario de las reacciones de los lectores. Teniendo en cuenta que los foros donde se han comentado estos posts son muy minoritarios, donde pulula gente bastante concienciada con la problemática de sostenibilidad que se discute en estas páginas (filo-colapsistas, se les podría denominar) no deja de ser triste y decepcionante ver como la mayoría han caído en la trampa de la visión política actual. Se estaba hablando de colapso, pero la gran mayoría ha preferido hablar de los agravios de unos contra otros, y se han esgrimido los mismos argumentos pro y contra tantas veces escuchados en los medios. Es evocar determinados temas y la reacción es la estereotipada, la inculcada machaconamente a través de la propaganda camuflada de información, dominando cerebros, voluntades y deseos. En ese sentido, el experimento que he realizado de concretizar los escenarios del colapso ha sido un rotundo fracaso factual aunque sea un éxito conceptual.

Ha sido un fracaso, porque el ejercicio demuestra que, si finalmente el devenir de la Historia nos hiciera explorar uno u otro de los escenarios que yo exploraba, los protagonistas serían incapaces de reconocer que se trata de un escenario de colapso, ni tan siquiera aquellos que conocen toda la problemática y que han discutido teóricamente acerca del colapso. La cortedad de miras de la discusión política actual y la gran persistencia de las ideas-fuerza inculcadas con la propaganda hace que se nuble todo lo demás, que todo se pierda de vista. Se cae fácil y rápidamente en la descalificación personal, se personalizan los argumentos con una celeridad asombrosa y se pierde por completo cualquier perspectiva de qué es lo que está pasando realmente. En ese sentido, si no se lucha decididamente contra esos arquetipos intelectuales tóxicos con los que se dirige toda la discusión, discurriremos como borregos por el sendero trazado hasta nuestro colapso más absoluto, y ni siquiera reconoceremos el proceso sobre el que tanto hemos llegado a teorizar. Ahí está la mayor dificultad: ser capaces de reconocer el colapso, que es el primer paso para poder reaccionar ante él.

Sin embargo, creo que lo que ha pasado es un éxito conceptual. Y es que ha mostrado con un ejemplo contundente la fuerza que tienen esos arquetipos tóxicos y cómo pueden dificultar nuestra reacción en los tiempos de colapso. En particular, creo que lo que ha sucedido debería ser una invitación a la reflexión, a una reflexión profunda.

Por mi parte, si quieren un mensaje sencillo con el que resumir la lección aprendida, vayan ahora a desconectar su televisor.

Salu2,
AMT
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Lucha de Clases

Ácratas - 15 June, 2017 - 11:44


El único mundo que consideramos justo es aquel en el que no exista la explotación. Explotar consiste en tomar la energía física o intelectual de un trabajador a cambio de un salario mucho menor que la riqueza que su esfuerzo produce. Por lo tanto, explotadores son los empresarios de cualquier nivel, los financieros que viven de explotar al propio dinero y, lo que es peor, el Estado. Todos ellos extraen riqueza del esfuerzo de la clase trabajadora.

Muchos explotadores trabajan también: organizan su empresa, negocian y venden bienes y servicios. No es por eso por lo que siguen siendo explotadores. Lo son cuando, aparte de su propio salario, obtienen beneficios empresariales.

¿A qué viene esta obviedad? Pues viene a que, si algún concepto ha desaparecido del léxico común político, es el de "clase trabajadora".

La lucha de clases es un concepto marxista cuyo objetivo era y sigue siendo desclasar a la sociedad, convertirla en una única clase y forma de vida. Un concepto que, en su consecución final, acabaría con la necesidad de la existencia del propio Estado, al desembocar como todo río, por bravo que sea, en el océano de la paz social: la Acracia.Aclaro para los trolls y espías que acracia no es anarquía, sino respeto por una clase de orden pactado inter pares.

Los estados de socialismo real, como la URSS o China, han triturado el marxismo, víctimas de la burocracia frente a un capitalismo de medios infinitos --los capitalistas de la élite mundial fabrican el dinero de la nada--. La caída de la URSS a causa de la corrupción de sus altos funcionarios, ahora magnates capitalistas, ha desembocado no en el océano de la paz social, sino en un mar muerto pestilente en el que la clase trabajadora no ha desaparecido, sino que se ha convertido en una clase esclavizada. El proletariado ha devenido en precariado al aceptar recortes de derechos y sueldos de miseria.

Es muy fácil averiguar quién pertenece o no, aquí y ahora, a la "clase trabajadora". Quien vive de una nómina de la que se detraen impuestos por IRPF es clase trabajadora. Si tienes dudas de si perteneces o no a la clase trabajadora, mírate los brazos. Si detectas en ellos la huella de un pinchazo de Hacienda cada mes, perteneces a la clase trabajadora.

Pero hay personas que pertenecen también a la clase trabajadora, aunque el sistema intente convencerlos de que no es así:

Si eres un autónomo sin empleados, perteneces a la clase trabajadora.

Si eres un jubilado de la clase trabajadora, sigues perteneciendo a tu clase hasta que fallezcas.

Si eres un parado en busca de empleo, perteneces también a la clase trabajadora.

Si eludes a Hacienda trabajando en negro, perteneces a la clase trabajadora, aunque te creas que te entiendes "cara a cara" con el empresariado.

La ancestral "lucha de clases" ha sido siempre el objetivo a batir por el Capital. Hoy día, la lucha de clases es ya casi delictiva, con la aquiescencia de los sindicatos estatales y del propio Estado que legisla contra los trabajadores.

El melifluo canto de sirena que el Capital te propone es que trabajes y ahorres para la vejez comprando acciones de compañías multinacionales o invirtiendo en algún producto bancario. Así serás una mezcla de trabajador/capitalista. Pertenecerás a la clase trabajadora durante tu vida laboral para pasar directamente a la explotadora capitalista a tu vejez. Esa solución ya ha mostrado sus vergüenzas. Las estafas de los bancos y las falsas cotizaciones de las multinacionales, que detraen el beneficio a paraísos fiscales te arruinará. Morirás rebuscando en los contenedores de basura.

Aquí no hay más solución que la de hacer acto de contrición, reconocer que has sido engañado durante muchos años y volver a las trincheras de la lucha de clases. Porque tu enemigo es tan poderoso que te aniquilará si no lo haces.

Te lo vuelvo a recordar: tu enemigo tiene muchos tentáculos, como el Kraken: es el capitalismo financiero; es el empresariado aristocrático, es el Gobierno de la nación, son los partidos políticos (todos, sí, incluso IU o Podemos) incrustados es el Parlamento del Estado; es la alta judicatura que te criminaliza; es la burocracia que te ahoga y son las fuerzas represivas que te espían.

¿Y cuál es la solución? Si te afilias a un sindicato estatal serás vendido como carne de cañón. Si militas en un sindicato anarquista y te señalas como disidente, estás perdido. Si te manifiestas colectivamente, serás fichado. No hay privacidad en Internet ni en la telefonía mundial. Todo se filtra en monstruosos ordenadores que tratan los big data.

La solución, tras la aparente derrota total de de clase trabajadora es radical: que significa regresar a la raíz. La lucha de clases la realizan individuos concienciados e irreductibles que, siguiendo las teorías de La Boètie(1), saben que NO DEBEN COLABORAR CON EL PODER de ninguna forma. Individuos que no escuchan cantos de sirena, que se informan fuera de los circuitos de los mass media, que aprenden porque leen. Y que jamás se sienten vencidos, sino a lo sumo derrotados en alguna batalla. Individuos que se retiran, curan sus heridas, se pertrechan y vuelven orgullosos a las trincheras para seguir combatiendo.

ACRATAS


(1)La Boètie en su Discurso de la Servidumbre Voluntaria: "No os pido que toméis la espada para luchar contra los tiranos, sino sólo que no colaboréis con ellos".



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España ante el colapso

The Oil Crash - 13 June, 2017 - 17:36

Queridos lectores,

En el post anterior discutíamos cómo una eventual secesión de Cataluña podría acelerar el colapso de España (posiblemente aderezado con la secesión de más territorios, como comentábamos hace tiempo). Un colapso temprano y precipitado como el que sobrevendría es lógicamente percibido como algo negativo por nuestras élites, por todo por lo que les supondría de pérdida de poder tanto político como económico, y la final y efectiva desintegración de nuestro sistema económico. Justamente por eso, dado su carácter destructivo e inestable (ahora más que insostenible), un colapso rápido de nuestro sistema económico evitaría profundizar más en la degradación ambiental y también en el agotamiento de recursos básicos para nuestra supervivencia futura, ya que cuando los combustibles fósiles avancen en su declive terminal será el medio natural el que, como habitualmente a lo largo de la Historia, nos proveerá de los recursos que necesitemos.

Delante del desafío independentista catalán, desde España sólo se ha sabido dar una respuesta autoritaria y poco abierta a la negociación. Eso, por supuesto, ha espoleado el sentimiento nacionalista e independentista entre una buena parte de la población catalana, ya bastante avivado por los muchos años de agravios en la gestión de la cosa pública que muchas veces miraba a Cataluña como un recurso a explotar y cuyas demandas simplemente se ignoraban. Esa visión extractivista de la periferia que sostienen las élites españolas no se ha dado, por supuesto, sólo hacia Cataluña (durante mi infancia y adolescencia en León, no pocas veces pude escuchar críticas hacia el hipercentralismo, y contra el desdén respecto a las necesidades de los que vivíamos "en provincias"), pero siendo Cataluña un territorio más rico en lo económico y con una cultura y lengua propia en lo cultural es en ese territorio que se ha podido hilvanar un relato más consistente que en otros lugares, un relato que describe el extractivismo centralista de un conflcito de "ellos contra nosotros" (cosa nada fácil de hacer en un lugar como León, por ejemplo, pues tal distinción está lejos de ser evidente). Pero teniendo en cuenta, precisamente, la historia común de Cataluña con España, la disgregación del territorio de Cataluña no es ni mucho menos el único ni necesariamente el más probable de los escenarios en el corto plazo para España.

Cuando escribo estas líneas, el Govern de la Generalitat ha anunciado ya la fecha y pregunta del referéndum que dicen querer realizar el próximo otoño para preguntar a la población de Cataluña sobre la continuidad de esta hoy comunidad autónoma en el seno de España. El Gobierno de España está en una posición de esperar acontecimientos, y es seguro que en cuanto el Govern firme la primera ley o decreto con la que pretenda dar cobertura legal al referéndum y al proceso de autodeterminación, el Gobierno de España comience a recurrir todas esas disposiciones legales ante las instancias jurídicas... españolas, pues, ¿en qué otro lugar podría hacer tal cosa? Pero si justamente éste es un conflicto de legitimidad, y no de legalidad, la respuesta no podría ser más errónea. Pues al final de ese camino sólo queda una salida: si, de acuerdo con la vía que ya ha utilizado anteriormente y que previsiblemente utilizará en el futuro, el Gobierno español consigue que se consideren ilegales todos esos actos de la Generalitat, el paso siguiente e inevitable es la aplicación del código penal español; y en caso de resistencia tendrá que ser usando el monopolio legítimo de la violencia que le da el ser un Estado. Pero, justamente, lo que está en cuestión es la legitimidad, y este choque de legitimidades sólo puede terminar, de proseguir por ese camino, en violencia, violencia legítima contra ilegítima, al decir de unos, o al revés, al decir de los otros (quizá para reclamar el monopolio de la violencia legítima es por lo que el ejecutivo catalán ha incluido de manera alambicada la palabra "Estado" en la pregunta del referéndum). Para el ejecutivo español, la celebración del referéndum es un casus belli absoluto, pues saben de sobras que el resultado del mismo podría perfectamente ser un "sí" a la independencia (las tornas están bastante igualadas, pero la intransigencia española y el grado de corrupción de las altas magistraturas españolas no ayudan demasiado a la causa del "no"). Desde la perspectiva centralista y extractiva del gobierno de Madrid, la eventual secesión de Cataluña es completamente inaceptable, de ahí su completa y rotunda negativa a la celebración del referéndum, usando complicadas perífrasis para intentar justificar que lo más democrático "es no votar".

Mis amigos independentistas están convencidos de que la presión internacional obligará a España a negociar, y que en realidad el proceso de secesión de Cataluña llevará el tiempo, años, que se requiere para hacer efectiva una separación de esta complejidad. Por mi parte, con un pie a un lado y otro de la frontera que separa Cataluña de lo que aún se puede llamar "el resto de España", estoy convencido de que la respuesta española será el uso de la fuerza. Los más enardecidos en el campo nacionalista catalán están deseando que las imágenes de la represión española salten a los noticiarios de los principales países europeos y que al final el clamor de la denominada "comunidad internacional" obligue al Gobierno español a detener la violencia, y como consecuencia a aceptar que no le queda otra que negociar con el separatismo catalán. Que se llegue a tal situación o no depende, fundamentalmente, de los pros y contras económicos de tal secesión, sin olvidar que la eventual separación de Cataluña de España daría brío renovado a tantos movimientos separatistas en Europa, hasta ahora bastante acallados, desde Escocia hasta la Padania, desde Córcega a Baviera, desde Bretaña hasta Euskadi. 

Aunque no se puede descartar la "salida negociada" a la crisis, creo que, para desgracia de quienes creen en una salida de Cataluña relativamente poco traumática,  los vientos de la Historia hace tiempo que han cambiado en Europa y soplan ahora de proa. Pues hace tiempo que Europa, que en otro tiempo se llenó la boca de "respeto a los derechos humanos", ha caído en una espiral belicista y autoritaria, imparable sin una revolución de base. Una Europa que ignoraría el clamor catalán aunque fuera reprimido a sangre y fuego. Y la razón de este giro deshumanizante radica, a mi entender, en la estrategia de las élites europeas para abordar la escasez de recursos naturales que viene.

El problema de la escasez de recursos naturales, que es sobre el que gravita todo este blog, es conocido desde hace mucho tiempo por las élites europeas. Numerosos son los documentos de trabajo que lo recogen, e incontables las reuniones de diversas comisiones, con asistencia de expertos, donde el tema se ha tratado. Todo es conocido sobradamente, y aunque a veces hay destellos de tecnooptimismo infundado, confiando en la tecnología extractiva del día, lo cierto que es nuestras élites son mucho más conscientes de la magnitud del problema de lo que quieren reconocer públicamente. En los últimos tiempos se ha utilizado el espejismo del coche eléctrico como un elemento discursivo tranquilizador de las clases medias mayoritarias en Occidente, a pesar de que las propias élites son más que conscientes de que el coche eléctrico es una quimera y que no va a la raíz del problema, que es la progresiva disminución de la cantidad de energía que va a llegar a Europa durante las próximas décadas. En todo caso, las élites europeas hace tiempo que saben perfectamente cuál es el camino a seguir, y la elección de Trump en los EE.UU. empuja con más fuerza a Europa a seguir ese camino: el del autoritarismo dentro de sus fronteras y de la guerra fuera.

Los últimos movimientos de Donald Trump en los EE.UU. hacen cada vez más evidente algo que ya señalamos aquí hace tiempo: los EE.UU. están tendiendo a desviar fondos para rescatar a su industria extractiva (fundamentalmente, la petrolera), que está en franca bancarrota. La idea es que, a base de desviar recursos públicos para apuntalarla (indirectamente vía reducción de impuestos, directamente vía subvenciones y rescates), se consiga que los recursos fósiles estadounidenses sean explotados. EE.UU. tiene la suerte (desde el punto de vista de sus élites extractivas) de contar con abundantes recursos autóctonos de combustibles fósiles, pero aquellos de mayor calidad hace tiempo que están en retroceso, y lo que le va quedando es de una calidad tan baja y es tan difícil de explotar que ha llevado a numerosísimas empresas a la quiebra durante la última década, tanto en el sector del carbón como en el del gas y, por supuesto, el del petróleo. Se alude continuamente a que los bajos precios actuales son los que causan esta debacle, cuando se sabe perfectamente que en el período con los precios medios del petróleo más altos de la historia la industria perdía dinero a manos llenas (y obviamente mucho más ahora mismo). Por otra parte, y a pesar de la frecuente alusión al militarismo de Trump, sus acciones son generalmente más dirigidas a un cierto repliegue táctico que no al avance militar. Es en este contexto que se tienen que entender las declaraciones de Trump al poco de tomar posesión de su cargo: los aliados tienen que asumir el coste económico de las aventuras militares en el exterior, pues EE.UU. se ha cansado de hacer el trabajo sucio pro bono. Y es que, en la visión de los halcones que ahora sobrevuelan Washington, EE.UU. tiene recursos para ir tirando durante una temporada larga, aunque eso suponga la reducción de prestaciones sociales y que una parte importante de su población se hunda en la Gran Exclusión, en tanto que los recursos que puede conseguir manu militari en el exterior resultan ser mucho más caros y menos rentables. En suma, EE.UU. no necesita recurrir a las armas para garantizarse durante las próximas décadas un cierto grado de bienestar (menor que el actual, pero aún considerable), mientras que el beneficio de las guerras exteriores no paga en absoluto sus costes. Pero ésa no es, en absoluto, la situación de Europa.

Europa dispone de escasos recursos fósiles propios, los que hay están muy explotados (petróleo y gas del Mar del Norte, carbón en Alemania y Reino Unido) y se están usando todo lo que se puede (véase, por ejemplo, el recurso creciente al carbón nacional en Alemania, en medio de su famosa y muy publicitada pero poco conocida Energiewende). Para Europa, continuar con algo parecido a la sociedad industrial actual implica conseguir fuera de sus fronteras los recursos fósiles y el uranio que necesita para mantener sus fábricas en marcha. Pero, ay, el mundo en su conjunto ya está muy explotado, y aunque las cantidades de recursos que quedan por explotar son aún vastísimas, ya no dan para satisfacer el voraz apetito de tantos comensales; encima, los que se han unido más recientemente al banquete reclaman con fuerza (y con razón) su parte. A Europa, que hasta ahora había confiado en el denominado "libre mercado" como vía principal para garantizarse el acceso a esos recursos, no le queda ya más remedio que ir a la guerra para asegurarse que estas materias van a donde deben ir. Así se metió Francia en la guerra de Malí y por motivos similares en la de Siria, y así se irán metiendo progresivamente las potencias europeas en otras guerras, en ocasiones contratando los servicios mercenarios del ejército de los EE.UU., el cual su presidente ha puesto a disposición del mercado. En esencia, EE.UU. no va ayudar a Europa a salir de su pozo, sino que se va a centrar en no caer él mismo en esa sima; pero si los europeos quieren contratarles, pues perfecto: a fin de cuentas, el estadounidense es el ejército mejor pertrechado del mundo y de hacer la guerra saben un rato largo.

No falta demasiado tiempo para que las restricciones que imponen la escasez de recursos comiencen a manifestarse indisimulablemente en Europa en general y en España en particular. De momento, Europa adopta un plan de abandono nada progresivo y sí muy agresivo de los coches de diésel, con el aliento del pico del diésel en el cogote. El problema que plantea la caída de la producción de diésel, más temprana y más precipitada que la del petróleo, era algo que se podía haber anticipado hace años, pero la doctrina neoliberal que impera en el pensamiento económico hoy en día hace imposible hablar de mecanismos de ajustes entre oferta y demanda diferentes de los de un mercado presuntamente libre y eficiente. De la misma manera, se empieza a hablar de manera abierta de que los milennials tendrán menos coches y recorrerán menos kilómetros, y que la fórmula de movilidad del futuro que adoptarán estas nuevas generaciones de jóvenes decididos son la compartición de vehículos y el redescubrimiento de lo local, toda una loa a hacer de la necesidad virtud. Por la misma razón, la imposibilidad de los países occidentales de incrementar su consumo de petróleo por el estancamiento, si no declive, de la producción mundial, y la competencia de otras regiones por esos mismos recursos, se vende bajo el falaz discurso del "pico de demanda" o peak demand (cosa que sabemos que los datos no sustentan mínimamente). Estamos viendo que el relato colectivo que poco a poco se va haciendo permear, en el que las sociedades occidentales van siendo lentamente adoctrinadas, es uno en el que se aceptan como decisiones razonables de consumidores concienciados y responsables lo que no es más que una imposición externa, una imposibilidad de seguir creciendo en nuestro consumo, una necesidad de adaptarse a un mundo con límites.

No todo va a ser tan sencillo; la publicidad o propaganda tiene una efectividad muy grande, pero no ilimitada. Al recurrir a recursos con Tasas de Retorno Energético (TRE) cada vez más bajas, una proporción cada vez mayor de la población tendrá que trabajar en la mera producción de energía y mucha gente se verá reducida a la mera subsistencia. De hecho, el intento de mantener un sistema económico orientado a la producción y al consumo a pesar de la evidencia creciente de la escasez de recursos lleva a plantearse graves dilemas sobre el futuro del orden social, y en última instancia sobre la viabilidad o incluso el interés de mantener este sistema económico y productivo. Dada la inercia mental y social de las élites, que ven cualquier posible cambio como una amenaza a su status quo, lo más probable es que intenten mantener a ultranza el sistema actual, usando para ello los resortes de la violencia legítima de los Estados, los cuales ya hace tiempo que han cooptado (¿a quién se le oculta que los Estados legislan y ejecutan más en favor de las grandes corporaciones que de los ciudadanos de a pie?). Por eso, a medida que una proporción mayor de la población caiga en la semiesclavitud y la exclusión, simplemente para mantener lo que se pueda mantener de la sociedad industrial, será necesario usar cada vez dosis mayores de represión y legislación cada vez más autoritaria, eventualmente llegando a la supresión de derechos civiles hoy en día considerados irrenunciables e inalienables.

¿Cómo queda España en este contexto? Teniendo en cuenta el seguidismo cerril que hacen nuestras élites de las élites europeas, y que en Europa el escenario que se prefigura es el del autoritarismo y el belicismo, lo más probable es que España acabe embarcándose en aventuras militares en el exterior, de la mano de sus aliados, al tiempo que incrementa la presión interior para reprimir la disidencia. No debemos olvidar que en Francia el estado de emergencia (que se prolonga ya desde hace dos años) permitió una represión violenta de los grupos ecologistas que quisieron manifestarse contra la farsa de los acuerdos de la cumbre sobre el clima de París, en diciembre pasado. En España tenemos ya una ley, denominada por muchos "mordaza", que permite a la policía perseguir y encausar a personas que osen fotografiarlos por la calle, o incluso simplemente protestar verbalmente por abusos patentes de la autoridad. Tal y como están las cosas, no debería extrañarnos ver dentro de unos años una misión militar europea con la participación de España a Argelia o algún otro país norteafricano (o incluso más al sur), intervención que será jaleada por los medios de comunicación sin duda.

El gran problema de las guerras como método de asegurarse recursos es que solamente el pillaje tiene un retorno energético y económico suficientemente bueno. Pero asegurarse el flujo de recursos minerales, particularmente petróleo, implica un gran esfuerzo de control sobre el terreno, pues las minas se han de mantener abiertas y los pozos bombeando, y eso tiene un coste y un desgaste enorme, como se ha visto con la intervención militar de los EE.UU. en Irak. Sin ese control férreo, la producción del país "liberado" cae en picado en medio del colapso social y la lucha abierta entre facciones dirigidas por señores de la guerra. Como ejemplo próximo en el espacio y en el tiempo, fíjense en la situación de Libia, actualmente dividida en dos grandes facciones y decenas de otras más pequeñas, y donde la producción de petróleo pasó de los 1,6 millones de barriles diarios en la época de Gadafi a los poco más de 200.000 de ahora mismo, la mayoría de los cuales usados para engrasar el conflicto interno, que tiene todos los visos de enquistarse ad eternum. Por tanto, las campañas militares que emprenderá España junto con sus igualmente desesperados aliados europeos serán costosísimas en términos económicos y humanos, y sus costes no serán compensados por los beneficios conseguidos. Beneficios, además, que serán cada vez repartidos entre menos, lo cual acrecentará el descontento social en España (y por ende en Europa), y eso obligará a más autoritarismo y más represión.

A la larga, después quizá de una o dos décadas de campañas militares ruinosas, probablemente después de un desastre militar (pues el propio ejército se resentirá después de años de restricciones también en su presupuesto), el Estado español colapsará, de manera rápida, dramática y probablemente violenta. En ese proceso de colapso, todas las nacionalidades reprimidas aflorarán con fuerza, con lo cual lo más probable es que la nación española se disgregue en al menos media docena de nuevas naciones. Este escenario de colapso tardío, cuando procesos similares estarán teniendo lugar en Europa, es mucho peor que un escenario de colapso rápido y relativamente temprano que proporcionaba la secesión de Cataluña que comentábamos en el post anterior, entre otras cosas porque la probabilidad de que muchas de las nuevas naciones acaben en un régimen de tipo feudal será más elevado. Por eso, no es evidente que la más que previsible represión del separatismo catalán sea el mejor camino por el que pueda transitar España.

En cuanto a mi, y reflexionando en todo lo que arriba he expuesto, creo que quizá dentro de unos meses tenga que pasarme una temporada en el campo, en la masía, recluido y alejado del fragor de lo que pase 150 kilómetros más al sur (esta distancia sí que me la sé), a esperar que las aguas se calmen. Ojalá que cuando eso suceda lo que nos encontremos no sea un cenagal.

Salu2,
AMT
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Enfrentamiento en Bilderberg 2017

Ácratas - 10 June, 2017 - 14:43


Cuando el presidente Trump parece haber resuelto, más o menos, sus problemas de autoridad interna, el conflicto se desplaza al seno de la OTAN. Washington quiere que se abandone la manipulación del terrorismo, pero Londres no tiene intenciones de renunciar al instrumento que tan eficaz le ha resultado para imponer su influencia. Inicialmente organizado como caja de resonancia de la alianza atlántica, el Grupo de Bilderberg acaba de ser escenario de un enconado debate entre partidarios y adversarios del uso imperialista del terrorismo islamista en el Medio Oriente.

El Grupo de Bilderberg fue creado en 1954, por la CIA y el MI6, para respaldar a la OTAN. ¿Objetivo? Crear un marco para el encuentro de personalidades del mundo económico y del mundo mediático con responsables políticos y militares para alertar a la sociedad civil sobre la gravedad del «peligro rojo». Lejos de ser un foro de toma de decisiones, este restringido club ha sido históricamente un lugar de encuentro donde los “veteranos” tenían que rivalizar en fidelidad a Londres y a Washington y los “jóvenes” estaban llamados a demostrar que se podía confiar en ellos para enfrentar a los soviéticos.

Fue en la reunión de 1979 donde Bernard Lewis reveló a los participantes del Grupo de Bilderberg el papel de la Hermandad Musulmana en la lucha contra el gobierno comunista afgano. Este islamólogo anglo-israelo-estadounidense propuso en aquel encuentro extender la «guerra por la Libertad» (sic) a toda el Asia central.

Fue en la reunión de 2008 del Grupo de Bilderberg –o sea, 2 años antes de que comenzaran los desórdenes– que la señora Basma Kodmani (futura portavoz de la oposición siria) y el alemán Volker Perthes (futuro consejero del estadounidense Jeffrey Feltman en la elaboración del documento para la capitulación total e incondicional de Siria) explicaron por qué resultaba de interés respaldar a la Hermandad Musulmana para dominar el Medio Oriente. El dúo Kodmani/Perthes subrayaba entonces ante el Grupo de Bilderberg la «moderación» de la Hermandad Musulmana ante Occidente, en contraste con el soberanismo «extremista» de Irán y Siria.

Fue también ante el Grupo de Bilderberg, en la reunión de 2013, que el jefe de la asociación de los patrones alemanes, Ulrich Grillo, se pronunció por la organización de la migración masiva de 800 000 trabajadores sirios hacia las fábricas alemanas.

Ahora, el Grupo de Bilderberg acaba de realizar su reunión de 2017, del 1º al 4 de junio y en Estados Unidos. Lo excepcional de este encuentro es que, de los 130 participantes, no todos defendieron el mismo proyecto. En realidad pasó todo lo contrario a lo habitual: ante las intervenciones de Donald Trump en la cumbre arabo-islamo-estadounidense y en la cumbre de la OTAN, la CIA y el MI6 organizaron el primer día un debate entre partidarios y adversarios de la lucha contra el islamismo. Por supuesto, se trataba de obtener un compromiso entre ambos bandos o definir claramente las disensiones existentes y no permitir que estas destruyan el objetivo inicial de la alianza atlántica, que es la lucha contra Rusia.

Del lado del anti-islamismo (que no apunta contra la religión musulmana sino contra el islam político al estilo de Sayyid Qutb), estaban el general H. R. McMaster (consejero de seguridad nacional del presidente Trump) y la experta Nadia Schadlow. El general McMaster es un reconocido estratega cuyas teorías se han visto verificadas en el campo de batalla. Nadia Schadlow ha trabajado sobre todo en cómo convertir las victorias militares en éxitos políticos, se ha interesado mucho en la reestructuración de los movimientos políticos en los países derrotados y está a punto de publicar un nuevo libro sobre la lucha contra el radicalismo islámico.

En el bando de los pro-islamistas estuvieron:
- por Estados Unidos, John Brennan (el último director de la CIA de la administración Obama) y sus ex subordinados Avril Haines y David Cohen (a cargo del financiamiento del terrorismo);
- por el Reino Unido, Sir John Sawers (ex director del MI6 y protector de larga data de la Hermandad Musulmana) y el general Nicholas Houghton (ex jefe del estado mayor que preparó el plan de invasión terrestre contra Siria);
- por Francia, el general Benoit Puga (ex jefe del estado mayor particular de los ex presidentes Nicolas Sarkozy y Francois Hollande y comandante de las fuerzas especiales francesas en Siria) y Bruno Tertrais (estratega neoconservador del ministerio francés de Defensa);
- como representantes de las empresas privadas, los estadounidenses Henry Kravis (director del fondo de inversiones KKR y tesorero oficioso del Emirato Islámico [Daesh]) y el general David Petraeus (ex director de la CIA y cofundador de Daesh).

Como si ese desequilibrio no fuese suficiente, los organizadores incluyeron también en el debate a varios expertos en justificar lo injustificable, como el profesor Niell Fergusson (historiador del colonialismo británico).

Habrá que esperar algún tiempo para saber lo que se dijo en esta reunión y entender las conclusiones a las que han llegado o no los contendientes. Pero lo que sí es ya evidente es que Londres está incitando a un cambio de paradigma en el Medio Oriente. Si bien se abandona el modelo de la «primavera árabe» –o sea, la reproducción de la «revuelta árabe de 1916», organizada por Lawrence de Arabia para sustituir el Imperio Otomano por el Imperio Británico–, el MI6 espera crear una nueva colusión basada en el islam político.

De hecho, mientras que Washington renovó su alianza con Arabia Saudita y convenció ese reino de que tiene que romper con la Hermandad Musulmana a cambio de 110 000 millones de dólares en armamento estadounidense, Londres está tratando de montar una alianza entre Irán, Qatar, Turquía y la Hermandad Musulmana. Si el proyecto británico llegara a prosperar veríamos disolverse el conflicto «sunnitas versus chiitas» para asistir a la creación de una «media luna del islam político» Teherán-Doha-Ankara-Idlib-Beirut-Gaza. Esa nueva situación permitiría al Reino Unido conservar su influencia en la región.

El único punto de consenso entre los miembros de la alianza atlántica parece ser la necesidad de abandonar el principio que estipulaba la creación de un Estado yihadista. Todos admiten que hay que volver a meter el demonio dentro de la botella. En otras palabras, están de acuerdo en que hay que acabar con el Emirato Islámico (Daesh)… aunque algunos de sus miembros a al-Qaeda puedan acabar siendo transferidos a al-Qaeda. Eso explica el hecho que –inquieto por su supervivencia personal– el Califa autoproclamado haya hecho llegar secretamente un ultimátum al primer ministro británico y al presidente de Francia.

En los próximos meses veremos si es real el cambio de Arabia Saudita. De ser verdadero, sería una buena noticia para los sirios… pero resultaría mala para los yemenitas –cuya tragedia seguiría manteniéndose en silencio en el mundo occidental. Con su cambio de actitud, el rey saudita Salman se abre a sí mismo la posibilidad de hacer evolucionar el wahabismo –que actualmente es una secta de fanáticos– para convertirlo en una religión normal. Ya en este mismo instante, el súbito conflicto entre Riad y Doha alrededor de Irán viene acompañado de una polémica sobre el posible parentesco entre el fundador de la secta –Mohammed ben Abdelwahhab– y la dinastía qatarí de los Al-Thani, pretensión que pone locos de rabia a los miembros de la dinastía Saud.

El proyecto del «islam político» consiste en unir a los miembros de la Hermandad Musulmana y los partidarios de Khomeiny. Ese proyecto implica que Irán, e incluso el Hezbollah, adopte esa problemática como reemplazo de la lucha antiimperialista. Si llegara a concretarse, Irán se retiraría de Siria. La Casa Blanca toma muy en serio esa posibilidad y se prepara –con gran temor– para enfrentarla. Para ello, Donald Trump ya designó a Teherán como su nuevo enemigo en su discurso de Riad y acaba de nombrar a Michael D’Andrea (el organizador del asesinato de Imad Mougniyeh, perpetrado en 2008, en Damasco) como responsable de la acción de la CIA relacionada con Irán.

Rusia ya se había preparado para una nueva distribución de las cartas en el Medio Oriente. Ha seguido adelante con su ambición de lograr acceso a las «aguas cálidas», mediante su apoyo a Siria, y de poder circular a través de los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo (pasos obligados para entrar en el Mediterráneo), acercándose para ello a su adversario hereditario, que es Turquía. Pero a largo plazo, el islam político sólo puede acabar trayéndole problemas en el Cáucaso.

Como siempre sucede cuando los jugadores se reparten nuevamente las cartas, cada uno de ellos tiene que definir su posición. El Reino Unido defiende su Imperio, Francia defiende a su clase dirigente y Estados Unidos defiende a su pueblo. Algunos, en el Medio Oriente, lucharán por su comunidad y otros por sus ideas.

Pero las cosas no siempre son tan simples: Irán podría seguir el ideal del imam Khomeiny confundiendo el fin y los medios. Lo que comenzó siendo una revolución antiimperialista alentada con la fuerza del islam podría convertirse entonces en una simple afirmación del uso de esta religión para lograr objetivos políticos.
Las consecuencias en el resto del mundo

El MI6 y la CIA asumieron un gran riesgo al invitar a la reunión de Bilderberg 2017 al representante de un país que no es miembro de la OTAN. El embajador de China, Cui Tiankai, cuya intervención estaba programada sólo para el cuarto día del seminario, tuvo por tanto tiempo de evaluar, desde el primer día, las posiciones de cada uno de los miembros de la OTAN.

Por un lado, Pekín apuesta por la colaboración de Donald Trump, por la apertura de Estados Unidos al Banco Asiático de Inversión para la Infraestructura (AIIB) y por el desarrollo de todas sus rutas comerciales. Por otro lado, espera que el Brexit se traduzca en una alianza económica y financiera con Londres.

El embajador Cui, quien fue director del Centro de Investigación Política del ministerio chino de Relaciones Exteriores, aparentemente podría darse por satisfecho con una simple destrucción de Daesh. Pero él no ignora que quienes orquestaron el nacimiento del Califato para cortar el paso a la «ruta de la seda» en Irak y en Siria y organizaron después la guerra en Ucrania para cortar también la «nueva ruta de la seda» se preparan además para abrir un tercer frente en Filipinas y un cuarto frente en Venezuela, con los que esperan cortar otros proyectos de comunicación.

Desde esa perspectiva, China –que al igual que Rusia tiene el mayor interés en respaldar a Donald Trump, aunque sea para prevenir el terrorismo en su propio suelo– no puede menos que interrogarse sobre las posibles consecuencias a largo plazo de una hegemonía británica en la «media luna del islam político».

THIERRY MEYSSAN
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¿Independencia o muerte? ¡Ni de coña!

Ácratas - 8 June, 2017 - 23:59


La independencia de Cataluña encaja como un guante en un antiguo proyecto nazi de división de España (y de toda Europa) en pequeños estados nación fácilmente controlables. Obsérvese el plano de Europa adjunto y podrá comprobarse que la muerte de Hitler no interrumpió el proceso --véase Yugoslavia.

El proyecto nazi fue copiado por Israel para ser aplicado en los países-estado de su entorno, en los territorios que quieren que algún día constituya el Gran Israel. Y lo aplican con un éxito absoluto. Irak, Siria, Yemen, Egipto...
Ésa es la razón por la que los líderes catalanes han buscado el apoyo de Israel a la independencia en diversas ocasiones. Los casos de corrupción les están haciendo mucho daño y buscan soluciones desesperadas.

¿Y qué influencia puede tener el remoto Israel en Cataluña? Mucha, desde el punto de vista financiero. Israel controla totalmente la banca internacional sionista, servil a sus intereses expansionistas en Medio Oriente. Pero interés geoestratégico, en España, Israel tiene poco. Es el importante lobby judío de Cataluña el que quiere librar a sus familias (y con ellas, a todas las familias del piñolet) de los continuos paseos por los juzgados.

España, de ser un estado serio, necesitaría controlar sus dos puertas hacia Europa: Cataluña y País Vasco. Pero los gobiernos españoles no están --ni peperos ni socialistas-- por otra labor que la de atender al poder financiero internacional para seguirse financiando al ritmo de 250.000 millones de euros anuales. El PIB español se sostiene gracias a esos créditos, que se contabilizan como si provinieran del trabajo y de la creatividad de los españoles. Y es que los números negativos, los créditos, no existen para el PP. Existen el expolio y los sobres en B. El magro crecimiento de España es, por lo tanto, falso.

En definitiva, ¿qué opina acratas.net sobre la viabilidad del proyecto independentista catalán a estas alturas del 2017?

-Que es una quimera contraria a los propios intereses de las élites catalanas.

--La República Catalana habría de ejercer forzosamente un poder férreo como el que se ejerce en países donde las minorías suníes explotan y controlan a la mayorías chiíes. O viceversa. Un 10% lo tiene todo y el resto, nada. No por cuestiones de facciones religiosas esta vez, sino lingüísticas.

--Pero es una quimera perfectamente posible, dadas la descomposición de España.

El modelo catalán sería c por b el iraquí: 700.000 catalanets de pura cepa y apellidos franceses españolizados sometería a 7.000.000 de charnegazos resto-españoles.

En España eso no puede funcionar. No por los españoles de la península, no . A esos ni se les espera para protestar por el fraccionamiento "de su patria", que le den por culo a su patria. Los españoles que acabarían rebelándose serían los que malvivieran en Cataluña. Aparecería un Neo matrixiano que los liberase de la esclavitud. Un Neo-Lerroux que incendiara los ánimos y las calles. Y acabara por arrasar en las urnas.

JE NE M'APELLE PUIGDEMONT, JE M'APELLE PUY-DU-MONT



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Cataluña ante el colapso

The Oil Crash - 5 June, 2017 - 09:00



Queridos lectores,

Con paso lento pero firme, el vodevil catalán que hemos vivido durante los últimos años encara ya su fin, como mínimo el final de esta etapa. Después de jugar al gato y al ratón durante un año, el Govern de la Generalitat de Catalunya tendrá que decidir si decide desafiar al ordenamiento constitucional español, legal y vigente en Cataluña, al convocar un referéndum de autodeterminación en este territorio; o bien acepta que no se puede celebrar tal referéndum con todas las garantías legales, disuelve la cámara y da por acabada la legislatura convocando nuevas elecciones autonómicas, probablemente repitiendo la idea de que son "plebiscitarias", como la última vez. De la parte del Gobierno español, el otro actor en este drama con toques de farsa, la posición es bien simple: no a cualquier propuesta de cambio. Entre medias, una población catalana dividida en dos mitades imperfectas, probablemente más de la mitad deseando que se celebre el referéndum (pues no entienden que se sustraiga a la población el derecho a votar, por más razonamientos alambicados que quiera dar el Gobierno español) y probablemente menos de la mitad a favor de la independencia de Cataluña (pues no es evidente qué ventaja va a reportar eso, en tanto que los inconvenientes son muy evidentes). Después de varias escenificaciones muy teatrales y golpes de efecto más o menos previsibles (conferencia de Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, en el Ayuntamiento de Madrid; oferta a última hora del Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España, para que Puigdemont defendiera su propuesta en el Congreso, oferta que fue declinara por éste último, etc), hemos llegado al clímax de la representación, y ya sólo quedan las dos opciones enunciadas más arriba: o Puigdemont tira adelante con el referéndum con todas las consecuencias, o acepta el fracaso de la legislatura y convoca elecciones.

A mi me resulta difícil saber qué es lo que va pasar, pues los movimientos políticos, en todos los países occidentales, se manejan con claves ocultas a la mirada del pueblo cuya soberanía dicen representar, y en las que los grandes agentes económicos tienen más a decir que el pueblo llano. Tal y como yo veo la cosa desde aquí, lo que me parece más probable es que la Generalitat haga el salto al vacío e intente forzar el referéndum, posiblemente en el convencimiento de que el Gobierno español al final tendrá que ceder y sentarse a negociar (cosa que yo no tengo tan clara), y en su defecto los líderes catalanes se inmolarían política y personalmente (penas de prisión incluidas) para exacerbar la indignación popular y ganarle así el pulso al Gobierno español. Y a pesar de lo que acabo de decir, que pase lo exactamente contrario no me sorprendería en absoluto.

El gran problema en Cataluña, y que el Gobierno de España no ha sabido o querido ver, es que al margen de cómo acabe la patochada actual el sentimiento independentista en Cataluña no va a amainar, sino al contrario. Que el independentismo haya pasado de ser consistentemente el 16% del electorado catalán durante décadas hasta llegar a su cota máxima del 48% en cuestión de unos 5 años no es una cuestión menor. Alguien tendría que haber hecho un esfuerzo para entender porqué el independentismo político se había triplicado en tan breve espacio de tiempo, e intentar dar una respuesta política a lo que en esencia era y es un problema político. Por desgracia, el Gobierno de España, acorralado por múltiples casos de corrupción y teniendo que gestionar una situación interna no demasiado estable, ha preferido en todo momento reducir toda discusión en Cataluña a una tema jurídico, de mero acatamiento de las leyes, anteponiendo legalidad a legitimidad, lo cual es desde el punto de vista político una estrategia kamikaze: ¿hasta qué punto el nacionalismo catalán no se ha visto exacerbado por la intransigencia política española? Y lo peor es que aún hoy la mayoría de los líderes españoles no se dan cuenta del inmenso error estratégico de esta posición inmovilista. Así las cosas, el problema de Cataluña con España sólo puede ir a peor con el paso de los años, y lo más probable es que sólo pueda acabar cuando Cataluña consiga su independencia.

Como ya he comentado muchas veces, creo que la efervescencia independentista en Cataluña responde en mucho al proceso de decadencia de las sociedades occidentales, decadencia que ya se ha manifestado de manera particularmente evidente en Grecia, Reino Unido, EE.UU., e incluso Francia. España sólo es otra ficha más en el dominó de esa decadencia global de Occidente, fruto de una crisis que no puede acabar nunca; y es sólo cuestión de tiempo que España sufra una convulsión, previsiblemente peor que las de nuestros vecinos. El sentimiento de desconexión con las élites que experimentan la mayoría de los ciudadanos hace que todo lo que tenga que ver con el Estado se vea como ineficiente y corrupto, y que cada vez menos personas, tanto en España como en Cataluña, están de acuerdo con un continuismo que tiene una imagen cada vez más retrógrada y despreciable. Eso lleva a la curiosa y triste paradoja de que el movimiento secesionista catalán, a pesar de sus muchas limitaciones y cortedad de miras, es lo más regeneracionista que ofrece el desierto panorama político español.

Para los que vivimos aquí, en Cataluña, y más concretamente para los que somos españoles pero no catalanes, la situación es particularmente incómoda. En mi caso concreto, yo, que soy español (nacido en León, vine a vivir en Cataluña cuando ya tenía 32 años), no deseo que Cataluña sea independiente de España, fundamentalmente porque me causa mucha tristeza nuestro fracaso colectivo, nuestra incapacidad de entendernos y llegar a acuerdos razonables. Por otra parte, comprendo los argumentos que dan mis muchos amigos independentistas (porque sí, a pesar de ser español tengo amigos independentistas catalanes, algo que los nacionalistas españoles no pueden entender, en su totalitaria visión de conmigo o contra mi). Hay muchos de los argumentos de los independentistas catalanes que no comparto, y algunos que sé positivamente que son completamente erróneos; pero por otro lado no puedo alinearme con una postura de oposición frontal al independentismos porque de manera ventajista quienes la defienden suelen alinearse con los intereses de una clase corrupta y decadente, ¿y quién puede negar que España necesita una regeneración? Por supuesto que Cataluña también (la política catalana es tanto o más corrupta que la española), y el proceso de independencia no garantiza, ni mucho menos, que se supere esa corrupción. Pero no hacer nada consiste en aceptar que esto es lo que hay y que nada se puede cambiar, ya que desde España, seamos realistas, no se está proponiendo nada como cambio real y radical. Por tanto, uno no quiere votar a favor de la independencia de Cataluña, por el sentimiento de derrota y pérdida que ello provoca, pero tampoco puede votar en contra, porque es reaccionario, una aceptación tácita de lo actual. Pero por otro lado, por pocas convicciones democráticas que se tengan, es obvio que uno no puede oponerse a que se vote sobre un asunto tan trascendente y sobre el que es notorio y manifiesto que un amplio sector de la población catalana quiere manifestarse. Así que al final, en mi caso concreto, me encuentra en la paradoja, otra más de las que jalonan este camino, de querer que se vote y no poder votar ninguna de las dos opciones. Y como yo me temo que se encuentran bastantes personas, aunque al final, con un espíritu más pragmático que el mío, seguramente optarían por una u otra opción, más probablemente el sí que el no a la independencia.

Este último contrasentido, ese callejón sin salida intelectual de querer votar pero no querer ninguna de las dos opciones, ejemplifica a mi modo de ver el callejón sin salida político en el que estamos. No es de extrañar que las posiciones del sí y del no estén tan igualadas en las encuestas; en el fondo, dado que no se habla de las cuestiones verdaderamente importantes que podrían conseguirse o no con la independencia (qué tipo de república se constituiría, si se acabarían o no los privilegios, si se primarían los derechos de las personas o los intereses de las corporaciones, qué se haría con el pago de la deuda, etc), esta votación no es menos aleatoria que lanzar una moneda al aire y pedir cara o cruz. Una vez más somos la hormiga que busca infructuosamente la manzana que huele, moviéndose adelante y atrás sin darse cuenta de que la tiene encima. Por eso, querría explorar una dimensión del problema raramente (por no decir nunca) tratada: que la secesión de Cataluña supondría una vía rápida hacia el colapso, y por qué eso podría llegar a ser algo positivo.

Contrariamente a lo que se defiende desde el campo independentista, la secesión de España supondría una caída económica más que considerable tanto para España como para Cataluña. El grado de interconexión de las dos economías es total, pues Cataluña forma parte de España, la mayoría de sus "exportaciones" van a España y para España Cataluña es un motor económico fundamental. Ya desde el punto de vista meramente logístico, el proceso de secesión tiene una complejidad astronómica: desde la gestión de la red eléctrica, enormemente interconectada entre ambos territorios, hasta las redes de gas, carreteras, puertos, aeropuertos, cuencas fluviales, recursos hídricos y así un largo etcétera. Además, tal secesión no se verificaría de grado: al margen de que más de un líder independentista pueda acabar en una cárcel española, y de que acabara produciéndose cierta violencia hasta la consumación de la separación, es evidente que, por una cuestión de orgullo nacional y sabiendo cómo son nuestros líderes, España no ayudará a Cataluña a hacer más sencillo el proceso, ni tan siquiera en aquellas cosas en las que la no-colaboración perjudicase claramente a los españoles. Antes al contrario, se pondrán todo tipo de obstrucciones y pegas, y entre otras España intentaría endosarle al nuevo Estado tanta deuda nacional como le fuera posible (si le dejan). Y por si fuera poco, esta eventual secesión de Cataluña pasaría en medio de una grave crisis económica mundial, que no sólo agravaría los problemas económicos internos sino que además mermaría el apoyo internacional al proceso de transición (como mínimo, el apoyo económico). Teniendo en cuenta que la siguiente oleada recesiva muy probablemente será el inicio del largo descenso energético, la trayectoria será siempre descendente para los países occidentales, pero en el caso de Cataluña y España ese descenso sería más rápido que el de otros países de nuestro entorno (lo cual, no nos engañemos, a ellos les vendría muy bien, por lo que se supone de aumento de recursos disponibles para ellos).

Colapsar antes o más completamente que el resto de países occidentales puede tener sus ventajas, sobre todo si uno acepta un punto de vista según el cual el colapso es inevitable. Que el colapso sea o no inevitable es algo en sí mismo bastante discutible, aunque viendo la enorme dificultad para conseguir que se acepte en los ámbitos políticos la idea del decrecimiento necesario e inaplazable, y que la falta de amplitud de miras de las grandes empresas nos aboca irremisiblemente a un descenso energético y material precipitado, es difícil ser optimista sobre la posibilidad de evitar el colapso; más bien se podría decir que nuestros sistemas político y económico están programados para colapsar tan pronto como los recursos comiencen su físicamente inexorable declive (cosa que, por lo que parece, ya ha comenzado).

La Historia, disciplina cada vez más arrinconada en los currículums escolares, es una gran maestra, y si uno se toma la molestia de echarle un vistazo verá que los procesos de colapso de las civilizaciones, aunque rápidos al ser mirados retrospectivamente, toman su tiempo. Incluso en nuestro muy inestable sistema, que probablemente nos llevará a un colapso mucho más rápido de lo habitual, el colapso es un proceso que llevará décadas, y al cual la psique humana, muy adaptativa, se va aclimatando, aceptando a cada paso la nueva realidad. A los países occidentales les llevará un tiempo colapsar, porque antes de que éste se consume por completo se tendrán que haber aprovechado todos los recursos atesorados como capital, no sólo monetario sino físico. En el proceso, la falta de aceptación del momento histórico que estamos viviendo puede abocarnos al recurso a la guerra y el colonialismo como medio para garantizar la continuidad del flujo de recursos, y eso nos degradará más y peor que simplemente dejar a los demás países a su suerte, puesto que la contrapartida de la guerra fuera es el autoritarismo y la devaluación interna dentro.

Por todo ello, un colapso rápido, o más rápido que el de los países de nuestro entorno, puede tener ciertas ventajas. Como dice John Michel Greer, "Colapse ahora y evite las aglomeraciones". Si nuestro colapso se verifica sensiblemente antes que el de las naciones de nuestro entorno, seguramente, aunque sea por su propio interés, nos ayudarán a caer de una manera más ordenada; en justa compensación a su esfuerzo por nuestra parte, el peso muerto que nosotros supondríamos les llevaría a acelerar un poco su propio inevitable y necesario colapso. La idea es, al final, colapsar mejor, como tantas veces dice Jorge Riechmman; o si no somos capaces de colapsar bien, por lo menos colapsar rápido, como dice Carlos de Castro, para acabar lo antes posible con esta locura destructiva.


La enorme carga de la deuda, las espurias rencillas entre Cataluña y España, la enorme complejidad de los ajustes en la gestión de tantas infraestructuras y administraciones, y todo eso con el trasfondo de una crisis económica draconiana, podría servir no sólo para producir una fuerte caída inicial de la que nunca nos recuperaríamos, sino que probablemente pondría, tanto a Cataluña como a España en una vía de descenso más rápido de la que tendrían yendo juntas por la Historia. Así pues, la independencia de Cataluña nos llevaría a un colapso rápido pero en mejores condiciones que los colapsos que sucederán posteriormente. Por tanto, en una última paradoja, el proceso secesionista catalán supondría una gran ventaja y algo deseable tanto para Cataluña como para España. Aunque dudo mucho de que ningún representante político osara jamás plantear el debate en estos términos.


Salu2,
AMT
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Terror Yihadista El Gladio con turbante y chilaba

Ácratas - 5 June, 2017 - 08:28


Es vox populi, aunque los medios lo ocultan. El terrorismo yihadista, como el propio Daesh o Estado Islámico, son una creación de los servicios secretos de la Troika del Terror, la CIA, el MI6 y la OTAN(1), infiltrados, coordinados y dirigidos por el MOSSAD. Al Daesh lo entrenan y dirigen militares occidentales e israelíes y es financiado por diversos estados dictatoriales del planeta Tierra, como Arabia Saudita. Nada casualmente, EEUU, que interviene en países teóricamente "para salvar la democracia y los derechos humanos", protege a dictaduras fundamentalistas islámicas como la de Arabia Saudita que corta las manos a los ladrones, cuelga a los homosexuales y lapida a las adúlteras. El presidente Trump acaba de entregar al rey Saud 110.000 millones de USD en sofisticado armamento para que lo use a su antojo. Interviniendo en Yemen o en Siria, por ejemplo.

De modo que, siendo consecuentes, debemos pensar que todos los atentados que se atribuyen al terrorismo yihadista en Occidente son cometidos por las cloacas de la CIA, el MI6 y la OTAN. Por eso resultan imparables. Porque el enemigo está dentro, porque los crímenes los cometen quienes se supone que luchan contra el terrorismo yihadista. Generalmente utilizan la técnica denunciada por el oficial de la CIA de simultanear cada atentado auténtico con maniobras conjuntas con el mismo supuesto(2).

¿Y de dónde salen los culpables que aparecen en los medios, esos terroristas suicidas que se inmolan en Londres o París? Pues siguen un patrón que va desgranándose poco a poco en los medios: cabezas de turco que eran conocidos y "seguidos de cerca" por los servicios policiales de cada país. Todos ellos  delincuentes nacidos ya en el país, de familias musulmanas; generalmente relacionados con el trapicheo de drogas o los pequeños hurtos, que son detenidos por la policía. Gente occidentalizada, pero sin oportunidades de verdadera integración laboral y social. Los más vulnerables de esos delincuentes, detenidos varias veces, son escogidos por los servicios antiterroristas y se les hace una oferta irrechazable: o se prestan a ser informadores de inteligencia o  van a la cárcel. Muchos aceptan. Creen que han tenido mucha suerte ese día. Y acceden a lo que se le pide: acudir a las mezquitas y relacionarse con los extremistas ideológicos musulmanes. Como no obtienen ningún resultado, aceptan que se les hagan páginas de Facebook donde expresan ideas fundamentalistas "para así atraer a los verdaderos terroristas". Se les pagan viajes a Siria o Libia para que "vayan de pesca" o a ver a sus familias.

Un buen día, estalla una bomba situada en una papelera  a la salida del concierto de una estrella del pop y mueren docenas de personas, entre ellas niñas de corta edad. En otro lugar no muy lejano se asesina al cabeza de turco cuando acudía a una entrevista con su "oficial de inteligencia"

La policía acordona el lugar. Y poco después el mundo lobotomizado por los media conoce la noticia de que un peligroso terrorista se ha inmolado, que su cuerpo destruido ha aparecido a docenas de metros de la explosión. Llevarlo al lugar del atentado es muy sencillo, llega en una de las ambulancias de ayuda a los heridos. Pero es que ni hace falta llevarlo. Simplemente se descubre entre los restos en la morgue. Minutos después de hallar el cadáver, la policía tiene "pruebas" del activismo del difunto (casualmente, ha quedado intacto su carné de identidad), las mismas que han sido prefabricadas por la Troika del Terror. Aparecen vídeos del "terrorista" sacando la basura en su casa. Se descubre que el explosivo utilizado era técnicamente muy sofisticado. Y se preguntan todos cómo puede haberlo conseguido. Rápidamente se detiene a una docena de personas "que pueden formar parte de la célula de apoyo". Algunos son muertos a tiros mientras "se resistían". Si la familia del cabeza de turco vive en Libia, se les detiene en ese país y se les lleva a Londres para que no cuenten que su hijo era "agente secreto". Los medios dedican miles de horas a repetir la noticia, lo que asusta a la gente aún más (casi todos somos padres). Y el caso está cerrado.

Si lo anterior no es la verdad exacta, reconozcamos que es perfectamente sencillo. Mucho más que convertir a un putero drogadicto nacido en Occidente en un fundamentalista capaz de inmolarse.

¿Dónde falla estrepitosamente el cuento de los medios? En que nadie, capaz de conseguir un sofisticado explosivo militar, es incapaz de utilizar un mando a distancia para detonar el explosivo colocado en una papelera. Vamos, que no hace falta inmolarse para ser un asesino miserable. De hecho, los verdaderos culpables siguen vivos, cobran todos los meses y preparan el siguiente atentado.

Si leéis inglés, la Red está plagada de evidencias y denuncias fundamentadas de todos y cada uno de los atentados terroristas sobre suelo occidental. Porque la verdad es que no hay ni uno solo que no sea un atentado de falsa bandera. Ni uno.

De modo que lo único que hay que preguntarse es ¿por qué trata de aterrorizarnos la Troika? Dejaremos la respuesta para una siguiente entrega. Aunque la conocéis todos los lectores asiduos de esta publicación, os anticipamos una explicativa fábula-metáfora:

"Érase un rebaño que vivía muy asustado. Porque con frecuencia desaparecían algunos de sus miembros, generalmente los más jóvenes, de la noche a la mañana. El pastor solía reunirlos entonces y les decía que iba a atrapar a los culpables, que aprovechaban la oscuridad de la noche y se los llevaban, seguramente ayudados por los propios borregos más jóvenes en su afán de escapar y vivir aventuras. El pastor añadía que, para protegerlos del terror, necesitaba aumentar el número de perros y vigilarlos. Incluso morderles preventivamente para evitar que los miembros díscolos del rebaño se alejaran. Los perros del pastor asentían riendo entre dientes.

Y los propietarios del rebaño seguían haciéndose ricos con su negocio de carne de lechal, mientras se limpiaban las boceras, tras degustar a los más tiernos. Y los borregos del rebaño se jiñaban cada vez más, claro, porque sentían que el pastor no era trigo limpio: le olía la ropa a carne de cordero chamuscada. Y el borrego medio se sentía culpable, porque era borrego cristiano."

ÁCRATAS




(1) Tierry Meissan, voltairenet.org


(2) David Steele, con 20 años de experiencia en la inteligencia militar del Cuerpo de Marines y ex oficial de la CIA, ya dijo que: La mayoría de atentados terroristas en el mundo o son de falsa bandera, o bien son ejecutados por los propios servicios de inteligencia. En los Estados Unidos, cada incidente terrorista que ha habido ha sido de falsa bandera o bien ha sido perpetrado por un informante controlado por el FBI. De hecho, los ciudadanos norteamericanos están impulsando órdenes de restricción contra informantes del FBI que están tratando de incitar al terrorismo.

LISTA DE ATENTADOS DE FALSA BANDERA sobre territorio americano.


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How To Spot A False Flag Event

Ácratas - 31 May, 2017 - 16:14


A missionary friend of mine in Eastern Europe recently gave me a heads up regarding an excellent article written by Sebastian Swift entitled "5 Confirmed False Flag Operations And How To Spot Them In The Future."Swift writes,"The false flag phenomenon is distinctively modern and used as an ideological weapon to control populations with the fear of a manufactured enemy. They are used in ostensibly democratic systems where people believe they have inalienable rights. Such democratic systems--primarily the United States, Israel, and Great Britain--must shock people into sociopolitical and geopolitical consent and, as such, require sophisticated modern propaganda systems and advanced covert operations teams with highly proficient skills."Here are his telltale signs of a false flag operation:
  • There is an immediate comprehensive narrative, including a convenient culprit. Law enforcement, government agencies, and the mainstream media immediately proffer a narrative that completely explains the event and encourages citizens to tie their intellectual understanding of the tragedy to the emotions they experience. In his lecture at Contact in the Desert, [author and researcher] Richard Dolan noted that a distinguishing characteristic of a false flag operation is that the official narrative IS NOT questioned by the media. There are often legislative, ideological and sociopolitical power plays waiting in the wings, which the government can immediately implement.
  • The official narrative has obvious domestic and geopolitical advantages for the governing body. The Bush administration used 9/11 to usher in the War on Terror, which has served as a lynchpin for countless civil liberty infringements by the national security state, including ubiquitous domestic surveillance and indefinite detention.
  • The narrative behind the attack serves to leverage emotions like fear, as well as patriotism, in order to manufacture consent around a previously controversial issue. For example, many of the recent domestic terror attacks, including the Aurora [and Orlando] shooting[s], have exacerbated and reinforced advocacy of gun control legislation.
  • Military training drills and police drills occur on the day of and very near the attack itself, causing confusion to obscure eye witness testimony and allowing orchestrators to plant both patsies, disinformation and backup operatives. This is no small point. An incredible percentage of major domestic or international terror attacks have involved simultaneous "training drills.” This list includes, but is not limited to, the infamous NORAD drills of 9/11, the 7/7 London Bombings, the 2011 Norway shooting, the Aurora shooting, Sandy Hook, and the Boston Marathon. Though none of the aforementioned events can be confirmed or denied without a doubt, they bear a striking resemblance to previous false flag attacks and should be looked at with an investigative eye.
It's time for those of us who have been reluctant to consider the possibility that our own government (and the governments of Israel and Great Britain) could actually be complicit in domestic terrorism in order to further a nefarious agenda to at least stop accepting the government and media’s version of these tragedies at face value. For the most part, the mainstream media is little more than a propaganda ministry for the federal government. We haven’t seen true objective investigative journalism since before the death of John F. Kennedy.Granted, not every national tragedy is part of a government conspiracy--and there is a plethora of "conspiracy nuts" out there to whom EVERYTHING is a conspiracy and through which we must wade to try to ascertain the truth. These people make it difficult for all of us. The Internet has provided the Chicken Littles of the world with an opportunity to play journalist. And their “everything's-a-conspiracy” rants only serve to mask the true conspiracies and turn the average John Doe away from the truth. That’s why I believe that many of these “conspiracy-everywhere” Internet bloggers are actually PART OF THE CONSPIRACY. Their job is to make genuine whistleblowers and researchers look like conspiracy “kooks.” Then, of course, there are genuine kooks out there, too.Regardless, the similarities and "coincidences" of many of these national tragedies are just too numerous for rational people to ignore. I believe Mr. Swift's analysis is very intelligent, coherent, and plausible.Our Founding Fathers believed their government (the British Crown) was deliberately conspiring against them. Thomas Jefferson said as much in our Declaration of Independence:“Prudence, indeed, will dictate that Governments long established should not be changed for light and transient causes; and accordingly all experience hath shewn, that mankind are more disposed to suffer, while evils are sufferable, than to right themselves by abolishing the forms to which they are accustomed. But when a long train of abuses and usurpations, pursuing invariably the same Object evinces a design to reduce them under absolute Despotism, it is their right, it is their duty, to throw off such Government, and to provide new Guards for their future security.”Read it again: “But when a long train of abuses and usurpations, pursuing invariably the same Object evinces a DESIGN to reduce them under absolute Despotism . . . .” Jefferson and the rest of America’s founders believed that there was a “design” (i.e, “plot,” “scheme,” or “conspiracy,” if you please) to “reduce them under absolute Despotism.” So, if you believe that government conspiracy is only for kooks, you must include America’s Founding Fathers in that group.Patrick Henry may have said it best:"We are apt to shut our eyes against a painful truth, and listen to the song of that siren, till she transforms us into beasts. Is this the part of wise men, engaged in a great and arduous struggle for liberty? Are we disposed to be of the number of those who, having eyes, see not, and having ears, hear not, the things which so nearly concern their temporal salvation?
"For my part, whatever anguish of spirit it may cost, I am willing to know the whole truth--to know the worst and to provide for it."I submit if we deliberately "shut our eyes against a painful truth," liberty is not long for this country. And there is plenty of blame to go around.Obviously, the “no conspiracy” group is contributing greatly to the demise of liberty by their unwillingness to even examine the evidence suggesting government conspiracies. Truly, they are shutting their eyes “against a painful truth.” And, unfortunately, this group is most prevalent among pastors, Christians, and churches.I find it incredible that people who supposedly study their Bibles are so completely blind to government conspiracies. The Old and New Testaments are replete with examples of government conspiracies. Jewish governments, especially, were notorious for conspiring against God’s prophets in the Old Testament and against Jesus and the Apostles in the New Testament. Plus, the New Testament plainly pictures the master conspirator, Satan, as being the “god of this world” and “the prince of the power of the air.” His offer to Christ on the Mount of Temptation to give Jesus the “kingdoms of the world” was NOT challenged by the Lord. In other words, Jesus didn’t dispute the fact that Satan controls many, if not most, of the world’s governments. The Book of Ephesians warns against the conspiracy of “principalities,” “powers,” “rulers of the darkness of this world,” and “spiritual wickedness in high places.” Every Bible commentator that I respect includes wicked civil magistrates within these personages. Yet when one brings up the possibility of government conspiracies to the average church member, he or she is treated as if they have the palsy.Nowhere is this attitude of the denial of conspiracies more evident than in the whole Muslim versus America façade. Almost no Christian leader seems to be able to see the “man behind the curtain” in this whole affair. They have absolutely NO concept of what the governments of the U.S., Great Britain, Israel, Turkey, and Saudi Arabia are surreptitiously doing to instigate and foment this “war with Islam.” (Of course, there is no war against the Islamic states of Saudi Arabia and Turkey; they are our “allies.”) Christians aren’t even willing to study the matter. Therefore, the devil--along with the evil miscreants inside Western governments that he controls--is able to go about his diabolical work completely undetected.But, in all fairness, the “everything's-a-conspiracy” group must also share culpability in our country’s demise. There are too many professing “patriots” who seem to have no honesty or objectivity whatsoever. To them, everything government does is bad whether it is or isn’t. And, of course, they, the so-called “patriots,” can do NOTHING wrong.For example, if a black kid in an inner city is unjustly killed by a police officer, these “patriots” say absolutely NOTHING. But if one of their “own” is justly killed by police, they scream “tyranny” and shout about the need for revolution. Such people seem to have no reasoning ability and no understanding of Natural Law. They are agenda driven as surely as are big-government toadies. In fact, some of these “patriot” Internet bloggers and radio broadcasters are no better than the mainstream media: they twist the truth in order to pander to the people who are supporting them financially. It’s not about principle; it’s not about truth; it’s not about the rule of law. It’s all about their financial success.When we only condemn injustice committed by government, while overlooking and condoning injustice committed by so-called “patriots,” we lose all credibility and integrity. Everything is not a conspiracy. Every policeman or federal agent is not a Jackboot. Sometimes there are real acts of violence committed by real deranged criminals with no help whatsoever from anyone--including anyone in government. And sometimes there are so-called “patriots” who are themselves evil, using the freedom movement for their own ulterior purposes. And, of course, there are well-intentioned people who sometimes do very foolish and unwise things. And only foolish and unwise people would condone and support foolish and unwise actions, even if they are well-intentioned. I totally agree with Sebastian Swift’s article that there are indeed false flag operations being perpetrated by rogue elements within government--including the governments of the United States, Great Britain, and Israel. I further agree that people need to honestly and objectively be alert for the identifying characteristics of these false flag operations. More than that, the American people need to begin holding our civil magistrates accountable for these operations, as they could not continue without the tacit support of our elected representatives and President. But what we do NOT need are phony “patriots” who do nothing but distract, confuse, and incite by calling everything a conspiracy and who themselves are guilty of unlawful conduct--unlawful conduct as defined by God and Natural Law. (This is why the ignorance and silence of America’s pulpits is such an egregious crime: people do not even know how to discern lawful and unlawful conduct because pastors are not teaching them these Biblical Natural Law principles.) Plus, I am personally convinced that many of these hot-headed so-called “patriots” are in reality government agent provocateurs who are deliberately trying to incite real patriots into doing something stupid.
Again, I submit if we deliberately "shut our eyes against a painful truth," liberty is not long for this country. And that includes admitting when a tragedy is NOT a conspiracy. But it also means admitting when evidence suggests that it IS.
TYLER DURDEN

 
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Diario de trinchera: atrapar la oscuridad con las manos

The Oil Crash - 29 May, 2017 - 08:17




- ¿Qué distancia hay entre León y Granada?

A pesar de que me esperaba cualquier cosa, la pregunta me pilló a contrapié. Estaba algo aturdido por el largo viaje; el jetlag aún no me había hecho efecto, pero había madrugado mucho aquel día y para mi cuerpo, a pesar del pleno día que hacía afuera, ya estaba casi anocheciendo. Aunque en aquella habitación sin ventanas fuera imposible saber si era de día o era de noche. Se diría que todo el ambiente estaba pensado para causar una sensación de irrealidad a los allí retenidos, deprivados de estímulos sensoriales, aunque al fin y al cabo los que por allí pasábamos sólo estaríamos una hora o así, mientras que los funcionarios que trabajaban en aquella sala tenían que pasarse su jornada laboral durante días y días; cabría preguntarse a quién perjudicaba más ese ambiente, a la postre.

Con ésta y otras cavilaciones había ocupado mi tiempo, mientras miraba mi reloj viendo que iba a perder mi correspondencia, antes de esa fatídica pregunta sobre la geografía española de la que aparentemente dependió mi futuro aquel día. Y es que durante la hora y cuarto que permanecí retenido allí antes de ser interrogado tuve mucho tiempo para pensar; al fin y al cabo, no se permitía el uso de móviles en aquella habitación (aunque vi a una chica escribir whatsapps a hurtadillas, escondiendo el aparato y sus manos dentro de su bolso). Lo único que había para entretenerse era una televisión, con la CNN siempre, pero los asientos estaban colocados de espaldas a ella, para hacer deliberadamente incómodo intentar mirar al aparato. Pero la televisión hace tiempo que no me interesa, así que tampoco me había apetecido pasar los minutos de angustiosa espera fijando mi vista en tan incómodo aparato.

Llevaba un libro conmigo, una novela, justamente para entretenerme durante los momentos en que no pudiera usar algún sistema de ocio electrónico: la poco reconocida ventaja de lo analógico, que funciona siempre y que es menos sospechoso que los dispositivos con chips y procesadores. Lamentablemente la novela que llevaba, regalo del último Sant Jordi, no me pareció apropiada para ser exhibida en ese preciso ambiente: "El pacifista que pretenia volar una discoteca". Me habían recomendado ese libro, que explica la radicalización política de un chaval apenas adulto en las postrimerías de la dictadura de Franco, y que para mi tenía el atractivo adicional de que los hechos descritos, que sucedieron realmente, transcurren en lugares muy familiares, en la comarca catalana en la que vivo. Pero, claro, sacar semejante libro en la sala de retención del control de fronteras de los EE.UU. en el aeropuerto de Newark podría hacerme parecer aún más sospechoso, sobre todo cuando más de uno y más de dos de los policías de fronteras hablaban un español decente y podrían entender el título del libro; si encima luego comprobasen que el texto está escrito en una lengua vernácula más incomprensible, la posibilidad de que acabase en un filtro de tercer nivel me pareció bastante real. Así que había dejado el libro en la mochila y había esperado pacientemente a que llegara mi turno para ser interrogado, sin yo ser capaz de imaginármelo, sobre la geografía española. Al fin y al cabo, estaba en un agujero donde uno sabe que si mantiene la calma acabará saliendo al cabo de un buen puñado de minutos, pero a pesar de lo cual te queda siempre la sorda inquietud de que te encuentren algo, de que una extraña pieza de información te haga parecer aún más sospechoso y caigas a un agujero aún más profundo del cual sea bastante más difícil salir. Y es que en realidad uno siempre es sospechoso. ¿Qué pasaría si ese agente que hablaba español se dedicaba a buscar información sobre mi en internet, y consideraba que mis posicionamientos sobre el capitalismo o la transición socioeconómica son demasiado disruptivos y peligrosos? ¿O si accediese a una hipotética ficha de seguimiento de algún cuerpo o fuerza de seguridad del estado español y viera que he mantenido contactos, aunque hayan sido completamente anecdóticos y de carácter técnico, con partidos políticos tan poco recomendables como Bildu, la CUP o Podemos? O vete a saber, quizá lo que no les gustase de mi fuera cualquier otra cosa que yo haya podido hacer durante mis 47 años de vida, cosas a las que yo no les he dado importancia pero que podrían parecerles poco convenientes o sospechosas. Podía leer ese mismo pensamiento en los ojos de muchas de las personas, unas dos docenas, retenidas en aquella sala. Había de todo: jubilados con marcapasos, madres con bebés en portabebés, estudiantes, hombres de negocios, un piloto de avión, un músico, un oficinista... y de todas las razas y credos, algunos más evidenciados externamente y otros menos. Era bastante obvio que se trataba de un control aleatorio y rutinario, pero, al final, ¿quién puede estar completamente seguro de que nada de lo que esté registrado sobre uno, vete a saber dónde, no te puede acabar arrastrando a ese lugar al que no quieres ir?

¿Cómo había ido a parar allí?

Hacía meses que sabía que se celebraba un importante congreso sobre salinidad oceánica en una de las más prestigiosas instituciones ocenográficas del mundo, el Woods Hole Oceanographic Institution. Sin duda era un contexto más que apropiado para mostrar los grandes avances que mi equipo ha desarrollado durante los últimos años, y eso mismo pensaron en la Agencia Espacial Europea, con la que trabajamos, por lo que nos insistieron en que participáramos. Así que una compañera del trabajo y yo nos registramos, hicimos los preparativos del viaje y nos habíamos encontrado en el aeropuerto de Barcelona aquella misma mañana, dispuestos a emprender el largo viaje desde Barcelona hasta Falmouth, Massachusetts, donde nos íbamos a alojar esos días.

Ya antes de salir de Barcelona a mi compañera le tocó un control aleatorio, junto con un buen puñado de otros pasajeros, a los que llevaron a una sala apropiada. Le hicieron preguntas breves y corteses, le revisaron someramente la maleta y ya está, todo rápido y discreto. Eso sí, le avisaron, si se aprueba la normativa que prepara el Congreso de los EE.UU., pronto no se podrán llevar portátiles en el equipaje de mano, sino que deberán ser facturados, y que incluso podría suceder tal cosa antes de que emprendiéramos el viaje de vuelta.

Después, ocho horas de vuelo hasta llegar a Newark y allí, al pasar el control de fronteras, fui seleccionado para un segundo cribaje; afortunadamente, esa vez mi compañera se salvó. Así fue como acabé en el pozo sensorial de aquella sala, mientras los minutos pasaban y mi correspondencia con el vuelo a Boston peligraba.

Cada pocos minutos alguno de los allí retenidos era interpelado para acercarse al mostrador donde un guardia de fronteras hablaba con él o ella, generalmente brevemente; después, le devolvían el pasaporte y le dejaban marchar. Era un goteo lento pero constante, y por lo que pude comprobar cada persona pasaba en media poco más de una hora en aquella sala. Según mis cálculos, eso me dejaba unos 20 minutos para llegar al avión a Boston antes de que comenzase el embarque, 40 minutos antes de la salida del avión. Estando en un aeropuerto que no conocía, las posibilidades de perder mi enlace eran muy elevadas. Y entonces, ¿qué? ¿Quién respondería por ello?

Coincidiendo prácticamente con el plazo que había estimado me llamaron. "Antonio María Turiel Martínez". Me levanté y fui al mostrador, intentando mostrar una sonrisa cordial y confiada. El escritorio de los agentes estaba en una tarima, de manera que el agente de fronteras queda muy por encima de la cabeza del interrogado, lo que incrementa la sensación de intimidación. 

El agente hablaba español, con fuerte acento estadounidense y mexicano. "¿Es Vd. de León?". "Sí", dije yo. "¿Cómo se llaman sus padres?". Le contesté. Y entonces llegó la pregunta de marras:

- ¿Qué distancia hay entre León y Granada?

Un segundo de titubeo, y contesté:

- No sé. Mucho. Qué sé yo, 800 kilómetros -respondí por fin. 


Sabía que de León a Madrid hay poco menos de 350 kilómetros, y de Madrid a Granada, pensaba, podría haber unos 400 o 500, de ahí mi respuesta.

- ¿Unas diez o quince horas manejando? - me preguntó entonces. 

- Hombre - dije yo - si fueran diez o quince horas conduciendo la distancia sería mayor.

- Muy bien, Sr. Turiel. Aquí tiene su pasaporte. Que tenga una feliz estancia.

Cogí mi pasaporte y me alejé torpemente del mostrador, en dirección a la puerta. En seguida me encontré con mi compañera, la cual había preguntado por mí y quizá había acelerado mi salida de aquel lugar. Más tarde pude comprobar que entre León y Granada hay 765 kilómetros por carretera, así que mi respuesta había sido bastante acertada. No pude evitar pensar qué hubiera pasado si me hubiera equivocado por mucho con esta distancia...

Faltaban 45 minutos para la salida de nuestro vuelo, pero aún nos quedaban muchos obstáculos. Tuvimos que pasar la declaración de aduanas, la cual afortunadamente fue muy rápida; después, salir a los mostradores de facturación, pues no nos daban la opción de hacer la correspondencia directamente; después, en medio de un gentío delirante, localizar nuestro vuelo. Afortunadamente, el vuelo a Boston sufría un retraso de nada más y nada menos que una hora y media, así que el hecho de que el vuelo no hubiera aterrizado en la mismo terminal de la correspondencia no fue tan grave. Tras orientarnos, cogimos el tren automático hasta el otro terminal y ahí llegamos a las puerta de embarque, con una fila portentosamente larga. 20 minutos de cola y ya llegamos al control de equipajes. Desafortunadamente, mi mochila se fue por un camino diferente a las de los demás: otra vez un control extra.

Me puse al final de la cola de desvío, a esperar que la agente de control de equipajes revisase el mío. Una familia con niños pequeños esperaba delante de mi. La agente se estaba mirando los pequeños botecitos que llevaban en su equipaje, probablemente jabones y champús, y ese gesto fue una muestra acabada de la absurdidad e impotencia de tanto control. ¿Cómo podría saber esa mujer si esas substancias era peligrosas sólo mirándolas? Era un total ejercicio de inutilidad.

Por fin me llegó el turno y la agente empezó a revisar mis cosas. La única cosa que le interesó fue mi portátil. Me asaltó una vaga inquietud: si me obligaban a encender el ordenador verían que utilizaba el sistema operativo Linux, y una cosa tan extraña me haría seguramente parecer muy sospechoso. Ya me veía dándole explicaciones a un agente malencarado en otra sala oculta de la vista del mundo, cuando la agente acabó de revisar mi portátil: tan sólo había escaneado la batería. Para cuando hube recogido todas mis cosas y vuelto a atarme los zapatos era exactamente la hora a la que estaba previsto que saliese nuestro vuelo de correspondencia.

Tan ajetreado paso por los controles había hecho mella en nuestro ánimo, pero nos consolaba la suerte de que el avión saliese con retraso y no lo hubiéramos perdido (lo cual hubiera desencadenado un pequeño tsunami de papeleo y reclamaciones, a diversas bandas encima ya que en el CSIC los viajes son tramitados obligatoriamente por una conocida agencia de viajes y se ha de pasar por ellos necesariamente para todo). Para nuestra desgracia, el retraso final fue aún mayor, pues ya en el avión éste aún tardó una hora más en salir. Para cuando llegamos a Boston, el último autobús a Falmouth, nuestro destino final, ya había partido y empezaba a ser un poco tarde (hora local, porque para mi reloj interno la hora era tardísima).

En el mostrador de las líneas de bus urbano explicamos nuestra situación y la opción que nos dieron fue que cogiéramos un autobús hasta Sagamore, que distaba unos 30 kilómetros de nuestro destino final, y que desde allí buscáramos el medio de llegar a Falmouth. Mientras mi compañera se informaba sobre los horarios yo llamé a un colega que sabía que ya estaba en Falmouth y que había tenido el buen criterio de alquilar un coche. Le expliqué la situación y muy amablemente se ofreció a venir a buscarnos a Sagamore.

El viaje en autobús estuvo también salpicado de anécdotas, sin mayor relevancia para lo que aquí se explica. En EE.UU. casi todo el mundo tiene coche y el autobús es un medio de transporte marginal y, para lo que es, relativamente caro. Tras hora y pico de trayecto nos dejaron, al azote del frío y de la lluvia, al lado de una gasolinera en medio de ninguna parte cerca de Sagamore. Al final nuestro colega nos rescató y pudimos llegar al hotel. Para cuando pude meterme en la cama hacía 25 horas que me había levantado, por lo que me fui a dormir, en horario español, a la hora en la que generalmente me levanto.

El congreso transcurrió bien, sin novedades reseñables; presentamos nuestro trabajo, pudimos conocer el trabajo de nuestros colegas, y tuvimos tiempo para discutir con ellos. Por la tarde paseábamos brevemente por Falmouth y cenábamos. Contrariamente a muchos lugares comunes que se dicen de los norteamericanos, la gente que nos encontramos fue amable y agradable, muy serviciales y comprensivos con el hecho de que al ser extranjeros no siempre comprendíamos todo lo que nos decían.

Llegó el día de la vuelta, y aún nos esperaba una nueva prueba con los controles obsesivos. Resultó que la agencia de viajes había contratado un vuelo Boston-Montreal-Barcelona, pero al llegar al mostrador de facturación nos informaron de que para pasar por Canadá debíamos haber solicitado una especie de visado electrónico y sin él no podían imprimirnos las tarjetas de embarque. "No se alarmen", nos dijo el amable empleado de Air Canada, "el formulario se completa online, se pagan 7 dólares canadienses y generalmente al cabo de unos minutos ya te dicen si puedes o no viajar". Así que nos fuimos a sentarnos a un banco e intentamos rellenar el formulario de marras con la wifi del aeropuerto, pero ésta iba demasiado sobrecargada y el proceso de pago fallaba siempre. Tras una hora de infructuosos intentos,  al final yo acabé llamando a mi mujer en España y le fui dictando los datos del extensísimo formulario, mientras mi compañera consiguió que le dejasen una tablet conectada a su red interna en el mostrador de Air Canada. Al cabo de unos minutos conseguimos la confirmación para viajar y pudimos sacar las tarjetas de embarque.

El acceso a las puertas de embarque fue caótico y desorganizado, con multitud de problemas y muestras de improvisación bastante ibéricas, y en el control de equipajes retuvieron esta vez el de mi compañera. Habíamos llegado al aeropuerto con cuatro horas de antelación, pero para cuando nos sentamos en el vestíbulo de las puertas de embarque faltaba menos de una hora para nuestro avión.


Ni mi compañera ni yo osábamos decirlo, pero ambos éramos conscientes de que si al pasar por Canadá nos sometían a los mismos controles obsesivos que habíamos sufrido durante todo el viaje perderíamos la conexión a Barcelona (sólo teníamos hora y cuarto para la correspondencia), y seguramente ya no habría ningún otro vuelo hasta el día siguiente. Así que cruzamos los dedos.

Al llegar a Canadá vimos una larguísima y serpenteante cola para pasar por el control de pasaportes y nos temimos lo peor; sin embargo, los ocho agentes que trabajaban en ella sólo se demoraban unos pocos segundos por viajero y al final, al cabo de pocos minutos y para nuestra incredulidad estábamos llegando a la zona internacional del aeropuerto internacional de Canadá, limpia y luminosa en contraste con todo lo que habíamos visto en EE.UU. Mi compañera no pudo evitar decir: "Por fin estamos en un país civilizado".

El vuelo a Barcelona transcurrió sin mayor sobresalto, y al llegar al Prat vimos una lenta y larguísima cola para pasar el control de pasaportes de los ciudadanos no comunitarios. Esta vez no nos tocaba a nosotros pasar por esa penalidad; en cuestión de pocos minutos atravesamos el control para los ciudadanos comunitarios. Por fin estábamos en casa, a salvo de controles obsesivos y de oscuros agujeros en los que caes sin saber por qué y sin saber si saldrás de ellos.


El mundo en colapso es un mundo muy diferente al que hemos vivido durante las décadas de la triunfante globalización. El miedo global, el terrorismo sin fronteras, la proliferación de guerras por los últimos recursos, todo ello nos arrastra insensiblemente hacia una supresión de las libertades civiles y un aumento de los controles obsesivos pero inútiles. Nuestra condición colapsante nos va arrastrando a la negrura, y los gobiernos, como las personas que se están ahogando en medio del mar, chapotean frenéticamente intentando salir de ese marasmo. Intentan atrapar la oscuridad con las manos sin darse cuenta de que son ellos mismos quien la crean, que son sus acciones, sus muchas manos levantadas, las que tapan la luz.

Antonio Turiel
Mayo de 2017



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Anticapitalismo y postcapitalismo

The Oil Crash - 11 May, 2017 - 20:25


Queridos lectores,

Es una historia repetida. Una persona concienciada comienza a investigar sobre las graves cuestiones de sostenibilidad y de viabilidad que aquejan a nuestra sociedad, y a medida que se va acercando a las causas profundas de los problemas observados se va dando cuenta poco a poco de que el problema es completamente estructural, que surge de un grave error de diseño del edificio social. Es sólo cuestión de tiempo que pase de hablar de vaguedades (como "el sistema", "escala de valores", "hábitos" o "alienación social") a hablar claramente de la raíz última de los problemas: "capitalismo". Da igual si esta persona se interesa por los problemas de la desigualdad social, de la superpoblación, la pérdida de biodiversidad, el acceso al agua, la alimentación, el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático, la gestión de las ciudades, las pesquerías, los recursos boscosos, la conservación del patrimonio artístico, la exclusión social, la gentrificación, la especulación inmobiliaria, la locura de los derivados financieros, la corrupción política, la gestión del territorio... Al final, al cabo de mucho tiempo y aunque a veces sea de manera reluctante todos acaban yendo a cuestionar el capitalismo.

No somos niños, hemos crecido y hemos sido educados en esta sociedad y sabemos qué significa hablar mal del capitalismo. Es criticar al capitalismo y surgen sarpullidos en nuestros oyentes. Incluso aunque uno haga una exposición pausada, poco emocional, basada en datos y argumentos, en el momento en el que uno pone en cuestión el capitalismo se suele producir una reacción contraria, en ocasiones virulenta.

Para mucha gente, el capitalismo forma parte de un conjunto de verdades aprendidas, y que no puede ser cuestionada porque es la base de nuestro edificio social. De manera muy poco crítica, estas personas interpretan que criticar el capitalismo significa querer destruir esta sociedad, sin que a quien está criticando le importe el caos que suponen que sobrevendría al fin del capitalismo. Por esa razón, en no pocas ocasiones pronunciar ciertas palabras desencadena toda una retahíla de clichés, de respuestas aprendidas y estandarizadas, que intentan reducir tal tipo de razonamientos y posiblemente a quien los sustenta a la categoría de inadaptado social, enfatizando el peligro que supondría para la sociedad seguir tan estrambóticas, alocadas y poco reflexionadas ideas. 

El adjetivo habitual con el que se cuelga un sambenito al crítico del capitalismo es el de "radical". No quiere decir eso que no se pueda ejercer un cierto grado de crítica, pues hasta los más adeptos al presente sistema se dan cuenta de sus muchas disfunciones, pero lo que separa la crítica socialmente aceptable de la locura revolucionaria se marca con ese adjetivo, "radical". Se puede ser "ecologista"  y defender la conservación de la naturaleza, los pajaritos y las flores y todas esas cosas, pero no se puede ser "ecologista radical" y pretender cosas como poner en peligro el crecimiento económico por futesas como el equilibrio térmico del planeta o el envenenamiento de ríos y océanos. Se puede ser "de izquierdas" y tener cierta preocupación social, afán redistributivo e inclinación hacia el igualitarismo, pero no se puede ser "de izquierda radical" y dejarse ir en una orgía estatalista y comunistoide que mataría al loado y muy eficiente libre mercado. Se puede, en suma, hacer una crítica social, pero no se puede ser radical y pretender cambiar todo, o peor que eso, lo que es intocable.

Dentro de la general perversión del lenguaje que domina nuestro tiempo (fenómeno éste, como otros observados, propio de las civilizaciones decadentes) está la confusión de términos. La palabra "radical" debería ser percibida como algo positivo, pero su uso repetido y único en cierto contexto la ha desposeído de su significado original y le atribuye otro diferente y negativo. Como tantas veces le he escuchando decir al maestro Pedro Prieto y a otros (hace unos días, a Marcel Coderch), ser radical es algo positivo, puesto que la palabra radical significa "aquello que va a la raíz". Justamente es de análisis superficiales de lo que vamos sobrados, y lo que más se necesita es ir a la raíz de los problemas, entender su origen último para poder corregir los problemas, actuando ya desde su comienzo.

Es también común que la persona concienciada que comentábamos al principio del post, si persevera en su empeño, se vuelva radical en el sentido propio de la palabra (es decir, que se afane en buscar el origen último de los problemas); pero al encontrar una y otra vez reacciones desabridas a sus reflexiones y comentarios, y al desesperarse viendo la vigencia y urgencia de actuar contra los problemas que tiene bien identificados se acabe volviendo radical en el sentido impropio (es decir, alguien inadaptado socialmente y con una actitud combativa y deletérea con respecto al sistema social vigente), esencialmente adoptando el role que los otros le atribuyen. Lo cual contribuye a cerrar el círculo y ayuda justamente a perpetuar el mito del peligro de la radicalidad en sentido propio, al asociarse a su sentido impropio.

Un ejemplo de esta adopción en falso de la radicalidad impropia por la propia lo encontramos en el uso del término anticapitalista. El término anticapitalismo en sí mismo es una demostración acabada de la radicalidad impropia, puesto que define una posición ideológica (seguramente muy rica y fundada teóricamente) sobre la base de una oposición a algo, en este caso al capitalismo. Formulado así, el anticapitalismo no puede existir sin la existencia del capitalismo, al cual se opone y combate. De ese modo, la denominación anticapitalista lleva asociada la derrota implícitamente, pues lo que evoca es la oposición a todo aquello que la gente asocia al capitalismo (sea o no parte de él), que al final es la oposición a todo lo que la gente común es y aspira a ser. Y no es que no haya multitud de cosas en el capitalismo a las que se necesita oponerse firme y frontalmente; incluso, es lógicamente defendible que los problemas del capitalismo son tan fundamentales, están tanto en su raíz, son tan radicales en suma, que no queda más remedio que oponerse a su idea misma desde los primeros principios. Sin embargo, la denominación "anti", por su carácter iconoclasta y de oposición, sólo puede generar el rechazo de los socialmente integrados y de los que sin serlo aspiran a ello; y rizando el rizo de la perversión lingüística, actúa como imán de ciertos inadaptados que, ellos sí, buscan la destrucción de todo por la destrucción misma. La perversión intelectual llega a su paroxismo cuando, ayunos de otros apoyos, las corrientes anticapitalistas abrazan a esos balas perdidas como "de los nuestros", en algunos casos haciendo propias sus muchas veces absurdas y destructivas causas. Llegados a punto, la derrota intelectual y moral es completa.

No caer en las trampas del lenguaje que con cierta habilidad van tejiendo los adalides del capitalismo resulta fundamental si uno quiere que la empresa de superación de los errores del capitalismo tenga la más mínima oportunidad de éxito. Por esa razón, es preciso abandonar denominaciones como "anticapitalismo" en beneficio de otras más adecuadas, como por ejemplo podría ser "postcapitalismo". Pues el objetivo final del activista social, ecológico o científico no es, o no debería ser, la destrucción del capitalismo, sino su superación. No se trata de destruir un edificio social que es fruto de una evolución con cierta lógica histórica y que ha cosechado muchos éxitos (aunque llevando consigo también muchos y muy graves fracasos), sino de hacerlo evolucionar para superar los problemas cada vez más graves y de abordamiento inaplazable. No se trata tanto de hacer una causa general contra los ganadores de la globalización y la hiperfinanciarización del mundo como de construir nuevas maneras de organizarse socialmente y de asignar los recursos en un mundo acuciado por tantas dificultades y limitaciones que impedirán que el capitalismo pueda durar ni tan sólo unas pocas décadas más, un mundo con unas reglas del juego nuevas que provocarían nuestro colapso si no somos capaces de abandonar el capitalismo por un sistema mejor adaptado a los retos del siglo XXI. 

Es verdad que algunos sectores aspiran a propinar un cierto castigo de los promotores del capitalismo, pero, ¿quiénes han sido? ¿Hablamos de hombres que vivieron hace doscientos años o de los que hoy en día siguen haciendo las cosas del mismo y suicida modo?. Y si miramos el problema desde la perspectiva de quién se ha beneficiado, ¿a quién contaremos, a aquellos que se han beneficiado más? ¿Más con respecto a qué? Posiblemente un occidental de clase media se ha beneficiado mucho más que el 80% de la población del planeta. El revanchismo conlleva una cierta carga de moralización, de sentimiento de superioridad moral de la parte de quien aplica el castigo sobre el castigado, y es por tanto subjetivo y completamente opinable. Quizá, y dada la urgencia y necesidad del momento, convendría más concentrar los esfuerzos en la transición inaplazable y si acaso señalar con el dedo no aquéllos que percibimos, y que son, los claramente beneficiados en el momento actual, sino a aquéllos que ponen trabas para efectuar esta transición.

Pero volviendo a la cuestión terminológica, hay gente que lleva muchos años en la brega del activismo social, ecológico o científico que mira con recelo la adopción de la terminología "postcapitalista" por su tibieza, y que con cierta razón señalan que tal término puede ser cooptado por los mismos de siempre y que su significado sea pervertido (análogamente a lo que pasó con el término "verde", que dio origen al de "capitalismo verde", o al de "sostenible", que dio lugar a la aberración conceptual del "crecimiento sostenible" o del ligeramente menos aberrante "desarrollo sostenible"). Eso es cierto, y además es lógicamente esperable que cuando el duro choque contra los límites biofísicos del planeta vaya haciéndose más evidente e innegable veamos aparecer propuestas "postcapitalistas" emanadas de think tanks crecentistas: recuerden cómo el entonces presidente francés Nicolas Sarkozy habló de "refundar el capitalismo", aunque en realidad seguramente pensaba en hacer los cambios mínimos posibles para que la cosa continuase. Pero es que en realidad el postcapitalismo no es una ideología sino una categoría; no es un término para condensar todas las posibles corrientes de pensamiento económico-social, sino más bien un trazo descriptivo que las agruparía a todas, incluyendo a las más continuistas. Además, el postcapitalismo es un término transitorio, pues aunque no se posiciona contra el capitalismo se sitúa justamente después de él, y por tanto lo sigue tomando como referencia. Poscapitalismo sólo marca una dirección a seguir y que sólo vale ahora, mientras estemos donde estamos; pero una vez alejados de los arrabales del capitalismo conviene designar aquello de que se trate exclusivamente por un término propio, que le designe por sí mismo y no con respecto a otra cosa, ya sea ecosocialismo, ecofeminismo, decrecentismo, municipalismo radical o lo que se quiera. También, el término "postcapitalismo" debe entenderse como un rasgo de toda proposición constructiva para superar el capitalismo, que busca más dotarnos de herramientas para superar el actual reto histórico que no un ajuste de cuentas moral. Es, en ese sentido, que al discutir de los límites del crecimiento y al buscar nuestro camino incierto para la transición, todos deberíamos considerarnos con orgullo radicalmente postcapitalistas.


Salu2,
AMT
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De hormigas y hombres

The Oil Crash - 9 May, 2017 - 08:17


Queridos lectores,

Imagínense por un momento un hombre que por arte de un oscuro sortilegio fuese convertido en hormiga, pero que aún conservase la capacidad de razonar como hombre. Pensando simplemente en su supervivencia, su nueva condición tendría algunas desventajas, pero también algunas ventajas. Como hormiga sería diminuto, con lo que no necesitaría comer mucho para mantenerse y el mundo estaría lleno de cosas que podría ingerir; sin embargo, al ser tan pequeño, le costaría más acceder a algunos sitios, y podría pasar menos tiempo sin comer antes de morir de lo que sería capaz de soportar un hombre.

Nuestro hombre-hormiga, o nuestra hormiga-hombre, sería, como todas las hormigas, ciego. Y sin embargo tendría otros sentidos muy agudizados, y en particular la capacidad de percibir ciertas fragancias.

Ahora imaginemos a nuestro hombre-hormiga en medio de una pradera. Tiene hambre y no tiene otras hormigas a las que seguir. No sabe qué hacer, pero es consciente de que debe actuar rápido si no quiere morir. Pero no sabe dónde ir. Se mueve primero en una y luego en otra dirección, sin saber qué hacer, hasta que de repente percibe una fragancia. Un olor exquisito, de algo comestible: una manzana.  Si consigue llegar a ella está salvado.

Al principio el olor es sutil, casi indiscernible entre tantos olores de la pradera. Pero nuestra hormiga-hombre domina ya lo suficiente sus nuevos sentidos como para avanzar en la dirección de ese olor. Ahora ya lo percibe con toda claridad, la manzana está cerca, casi puede saborearla. Avanza hacia ese olor sublime, cada vez más intenso. Ya casi está.

Pero algo no va bien. Fue avanzando y el olor se volvía más intenso, pero ya no. Ha llegado a un punto donde ya no sabe cómo seguir. Parece que avance hacia donde avance el olor se va debilitando, y nuestro hombre-hormiga retrocede, para no perder el rastro; así, repetidas veces avanza en diferentes direcciones, primero en un sentido y luego en el contrario. Desesperado de no conseguir llegar a su objetivo, empieza a dibujar una espiral, haciendo círculos cada vez más amplios centrados en el punto donde percibe mejor el olor, pero no consigue nada. La manzana está allí, pero no la encuentra, no puede alcanzarla. El desgraciado hombre-hormiga de nuestra historia, atrapado en su lógica de búsqueda de hombre más que de hormiga, dará vueltas en círculo sin encontrar nunca la manzana y al final muriendo de hambre.

Una hormiga de verdad no tendría este problema. Seguiría una trayectoria errática, sin rumbo definido.  Quizá ella no llegase a la manzana, pero una hormiga de verdad nunca está sola, y algunas de sus muchas compañeras acertarían a subir por el tronco de un árbol un poco distante, y quizá unas pocas acabaran yendo por la rama de donde colgaba, a cierta distancia del suelo, la jugosa manzana que anhelaba nuestra hormiga-hombre. Después, y tras haber arrancado algunos trozos para llevar a casa, irían marcando el camino de regreso y eso favorecería que otras hormigas, aunque no todas, llegasen hasta la manzana. Al final, todas las hormigas llegarían al hormiguero, donde todas compartirían el botín del día.

El problema del hombre-hormiga es no comprender que se mueve en dos dimensiones pero intenta alcanzar algo que está en una tercera dimensión, justo encima de su cabeza. El hombre-hormiga es tan ciego a esa tercera dimensión como lo es a las otras dos, pero las otras dos las puede experimentar con sus patas y sus antenas. Percibe la manzana, pero no puede llegar a ella porque no puede volar. Se coloca en el suelo justo debajo de la manzana, oliéndola cerca pero sin poder llegar a ella, y emprende una búsqueda, primero sistemáticamente siguiendo varias direcciones diferentes, finalmente corriendo en espiral sin saber realmente dónde va, sin atreverse a alejarse del punto donde más cerca estuvo de la manzana pero desde donde nunca la podrá alcanzar. 

La metáfora del hombre-hormiga nos sirve para ilustrar el dilema en el que las sociedades occidentales llevan tiempo atascadas: la falta de dimensionalidad de los debates. En los dos últimos años hemos visto diversos países enfrentarse a una elección crucial y siempre dicotómica: el referéndum en Grecia, el Brexit, la elección de Donad Trump... El pasado fin de semana fue el turno de Francia, con la elección entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen, ganada - para gran alivio de los mercados financieros y de la Comisión Europea - por el primero. En todos estos casos, una sociedad que ve peligrar su modo de vida, una sociedad que se sabe deslizándose lenta pero inexorablemente hacia su colapso, busca nuevas direcciones hacia dónde moverse. Al igual que el hombre-hormiga de nuestro relato, la sociedad se mueve primero siguiendo líneas rectas: al principio lo hizo en el eje clásico izquierda-derecha, pero al estar éstos cada vez más desacreditados (como en Francia, donde ni el Partido Socialista ni la conservadora UPM colocaron a un candidato para la segunda vuelta de las elecciones) se van buscando nuevas direcciones. No es casualidad que toda la sucesión de elecciones que comentamos sean dicotómicas: es un movimiento entre dos puntos extremos, es una búsqueda en línea recta, unidimensional. Es la estrategia más banal, pero también la que como sociedad nos ha funcionado mejor hasta ahora. No hacía falta nada más complicado.

Por supuesto que la búsqueda lineal no permite salir del problema, sólo oscilar "debajo de la manzana" sin resolver nada. Es decir, las dos opciones que se plantean identifican correctamente cuál es el problema a resolver (llegar a la manzana), que típicamente es devolver el bienestar a una clase media que se siente amenazada; sin embargo, la dirección sobre la que proponen moverse no avanza nada en la resolución de ese problema y cuanto más se avanza hacia un extremo más se agravan los problemas, con lo que surge la reacción de ir en el sentido contrario. No es por tanto casualidad que delante de elecciones de carácter dicotómicas las sociedades aparezcan como "divididas", y con frecuencia las dos opciones están cerca del 50%, ganando una de ellas por poco margen. Esta división en partes virtualmente iguales muestra que los argumentos que se usan por una y otra parte son igual de convincentes (o de poco convincentes), y en el fondo lo que muestran es que la elección es prácticamente al azar, como resultaría de lanzar una moneda al aire. Es natural, puesto que ninguna de las dos opciones es buena y ninguna de las dos solucionará realmente el problema. Por volver al caso Macron-Le Pen (bastante análogo al de Clinto-Trump) no saldremos de la crisis ni "fomentando el crecimiento" (cosa ya imposible) ni "fomentando el nacionalismo" (cuando dependemos tanto de las materias primas que vienen del exterior).

A medida que se va instalando entre los ciudadanos la convicción de que ambas opciones son igual de inútiles, la abstención va creciendo, como ha sucedido en la última elección presidencial en Francia, donde la participación, a pesar de lo aparentemente crucial del momento, ha sido la menor en años (aún con niveles de abstención, 25%, que en España se considerarían bajos). Llegará un momento, a medida que la desesperación cunda entre las clases medias que se vean desposeídas, que se abandonará este movimiento lineal entre dos opciones enfrentadas e igualmente inútiles y comenzará el movimiento en espiral, probablemente cuando el nivel de abstención sea tan alto que reste toda legitimidad a la votación dicotómica.

La llegada a este punto de búsqueda afanosa y desesperada de soluciones vendrá empujada por la necesidad de la mayoría de la población. Lo comentábamos hace poco, al discutir sobre el fin del crecimiento: más de la cuarta parte de la población española está en riesgo de pobreza y exclusión, y eso cuando el PIB lleva dos años en buenas tasas de crecimiento - en contraste con los países de nuestro entorno. Toda la posibilidad de remontar desde el hoyo donde estamos es que el crecimiento continúe y a buen ritmo, pero eso es una quimera: en España se crecerá mientras el petróleo continúe barato y no se desencadene una nueva crisis financiera, pero lo último depende de un monumental castillo de naipes de derivados globales sobre los que nadie, y menos España, tiene ningún control; y con respecto a lo primero es sólo cuestión de tiempo, y no precisamente demasiado, que la fortísima desinversión de las compañías petrolíferas lleve a una súbita caída de la producción de petróleo y a que se dispare el precio del barril. Pero es igual, nuestros despistadísimos expertos siguen creyendo que el fracking va a remontar en EE.UU., confundiendo las ventas a precio de saldo y liquidación por cierre de las compañías de servicios con mejoras en eficiencia, y no anticipando el problema que ya ven en el horizonte de unos pocos meses tanto HSBC como la Agencia Internacional de la Energía. En este momento, con tanta ceguera y soberbia como se está prodigando, el hecho de dar por liquidados los problemas con el petróleo y resto de recursos naturales hará que la bofetada sea épica. Sin un cambio de rumbo rápido, la Gran Recesión que se desencadenará dejará pequeña la de 2008, con la diferencia de que ahora estamos, a nivel social, mucho peor que entonces.

Será precisamente esa inestabilidad social subsiguiente a la próxima e intensa oleada recesiva la que hará que cada vez más países occidentales abandonen la búsqueda unidimensional, a través de ejes un candidato frente a otro (Clinton vs Trump, Macron vs Le Pen) o de una alternativa frente a la otra (Sí vs No en Grecia, Leave vs Remain en el Reino Unido) y comiencen a establecerse dinámicas más complejas, los caminos en espiral del hombre-hormiga. Ese momento será especialmente delicado, porque se caracterizará por el surgimiento de un montón de iniciativas y una tendencia a que múltiples actores actúen desorganizadamente cada uno por su cuenta; las diversas administraciones pondrán en marcha planes diferentes y a veces contradictorios, y en general habrá una pérdida de credibilidad del poder. El movimiento en espiral puede acelerar nuestro colapso como sociedad, sobre todo porque algunas de las cosas que aún se podían mantener consistentemente en la etapa anterior (por ejemplo, la estabilidad de la red eléctrica) podrían perderse en el proceso.

Que lo que suceda a la inútil oscilación dicotómica sea un movimiento en espiral o que sea algo más útil y eficaz depende completamente de tener una buena comprensión de las raíces profundas del problema. El problema es no querer alejarse de ese punto central de la pradera, donde el olor de la manzana es más intenso pero al tiempo desde donde la manzana es inalcanzable. Hay que lanzarse a explorar otras direcciones, y hacerlo no de forma solitaria, sino colectiva.

Nuestro problema es que la sociedad, tal y como está estructurada, no puede garantizar los niveles de bienestar general que conoció en las pasadas décadas. Nuestro bienestar se asentaba en una gran disponibilidad de energía abundante y asequible, cuya cantidad crecía cada año. Eso se acabó. Probablemente hemos superado ya el pico del petróleo, y si no lo hemos hecho aún nos falta muy poco. El pico del carbón y del uranio parecen también superados, y en cuanto al pico del gas natural seguramente se va a producir antes de una década. Las energías renovables tienen muchas limitaciones y no tienen capacidad de cubrir el agujero que dejan tras de sí las no renovables, sobre todo con la rapidez que éstas irán descendiendo. 

Por tanto, nuestro rumbo es el del descenso energético, pero eso no significa que nuestra decadencia y eventual colapso sea inevitable. No. Es cierto que dentro de nuestro paradigma económico actual esta crisis no acabará nunca, pero en realidad la mayor parte de la energía se derrocha porque tiene un sentido económico hacerlo. Hay que abandonar la idea del crecentismo y explorar nuevos caminos, hay que lanzarse a buscar el tronco de ese árbol por el cual trepar a la manzana.

Hemos dejado de ser el Homo invictus, el hombre que se creía todopoderoso aupado en su abrumadora tecnología que estaba apuntalada por una cantidad ingente de energía; y al comenzar a faltar ésta nos hemos convertido en un nuevo hombre, el hombre-hormiga, pero no uno cualquiera, sino uno que se resiste a aceptar su nueva condición hormiguil, las nuevas reglas del juego, con sus nuevas limitaciones (por ejemplo, la ceguera) pero también sus ventajas (por ejemplo, la capacidad de trepar por las paredes). Si dejamos de ser hombre-individuo y comenzamos a ser hombre-sociedad, si nos movemos juntos explorando todos los caminos para conseguir nuestra manzana, el bienestar de la mayoría, lo podremos conseguir. Hace falta, simplemente, que primero nos liberemos de toda nuestra soberbia.


Salu2,
AMT
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Tasa de Retorno Energético y Eficiencia: qué nos dicen y qué no

The Oil Crash - 4 May, 2017 - 08:18
Queridos lectores,


JotaEle nos ha querido ofrecer otro lúcido ensayo sobre la relación entre la Tasa de Retorno Energético y la eficiencia, en esta ocasión con una visión no muy estándar entre los picoleros y con ciertas dosis de polémica, pero con la calidad acostumbrada. Les dejo con el trabajo de JotaEle, el cual sin duda les interesará.

Salu2,

AMT




Tasa de Retorno Energético y Eficiencia, qué nos dicen y qué noEn términos generales eficiencia o rendimiento es la cantidad de energía que aprovecha el sistema en relación a la energía que utiliza. Es el cociente entre la energía final y la energía primaria suministrada al sistema. Las estadísticas nos proporcionan estos datos directamente así que sin problemas.Según la Wikipedia se conoce como tasa de retorno energético (TRE) al cociente de la cantidad de energía total que es capaz de producir una fuente de energía y la cantidad de energía que es necesario emplear o aportar para explotar ese recurso energético. La fórmula es TRE=Energía total de la fuente/Energía invertida.Un cociente menor o igual que 1 indica que la energía de la fuente es menor o igual a la energía consumida, por lo tanto una fuente de energía será tanto mejor cuanto mayor sea su TRE, puesto que eso implica que se obtiene una mayor cantidad de energía neta utilizable por cada unidad de energía invertida en ella.El cálculo de la TRE se hace todavía más complicado si queremos incluir además costes energéticos asociados como la energía que se necesita para construir una presa, un parque eólico o una plataforma petrolífera.En este trabajo nos limitaremos a sacar la TRE de los datos estadísticos que proporciona al Agencia Internacional de la Energía (AIE), así que prescindimos de los costes energéticos asociados. Si hacemos el cálculo de la TRE con datos estadísticos nos sale lo mismo que la eficiencia ya que ambas se calculan con los mismos datos, la diferencia está en que en la eficiencia se relacionan la energía primaria y la final y en la TRE se relacionan la energía primaria y las pérdidas (energía primaria – energía final). Viendo la gráfica lo podemos comprobar.
Gráfica 1                                              Eficiencia y TRE mundial Datos de AIE
Ya que con datos estadísticos TRE y eficiencia es lo mismo, yo prefiero utilizar el cálculo de la eficiencia dentro de las gráficas, ya que el concepto de la eficiencia no lleva los costes asociados que si puede llevar la TRE, además la estadística incluye ya los datos directamente. Por lo tanto en el resto del trabajo usaré el cálculo de la eficiencia en las gráficas que lo necesiten.Vemos que tanto la TRE como la eficiencia disminuyen con el tiempo. La disminución de la eficiencia  y la TRE influye en el aumento de las pérdidas en el sistema energético mundial. El post  Pérdidas crecientes en el sistema de abastecimiento energético mundial muestra desde una perspectiva global de todas las energías como aumentan las diferentes pérdidas.
Eficiencia total y eficiencia total de generación eléctricaEn las dos gráficas que vienen a continuación vamos a comparar la energía primaria, final y la eficiencia tanto de la energía mundial como de la generación eléctrica mundial y vamos a comentar sus diferencias.Gráfica 2                           Eficiencia del total de la energía mundial Datos AIEGráfica 3                           Eficiencia del total de generación eléctrica mundial Datos AIE
En las dos gráficas vemos que mientras la eficiencia de la energía total mundial baja, en el caso de la generación eléctrica sube, aunque la distancia entre las líneas de la energía primaria y final aumente con el tiempo en ambas gráficas. Esto es debido a que en la energía total mundial en proporción crece más la energía primaria que la energía final; en cambio, en la energía eléctrica crece más la energía final que la energía primaria, o sea, las pérdidas decrecen. En la gráfica 2 vemos que al final de la gráfica la eficiencia parece que detiene un poco su progresión de bajada, esto es debido principalmente a tres factores:
  • Al menor uso del carbón en la energía primaria, tanto en uso final como en generación eléctrica.
  • Al parón nuclear de Fukushima.
  • El auge de las renovables de área eléctrica.
¿A que es debido el crecimiento de la eficiencia en la generación eléctrica? (grafica 3). Si quitamos de la generación eléctrica las tecnologías que no tienen pérdidas como la hidroeléctrica, la solar y la eólica, la eficiencia baja mucho; sin embargo, la gráfica todavía mantiene una tendencia creciente en la línea de la eficiencia. Si quitamos además el gas entonces la línea de la eficiencia pasa ya a ser decreciente. Por lo tanto, la eficiencia sube por el aumento en generación de las renovables y de los ciclos combinados de gas natural.Sin duda las renovables deberían ser el camino a seguir en generación eléctrica debido al incremento de la eficiencia que inducen en el sistema. Sin embargo, las renovables tienen un problema muy grande, que es el bajo factor de carga que tienen. Esto hace que haya que montar mucha infraestructura renovable para que luego devuelvan muy poca energía al sistema. Esto a su vez hace que el crecimiento renovable sea muy pequeño y por lo tanto quede anulado solo con el crecimiento de la demanda del consumo eléctrico mundial. En la siguiente gráfica lo podemos ver.Grafica 4                    Proporción de energía primaria utilizada en generación eléctrica
Vemos en la gráfica que actualmente solo las nuevas tecnologías renovables eólica y solar pueden aguantar el tirón del crecimiento en el consumo mundial de energía eléctrica. La todavía creciente hidroeléctrica ya no puede; por lo tanto, la proporción actual comparada con 1990 es un poco más pequeña. La hidroeléctrica de grandes pantanos hace tiempo que llego a su cenit en los países OCDE; cuando llegue al cenit en los países no-OCDE, si continúa el crecimiento mundial de consumo eléctrico, la hidroeléctrica irá a menos como le está ocurriendo a la nuclear. Habrá que ver si las nuevas tecnologías renovables eólica, solar y quizás geotérmica pueden sostener ellas solas el crecimiento de la generación eléctrica renovable.
En el sistema energético mundial no tiene sentido hablar de TRE del petróleo.Esta idea ya la dejé caer en el post anteriormente relacionado. (ver gráfica 2 del post Pérdidas crecientes en el sistema de abastecimiento energético mundial). Visto lo poco que caló la idea en medios picoileros insisto ahora con algunos argumentos más.La AIE facilita en su balance energético los datos de gasto energético en uso propio cuya definición le da como la energía primaria y final consumida por las industrias de transformación para su calefacción, bombeo, tracción, y alumbrado. Aquí se incluyen, por ejemplo, el uso propio de la energía en las minas de carbón, el consumo propio en las centrales eléctricas (que incluye electricidad neta consumida por acumulación por bombeo) y la energía utilizada para la extracción de petróleo y gas natural. Con el gasto energético en uso propio están formadas las siguientes dos gráficas.Grafica 5             Gasto energético en uso propio   Datos de AIEGráfica 6                    Gasto energético en uso propio Datos de AIE
Las dos gráficas están formadas con los mismos datos, la gráfica 5 representa las diferentes energías en forma independiente y lineal y en la gráfica 6 se representa la proporción de cada energía a lo largo del tiempo. Se ve perfectamente como cada vez se utiliza menos el petróleo para la extracción de los diferentes combustibles y cada vez se usa más la electricidad y sobre todo el gas natural. Esto y las menores pérdidas en transformación hacen que inevitablemente la energía neta del petróleo sea cada vez más alta, todo lo contrario de lo que se supone. Esto son datos cuantificables que los podemos sacar de las estadísticas; a continuación las gráficas de la energía primaria, final y eficiencia correspondientes al petróleo, al gas natural y al carbón.Grafica 7                                               Eficiencia creciente en el petróleo.                                 Datos AIEGráfica 8                                   Eficiencia decreciente en el gas natural.Datos AIEGráfica 9                                 Eficiencia decreciente en el carbón.                                                                           Datos AIE
Los periodos de meseta e incremento que tiene la eficiencia tanto en el gas como en el carbón son debidos a la distorsión que produce la energía destinada a la generación eléctrica con gas y carbón. Quitando esta energía la eficiencia es descendiente en ambos combustibles.Vemos en las tres gráficas anteriores que la eficiencia del petróleo es la más alta y que además es la única que está en crecimiento; esto es debido a que el petróleo y sus derivados apenas son gastados en transformación y usos propios. Por poner un ejemplo, en la generación eléctrica, que es la transformación que más pérdidas tiene con diferencia, el petróleo y los productos petrolíferos solo son usados un 6%, mientras que el carbón es usado un 50% y el gas natural un 18%. Y además las pequeñas transformaciones restantes son en su mayoría para formar petróleos sintéticos. Todo esto hace que en el petróleo y sus derivados, la gran mayoría de la energía consumida sea usada en destino final, el transporte en gran medida, de ahí su alta energía neta. Esta alta eficiencia y energía neta en el petróleo convierte en especulativo cualquier cálculo en el que se pretenda tener en cuenta su TRE, y por supuesto no reflejará la realidad. Esto conviene tenerlo en cuenta porque quizás esta sea una de las causas que inducen a la multitud de predicciones fallidas que acaban desacreditando y haciendo perder la confianza en el mensaje picoilero.
Ignorando la TREAcabamos de ver como se está potenciando el gasto del petróleo y sus derivados en energía final, limitándoles cada vez más en usos propios y transformaciones, usándose para estos últimos usos el gas, el carbón y la electricidad. Esto hace que no tenga sentido calcular la TRE de los combustibles fósiles de forma individual. El sistema tiende a globalizar todas las fuentes de energía y en especial de las que más dispone como son el gas y el carbón. El gas está resultando una energía casi tan eficaz como el petróleo, está sustituyendo a éste en prácticamente todos los sectores de consumo (se puede ver en Consecuencias del cenit del petróleo). En el transporte todavía no está sustituyendo al petróleo, pero sólo porque no lo necesita; por ahora se limita solo a facilitar la fabricación y extracción de petróleos no convencionales y en declive, pero en un futuro podría incluso empezar a sustituir a éste en automoción, ya que un motor de gasolina normal con pocos cambios puede admitir el gas. El carbón ya no es tan eficaz como el gas; sin embargo, si lo convertimos a electricidad sí. Actualmente el 58% del carbón es usado para generación eléctrica y solo el 28% es usado en consumo final.  Todo esto lo podemos ver en el siguiente gráfico de la energía del mundo por combustibles y sectores.Gráfica 10               Energía primaria y final del mundo por combustibles y sectores, año 2014Datos de AIE
Los sectores representados en la gráfica que pertenecen a la energía final son la industria, el transporte, residencial, comercial  y servicios públicos, y finalmente otros usos en el cual hemos englobado la agricultura, la pesca, gasto no especificado y gasto en uso no energético.Se puede ver en la gráfica que el gas natural y la electricidad son las energías más adaptadas a todos los sectores de la energía final exceptuando el transporte, que está altamente especializado en los derivados del petróleo. Vemos también que el carbón está prácticamente especializado en generación eléctrica. Puede parecer que también está especializado en industria, pero solo en el caso de China que consume el 66% del carbón del sector de la industria. La OCDE solo consume un 11%, dependiendo totalmente en este sector del gas natural y de la electricidad con un 33% cada unoTodo esto hace que mientras el carbón y sobre todo el gas natural se comporten como fuentes de energía ilimitadas el sistema tratará de adaptarse a ello sin tener en cuenta conceptos como TRE, eficiencia, pérdidas o contaminación.Con la energía renovable pasa parecido, da igual que algunas tecnologías como la solar tengan una TRE baja; con el excedente energético que nos proporciona el gas y el carbón todo es viable. Una vez pasado el cenit del gas el mundo tendrá que enfrentarse cada vez más a un escenario progresivo de menos energía y por lo tanto de los nuevos proyectos energéticos se desecharán las energías menos rentables, posiblemente las que tengan menos TRE como la fotovoltaica.El caso de la energía nuclear es aún peor; hoy el mundo almacena multitud de residuos nucleares de miles de años de duración a costa del grandísimo excedente de energía que todavía se dispone gracias a los combustibles fósiles. En el futuro y con la energía total en declive se tendrá que seguir desviando energía para seguir custodiando estos desechos. Y con el agravante de que probablemente sin el aporte de la energía nuclear, ya que se habrá llegado al cenit del uranio, y además se procurará no generar más residuos. Esto significa que nuestros descendientes cargarán con un problema que nosotros hemos ignorado por no querer tener en cuenta conceptos como el de la TRE.Como ya se ha visto, no tiene mucho sentido calcular la TRE de fuentes aisladas en un escenario global de energía. También vemos que una cifra aislada de la TRE no nos dice gran cosa. Sin embargo si tomamos toda la progresión y vemos la gráfica de todas las fuentes de energía en su conjunto (gráficas 1 y 2), hay algo que sí nos dice claramente y no se quiere tener en cuenta. La TRE baja progresivamente y se va acercando al uno, y por lo que vemos, de forma imparable. Que no se diga luego que no nos está avisando.
¿Y cómo se puede reflejar esto en la economía?Aunque puede parecer que no tenga que ver con el tema, dado el creciente interés economicista de buena parte de la peña picoilera, intentaré reflejar un hipotético escenario de cómo puede afectar la escasez de energía a la economía mundial.Para empezar hay que tener en cuenta algunos conceptos sobre economía:
  • La economía no es una ciencia. Es una serie de reglas cambiantes que nosotros mismos nos vamos marcando. Los que tenemos ya algunos años hemos podido constatar lo que ha cambiado la economía hacia formas más insostenibles: intereses por los suelos, bancos descapitalizados y acceso a créditos sin ninguna garantía. Se prima el derroche y no el ahorro. Endeudarse hoy es moda cuando antes era casi un pecado.

  • La economía actual ya es insostenible per se. Es un sistema basado en la producción de grandes cantidades de productos baratos para potenciar el consumo. Y que a su vez para ser más competitivo y tener los productos más baratos promueve la mecanización, la inmigración  y la deslocalización de empresas buscando una menor y más barata mano de obra. Esto hace que la masa laboral pierda cada vez más poder adquisitivo lo que tarde o temprano repercutirá en el consumo.

Como vemos la economía no necesita de escasez de recursos ni escasez de energía para irse al traste, ya lo está haciendo por sí misma. Sin duda si añadimos a la ecuación la escasez de recursos y de energía, ayudarán y acelerarán el proceso.En caso de que antes no se vaya al traste la economía yo contemplo tres etapas donde la economía tendrá que actuar o cambiar:
  1. Auge de petróleos no convencionales: En esta etapa es en la que estamos metidos actualmente. Se caracteriza porque los petróleos no-OPEP han llegado al límite y se empieza a compensar con petróleos no convencionales. La producción OPEP todavía resiste, aunque controlada la producción según los intereses de la organización. Estos petróleos no convencionales son más caros y necesitan de precios más altos. Debido a dinámicas del mercado los pecios pueden bajar como ha pasado recientemente, y esto hace que las empresas se resientan. El sistema compensa la situación de forma satisfactoria haciendo trampas, permitiendo endeudarse a los países productores y a las empresas energéticas afectadas.
  2. Cenit del petróleo: La OPEP llega al cenit lo cual significa que su producción va a disminuir poco a poco y año tras año. Los petróleos no convencionales apenas pueden mantener la demanda. En pocos años el precio sube mucho.
En este caso ya no sirven de nada las compensaciones económicas, se ha llegado a un límite físico y por lo tanto de nada sirve hacer trampas con la economía. El sistema económico no tiene más remedio que cambiar para adaptarse a la nueva situación. Al sistema todavía le queda un balón de oxígeno, que es prescindir de la automoción ya que el vehículo privado es el sector de mayor consumo de productos petrolíferos del mundo y a su vez el más prescindible. Es la mejor opción, ya que tanto en el coche eléctrico como en el de gas sus previsiones de crecimiento son bajas a corto y medio plazo,Aparecerán campañas de difamación del automóvil apuntando a su contaminación, peligrosidad, congestión del tráfico, etc. Se restringirá su uso en núcleos urbano. Se subirán los impuestos al automóvil para penalizar el uso y la compra. Y a todo esto añadiendo el alto precio del combustible.
  1. Cenit del gas: El mundo llega al cenit del gas lo que significa que el gas detiene su crecimiento pasando a disminuir poco a poco. Junto al gas también se ve afectado el petróleo ya que el gas era el que hacía viable la decreciente pero todavía grande producción de petróleo.
Probablemente con el cenit del gas también se llegue al cenit de la energía mundial, ya que aunque queda el carbón, éste es mucho menos eficaz en su producción en su transporte y en destino final; resulta más útil cuando es usado masivamente en generación eléctrica más que en destino final, aunque a costa de una contaminación y unas pérdidas brutales. Debido a esta menor eficacia del carbón, muy probablemente no va a poder sustituir al gas; por lo tanto, todos los sectores de la energía final quedarán afectados, y más especialmente en los países desarrollados que dependen fuertemente del gas. Con el cenit de la energía, el consumo mundial de energía no puede subir más y empieza a bajar, y con él también el PIB. El sistema económico mundial basado en el hiperconsumo de productos baratos ya no puede sostenerse ya que cualquier cosa que hace el sistema le cuesta energía que está empezando a escasear; por lo tanto el cambio de la economía es obligado y tiene que producirse hacia economías más tranquilas que gasten mucha menos energía. Es el fin de la sociedad de consumo.
Las variantes de este escenario pueden ser diversas; y debido a la falta de fiabilidad de las reservas las fechas de cambio son imposibles de estimar, a la etapa dos se podría pasar el próximo año o dentro de diez. Si se alarga la etapa uno, se podrían dar casi al mismo tiempo la etapa dos y la tres. La OPEP podría forzar un cenit artificial, ya lo intentó en el 2004. Podrían ocurrir crisis parciales como la del 2008,  etc.Queda la duda de cómo se producirá el cambio final a la etapa tres, si más o menos traumático. Supongo que esto dependerá de la capacidad que tenga el ser humano de reconocer el problema. Conceptos como la TRE y la eficiencia nos ayudan a entender y a asumir la situación, pero lo que es por ahora, poco caso que les estamos haciendo.
Saludos
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The Oil Crash llega a los ocho millones de páginas vistas

The Oil Crash - 1 May, 2017 - 09:52



Queridos lectores,

En la tarde del 28 de abril de 2017, este blog, The Oil Crash, llegó a los ocho millones de páginas vistas, como muestra la captura de pantalla que abre este post (gracias a Villallanero Solitario por inmortalizar el preciso momento, aunque sea un poco trucado). Cuando el blog llegó a los siete millones de páginas vistas comentábamos que en la actualidad cada nuevo millón de visitas requiere unos nueve meses, y así ha vuelto a ser (en realidad faltaron un par de días para que fueran 9 meses exactos),  y eso con el ritmo de publicación más bajo de toda la historia del blog (se han publicado aquí 41 posts desde el último millón, 10 menos que para pasar de seis a siete, y menos de la mitad del máximo histórico). Se confirma, por tanto, la mejoría relativa en el número de visitas.


De acuerdo con Google Analytics, hasta el 27 de abril de 2017 han entrado en The Oil Crash 1.240.803 usuarios, mientras que cuando verificamos este número en el momento en que llegamos a siete millones de páginas vistas, el 31 de julio de 2016, la cifra de usuarios únicos era de 1.139.838 usuarios (y como siempre, la cantidad total de páginas vistas registrada Google Analytics es algo mayor que la de Blogger). 




Es decir, en estos nueve meses 100.965 nuevos usuarios han entrado en esta página, y por tanto el lectorado sigue una tendencia creciente (aunque es conveniente no olvidar que algunos de estos usuarios vienen una vez y ya nunca más vuelven, y que algunos usuarios más antiguos han abandonado esta página). En el período del anterior millón se habían registrado 128.000 nuevos usuarios, con lo que se confirma que el crecimiento del lectorado es cada vez menor. Se acaba el crecimiento, también para The Oil Crash.


Como siempre, cabe destacar el contexto en el que se produce esta efemérides. En concreto, y hablando de petróleo, la gran cuestión ahora mismo es que se anticipan problemas serios en los próximos meses, como avisa la Agencia Internacional de la Energía, debido a que la fuerte desinversión de las compañías petrolíferas llevará a una súbita caída de la oferta de petróleo. El pico de precios del petróleo reavivará el interés por este tema, pero por desgracia habremos perdido un tiempo precioso para adaptarnos, y ese tiempo lo vamos a necesitar imperiosamente más tarde. Entre tanto, se impone una calma chicha pero tensa, con el ascenso de los movimientos populistas en todo el mundo occidental y el belicismo creciendo en el resto del mundo.


En cuanto a mi, mis problemas con la falta de tiempo para dedicarme a éste y otros menesteres no hacen más que agravarse. Cada vez paso más tiempo fuera de España buscando dinero para poder mantener mi equipo de investigación. Ésa es la causa fundamental del descenso del número de posts, pero a pesar de ello y de la relativa calma es evidente que cada vez más gente es consciente del problema que representa el Oil Crash. Quizá cuando mi actividad profesional se resienta tendré más tiempo para dedicárselo a la divulgación, o quizá lo tendré que dedicar a otros menesteres más perentorios. En todo caso, manténganse a la escucha mientras intentamos arrojar algo de luz sobre la confusión reinante en el campo de la energía y sus implicaciones societarias.



Salu2,
AMT
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La falsedad del arte contemporáneo

Ácratas - 26 April, 2017 - 19:23

LA "ARTISTA" MILLIE BROWN TIÑE LECHE CON COLORES, LUEGO LA BEBE Y LA VOMITA SOBRE EL LIENZO

Weiwei, supuestos hierros enderezados procedentes del terremoto de Siguán. Cualquier ferrallista hace arte en su almacén sin saberlo...Aliexpress: Van Gogh al óleo 7,87 €... Está bien pintado, por artistas chinos y no es una falsedad, sino una copia exacta.
Arturo Rivera, autorretrato operándose el corazón a sí mismo. El autor ha tenido serios problemas cardíacos.El republicano constitucionalista Antonio García-Trevijano: viejito, pero imbatible.
El arte actual, como el resto de las actividades contemporáneas, se fundamenta en el encumbramiento de la mentira. Es imposible encumbrar la mentira sin recurrir al enseñoreamiento previo de la mediocridad. Un difuso e incongruente discurso-jerga conceptualista hace el trabajo sucio. La víctima es la verdad, que se combate fieramente desde las instancias del poder económico y político, y se ningunea para evitar que brille y aplaste la farsa. Pues la verdad es para la mentira como la lejía para los gérmenes.

El arte actual está dominado por los comisarios (curators) y los galeristas/subasteros, que saben perfectamente al servicio de qué y de quiénes están. El arte contemporáneo cubre una necesidad global fundamental: blanquear dinero procedente del crimen organizado y de la especulación, al tiempo que baña a los nuevos millonarios con una pátina de cultura rápida. Una obra de arte no es otra cosa que un valor documentado revendible, un depósito de capital. Como las necesidades actuales de blanqueo de capitales son inmensas, el mundo del arte ha creado de la nada miles de supuestos artistas. Y como es imposible que tantos artistas sean genios, ha inflado el mundo artístico de obritas ready-made, al estilo que inaugurara Duchamp con su mingitorio transusbstancializado en fuente: cajas de zapatos vacías, tapas de yogur pegadas, orines sobre el suelo o, como hace la artista de vanguardia, Millie Brown, vómitos sobre lienzo. A mí, personalmente, Millie Brown me recuerda a Le Pétomane, Joseph Pujol, un trompetista vintage que impulsaba su instrumento en el escenario con el culo, a base de pedos.

A día de hoy, el artista no aparece por cuestiones de calidad de obra o historial, sino cuando al sistema le viene bien. Un nuevo artista no debe hacer nada más que asumir el discurso del sistema, protestar contra cosas perfectamente controladas y servir de herramienta al mundo de las finanzas global, pareciendo siempre que hace lo opuesto.

Por ejemplo, el chino Weiwei, supuesta víctima en su defensa de los derechos humanos: Ilimitadamente apoyado por los medios y las instituciones que le regalan espacios cultos para exponer sus obras y protestas, muchas veces falsas, como esos miles de hierros enderezados en su taller supuestamente procedentes del terremoto de Sichuan. Weiwei es tratado por el Sistema como un luchador contra la dictadura del Partido Comunista chino. En realidad, Weiwei está al servicio de la globalización, de los mismos especuladores que hacen sus fortunas al haber convertido a China en la gran factoría productiva de Occidente. ¿Cómo se compatibilizan ambos intereses aparentemente contradictorios? Simplemente estableciendo bien poco sutilmente la idea de que la libertad en China vendrá de la mano del incremento de renta per cápita de los trabajadores chinos. Es decir, convirtiendo la Globalización en un arma liberadora de los explotados: el Partido Comunista chino fallecerá de puro y simple éxito.

El Sistema cultural occidental se comporta como una ONG que alimenta a sus artistas y los mantiene en un perpetuo estado infantiloide, mimados y subvencionados mientras sean dóciles. Los verdaderos artistas plásticos, entretanto, se baten el cobre para subsistir, pues no encuentran ningún apoyo institucional por el simple hecho de ser demasiado buenos para ser un ejemplo. Me explico: el sistema arrasa y ningunea a los artistas contemporáneos que saben pintar, escribir o esculpir, a los que arriesgan y comunican no sólo porque sus mensajes pueden ser peligrosos para el poder, sino porque, en cuanto los inversores en arte los ven, los prefieren porque los entienden y los intuyen valiosos. ¿Cuál es el problema? Que las obras de arte actual de verdaderos artistas son muy pocas, no sirven a la causa de la ocultación de la ingente cantidad de capitales sin control. Y tampoco pueden incorporarse al sistema junto con las demás "obras de arte" porque las ponen en evidencia (1). Por eso deben ser extirpadas y anuladas. Y por eso, sin mediocridad aderezada de oportunismo y sinvergonzonería, no se tolera el éxito.

Las obras de Warhol no las hizo Warhol, sino que fueron ejecutadas e incluso diseñadas en su Factory: el autor de los grabados de Marilyn fue uno de sus explotados, Louis Walden. Jeff Koons no realiza ni una sola de sus obras: las ejecuta la industria. De ahí viene precisamente su éxito como artistas: de que, al tener a su servicio a la industria, han sido capaces de proveer al sistema de suficiente número de obras para interesar como herramientas de intercambio de capitales.

Nada nuevo bajo el sol. El mundo del arte está tan corrompido por el dinero como el mundo político que le sirve de refugio y sostén. Mientras, China arrasa el mercado del verdadero arte con sus falsificaciones, réplicas de tan buena factura como los originales de los que proceden. Dignos de verse los documentales sobre esas factorías de producción en cadena.

Salud.


UN ÁCRATA METAMODERNO,
(COMO TODOS LOS ÁCRATAS
HABIDOS Y POR HABER)


NOTAS: (1) Eso mismo sucede en política: Antonio García-Trevijano es permanentemente combatido por el Sistema. No se le tolera el acceso a los medios de comunicación de la misma manera que Arturo Rivera no consigue espacio para exponer sus extraordinarias pinturas en Méjico.

LIBRO RECOMENDADO: "El fraude del arte contemporáneo", de Avelina Lésper.




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Elegía del crecentismo

The Oil Crash - 26 April, 2017 - 16:15


Queridos lectores,

Diez años después del inicio de la crisis, los indicadores macroeconómicos españoles nos muestran que el país está por fin saliendo de ese agujero. Durante más de dos años el PIB español ha estado creciendo y a buen ritmo. Lo peor de la crisis, nos dicen, ha pasado; ahora, por fin, avanzamos por la senda del crecimiento y de la recuperación.

Sin embargo, la percepción popular no es en general tan optimista.

Es verdad, dice la gente, que se está notando que la cosa mejora, que hay más empleo, que la gente sale más de vacaciones, que bares y hoteles se llenan... en suma, que hay más negocio y más actividad, y eso finalmente redunda en más empleo. Sin embargo, las condiciones laborales de la mayoría están cada vez más lejos del relumbrón de hace una década. La tendencia es a salarios más bajos y empleo con menos garantías: el salario más habitual en España es de unos 1.000 euros netos al mes, cantidad insuficiente para vivir con cierta holgura en las grandes ciudades, y hasta un 30% de los asalariados cobran menos que eso.

Pero no son sólo las bajas perspectivas salariales las que atormentan al asalariado español, o al que quisiera serlo. El fantasma del desempleo o del subempleo siempre merodean, y nadie puede sentirse relativamente seguro de no caer en ellos: porque ya tienes más de 40 años, porque tienes menos de 35, porque eres mujer, porque eres fácilmente sustituible... Todos saben que cuando se cae en el desempleo o en el empleo precario hay que salir inmediatamente de ahí, como si se hubiera caído en las brasas, pues en nada de tiempo se cae en la pobreza y la exclusión. Nadie quiere hablar de ello, las televisiones se afanan en disimular esa realidad disfrazándola de anécdota cuando es un fenómeno masivo y que, a pesar de la recuperación económica, apenas retrocede. De acuerdo con la última Encuesta de Condiciones de Vida elaborada por el Instituto Nacional de Estadística español, casi un 28% de los habitantes de España está en riesgo de pobreza o de exclusión social. Los medios de comunicación señalan que se ha producido una mejora con respecto al peor momento de la crisis, en 2013, cuando este riesgo llegó a afectar al 29,2% de la población. Poco más de un 1% que puede explicarse fácilmente con esos millones de españoles que han huido de España por razones económicas; de hecho, teniendo en cuenta ese éxodo la población en riesgo ha disminuido poco, quizá también porque los excluidos son poco dados a viajar, porque saben que serán excluidos aquí y en cualquier otra parte. O porque no tienen muchas esperanzas de poder mejorar.

No todos pierden, obvia decirlo. Hay quien ha salido ganando, pero en realidad son los menos. Hay algunos más que creen que podrían salir ganando, que pueden ascender dentro del sistema, y por ello siguen jaleando este absurdo y destructivo orden de las cosas, pero en realidad se autoengañan, porque el sistema necesita cada vez a menos, también de ellos. Pero mientras se engañan a sí mismos, nos engañan también a nosotros, repitiendo desde sus púlpitos mediáticos o sus carpas televisivas los mismos mensajes, modulados por matices aparentes pero con una unidad de fondo. Vivíamos por encima de nuestras posibilidades, nos dicen. Todos podemos mejorar si nos esforzamos, nos dicen. Ya nunca volveremos a la exuberancia de comienzos de siglo, nos repiten, aquello fue una locura y ahora hay que vivir de una manera "más racional", como si aquella exuberancia fuera en modo alguno culpa de los trabajadores. Tenemos que aprender a ser competitivos y adaptativos, nos peroran, tenemos que reinventarnos y, palabra estrella, emprender. Emprender quiere decir que dejemos de pensar en ser ocupados por cuenta ajena y que creemos nuestro propio negocio; trabajando duro y siendo más imaginativos que la competencia podremos medrar. Pero el hecho tozudo es que no hay grandes oportunidades de negocio, y la mayoría de la gente no tiene formación para aspirar a crear un negocio sofisticado con un gran nicho de mercado, entre otras cosas porque el mercado en su conjunto se está haciendo más pequeño con la pérdida de renta efectiva de las clases medias. Pero el consejo cala y algunos deciden "emprender", y así más de uno y más de dos redime todo su prestación de desempleo, pide dinero prestado a familia y amigos, y monta "su negocio": una cafetería, una panadería, una ferretería... La mayoría de estos negocios no duran más de seis meses; los pocos que atraviesan ese umbral temporal sobreviven porque posiblemente un negocio del mismo tipo y mayor trayectoria ha tenido que cerrar. 

Éste es el panorama general. Consideramos que estamos recuperando "la normalidad", cuando el hecho es que un poco menos de un tercio de la población española malvive. Pero ésos no son los que leen blogs como éste, y si Vd. pertenece a esos dos tercios de la población aún segura y no le ve de cerca los colmillos a la pobreza y la exclusión, pensará que exagero. Algunos más displicentes dirán con sorna: "Ya está ese tipo de ese blog catastrofista diciendo que se acaba el mundo; pero mira, todo sigue igual".

En realidad, no todo sigue igual. Todo sigue su curso, que es un curso lento, como corresponde a los procesos históricos. El proceso histórico que estamos siguiendo es el del fin del crecimiento y el del fin de capitalismo. Si tal fin tendrá lugar de manera caótica u ordenada, revolucionaria o evolutiva, es algo que depende completamente de las decisiones que tomen los seres humanos que conforman esta sociedad. Puede haber muchas maneras de abordar y resolver este problema, algunas mejores y otras peores, algunas más tranquilas y otras más sobresaltadas, y yo no puedo decir cuál es la más conveniente porque no lo sé. Pero cerrar los ojos y negarse a aceptar que hay un problema, ésa sé seguro que no es una solución.

Y el primer paso para solucionar el problema es comprenderlo. Hay que comprender que estamos llegando al fin del crecimiento. Ésta es una realidad difícil de aceptar para quienes se sienten favorecidos por el sistema actual, por el mecanismo de crecimiento sin fin. Y sin embargo, independientemente de nuestros gustos y preferencias, el crecimiento está llegando a su fin porque está topando con los límites físicos que marcan nuestra biosfera.

Ahora mismo ya no hay grandes oportunidades de negocio. La gran esperanza de las TIC está tocando también sus límites, porque resulta difícil conseguir una mayor penetración de los sistemas de información y porque la Ley de Moore ha muerto, así que no se puede seguir integrando sistemas en cada vez menos tamaño. El negocio que da el planeta Tierra es el que es. Es inmenso, proporciona una gran prosperidad (no siempre bien repartida) y seguramente se pueden producir aún incrementos aditivos, pero el crecimiento porcentual, el tan buscado tanto por ciento de crecimiento anual, ya sea del 2 o del 5 por ciento, eso ya no se puede mantener. Ya no hay posibilidad de crecer de manera sostenida a esas tasas de crecimiento anual, sólo se puede crecer cuando primero ha habido una recesión, sólo para volver al mismo sitio de antes o un poco más abajo.  El sistema capitalista se está haciendo cada vez más pequeño, muy lentamente pero cada vez más sensiblemente, y para conseguir el crecimiento del capital el gran nicho que queda por explotar es el de las rentas de trabajo, básicamente reduciendo los salarios en aras de un incremento de productividad cada vez más difícil pues cada vez se valoran menos los productos en un mercado saturado y con menor renta disponible, justamente por la reducción de salarios. El proceso, de mantenerse, sólo podría conducir a la destrucción de la clase media y del Estado del Bienestar, y en el largo plazo ni por ésas se podrá garantizar las tasas de retorno del capital estipuladas. Eso pone una fecha de terminación al capitalismo tal y como lo concebimos ahora, puede que sea 20 años, puede que 50, quizá tan sólo 2, pero en todo caso sus días están contados.

Pero no se quiere creer que hemos llegado a este punto y se nos dice: "¿No lo veis? ¡La economía española lleva más de dos años creciendo a buen ritmo!". No es ninguna coincidencia que dos años y medio es el tiempo que el precio del petróleo lleva bajo, después del colapso de precios de septiembre de 2014. Este petróleo barato favorece el despegue de una economía tan basada en el petróleo como la española, donde a pesar de la gran caída general del consumo de energía desde los máximos de 2008 el petróleo aún representa más del 50% de la energía primaria consumida. Aquéllos que quieren creer en el espejismo económico español deberían mirar a Europa y darse cuenta de que en el resto del Viejo Continente no hay tal recuperación, la norma es el estancamiento o el crecimiento muy débil y renqueante. ¿Qué solidez tiene el crecimiento español, si los países más industrializados de su área no levantan cabeza desde el inicio de la crisis?


Mientras aquí se mantiene un modelo económico basado en los servicios de bajo valor añadido y en la construcción, a pesar de saber lo frágil que es delante de las crisis económicas internacionales, el resto de países van discretamente definiendo sus estrategias de cara a un futuro mucho más complejo de lo que aquí se intuye, y para el que nadie aquí se está preparando. Déjenme que analice con un poco de detalle un par de cuestiones asociadas con la crisis energética.

Desde hace casi 10 años Alemania se ha lanzado a un intenso programa de transformación de su matriz energética conocido como Energiewende ("transición energética", en alemán). El objetivo declarado de tal transición es aumentar la producción de energía de origen renovable dentro del objetivo de mejorar la sostenibilidad de la economía alemana y, se aduce, disminuir su huella de CO2. El hecho es que Alemania ha conseguido incrementar su producción energía renovable desde valores casi testimoniales hasta el 36% de la energía eléctrica (valor que no está nada mal, aunque recordemos que la energía eléctrica es sólo una fracción de la energía final consumida, en torno al 20% en los países industrializados y del 14% a escala global; así, en el caso de Alemania, la energía renovable representará menos del 9% de su energía final consumida). Lo curioso del caso alemán es que, a pesar del enorme despegue de la energía renovable las emisiones de CO2 no han disminuido, e incluso han aumentado ligeramente en 2015 y en 2016. ¿Por qué? La razón la podemos ver en el siguiente gráfico, que nos muestra la evolución de la producción eléctrica alemana durante los últimos años.



Si se fijan bien en la gráfica, verán que todo el aumento de energía renovable ha servido fundamentalmente para cerrar centrales nucleares (y en menor medida algunos ciclos combinados de gas). Sin embargo, el consumo de carbón se ha mantenido prácticamente constante, incluso el lignito -altamente contaminante y muy emisor de CO2 - ha aumentado ligeramente. Teniendo en cuenta que la huella de carbono de una central nuclear es muy pequeña, mucho más pequeña que la de una térmica de carbón, está claro que la Energiewende no está pretendiendo la descarbonización de la economía alemana, sino otra cosa. Básicamente, una salida ordenada de la energía nuclear. 

Se puede alegar que abandonar la energía nuclear es algo positivo debido a los riesgos que comporta. Siendo eso verdad, da más bien la impresión de que la urgencia del abandono de la energía nuclear tiene más que ver con la llegada del pico del uranio: como comentamos al analizar el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía de 2014, todo apunta a que el pico del uranio ya se ha producido (y probablemente el del carbón también, pero ésa es otra historia). En ese sentido, el movimiento de Alemania contrasta con el de su vecina Francia, país que apostó mucho más fuerte por la energía nuclear. Las dificultades crecientes para conseguir uranio asequible estarían probablemente detrás de que en los últimos 4 años de manera permanente un 25% de las centrales nucleares francesas permanezcan paradas por uno u otro motivo; también estarían en el trasfondo de la intervención militar de Francia en Malí, y tendrían mucho que ver con el episodio del encarecimiento de la electricidad en España a principios de este año. En Francia se dejan oír ahora voces a favor de una rápida implantación de la energía renovable, a la vista de lo cara que resulta la nuclear. En Alemania esta decisión ya la tomaron hace tiempo, y a pesar de que los críticos atacan la Energiewende por haber encarecido la electricidad, probablemente Alemania está prefiriendo pagar más ahora para poder resistir mejor la crisis energética inminente. Una cuestión para meditar.

Los defensores de la energía nuclear suelen desdeñar el problema del pico del uranio alegando que si el precio es suficientemente alto aparecerán recursos de una manera exponencial. Esencialmente, a 200$ por kilo de uranio la producción se podría cuadriplicar. Este argumento resulta bastante miope, pues ya sabemos que hay un límite máximo al coste de la energía. James Hamilton, profesor de la Universidad de California San Diego, lo sitúa en torno al 10% del PIB, lo cual es consistente con los análisis basados en la Tasa de Retorno Energético (TRE) y con los que han realizado otros economistas como Gaël Giraud. De hecho, a 200$ dólares por barril de petróleo la producción de petróleo también podría cuadruplicarse, pero tal precio es simplemente imposible de soportar por la economía, porque en esencia el rendimiento energético de ese petróleo es demasiado bajo como para sostener una sociedad compleja.


De hecho, el escenario de precios altos para el petróleo parece el más probable para los próximos meses, de acuerdo tanto con la Agencia Internacional de la Energía como con el banco HSBC. La razón, analizada tiempo ha en este blog, es la brutal desinversión de las compañías petroleras, en su afán por simplemente sobrevivir (este tema se explica en detalle en la nueva versión del prontuario). En ese momento podremos comprobar si la inversión en explotación petrolífera se recupera o, como parece más probable, entramos en una nueva fase destructiva de la espiral del descenso energético. La crisis económica y financiera mundial que seguirá llevará de nuevo los precios del petróleo a la baja y a los países productores a un paso de las revueltas internas. ¿Invadiremos Argelia? Sólo el tiempo lo dirá.

Y a pesar de la relativa tregua que el petróleo barato le está dando a las economías occidentales, el malestar crece. Un malestar que lleva un día a un (fallido) referéndum en Grecia que habría sacado el país de la zona euro, otro día a un referéndum (exitoso) para sacar al Reino Unido de la Unión Europea, más tarde a la victoria de Donald Trump en la carrera presidencial de los EE.UU. y que en estos días lleva a Marine Le Pen a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, que aunque no gane la ponen un paso más cerca del Elíseo, aunque sea a cinco años vista. Movimientos del mismo corte son generalizados en todo Occidente, hay un avance aparentemente imparable del populismo, de políticos de escasa catadura moral pero que proponen una reforma radical del sistema político, y mucha gente los considera una alternativa atractiva e interesante porque ya no compran el discurso tradicional de una élite vista como corrupta y subsidiaria del poder económico.

Y Vd., querido lector, incluso si es Vd. un afortunado miembro de esos dos tercios de la sociedad que no se ve en la pobreza o en la exclusión social, párese a pensar: ¿qué estamos ofreciendo a la juventud? Incluso los hijos de las clases altas no tienen claro el futuro. Se les pide que se esfuercen, que se sacrifiquen para que, quizá, tal vez, puedan tener un sueldo casi digno, no de emancipación, en algún momento no demasiado temprano de su vida. Y a medida que vamos vamos más abajo en la escala social el futuro es más negro.

¿En aras de qué mantenemos esta situación? ¿Cuál es la ventaja de mantener un sistema económico que de manera palmaria es ya disfuncional, y que mostrará una mucho peor cara cuando la nueva oleada recesiva emerja?

El problema es la obsesión con el crecimiento económico. No sólo los agentes económicos; también los partidos y sindicatos sólo contemplan la creación de empleo a través del crecimiento económico, y se les hace impensable un escenario en que el crecimiento económico ya no sea posible; y no hablemos ya de abrazar el decrecentismo como fundamento ideológico. Hay demasiado miedo al rechazo social que genera la idea de decrecimiento, a pesar de que el 37% de la población española está ya, a día de hoy, dispuesta a abandonar el crecimiento. ¿Es que su opinión no cuenta? ¿Saben más los presuntos expertos que un día desbarran sobre el falso milagro del fracking en EE.UU. y otro apoyan con oscuros argumentos la austeridad como medida eficaz anti-crisis? En esa misma encuesta que enlazo arriba se muestra que sólo el 4% de la población española apuesta incondicionalmente por el crecimiento, frente a un 16% que apuesta incondicionalmente por todo lo contrario, por detenerlo por completo.

Seamos honestos: la idea de abandonar el crecimiento es ya bastante madura en la población, y el próximo recrudecimiento de la crisis hará que esta opción se convierta en mayoritaria. En realidad, hace una falta urgente un plan de decrecimiento. Pero tal cosa no va a suceder en tanto que nuestros dirigentes políticos y económicos no superen la fase de duelo en la que están respecto al crecentismo, es decir, la ideología del crecimiento. Ya está bien de maquillar estadísticas, ya está bien de mirar hacia otro lado, ya está bien de intentar ver con el prisma crecentista la evidencia que se acumula y que muestra que el crecimiento se acabó.

Así es, señores. Se acabó el crecimiento. Dejen de soñar quimeras, dejen de imaginar soluciones tecnológicos que nunca cuajan y no responden a los problemas que tenemos ya, aquí y ahora. No es una situación coyuntural, sino un problema estructural. Si lo necesitan, lloren por el crecimiento perdido; pero después séquense las lágrimas y pónganse a trabajar, pues nos falta, entre otras cosas, tiempo.

Si Vd., querido lector, es un responsable político y ha llegado aquí porque tiene dudas, sepa que tiene dos preguntas sobre la mesa: 
  1. ¿Es el crecimiento económico deseable? 
  2. ¿Es el crecimiento económico posible?
No se trata, no, de que conteste a estas dos preguntas: la respuesta a ambas ya es conocida y es un rotundo NO; este blog rebosa de la evidencia que avala estas respuestas. Lo importante es que piense cuál es el orden en que se plantea estas dos preguntas. Si se las plantea en el orden en que están escritas, probablemente Vd. comprenda los innumerables problemas que plantea el crecimiento, y con la segunda pregunta está intentando justificar la primera. Si las plantea en el orden inverso, probablemente comprende las limitaciones que imponen los límites biofísicos del planeta, y propone la segunda pregunta para consolarse. Si es así, aún está superando su fase de duelo. Dése su tiempo y supérelo. 

La ideología del crecimiento ha muerto, ¡Larga vida al crecentismo!





Salu2,
AMT
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TRE global de la industria del petróleo

The Oil Crash - 18 April, 2017 - 15:28
Queridos lectores,Como anunciaba en el post anterior, Ruy Núñez nos ofrece esta semana una segunda parte, en la que analiza la TRE de la industria del petróleo, una versión simple pero más acertada de este tema que la que nos ofrecía el modelo ETP. Sin duda, un tema fundamental para entender qué nos deparar el futuro.Les dejo con Ruy.
Salu2,AMT   
TRE global de la industria del petróleoMientras escribía el anterior post “Un aumento de producción “autoportante”” me vino a la cabeza la posibilidad que ofrece el análisis sobre la energía del petróleo para estimar la tasa de retorno energético (TRE) de la industria en su conjunto. El asunto es realmente muy sencillo pues a partir de la TRE de cada fuente, basta con hacer una media ponderada, y gracias a los cálculos hechos para el post anterior eso ya está hecho y sólo queda dividir la energía total producida por la energía total dedicada a la producción.Hay que señalar que dicho análisis encierra una pequeña licencia metodológica, ya que no toda la energía que se utiliza para extraer petróleo proviene de dicho petróleo. Parte de ella proviene del gas natural y otra parte es electricidad, por lo cual la identificación de las fuentes primarias se vuelve casi imposible. Pero esta licencia no desvirtúa la reflexión general sobre la energía bruta, la necesaria para producción y la neta, y por tanto sobre la TRE.Al igual que en el post anterior sólo considero dos escenarios de estudio: el correspondiente a los datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) sin corregir y el correspondiente a los datos corregidos para contemplar una situación sostenida de baja inversión en exploración y desarrollo. Asimismo, las correcciones aplicadas a los datos del WEO’16 y las TRE asignadas a cada categoría de líquidos asimilables al petróleo los he extraído de los posts de Antonio Turiel.Al final del post, se presentan dos gráficas en las que se han doblado las TRE parciales de las categorías no convencionales a modo de análisis de sensibilidad.
Escenario central de la IEA (New Policies Scenario)Aquí se consideran a los datos brutos recogidos en el World Energy Outlook 2016 (WEO’16) de la IEA más dos correcciones. Una para ajustar el volumen de los líquidos que no son petróleo crudo, igualando su densidad energética (el 70% de la del crudo). Y una segunda corrección para ajustar la producción a valores más realistas de producción (ver “El Ocaso del Petróleo 2016”). Los resultados se recogen en la gráfica 1. Gráfica 1. Curvas de TRE de la industria del petróleo en su conjunto. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul a la producción homogeneizada para igualar los volúmenes por la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. La línea roja corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior, más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.
El primer elemento que creo que es destacable es la convergencia de las curvas en el largo plazo. Independientemente de las correcciones que se introduzcan, incluso comparando con la curva sin ninguna modificación –datos directos del WEO’16– la TRE del conjunto apunta a un valor algo por encima de 3 y muy pequeña dispersión (entre 3,3 y 3,4). Parte de la explicación se encuentra interpretando la gráfica hacia atrás: las diferencias son más significativas en los datos del pasado en los que no existe apenas contribución de los petróleos con bajas TRE (sean convencionales o no convencionales), y en los que la contribución de los líquidos del gas natural y de las ganancias de proceso (que reducen su volumen o se eliminan en las correcciones) revelan su peso en los datos sin corregir. De esta forma, en el punto correspondiente al año 2000 la TRE del conjunto es prácticamente la del petróleo crudo convencional, es decir 20.Al mismo tiempo, en el largo plazo, las curvas tienden a converger pues en cualquiera de las tres series de datos aumenta el peso de los productos con menores TRE. De otra forma, la convergencia de las curvas obedece en gran parte al hecho de que hacia 2040 la categoría que más pesa en el promedio es la de los petróleos crudos pendientes de aprobación (las categorías de los descubiertos pero no aprobados y de los todavía por descubrir).Caben más discusiones sobre los resultados que ofrece la gráfica, como la posición más alta o más baja de cada curva, pero entiendo que son reflexiones metodológicas de interés para otro tipo de artículo. Aprovecho para señalar que no he incluido todas las gráficas de las series generadas para el análisis, pues son análogas a las recogidas en los posts “El Ocaso del Petróleo” de Antonio Turiel y creo que simplemente distraen la atención. Miraré de generar un documento que recoja toda esa información y lo pondré a disposición de quien lo solicite.El segundo elemento, y que es el que me parece realmente relevante desde la perspectiva de considerar aquello que de verdad importa en toda esta historia del estudio del aprovisionamiento energético, es que la TRE global del petróleo cae a valores peligrosos para el sostenimiento de una sociedad compleja.La TRE mínima para sostener una sociedad compleja es un valor prácticamente imposible de determinar con precisión. Según el experto en la materia Charles S. Hall, los valores para sostener sistemas como el educativo, el de salud o la creación artística están alrededor de 12 a 14. Son valores cuestionables, pues no se trata sólo de la TRE en su conjunto sino también de cómo y quién aprovecha el excedente energético, pues si no fuese así, hasta la aparición de los primeros aprovechamientos energéticos fósiles no hubiera existido ningún tipo de sociedad compleja. Pero dado que en el pasado el disfrute del excedente energético estaba restringido a fracciones minoritarias de las sociedades, esas civilizaciones sí pudieron desarrollar cierta complejidad, a costa de la explotación humana (esclavos, siervos, proletarios).Asimismo, la TRE de la industria del petróleo no es la TRE del sistema energético en su conjunto. Pero para hacer el análisis de la TRE del sistema energético en su conjunto no podemos realizar un simple ejercicio de promedio ponderado como el presentado aquí. Dado que el petróleo desempeña una posición de posibilitador del sistema industrial mundial, el descenso de su TRE afectará de forma no lineal al conjunto del sistema energético global. Esto permite enfocar de otra forma la discusión sobre la continuación del aprovechamiento del petróleo como vector energético más allá de su aportación neta de energía. En posts anteriores he sostenido que el petróleo puede seguir siendo explotado más allá del momento en que deje de aportar energía neta gracias al aporte de ídem de otra fuente, típicamente el gas natural. Pero a la vista del previsible rapidísimo descenso de la TRE del petróleo, si esa otra fuente que debe proveer la energía neta para continuar con la extracción, refino y distribución del petróleo depende a su vez del petróleo, se establece un bucle perverso que puede ir cerrándose sobre sí mismo muy rápidamente hasta anular dicha realimentación.Dicho de otra forma, para poder seguir explotando el petróleo cuando su TRE caiga por debajo de lo indispensable, gracias al apoyo de otra fuente de energía, habría que transformar la parte pertinente de la infraestructura para cambiar el orden de prevalencia. Es decir, la industria de extracción, refino y distribución del petróleo debería apoyarse básicamente en, pongamos, el gas natural. En este punto la pregunta evidente es ¿tenemos tiempo y recursos para dicha transición?
Escenario de baja inversiónEste escenario corresponde al analizado por Antonio Turiel en “El Ocaso del Petróleo 2016” para recoger una previsión de producción a futuro ajustada al mantenimiento de unas condiciones deprimidas de inversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos, según advierte la misma IEA.A partir de los datos brutos del WEO’16 de la IEA se hace un ajuste de los volúmenes para tener en cuenta la previsible caída en la extracción debida a bajas inversiones en ese capítulo fundamental para sostener la producción de petróleo. Posteriormente se hacen los mismos ajustes por densidad de energía y previsiones de futuro más realistas. Con eso se obtienen las curvas de la gráfica 2.Gráfica 2. TREs de la industria del petróleo en su conjunto en un escenario de baja inversión en exploración y desarrollo. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul contempla el ajuste de los volúmenes a una baja inversión en exploración y desarrollo. La línea roja presenta los datos de la producción homogeneizada para considerar la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. Finalmente, la línea marrón corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.
Nuevamente se aprecia una cierta convergencia de las curvas a un valor en el entorno de 4. Las causas son exactamente las mismas que en el caso anterior. Y de forma general, la discusión que podemos realizar sobre los resultados son las mismas. Ello permite concluir que, independientemente de la producción total de hidrocarburos líquidos, la perspectiva en cuanto a TRE es la misma a efectos prácticos y por tanto, las implicaciones respecto a las afectaciones para nuestra sociedad serán válidas más allá de si creemos que el volumen total extraído será el que prevé la IEA u otro mucho menor. y esto es realmente lo relevante del análisis, que independientemente del volumen total producido, del volumen total de energía neta obtenida, la TRE del petróleo caerá a valores que, según los expertos, no permiten sostener una civilización como la que tenemos ahora. Al mismo tiempo, y volviendo a la discusión sobre energía total, no en términos de TRE, cabe decir que ahí sí existirían diferencias importantes entre una situación u otra. Cuanta más energía neta total haya, más se podrá destinar a realizar la transición o la proporción de gente que todavía podrá disfrutar de los beneficios del petróleo será mayor (el volumen de energía neta en los diferentes casos contemplados cambia sustancialmente si consideramos los valores de la IEA o los resultantes tras las diferentes correcciones).
Análisis de sensibilidadEn las gráficas 3 y 4 se presentan los resultados de doblar las TRE de las categorías que no corresponden a petróleo crudo ya en explotación, a modo de análisis de sensibilidad y dado que el valor de TRE es sumamente complejo de determinar.Gráfica 3. TREs de la industria del petróleo en su conjunto doblando el valor de las TRE de las categorías diferentes a los petróleos crudos ya en explotación. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul a la producción homogeneizada para considerar la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. La línea roja corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.
Gráfica 4. TREs de la industria del petróleo en su conjunto en un escenario de baja inversión en exploración y desarrollo y doblando el valor de las TRE de las categorías diferentes a los petróleos crudos ya en explotación. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul contempla el ajuste de los volúmenes a una baja inversión en exploración y desarrollo. La línea roja presenta los datos de la producción homogeneizada para considerar la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. Finalmente, la línea marrón corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.
Las variaciones no son demasiado relevantes pues a pesar de doblar las TRE de muchas categorías, apreciamos la misma tendencia decreciente a valores de TRE global en el entorno de 5,5  a 7 que sigue siendo escaso para el mantenimiento de sistemas sociales complejos.Como apunte metodológico final, decir que en todo el análisis se han considerado valores estáticos de al TRE, pero se sabe que la TRE de cualquier fuente de energía finita es decreciente, por lo que la inclusión de este aspecto en el análisis no haría otra cosa que empeorar las perspectivas.
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Un aumento de producción “autoportante”

The Oil Crash - 10 April, 2017 - 11:37
Queridos lectores,

Tras un corto receso, la actividad del blog se retoma. En esta ocasión, tenemos un nuevo post de Ruy Núñez sobre la producción de petróleo requerida para mantener el propio sistema de producción, basándose en un nuevo análisis de los datos del último WEO de la Agencia Internacional de la Energía. Estoy seguro de que será de su mayor interés.

Les dejo con Ruy.

Salu2,
AMT 


Un aumento de producción “autoportante”
En el diseño de un puente la estructura que cubre la distancia entre dos apoyos consecutivos debe ser capaz de resistir las diversas cargas que actúan sobre el mismo. Por no complicar la exposición consideremos sólo las cargas gravitatorias, esto es, los pesos. A grandes rasgos, están las cargas debidas al tráfico que pasará por el puente, y el peso de la propia estructura. A medida que separamos los apoyos la estructura necesaria para aguantar las cargas aumenta sus dimensiones y consecuentemente su peso, y creo que es intuitivo entender que, a medida que aumentamos la distancia entre apoyos, la estructura resultante está cada vez más determinada por la necesidad de resistir su propio peso. Es decir, el peso del tráfico cada vez moviliza menos capacidad resistente de la estructura. El absurdo llega en el momento en que se moviliza tanta capacidad de la estructura para aguantarse a sí misma que el tráfico se convierte en algo residual y sin efecto determinante. En el diseño de un puente puede haber condicionantes orográficos que obliguen a hacer estructuras fundamentalmente autoportantes. Por ejemplo, en un valle muy profundo en el que resulte más económico un puente así, pues la alternativa de construir apoyos muy altos sea más cara. Pero también es cierto que las posibilidades modernas han permitido construir auténticos monumentos a la soberbia.Desde que leí un primer “El Ocaso del Petróleo” de Antonio Turiel, creo que fue el de 2014 (seguido por la serie completa y ediciones posteriores), me surgió la pregunta de qué parte del crecimiento en la producción de petróleo se explicaba por la creciente necesidad de invertir más energía para extraer petróleos de menores tasas de retorno energético (TRE). Y si no podría darse el caso de que el incremento de producción se debiera a la necesidad de invertir más energía en la extracción de los hidrocarburos líquidos.A medida que fui profundizando en el conocimiento de la problemática de los límites del crecimiento, la duda fue progresando hasta llegar a preguntarme si no estaríamos ya en esa situación de aumentar la producción de petróleo simplemente para mantener un nivel dado, o peor aún, por mantener la idea del crecimiento perpetuo. Y en caso negativo, ver cuándo podría producirse tal acontecimiento. En conclusión, si el aumento de producción previsto por la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) no obedece simplemente a un esfuerzo autoportante de la industria del petróleo, de forma que los aumentos de producción simplemente hacen crecer la producción total pero no la neta.Si eso fuera así, tal como concluye Antonio Turiel, el petróleo ya no sería capaz de contribuir al crecimiento económico, sentando las bases para una situación de colapso en nuestra organización socioeconómica.Finalmente me he animado a hacer un intento de valoración de la cuestión, pues en realidad no es nada difícil si reinterpretamos la información que nos da Antonio Turiel cada año.He cogido los datos de la tabla 3.11 del World Energy Outlook edición 2016 (WEO’16) de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y los he interpolado para 2005 y 2010 (se aprecian unas pequeñas diferencias con los datos empleados por Antonio Turiel, pero no son significativas para el análisis). La gráfica obtenida es la siguiente:Gráfica 1. Suministro de hidrocarburos líquidos según los datos de la tabla 3.11 del WEO’16 de la IEA. En todo el artículo se mantiene la nomenclatura y los colores empleados en el WEO’16 y el post de Antonio Turiel, El Ocaso del Petróleo edición 2016, para facilitar las comparaciones.

En un primer momento realicé un análisis completo sobre las hipótesis que Antonio desarrolla en sus posts. Sin embargo, la pregunta planteada sólo tiene sentido si consideramos que la producción de hidrocarburos líquidos aumenta. Por tanto, para ahorrar al lector muchas gráficas y esfuerzo interpretativo he decidido eliminar los escenarios en los que la cantidad de petróleo total disminuye, sea en volumen o en volumen equivalente por densidad de energía al petróleo crudo convencional.Bajo estas premisas sólo caben dos escenarios:
  1. El escenario central de la IEA (New Policies Scenario) sin ninguna modificación.
  2. El escenario central de la IEA con ajuste por densidad de energía.
Presentaré primero el segundo escenario para dotar de cierto suspense al texto y porque se trata de un escenario más ajustado a la realidad desde una perspectiva energética, que la simple adición de volúmenes de productos que no ofrecen la misma capacidad de realizar trabajo.Para los lectores asiduos de los posts de Antonio Turiel, insistir en que el presente análisis no persigue hacer una estimación realista de la energía neta que nos deja a día de hoy y en un futuro próximo, la industria del petróleo. Lo que se persigue es ver si el incremento previsto de producción se traduce en un incremento de la energía neta y por tanto, de la posibilidad de que la extracción de hidrocarburos líquidos contribuya al crecimiento económico.Evidentemente para la estimación de la energía necesaria para la extracción, refino y distribución del petróleo sí necesitamos echar mano del concepto de TRE y de unos valores para cada categoría considerada. En este punto utilizo los valores ofrecidos por Antonio Turiel en su serie de posts.También es importante señalar que cuando se presentan las gráficas de energía necesaria para la producción se mantiene la convención de colores por mor de distinguir cuánta energía requiere cada categoría, pero que dichas curvas no representan que se esté destinando a la extracción/refino/distribución esa cantidad de cada una de ellas. Puesto que la industria del petróleo emplea diversas fuentes de energía para desarrollar su actividad, es muy probable que parte de la energía consumida no provenga de cada categoría particular, o ni siquiera del petróleo. Pero a efectos de determinar cuanta energía neta dejan los hidrocarburos líquidos no supone ningún impedimento considerarlo así.

1. Escenario central de la IEA (New Policies Scenario) ajustado para igualar a volumen de petróleo crudo por densidad de energía.La primera consideración de este escenario es que se excluye la categoría de ganancias de proceso (processing gains) dado que dichas ganancias no son más que aumentos de volumen debidos a que los productos derivados del petróleo suelen tener menor densidad, por tanto ocupan más volumen, y a que se añade gas natural en algunos de los procesos. Por tanto, a efectos de energía, las ganancias de proceso no son tales (cuestión perfectamente explicada en el postEl Ocaso del Petróleo” edición 2012).En segundo lugar se ajustan los volúmenes de los líquidos no convencionales y de los líquidos del gas natural a un 70% para tener en cuenta esta menor densidad energética.Bajo estas condiciones las gráficas resultantes son las que siguen a continuación.Gráfica 2. Curvas de extracción para las distintas categorías ajustando los volúmenes a un volumen equivalente al de petróleo crudo convencional por densidad energética.Gráfica 3. Curvas de energía necesaria para la extracción de cada categoría. Como ya se ha indicado, se mantiene la convención de colores por mor de distinguir cuánta energía requiere cada categoría siendo importante señalar que no es que se esté destinando a la extracción, refino y distribución esa cantidad de cada uno de ellos. De forma genérica, y puesto que la industria del petróleo emplea diversas fuentes de energía para desarrollar su actividad, se puede pensar que este análisis es aproximado en tanto en cuanto es muy probable que parte de esa energía consumida no provenga  de cada categoría particular, o ni siquiera del petróleo. Pero a efectos de determinar cuanta energía neta dejan los hidrocarburos líquidos no supone ningún impedimento considerarlo así.Gráfica 4. Curvas de energía extraída, energía neta y energía necesaria para la producción.Aunque se presentan tres gráficas, la de producción, la de energía para producción, y la de energía producida/energía para producción/energía neta, de cara al análisis de este artículo sólo interesa la última.Las otras dos gráficas se presentan para poner en contexto la tercera. En ésta, la línea verde corresponde a la envolvente de la primera gráfica (producción total de hidrocarburos líquidos, salvo ganancias de proceso), la línea roja corresponde a la envolvente de la segunda gráfica (que viene a ser la energía necesaria, en términos de volumen de petróleo crudo convencional, para la producción de los hidrocarburos líquidos) y la línea azul corresponde a la envolvente de la energía neta resultante (la que resulta de las gráficas de los posts de Antonio Turiel).Sí sirven las dos gráficas introductorias para constatar visualmente que los líquidos correspondientes a las categorías de petróleos no convencionales y petróleos convencionales todavía por explotar (hallados pero no aprobados y todavía por descubrir), si bien suponen una fracción cada vez mayor en la producción total de hidrocarburos, simultáneamente suponen una proporción todavía mayor en la energía necesaria para producir dichos hidrocarburos (obvio si se tiene en cuenta su menor TRE).El resultado es palmario: resulta que el incremento de energía necesaria para la producción de hidrocarburos líquidos se come todo el aumento de producción y más. Y el reverso de este hecho es que la energía neta resultante para la sociedad es decreciente.Desde 2015, último punto de datos reales de la serie, el aumento de producción se ve superado por el aumento en la energía necesaria para producir y por tanto, se inicia el descenso de energía neta. En consecuencia se puede concluir que el aumento de producción es un espejismo contable que sólo enmascara la realidad de una disponibilidad decreciente de energía neta. Es como cuando un país aumenta la deuda pública para hacer crecer el PIB sin visos de poder devolver dicha deuda. ¿Les suena?Llegados a este punto aparece la duda de qué pasaría si se aplica el análisis anterior a los datos de la IEA sin ajustar. Veámoslo a continuación.

2. Escenario central de la IEA sin ningún ajuste (New Policies Scenario)

Gráfica 5. Curvas de extracción (es la misma curva presentada al inicio del post).Gráfica 6. Curvas de energía necesaria para la extracción de cada categoría. Se mantiene el criterio de que se diferencian categorías para distinguir cuánta energía requiere cada una sin que ello signifique que esa sea la cantidad real de cada categoría destinada a producción.Gráfica 7. Curvas de energía extraída, energía neta y energía necesaria para la producción.

¡Caramba! Resulta que incluso considerando sin reservas los datos de producción de hidrocarburos líquidos de la IEA, el incremento de energía necesario en los próximos años para sostener la producción se come dicho incremento y todavía más, de forma que la energía neta restante es declinante (como ya sabíamos por los posts de "El Ocaso del Petróleo"). De nuevo hay que señalar que este resultado es consecuencia de los valores de TRE empleados para cada categoría, pero es importante señalar que los valores empleados están en línea con lo que postulan los estudiosos más reputados en este campo.Luego podemos concluir que incluso en el escenario más optimista, el de la propia IEA, ya estamos en una situación dónde sólo aumenta el esfuerzo “autoportante” de la industria del petróleo. Quizás eso explica en parte las desinversiones de la industria, la constatación de que por más recursos que se destinen a incrementar la producción, éstos no se traducen en ganancias energéticas y, consecuentemente, económicas.Obviamente esto tiene implicaciones enormes pues el punto de inflexión en la curva de energía neta marca el momento en que la economía mundial deja de ser capaz de producir aumentos de la riqueza tangible. Todavía queda cierto margen para la riqueza financiera que tarde o temprano se verá arrastrada por la falta de colaterales que sustenten su existencia. Esta nueva tendencia decreciente tiene un primer factor acelerador: el aumento de población. Si la energía neta total disponible decrece, mientras que la población total mundial sigue aumentando, observaremos invariablemente un descenso fuertemente no lineal de la energía neta per cápita. Claro que a nuestro sistema, ya injusto en la distribución de la riqueza en su fase de crecimiento, es un aspecto que probablemente le importará poco, excepto por el hecho de que ahora deberemos decidir si acentuamos la desigualdad (la gran exclusión) o si buscamos maneras de decrecer solidarias y más justas.Concluyo el artículo recordando una vez más que éste es un análisis parcial sobre los hidrocarburos líquidos. El momento clave decisivo será cuando el sistema energético global considerando todas las fuentes de energía cruce ese punto. Por lo que respecta al petróleo, y dado el papel esencial que juega en nuestro sistema socioeconómico, puede que acabe siendo subsidiado energéticamente, tal como apuntaba en mi anterior post sobre el modelo ETP. Sin embargo, ese mismo papel crucial puede ser fuente de fuertes distorsiones en las cadenas productivas y financieras si no entendemos rápidamente el reto al que nos enfrentamos y seguimos haciendo como que todo sigue igual.Dejo para un siguiente post un análisis de la TRE global de la industria del petróleo que resulta muy sencillo a partir del trabajo anterior y que muestra resultados muy interesantes al tiempo que preocupantes. 

Ruy Núñez
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Los escenarios peligrosos: Argelia

The Oil Crash - 29 March, 2017 - 15:18
Queridos lectores,
Javier Pérez vuelve a la carga con uno de sus interesantes análisis históricos y sociales de otro país cuyo riesgo de colapso violento es más que significativo: Argelia. Les dejo con Javier.Salu2AMT

Los escenarios peligrosos (III): Argelia



Cuando Antonio se preguntó en uno de sus artículos si acabaríamos invadiendo Argelia, la mayoría nos lo tomamos como una licencia poética, o como una brillante alegoría de los riesgos que supone tener, a nuestras puertas, un país que reúne en su seno la mayor parte de los problemas que nos amenazan para el futuro.
    No sé si la invasión propiamente dicha tendrá lugar, y menos aún en qué dirección, dada la virulencia de ese SIDA histórico que son los papanatas del humanitarismo cortoplacista, pero lo que está claro es que Argelia es uno de los escenarios más peligrosos a los que deberemos enfrentarnos en el futuro, además de Egipto y Nigeria, ya mencionados en artículos anteriores.    Sin más preámbulos, vamos a echarle un vistazo.Nada más ver el mapa, ya nos damos cuenta de que pasa algo curioso:La distribución administrativa se creó para que todas las provincias tuviesen un peso similar en recursos y población, así que ya podemos hacernos una idea sobre cómo se distribuyen las personas, y por qué sólo una parte del país es realmente aprovechable mientras que el resto está ocupado por interminables desiertos.
    Los datos de Argelia son, en cualquier caso, impresionantes: dos millones y medio de kilómetros cuadrados, aproximadamente cinco veces España, y cuarenta millones de habitantes.
    Pero vamos con su historia, como suelo hacer en otros casos. No es una locura, como cuando hablamos de Egipto, pero también tiene bastante miga y resulta muy esclarecedora.
    Argelia ha estado poblada por el pueblo bereber desde tiempos inmemoriales. En lugar de ponerme a describir a este pueblo, os pongo una foto de una chica bereber, y creo que con eso nos damos por apañados y queda más o menos clara su adscripción racial:
Durante el primer milenio antes de Cristo, los bereberes desarrollan contactos con los fenicios y los egipcios, recibiendo fuertes influencias de su cultura. A partir del siglo III antes de Cristo, aparecen en las crónicas romanas bajo el nombre de Numidia y, con el tiempo, acaban convirtiéndose en una provincia romana. Tras la caída de Roma, el reino fue invadido por los Vándalos en el año 430. A principios del siglo VI, las tropas de Justiniano I expulsaron a los vándalos y recuperaron el reino para el Imperio Bizantino, que lo gobernó de manera precaria hasta la llegada de los árabes en el siglo VIII.
    Tras la conquista árabe, buena parte de la población se mantiene cristiana y resiste al islam, pero poco a poco el país se convierte a la religión de Mahoma, aunque la influencia demográfica de los árabes es muy limitada.
    Durante siglos, los futuros argelinos se hicieron famosos en las sucesivas guerras civiles de la zona, enviando fuertes contingentes armados en unas y otras direcciones para participar en estos conflictos. Su papel fue muy relevante durante casi trescientos años hasta que, tras la victoria cristiana en las Navas de Tolosa, con la consiguiente caída de almohades y almorávides, debieron replegarse primero de manera parcial y luego de manera definitiva, tras la conquista de Granada por los Reyes de Castilla y Aragón en 1492. El fin de su influencia en Europa supuso una fuerte crisis en los reinos bereberes.
    Poco después, los europeos contraatacan: en 1501, los portugueses lanzan una expedición para conquistar Orán. Los bereberes resistieron. Cuatro años después, en 1505, la ciudad fue atacada por los españoles, que poco después la arrasaron provocando 6000 incendios. La ciudad se rindió y por manos del Cardenal Cisneros  pasó a la corona Española. Un año después, los españoles toman al asalto Argel, lo que da inicio a una larga serie de guerras por el control del mediterráneo en las que también intervienen los turcos. En 1792 la ciudad resultó destruida por un terremoto, lo que puso fin a las guerras con los españoles.
    En 1830 Francia tomó el relevo a España y comenzó a establecerse en los territorios costeros argelinos. La colonia fue ganando importancia hasta convertirse en una provincia francesa más. El proceso de colonización continúa hasta que en 1954 Francia se niega a descolonizar Argelia y comienza la guerra de la independencia, que finalizará con la independencia de Argelia, en 1962.         Tras la independencia, casi un millón de europeos abandonó el país, dejando al país sin médicos, técnicos ni profesionales cualificados. El proceso fue catastrófico para el país, que no había podido formar sus propias élites intelectuales. El desempleo llegó a alcanzar al 70% de la población. En ese momento, el país fue gobernado por el FLN, un partido socialista que se convirtió en partido único, nacionalizó las propiedades de los franceses e impuso un régimen laico, sin influencia religiosa alguna, que invitó a la mujer a quitarse el velo y participar en la vida pública. La aventura socialista concluyó en 1965 con un golpe de Estado.
   La dictadura militar que siguió fue también de corte socialista, aunque más marcadamente nacionalista. Se le llama socialnacionalista porque nacionalsocialista está feo, pero viene a ser lo mismo. Centraron sus esfuerzos en la reforma agraria, la alfabetización del país, la mejora del sistema educativo, la liberación de la mujer de las costumbres arcaicas y el desarrollo de industrias e infraestructuras propias que permitiesen la independencia nacional de facto, y no sólo sobre el papel. Este régimen duró hasta 1978. A la muerte del presidente Houari Boumedianee, tomó el poder Chadli Bemndejdid, más cercano a Occidente y al libre mercado, y más preocupado por aumentar el nivel de vida de la población, pero ya en 1985 tuvo que enfrentarse a las dos peores amenazas del país: la explosión demográfica, que multiplicaba el desempleo, y los insuficientes ingresos petrolíferos.
    Así comenzaron los disturbios en 1988 que condujeron a la desaparición del partido socialista único y a elecciones democráticas de 1990. ¿Y quién ganó las primeras elecciones democráticas? Los islamistas, que propugnaban el fin del aperturismo, el fin de los derechos de la mujer, etc.
    Los partidos laicos no aceptaron la victoria de los islamistas y detuvieron a sus líderes lo que condujo al asesinato de varios líderes y a la guerra civil. Tras amplios enfrentamientos con miles de muertos, la situación pareció pacificarse con la elección en 1999 del presidente Abdelaziz Bouteflika, un hombre que, sin llegar a ser de consenso, consiguió reducir la magnitud de la guerra. Tanto esta elección, como las sucesivas reelecciones de 2004, 2009 y 2014 han estado siempre bajo permanente sospecha.
Situación actual:
Tras este recorrido por la historia argelina, le echamos un vistazo a la situación actual. Lo primero, para mí, es su evolución demográfica.

En efecto, como podéis ver, antes de la guerra de la Independencia, Argelia contaba con apenas 10 millones de habitantes, de los que aproximadamente uno y medio eran franceses. Después de la guerra, que supuso la pérdida de un 10 % de la población autóctona y prácticamente toda la población extranjera, Argelia ha pasado de 10 millones de habitantes a los más de 40 millones con que cuenta actualmente.
Entre tanto:
  • Sus recursos no han crecido. 
  • Sus pozos de petróleo no son más productivos. 
  • Sus costas no producen más pescado.
  • Su territorio no es menos árido.
  • Su cohesión social no ha mejorado.
    Así las cosas, las tensiones son inevitables, independientemente de quién los gobierne, cual sea su sistema político o qué medidas económicas se tomen.
    Quizás el problema se aprecie mejor en una comparativa entre el crecimiento de su economía, el PIB, y el crecimiento de la riqueza per cápita, o sea la riqueza de la población.

Como puede observarse, el crecimiento de su economía es robusto y constante, y aún así, el empobrecimiento de la población tampoco tiene freno, por mucho que algunos años parezca que crece la renta. Esto sucede, sobre todo, porque la población crece a mayor ritmo que la riqueza, algo absolutamente normal para alguien que esté mínimamente familiarizado con la ley de rendimientos marginales decrecientes.
La segunda razón, y ésta es contraintuitiva al ver la tabla, es que los crecimientos del PIB van a sectores que no se reparten homogéneamente y dependen, en su mayoría, de los precios de la energía, con lo que el pueblo soporta más el incremento poblacional de lo mucho que, de por sí, muestran los datos. A esto es a lo que se llama la maldición de los países exportadores de recursos naturales: necesitan un incremento de PIB muy superior para que esa riqueza llegue a la gente.
Y así pasamos a la gráfica del tema energético.
Copio y pego lo que decía Antonio: “la producción de gas argelino lleva ya mucho tiempo estancada y con cierta tendencia a la baja, y eso ya era así incluso cuando los precios internacionales del gas natural eran elevados. Básicamente, Argelia ha superado su peak natural gas.”
“Como muestra la gráfica anterior, la producción no sólo no aumenta desde el año 2000, sino, como suele pasar en los países exportadores, el consumo interno ha ido subiendo como consecuencia de la progresiva industrialización (una vez superada la cruenta guerra civil de los años 90 del siglo pasado), lo que ha llevado a una caída sostenida de las exportaciones de gas. 

Para acabar de agravar la situación en Argelia, la producción de petróleo ya hace mas de 10 años que superó su propio pico productivo, y de nuevo el aumento del consumo interno está favoreciendo un rápido decrecimiento de las exportaciones.”

Desde las instancias públicas y privadas españolas y francesas (con la empresa Gas Natural a la cabeza, en el caso de España) existe una constatada dificultad en asimilar que lo que está pasando con la producción de hidrocarburos en Argelia es un fenómeno conocido que debe más a la geología y a la termodinámica que a razones económicas, políticas y sociales, y de ahí la creciente presión para que Argelia liberalice la explotación del petróleo y el gas natural. Si añadimos a la caída natural de la producción de hidrocarburos en Argelia los actuales bajos precios entenderemos que Argelia está ahora mismo situación económica muy delicada: la exportación de hidrocarburos representa más del 90% del total y también más del 90% de la renta nacional. En lo que va de año Argelia acumula un déficit comercial de 11.000 millones de dólares, a añadir a una cantidad similar el año pasado, mientras que el PIB de Argelia pasó de 213.000 millones de dólares en 2014 a 168.000 millones en 2015. Aunque el grado de endeudamiento de Argelia puede parecer envidiable visto con la perspectiva de los países occidentales, el país norteafricano no tiene las posibilidades de éstos para financiar sus déficits (pues en este mundo alguien tiene que producir para que los demás consuman) y eso está provocando unenrarecimiento de la escena política argelina que, a decir de algunos,recuerda a los años previos a la guerra civil que estalló en 1991.”
Regreso con mi propia voz. Además de por vagancia, que siempre cuenta, he querido reproducir un fragmento tan largo del artículo de AMT para recalcar que no estoy diciendo nada nuevo en este blog.
Conclusión:
Argelia es un escenario explosivo porque se ve afectado por la combinación de una serie de factores altamente explosivos. Cada uno de ellos, por sí mismo, podría resultar el detonante de un estallido. Unidos, multiplican la probabilidad de que la historia termine mal.-1- Demografía descontrolada. Los que me leéis de vez en cuando ya sabéis que opino que Malthus tenía razón, aunque se equivocara en los plazos. Algo muy común en el movimiento peak oil, por cierto. Cuadruplicar la población en 50 años, en uno de los países más desérticos del mundo no puede terminar bien.-2- Gravísimo problema energético. El país ha alcanzado ya el peak, sus intentos de desarrollo frenan sus exportaciones y no parece probable que aparezca de repente un recurso que venga a sustituir a los hidrocarburos como fuente nacional de riqueza.-3- Problemas políticos. El presidente Bouteflika, que parece ser el único hombre de consenso disponible en estos momentos, lleva años postrado tras un derrame cerebral. Su estado de salud ha sido en las últimas fechas motivo de fuertes especulaciones y, además, tiene ya ochenta años. La carrera por su sucesión no va a ser fácil, ni en su facción, ni en las contrarias.-4- Población joven, sin expectativas de mejora, pero con una tasa de desempleo aparente no muy alta para lo que son nuestros estándares. El desempleo está alrededor del 11%, pero esa cifra, sin casi ninguna cobertura social y con unas cifras de subempleo realmente aterradoras, hacen que cualquier subida en los precios de los productos básicos genere enormes tensiones.-5- Clima. A pesar de las ya grandes dificultades para obtener una producción agrícola, Argelia es uno de los países que con más dureza podría sufrir los efectos perniciosos del cambio climático. A lo mejor es aquí procedente una gráfica que aportó Rafael Romero a nuestro foro:A mi juicio, esta gráfica es optimista, puesto que cuando se multiplica por cuatro la población, el agua disponible no se limita a dividirse por cuatro, sino que su mengua, por diversas razones, es mucho mayor.Así las cosas, Argelia hubiese sido tras Egipto mi primer candidato a la desestabilización, pro todas las razones antedichas. Sin embargo, cuenta con un punto a su favor que no cabe desdeñar: su cercanía  a Europa y la dependencia europea de sus exportaciones. Esto puede hacer que cuando los demás estén en las últimas, Argelia aún tenga los suficientes amigos, y lo bastante importantes (o asustados) para que las manos fuertes la mantengan a flote un tiempo más.El tiempo dirá.Javier Pérez
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Prontuario

The Oil Crash - 22 March, 2017 - 22:22


Queridos lectores,

A petición de varios lectores he reescrito en esta entrada el prontuario sobre la crisis energética que teníamos colgado en la página web del Oil Crash Observatory, actualizándolo con datos de ahora y añadiendo algunas cuestiones nuevas. Aunque está dirigido a gente que no frecuenta este blog, los lectores asiduos pueden encontrarlo útil para ilustrar sus explicaciones a profanos

Salu2,
AMT


[Edición de marzo de 2017]

¿Qué es el peak oil o pico del petróleo?

Es el momento en el cual la producción de petróleo llega a su máximo histórico y a partir de ahí comienza a disminuir.

¿El peak oil es cuando se acaba el petróleo?

No. El peak oil es cuando la producción de petróleo comienza a disminuir.

Pero, ¿cuánto falta para que se acabe el petróleo?

El petróleo, propiamente, no se acabará nunca; lo que pasará es que llegará un momento que se dejará de extraer porque lo que quede sea demasiado caro o difícil de obtener. En todo caso, faltan muchas décadas para llegar a ese momento, quizá incluso siglos.

Entonces, si el petróleo no se va a acabar (o no pronto), ¿por qué debería de preocuparme?

El problema que se genera con el peak oil no es que el petróleo se acabe, sino que su producción no sólo deja de aumentar (como ha hecho de manera bastante constante durante el último siglo y medio) sino que empieza a disminuir. La situación es análoga a la de una persona a la que le van reduciendo el sueldo un poco cada año: al principio no tiene demasiada importancia, pero a medida que su sueldo baja le va quedando cada vez menos dinero para vivir. Cobrar, no deja de cobrar nunca, pero la vida le resulta cada vez más difícil. En el caso del petróleo se da el agravante de que es la principal fuente de energía (de toda la energía consumida, el petróleo representa un tercio a escala mundial y la mitad en el caso de España), y que además nuestra sistema económico necesita crecer siempre para funcionar correctamente, y eso significa que ha de aumentar el consumo de energía y por ende el del petróleo.


¿Cuándo pasará el peak oil?

Aún es difícil estar completamente seguros, pero probablemente ya ha pasado. Si miramos la producción de petróleo crudo convencional (es decir, ese líquido negro viscoso que sale de esas torres con forma de martillo que suben y bajan) su máximo de producción se sabe que fue hacia 2005 y desde entonces está en un proceso de lenta bajada. Si hablamos de todos los hidrocarburos líquidos que hoy en día asimilamos a "petróleo" (aunque haya muchas cosas que sólo con mucha imaginación se puedan calificar de tal cosa) es posible que el máximo haya sido en 2015; en todo caso, a día de hoy (marzo de 2017) la producción, si aún puede crecer, lo hace muy poquito.

Pero si el otro día dijeron que Repsol había encontrado un yacimiento gigantesco.

Sí, y ésa es una muestra de desinformación de lo más banal que se usan en los medios. Una cifra habitual (por lo redondo) es que esos yacimientos contengan unos 1.000 millones de barriles. Teniendo en cuenta que cada barril son 159 litros de petróleo, estamos hablando de mucho petróleo aquí. Sin embargo, hay tres cosas que hay que tener en cuenta con estas noticias. La primera es que cuando se modeliza el peak oil (el primero en hacerlo fue Marion King Hubbert, a mediados del siglo XX, y después muchos otros lo han revisado) ya se tiene en cuenta que se encontrarán nuevos yacimientos en el futuro; por tanto, que se produzcan nuevos hallazgos ya está contemplado en el modelo, y el problema es que justamente lo que se encuentra nuevo no compensa el declive de lo que ya está produciendo. La segunda cosa a tener en cuenta es que un yacimiento cualquiera, independientemente de su tamaño, no puede producir a cualquier velocidad: un yacimiento de 1.000 millones de barriles puede tener una producción que en sus días de máxima gloria no pase de los 100.000 barriles diarios, y eso en un mundo donde se están consumiendo casi 95 millones de barriles al día no cambia gran cosa. La tercera es la más obvia: un yacimiento de 1.000 millones de barriles, que la noticia califica de "gigantesco" representa, a un consumo de 95 millones de barriles diarios (95 Mb/d), unos 11 días de consumo mundial. Puesto así, no resulta nada impresionante. 

De hecho, el problema ahora mismo es que se están encontrando menos de 10.000 millones de barriles nuevos cada año, cuando ya estamos en niveles de consumo de unos 35.000 millones de barriles anuales. No se está reponiendo ni la tercera parte de lo que se consume.

Pero si con el fracking los EE.UU. han conseguido llegar a ser autosuficientes.
 
Si estamos hablando de petróleo tal afirmación es directamente falsa, como cualquiera puede comprobar consultando cualquier base de datos; por ejemplo, los del anuario estadístico de BP.




El hecho es que EE.UU. aún importa alrededor de un tercio de todo el petróleo que consume, y dado el actual declive del fracking (declive que alterna períodos de subidas y bajadas, pero declive al fin y al cabo) no parece que esta situación vaya a cambiar.

De acuerdo, pero gracias al fracking EE.UU. duplicó su producción de petróleo.

Es verdad, el petróleo de fracking ha llegado a ser 5 Mb/d en EE.UU., revirtiendo una tendencia de declive de la producción de petróleo estadounidense de ma? de 3 décadas (como se observa en la gráfica de arriba). El problema es que esto se ha hecho a costa de endeudar a las compañías petroleras, como mostraba la siguiente gráfica del Departamento de Energía de los EE.UU. de julio de 2014:


Es decir, las 127 compañías más grandes de petróleo y gas del mundo, públicas y privadas, perdieron 110.000 millones dólares al año en 2011, 2012 y 2013. De hecho, si se mira el balance contable conjunto de las tres mayores compañías petroleras de los EE.UU. están en pérdidas desde 2012



Se puede pensar que eso es debido a los precios bajos, pero el actual episodio de precios bajos empezó a finales de 2014, y justamente de 2011 a 2014 el precio se mantuvo en precios históricamente muy altos.


Pero a pesar de toda la evidencia que se acumula, la prensa sigue insistiendo hoy en día (2017) en que el futuro está en el fracking, saludan cada pequeño repunte en el número de pozos activos en EE.UU. mientras ocultan que este número había caído un 60% de 2014 a ahora, se centran en la productividad por pozo mientras ignoran la producción total y, en fin, sueñan con un mundo donde los productores americanos compiten de tú a tú con la OPEP, intentando no ver que la industria del shale gas y el petróleo de fracking de los EE.UU. no ha tenido beneficios desde 2009.




Pero hay muchas reservas de petróleo no convencional que, si se aplica el fracking a escala global, harán que el mercado cambie radicalmente. 

Mero pensamiento mágico. Si con las infraestructuras que hay en EE.UU. y con su potente industria local el fracking ha sido una ruina, aún más lo será en cualquier otro lado. De hecho, salvo en Argentina (Vaca Muerta) no se está explotando a una escala serie en ninguna parte del mundo (y en Argentina ya están viéndole las orejas al lobo de la nula rentabilidad).

Pero si el precio está bajo.

Éste es un error muy común: pensar que si el precio está bajo significa que hay abundancia de petróleo y que si está alto es que falta. Corresponde a una visión estática y simplista del problema. En realidad, es bien conocido (y tenemos ejemplos en la historia, con el aceite de ballena, el mercurio, el cromo...) que cuando una materia prima comienza a escasear su precio oscila de manera muy fuerte, salvaje. 

¿Por qué oscila el precio del petróleo? 

De entrada, la demanda supera a la oferta y el precio empieza a subir sin parar, haya que llega a un precio que los consumidores no pueden soportar. En el caso del petróleo, eso significa que algunas empresas se arruinan por los altos costes, algunas fábricas cierran, algunos obreros son despedidos y se van al paro, y todo ello contribuye a reducir la demanda. Cuando la demanda se ha reducido bastante y pasa por debajo de la oferta, el precio empieza a caer de nuevo. Para poder aguantar con precios tan bajos, las compañías petroleras comienzan a recortar su inversión en nuevos yacimientos. Al bajar la inversión, baja la producción, cae la oferta y el precio vuelve a subir, y reiniciamos el ciclo.

A este ciclo de precio alto - se destruye demanda - precio bajo - se destruye oferta se le denomina la espiral de destrucción de oferta y demanda. El proceso sólo puede ser detenido cuando, o bien se encuentra nuevas maneras de cubrir la oferta (con nuevos hallazgos, con sustitutos) o bien se destruye completamente la demanda (se abandona el uso de esa materia prima).

¿Y por qué es tan malo que oscile el precio del petróleo?

Pues porque el negocio se vuelve muy arriesgado y nadie quiere invertir en él, pero es necesario para mantener todo funcionando. El problema con el petróleo es que ahora mismo es muy caro de producir lo que queda, y si el precio cae mucho las compañías petroleras pierden dinero y pueden tener problemas de viabilidad financiera; por eso ahora están reduciendo rápidamente su inversión en nuevos yacimientos (47% menos en 2016 que en 2014), para intentar sobrevivir. A cada ciclo se va produciendo cada vez menos petróleo; por eso hablamos de espiral, porque en cada paso habrá menos oferta y menos demanda.


Pero si la demanda ha caído muy poco, no se explica la actual caída de precios del petróleo.

El problema con el petróleo es que tanto la oferta como la demanda son muy inelásticas, es decir, no hay mucho margen para variar ninguna de las dos, y nadie quiere renunciar ni a consumir ni a producir, así que todo sucede a la fuerza, sin ser planificado ni pilotado por nadie. La gran inelasticidad causa también que variaciones muy pequeñas en la oferta y la demanda (tan pequeñas como un 1%) tengan un impacto muy fuerte sobre los precios, tanto cuanto suben como cuando bajan.

Pero si los expertos dicen que el petróleo tendrá un precio muy bajo durante décadas y mientras tanto nos pasaremos a otros combustibles.

El hecho es que estamos tan enganchados al petróleo que el porcentaje de energía consumida como petróleo no ha variado mucho en décadas, siempre está alrededor de un tercio del total. El gran problema de los autodenominados expertos en energía es que mayoritariamente vienen del campo de las ciencias económicas con una visión muy convencional, que se basa en una situación de estabilidad que ahora ya no se produce: no estamos en un momento estacionario, sino en uno de cambio rápido en términos históricos. Pero estos expertos se fijan sólo en el precio y creen que esa variable sola les permite entender la situación, cuando en realidad deberían mirar a la producción. A estas personas les convendría examinar con detención si las hipótesis en las que se basan son correctas (se les recomienda especialmente la siguiente guía).
 

Pero si a pesar de los recortes de la OPEP el precio está bajo.

La OPEP hace ya algunos años que perdió la capacidad de controlar el mercado; si Irak estuviera pacificado, la OPEP podría contar con cierta capacidad ociosa y así abrir o cerrar el grifo a voluntad para controlar el precio. La realidad es que la guerra contra ISIS sigue cebándose con parte de Irak y Siria, y la parte de Irak afectada es el Kurdistán, donde están los mejores yacimientos afectados (por supuesto, nada de esto es coincidencia). En todo caso, la OPEP está muy cerca de llegar a su propio peak oil, si no está allí ya, y en particular Arabia Saudita está probablemente muy cerca de ese punto. La OPEP ya no tiene capacidad de controlar los precios de otra manera que no sea reduciendo su producción y perdiendo dinero, y dadas las dificultades para mantener en marcha yacimientos muy maduros, que no pueden encenderse y apagarse a voluntad con un interruptor, la única estrategia es continuar hacia adelante, confiando en que todo se arreglará, mientras la producción va declinando en cada vez más países de la OPEP. Es decir, la OPEP mantiene su producción tan alta como puede, y si desciende es posible que responda más al declive natural que a una voluntad política.

Las petroleras y los países productores de petróleo están forrados, juegan con el precio como quieren, y ahora lo mantienen bajo porque les va bien.
  
No les debe ir tan bien cuando por ejemplo Arabia Saudita ha tenido que empezar a aplicar impopulares recortes en su país después de dos años de déficits públicos récord. Y la situación de Arabia Saudita no es excepcional en el Golfo Pérsico; los casos más extremos son el de Yemen (en el cual la producción de petróleo cayó tan rápido, por razones geológicas, que el país acabó sumido en una guerra civil en la que aún está y en la que interviene Arabia Saudita) y Siria (donde la caída de la producción de petróleo desde 1998 fue uno de los factores detonantes de la actual guerra, aunque obviamente no el único).

Qué va; producir un barril de petróleo en Arabia Saudita cuesta 2 dólares, el resto es todo ganancia.

Ése es un argumento que le gusta a los "expertos en energía" más veteranos y es una completa falacia. Quizá ese precio fue tal en los años 70 del siglo XX, pero en la actualidad el precio medio de producción de la OPEP, en dólares de 2017, se sitúa cerca de los 30 dólares por barril. Pero resulta que todos esos países tienen que financiar muchos programas clave para mantener la paz social, desde importar agua y alimentos hasta vender la energía barata para que sus habitantes pueden soportar los rigores climáticos cada vez más extremos, amén de reducción de impuestos para el fomento de la actividad económica. Hoy en día no hay ni un sólo país de la OPEP que pueda equilibrar sus cuentas con un precio del barril por debajo de los 60 dólares, y la mayoría necesitan 100 dólares y más por barril para equilibrarlas. Por tanto, la situación de precios bajos actuales, si se mantiene, puede precipitar guerras y revueltas en todo Oriente Medio. Y eso sin contar con el problema de viabilidad financiera de las empresas petroleras del que hablábamos más arriba, sobre todo teniendo en cuenta que en estos países la mayoría del empleo está vinculada a la extracción de petróleo. Justamente, el escenario actual de precios bajos y caída salvaje de la inversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos garantiza una próxima y repentina escasez de petróleo, con efectos terribles para la economía mundial  

Bah, hace treinta años decían que quedaban reservas para treinta años y ahora también; nunca cambia nada.

Otra de las falacias habituales, confundir recursos (lo que hay bajo tierra) con reservas (lo que se puede sacar), y reservas con producción. Se han encontrado muchos yacimientos en las últimas décadas, es verdad, pero cada vez de peor calidad, más díficil de extraer y con menos capacidad de producción, mientras que al mismo tiempo la demanda iba creciendo. A ritmos de producción actual, las reservas ahora conocidas de petróleo darían no para treinta años sino para muchas décadas (contando no sólo con el petróleo crudo convencional, sino también con los no convencionales), si tan sólo pudiera sacarse de manera asequible a esos ritmos. Simplemente, no se puede porque es un ruina termodinámica y económica. Tanto da tener miles de millones de barriles bajo tierra si sólo podemos sacar unos cuantos millones al día y bajando, del mismo modo que tanto da tener millones de euros en el banco si sólo nos dejan retirar unos centenares al mes y encima nos lo van reduciendo. La verdadera riqueza depende de lo que se puede extraer y de a qué ritmo se puede extraer.


Bueno, pero el petróleo no es tan importante, la energía nuclear lo puede substituir.

La energía nuclear depende hoy en día del uranio, pues las tecnologías de neutrones rápidos (que permiten aprovechar otros combustibles nucleares como el torio) o la de fusión no han progresado al punto de que se puedan usar y no parece que lo harán en muchas décadas; y en cuanto al reprocesamiento hoy en día pocas centrales nucleares pueden usar combustibles nuclear reprocesado y encima sólo se pueden reprocesar las barras gastadas una sola vez. Así que todo depende del uranio, y todo indica, más claramente que en el caso del petróleo, que la producción de uranio ya lleva tres o cuatro años en declive. Y eso sin hablar del coste, del problema de los residuos, de la baja rentabilidad, etc, etc.

El petróleo no es tan importante, el gas natural lo puede substituir.

Se espera que el gas natural llegue a su máximo productivo en la próxima década, incluso tan pronto como 2020. Las instalaciones para el gas natural, incluyendo las de licuefacción para exportación en buques, regasificación para aprovechamiento en destino, gasoductos, estaciones de servicio que puedan distribuir gas a presión o licuado, etc, son carísimas, y no tiene demasiado sentido meterse a hacer esas grandes inversiones cuando su declive no tardará mucho en manifestarse (incluso contando con el shale gas, que es aún más ruinoso económica y energéticamente que el petróleo de fracking).

El petróleo no es tan importante, el carbón lo puede substituir.

Todo indica que el carbón llegó a su máximo productivo también en 2015 y ya está en ligera declinación, aunque en este caso motivado por factores ambientales (sobre todo en China) y por la dificultad de tener suficientes instalaciones para su aprovechamiento.

El petróleo no es tan importante, las renovables lo pueden substituir.

Éste es el centro de un fuerte debate entre los grupos que analizan la transición energética desde una perspectiva medianamente seria. Existen toda una serie de limitaciones a la producción energética renovable que generalmente no han sido considerados: máxima producción alcanzable, dependencia de materiales, dependencia de los combustibles fósiles, limitaciones de rendimiento, el hecho de que se orientan a la producción de electricidad (que no es el uso mayoritario de la energía en el mundo), etc. A pesar de que aún no hay una posición consensuada y que hay dos visiones muy contrapuestas (los que consideran, como yo, que las renovables sólo podrán aportar una fracción de nuestro consumo energético actual; y los que consideran que se pueden alcanzar los niveles actuales e incluso aumentarlos un poco), en lo que sí que hay bastante consenso es en que la transición, ya sea con decrecimiento energético o sin él, no es sencilla, requiere mucho esfuerzo y coordinación, y en algún momento no se podrá seguir creciendo en el consumo energético. Si quieren, pueden leer más sobre el tema en esta compilación de artículos.

El coche eléctrico acabará con nuestra dependencia del petróleo.

El coche eléctrico es un vehículo que aprovecha la electricidad, y la electricidad no es una fuente de energía, sino una forma de energía, una manera de disponer de ella pero que se genera en centrales que queman algún tipo de combustible (térmicas, nucleares, de ciclo combinado) o con sistemas de aprovechamiento renovable (hidráulica, eólica, solar,...). Si lo que está en cuestión es si podemos producir tanta energía como la que ahora se consume, el tema del vehículo eléctrico autónomo es en realidad secundario. Además, cuando se examina la cuestión con detalle se ve que el vehículo eléctrico autónomo no es viable a gran escala, pero eso es demasiado largo para discutirlo aquí (al lector interesado se le refiere a un análisis pormenorizado publicado aquí).

¿Y la economía del hidrógeno? 

Idea pregonada por Jeremy Rifkin hace ya más de 10 años y con poco éxito en el mundo real. El uso de hidrógeno como vector energético (de nuevo, no es una fuente de energía, el hidrógeno hay que producirlo a partir de fuentes existentes) no combate el problema de fondo, el de la crisis energética, y encima tiene muchas limitaciones técnicas y de rendimiento que hacen que sea una opción poco contemplada por la industria.

¿Y el aire comprimido? ¿Y las baterías de polímero-litio? ¿Y las baterías de zinc-aire? ¿Y el magnesio? ¿Y ...?

Aparte de la electricidad y el hidrógeno, existen otros vectores energéticos, como por ejemplo el aire comprimido. El problema siempre es el mismo: no son fuentes de energía (tenemos que consumir energía para usarlos) y encima suelen tener problemas técnicos mucho más graves que los ya mencionados (por ejemplo, en el caso del aire comprimido, aparte de su bajo rendimiento, su alta peligrosidad, al fatigarse los metales de los depósitos con eventuales explosiones).

Mención aparte merece el capítulo de las baterías eléctricas, por tanto asociadas a la electricidad como vector. Se suele insistir en ciertos avances, pero lo cierto que es su capacidad no es muy grande. También se suele meter aquí otro tipo de "batería", las de "metal-aire, en la que en realidad el metal se consume (oxida) en una reacción difícilmente reversible; se trata, por tanto, del uso de esos metales como combustible, con aprovechamientos discretos y poco escalables, ya que no son tan abundantes como el petróleo (que se lo digan a Jan Palermo).

¿Y la melanina? ¿Y la fotosíntesis artificial? ¿Y el grafeno? ¿Y la perovskita? ¿Y ...?

Existen infinidad de líneas de investigación actualmente, que trabajan en prototipos que permiten captar mejor la energía, o aprovecharla mejor. Estas mejoras son generalmente incrementales y en general no han pasado de la fase de experimentación en el laboratorio. Conseguir un prototipo comercialmente explotable requiere muchas cosas, y en particular algunas de las ideas que funcionan muy bien en el laboratorio no son comercialmente viables, por falta de materiales, o porque son poco tolerantes a condiciones que no son controlables o a multitud de otros factores. Hasta que algo no llegue al mercado no hay que contar con ello; puede ser una interesante y legítima línea de trabajo, pero aún no una solución (y la mayoría probablemente no lo serán nunca). 


Pues he visto en YouTube que existen unos motores prodigiosos que funcionan con agua o con campos magnéticos o algo similar, pero las petroleras tienen las patentes ocultas en un cajón e hicieron asesinar a sus inventores.

Por definición, una patente es un documento público, consultable en una base de datos de patentes, en la cual alguien dice haber descubierto algo con interés industrial y exige que se le paguen unos derechos si se quiere explotar comercialmente. Esos derechos expiran al cabo de 20 años y en ese momento el invento es del dominio público (por eso ahora todos los laboratorios venden paracetamol o ibuprofeno genéricos). Por tanto, esta historia de las patentes no tiene demasiado sentido. Como tampoco lo tienen esos inventos del TBO que se ven en los vídeos de YouTube; los supuestos prodigios que violan las leyes de la Termodinámica se basan o en principios físicos un poco exóticos pero que no suponen ningún milagro energético, o son simplemente camelos.

El problema energético se combate con el ahorro y la eficiencia 

Aunque el ahorro y la eficiencia son sin duda útiles, no sirven de mucho en un sistema económico como el nuestro, en el cual el consumo de energía supone  una ganancia económica; lo que uno no gasta otro lo puede aprovechar para hacer un negocio. Sin una modificación profunda de cómo se hacen las cosas, ahorro y eficiencia son inútiles.

Aunque nosotros no sepamos cómo, los que mandan ya lo han pensado y tienen la solución.

Este argumento de "Fe en el Demiurgo" es un poco peligroso: según ese argumento, nunca deberían haber sucedido la burbuja inmobiliaria, la crisis de la deuda pública o la tragedia de los refugiados, y sin embargo han sucedido. Hay algunos que les da por pensar que si estas cosas pasan es porque a los poderosos les interesaba, pero entonces, ¿quién puede estar seguro de que la solución que propondrán al problema de la crisis energética no será, de nuevo, tremendamente perjudicial para el ciudadano de a pie? La realidad parece mucho más simple que las teorías de la conspiración: no hay tal capacidad de previsión, y menos aún de reacción.

Habrá un progreso científico que nos salvará.

Pues si tiene que suceder, que sea pronto... La fe en el progreso, como estrategia de gestión de esta crisis, es bastante arriesgada: uno no puede confiar toda la solución a un milagro que no sabemos si sucederá o no. A la luz de nuestro conocimiento actual, no hay ninguna alternativa energética a la vista que nos permita mantener el nivel de consumo energético actual; es más, todo indica que la disponibilidad de energía irá decreciendo en los próximos años. Y, delante de eso, ¿debemos cruzarnos de brazos mientras esperamos a que pase algo revolucionario? ¿Y por qué ha de pasar, simplemente porque nos resultaría muy conveniente?

Una cosa así de gorda ya se sabría.

Se sabe. Recuérdese que tanto en el parlamento británico como en la cámara de representantes de los EE.UU. hay comisiones bicamerales permanentes para tratar del peak oil, el tema se ha discutido varias veces en la Asamblea Francesa, existen numerosos informes de la industria, de los bancos, de las compañías de seguros, de diversos ejércitos, de fondos de inversión, etc, sobre el peak oil y sus consecuencias. A nivel nacional hay abundante información oficial sobre el asunto (ver aquí). Otra cosa es que no sea un tema muy publicitado, fundamentalmente porque no se le sabe dar una respuesta políticamente aceptable.

Vd. dice estas cosas para llamar la atención. 

Sí, mire, no tengo otra cosa mejor que hacer. En mi caso concreto, mi trabajo principal (científico en un centro de investigación ambiental, presidiendo un centro experto de la Agencia Espacial Europea) es muy exigente, requiere mucha dedicación, viajo mucho, trabajo en un ámbito de alta tecnología y me relaciono con instancias políticas de cierto nivel. Sinceramente, tengo más de lo que quiero. 

No, hombre, no; si hablo de estas cosas es porque me preocupan, y principalmente porque me preocupa el futuro de mis hijos. ¿A Vd. le preocupa el de los suyos?

Es Vd. un catastrofista.

Creo que catastrofista es el que acepta las cosas sean como son; el que acepta que haya niños que no comen si no es en el comedor escolar, que la tasa de paro se mantenga elevada mientras crece el subempleo y el empleo de baja calidad, y que la situación política se vaya degradando y los países europeos se vayan deslizando hacia cada vez más guerras, sin que nuestros líderes políticos tengan la más mínima idea de qué pasa y qué pasará. Sabiendo las limitaciones que impone el declive energético, lo lógico es buscar soluciones, no etiquetas simplonas.

No puede Vd. criticar si no tiene una solución.

Bueno, lo que se hace no es criticar a una persona, sino diagnosticar un problema, un problema que tenemos todos. Se puede comenzar a proponer soluciones si todos coincidimos en el diagnóstico, y en eso estamos. La clave es aportar datos y discutirlos. De eso va The Oil Crash. Es una tarea compleja y llena de sutilezas.

Me doy cuenta de que tiene razón; por fin he leído sus datos y son abrumadores. Estamos condenados a volver a las cavernas. Habrá una extinción en masa y acabaremos como en Mad Max.

Qué va. Que haya menos energía no implica la total destrucción de la civilización. Será un momento crítico para la Humanidad, pero no es el fin de la misma. Y tampoco significa que se tenga que producir un retroceso civilizatorio; incluso, podría producirse un gran progreso, sobre todo en la dimensión humana.


El colapso es inevitable. 

Si no se hace nada, el colapso es inevitable, pues nuestro rumbo es el del colapso. La clave está en el principio de la frase: "Si no se hace nada". Pero, ¿quién dice que no podemos hacer nada? Y si Vd. cree que no se puede cambiar la sociedad a pesar de ir rumbo al abismo, ¿quién es al final el catastrofista?

¿Qué es lo que se puede hacer?

Educar, comprender, hacer comprender. Darse cuenta de la profundidad de los cambios que se tienen que hacer, que son más sociales que técnicos, que implican más modificaciones en el sistema productivo, económico y financiero que en el tecnológico. Ayudar a los que lo necesitan. Favorecer los cambios. Estar dispuesto para cambiar. Y muchas otras cosas que otros mejor que yo podrán explicar.


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