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El Oil Crash a escala humana (I)

The Oil Crash - 24 April, 2015 - 07:48


Queridos lectores,

Parroquiano nos ofrece este largo ensayo por entregas, sobre el significado de la civilización y el dinero en términos energéticos, y cómo nos acaba afectando a todos el declive energético. Espero que sea de su agrado.

Salu2,
AMT

El crash oíl a escala humana. I
Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!Groucho Marx
¿Han notado la fascinación que produce la hollywoodense frase un millón de dólares?...un millón de dólares… Si hacemos memoria, la locución ha sido repetida hasta la saciedad en cuanta película gringa se haya proyectado en nuestras pantallas y en esa banal repetición del enunciado (…un millón de dólares…) se patentiza no lo material y concreto del concepto, tanto como su componente mágico, fantástico y, si se quiere, sobrenatural. La cifra (un millón) seduce por lo  que insinúa, no por lo que compra…, la oración funciona igual para un millón de pesos, un millón de pesetas, de bolívares, soles, euros, libras, marcos…lo encantador de la frase trasciende los idiomas, las medidas y el valor objetivo de cada moneda, todos repitiendo embelesados el mantra mágico de la felicidad…un millón de dólares…un millón. Pero, ¿porque?Digamos, primeramente, que no es la primera vez en la historia que una cifra objetiva, sirve o se usa para designar otra cosa u otro concepto distinto a la propia unidad numérica que nominalmente representa; el diluvio duró 40 días y 40 noches, los israelitas vagaron por el desierto 40 años, Jesús ayunó 40 días, Ali Babá y los 40 ladrones… ¿lo van adivinando? sí, el número 40, en la antigüedad, era la forma para expresar el concepto de mucho o  incontable si se quiere; cuesta creer (y que nos haga reflexionar) que una cifra hoy tan básica, hace algo más de 2000 años tenía el valor casi de infinito. Hoy mismo, el número 7 es el número de la suerte por excelencia. Luego, para preguntarnos -y bien respondernos- qué se esconde detrás de esa cifra mágica (un millón) y como nos afecta en la actualidad de cara al fenómeno del peak oíl, primero debemos preguntarnos ¿qué es realmente el dinero?...puntualizo, energéticamente hablando, ¿qué es el dinero? Y para llegar a esa respuesta que, a su vez, será la base del análisis de los capítulos subsecuentes de este post, estimo que lo primero es un pequeño, pero necesario, recorrido por la historia primera del ser humano y el desarrollo primigenio de su relación con él dinero. A saber.El hombre aparece en la tierra en la primera fase de “hominizacion”, que se sitúa, temporalmente, alrededor de los diez millones de años atrás; preantropida e irracional, sus vestigios dicen relación con el Oreophitecus (Italia), Ramaphitecus (India) y el Keniaphitecus (África del Sur); no existen mayor información de esta etapa, y lo cierto es que muchos estudiosos del tema ni siquiera la consideran como efectivamente existente. Una segunda etapa se sitúa alrededor de los cinco millones de años atrás; a los homínidos que vivieron en esta fecha se les denominó, de forma general, Australopitecus, y constituyen, precisamente, el género anterior al género “homo”. Entre sus más famosos representantes tenemos al Australopitecus africanus y prometeus descubiertos ambos por Raymond Dart, en Taugs y Makapansgat, en el año 1925 y 1948 respectivamente; también el Plesianthropus Transvaalensis descubierto por R. Broom, en Sterkfontein, en 1936. Una tercera fase de hominización comienza con el descubrimiento del Homus Habilis (con lo que efectivamente se da inicio al género Homo) descubierto por Louis S. Leakey en Oldubai, Tanzania, al que se lo data con una fecha aproximada a los 1.8 millones de años antes de Cristo. Una cuarta fase la constituye la del homus erectus que nos acerca al año 500.000 a. c; dentro de este período encontramos el Pithecantropus Erectus, (Hombre de Java, descubierto en Trinil, Java, por Dubois en 1891) y el Sinantropus Pekinensis (Pitecantropus Sinensis, Hombre de Pekín, Black, 1929). Alrededor del año 200.000 a c se distingue la penúltima etapa de Hominizacion llamada Paleantropida, cuyos principales representantes fósiles son el homus sapiens Neardentalis (Hombre de Neanderthal), y  el homus sapiens neardantaloide, ya en pleno periodo Paleolitico. Por ultimo, nos queda la etapa Neantropida, donde el paradigma lo constituye el Hombre de Cro-Magnon, homus sapiens sapiens, el que se sitúa alrededor del año 35.000 a. c., y cuya capacidad craneana, es sensiblemente parecida a la del hombre moderno, y que por lo mismo se constituye, precisamente, en su referente inmediato. Bien, durante el Neolítico (10.000-3000 a. c. aprox.) los hielos glaciares se desplazaron lentamente hacia los Polos, las tundras y las estepas se convirtieron en bosques frondosos…estas mejoras en las condiciones climáticas dan lugar a la primera y posiblemente una de la más significativa revolución social que ha conocido de la humanidad, comparable solo con la anterior conquista y manipulación del fuego. Ella establece los cimientos de toda la expresión económica subsiguiente, hablamos el nacimiento de la domesticación de la planta y el animal, origen de la agricultura y la ganadería respectivamente; lo que junto a la conquista de la metalurgia, hace finalizar la etapa de “economía de apropiación, basada en la caza y la recolección como actividades principales, para dar paso a la “economía de producción”. Lo anterior, a su vez, tendrá consecuencias directas en la vida desarrollada a partir de dicha etapa y que nos alcanza hasta hoy; pasamos de una vida nómada a una vida sedentaria, nacen  los asentamientos urbanos estables…es el inicio estructural de las primeras ciudades. Pareciera ser que el primero de los dos fenómenos en desarrollarse fue el de la ganadería; por un lado estaba referido a seres vivos con una vitalidad más cercana a la humana, como es el caso de los animales, y por tanto más fácil de conocer y asimilar, que la vitalidad inherente a los vegetales, más lejana a nuestra propia forma esencial. Por otro lado, el pastoreo o ganadería, se acomodaba mejor a la primitiva forma de vida nómade del hombre prehistórico; mismo que estaba obligado a recorrer, con sus animales, distintas comarcas en busca de los pastos que les servían como alimento. Sin embargo, esta vida nómada, implicó que mucho de esos pueblos quedaran rezagados en su desarrollo en favor de quienes ya comenzaban a asentarse a su lado…los pueblos agrícolas.                       Es con la agricultura con que el hombre, derechamente, comienza a afianzar su espíritu civilizador. Entre otras razones tenemos que el fenómeno de la agricultura implica por primera vez el sedentarismo absoluto; lo anterior, toda vez que, por un lado,  el agricultor debe esperar indefectiblemente la recolección de su cosecha; por otro lado, porque ya no dejará las tierras que considere buenas o aptas para el cultivo. Esto último supuso la construcción de viviendas permanentes; actividad necesaria puesto que las cuevas, en las que antes se cobijaba, no siempre coincidirán con el lugar donde se encuentran las tierras de cultivo. Lo anterior, obviamente, evolucionó progresivamente en la misma medida en que el hombre se asentaba más fijamente en una localidad, y esa localidad, por su ubicación geográfica, o la especial característica de fertilidad de sus tierras, permitía el sustento de una mayor cantidad de personas, mismas que también contribuían a su defensa. Luego, esos asentamientos, derivaron naturalmente en el poblado y en la aldea como primeros núcleos urbanos. El nacimiento de la ciudad (y si se quiere del reino y el imperio posteriormente) como una nueva etapa histórica, estaba a la vuelta de la esquina. Decir que el concepto de propiedad territorial, que decantó del fenómeno de la agricultura, se perfeccionó y amplió en la medida en que las grandes ciudades se volvieron más importantes y permanentes. Por último, una tercera conquista vino a complementar las dos anteriores, y aunque su efecto civilizador, en principio, no fue tan evidente como el de la domesticación y la agricultura, fue la que terminó por perfilar la base técnica con la cual el hombre se planteaba ante esta nueva etapa de desarrollo humano: la metalurgia.Pero, se preguntaran ustedes amigos lectores ¿de qué manera conectamos este resumido relato prehistórico con el peak oíl?...paciencia, para allá vamos. Digamos que lo trascendente de cambio anterior (fuego, ganadería, agricultura, metalurgia…y observemos ya el detalle que las tres primeras de las cuatro patas del banco civilizador son manifestaciones físicas de energía concentrada) es que, al pasar el hombre de una economía natural de “apropiación”, básicamente dada por la recolección y la caza, a una economía artificial de “producción”, dada por la ganadería y la agricultura; aparece un nuevo elemento en el desarrollo de la humanidad, y que será factor clave en todo su progreso futuro y hasta nuestros días, hablamos del “excedente”… padre de la riqueza, hermano del dinero y aunque cueste creerlo, bisnieto de la batería de ion de litio…y es ahí donde quiero llegar…el excedente, definido como “lo que resta una vez suplidas las necesidades del individuo”, es lo que permite al hombre, por primera vez, invertir energía ya no en “mantener” sino en “desarrollar”. Energéticamente, el excedente, no es otra cosa que energía sobrante, excesiva y/o vacante.Así, en la medida en que se “producía” las relaciones humanas dentro de la comunidad se fueron complejizando, toda vez que el “excedente”, al que ya hicimos referencia, permite ocupar parte de la población en tareas específicas; o sea permite, sin poner en riesgo la supervivencia de la comunidad, una especialización mayor. La importante consecuencia subyacente de lo anterior es la conquista del tiempo. Al escapar de la sobrevivencia, como actividad diaria y necesaria, lo mejor y mayor de las capacidades humanas se invierten en “producir”; pero luego, cuando ya la producción misma no necesita de la dedicación, ni física ni intelectual, que requirió en sus comienzos, lo que el hombre comenzó a “producir” fue “tiempo”, el que se tradujo a su vez en la “acumulación”, con el que nace definitivamente el concepto de riqueza. La acumulación y la riqueza a la que hacemos referencia tuvieron dos expresiones concretas, una, por cierto, más evidente que la otra. Por un lado la acumulación de riquezas en el puro orden material, granos, tierras, joyas, metales preciosos, rebaños, telas y esclavos. Pero por otro lado se dio también, aunque de forma mucho más sutil la acumulación de conocimiento, eclipses, ciclos climáticos, medicina etc., siendo ambos en definitiva los que ayudarían al fenómeno de la acumulación de poder. Ahora, volviendo sobre el tema, ¿De qué manera se manifestó ese excedente energético en los albores de la civilización?, pues bien, primigeniamente en la cosecha y el rebaño. Particularmente, el segundo, sin mucho esfuerzo, podemos considerarlo la primera “batería energetica” con que contó la humanidad, energía envasada, movible, transferible, constante y utilizable según las necesidades de su propietario. Desde una perspectiva concreta de la vida y de la energía, y particularmente de la vida en aquel periodo, podemos decir que fue el trueque fue la primera forma de intercambio energético, traslado o transferencia energética, que no refiriera al trabajo mismo del hombre (o al propio hombre). Esta primera forma de intercambio del excedente energético, el trueque, la permuta de bienes materiales tangibles, estuvo condicionada por su tiempo histórico; frente a seres de experiencia concreta, con elementos particularmente reconocibles, una primera ventaja de este intercambio energético  era la certeza de la transacción ej. Energía de alimentos por energía de las pieles, las primeras llamadas a cubrir nuestro déficit interno de energía (hambre) y las otras llamadas a paliar la pérdida exógena de energía (frio), que en aquellos tiempo y (aunque nadie quiera admitirlo) hoy mismo, un nivel crítico en cualquiera de ellas lleva a una muerte segura. Con la ventaja de la certeza, el trueque, también incubaba la desventaja de la limitación, la que no tardó en hacerse presente, en la misma medida en que se complejizaba la sociedad que utilizaba dichos mecanismos de trasvasije energético. Luego, las dificultades inherentes al trueque, llevaron a la utilización de diversos bienes –particularmente, aunque no primeramente, metales- para facilitar los intercambios. Estos bienes convertidos en instrumentos generales de cambio se convirtieron en las primeras formas de dinero. Decir que a lo largo de la historia, se han utilizado muchos tipos de bienes como medios generales de pago; se ha buscado bienes con un valor estable, de alto valor en relación con su volumen y disponible en cantidades suficientes a las exigencias. También se ha exigido que sean bienes fácilmente almacenables, que puedan ser transportados sin dificultad, divisibles, inalterables y no perecederos. En los primeros casos de comercio con dinero, la mayor utilidad y fiabilidad de los bienes para ser reutilizados y vuelto a intercambiar (su comercialización), determinaron su elección como objeto de intercambio. Así en las sociedades agrícolas, los bienes necesarios para la producción de cereales de una forma eficiente y cómoda eran los que más fácilmente adquirían significación monetaria en los intercambios directos. Pero, como dijimos, en la medida que las necesidades básicas de la existencia humana fueron satisfechas, se incrementó la división del trabajo que a su vez permitió crear nuevas actividades para el uso del tiempo y resolver problemas más avanzados. Conforme las necesidades de los pueblos se volvieron más refinadas, se hizo más necesario el intercambio de modo indirecto, de la misma forma la separación física de trabajadores especializados (oferentes) de sus posibles clientes (demanda) requería el uso de un medio común a toda la comunidad, para facilitar un mercado más amplio.   El historiador griego Heródoto atribuye la invención moderna del dinero a los habitantes de Lydia, un pueblo del Asia Menor ubicado en las costas del Mar Egeo, entre las costas de las actuales Grecia y Turquía. Allí, en el Siglo VIII antes de Cristo, se hizo circular monedas hechas de una aleación de oro y plata que llevaban la imagen de un león que era el símbolo del pueblo. Por su parte la palabra "moneda" deriva del latín "moneta", que era el apodo de la diosa Juno, porque en su templo de Roma se acuñaban las monedas. De hecho, durante el Imperio Romano se empezó a acuñar una única moneda, igualando los tamaños, pesos y valores de todas las monedas existentes, y prohibiendo la acuñación de monedas por parte de individuos particulares, debido a que esa actividad era un monopolio del Estado. En tanto, la palabra "dinero" deriva del latín denarium, que era una moneda utilizada por los romanos para realizar actividades comerciales.  La historia indica además que el personaje que más ayudó a diseminar el uso de las monedas de metal fue el Rey de Macedonia, Alejandro Magno, quien desde el año 335 Antes de Cristo, impuso el sistema de acuñar monedas en Persia, Mesopotamia, Siria, Egipto y en varios territorios que hoy forman parte de Turquía, Afganistán, Pakistán y la India. Después de su muerte, en esos territorios se continuó con la práctica de acuñar monedas y, muchas de ellas, con el busto del propio Alejandro Magno.  Ttambién en China hay evidencia del uso y la acuñación de monedas durante la dinastía Chou, que gobernó por cerca de un milenio hasta el siglo tercero antes de Cristo. En las ruinas excavadas se han encontrado monedas de cobre de forma circular, con un agujero cuadrado en el centro. Igualmente, fue en China donde se usó por primera vez el papel moneda, lo que ocurrió en el Siglo IX. Su valor era garantizado por el oro y la plata del gobierno, y su gran ventaja era que no era tan pesado como las monedas. En Europa, el papel moneda apareció en el siglo XVI y su valor dependía de los depósitos en oro que poseía cada país que lo emitía.…ahora bien, para continuar, ya definido el excedente desde un punto de vista energético como energía vacante…pregunto, desde ese mismo punto de vista, ¿qué es realmente el dinero?






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El momento político

The Oil Crash - 16 April, 2015 - 23:36
Imagen de http://www.truthdig.com/report/item/mccutcheon_vicious_cycle_of_concentrated_wealth_political_power_20140405
Queridos lectores,

Este decisivo año 2015 va transcurriendo según lo previsto. Durante varios meses los medios de comunicación han vivido en una confusión favorecida por el Departamento de Energía de los EE.UU., que mostraba una sorprendente subida de la producción de hidrocarburos líquidos en ese país mientras que el número de pozos activos allí disminuía sin cesar. Sólo recientemente se ha podido comprobar que aquellas subidas eran sólo proyecciones hechas con un modelo de la EIA, y que cuando se han tomado datos reales (presentados con tres meses de retraso) en realidad la producción estadounidense estaba en ligero descenso, como era lógico porque el fracking, que nunca fue rentable, está llegando a su fin. Este desfase entre proyección y medición que tanto ha confundido a muchos avezados analistas, no es intencional, sino que responde a la política de recortes emprendida en ese departamento hace 4 años; pero en estos momentos de volatilidad del mercado esos datos mal actualizados dejan en evidencia el escaso fundamento de algunos analistas un tanto despistados (a los que, como siempre, remito a la guía que les hemos preparado para orientarse un poquillo; de nada, majetes). Y si la producción global de petróleo acaba cayendo, cabe esperar que el precio vuelva a subir y con fuerza.

Pero al mismo tiempo que los analistas comienzan a darse cuenta de que la burbuja del fracking está llegando a su fin, la Agencia Internacional de la Energía, a través de su Oil Market Report mensual, reconocía recientemente que la demanda de petróleo ha caído desde un promedio 93,7 millones de barriles diarios (Mb/d) en el último trimestre de 2014 a 92,99 Mb/d del primer trimestre de 2015, y proyectan aún una ligera  caída durante el segundo trimestres (92,66 Mb/d), para luego prever una (poco verosímil) gran subida a finales de año y quedarse por encima de los 94 Mb/d. Por tanto, si la demanda baja el precio debería de bajar, al menos a corto plazo.

Éste es el tipo de señales mixtas que esperábamos, en que algunos indicadores indican que el precio debe mantenerse bajo (demanda débil) y otros que el precio debe subir (oferta en retroceso); de hecho, lo que esperamos es que en los próximos meses el precio se vuelva a disparar, para un tiempo después volver a bajar rápidamente. En realidad, lo que sucede es que estamos entrando en la peligrosa espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda que ya comentamos, y cuyas consecuencias últimas, si no se hace un esfuerzo por detenerla, serían ni más ni menos que el colapso de nuestro sistema económico. Pero obviamente los principales actores implicados en este drama tomarán y de hecho ya están tomando medidas para frenar los efectos más negativos.

A nivel de compañías, están comenzando ya los procesos de fusión. La compañía de bandera española Repsol adquirió Tasliman Energy, en un movimiento que desde España se saluda como un triunfo, mientras que fuera de España se valora como un fracaso de Talisman, acrecentado por la caída de precios del petróleo. Pero ese acuerdo de 8.300 millones de dólares se queda pequeño en comparación con la reciente adquisición de BG por parte de Shell por 70.000 millones de dólares. Y parece que éste último acuerdo sólo es el primero de una lista que promete ser larga, y que llevará a una progresiva concentración de los activos petroleros. Lo cual es lógico; recordemos que las mayores compañías petroleras privadas del mundo han incrementado enormemente sus gastos en exploración y desarrollo para producir cada vez menos, como explicaba Steve Kopits en una presentación a principios de 2014:




Por eso en este momento resulta más barato comprar otras compañías y aumentar de esa manera más contable que de otro tipo su producción. Es un proceso de autofagocitación que tampoco puede tener un recorrido demasiado largo. Espérense que en los próximos meses haya más movimientos de fusión y absorción (y yo en el caso de Repsol no me confiaría mucho).

Así como las compañías pueden tener interés en captar recursos de otras compañías para disimular su inevitable declive, algo parecido puede pasar con los países. La reciente declaración por parte del presidente Obama de que Venezuela es una amenaza a su seguridad nacional y el enturbiamiento de las relaciones entre Venezuela y España no hacen presagiar nada bueno para el país caribeño, muy afectado por la caída de sus ingresos de divisas que ha supuesto la súbita bajada del precio del petróleo. ¿Podría una eventual invasión americana servir para asegurar el suministro de petróleo a los estadounidenses en los próximos años, cuando se consume el estallido de la burbuja del fracking? Es mera especulación, pero así como los EE.UU. pueden dudar en acometer una medida tan turbia por la mala imagen internacional que le acarrearía, otros países en otras regiones del mundo podrían tener menos miramientos y compensar su propia bancarrota petrólifera apropiándose de la producción de otros países.

La inestabilidad en el mercado del petróleo se acaba transformando en inestabilidad económica, y ésta en inestabilidad internacional pero también en inestabilidad doméstica. Los ciudadanos de los países occidentales cuestionan cada vez a unos líderes que consideran inoperantes, al ser incapaces de sacar a la clase media de su inevitable e histórico hundimiento, y eso favorece la proliferación de nuevos movimientos de corte populista y escasa carga ideológica. La ideología, en todo caso, no ha supuesto en la mayoría de los países un problema para que partidos de todo el arco político, de izquierda a derecha, hayan al final implementado las mismas e idénticas medidas en materia de política económica, así que no resulta sorprendente que tantos ciudadanos den la espalda a una configuración ideológica tradicional y estén dispuestos a acercarse a opciones mucho menos teóricas y con un discurso más cercano al sentir de la calle, a los problemas que la gente de verdad tiene en su día a día: conservar el trabajo y la casa, vivir una vida digna, mantener un nivel de servicios públicos... Otra cosa diferente es si estas opciones tienen capacidad de cumplir las promesas que ahora realizan, pero lo que está claro es que las nuevas opciones están cogiendo momento, están tomando tracción. En un proceso de polarización creciente, el momento de la sociedad es esencialmente político: nunca en las décadas inmediatamente precedentes la política atrajo tanto la atención de los ciudadanos.

En España en particular este año es crucial. Las pasadas elecciones autonómicas en la Comunidad Autónoma de Andalucía se verán sucedidas el mes que viene por elecciones municipales y en muchas otras Autonomías, en Septiembre por elecciones en la Comunidad Autónoma de Cataluña y en Noviembre-Diciembre por elecciones generales. Después de la sorpresa que supuso la irrupción de Podemos en las elecciones europeas del año pasado los resultados en Andalucía han reflejado de manera clara cómo los medios de comunicación pueden fácilmente aupar o descabalgar opciones, pero en el proceso y con una gran descontento popular la tendencia es a una división. Ahora mismo, la tendencia que parece irse consolidando es un reparto del poder entre cuatro opciones que cada vez son más similares en cuanto a su peso relativo: los tradicionales PP (conservador) y PSOE (socialdemócrata), y las formaciones emergentes Podemos (populista de izquierdas) y Ciudadanos (populista de derechas). Este proceso de fragmentación del mapa político (fragmentación aún mayor en algunas autonomías como la catalana, donde la dimensión nacionalista del problema introduce otros cuantos partidos en la liza) lleva, en sistemas de democracia liberal basados en amplias mayorías, al desgobierno, como crónicamente ha pasado en Italia y como progresivamente se va instalando en España y se irá instalando en otros países europeos. Como en lo que al final es lo esencial, que es la política económica, nadie va a apostar por una ruptura con el modelo imperante, los problemas de raíz no se van a resolver y en realidad van a ir a peor. No olvidemos que esta crisis económica no acabará nunca, no al menos dentro de este modelo.

Es difícil de saber qué vendrá después. Quizá la población, desencantada, dé la espalda a todo el sistema político y se den movimientos cada vez más radicales, que vayan pasando cada vez  a una acción directa cada vez más violenta. Indicios de que se podría acabar llegando a una deriva violenta los tenemos en los escraches que empezaron a menudear en España hace unos años y que aunque ahora son mucho menores podrían volver a coger fuerza en cuanto la situación económica se vuelve a deteriorar con fuerza. No sólo en España: ayer mismo una activista le lanzó confetti a la cara al mismísimo presidente del banco central europeo en medio de una rueda de prensa. La inoperancia de nuestros líderes puede motivar a movimientos cada vez más amplios, más violentos y en última instancia revoluciones que llevarán a cambios de gobierno muy radicales pero que no serán necesariamente mejores; es más, lo más probable es que se acaben en autoritarismos. Si por el contrario se sigue confiando en el sistema político con rápida alternancia entre nuevas opciones que vayan surgiendo, por desgracia acabar en un movimiento autoritario también es bastante probable; así llego Hitler al poder.

Sin duda éste es el momento de la política. De la política en sentido propio: política viene de polis, la ciudad en griego. Es el momento de interesarte por los asuntos que afectan a la vida de los ciudadanos. Pero la solución, o parte de ella, a los problemas que nos aquejan no es más de los mismo, sino abordar los problemas de una manera diferente. Si no lo hacemos, si no reaccionamos, lo más probable es que sobrevenga la miseria y en última instancia la barbarie. La ventana de oportunidad de la que hablábamos hace años se está cerrando, y será difícil que se vuelva a abrir en mucho tiempo. Aún no estamos perdidos, pero es necesario centrar los debates sobre lo verdaderamente importante, y no sobre las distracciones vacuas del momento.


Salu2,
AMT

P. Data: Quiero dedicar el post de esta semana a Alberto Campos. Recibe mis ánimos desde estas líneas, y un fuerte abrazo.
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Distopía VI: Cuando se acabó lo que se daba

The Oil Crash - 8 April, 2015 - 23:21


Juan sacó la camisa del armario.

La última vez que se la había puesto fue diez años antes, cuando enterró a su padre. Juan sólo tenía una camisa, que se ponía en las ocasiones especiales: cuando se casó, cuando se murieron sus padres, cuando bautizó a sus hijos... Se sonrió pensando en el bautizo de Miguel; con la pinta de angelito que tenía entonces, y el pillastre que estaba hecho ahora. Siempre que faltaba una lija o un punzón en el taller podías estar seguro de que lo que fuera lo había cogido Miguel para hacer alguna pequeña talla, "un experimento", como solía decir él. Estaba claro que Miguel continuaría con el negocio familiar de la carpintería; no tenía demasiada inclinación por los estudios pero le fascinaban las artesanías que hacía su padre, y se pasaba en el taller de la carpintería las horas muertas después de la escuela, y a veces durante las de escuela si su madre no le pillaba: Juan nunca le decía nada; aunque nunca lo reconoció, le podía un sentimiento de orgullo que su hijo tuviera tanto interés por su trabajo. Los hermanos mayores de Miguel eran una cosa completamente diferente: aplicados, estudiosos, formales... Juan tenía la ilusión de que su hijo mayor, de nombre Juan como él, y la mediana, Mariana, pudiesen continuar estudiando al acabar la secundaria; quizá Juan podría ser abogado y Mariana maestra.

Pero para eso tenía que ponerse aquella camisa.

Se la puso, por fin. Aún le iba bien. Recordaba que su padre se había ensanchado considerablemente al llegar a la edad que Juan tenía ya, pero Juan seguía teniendo el mismo porte firme y la misma cintura que hacía 20 años, cuando se casó, cuando había comprado aquella camisa que se había puesto en siete ocasiones. Había llegado el momento de llevarla una octava vez.

Se lustró los zapatos de los domingos y se los puso. Le dio un beso a su mujer, quien le miró a los ojos y le apretó con fuerza la mano con la que Juan le sujetaba su hombro, transmitiéndole ánimos. Mariana era una buena mujer, trabajadora y con las palabras justas en la boca, nunca diciendo nada de más ni de menos. Juan sonrió y sus ojos parecían decirle a su mujer: "Confía en mi, mujer. Lo conseguiremos", y salió de casa por la puerta de atrás, para evitar que el serrín del taller le deslustrase los zapatos.

La sonrisa le duró lo que tardó en atravesar el umbral de la puerta. No estaba muy seguro de si conseguiría ese préstamo, pero el futuro de sus hijos dependía de él. Aprestó el paso para llegar a tiempo, ni un minuto antes ni un minuto después, a su cita en el banco.

El edificio del Banco de Poniente continuaba siendo bastante imponente por fuera, pero su interior transmitía una imagen de polvorienta inmovilidad. Cuando Juan entró, uno de los pocos empleados que aún trabajaban en la entidad alzó la vista unos segundos, pero en seguida volvió a sus hojas y sus números al ver que Alfonso, el director de la entidad, que estaba ya esperando a Juan, avanzaba rápidamente hacia él. Tras el preceptivo apretón de manos, el director de la sucursal hizo pasar rápidamente a Juan a su despacho y le invitó a tomar asiento, mientras rodeaba la gran mesa para llegar a su propia silla.

Hacía unos años, Alfonso le habría pedido a la secretaria que le trajera algo de beber a Juan, pero era obvio que ya no tenía secretaria y, por lo que parecía, tampoco mucho tiempo que perder, pues fue directo y a bocajarro al asunto.

- Juan, me he estado estudiando tu solicitud de préstamo. Todo está en orden, todo es correcto pero, sintiéndolo mucho, no te podemos prestar el dinero.

A Juan la noticia no le pilló de sorpresa: la cara de Alfonso cuando le estrechó la mano ya hacía presagiar esas palabras. Hacía mucho tiempo que conocía a Alfonso. Y no porque fuera asiduo cliente del banco; aunque tenía algunos ahorros, la carpintería sólo generaba excedentes como para justificar un puñado de visitas al año al Banco de Poniente, y Juan no venía jamás a retirar dinero. Pero Juan y Alfonso habían estudiado juntos en el colegio y de pequeños habían sido muy amigos. Cuando Alfonso fue a la universidad (a Juan le parecía que Alfonso era la última persona en toda aquella pequeña ciudad que había ido a la universidad) se distanciaron un poco. Fueron aquellos unos años un poco oscuros, en los que toda la economía se tambaleó como un elefante herido, pisoteando tantos negocios pequeños y tantas personas pequeñas. Juan, quien se había iniciado en el negocio con su padre, el abuelo Juan, consiguió capear con no pocas penalidades aquellos años broncos, en los que los bancos parecían desesperados por sobrevivir aunque fuera a costa de sacarle los hígados y hasta el alma a la gente. Pero de repente todo eso acabó un día; el Banco Transatlántico de Inversiones y Ahorros, que era el último banco de la ciudad, perdió su nombre y se convirtió en el Banco de Poniente, un banco mucho más pequeño que sólo guardaba los ahorros de la gente de aquella pobre pero honrada ciudad de provincias, y Alfonso volvió de la capital para ser su director.

Juan miro a su antiguo amigo con la mirada hosca y un poco desafiante del que sabe que todo lo que tiene se lo ha ganado honradamente con sus manos y que era la primera vez en su vida que pedía alguna cosa. Tras unos segundos de silencio, en que tragaba saliva y orgullo a partes iguales, dijo al fin:

- Alfonso, sabes que soy un buen trabajador y que me quedan años en los que seguiré rindiendo como el que más. La carpintería se nos ha quedado pequeña: tengo dos oficiales trabajando conmigo y quiero que entre un tercero, el hijo del pobre Venancio, ya sabes. El chico necesita trabajar, en su casa no entra demasiado dinero, y sé que trabaja bien, ya le he tenido algunos veranos conmigo. Con él podríamos pasar de generar los ingresos justos para vivir a poder tener un poco más, tan solo un poco más. En un par de años te podría devolver el préstamo, y en tres años más podría ahorrar lo suficiente como para que mis hijos pudieran ir a la Universidad, al menos para empezar y luego, ya veríamos. Pero para todo eso tengo que ampliar la carpintería. El local de al lado está vacío, el dueño me lo deja por un alquiler muy módico y las obras de ampliación las haré yo con mis oficiales y Arturo, el hijo de Venancio. Realmente, te estoy pidiendo muy poco dinero, Alfonso, pero ese poco dinero cambiará las vidas de muchas personas a mejor: la de Arturo, la de mi Juan, la de mi Mariana... incluso en unos años podría darle trabajo a algún oficial más. La gente compra cada vez más muebles de madera de verdad; ya nadie tiene sillas de metal o muebles de aglomerado, y ya sabes que somos la única carpintería de la ciudad. También vosotros ganaréis dinero: te estoy ofreciendo un 10% a dos años. Vamos, Alfonso, por favor; no te estoy pidiendo la Luna - sus ojos miraban con orgullo y contenida rabia a su antiguo camarada de la infancia - no me puedes dejar en la estacada, con todo lo que pasamos juntos, con todas las cosas que vivimos juntos, con todas...

Alfonso, que le había dejado hablar hasta ese momento sin mudar el gesto, le cortó en ese punto. Sabía que su amigo necesitaba desahogarse, pero él necesitaba también explicarse.

- No me malinterpretes, Juan. Si pudiera te daría ese préstamo; como dices, no es mucho dinero, y estoy seguro de que el negocio es sólido. Cuando te digo que no puedo darte el préstamo quiero decir exactamente eso: que no puedo. No puedo dejarte el dinero porque simplemente no lo tengo.

Juan le miró atónito e incrédulo; era obvio que pensaba que Alfonso se estaba burlando de él.

- ¿No me crees? ¿Piensas que porque dirijo un banco tengo todo el dinero que quiero a mi disposición? Estás muy equivocado, Juan. Tú piensas con la mentalidad de otra época, la que vivimos cuando éramos jóvenes, Juan. En aquel entonces los bancos literalmente creaban dinero de la nada y se lo dejaban a la gente, y todo iba de fábula, ¿te acuerdas? Todo iba de fábula hasta que la fábula se convirtió en un cuento de terror, y los bancos se convirtieron en monstruos devoradores de hombres y familias, que echaban a la gente de sus casas y ni así aplacaban su hambre pues embargaban sus sueldos de por vida, o eran capaces de dejar a los niños sin comer y los enfermos sin médicos ni medicinas, acaparando todas las ayudas y subvenciones públicas... Fueron años terribles, sin duda te acuerdas, ¿verdad, Juan? - Juan asintió con un lento y breve movimiento de cabeza - En aquel entonces el Banco de Poniente no existía, como tampoco existían las reglas que rigen ahora establecimientos como éste. No somos ya los dueños del mundo, Juan, ni nos reímos de la suerte y la desgracia de los demás. Este negocio está supervisado y cada mes rendimos cuentas muy severas, Juan; mis empleados emplean su jornada prácticamente entera a cuadrar los balances y a asegurar la viabilidad de los depósitos y los créditos. No podemos prestar más dinero que aquél que es nuestro; ni siquiera podemos prestar dinero de aquellos de nuestros clientes que quieren prestarlo, sólo podemos darles asesoramiento sobre cómo hacerlo. Así las cosas, los fondos del banco son muy limitados - yo también tengo que pagar a mis empleados, Juan - y cada año puedo dar pocos préstamos y de corta duración. Ahora mismo tengo tres créditos concedidos, Juan, y hasta que no me los devuelvan no te podré prestar a ti. Estás el primero en la lista de espera: es todo lo que puedo hacer por ti, Juan, lo siento mucho.

Juan se quedó sentado, callado, las manos nudosas sosteniendo su gorra entre las rodillas separadas y la mirada clavada en el suelo, inexpresivo, quieto como una estatua. Después se levantó pausadamente, se puso la gorra, musitó un "Buenos días" y se marchó tan suavemente por la puerta que se hubiera dicho que sus pies flotaban un dedo o dos sobre la tarima del suelo. Su viejo amigo le acompañó cinco pasos por detrás, sin decir nada, y le vio alejarse a través del ventanal.

Saliendo del banco Juan sintió un escalofrío que le recorría la espalda. Hombre previsor y ordenado como era, ya había previsto el desenlace de sus gestiones con el banco (aunque le habían sorprendido las excusas concretas que utilizó Alfonso) y sabía cuál era el siguiente paso que debía dar. Así que subió la calle principal y anduvo a buen paso durante unos quince minutos, hasta allá donde la ciudad empezaba a desdibujarse, y llegó por fin a su segundo objetivo de aquella mañana, su plan alternativo. Se encontraba delante de un edificio bajo pero muy extenso, de aspecto sucio y algo avejentado. Era el matadero municipal, que daba servicio a toda la comarca.

Juan no tenía cita previa, pero sabía que para hablar con el dueño del matadero no le hacía falta tanta pompa ni tanto protocolo. Se fue directamente a las oficinas y pidió hablar con Tadeo, el dueño. Sí, era Juan, el carpintero.

Tadeo era un hombre afable y orondo, aunque a un observador atento le alertaría el brillo astuto de sus ojos. A Juan no le hacía falta prestar atención a Tadeo, pues también hacía muchos años que le conocía y sabía de sobras el tipo de persona que era: el tipo al que recurres sólo después de que el banco te dé la espalda. Y eso porque en aquella ciudad no había usureros al estilo de la Edad Media...

Tadeo hizo pasar a Juan a su despacho y allí le ofreció un té no solicitado, que su secretaria le sirvió diligentemente. Después, le preguntó por el motivo de su inesperada visita.

- Verás, Tadeo - dijo Juan - Quiero ampliar el negocio. Las cosas van bien en la carpintería, pero sin ampliar el local no puedo asumir más encargos ni contratar más oficiales, y justo ahora tengo un oficial muy joven pero muy diestro que quiero contratar...

- El hijo de Venancio - dijo Tadeo, con una sonrisa un poco torva - No te sorprendas, Juan; yo he ayudado a su familia desde que el pobre Venancio... en fin, era un buen trabajador; era lo menos que podía hacer.

"Seguro", pensó Juan. El carpintero prosiguió:

- El caso es que necesito dinero. No es una gran cantidad; en un par de años podría devolverla, incluso pagando un buen interés

- No tengo la menor duda - la sonrisa de Tadeo era aún más mendaz que la anterior.

Juan tuvo que reprimir el impulso de levantarse e irse. Una vez se serenó, continuó hablando:

- Alfonso... quiero decir, el banco no me quiere dejar el dinero, con la excusa de que no tiene bastante. Así que he pensado en... pedírtelo a ti.

Tadeo se quedó pensativo, en silencio, sonriendo sopesando la ironía de la situación. Aquello era demasiado bueno, pero él, desgraciadamente, no podría aprovecharse de ello esta vez.

- Pues sintiéndolo mucho yo tampoco te lo puedo dejar, Juan - dijo Tadeo por fin.

Juan se quedó tan sorprendido que por un momento perdió la respiración y casi el sentido. Aquello sí que no se lo esperaba.

- Pero... pero... - logró articular al fin.

- Mira, Juan - le cortó Tadeo - creo que ya sabes que soy un hombre que no desaprovecha una oportunidad de hacer un buen negocio, y sé que ésta es una oportunidad excelente. Sin embargo, es cierto: no te puedo dejar ni un céntimo. Y créeme que soy el primero en sentirlo.

Juan no sabía estarse sentado por más tiempo, así que se puso de pie y comenzó a ir a un lado y otro de la habitación.

- El caso es, Juan, - le dijo Tadeo - que le debo dinero al banco. ¿Te acuerdas del incendio en el que murió Venancio y los otros? Hoy en día el matadero no deja tanto dinero, la gente no tiene dinero, y al final tuve que pedirle dinero al banco para poder pagar las obras: no podíamos seguir trabajando con la mitad de las instalaciones destrozadas. Me hicieron muy buenas condiciones, supongo que porque todo el mundo necesita comer: 5 años, 7% anual... No me mires con esa cara, Juan. Mira, te voy a ser sincero: voy con un poco de retraso en los pagos, pero creo que lo conseguiremos: el negocio no va mal; no va para arriba como un cohete, pero va.

Juan se detuvo en seco y se quedó mirando a Tadeo, casi como si no le pudiera ver, como si viera una aparición, un ente de otro mundo.

- Esto ya no es lo que era, Juan. El mundo ha cambiado. Se acabó el tiempo de los grandes negocios; ahora sólo hay negocios, simplemente: negocios para vivir y poco más. Hay poco dinero y el poco que hay está cogido para las cosas más vitales. Lo siento, Juan, pero esto es lo que hay.

Juan musitó un "Buenos días", se puso la gorra y salió suavemente del despacho de Tadeo. Éste no se movió de su sillón, pero mientras salía le dijo, casi gritó a Juan:

- Todo el mundo está igual, Juan. No encontrarás quien te preste ese dinero. Mejor vuelve a casa y confórmate con lo que tienes.

No hacía falta que Tadeo se lo dijese, pues Juan ya lo sabía. Si el otrora mayor potentado de la ciudad, el amo del matadero, tenía deudas, ¿dónde podría esperar sacar el dinero que necesitaba? Sólo había tres familias con dinero en aquella ciudad, todo el mundo lo sabía, y la de Tadeo era, siempre había sido, la más acaudalada. ¿Dónde podría ir a buscar el dinero, ahora? ¿A casa del farmacéutico? Cuando el Ayuntamiento fijó las tarifas de los medicamentos su beneficio cayó en picado, y aún estaba de obras en la botica; seguro que debía dinero al banco, seguro que era otro de los créditos que le mencionó Alfonso. ¿A casa del tendero? Había comprado un camión hacía poco, ya que en aquellos días costaba mucho mantener abiertas las rutas comerciales; seguro que era el tercer crédito que le había comentado el banquero. No había nada más. No había nadie más a quién acudir. Nadie le daría el dinero que necesitaba, porque nadie lo tenía.

Caminaba alterado y cabizbajo cuando casi chocó de bruces con Alfonso. Éste le pasó la mano por el hombro y le dijo:

- Ven, Juan. Quiero enseñarte algo.

Juan le siguió dócil. Mientras caminaban, Alfonso le preguntó sobre qué le había dicho Tadeo. Al banquero le había resultado obvio saber a dónde se había ido Juan tras verse en el banco, y así, cuando salió a dar su paseo matutino, le había resultado muy sencillo dirigir sus pasos en la dirección adecuada para encontrarse con Juan en seguida.

Ahora Juan y Alfonso se encontraban en frente de la iglesia. Una cola de no menos de cuarenta personas aguardaba su turno para que les sirvieran un tazón de caldo caliente y un trozo no muy grande de empanada fría de tomate y carne.

- Mira ahí, Juan. Mira a esa pobre gente. No son capaces de procurarse alimento por sí mismas. No hay trabajo para todo el mundo, y el mundo mismo se ha vuelto más pequeño, menos productivo. Apenas da para que todos podamos comer, pero poco más.

Juan miraba pensativo la cola.

- Ya no hay grandes negocios - prosiguió Alfonso - y los beneficios anuales apenas sirven para cubrir la amortización y las contingencias del capital. Como banquero de esta ciudad, tengo la obligación de velar en primer lugar por la continuidad de los sectores fundamentales de esta villa.

- El matadero - dijo Juan.

- Efectivamente, el matadero. El matadero da de comer a toda la comarca, pues ahí se prepara toda la carne que comemos con unas mínimas garantías. Lo mismo reza por los ultramarinos, y en cierto modo por la farmacia. Todos ellos son sostenidos por créditos del Banco de Poniente, y lo serán por mucho tiempo, pues cuando acaben de pagar los créditos actuales tendrán que pedir otros para otras actuaciones fundamentales.

- No hay dinero para mi, entonces - dijo Juan.

- Tú no necesitas mucho dinero, Juan, y quizá no lo necesites en absoluto. Llega a un acuerdo con el propietario del local que quieres arrendar, que sea él quien te financie en especie y con cierta carencia, a cambio de parte de los beneficios futuros.

- Los beneficios no son amplios. Si hago eso que dices tardaré, qué sé yo, unos diez años en empezar a generar beneficios de verdad. 

- Es posible. Es más, es lo más probable.

- Mis hijos no podrán ir a la Universidad - dijo Juan, con la voz entrecortada.

- O quizá sí, Juan; - le dijo Alfonso - yo conozco algunas personas en la capital y quizá podamos buscar algún arreglo, si tus hijos son aplicados y están dispuestos a trabajar duro.

- Siempre le deberemos algo a alguien; - dijo Juan - jamás seremos libres.

- Al contrario, amigo mío, - respondió Alfonso - pues nunca deberéis dinero ni, más importante, se os aplicarán intereses que harían crecer indefinidamente la deuda hasta arruinaros. Por contraste las condiciones de los tratos a los que podáis llegar son cerradas y con límites bien definidos; quizá esos límites os obliguen por muchos años, de por vida incluso, pero os dejarán vivir dignamente. En un mundo donde la productividad no crece, donde los recursos en los que podemos basarnos permanecen estables, no es posible vivir en la ficción de que todo el mundo gane por su cuenta y riesgo. Todos formamos parte de una maquinaria, en cuyo engranaje encajamos con una función concreta, y cuando uno de nosotros, por ley de vida, al final sale de ella otro ocupa su lugar. Venancio murió, y es una desgracia, pero gracias a eso un joven obrero pudo entrar a ocupar su lugar, y ahora su hijo entrará en tu carpintería. Todos formamos parte de una misma cosa, todos somos nudos de una misma malla.

Juan se quedó un rato largo pensando, en silencio, mientras iban caminado de regreso al banco Alfonso y a la carpintería Juan. Al final Juan dijo:

- Tienes razón. Lo único a lo que debemos aspirar es ganarnos dignamente la vida.

Su amigo sonrió, sin decir nada.

- Aprovechaste bien tus estudios en la universidad - dijo Juan, y por primera vez sonrió a Alfonso - Estudiaste Finanzas, ¿o era Filosofía? No me acuerdo; era algo con "Fi".

- Estudié Físicas - dijo Alfonso - y sí, lo aproveché bien.


Antonio Turiel
Figueres, Abril de 2015
Categories: General
 
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