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La Gran Decepción Independencia a la catalana, a plazos

Ácratas - 11 October, 2017 - 02:06


Y al final, no pasó nada (?). Al menos, de momento. Tras concitar el compromiso de la mitad de la sociedad catalana, que incluso llegó a poner en grave riesgo la integridad física de su niños pequeños, Puigdemont traicionó a todos los que habían confiado en él.

Pues sí, lo que tocaba hoy en el Parlament era una sesión plenaria en aplicación del Título III, artículo 4 punto 4 de la Llei de Referèndum, que dice:

"Si en el recompte dels vots vàlidament emesos n’hi ha més d’afirmatius que de negatius, el resultat implica la independència de Catalunya. A aquest efecte el Parlament de Catalunya dins els dos dies següents a la proclamació dels resultats per part de la Sindicatura electoral celebrarà una sessió ordinària per a efectuar la declaració formal de la independència de Catalunya, els seus efectes i acordar l’inici del procés constituent."

Lo que significa que el Parlament debiera haber votado sobre tal declaración hoy mismo, 10 de octubre de 2017. Proclamar la independencia de Cataluña no es un prerrogativa del president Puigdemont, sino del Plenari.

En vez de eso, Puigdemont reconoció que era lo que tocaba, pero suspendió tal plenari sine-die para procurar una negociación no se sabe con quién ni sobre qué. Y dijo esto:

Como presidente de la Generalitat, asumo, al presentar los resultados del referéndum ante el Parlamento y nuestros conciudadanos, el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república.
La CUP, que fue informada del cambio de criterio del PdeCat tan solo una hora antes del Plenari, mostró su indignación, su decepción y su humillación en una breve intervención de Anna Gabriel. Otras facciones de la CUP, como Arran, hablaron más claro, tildando a Puigdemont de lo que es y ha sido siempre: un traidor.

La juventud independentista catalana ha sufrido su primera gran derrota, su primer baño de realidad: en la derecha no puede confiarse ni para guardarte tu sitio en la cola del pan. Las 30.000 personas que aguardaban la proclamación de la República Catalana en el Passeig de LLuís Companys se disolvieron rápidamente visiblemente decepcionados. Pero no se van a conformar. No pueden ni deben.

Al final ha pasado lo que decíamos el 11 de septiembre, hace un mes, antes de que la crispación y polarización de la sociedad catalana nos hiciera pensar, como a todo el mundo, que esto no podía estar sucediendo por una causa tan prosaica como la de obtener unos cuantos diputados más en futuras elecciones: PP y PdeCat bailaron el corro de la patata. Ni planes de financiación en B ni hostias. La representación del Procés se ha transformado de tragedia en comedia.

La prensa estatal, sin embargo, sigue agitando a la opinión pública española, haciéndole creer que la independencia de Cataluña ha sido proclamada y su aplicación suspendida durante unas semanas para negociar las condiciones de desconexión entre el Estado Español y la República Catalana. Eso es falso y malintencionado. Y el beneficiario puramente electoral de esas mentiras es el PP, ese partido nido de delincuentes habituales, según la Judicatura.

Ante las presiones de la CUP, fuera ya del ámbito del Plenari del Parlament, se firmó un documento de declaración de la República. Un fraude simbólico por la puerta de atrás inconsistente lo la legalidad de la leyes de Referéndum y Transitoriedad, que exigen, repetimos, que sea el Parlament constituido en Plenari. (*).

Ese documento, que compromete a todos los firmantes a una pena de prisión por sedición si no triunfa la independencia, muestra que la partida no ha terminado. Siempre que la energía de la adoctrinada juventud catalana no se agote o se deprima. La CUP se siente con derecho --emanado de las calles-- a impedir la traición de la derecha "independentista dels negocis". Y tiene una poderosa herramienta política. El frágil Govern de Puigdemont depende de sus 10 votos. La CUP puede disolver el Parlament cuando quiera. Cosas del sistema partitocrático de elección del ejecutivo. De modo que el chantaje de Puigdemont al Estado se envenena con el chantaje de la CUP al Govern. La agitación en las calles va a seguir. Incluso Puigdemont pidió que siguiera la tensión en las calles explícitamente, y sin citar esta vez la palabra mágica: "pacífica".

No somos independentistas catalanes. Pero no podemos por menos que sentirnos compungidos por la decepción de millones de personas honestas, ilusionadas, que tuvieron la mala suerte de seguir irreflexivamente al flautista de Gerona, Carlos Puigdemont Casamajó. Lamentamos igualmente que la especulación de los fondos buitre internacionales, posicionándose en corto contra España, continuarán haciendo su agosto.

Salud y acracia, que la democracia ni está ni se la espera.

ÁCRATAS


(*)
DECLARACIÓN DE LOS REPRESENTANTES DE CATALUNYA

Al pueblo de Catalunya y a todos los pueblos del mundo.

(Aquí los fundamentos victimistas del fascismo catalán)

En virtud de todo lo que se acaba de exponer, nosotros, representantes democráticos del pueblo de Catalunya, en el libre ejercicio del derecho de autodeterminación, y de acuerdo con el mandato recibido de la ciudadanía de Catalunya,

CONSTITUIMOS la República catalana, como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social.

DISPONEMOS la entrada en vigor de la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República.

INICIAMOS el proceso constituyente, democrático, de base ciudadana, transversal, participativo y vinculante.

AFIRMAMOS la voluntad de abrir negociaciones con el estado español, sin condicionantes previos, dirigidas a establecer un régimen de colaboración en beneficio de ambas partes. Las negociaciones deberán ser, necesariamente, en pie de igualdad.

PONEMOS EN CONOCIMIENTO de la comunidad internacional y las autoridades de la Unión Europea la constitución de la República catalana y la propuesta de negociaciones con el estado español.

INSTAMOS a la comunidad internacional y las autoridades de la Unión Europea a intervenir para detener la violación de derechos civiles y políticos en curso, y hacer el seguimiento del proceso negociador con el Estado español y ser testigos.

MANIFESTAMOS la voluntad de construcción de un proyecto europeo que refuerce los derechos sociales y democráticos de la ciudadanía, así como el compromiso de seguir aplicando, sin solución de continuidad y de manera unilateral, las normas del ordenamiento jurídico de la Unión Europea y las del ordenamiento de España y del autonómico catalán que transponen esta normativa.

AFIRMAMOS que Catalunya tiene la voluntad inequívoca de integrarse lo más rápidamente posible a la comunidad internacional. El nuevo Estado se compromete a respetar las obligaciones internacionales que se aplican actualmente en su territorio y continuar siendo parte de los tratados internacionales de los que es parte el Reino de España.

APELAMOS a los Estados y las organizaciones internacionales a reconocer la República catalana como Estado independiente y soberano.

INSTAMOS al Govern de la Generalitat a adoptar las medidas necesarias para hacer posible la plena efectividad de esta Declaración de independencia y de las previsiones de la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República.

HACEMOS un llamamiento a todos y cada uno de los ciudadanos de la República catalana a hacernos dignos de la libertad que nos hemos dado y construir un Estado que traduzca en acción y conducta las inspiraciones colectivas.

Los legítimos representantes del pueblo de Catalunya:

(Y aquí, las firmas de los diputados de Junts pel Sí y de la CUP)

Barcelona, ??10 de octubre de 2017




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República Catalana El negocio que a todos conviene, liquidar la Constitución Suicida Española de 1978

Ácratas - 9 October, 2017 - 20:22


Vamos a contar unas cuantas verdades y queden claras en el imaginario de los lectores para siempre. Cosas que se debieran divulgar tanto como se pueda para que todos los españoles sepan a qué atenerse ante la situación en Cataluña.

PRIMERO: La descomposición de España es un hecho que viene de largo. Se aceleró desde mediados del siglo XIX con las pérdidas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Quedó patente en la I República, que fue federal y cantonalista. Un golpe de estado, el del general Martínez Campos, suspendió la putrefacción. La descomposición siguió a buen ritmo enseguida con la pérdida del Protectorado de Marruecos. Y también durante la II República, con el estallido de la frustrada República Catalana y la autonomía del País Vasco. Volvió a ser interrumpida, esta vez por el golpe de estado nacional-católico de Franco y una guerra civil que costó al menos 500.000 muertos. Durante el franquismo se reanudó con la pérdida de las colonias de Ifni y las provincias de Fernando Poo y Río Muni entre 1968-69.

SEGUNDO: En 1978, tras la muerte del dictador y el abandono de la colonia de Sáhara en 1975, por fin se asume el problema de la inexorable descomposición de España. Y se resuelve no como proponía la Platajunta al mando de Trevijano, con una república constitucional, sino por el expeditivo procedimiento de acabar con España por fases. Se instrumentó mediante el estado autonómico partitocrático. Las autonomías asumieron y canalizaron todas las diferencias y pugnas vecinales entre los pueblos españoles. La verdad es que 17 estados nacieron en 1978 dotados de poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Unos evolucionaron rápidamente, como Cataluña y el País Vasco. Otros se gestaron con más lentitud, como Valencia, Baleares, Galicia, Asturias y Canarias. Y el resto, se inventaron de la nada histórica: fueron forzados a existir para diluir la importancia de lo hecho con los demás. No se dotó de infraestructuras de estado a las ciudades de Ceuta y Melilla, porque se dieron por perdidas desde el principio. Demasiado están durando.

No hay discusión posible. Se comprende la extrañeza de los españoles ante los procesos independentistas de Euskadi y Cataluña. Se dicen: "Pero ¿qué más queréis, si las burguesías de cada región tenéis vuestro cortijo personal?" La respuesta es que van a concluir el proceso de descomposición de España de una vez por todas, siguiendo los designios de la propia Constitución, la Constitución Suicida Española. El guión se incardina en el modelo de la Europa de las Regiones de Hitler, reasumido por Merkel.

TERCERO: Los hechos son indiscutibles. Por eso, desde Cataluña, tanto independentistas como los restoespañoles que habitamos el Área Metropolitana de Barcelona, sobre todo en el Cinturón Rojo, vemos ridículas las manifestaciones españolistas como esa del domingo, 8 de octubre en Barcelona y otras ciudades del Estado. ¡Que no funcionan, hágannos caso! Los españoles residentes suficiente tiempo en Cataluña no somos españolistas, no podemos creer en España ni en sus alternantes y corruptos gobiernos, esos que nos han vendido siempre a cambio de investiduras parlamentarias del presidente de turno. Sabemos que tales figuras folclóricas no nos sirven para lo que nos es urgente resolver, que es el ascenso del fascismo en Cataluña.

CUARTO: Todos los nacionalismos son pre-fascistas, mientras son débiles. Y son fascistas los que prosperan. Todos. Cualquier colectivo minoritario de un país que se siente natural o privilegiadamente dotado para decidir sobre el futuro de todos los habitantes de un territorio es fascista. Para comprobarlo, sólo hay que ver si, aparte del iluminismo ya citado, tiene el resto de características de los fascismos históricos: ultra-nacionalismo, totalitarismo --conmigo o contra mí--, adoctrinamiento de la juventud, proselitismo, desinformación en los medios, deformación de la Historia, victimismo, invención de un enemigo único al que atribuir la culpa, corporativismo --los partidos tienen una idea superior que los agrupa, sean de derechas o de izquierdas--, militarismo, expansionismo amenazante a sus vecinos (Valencia, Baleares, el Rosellón y la Cerdaña, la Franja de Ponent) y la inevitable división social excluyente, sin posibilidad opinión alternativa. ¿Veis como todas esas características están en la ideología de los partidos --de todos los partidos-- que impulsan el Procés? El movimiento independentista catalán es una forma de fascismo evidente.

De modo que los españoles que vivimos en Cataluña, que hemos vivido la gestación y formación del fascismo catalán hasta su madurez, sabemos que a tal potencia no puede oponérsele un españolismo postizo, absurdo, inexistente, de gentes que corean el "¡Yo soy español, español, español!" o del "¡Que viiiivaa Españaaaaa!". Cuesta creerlo, porque en España no existe el nacionalismo y, por eso, no existe el fascismo, sino simplemente el brutal expolio, la corrupción y la constante traición a lo que queda de la patria española. Si queremos sobrevivir, los españoles residentes en Cataluña no podemos permitirnos autocares infestados de manifestantes españolitos, supuestamente bien intencionados, que dicen creer en la unidad de España. Porque España dejó de existir, fue acuchillada, en 1978 por los Padres de la Constitución, que se limitaron a comprar tiempo, lo mismo que mantuvieron el cadáver de Franco en hielo durante meses hasta admitir su muerte el 20 de noviembre de 1975. El asesinato de España ha tardado 35 años en evidenciarse a base de abanicar con billetes de banco la peste del muerto.

QUINTO: Españoles de España: los españoles de Cataluña no os necesitamos para manifestar nada. No, así no, como dijo Cocomocho Puigdemont. No nos sirven los españoles manipulados y ciegos a la verdad, no los queremos. Os necesitamos quietos, pasivos, y, eso sí, solidarios. Y conscientes de la realidad. Y esa realidad os la voy a contar ahora, si es que queréis saberla.

La verdad es que, en el problema catalán, existe una connivencia absoluta entre el Estado Español y el futuro Estat Catalá para la consecución de la independencia unilateral de Cataluña. Ninguno de los bandos desea un estado asociado dentro de España. Necesitan una Cataluña realmente independiente y fuera de la Comunidad Europea. Y es así porque es lo que necesitan ambas partes para implementar su verdadero propósito.

Los síntomas de esa verdad incontrovertible son varios, que expondremos para luego aclarar lo que se procura con todo este teatro. Son evidentes:

En primer lugar, la unilateralidad de la postura del independentismo. Su monolitismo procedimental, pactado entre todas las ideologías, derecha pura, republicanismo y anarquía. Es insólito que el Pdecat y la CUP tengan los mismos objetivos prioritarios: independencia; después ya hablaremos de derechos sociales y repartos de renta. ERC se limita a ofrecer los fundamentos republicanos históricos a la empresa común catalana.

En segundo lugar, la acumulación de errores imposibles de atribuir a la incompetencia del Gobierno --nadie se cree que Millo, catalanísimo militante de Unió hasta 2003, incurso en toda la corrupción catalana, mandase cargar por error a Policía y Guardia Civil contra los votantes el 1-O--; y, sobre todo, la pasividad del Gobierno de España, que pudo haber detenido el Procés el día 8 de septiembre interviniendo la Generalitat y llamando a elecciones autonómicas y, en vez de eso, se fumó un puro. Incluso el aparentemente buenista mensaje del Rey contribuye a la causa, rubrica la ruptura, certifica la imposibilidad de ninguna clase de pacto que permita a Cataluña quedarse dentro de España. "Es inadmisible", dijo el Rey. Y se refería a que este enfrentamiento sólo podría zanjarse con la derrota de una de las partes, a que jamás habría acuerdo. El Rey no actuó como árbitro, lo que le hubiera resultado fácil, sino que le dictaron que debía dar la puntilla a España.

En tercer lugar, la propia Constitución de 1978, que, por una parte, prevé su propia reforma, prevé incluso la convocatoria de referendos; pero, por otra, abrocha la unidad de España a cal y canto.

En cuarto lugar, las movidas de la Banca absolutamente falsificadas por la prensa. Caixabank y Sabadell han performado (sí, sí, es incorrecto) las salidas de sus sedes sociales mediante una ley ilegal, aprobada ad-hoc por el ministro Guindos a matacaballo. Una ley que lo mismo permite entrar que salir de Cataluña en cuestión de horas.

Es ridículo creer que CaixaBank no tiene poder suficiente, ella sola, para detener el Procés simplemente chasqueando los dedos. Isidre Fainé representa los intereses no sólo de CaixaBank, sino de un holding de servicios básicos e infraestructuras y de la casi totalidad de la alta burguesía catalana. Su poder sobre la política es absoluto. Una palabra suya hubiera quebrado el proceso inmediatamente. Luego D. Isidre y sus mariachis están en el ajo. La Banca está en el ajo, también la banca española, que puede trasladar cualquiera de sus filiales a Cataluña, si  no las tiene ya, cuando quiera.

¿Y cuál es el ajo?


Una hipótesis de lo que subyace en las altas esferas de los Poderes Fácticos

El ajo es el remedio contra la Ley Europea contra la utilización del sistema financiero para el blanqueo de capitales. Esta Ley fue la causa del Brexit, cosa poco conocida por el paniaguado periodismo español. Andorra, Suiza, Liechtenstein, Panamá cayeron unos tras otro, habiendo de entregar a los estados que los soliciten las listas de clientes y cuentas. EEUU ha hecho lo propio con toda la fuerza de sus ejércitos en su lucha contra el terrorismo, real y ficticio. Han dejado de ser operativos uno tras otro los paraísos fiscales de Man, Caimán, Mónaco, Malta, Luxemburgo, Suiza y Bahamas. Hasta Liechtenstein ha caído.

Bueno, ¿y qué?

Pues que una Cataluña independiente por las bravas se situaría inmediata y automáticamente fuera de Europa, tendría fronteras (el otro día se le escapó a Mas lo del control de fronteras... ¿qué fronteras, si decía que Cataluña permanecería en la UE?). Y, una vez fuera de Europa, Cataluña sería un lugar de acogida a ingentes masas de capitales provenientes de toda clase de negocios ilegales, incluyendo los 3,4 millardos de euros de Pujol y su familia, que, mira tú por dónde, volverían al lugar de donde fueron expoliados. Hablamos de muchos billones en total.

Hoy día, a pesar de la legislación adversa, siguen existiendo paraísos fiscales. Pero el problema no es sólo mantener el dinero a salvo, sino el poder gastarlo o blanquearlo. Cataluña sería un paraíso fiscal en el que esos miles de millardos podrían invertirse en toda clase de negocios productivos.

Si es así, preparaos para ver una gran burbuja de viviendas de alto estánding en Barcelona y la Costa Brava, tal como sucede en la City de Londres, que tiene el estatuto de paraíso fiscal de facto.

De todo esto no sabe nada la CUP, ni la sociedad catalana que ha participado en el golpe creyendo a pies juntillas que seguía simplemente el Plan Maestro para acabar con la "dictadura" y convertirla en democracia de forma pacífica, de Gene Sharp (*). Nada intuyen todos esos padres que se reúnen con frecuencia para seguir a pies juntillas directrices y organizar manifestaciones a las que acudirán con sus hijos pequeños, sus madres y sus esposas a los que cobardemente utilizarán como escudos humanos.

Los actos que conformarían el Golpe del Anarco-Capitalismo

El futuro, con todo el riesgo de pronosticar lo que sigue, es(**):

--Declaración Unilateral de Independencia.

--Paripé de intervención estatal de la Generalitat, seguida por la más rotunda desobediencia popular y política. El paripé no impedirá el intento de toma de alguna infraestructura importante por los comités de defensa de la República (los CDR de la CUP): La Zona Franca del puerto de Barcelona, por ejemplo, donde los disparos serán inevitables, pues la Guardia Civil no puede ceder una frontera española sin resistencia.

--Una pequeña cosecha de muertos proporcionará los héroes necesarios de toda revolución irreversible para un rápido acuerdo con España del programa de erradicación de policía, judicatura y ejército.

--Depuraciones de funcionarios estatales, jueces, secretarios, notarios y funcionarios de Hacienda.

--Desde el principio, la Banca de Cataluña hervirá de transferencias de fondos... a favor. Y sobre todo en efectivo. Incluso de españoles, amanciortegas que traerán a Cataluña sus contenedores de dinero negro. Porque los bancos catalanes, como hasta hace poco los andorranos, no preguntará a nadie de dónde procede la pasta.

Añadiremos que en el País Vasco no va a pasar lo mismo ni por asomo. Allí, una supuestamente escarmentada España impondrá su legislación a sangre y fuego, si falta hace. El último paso sin obstáculos a Europa no se cederá jamás. Ni sucederá en Valencia, cuyo puerto se dimensionará para la exportación de todas las mercancías producidas en España que se fletaban desde Barcelona o Tarragona.

Entonces, ¿hay algo que los españoles puedan hacer por nosotros, aparte de no venir por aquí y esperar pacientemente? Pues sí, un par de cosas o tres.

La primera, impedir que España exagere y sobreactúe a petición vuestra. Va a ceder con total seguridad, porque le conviene a las clases dirigentes española y catalana. Pero si os ve demasiado patrióticos, va a tener que hacer muertos entre nosotros. Y no tiene sentido.

La segunda, cerrar a cal y canto las fronteras españolas y europeas con Cataluña, no comprar aquí ni un alfiler para obligar al Govern de la república catalana a poner el capital procedente del crimen internacional a trabajar en la economía real.

Y la tercera, veniros a vivir aquí cuantos podáis, porque la dictadura fascista catalana habrá que derribarla por el mismo procedimiento pacífico con que ella ha derribado al Estado Español. Aquí sí que habrá motivos para aplicar el manual de Gene Sharp, "Del la dictadura a la democracia".

Como veis, como no me fío de vosotros, no os pido lo mejor, lo que lo resolvería todo de un patriótico gesto. Porque no sois capaces ni de imaginarlo: Forzar al Borbón a dimitir y traer a España la III República Constitucional.

Hasta aquí este artículo que se parece al programa de radio de Orson Welles "La Guerra de los Mundos". Como aquél, induce al pánico, desde luego. La diferencia es que lo de Welles enseguida se aclaró que era falso, mientras que este relato es de verdad. O podría serlo, si nadie lo impide.

ÁCRATAS

(*) Gene Sharp, "De la dictadura a la democracia, Un sistema conceptual para la Liberación sin violencia", pdf

Ver las páginas fundamentales, 69 a 74. Están uno por uno todos los pasos que el Govern, las asociaciones cívicas, la CUP y la sociedad civil han dado en Cataluña.


(**) La traición de Puigdemont al Procés --en la sesión del Parlament del 10 de octubre-- ha mostrado que para todo lo que sigue desde este punto no ha habido huevos. ¿Al dinero negro mundial le basta con la City de Londres? Puede que sí. Al final, todo parecen cohetes de falla valenciana. Qué vergüenza deben de sentir los catalanes que se han implicado en el Procés, engañados por Junts pel Sí. La dignidad de Cataluña se va por la gatera.

Ventajas: al naciente fascismo catalán se le ha asestado un golpe letal del que no se recuperará nunca. El problema que hemos vivido no es el de Cataluña y España, sino entre derechas e izquierdas. Como siempre.

Pero otra alternativa es que la independencia en diferido --que no existe, no es verdad-- prorrogue simplemente el proceso para consolidarlo. Eso no depende ya solamente de Puigdemont, sino de quienes controlan las calles y, sobre todo, los campos de Cataluña. La CUP y sus confluencias, las asociaciones cívicas independentistas y los dos millones y medio de independentistas declarados cuyos nombres, apellidos y direcciones constan en el Ministerio del Interior. Saben que, si se detienen ahora, la represión judicial será inexorable.




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Complejidad y energía

The Oil Crash - 8 October, 2017 - 21:26


Queridos lectores,

Como prometí, aquí tienen la réplica de Luis González Reyes al artículo de Eduardo García sobre complejidad. 

Salu2,
AMT

Complejidad y energía
Sin duda, el texto de Eduardo García Díaz que aparecía hace unos días en este blog es muy estimulante y aporta miradas que son muy necesarias. Entro a discutir alguna de ellas.Un primer elemento es cuando Eduardo comenta respecto a las propuestas que lanzamos distintas personas que:Descomplejizar significa aquí menor producción de bienes (descenso del PIB) y menor consumo, menos habitantes, menor grado de especialización profesional, desorganización de estructuras jerarquizadas, menor “conectividad” y menor transporte de materiales, menos ciencia y menos tecnología, etc.Frente a lo que él sugiere que:El concepto de complejidad es relativo, no es lo mismo utilizar parámetros como el PIB o el número de habitantes (cuantitativos) que parámetros como el formato de organización social, es decir, el tipo de interacciones presentes (no son lo mismo las relaciones antagónicas que las de complementariedad), o el predominio de estructuras jerárquicas o de redes horizontales, parámetros que son cualitativos. Del mismo modo, no es igual hablar de complejidad del conocimiento, con indicadores como la acumulación de datos o el número de graduados, que hablar de conocimiento en relación con el formato organizativo de los sistemas de ideas.Por lo tanto, un elemento central es definir a qué llamamos complejidad cada cual para poder discutir cabalmente. Partiendo de la base de que definir complejidad es difícil y que en absoluto es un consenso, yo uso cuatro indicadores:
  • Número de nodos del sistema. Cuantos más nodos tenga, más complejo es. En una sociedad estaríamos hablando, por ejemplo, de personas.
  • Interconexión entre los nodos. Si esos nodos no están interconectados, en realidad no podríamos hablar de un sistema y, cuántas más interconexiones existan, mayor complejidad habrá. Aquí se podría incluir la topología de esas conexiones, pero es muy complicado determinar cuál es más compleja. Eduardo aporta a este aspecto, probablemente con acierto, que una topología horizontal es más compleja que una vertical, pero en realidad hay infinidad de combinaciones y posibilidades que arrojarían resultados distintos. Una forma de compensar parcialmente esta carencia sería el cuarto indicador que propongo un poco más abajo.
  • Diversidad de los nodos. Cuanto más diversos sean, mayor será la complejidad del sistema. Una forma de ver esta diversidad es el grado y la variedad de especializaciones de los nodos.
  • Información que existe y fluye. Finalmente, cuanta más información fluya y esté presente en el sistema más complejo será. También cuantos más nodos accedan a partes de dicha información (lo que es un indicador indirecto de la topología).
Desde mi punto de vista, otros indicadores como el PIB o la jerarquía que Eduardo señala no serían indicadores de complejidad.Como afirma Eduardo, esta forma de aproximación a la complejidad es muy cuantitativa. No aborda si la información es relevante o no, o si las interconexiones son jerárquicas u horizontales. No hace una valoración de si una organización del sistema es más deseable que otra (idea clave sobre la que volveré al final). Esta mirada cuantitativa no implica que un sistema más complejo no sea cualitativamente distinto que uno que lo es menos, pues las emergencias que se producirán en ambos serán cualitativamente distintas.Creo que bajo esos cuatro indicadores sí es posible afirmar que lo que tenemos en la actualidad es una sociedad muy compleja y que lo que nos espera es un descenso en la complejidad: menos población, menos interconexión entre la población mundial, más población dedicándose a lo mismo (agricultura) y menos información contenida en la sociedad.Al respecto del último indicador, Eduardo afirma:Un ejemplo paradigmático de este enfoque aparece en el texto de Fernández y González (p. 187), donde entienden, por ejemplo, la complejidad social creciente como incremento de titulados universitarios. Desde la perspectiva que adopto, mayor complejidad sería conseguir mentes bien ordenadas en el sentido de Morin (2001); incremento de complejidad, éste último, que requiere de mucha menos energía que la producción de titulados repletos de información de “baja calidad”.Lo qué Ramón y yo queremos destacar (puede que con poca fortuna) es que una sociedad con un gran flujo y cantidad de información requiere de personas que se especialicen en comprender y recrear dicha información (eso lo podemos representar en los/as titulados/as universitarios/as). Sin esta posibilidad (que requiere fuentes energéticas densas y abundantes para que un porcentaje pequeño de la población tenga que dedicar el grueso de sus esfuerzos a obtener energía) no habría altos flujos y cantidades de información gestionada. Tampoco podría haber una digestión de esa información para que sea accesible a un número alto de nodos.Esto no está en contra de la crítica que hace Eduardo a la calidad de la formación universitaria, que comparto y que otra vez nos lleva a lo deseable de unos formatos sociales u otros (nuevamente esa idea clave sobre la que vuelvo al final).En resumen, una parte de la discrepancia es que entendemos cosas distintas por complejidad.Un segundo elemento a discutir es cuando afirma:Se aprecia una aproximación determinista al tema del colapso civilizatorio cuando se dice que la complejidad de una sociedad es consecuencia de la cantidad de energía disponible.Desde mi punto de vista, lo infranqueable son los límites (lo que determina), lo que se haga dentro de ellos está abierto y es fruto de las decisiones sociales. La energía disponible es una de las que marca esos límites y, tal y como he definido la complejidad, sí hay una relación directa entre energía disponible y complejidad factible. De este modo, cuando Eduardo afirma que:Determinados sistemas complejos (los eco-socio-sistemas) sometidos a un flujo de energía presentan una interesante cualidad: aunque la energía se degrada deja una “huella” en forma de información (organización, en los términos de Morin). Es decir, el sistema se ordena de una determinada forma, de manera que, aunque la energía fluye (y pierde “calidad”), nos quedan estructuras que van a condicionar el uso posterior de ese flujo de energía.Creo que no está en lo correcto, ya que estos sistemas complejos se sostienen gracias a un continuo aporte energético, tanto mayor cuando más grande es su complejidad. Prigogine lo explica bien con sus estructuras disipativas.Un tercer tema es cuando afirma que:No debemos considerar la ley del rendimientos decreciente como un axioma universal. Evidentemente, dicha ley nos sirve para entender, por ejemplo, la evolución de la burocracia administrativa, pero no sirve para explicar bien la evolución de un huerto en permacultura o los cambios en la organización de los sistemas de ideas.Estoy de acuerdo con él. De hecho, creo que es algo que encaja muy bien en sistemas basados en la dominación, pero no tanto en otros más igualitarios. En el apartado 9.1 de En la espiral de la energía intentamos marcar esta diferencia. Pero creo que sí es un elemento muy relevante en nuestro sistema actual (como también fue en el Imperio romano). Los casos actuales en los que no se aplicaría no son los principales articuladores sociales.Otro elemento de debate es el concepto de eficiencia. ¿Es nuestro sistema ineficiente? Bueno, depende de cómo se mire. Creo que es tremendamente eficiente en la reproducción del capital, para lo que necesita, entre otras cosas, un inmenso gasto energético. Pero las empresas no gastan más energía de la estrictamente necesaria (entendiendo por necesario también algunos gastos suntuarios que sirven para aumentar la productividad de sus empleadas/os). Han sufrido un proceso de optimización histórico bestial empujado por la competitividad. De esta manera, cuando Eduardo dice que:Podemos concluir que aún teniendo menos energía, sería aún posible mantener un cierto grado de complejidad en determinadas organizaciones sociales. La clave estaría en la eficiencia energética del sistema social (capacidad de conseguir unos determinados fines con el menor gasto energético).Yo creo que, para sus fines sociales, el capitalismo no es ineficiente. Otra cosa es que otros sistemas socioeconómicos, con otros fines, requieran menos energía que el capitalismo para conseguirlos, en lo que estoy totalmente de acuerdo con Eduardo.Ahora bien, la capacidad de organización en colectivo humana a la que apela Eduardo también tiene límites y no se puede mejorar indefinidamente. Es más, no pensemos solo en los ejemplos (bien escogidos) de Eduardo para ver las potencialidades de una mayor cooperación social, sino también en los aspectos en los que el capitalismo ha forzado al máximo esa "cooperación" social. Volviendo al caso de una empresa, en general son organizaciones diseñadas para aprovechar al máximo el trabajo de las colectividades y desde luego juegan un papel central en nuestro sistema socioeconómico haciendo que sea altamente productivo.Terminando, hay una interpretación incorrecta a lo que Ramón y yo afirmamos. Es algo secundario, pero aprovecho para apuntarlo. Eduardo afirma que: Al respecto, es contradictorio mantener al mismo tiempo (como por ejemplo hacen Fernández y González, 2014) que la historia es una sucesión cíclica pero que no vuelven a ocurrir los mismos hechos ni en el mismo orden, de forma que cada nueva etapa es única.Creo que no es contradictorio lo que decimos. Es más, es una definición parecida a la que él recoge de Morín de evolución helicoidal. Creo que en este aspecto estamos bastante de acuerdo. La historia nunca se repite igual, aunque tenga elementos que se parezcan a otros pretéritos.Finalmente, entro en lo que considero que es la idea más relevante del texto de Eduardo:Argumentos basados en la idea de que la variable clave no es el límite biofísico sino la respuesta social a dicho límite, de forma que adoptando determinadas modalidades de organización social (redes comunitarias coordinadas autónomas y autosuficientes, permacultura, complementariedad en vez de antagonismo …) más eficientes, podremos vivir mejor con menos (entender el decrecimiento como una oportunidad de mejora).La comparto plenamente y creo que es clave entender el cambio que estamos viviendo, el colapso del capitalismo global y de la civilización industrial, como un momento histórico muy abierto lleno de oportunidades (y, claro esta, riesgos que no se le escapan a nadie). Entre estas oportunidades, está no entender una reducción de la complejidad como algo negativo desde la perspectiva social y ambiental. Las sociedades permaculturales que describe Eduardo son menos complejas (según los indicadores que uso) y, claramente, más deseables y resilientes. Otros debates serían cómo poder aprovechar esas oportunidades y cómo hacer los tránsitos lo menos dolorosos posibles.
Luis González Reyes
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Estamos en el Titanic, no en el Endurance

The Oil Crash - 6 October, 2017 - 10:58


Queridos lectores,

Carlos de Castro y Luis González Reyes han escrito sendos artículos en contestación al de Eduardo García Díaz de la semana pasada sobre el rol de la complejidad en el descenso. Les ofrezco en una primera entrega la réplica de Carlos de Castro, y en la segunda les ofreceré la de Luis González Reyes.


Salu2,
AMT


 Estamos en el Titanic, no en el Endurance Establezco una analogía que empleamos muchos aquí: La del Titanic. El barco es lo que llamaríamos nuestra Civilización Capitalista (productivista lo amplía más para incluir los casos de la URSS y Hitler al menos).

Una vez que chocó con el iceberg, el Titanic ya estaba perdido. A eso nos referimos los “deterministas del colapso”. Si no se está de acuerdo con esto, entonces no se está de acuerdo en el diagnóstico, definamos como definamos esas abstracciones que discutimos aquí. Si lo que se piensa es que nuestra civilización está divisando el iceberg, entonces el diagnóstico es diferente y el problema y sus soluciones son diferentes, si lo que se piensa es que hemos chocado pero se puede evitar tecnológicamente el hundimiento, el problema y sus soluciones son diferentes (y esto es básico dilucidarlo; en mi opinión, tratar de salvar el Titanic con energías renovables y agricultura ecológica solo, en realidad es utilizar los botes salvavidas como flotadores del Titanic). En estos últimos casos, podemos intentar salvar el Titanic y, por supuesto, a toda la gente que habita el Titanic. En el primer caso, no podemos (ni debemos), porque es una pérdida de recursos y de tiempo con el riesgo de que se ahoguen todos, intentar salvar el Titanic, pero sí podemos (y debemos) salvar al mayor número de personas posibles.

En el Titanic se pasó a los botes salvavidas, mucho menos complejos –los midamos como los midamos- que el mismo Titanic. Esto ha pasado siempre en cualquier hundimiento/colapso de civilización. Es más, dentro de cada bote salvavidas, la “sociedad” es menos compleja que en el mismo Titanic y la forma de vida más “simple”: todos a una a remar, salvar a otros, ir a otros barcos y poco más, no creo que nadie se pusiera a ligar, a hablar de fútbol o del independentismo escocés, daba igual que fueras tenista, cantante, monje o cocinero, las relaciones, ya en los botes, serían plenas de emociones, la proximidad de la muerte cambaría radicalmente a las personas y seguramente las haría más profundas, se iniciarían amistades impensables en la sociedad del Titanic, pero eso vendría justamente luego, quizás a partir de que subieran a los barcos de rescate (las nuevas civilizaciones). Pero, desde la consciencia de la inevitabilidad del hundimiento hasta los barcos de rescate, se estuvo en un estado de emergencia, caótico a veces. Lo relevante no fue ir alegres y cantando felices a los botes –algo que me parece a veces que pretenden los que me dicen que no se debe “alarmar” con “catastrofismos”, y que creo que en el fondo la diferencia radica en una diferencia en el diagnóstico-.

La “sociedad” del Titanic, no estaba preparada para salvarlo (aunque en teoría alguien hiciera dudosos cálculos técnicos sobre la flotabilidad del Titanic con botes salvavidas debajo), y ni siquiera fue eficaz a la hora de ir a los botes. Y con eso cuento y deberíamos contar, porque forma parte también de los “límites” (barreras sociológicas que saltar). La sociedad del Titanic no era una sociedad de permacultores, ni un congreso de monjes budistas, ni tampoco tan “sencilla” como la sociedad del Endurance (que sí fue capaz de ser mucho más eficaz a la hora de salvar a la gente). Ninguna sociedad puede salvar el Titanic, ni la que lo ha construido y habita en él, ni otra “externa”; así como tampoco una monja budista en el Titanic habría podido salvar a todos (además, no había botes para todos).

Durante la catástrofe humana que se nos viene lo más importante, lo único importante ahora, es qué hacer y cómo comportarnos para acceder a los botes, algo en lo que tiene más relevancia la moral y qué salvamos de ella en momentos críticos que cuestiones tecnológicas de a cuántos podemos apretar en cada bote sin hundirlo (aunque ambas se entrelazan: “todo se realimenta”). NUESTRA sociedad está sesgada –no hablo de un limitante biofísico, pero sí de un fuerte sesgo- hacia comportarse de la peor manera ante momentos críticos (recientemente les pasó a los alemanes en la época de Hitler y se vio en el Titanic): lo vemos por doquier en cada cuestión que vemos en estos primeros momentos tras el choque del Titanic: rescate a los bancos en vez de a las personas en la crisis del 2008, tensiones resueltas violentamente, sea con actos terroristas o con las respuestas estatales, fracking en medio del caos climático… seguro que todos podemos poner muchos ejemplos, todos ellos con un punto a destacar: ¿qué resiliencia ética y moral tiene ESTA sociedad? (y aquí soy particularmente optimista cuando la pregunta se cambia a ¿qué resiliencia ética y moral tiene el ser humano?).

En cuanto al meollo del artículo de Eduardo, creo que algunas ideas son pertinentes y pueden ayudarnos en el análisis del colapso, pero creo que confundimos algunas cosas cuando hablamos de determinismo termodinámico, metabolismo biológico o social etc.

Eduardo puede dar la impresión de que los "deterministas", termodinámicos o los que establecemos analogías con sistemas metabólicos complejos, pretendemos "determinar" las salidas del sistema de forma concreta y absoluta (y cuando nos atacan dialécticamente pareciera incluso que nos alegramos de la situación). En realidad lo que hacemos es poner límites, no pretendemos, creo, decir, que la ley de la conservación de la energía lo explica todo, sino que cualquier sistema: químico, biológico, sociológico o mental, debe cumplir esa ley. Supongo que aquí estamos todas de acuerdo. También estaremos de acuerdo en decir que el tiempo se agota en el sentido de que cada vez "determinan" más los límites biofísicos las posibles salidas (se van estrechando las elecciones).

Cuando yo afirmo con rotundidad que la pérdida de energía neta en el sistema humano se va a realimentar con otras pérdidas biofísicas y que éstas se van a realimentar con las barreras que imponen las inercias de la "complicación" social que hoy tenemos, y que esto hace inevitable el colapso y hace inevitable una pérdida de complejidad del sistema humano (la midamos como la midamos), mi afirmación es contundente y no veo nada de lo que argumenta Eduardo que la desmonte.

Por ir al grano con ejemplos: la permacultura es una forma social de no muy alto consumo exergético (pero sí de un alto consumo de recursos temporales y geográficos) que además requiere, pensamos, de una sociedad compleja, más compleja quizás que la que hoy tenemos si la medimos con los parámetros que Eduardo propone. Estoy de acuerdo con Eduardo.

Pero lo que afirmo también es que:

1º la permacultura no se puede extrapolar a 8000 millones de personas en este planeta y su “degradación” actual (y salvo una guerra atómica general o similar la “inercia” nos va a llevar temporalmente ahí y más), pero sí quizás a 1000 millones o quizás algunos más (recordemos: no hay botes salvavidas para todos porque se ha diseñado mal el Titanic), por tanto hay que visualizar como decrecer en población humana sin que eso nos lleve a una situación caótica, sea por vía de la permacultura o por cualquier otra, pero partiendo de ESTA sociedad.

Lo que seguramente pase es que la descomplicación del colapso capitalista conduzca a riesgos de tensión que hagan menos compleja ESTA sociedad en el paso a otra sociedad que queremos que sea más compleja con menos energía: por eso en parte necesitamos que sea más compleja que esta porque queremos que sea más eficaz que esta; les recuerdo que los sistemas competitivos son más simples e ineficaces que los coordinados/cooperativos, y a las pruebas de los metabolismos biológicos me remito, pero basta visualizar lo sencillo que es el correr 100 metros en pura competición frente al sistema competitivo/cooperativo del fútbol, mucho más complejo.

Si el capitalismo, con su sacrosanta competitividad, no ha colapsado hace siglos es porque los sapiens nos empeñamos en cooperar, aunque a base de siglos de "endoculturización" la gente se va transformando, y por eso, las barreras sociológicas han ido creciendo al tiempo que los límites biofísicos han ido descendiendo. En la época de los "realistas" -Goethe, Humboldt, Lamarck...- quizás hubieran estado mejor preparados si se hubieran encontrado con nuestros límites, pero hoy... deberíamos contar con la menos resiliente generación de la historia para enfrentar precisamente lo que se nos viene encima: ¿no somos un poco también "organismos" simples en busca del facebook para subir un selfie? Contemos con ello con com-pasión (y repito, esto no es catastrofismo, tengo un optimismo, de base científica y emocional, en la "naturaleza" humana, por pesimista que sea de ESTA cultura).

2º Como es muy difícil definir complejidad, tendemos a asociar al menos grandes saltos cualitativos con saltos cuantitativos (más es diferente que decimos precisamente los que no somos reduccionistas). Por tanto, sí es verdad que una sociedad de muy baja energía no puede ser más compleja que una sociedad de muy alta energía, aunque sea verdad que una sociedad compleja como la permacultura -que no olvida ciencia y tecnología "apropiadas"- no necesite tanta energía como otras más "complicadas" como la nuestra. Un camello puede usar menos energía que un caballo en el desierto, pero ambos usan mucha más energía que una medusa. Más es diferente, pero se requiere el más. El Amazonas es ecológicamente más complejo –en casi cualquier parámetro que tratemos de pensar para medirlo- que el ecosistema natural del Sahara (y, ojo, que Gaia necesita a los dos), y el Amazonas usa más recursos energéticos y materiales que el Sáhara (entendidos como ecosistemas de vivientes), de hecho, termodinámicamente hablando: un sistema complejo tiene más probabilidades de encontrar caminos de disipación energética (aumentar la entropía rápidamente) que uno más simple, pero si efectivamente lo hace, el sistema complejo “metaboliza” más energía que el más simple. Y al hacerlo, queda estabilizado y abierto a una mayor complejidad. Por supuesto, luego hay grados de eficacia en cada contexto (con igual complejidad que un bosquimal o un inuit yo en sus ecosistemas sería como organismo menos eficaz energéticamente que ellos, pero no hablamos de pasar de inuit a bosquimal, hablamos de pasar de caballo pura sangre a medusa, en el océano).

Pues bien, lo que no se acaba de comprender es que vamos relativamente rápido en términos históricos a una sociedad con un orden de magnitud menos de energía neta -entre otros problemas-, y ese salto cuantitativo es tan brusco, que hace inevitable, durante las próximas generaciones humanas, que la sociedad se descomplejice profundamente (aunque le podamos sacar partido a la menor complicación). Por lo tanto el debate sigue siendo cómo hacer el colapso/descomplicación/descomplejización de ESTA socieddad para que no nos lleve a los escenarios MAd-MAx que queremos evitar casi todos –sospecho que algunas élites no-. Que vamos a vivir –se están viviendo- escenarios dramáticos es un "determinismo" biofísico/social": sí,también hay límites temporales a lo que una sociedad puede cambiar desde su "estado" social, ese es, de hecho, lo que hace que Eduardo tenga razón, pero en el sentido contrario, cuando afirma que "la variable clave no es el límite biofísico sino la respuesta social a dicho límite". Nuestra respuesta social no se hace desde la permacultura porque a escala mundial, que es lo pertinente, no existe la sociedad permacultura, sino que existe la sociedad capitalista/modernista/tecnólatra, etc., mucho más limitada en lo que puede hacer con los límites biofísicos que lo que haría una sociedad “permacultura”.

No estamos en el estado final al que queremos llegar que lo tendría “solo” muy difícil para adaptarse con un simple "decrecimiento" y un cambio en el tipo de complejidad social para salvarlo, sino que estamos en un sistema muy complicado de "ineficiente" complejidad, que tiene que lidiar con su colapso. Por eso Naess y algunos que comparamos nuestra civilización con un sistema complejo y eficaz que ante un problema de límites biofísicos (Gaia) lo resuelve aumentando su eficacia y complejidad, sabemos que a ese sistema podemos aspirar a partir del siglo XXII, pero es imposible partiendo del sistema que tenemos en el siglo XXI.

Una vez más, estamos en el Titanic, no en el Endurance, la tarea no es decirle a la gente que podemos ir a tierra y vivir sin los peligros de morir ahogados para que la gente no se asuste, la tarea, ahora, es decir eso, junto con: ahora tenemos que ir a los botes salvavidas y va a ser durísimo porque sabemos que no hay botes salvavidas para todos y esto está lleno de gente de 1ª clase con "instinto" de privilegiados, hagámoslo lo mejor que podamos pensando especialmente en los de 3ª clase (un tema moral, claro).

Por tanto, la literatura que cita y critica Eduardo creo que sigue acertando con el mensaje, y los matices de Eduardo pueden sernos útiles para ir pensando también en el siglo XXII y venideros; de hecho es justamente lo que hago yo con mi "ambivalencia" de modelos "colapsistas" de corto plazo –este siglo- + las "éticas gaianas" para el corto y largo plazo.

Carlos de Castro
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Carta al Rey

Ácratas - 5 October, 2017 - 16:45


Señor Rey:

Soy un trabajador catalán, vivo en Hospitalet, a lo mejor sabe usted dónde está. Es en el cinturón rojo del área metropolitana de Barcelona. Aquí vivimos gentes sencillas, mayormente castellano parlantes. Y, otra cosa no, pero sabemos perfectamente lo que sucede realmente en Cataluña. No sólo estos días, sino desde hace muchos años.

Primero debo decirle que, aunque me cae usted bien, no soy monárquico. Antes fui demócrata. Como soy mayor, voté afirmativamente la Constitución del 78, como la mayoría de los españoles, catalanes incluidos. Ahora soy español --por nacimiento en el territorio de España, tierra a la que quiero lo más que se puede querer a sus llanuras y sus riscos-- y me pienso ácrata. No soy anarquista, no: soy ácrata. Porque me gustaría vivir en un régimen político que yo mismo hubiera concertado junto con el resto de mis compatriotas y nunca he podido.

Sobre la Constitución del 78 no se me permitió opinar, sino sólo refrendarla. Quizás merecidamente, porque soy muy inculto. Pero sí sé leer y escuchar. Me hubiera gustado que hubiera habido un período constituyente durante el cual, debidamente informados, los españoles hubiéramos tenido opinión propia sobre el régimen que más nos convenía: si monárquico o republicano. Si partitocrático o democrático. Si capitalista o socialista. Si unitario o autonomista, etcétera. Que se hubieran puesto en negro sobre blanco una serie de propuestas y haber podido elegir entre ellas. Todos los españoles. A doble vuelta, claro.

Pero no sucedió así: la Constitución la redactaron a puerta cerrada 7 personas, hombres cultos, no lo dudo, pero con sus propios intereses que, presiento, no eran los míos. Y, de pronto, me encontré existiendo en un estado que había definido para el territorio en que vivo un régimen parlamentario dual, estatal y autonómico.

Ese dúo enseguida mostró su primera peculiaridad dinámica: legislaba y legislaba. A veces contradictoriamente. Pero, pensé yo, que siempre he sido un inocentón, que eso sería sólo al principio. Porque veníamos todos de un régimen dictatorial que no había hecho nada. Pero resultó que no, que la dual capacidad de promulgar leyes y reglamentos creció y creció hasta tal punto, que aquí, en Cataluña, es tarea difícil estar dentro de la ley. Al menos completamente. Ahora es absolutamente imposible. Pues hay dos duras leyes que penden sobre mi cabeza ahora mismo que no son sólo contradictorias, sino frontalmente incompatibles.

Yo, téngame por tonto si le parece, creo que España preexiste a sus regímenes políticos, que ha tenido muchos. Creo que existe desde que fue una provincia romana y se llamó Hispania. Y fue luego, Visigoda, y ya se llamó España. Y que, tras 800 años de ocupación musulmana, se reconquistó muy duramente y a retazos, siempre con el objetivo de reconstituirse en la unidad territorial que fue desde que tuvo una cultura unificadora.

Los regímenes políticos de que ha gozado España han sido casi siempre injustos con la gente sencilla, pero eso es otro asunto. Eso no es problema para que me reconozca español. Pienso en castellano y me he criado en una cultura que es la española, que presiento que es distinta a la de otros países de Europa, pero casi idéntica a la catalana.

Bueno, pues le diré ahora lo que está pasando en Cataluña. En Cataluña hace muchos años que se está gestando un estado. No una nación, no, eso es un engaño. Se trata de un estado o Estat, que se dice aquí. No se gestó por mi gusto, créame. Sino por gusto del propio Estado Español que gobierna la nación en la que usted reina. El feto de ese Estat ya hablaba catalán en la barriga de su madre, porque en 1977 ya era burgués. Y aquí los burgueses hablaban catalán. Y no me pareció ni bien ni mal que así fuera. No me dio especiales problemas porque en la clase de trabajos asalariados para los que estaba yo capacitado poco importaba la lengua que se hablase.

El recién nacido Estat Català, entre algodones de regionalismo, ha ido creciendo bien rollizo, alimentado por las enormes tetas del Estado Español. Déjeme decirle, su majestad, que del manantial de esas mismas tetas a mí no me llegaba ni me llega casi nada, a pesar de haberme esforzado en chapurrear el catalán, lengua que mis hijos dominan tanto como su nivel de cultura permite. Y me gusta que se les note que son españoles porque hablan el español sin ese acento con que lo hablan algunos catalanes, que parece que lleven siempre un chupa-chups en la boca. Volviendo al tema: de las tetas del Estat catalán no manaba leche más que para los catalanes de pro, a los que aquí cariñosamente denominamos la Banda del Pinyol.

El Estat creció y se hizo un hombrecito cada vez más fuerte. Y acabé por notar, porque soy inculto, pero no ciego, que nunca habría nada lácteo para mí más allá de lo que me currase a base de mucho sudor. Porque el Estat portaba sobre su chepa a mucha gente a la que le gustaba vivir muy bien y robar mucho dinero. Mientras, el Estado, como una buena madre, seguía alimentando a su Estat. Parecía amarlo sin parar en cuentas de sus pecados. Nadie criticaba la cleptomanía y la corrupción del Estat porque éste iba siendo adornado por toda una serie de cualidades imprácticas y etéreas, tales como lo bien que hablaba la lengua propia de Cataluña, con todas su vocales y todas sus consonantes, y el sentimentalismo. El muchachote tenía muchos vicios, sí, pero era un sentimental.

El Estat tenía otra característica a la que no me atrevo a llamar vicio: pasaba de mí y de mi destino completamente. Y sólo me dirigía la palabra cuando convocaba unas elecciones para su mayor gloria y refuerzo. Sólo entonces, el Estat se dirigía a mí en español. Le reconozco, majestad, que, en esos breves lapsos, me sentía apreciado y llegaba a pensar, incluso, que el muchachote no era tan mala persona como parecía.

Hoy aquel muchacho es un hombretón muy fuerte y se alza como un sólido castell de nueve pisos del que unos 4 millones de personas castellanoparlantes, como yo, somos el folre y las manillas. Si no sabe usted lo que son el folre y las manillas de un castell, que se lo cuente un asesor de los muchos que debe de tener y que sepa algo de Cataluña. Si no lo encuentra, al asesor, dígamelo y se lo explico. Somos 4 millones de piedras y arbotantes del castillo humano que, como yo, nunca hemos protestado por lo que, a todas luces, era y es un abuso ominoso. Pero, como se trata de un gigante sentimental, ha sabido conectar con el corazón de muchas gentes honestas que se han movilizado sin comprender que su magnífico sentimiento iba a convertirse inexorable en un revanchismo ancestral contra su madre de enormes y ubérrimas tetas.

Le resumiré mi experiencia: Jamás me ha dado el Estado Español el menor motivo para pensar que fuera a defender ni uno solo de mis derechos en Cataluña. De hecho, esa ilusión se me pasó hace treinta años. Al contrario, siempre ha vendido mi pellejo al Estat Catalá por unos cuantos votos para investir al presidente de turno del Gobierno de España.

Jamás, hasta la otra noche en que usted, con una energía inesperada, se dirigió a mí personalmente. De verdad creo que me habló personalmente, que no hablaba usted para los políticos. Y me aseguró que no estaba yo solo, que comprendía mi problema y que no iba a abandonarme. Y enseguida me pareció usted una buena persona; y su discurso, bienintencionado. Y me pude ir a dormir casi tranquilo, porque estos días he vivido angustiado al oír a los cachorros del Estat mencionar asuntos como ése de ser "prou catalá" --suficientemente catalán-- para ser merecedor del mínimo respeto. Intranquilo porque no sé si puedo ser más catalán de lo que soy, me parece una tarea para la que no estoy cualificado.Y porque sé que la única manera de ser "prou catalá" es fingirme independentista.

No he cambiado de opinión respecto a usted como persona, majestad. Pero,

-- tras el mensaje institucional del president Puigdemont, que primero lo vilipendió a usted y luego se dignó dirigirme a mí unas palabras en castellano que yo sabía que eran falsas (no, no se dirigía a los españoles de fuera de Cataluña, sino a nosotros, los de dentro, como cuando hay elecciones);

-- y tras la inacción y los errores, imposible de creer casuales, imposible, de Rajoy y su Gobierno, me ha recordado usted mucho a mí mismo cuando estaba ilusionado con la democracia en 1978.

Creo que su majestad ignora algo crucial: que el Gobierno del Estado sobre el que usted reina está en connivencia permanente con el Govern Catalán. Todos los gobiernos han sido cómplices necesarios de los excesos estatalistas de Cataluña. Y esa connivencia es para mí clara en estos momentos también, en estas trágicas circunstancias. No tengo datos concretos que ofrecerle para demostrárselo. Los tiene seguro el CNI (pero usted no controla al CNI, la jefa de los espías es otra traidora a la causa que usted quiere impulsar). Sólo presiento, noto en los huesos de mis humillados lomos de catalán por albur, por imposición constitucional, que el Gobierno de España le va a vender a usted lo mismo que me ha vendido a mí durante 40 años. Sinceramente: Tenga usted cuidado. Rajoy y todo su partido son lo peor, lo más criminal de la casta política española. El PP y el propio Rajoy guardan muchas corrupciones en sus cajas de seguridad y muchos muertos en sus sótanos. Y también los guarda Pujol, el mayor ladrón de l'Estat, junto con cientos de carpetas de revelador contenido sobre muchos aún desconocidos crímenes del PP. Es Pujol, el putrefacto chantajista, el que es garante de la apuesta secesionista catalana actual.

Deseando que no sea su majestad uno más de esos muertos del armario del Estado, me despido no sin agradecer su interés por mi destino. Permítame la licencia: muchas gracias, compañero.

Guárdese su majestad y considero de bien nacido advertirle que tenga preparada una avioneta por si le fuera a resultar sorprendentemente necesaria a usted y a su familia en un momento dado. Haga como yo, Señor, que tengo siempre a punto mi Seat Toledo por si he que salir pitando de aquí en cualquier momento.

LUIS "EL ÁCRATA"
HOSPITALENSE,
EX-OBRERO DE LA CONSTRUCCIÓN




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Por fin todo encaja: La causa de la parálisis del Gobierno de Rajoy son los dosieres de Pujol

Ácratas - 5 October, 2017 - 04:28


En cualquier país europeo, la gravísima situación que se vive en Cataluña habría tenido ya la respuesta formal de las instituciones del Estado. En la España de Rajoy, no. Enumerar el cúmulo de delitos y quebrantamientos del orden social que están teniendo lugar en Cataluña en las últimas semanas, amparados, alentados y subvencionados por una parte del Estado en guerra contra el Estado, se nos antoja tarea imposible. Difícil sería imaginar un territorio de cualquier país civilizado viviendo en estado de rebelión, con episodios de violencia cada vez más alarmantes, y sin respuesta alguna por parte de las autoridades gubernativas. Cataluña ha sido hoy la única zona del mundo donde la policía actúa en estrecho consorcio con quienes cortan autopistas, toman puentes y carreteras, cierran colegios, acosan a funcionarios públicos, cercan edificios policiales e incumplen las normas recogidas en el ordenamiento jurídico.

A la situación surreal de estos días se une la división entre los dos principales partidos y la constatación de que Rajoy carece de las ideas y del coraje necesario para asumir el control de la situación sin ampararse en policías, jueces y ahora también el Rey. Las declaraciones medrosas de Rajoy y de Soraya Sáenz de Santamaría, sus apelaciones a la nada, las permanentes mentiras del Gobierno sobre la situación real, el fracaso absoluto del régimen político del 78, alimentan al mismo tiempo a la otra parte. Ni en su mayor grado de optimismo podía imaginar Puigdemont un escenario tan cómodo para recorrer el camino hacia una independencia que cada vez tiene más cerca. Acorralado el Gobierno, con un PSOE siendo el oximonón antiespañol que siempre fue, con una ultraizquierda revoloteando como buitres sobre los restos mortecinos del Estado, con policías y guardias civiles abandonados por su gobierno, indefensos y acosados permanentemente, con los separatistas ya dueños de la calle y de las infraestructruras, a Puigdemont le basta con prolongar el conflicto para que la situación se haga insostenible y los principales líderes mundiales urjan a Rajoy al acuerdo como paso previo a la rendición. La situación es tan inverosímil como sería la de un herido grave por arma de fuego, que fuese trasladado a un hospital perdiendo sangre a borbotones. A continuación, el cirujano jefe esperaría hasta contar con el apoyo de la auxiliar de enfermería para practicar los primeros auxilios al herido. O peor aún, que es lo que está haciendo Rajoy, quedarse de brazos cruzados hasta que la policía detenga al pistolero.

Han pasado ya más de 48 horas desde el golpe separatista del domingo y el Gobierno no ha tomado ninguna medida ejecutiva contra Puigdemont, ni contra Junqueras, ni contra Forcadell, ni contra los mandos de los Mossos, ni ha explicado a los españoles cómo va a asegurarse el control de esa fuerza de 14 mil hombres que participó por activa o por pasiva en la insurrección. La conducta de Rajoy y del Gobierno ya sólo puede ser catalogada de alta traición. Un estadista patriota no necesita esperar a que otros refrenden las decisiones que la exigencia de su cargo obligan a tomar a Rajoy con la máxima firmeza. Podemos asegurar que tampoco van a ser tomadas en el futuro. Comienza a instalarse en nosotros el convencimiento de que todos los acontecimientos que se viven en Cataluña desde hace meses, incluyendo el atentado de las Ramblas, responden a un guión pactado desde distintas instancias.

Hemos sostenido que la parálisis y el inmovilismo del Gobierno sólo podía responder a la cobardía o la traición de sus miembros. Hoy introducimos un tercer factor en juego, que aglutinaría las dos anteriores, que ya está siendo barajado en algunos círculos: que el Gobierno y los centros de poder hayan entrado en pánico ante la posibilidad de que Puigdemont haga uso de los dosieres de Pujol si Rajoy da pasos en la dirección de abortar la declaración de independencia. El ex president de la Generalitat dispuso de un servicio de inteligencia conocido como los “Pata Negra” formado por ex agentes del entonces CESID que elaboraron informes durante años sobre las redes de corrupción, escándalos y sus ramificaciones en todo el Estado español. La filtración de los dosieres haría tambalear lo que queda del Estado.

El ex molt honorable, Jordi Pujol, ya hizo un amago durante su comparecencia en el Parlament catalán, el 25 de septiembre de 2014, cuando al ser interpelado sobre el origen de su fortuna que atribuía a la herencia de su padre, y ante las dudas de algunos diputados, manifestó que si ponía en marcha el ventilador se iba a armar gorda.

Lo que pocos conocen, pero si el Gobierno Rajoy, la oposición y los centros de poder, es que tras el escándalo de Banca Catalana, Pujol lo tuvo claro. Logró que los miembros del tribunal que le juzgaba fueran convenientemente tocados. Sorprendentemente salió absuelto.

El Gobierno de Felipe González había ordenado a los fiscales que dejaran en paz al molt honorable. Y ahora que uno de los fiscales, Villarejo, no tiene inconveniente en airear la orden que le dieron, debemos recordar el párrafo de Salvador Sostres en “El Mundo” contando cómo se enterró el caso Banca Catalana:

“Piqué Vidal hizo una lista de los 41 magistrados de la Audiencia de Barcelona que tenían que decidir si procesaban o no a Pujol y visitó uno a uno a los que calculaba que estaban más dispuestos a dejarse convencer. Y a cada uno de ellos les hizo una oferta que no pudieron rechazar”.

“No una oferta genérica -prosigue Sostres- sino perfectamente personalizada: ayudas al hijo yonqui, el puesto de trabajo de la esposa con problemas, cantidades económicas para las situaciones desesperadas, etcétera. Todo ello, naturalmente, con cargo al erario público. Un día antes de la votación, en 1986, Piqué Vidal estuvo en condiciones de anunciarle a Pujol: ‘Presidente, ganaréis por 33 a 8’, que fue exactamente el resultado de la votación del día siguiente”.

Por supuesto que para llegar a cambiar la voluntad de 33 jueces hubo una minuciosa labor de inteligencia que investigó las debilidades de cada uno de los magistrados.

A partir de esa experiencia y para extender el control a jueces, fiscales, políticos, empresarios y otras personalidades, desde la Generalidad Pujol montó un servicio secreto de agentes conocidos como los “Pata Negra”.

Algunos de ellos eran agentes de la “antena” (oficina) del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) en Barcelona, que en su momento fueron utilizados por el ministro de Defensa Eduardo Serra para investigar las andanzas de Javier de la Rosa, entre otras misiones impropias.

Parte de los agentes pasaron al servicio de Pujol cuando se desmontó la “antena” del CESID en Cataluña, una de las exigencias de CiU para apoyar la investidura de José María Aznar en 1996 tras ganarle las elecciones a Felipe González, pero sin mayoría absoluta.

La sociedad española ha comprobado cómo el escándalo Pujol ha sido tratado con algodones por jueces, fiscales y el propio Gobierno que no se atreve a que el ex-molt honorable pase la pena del telediario.

En el despliegue policial de hace un año, los doscientos agentes que intervinieron en los registros de las viviendas y oficinas del Clan Pujol en Barcelona debían tener sumo cuidado. Habían recibido órdenes taxativas de no realizar ninguna detención, fueran cuales fueran los resultados de los registros.

Incluso cuando acudieron al domicilio del matrimonio Pujol-Ferrusola donde se encontraba convaleciente de una operación quirúrgica en el hombro el hijo mayor, las indicaciones eran muy precisas: sólo debían acceder a la habitación de Jordi junior. No podían buscar pruebas en otras dependencias de la vivienda.

La explicación es sencilla: el Gobierno tenía miedo de enfadar a Jordi Pujol y que empezase a tirar de los dossiers elaborados por los “Pata Negra” y salieran a relucir decenas y decenas de escándalos.

Parece que las visitas de Carles Puigdemont y Artur Mas a Jordi Pujol guardan relación con la estrategia sobre dichos dosieres que, aseguran fuentes conocedoras de los mismos, recogen pormenorizadas informaciones sobre las redes de corrupción, escándalos y sus ramificaciones en todo el Estado español.

Se confirma, una vez más, que la información es poder. Si Soraya Sáenz de Santamaría es tan poderosa, intocable por los medios escritos y respetada por la clase política, se debe a la información que el servicio secreto, que todo lo escucha y todo lo ve, le ha proporcionado en estos cuatro años que lleva como jefa de los espías.

Ni el propio presidente Rajoy se atreve a ningunearla, sabedor de que en cualquier momento pueden indicar a sus fieles de la prensa que empiecen a filtrar capítulos del famoso Informe Pelícano, del que ya dimos a conocer su existencia en este medio.

Pujol lleva más de treinta años acumulando informes, muchos de infarto y sorprendentes. De ahí el pánico a que ponga en marcha el ventilador si se impide a Puigdemont culminar su hoja de ruta hacia la independencia. Entre tanto, lo que se le habría permitido a Rajoy son labores de distracción, como las cargas policiales del domingo, que reforzaron todavía más la estrategia secesionista.

ALERTA DIGITAL

Magnífico artículo el que reproducimos.


NOTA: Esto encaja con nuestro artículo anterior. El Rey, que está limpio de corrupción, DEBE deponer a Rajoy antes de actuar en Cataluña o Rajoy lo traicionará porque tiene lo que se denomina un miedo insuperable. El Gobierno jamás va a actuar, al revés, va a colaborar con la secesión de Cataluña.

Señor García-Trevijano: informe al Rey de todo esto, porque Soraya Sáenz de Santamaría no va a hacerlo.




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Sánchez ¿recibirá el encargo del Rey para formar Gobierno?

Ácratas - 4 October, 2017 - 10:44



Fue este mismo martes cuando se filtró, según cuenta El Español, diario digital que dirige Pedro J. Ramírez, fuente generalmente bien informada sobre los acontecimiento de la Villa y Corte. El Rey, antes de su contundente intervención en la televisión, llamó a consultas al líder del PSOE y le pidió que tratase de encontrar los apoyos necesarios para ser investido como Presidente del Gobierno de España. ¿Pretende contar con un recambio si todo le sale mal? No, es algo mucho más evidente: Lo que cree que debe hacerse en Cataluña le toca hacerlo a los socialistas. El Rey no puede asociar su política de estado con la del PP, cuya imagen de corrupción y de ineficacia lo convierte en un apestado.

Lamentablemente, nos autocitamos (publicado el 20 de septiembre): "El resultado será, en menos de una semana, tras algunas detenciones absurdas, típicas del autoritarismo y la soberbia de los ministros del Opus Dei, la inevitable y ominosa caída del gobierno de Rajoy, mediante una moción de censura por incompetencia manifiesta y por haber generado, él solito, crisis y problemas que no sabe cómo resolver. Esto no son unos hilillos que salen del casco de un petrolero... Se impondrá un gobierno de concentración nacional encabezado por Pedro Sánchez (de ahí su postura de estadista actual) que estará pendiente de las consecuencias de la huelga en Cataluña. No hará otra cosa que llamar al diálogo. Supongo que ahora se entiende la derrota de Susana Díaz, que habría sido incapaz de gestionar la crisis por su incapacidad de asumir los criterios del PSC."

Y, efectivamente, Trapero, su intendente y los independentistas Jordi Cuixart (Ómnium) y Jordi Sánchez (ANC) ya han sido citados como imputados --ahora se dice investigados, según la nueva neolengua judicial aprobada por el PP-- por el delito de sedición por la juez de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela. En pocos días, serán imputados también --lentamente, al paso de la Justicia, que parece regodearse en su parsimonia algunas veces-- los cargos políticos independentistas más señalados (Puigdemont, Junqueras, Mas, Turull, y muchos más, como Anna Gabriel), una vez dejen de ser electos. Porque se van a convocar elecciones autonómicas de inmediato. A menos que se rindan con armas y bagajes al último tren de la negociación a la baja con Sánchez. A estas horas ya deben de estar negociando si son la mitad de listos de lo que parecen.

Y mientras, Rajoy sigue pasmado como un gato de yeso. Lo más gordo de todo es que al PP le tocará investir a Sánchez junto con los ciudadanos de Rivera, porque Podemos se va a mantener al margen, a lo que se ha comprometido Iglesias, no sabemos si bien informado de lo que se cuece o no, pero siempre en onda con las posiciones más de izquierdas en el supermercado partitocrático, que son las del PCE 2.0.

Todo eso es lo que se avecina, a menos que el Gobierno más corrupto de la Historia de España "invente" alguna acción especialmente brillante para resolver el problema por su cuenta con la celeridad de un rayo. Pero Rajoy y su gobierno no se caracterizan por su agilidad mental, precisamente. Son una banda de maleantes y traidores a toda idea de España que no sea la de expoliarla en su propio beneficio.

Todo esto incitaría a la hilaridad, si no fuera porque resulta trágico. Millones de catalanes se han visto envueltos en un problema innecesario que los humillará durante mucho tiempo. La sociedad catalana está rota definitivamente. Los que vivimos aquí lo vemos en nuestro entorno inmediato perfectamente. Los falsos independentistas, los de última hora, recularán y se pondrán del lado del más fuerte, como suelen hacer siempre los mendaces, aprovechados y arrimados.

Los pros de la operación son claros: la imagen del Rey se refuerza, el chalaneo catalán continúa, el capitalismo florece, los especuladores se forran y al PP han vuelto a descabalgarlo del poder los socialistas por la fuerza, tras un atentado en Barcelona y el golpe de estado subsiguiente.

Esto no nos gusta nada de nada. Porque ya lo hemos visto, sobre todo sus consecuencias, en la reciente Historia de España el 23 de febrero de 1981.

ÁCRATAS


NOTA: Si Felipe VI se ha animado, para no perder su corona, a seguir las indicaciones de Antonio García-Trevijano y fungir de Rey de España, que lo llame personalmente y pueda éste explicarle lo que toca ahora: un proceso constituyente y una verdadera democracia. La Monarquía Constitucional que le propuso a su abuelo, D. Juan en Estoril y que éste aceptó. Diputados electos controlados por su propia Junta Diputacional Popular que puede deponerlo en caso de traición a su programa, el que vendió a sus electores antes de ganar por mayoría absoluta, a doble vuelta, siempre. Si se queda a medio camino, lo perderá todo. Y los españoles, perderán su patria con él. Los españoles de Cataluña estamos acostumbrados a vivir sin patria. Sobreviviremos. Pero el Rey no puede sobrevivir si no la defiende a muerte.




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El negocio de las posiciones cortas contra España aún no ha terminado

Ácratas - 3 October, 2017 - 11:29








En medio de esta crisis social catalana, hay especuladores que están haciendo cientos de millones posicionándose en corto contra España. Pero no se trata de apuestas intuitivas ni de poner a salvo su dinero, sino que conocen de antemano todo lo que va a pasar, porque llevan mucho tiempo invirtiendo dinero en crear el caos aparente de este escenario: son los financiadores de Podemos, mientras culpan a Maduro de serlo, por ejemplo. Le dan cobertura mediática, inflan su poder aparente; son los financiadores de la CUP. Y son también los que influyen en la errática política del PP y del PdeCat.

Para bienintencionados: Los financieros internacionales vendieron a crédito (es decir, sin necesidad de haber comprado las acciones previamente) miles de millones de euros en acciones de las empresas más importantes catalanas que cotizan en Bolsa, desde el día 7 de septiembre. Y piensan recomprarlas a crédito, para cancelar sus posiciones cortas, en pocos días, cuando vean que el beneficio es el máximo. Y luego se largarán a quebrar algún otro país europeo, dejando tras de sí los efectos de su rapiña.

Así que, mientras veamos a CaixaBank y el Banco de Sabadell, que son los principales termómetros de la crisis, caer en Bolsa, el caos independentista seguirá. Cuando la autocartera de esos bancos, la capacidad de comprar sus propias acciones en venta, pierda fuelle, cuando vendan hasta las ratas, la crisis se disipará como si nada hubiera sucedido, ante la perplejidad de todos los españoles, catalanes incluidos. Son empresas como Lansdowne, Marshall Wace, AQR, Oxford AM, WorldQuant, BlackRock, AKO, AHL...

Supongo que no pensaríais que la especulación iba a dejar pasar una ocasión como ésta, ¿verdad que no? ¿O hay alguien tan crédulo que piensa que los mercados son transparentes? ¡Se están forrando e intervienen todas las decisiones clave para sostener la incertidumbre hasta que decidan hacer caja!

Los "chicos de Soros", alias el Filántropo, Podemos y la CUP, harán lo que les ordenen desde el poder financiero internacional. Igual que el resto de actores de esta farsa. La CUP está entregada a la agitación callejera, lo mismo que las asociaciones civiles ANC y Ómnium.

Así se explica la parálisis del Gobierno, sus errores excesivos, y las vacilaciones del propio PdeCat, que se reúne hoy sin tener claro lo que debe hacer ahora. ¿A qué vienen todas esas dudas? Rajoy llama al consenso para tomar medidas contra Cataluña. Puigdemont encuentra una oposición dura en su propio partido para cumplir la ley emanada del Parlament el 6 de septiembre y declarar la República Catalana. Es simplemente ridículo e increíble

Todos los políticos están comprados por los especuladores, lo sepan o no. Son títeres de un teatro puramente especulativo. Están pagando parte de la factura de lo que deben.

FÉLIX UDIVARRI


NOTA: Espero que ninguno de nuestros lectores tenga acciones en empresas catalanas que coticen en el IBEX35. Si las tienen, es la hora de vender rápidamente. Pero, claro, haced lo que os dé la gana, que es vuestro dinero.




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La III República está llamando a la puerta

Ácratas - 2 October, 2017 - 18:55



La Generalitat de Catalunya --Parlament y Govern-- es una institución que forma parte del Estado Español. Pero, desarrollando sus competencias y atribuciones, ha actuado en contra de la legislación española. Una contradicción resoluble, según el gobierno de España, mediante recursos y resoluciones en los tribunales. Recordemos que el Estado Español está dirigido en estos momentos por el gobierno de un partido calificado como asociación de delincuentes por la Judicatura, una asociación de tipos, políticos y votantes, que votó NO a la Constitución del 78, carta magna que ahora parecen defender a capa y espada.

Pero esta explicación está incompleta. El problema es algo más complejo. El problema es que otra banda de delincuentes, que hubo de disolver el partido Convergencia Democrática de Catalunya y crear otro, llamado PdeCat, para evitar ser económicamente responsables subsidiarios del atraco a las arcas públicas perpetrado durante un cuarto de siglo por el president Pujol y su banda del Pinyol, se echó al monte al interpretar una manifestación cívica y festiva, propia de la fecha, el 11S de 2012, Diada Nacional de Catalunya, como la evidente voluntad del pueblo de Catalunya de autodeterminarse.

A partir de ese momento, la debacle electoral de Convergencia se transformó en un drama psico-socio-político. Se pulsaron todos los resortes emocionales de los catalanes de pura cepa --los de apellidos franceses, de la Catalunya Nord, en realidad-- y se le dieron alas para aspirar a todo, firmemente apoyados por sus instituciones. Las leyes de Referendum y de Transitoriedad, aprobadas por el Parlament, y el cierre del propio Parlament para bloquear cualquier debate que pudiera implicar una marcha atrás, han centrado la crisis en un hecho objetivo: el Referendum del 1 de octubre. Unos, "los fachas", para entendernos, cerrando webs, secuestrando papeletas y urnas, interviniendo cuentas y recopilando información para imputar a los altos cargos de la Generalitat por malversación de caudales públicos --hay que tener una desfachatez ciclópea para acusar a los demás, por cierto que sea, de lo que ellos mismos vienen perpetrando desde siempre en todas las instituciones en las que gobiernan--. Otros, "los demócratas", también para entendernos, animando a participar en un referéndum imposible, sin garantías formales de ninguna clase.

El perjuro Rajoy cree que así se resuelve todo. No cuenta con la fuerza de la movilización popular pacífica. No recuerda olvidadizo la manifestación contra la guerra de Irak de Barcelona, el 15 de febrero de 2003. Esto no es cuestión de legalidades, sino de democracia, que es una eufemística forma de mentar la revuelta popular.

Consecuencias de todo ello, si las cosas van como cabe prever cuando se destapan las cajas de los truenos:

El 1 de octubre, cientos de miles de ciudadanos (no hace falta que sean millones, pero pueden llegar a serlo) se dirigirán a sus centros de votación habituales y se quedará allí durante toda la jornada electoral, esperando a que abran sus puertas, lleguen las papeletas y votar. La noticia, las fotos de las multitudes sentadas a las puertas de los colegios electorales, recorrerán el mundo. Así son los catalanes. Y muchos que no somos independentistas, ni nacionalistas ni constitucionalistas estaremos allí también. No para apoyar a los delincuentes de Convergencia, sino para dinamitar el Régimen más corrupto de Europa, emanado de la Transición.

Se impone, lo dejo claro, que el mismo 2 de octubre la frustración del pueblo lleve a una huelga general indefinida en toda Cataluña y/o a la declaración unilateral de independencia, que viene a ser lo mismo por sus consecuencias. No sé si Puigdemont tendrá los huevos necesarios --no me extrañaría, es un perfecto imbécil-- y si los catalanes se olvidarán de sus intereses económicos transitorios, pero no me extrañaría, porque es la solución obvia a tanto despropósito político. Todo cerrado en Cataluña. Todo parado.

El Parlament, dominado por los independentistas, declarará la independencia unilateral de Cataluña tras el exitoso, aunque aparentemente fallido 1-O, y el advenimiento de la República Catalana. Es lo que va a hacer. Porque puede y porque debe.

El resultado será, en menos de una semana, tras algunas detenciones absurdas, típicas del autoritarismo y la soberbia de los ministros del Opus Dei, la inevitable y ominosa caída del gobierno de Rajoy, mediante una moción de censura por incompetencia manifiesta y por haber generado, él solito, crisis y problemas que no sabe cómo resolver. Esto no son unos hilillos que salen del casco de un petrolero... Se impondrá un gobierno de concentración nacional encabezado por Pedro Sánchez (de ahí su postura de estadista actual) que estará pendiente de las consecuencias de la huelga en Cataluña. No hará otra cosa que llamar al diálogo. Supongo que ahora se entiende la derrota de Susana Díaz, que habría sido incapaz de gestionar la crisis por su incapacidad de asumir los criterios del PSC.

El único modo de parar ese efecto es que España deshaga todo el orden constitucional y declare, a su vez, la III República Española. ¡Letizia al exilio, qué mala suerte! Desde esa legitimidad, sí que puede pararse el conflicto catalán. Las negociaciones para una confederación republicana se abrirán y, al final, todos contentos.

La alternativa a la III República es inextricable. ¿Otro Estatut? Imposible. ¿Un estado libre asociado? Peor. Sin embargo, podría ser una marcha atrás de la Generalitat ante la promesa firme de Sanchez de negociar todo lo negociable, incluyendo un referéndum legal en Catalunya a un año vista, con campaña electoral al estilo de la escocesa, batiéndose todos los políticos el cobre en ella.

¿Hay otra alternativa a lo que digo? Sí, claro: la represión violenta. Pero es una salvajada neofranquista que no solucionaría nada. Y, por lo tanto, es algo que no sucederá.

El Régimen del 78 ha llegado a su fin. Descansemos en paz.

UN REPUBLICANO CONSTITUCIONALISTA


NOTA: Me comenta un amigo, generalmente bien informado y cuerdo, que no sucederá nada de lo que digo en los párrafos de conclusiones, porque la Iglesia llamará a la cordura (al seny) desde los púlpitos. Es bien sabido a lo que se refiere, pero lo aclaro: a que el gobierno del PP está dominado por el OPUS DEI y que todo el independentismo catalán es de escoltisme català y sacristía. Y que los curas están encantados con su catolicísima Majestad, Don Felipe de Bourbon. Cierto que el propio Junqueras acudió hace pocos días a Montserrat a recibir ayuda espiritual (o sea, instrucciones) del Abad, Josep Maria Soler. Pero éste asegura que “el Vaticano reconoce todos los estados nuevos que se crean” y subraya que “una Catalunya independiente, también”. No sé si mi amigo tiene en cuenta que la Iglesia se caracteriza por jugar a todos los paños; que el OPUS DEI está muy mal visto por los jesuitas y que, es necesario añadirlo, que el papa Francisco es jesuita.


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Pésima gestión de la crisis catalana El Gobierno impulsa el fin de la Restauración Borbónica del 78

Ácratas - 1 October, 2017 - 13:12




https://dades.naciodigital.cat/redaccio/arxius/audio/1506863918WhatsApp_Audio_2017-10-01_at_14.03.34.mp3

Este audio es falso. Ya hay un vídeo que demuestra que la representante de la Generalitat miente.

Esta señora "agredida" simplemente se cayó. ¡Y en 2012, no hoy!


Presidente Mariano Rajoy:

Lo que has ordenado hacer en Cataluña hoy, 1 de octubre de 2017, a la Policía Nacional y a la Guardia Civil, es un crimen contra el Pueblo catalán: contra el independentista y contra el que aún se siente, a trancas y barrancas, español. Las imágenes de tu represión bananera darán la vuelta al mundo.¡Qué vergüenza!

Acomplejada nulidad:

La votación que debieras haber impedido es la del día 8 de septiembre de 2017 en el Parlament de Catalunya, no la popular el 1 de octubre.

Y lo has hecho así de mal por no perseguir personalmente a 71 diputats electos, a 71 profesionales de la política del crimen mafioso, como tú y tu partido. Por eso no actuaste en el momento adecuado, y la razón resulta miserable: Porque eran colegas de profesión, de tu casta, políticos.

Lo que no se puede, atolondrado, es reprimir a palos el derecho a votar de millones de personas que no están haciendo nada que no sea ejercer su derecho a cumplir las leyes emitidas, dictadas por su Parlament el 8 de septiembre de 2017. ¿Qué esperabas, registrador de la propiedad, funcionario de mierda? ¿Que no fuesen a votar porque tu partido ha interpuesto un recurso contra las leyes sancionadas por la Generalitat?

Si votar es ilegal, tu obligación era detener a los 71 diputados que aprobaron el Referéndum del 1-O y a la Mesa del Parlament y acusarlos de sedición, pero nunca dedicar a la Policía Nacional y la Guardia Civil a forcejear con ancianas en los colegios electorales. O a dislocarle los dedos uno a uno a una representante de la Generalitat en el Institut Pau Claris ni a tocarle las tetas.

Te aseguro, inquilino pronto saliente de la Moncloa, que todo esto lo pagaréis muy caro tú y tu partido de soberbios y gilipollas. ¿Es que no ves cómo todos los políticos de Cataluña, al grito de "¡maricón el último!", han corrido a las colas de votación de los colegios electorales, a que los retraten, a dar entrevistas a la prensa nacional e internacional, a echar pestes de ti? Estás acabado, Rajoy. Y reconoce que te lo mereces, la presidencia del Gobierno te viene muy, muy grande.

Eres un pedazo de inútil. Así que cabe hacerse una pregunta: ¿No estará todo esto ya pactado? No digo que haya participado en el pacto tu Gobierno, sino personajes mucho más poderosos que vosotros sin decíroslo, porque sois tontos del culo. La Iglesia lo tiene claro. Todos los partidos políticos, excepto PP y Ciudadanos (?), lo tienen claro. La prensa lo tiene claro. Y los fondos buitre también lo tienen claro.


En todo caso, dile a Felipe y dile a Letizia (a ver cómo se lo toma Letizia) que vaya haciendo las maletas. Se lo merecen por no haberle hecho caso a Antonio García Trevijano, que le dio ayer la receta para salvar la Monarquía:


Ya vaticinamos que, con un incapaz como tú, Mariano, al frente del Gobierno, la República Catalana se declararía unilateralmente el 2 de octubre de 2017. Hasta ahora, parecía un acto caprichoso de la Mafia Pujolista catalana. Ahora, ya no. Porque se hará sobre justificada indignación del pueblo de Cataluña.

Y no te vamos a perdonar los más perjudicados, los de siempre, los españoles que vivimos en Cataluña, los que no entendemos vuestro pasotismo ante lo que nos suceda de toda la vida. La última oportunidad la tuvisteis ayer. Pero el Borbón no tiene la hombría suficiente para convocarnos a todos los españoles a su alrededor. Millones de españoles hubiéramos acudido no por monárquicos, no por respeto al Régimen del 78, sino por instinto de supervivencia ante lo que sabemos, nosotros sí lo sabemos, que se nos viene encima: las consecuencias de la xenofobia antiespañola que campa por sus respetos entre los políticos catalanes de la Banda del Pinyol. Llevaremos grilletes como los esclavos. Nuestros grilletes serán la Ley Catalana, la discriminación por razones de lengua, de clase social, de poder económico y de influencia política.

Rajoy, ten un mínimo de dignidad y presenta la dimisión hoy mismo al Rey.

ÁCRATAS





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La Derecha ideológica machaca a Rajoy¿Asumirá el Avestruz que está liquidado?

Ácratas - 1 October, 2017 - 10:31




Mariano Rajoy Brey se añadirá hoy a la lista de los mayores felones, traidores, cobardes y desertores de nuestra historia. Ha sido tan larga y tan gloriosa la vida de España que por fuerza la lista es grande, pero ninguno como Rajoy combina de forma tan extrema la cobardía en la ejecución, la felonía en la traición y la estupidez en la previsión. Pero no puede ocultar el drama: En España hay un Gobierno de gallinas, presidido por un avestruz, que ha llevado a Barcelona a quince mil policías para, al final, rendirse sin luchar.

¿Alguien sabe lo que quiere Rajoy repitiendo su cobarde actuación del 9N, hace dos años? Entonces también dijo que no habría referéndum, y, aunque ilegal y chapucero, lo hubo. Y entonces dijo que no había pasado nada porque no tenía valor legal. No se sabe entonces por qué dijo, si no tenía valor, que iba a impedirlo: Es la doctrina mamarracha de que lo que no es legal no existe. En realidad, Rajoy es un mentiroso al que le mintieron los pelotas de los que se rodea,

Como el avestruz presidencial sobrevivió al 9-N de 2015 sin hacer nada, aunque tras prometer hacerlo todo, habrá pensado que de su reedición aumentada también escaparía sin esfuerzo, que para asustar a los catalanes bastaba la Armada Piolín y que el pánico golpista cantaría su victoria. Lástima para Mariano que todo el mundo conozca bien su cobardía y se le ría en el pico.

Si el Gobierno ha ganado un día a porrazos, el Estado lo ha perdido casi todo: la vergüenza, la victoria y el calendario.

El horizonte personal y político de Rajoy está pendiente de la moción de censura que, mezclando la crisis catalana y la corrupción de su partido, pueden presentarle en cualquier momento socialistas y podemitas. Y la única posibilidad de evitarlo es que la hueste de Soraya, con Cebrián por detrás y Pedro Sánchez por delante, negocie esa reforma federal de la Constitución que nadie sabe en qué consiste pero que, de ser real, supondría la liquidación de la soberanía nacional del pueblo español; y el pacto de algún tipo de referéndum que, con condiciones que sean asumibles por los separatistas, permitiera la segregación de Cataluña y de otras comunidades autónomas.

El envilecimiento de las Cortes no es sólo estético, gracias a la permisividad de Ana Pastor, sino ético, tras la deserción de todos los partidos constitucionales y nacionales de las manifestaciones espontáneas de ayer en toda España. Que quince o veinte mil personas, da igual, marcharan bajo la lluvia por la Vía Layetana con banderas españolas, sin el respaldo de PP, Cs y PSC, ni siquiera de Sociedad Civil Catalana, prueba la crisis de representatividad que hasta ahora ha alcanzado a toda Europa.

Hoy muere simbólicamente el régimen constitucional de 1978, falto de gobernantes capaces de defenderlo. Podrá durar años o venirse abajo pronto, pero nada será igual después de la humillación de España a manos de sus gobernantes con el aplauso de la Oposición.

Y a cambio de no haber impedido la celebración del golpe de Estado (que ha sido algo más que una consulta ilegal o un referéndum sin garantías: una abierta sedición contra España encabezada por los representantes del Estado en Cataluña), seguir sin impedirlo en el futuro.

Rajoy usurpó ayer las funciones del Rey convocando para hoy a los demás partidos para ver qué hace o deja de hacer él cuando los golpistas proclamen la independencia. Y eso no sucederá mañana ni pasado mañana. Fue ayer o anteayer.

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS (REMIX)


NOTA: Añade ácratas que encima nos prohibió a los españoles ir a votar. Luego ha contribuido más que nadie al éxito del Referéndum del 1-O



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Menos puede ser más (complejidad).

The Oil Crash - 29 September, 2017 - 08:06


Queridos lectores,

Hace unas semanas participé en un acto en Sevilla, en un debate/mesa redonda en el marco del Congreso de Didáctica de las Ciencias que se celebró allá. Tuve el placer y el privilegio de conversar y debatir con Eduardo García Díaz, el cual me ofreció amablemente este largo ensayo sobre decrecimiento y complejidad que ya hace semanas que quería haber publicado en estas páginas. Estoy seguro de que este ensayo será muy interesante para mis lectores, particularmente para aquéllos que buscan visiones alternativas a las más pesimistas que a veces se prodigan por estos lares.

Salu2,

AMT


Menos puede ser más (complejidad). Una reflexión sobre la interacción entre decrecimiento y complejidad.

Eduardo García Díaz

Universidad de SevillaForo por Otra Escuela (Red IRES)Asociación Montequinto Ecológico-Ecologistas en Acciónjeduardo@us.es

En escritos, conferencias y debates sobre el tema del decrecimiento y/o el colapso, asociado a los límites biofísicos (agotamiento de los recursos, cambio climático), es frecuente encontrar la idea de que el decrecimiento supone una descomplejización (deseada y/o inevitable) del sistema social. Frente a esta perspectiva, proponemos utilizar la noción de complejidad sustentada en la obra de Edgar Morin, concepción que nos ayuda a entender que el decrecimiento no supone, inevitablemente, un decremento de la complejidad del sistema social.

El consenso sobre la descomplejización

En el pensamiento ecologista actual se asocia la crisis sistémica con el inicio de un proceso de decrecimiento, que podría llevar a un colapso civilizatorio (Fernández y González, 2014; Casal, 2016; Prats, Herrero y Torrego, 2016, Taibo, 2016). Simplificando mucho el tema, podríamos hablar de dos concepciones no excluyentes. Según la primera versión del decrecimiento, éste sería un objetivo social deseable para solucionar los graves problemas derivados de la crisis, poniendo el acento en que el decrecimiento es una opción social asociada a la concienciación de la ciudadanía en la necesidad de cambiar nuestra ética y nuestro estilo de vida. Según la segunda versión, el decrecimiento sería un hecho inevitable provocado por el choque de nuestra civilización con sus límites biofísicos, de forma que lo que cabe hacer es preparar a la población (incrementando su resiliencia) para que el colapso no sea caótico, sino ordenado y justo (Fernández y González, 2014; Casal, 2016; Prats, Herrero y Torrego, 2016; Taibo, 2016, Turiel, 2016).

A la idea de decrecimiento y/o colapso acompaña, con frecuencia, la idea de descomplejización social, bien entendida como un valor a desarrollar (concepción próxima a la obra de Latouche, 2007, 2009 y 2012), bien entendida también como algo necesario e inevitable (Fernández y González, 2014; Casal, 2016; Riechmann, 2016; Taibo, 2016). Descomplejizar significa aquí menor producción de bienes (descenso del PIB) y menor consumo, menos habitantes, menor grado de especialización profesional, desorganización de estructuras jerarquizadas, menor “conectividad” y menor transporte de materiales, menos ciencia y menos tecnología, etc. Como indica Taibo (2016), cinco verbos resumen el posible cambio asociado al choque con nuestros límites biofísicos: decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar y descomplejizar.

Estando de acuerdo en que vamos hacia un mundo de baja energía, con menos recursos en general, y con ecosistemas transformados por el cambio climático, en el que será difícil mantener la actual organización social y en el que se podría hablar de un colapso de la civilización industrial, no comparto, sin embargo, el argumento de que el decrecimiento determine siempre una descomplejización. A continuación aporto algunas ideas para abrir un debate sobre este tema.

PIB y gusanos de seda

Pensemos que el sistema capitalista es como una enorme oruga que come y crece sin parar. Pensemos que antes de morir, por agotamiento del alimento disponible, se transforma en una mariposa.

Evidentemente, tanto la oruga como la mariposa son dos sistemas complejos. Pero ¿cuál es más complejo? En mi opinión, la respuesta dependerá de qué variables utilicemos para definir un sistema como más o menos complejo. Si damos relevancia a variables cuantitativas del tipo del peso o el balance de calorías, la oruga será más compleja que la mariposa. Pero si nos fijamos en variable cualitativas como la capacidad de reproducirse, la mariposa sí la tiene pero la oruga no, y ésta sería por tanto menos compleja.

Es decir, el concepto de complejidad es relativo, no es lo mismo utilizar parámetros como el PIB o el número de habitantes (cuantitativos) que parámetros como el formato de organización social, es decir, el tipo de interacciones presentes (no son lo mismo las relaciones antagónicas que las de complementariedad), o el predominio de estructuras jerárquicas o de redes horizontales, parámetros que son cualitativos. Del mismo modo, no es igual hablar de complejidad del conocimiento, con indicadores como la acumulación de datos o el número de graduados, que hablar de conocimiento en relación con el formato organizativo de los sistemas de ideas.

¿Cuál es el problema? Pienso que convertir una determinada perspectiva de la complejidad de los sistemas en un axioma ignora la posible existencia de otras perspectivas, lo que lleva a un empobrecimiento del debate sobre las transiciones posibles en una situación de decrecimiento. Sobre todo, cuando en la literatura ecologista predominan ideas como las de Tainter (1996) que plantea una definición de complejidad que no compartimos (tema sobre el que volveré luego). En los argumentos que siguen, nos basaremos en el paradigma de la complejidad desarrollado por Edgar Morin (1986, 1987, 1988, 1992 y 1994), que describe el cambio de sistemas complejos abiertos en reorganización continua (en nuestro caso los eco-socio-sistemas) como un cambio en el que intervienen tres factores en interacción: materia, energía e información, interacción en la que ningún factor es predominante, de forma que el cambio se explicaría por una causalidad compleja (bucles, recursividad, auto-organizaciones, reorganizaciones) y no por relaciones causales lineales entre esos tres factores.

Podría pensarse que este es un debate académico. Pero creo que existe un riesgo para los movimientos de transición: si asumimos sin crítica determinados principios podríamos llegar a diagnósticos inadecuados y a promover prácticas desajustadas y poco adaptativas, asunto relevante si queremos incrementar la resiliencia de las poblaciones en un momento de crisis sistémica. Más aún, la insistencia del discurso ecologista en términos como colapso, declive, degradación, simplificación o regresión social, puede producir confusión y rechazo social si no se aclara bien el significado de dichos términos.

Axiomas discutibles

En una situación de decrecimiento es innegable que hay menos recursos energéticos y materiales. Pero esto no debe llevarnos a sobrevalorar las dimensiones materia y energía sobre la dimensión información (entendida aquí como organización). Ni tampoco a establecer relaciones de causalidad lineales.

Al respecto, se aprecia una aproximación determinista al tema del colapso civilizatorio cuando se dice que la complejidad de una sociedad es consecuencia de la cantidad de energía disponible (entre muchos otros, Fernández y González, 2014; Casal, 2016). En concreto, Casal mantiene, al hablar de los 12 axiomas que sostienen la idea de colapso civilizatorio (premisas que comparto en general) lo siguiente (axioma 4):

La complejidad de una sociedad (o de un modelo de civilización) depende de los flujos de energía de los que dispone: a más energía, es posible crear sociedades más complejas (p. 36) … Los niveles de complejidad del actual modelo de civilización, que denominamos industrial, no se pueden mantener  (pagina 37).

Y más adelante:

El decrecimiento es inevitable, hay que partir de esta premisa básica: a menos energía disponible, no hay crecimiento posible y las economías se contraen, cuando no colapsan hasta niveles más bajos de complejidad estructural (Tainter) (página 217).

Analicemos estas ideas. Parece clara la correlación entre energía y crecimiento: si tenemos menos energía tenemos menos crecimiento. Pero ¿no habría que matizar la premisa: menos crecimiento supone menos complejidad? ¿Por qué asociar la complejidad solo con el crecimiento (variable cuantitativa)? ¿El descenso de complejidad afectaría por igual a los distintos subsistemas (son subsistemas muy diferentes una burocracia estatal que una cooperativa local)? ¿Una organización de la producción de bienes según los criterios de la economía del bien común (Felber, 2015) es menos compleja que una economía orientada según los criterios convencionales como es el caso del  PIB? En último término ¿cualquier paso en un incremento de la complejidad es un paso hacia una decadencia futura? (axioma absolutamente generalizado en la literatura ecologista).

El argumento central de Tainter (1996) es que el cambio de complejidad en las sociedades se desarrolla según una curva tipo Campana de Gauss, de forma que, inevitablemente, a un aumento de complejidad sigue un decremento de la misma (ley de rendimientos decrecientes). El sistema se complejiza progresivamente (y gana en eficiencia) pero llega un momento en que su propia complejidad le lleva a la ineficiencia y la decadencia.

Como señalan Fernández y González (2014) hay abundantes datos que nos indican que la ley de rendimientos decrecientes se puede apreciar en la evolución de las sociedades dominadoras. Pero ¿es una ley universal aplicable a otros modelos sociales? Aquí hay un problema de atribución causal pues ¿la causa es la “complejidad” o hay otros factores intervinientes (entonces habría que hablar más de correlación que de causalidad)?

El problema es que Tainter ignora factores claves que explican la evolución de las instituciones sociales: éstas no son neutras, pueden estar al servicio del bien común de toda la sociedad (y servir para solucionar los problemas socio-ambientales) o responder a los intereses de grupos sociales concretos que ostentan en ese momento el poder; pueden regirse por criterios de antagonismo o por criterios de complementariedad y solidaridad. Y estos factores son determinantes a la hora de entender esa “inevitable” decadencia. En mi opinión, los mecanismos de control y autoperpetuación del sistema capitalista (o de la Roma Imperial o de otras sociedades basadas en el dominio y la explotación) no están fallando porque se ha llegado a un “techo” de complejidad institucional sino porque las contradicciones internas del sistema lo posibilitan. Cuando Tainter pone ejemplos de incremento de la complejidad burocrática y de los mecanismos de seguridad y control que llevan al colapso no nos dice algo esencial: que esa burocracia y esos mecanismos no están ahí para resolver el problema del ajuste de la actividad humana a la ecología planetaria sino que están ahí para autoperpetuar el dominio de las clases dirigentes.

Del mismo modo es discutible la afirmación de  Tainter (1996), en la que sostiene que las sociedades buscan las soluciones más prácticas y racionales a los problemas (por ejemplo, en el caso del imperio romano), soluciones que, sin embargo, no impiden la decadencia del sistema. Es decir, se plantea que las organizaciones sociales se crean para resolver problemas, pero que cuando se complejizan en exceso dejan de ser eficientes para dicha función. En este enunciado hay un asunto clave que habría que matizar, qué problemas eran los que se intentaban resolver: ¿los problemas relativos al bien común de toda la población o los problemas de autoperpetuación de la clase dominante? Tema importante, pues no es lo mismo emprender un camino de resolución de problemas bajo las condiciones de una sociedad basada en el antagonismo y la dominación que en otro modelo social basado en la complementariedad.

En último término, la aplicación de la ley de rendimientos decrecientes como axioma universal supone dudar de la posibilidad de organizaciones sociales con una mayor eficiencia energética capaces de mantener un cierto grado de complejidad en una situación de decrecimiento, tema de gran importancia al que dedicaremos un apartado de este texto.

También habría que matizar y relativizar otra idea: la jerarquización social y el aumento del trabajo especializado es un indicador de complejidad. Se considera que una estructura jerárquica y piramidal con multitud de “nichos profesionales” es una estructura muy compleja, más que un conjunto de redes horizontales interconectadas y autosuficientes. Es decir, la estratificación y la desigualdad social son “complejos”. Pero esta concepción choca con un concepto originado en la biología: la neotenia de los mamíferos (que mantienen durante mucho tiempo de su desarrollo las características de individuos inmaduros, lo que les da una gran plasticidad a la hora de adaptarse al medio). Este principio es esencial en los seres humanos: somos organismos generalistas y polivalentes, y esa es una característica básica de nuestra especie. Nuestra curiosidad innata por todo, nuestra tendencia a explorar e investigar, nuestra capacidad para utilizar recursos muy diversos, son rasgos de complejidad. Entonces ¿por qué decimos que la jerarquización y la hiperespecialización (y la sumisión y falta de autonomía consiguientes), y no la polivalencia de las personas, son indicadores de complejidad? ¿No estaremos asumiendo sin más los valores del sistema dominante al decidir qué es y qué no es complejo?

Igualmente hay que relativizar la idea de que con la conectividad también se cumple la ley del rendimiento decreciente. Se sostiene que, aunque inicialmente las redes son buenas (mayor eficiencia), llega un momento en el que las repercusiones de los fallos son susceptibles de propagarse fácilmente (si hay mucha dependencia entre los nudos de la red), de forma que cuanto más interrelacionadas están las redes, más tendencia tienen a transmitir los problemas. Por tanto: más complejidad significa más vulnerabilidad.

La clave está, de nuevo, en entender la complejidad como cantidad y no como calidad (por ejemplo, la autonomía de cada nudo de la red, el tipo de interacciones que se dan entre los mismos, los intereses que regulan el intercambio …). No es una ley universal que un incremento de la complejidad en la conectividad suponga inevitablemente un decremento posterior. El ejemplo más claro es el de los sistemas de ideas: como señala Morin (1992, 2001), una complejización progresiva de los sistemas de ideas tiene un efecto multiplicador y nunca resta. Hoy en día la ciberconectividad supone un despilfarro enorme de energía, pero ello no se debe a la “complejidad” del sistema sino a los contenidos que se potencian en función de un mayor control de los gustos y valores de la población. El grado de conectividad será más o menos resiliente no porque existan redes más o menos “complejas” sino en función del tipo de redes que organicemos (al respecto, todos los ejemplos que se ponen de perturbaciones que la red amplifica, se refieren a la lógica organizativa del sistema capitalista: una crisis financiera, un atentado terrorista, un ataque cibernético …).

Además, una sociedad en red no tiene que tener la lógica de un organismo pluricelular (que se toma como referente). En el organismo el intervalo de estabilidad es muy corto (su estado no puede alejarse mucho de un óptimo preestablecido). Más bien tendría la lógica organizativa ecosistémica, mucho más abierta, donde los procesos de reorganización son más relevantes que los de auto-organización (Morin, 1986, 1987). Como nos indica este autor, lo relevante es el factor cualitativo: lo que mejor define una red es el tipo de interacciones que la organizan.

En conclusión, no debemos considerar la ley del rendimientos decreciente como un axioma universal. Evidentemente, dicha ley nos sirve para entender, por ejemplo, la evolución de la burocracia administrativa, pero no sirve para explicar bien la evolución de un huerto en permacultura o los cambios en la organización de los sistemas de ideas. Aspectos que trataremos detenidamente luego.

En último término, estas cuestiones remiten a unos determinados modelos sobre las interacciones entre materia, energía y organización. El axioma central “menos energía es menos complejidad” ¿se sostiene desde el punto de vista de la termodinámica y de la ecología? ¿es discutible qué tipo de organizaciones sociales son viables dentro de los límites biofísicos, y cuáles de ellas pueden ser consideradas más o menos complejas que la sociedad industrial actual?

Nos dice la termodinámica que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma, y en esa transformación se degrada. De ahí podríamos pensar que si cada vez tenemos menos energía de calidad disponible (combustibles fósiles) inevitablemente eso debe llevar a una simplificación de la organización social. Pero si no queremos ser deterministas, tenemos que reconocer que así como la energía de calidad disponible condiciona la organización social tal organización también condiciona el uso de dicha energía. En otros términos, sería posible incluso un mayor grado de complejidad (no entendida como crecimiento) con menos energía si ésta se usa con mayor eficiencia. Desde esta perspectiva, la clave está tanto en la organización como en los recursos, pues los recursos no son el único motor evolutivo (si no queremos caer en una posición reduccionista).

Determinados sistemas complejos (los eco-socio-sistemas) sometidos a un flujo de energía presentan una interesante cualidad: aunque la energía se degrada deja una “huella” en forma de información (organización, en los términos de Morin). Es decir, el sistema se ordena de una determinada forma, de manera que, aunque la energía fluye (y pierde “calidad”), nos quedan estructuras que van a condicionar el uso posterior de ese flujo de energía. Como nos dice Margalef (1980):

La acumulación de información no es gratuita, pues significa cambios de energía y, por tanto, un aumento del valor de la función entropía. Pero la información conseguida, persistente en forma de estructura, puede orientar en uno u otro sentido el uso futuro de la energía, de manera tal que se puede juzgar más eficiente (p. 21).

Esta perspectiva se corresponde con un cambio esencial que se produce en la ecología del pasado siglo: la transición de una concepción de la biosfera como conjunto de relaciones causales lineales (mecanicismo), en las que los recursos determinan la organización de la vida, hacia una concepción interactiva, en la que también la organización viva influye sobre el biotopo (Levins y Lewontin, 1980; Margalef, 1980; McIntosh, 1985; Morin, 1987; Golley, 1993). Así, Margalef (1974) define en los años setenta (momento culminante de la revolución conceptual de la ecología) el ecosistema como un sistema de elementos vivos y no vivos implicados en un proceso dinámico e incesante de interacción, ajuste y regulación que supone la evolución a nivel de especies y la sucesión ecológica para la totalidad del sistema.

Dentro de esta óptica, Deléage (1993) nos dice que hay que evitar los “reduccionismos termodinámicos” al referirnos a sistemas como los ecosistemas o las sociedades humanas. No podemos explicar su complejidad solo como un balance de calorías (de hecho el concepto de metabolismo, tan utilizado en la literatura ecologista como metabolismo social, se origina y desarrolla en biología asociado al nivel de organismo y no al de la escala ecosociosistémica), pues se trata de sistemas abiertos en continua reorganización, sin un óptimo preestablecido (que es el caso de los organismos), que como entidades históricas han utilizado el flujo de energía para organizarse (acumulan información en forma de programas genéticos y culturales), organización que, a su vez, condiciona la circulación de materiales y el flujo de energía en nuestro planeta.

Desde esta perspectiva, no tiene sentido hablar de Campanas de Gauss, de cambios periódicos, y de ciclos sociales. No comparto, por tanto, la idea de colapsos civilizatorios asociados a ciclos históricos (tan presente en la literatura ecologista, basándose en los postulados de Tainter). Un modelo de cambio basado en ciclos y en espirales no explica adecuadamente la evolución de sistemas que están en continua reorganización (Morin, 1986 y 1987). Creo más apropiados los modelos que nos propone la ecología para entender la evolución de la biosfera. Así, Margalef (1974), cuando habla de la evolución de los ecosistemas, habla de cambio helicoidal (p. 738), con un componente “cíclico” y con otro, más determinante, irreversible, de carácter evolutivo (la “flecha del tiempo”). Al respecto, es contradictorio mantener al mismo tiempo (como por ejemplo hacen Fernández y González, 2014) que la historia es una sucesión cíclica pero que no vuelven a ocurrir los mismos hechos ni en el mismo orden, de forma que cada nueva etapa es única.

En un modelo de cambio cíclico tiene sentido hablar de crecimiento y decrecimiento de la complejidad social. Lo que ocurre es que en este caso solo se consideran determinadas variables (número de personas, cantidad de clases sociales, cantidad de roles sociales, cantidad de energía o de información utilizada, cantidad de organismos e instituciones, cantidad de conexiones, etc.,) y no otras, que sí explicarían un cambio helicoidal mucho más abierto e indeterminado (eficiencia energética, predominio de la complementariedad sobre el antagonismo, predominio de actividades cooperativas no competitivas, naturaleza de las interacciones que crean organización, etc.). Precisamente, el primer grupo de variables es el más utilizado por el pensamiento dominante al hablar de crecimiento y progreso, de ahí que sea importante que seamos críticos con su uso.

Este debate nos parece relevante de cara a la interpretación del colapso y de la transición (más bien revolución) hacia sistemas poscolapso. Si admitimos que:

  1. Con un determinado suministro de energía un sistema puede hacer cosas muy distintas según sea la información (organización) de ese sistema.


  1. Los procesos de cambio social no son cíclicos sino evolutivos (lo que supone que cualquier cambio debe ser interpretado en clave de transición a algo diferente y no de vuelta a situaciones precedentes).


Podemos concluir que aún teniendo menos energía, sería aún posible mantener un cierto grado de  complejidad en determinadas organizaciones sociales. La clave estaría en la eficiencia energética del sistema social (capacidad de conseguir unos determinados fines con el menor gasto energético).

De máquinas, familias y monocultivos: el debate de la eficiencia energética

En relación con el tema del decrecimiento/colapso hay un importante debate abierto sobre el papel de la eficiencia en la resolución de los actuales problemas socio-ambientales. Sobre todo ¿es un mito la importancia de la eficiencia? (como señalan, por ejemplo, Fernández y González, 2014). El dato más utilizado para indicar que el incremento de la eficiencia no es la solución al problema es la paradoja de que un incremento de la eficiencia relativa de una tecnología supone un decremento de la eficiencia absoluta del conjunto del sistema (paradoja de Jevons). Merece la pena analizar bien ese efecto “rebote” (mejoramos la eficiencia energética de las máquinas y ello lleva, sin embargo, a despilfarrar más energía y a la decadencia del sistema). Turiel (2011) comenta que:

… sin modificar otros factores resulta que se está dando un incentivo para consumir más de ese producto si su mayor consumo nos reporta una ventaja, ya que con la misma renta disponible podremos consumir más; peor aún, quien antes no podía acceder a este consumo por tener una renta insuficiente ahora podrá hacerlo … Se ha de entender, por tanto, que el repetido llamamiento a la mejora de la eficiencia es contraproducente si no está acompañado de otras medidas, porque en vez de dar un estímulo a consumir menos da un estímulo a consumir más.

La clave está es las frases sin modificar otros factores y si no está acompañado de otras medidas. Es decir, la “paradoja de Jevons” se da en una organización social basada en unos valores determinados (consumo despilfarrador en este caso), controlada en función de unos determinados intereses de clase (la obtención del máximo  beneficio), y no es, por tanto, un fenómeno universal y común a cualquier modelo social.

Por tanto, compartiendo la perspectiva de un mundo futuro de baja energía, creo matizable la idea del colapso inevitable por ineficiencia energética, pues en realidad en el sistema actual la mayor parte de la energía disponible se derrocha porque tiene un sentido económico hacerlo (Turiel, 2017). Al respecto, es muy relevante discutir el papel de la eficiencia energética en la transición poscapitalista.

La posición dominante en la literatura ecologista, asociada al paradigma “menos energía-menos complejidad”, es la creencia de que, aún siendo una variable importante, un incremento de la eficiencia no sería la clave de la transición (Fernández y González, 2014; Casal, 2016; Taibo, 2016).

Claro que, cuando se habla de incremento de la eficiencia, solo se menciona la tecnología, añadiendo siempre una crítica (que comparto) al optimismo tecnológico y a la tecnolatría. El problema es que este enfoque es reduccionista, al entender la eficiencia solo en el ámbito tecnológico y no relacionarla con la organización social en su conjunto. Si adoptamos esta segunda perspectiva (acorde con los planteamientos de Margalef o de Morin), tendríamos en la eficiencia un criterio básico para evaluar las alternativas posibles (según su grado de resiliencia). A continuación presento algunos ejemplos que ilustran esta tesis, y que suponen que determinados cambios en la organización social, en el sentido de incrementar su eficiencia energética, consiguen un mejor ajuste a un mundo de baja energía y significan, incluso, un aumento de la complejidad del sistema.

Comencemos por nuestra “unidad organizativa básica” ¿Es más compleja una organización social atomizada en familias o una organización social de redes de comunas autosuficientes coordinadas? ¿Cuál organización es más resiliente desde la perspectiva de la eficiencia energética? Pensemos un momento en el ahorro de energía que supone pasar de los usos domésticos actuales, centrados en la unidad familiar (multitud de electrodomésticos, horas dedicadas en cada casa al hogar y a los cuidados) a una organización comunal. Si hoy en día dedicamos un 20 % de la energía consumida por nuestra sociedad al uso doméstico ¿cuánta energía se ahorra cocinando para la comunidad en vez de para cada familia concreta? ¿o asumiendo los cuidados colectivamente? ¿o concentrando una actividad común en las zonas más frescas en verano y en las más calientes en invierno?.

Si, además, sustituimos el transporte horizontal despilfarrador por redes locales de producción-consumo, por redes informáticas de trabajo colaborativo y por medios de transporte más ecológicos (transporte colectivo, ir en bici, andar), tendríamos un gran ahorro energético (el transporte consume actualmente nada menos que el 40 % de la energía entrante). Del mismo modo, la creación de talleres locales orientados a producir aquellos bienes básicos que se consideren imprescindibles reducirían en gran medida ese 30 % de la energía actualmente utilizada en el sector secundario; y una reorganización radical del sector servicios supondría también un considerable ahorro de energía.

En relación con este último tema, hay que considerar el enorme gasto de energía que supone mantener y autoperpetuar el sistema capitalista mediante mecanismos de control de la población como son: las múltiples burocracias administrativas existentes, el complejo militar-industrial así como los distintos cuerpos de seguridad y jurídicos, todo el entramado financiero y comercial, los medios de comunicación y entretenimiento,  y el propio sistema educativo (pensemos en las horas de trabajo y en las calorías gastadas por incontables estudiantes a lo largo de una buena parte de su vida para ser preparados como ciudadanos obedientes y sumisos).

Es decir, una organización social basada en el antagonismo (competencia, explotación, egoísmo, individualismo) no solo es injusta sino que además es mucho menos resiliente en cuanto a eficiencia energética que una organización basada en la complementariedad (cooperación, simbiosis, altruismo, solidaridad …). Asunto que en el ámbito de la biología queda claro, tanto en el campo evolutivo (la complementariedad es el motor de los grandes saltos cualitativos como son el paso de la célula procariota a la eucariota o del organismo unicelular al pluricelular) como en el de la ecología (la complementariedad es la clave de la organización ecosistémica).

¿Y la alimentación y el sector primario? En parte de la literatura ecologista se suele describir la sociedad futura como una sociedad menos urbana y más centrada en la vida rural, con un modelo agrícola más simple, parecido al de la agricultura preindustrial. Estaríamos, por tanto, ante el típico caso de “descomplejización “ y de “retorno al pasado”. Pero ¿tenemos otras opciones?

Los datos actuales apuntan que tanto la agricultura industrial como la preindustrial presentan una menor eficiencia energética (mucho menos la industrial) que, por ejemplo, la permacultura (según la describe Holmgren, 2013). Al respecto, es relevante comparar el modelo de la agricultura industrial con el de la permacultura, a la hora de debatir sobre “complejidades”. Si atendemos a variables cuantitativas, como por ejemplo la cantidad de energía que requiere uno y otro modelo, la agricultura industrial presenta un mayor uso de energía, pues se basa en gran medida en el aporte de una gran cantidad de energía exosomática presente en los combustibles fósiles (energía para extraer y distribuir el agua, para la maquinaria agrícola, para la producción de abonos y plaguicidas, etc.).

Evidentemente un agroecosistema industrial es eficaz (cumple con el objetivo de producir muchos alimentos) pero no es eficiente (lo hace con un gran gasto energético). Es decir, utilizando otra variable cuantitativa como es la Tasa de Retorno Energético (la relación entre las unidades de energía obtenidas respecto a las unidades utilizadas para obtenerla) las tasas de la agricultura  industrial, próximas a 1, son muy inferiores a las de la permacultura (más de 20, de forma que con 1000 metros cuadrados de bancales profundos y “bosque de alimentos” damos de comer a cuatro personas). Es decir, la permacultura es mucho más eficiente en el uso de la energía y por tanto es un modelo mucho más resiliente (Rodríguez-Marín, Fernández-Arroyo y García, 2015). Pero la comparación de ambos modelo no acaba en el tema de la TRE.

Analicemos un sistema social que adoptara los principios de la permacultura (como modelo agrícola, como diseño del territorio y como modelo de organización social): alta eficiencia energética, ahorro de agua y de nutrientes, desarrollo de un suelo vivo y complejo, alta biodiversidad, potenciación de la complementariedad entre las especies implicadas en la producción agrícola, mayor desarrollo del transporte vertical de materiales que del horizontal, mejor ajuste a los ciclos biogeoquímicos y al flujo de la energía, diseño territorial en mosaico (red de ecosistemas complementarios interconectados), sustitución de la dieta carnívora por la vegetariana (al eliminar un paso en la “pirámide trófica humana” ahorramos muchísima energía y disminuimos además las emisiones de metano y el calentamiento global), organización social basada en la complementariedad (cooperación, altruismo, solidaridad …) y no en el antagonismo.

Una organización social con estas características, basadas esencialmente en una alta eficiencia energética, la complementariedad y el respeto por la biodiversidad, claramente es más resiliente que un modelo agrícola industrial, centrado en el monocultivo (disminución radical de la biodiversidad), el transporte horizontal de materiales y el despilfarro de recursos (desajuste en relación con los ciclos y flujos naturales), y la destrucción del ecosistema suelo (que se simplifica quedando reducido a un mero soporte). Después de la comparación ¿cuál de los dos sistemas pensamos que es más complejo? Asumiendo la idea de Homer-Dixon (2006) de asociar colapso civilizatorio con TRE, si la permacultura presenta una alta eficiencia energética ¿no sería una alternativa “compleja” básica para disminuir las consecuencias negativas del decrecimiento e incluso evitar el colapso?

Esta misma argumentación podemos trasladarla al ámbito de los idearios colectivos y de los sistemas de ideas.

¿Simplificación del conocimiento? ¿Qué ciencia? ¿Qué educación?

¿Es más complejo el sistema educativo predominante, jerarquizado, centralizado, centrado en la creación de burocracias crecientes y en la acumulación de información de baja calidad, el desarrollo de la dependencia, y el pensamiento único (monocultivo del pensamiento) que un sistema educativo basado en un conocimiento bien organizado (al modo de Morin, 2001), la autonomía, la creatividad, la diversidad, la polivalencia y el espíritu crítico? En definitiva ¿es más complejo un pensamiento simplificador, reduccionista, mecanicista o mítico, que ayuda a perpetuar el sistema capitalista,  que un pensamiento basado en la adopción de distintas perspectivas, la concepción sistémica del mundo, la causalidad entendida como interacción y la capacitación de la ciudadanía para resolver problemas?

Como hemos visto anteriormente, al hablar de la ley de rendimiento decreciente, hay que evitar un uso universal de dicha ley, en concreto, su aplicación sin más al ámbito del conocimiento. La idea de Tainter de una ciencia y tecnología cada vez más “complejas”, que terminan por detraer más recursos que los que generan, podría aplicarse a la burocracia científico-técnica actual (insistimos, dirigida a la autoperpetuación del sistema capitalista y no al bien común) pero no a la ciencia como forma de conocimiento. Como ya se indicó más arriba, una complejización progresiva de los sistemas de ideas tiene un efecto multiplicador y nunca resta (Morin, 1992 y 2001). Y aclararnos en este punto es importante: una sociedad que apueste por una complejización del conocimiento tendrá muchas más opciones de supervivencia que otra que vuelva a posiciones culturales anteriores más “simples” (neoarcaismo).

En el caso del conocimiento es muy discutible la asociación entre crecimiento (más aulas, más gente escolarizada, más aparato burocrático, más recursos) y complejidad. La psicología de la educación actual nos muestra que la cantidad no es la variable determinante, sino la manera como se organiza la información. La calidad nos da una mejor medida de la complejidad (Morin, 1988, 1992 y 2001). La mente de una persona puede adquirir muchos datos, pero si esos datos no se integran en un sistema de  ideas bien organizado, no sirven para resolver problemas, y por tanto tenemos menor resiliencia.

Sin embargo, con frecuencia encontramos en la literatura ecologista la asociación cantidad-complejidad aplicada al tema del conocimiento. Un ejemplo paradigmático de este enfoque aparece en el texto de Fernández y González (p. 187), donde entienden, por ejemplo, la complejidad social creciente como incremento de titulados universitarios. Desde la perspectiva que adopto, mayor complejidad sería conseguir mentes bien ordenadas en el sentido de Morin (2001); incremento de complejidad, éste último, que requiere de mucha menos energía que la producción de titulados repletos de información de “baja calidad”, pues solo hay que pensar en los miles de horas (y de calorías) dedicados por cada estudiante a lo largo de todo el sistema educativo para adquirir muy pocos aprendizajes significativos y relevantes. Un sistema de ideas con una alta organización interna sería más complejo (y más resiliente y más barato desde el punto de vista energético) que un sistema con muchos conocimientos, atomizado, compartimentado y vinculado a la sumisión de la población  (García, 2004a y 2004b).

Por tanto, la discusión sobre un sistema sostenible de resolución de problemas (Tainter, 1996) no debe centrarse solo en el tema económico (costes) sino también en el tema organizativo. Educar a toda la población (y no a un sector hiperespecializado) en una complejización del conocimiento y en el desarrollo de una actitud investigadora (creativa, crítica), supondría un salto cualitativo en la resolución de problemas para una sociedad no basada en la dominación.

Del mismo modo, encontramos en la literatura ecologista una cierta mitificación de los conocimientos propios de los saberes tradicionales y del sentido común. Se sobrevalora la simplicidad y se promueve la recuperación y/o utilización de otras formas de conocimiento, en muchos casos conocimientos míticos.

Desde la perspectiva de la resiliencia y de la eficiencia energética el debate de fondo es qué papel damos a las distintas formas de conocimiento en una sociedad “poscolapso”. Al respecto, aparece con frecuencia la idea de que la ciencia y la tecnología serían irrelevantes en una sociedad descomplejizada. Independientemente del tema de qué ciencia hablamos (no es lo mismo hablar de la ciencia mecanicista del siglo XIX que de la ciencia relativista, indeterminista y compleja que aparece en el siglo XX) la pregunta es ¿otras formas de conocimiento (conocimiento mítico, conocimiento cotidiano) nos aseguran una mejor adaptación en situación de decrecimiento?

En mi opinión, es esencial recuperar el pensamiento científico y el saber organizado como instrumento de resolución de nuestros problemas actuales, y recuperarlo para toda la población (aquí es fundamental una educación científica de calidad). Partir de cero y reinventar lo que ya se sabe es un enfoque que no ayuda a nuestra supervivencia en la medida que supone un despilfarro de horas de trabajo y de energía. Ya sabemos, por ejemplo, que ahorramos mucha más energía sacando un cubo de agua de un pozo con una manivela, un torno y una polea, que tirando sin más de una cuerda ¿por qué adquirir de nuevo ese conocimiento por ensayo-error? También sabemos qué plantas de cultivo son complementarias con otras plantas o qué especies son más resistentes a las plagas ¿debemos poner en peligro la seguridad alimentaria de la población probando una y otra vez hasta volver a descubrir lo ya descubierto?

Evidentemente, no nos vale cualquier ciencia ni cualquier tecnología. La apuesta es por una ciencia y una tecnología que respete, al menos, estos principios básicos: la búsqueda de una mayor eficiencia energética (ahorro de energía), asociada al uso de energías renovables, el ajuste a los ciclos materiales (predominio del transporte vertical-local sobre el horizontal y cierre de estos ciclos) y el acomodo a los ritmos del planeta (Mediavilla, 2016).

Además, todos y todas debemos aproximarnos a los problemas socio-ambientales de forma similar a como lo hace la ciencia, desarrollando un ideario colectivo más “complejo” basado en el aprendizaje significativo, la investigación de problemas, la creatividad, el espíritu crítico, el pensamiento complejo (al modo de Edgar Morin), el conocimiento científico y el trabajo cooperativo, pues de esta forma incrementaríamos nuestra resiliencia (y la complejidad del sistema). En concreto proponemos, en el marco de esta aproximación a la complejidad, una revalorización del papel de la ciencia y de la tecnología adaptadas a una sociedad en decrecimiento, pues dar preeminencia al conocimiento cotidiano y a las concepciones míticas supone disminuir la resiliencia de la población a la hora de enfrentar problemas como el cambio climático o el agotamiento de los recursos.

Educar en y para el decrecimiento

Con frecuencia encontramos en las publicaciones y en los foros de debate ecologistas una idea recurrente: hay que concienciar y educar a la población para que ésta reaccione ante el reto del choque con nuestros límites biofísicos. Al respecto, y considerando los argumentos aportados en este ensayo, sería indispensable contar con un programa de actuación que tenga en cuenta dos elementos básicos.

En primer lugar, es necesario un debate sobre la pertinencia, como referente adecuado para los movimientos de transición, del concepto de sostenibilidad, sobre todo por ser una noción omnipresente en todos los procesos educativos y de concienciación ciudadana.

¿Cuál es la potencialidad real del concepto como agente transformador del sistema? Es cierto que la noción de sostenibilidad ha tenido un claro éxito en el discurso (tanto en el institucional como en el de los movimientos sociales), pero también lo es que ha tenido poco éxito como instrumento de cambio social, de forma que desde su aparición, en los años 80, apenas ha cambiado el modelo del crecimiento ilimitado (el incremento del PIB sigue siendo el paradigma dominante), sigue el despilfarro creciente de los recursos (frente a la idea de ahorro propia de la sostenibilidad), continua el incremento de los residuos contaminantes (con el consiguiente cambio climático y la inacción institucional ante este hecho) y el aumento de la desigualdad (en este aspecto es donde estamos cada vez más lejos de las propuestas de la sostenibilidad relativas a satisfacer las necesidades de toda la población).

¿Por qué ha tenido tan poca operatividad práctica? Evidentemente es difícil cambiar el sistema, y somos conscientes de las dificultades existentes. Pero creemos también que la noción de sostenibilidad ha pecado de ambigüedad, pues dentro de la idea de desarrollo sostenible cabe casi todo, al no pronunciarse con claridad por un cambio de las reglas del juego (se propone una reforma, sin un cuestionamiento global de la organización política y socioeconómica dominante). Resulta más fácil, y políticamente “más correcto”, identificar el sentido del cambio con “ir hacia el desarrollo sostenible” o “mejorar el mundo dentro del capitalismo”, que decir, por ejemplo, que hay que acabar con el capitalismo sin más. Un primer punto débil del modelo estaría, pues, en su dimensión política.

Además, no debemos olvidar el contexto histórico en el que se origina el concepto: es una concesión del capitalismo “bondadoso” (el del estado del bienestar de los años sesenta y setenta) a los movimientos sociales justo antes del triunfo arrollador del neoliberalismo y del capitalismo de la acumulación por desposesión (desde los años ochenta y hasta el momento actual). Este giro hacia un capitalismo salvaje, propio del neoliberalismo y de la globalización económica, deja sin margen de maniobra al modelo del desarrollo sostenible: queda entonces claro que dentro de estas nuevas coordenadas resulta muy difícil reformar el sistema (al respecto, es patente la incapacidad de las alternativas socialdemócratas, a las que asocio en gran medida la idea de sostenibilidad, para contrarrestar las tesis neoliberales). Son coordenadas en las que no tiene sentido hablar de “sostener” nuestra actual forma de vida en un contexto de cambio climático y agotamiento de la energía fósil (el decrecimiento ya está aquí) y con unas clases dirigentes dedicadas a la acumulación de los recursos menguantes (incluso con una violencia creciente) y sin ningún interés redistributivo.

De hecho, el discurso de la sostenibilidad, al ignorar el decrecimiento y el muy probable colapso del sistema capitalista, puede servir para enmascarar la cruda realidad en la que estamos, ofreciendo una falsa esperanza a al población sobre la posibilidad de reforma del sistema. En este contexto, pensamos que habría que plantear no tanto una educación para el desarrollo sostenible como una educación en y para el decrecimiento, es decir, debemos pensar en educar a las personas para adaptarse a un mundo con menos recursos y que esa adaptación no sea caótica sino ordenada y justa. Adaptación que supone primar, sobre todo, la construcción de modelos de organización social que optimicen el uso de los recursos menguantes, en la perspectiva de considerar el decrecimiento no como una “vuelta al pasado” sino como una oportunidad para el cambio social hacia una sociedad mejor (Latouche, 2012). En este marco, la concienciación y la educación de la ciudadanía no podría limitarse a la organización de campañas de persuasión, sino que habría que educar a las personas en la acción, creando redes que imbriquen el sistema educativo con las luchas de los movimientos sociales y con las experiencias locales propias de los movimientos de transición.

En segundo lugar, hay otro factor clave en el cambio del ideario colectivo: la superación de las barreras mentales que los sistemas de control social han creado en la mayoría de la población.

Parece claro que cualquier intervención educativa debe ajustarse a las características de los aprendices. De ahí, que resulte imprescindible conocer bien qué barreras u obstáculos, presentes en el conocimiento cotidiano, pueden dificultar un cambio de mentalidad de la población en relación con su mejor adaptación a una situación de decrecimiento. Claramente tenemos a una población socializada en la ideología neoliberal, una población alienada, que desconoce los riesgos asociados al choque de nuestra civilización industrial con los límites biofísicos, que mitifica la innovación tecnológica (que nos salvará siempre), que rechaza aquellos argumentos que provocan desasosiego e incertidumbre, o que acepta resignadamente un destino que considera inevitable (fatalismo, conformismo). Conviene analizar estos obstáculos, y buscar aquellas estrategias más adecuadas para superarlos.

Dos obstáculos fundamentales para el cambio son el negacionismo y el conformismo. Al respecto, hay dos mecanismos psicológicos que influyen: por una parte, cuando comparamos y evaluamos dos tipos de argumentos tendemos a aceptar mejor aquellos que nos crean menos desasosiego (disonancia cognitiva), sobre todo si dichos argumentos tranquilizadores son más abundantes y repetitivos (propaganda) aunque sean menos racionales. Por otra, si comprobamos en nuestra experiencia cotidiana que hagamos lo que hagamos siempre perdemos y nunca llegamos a controlar nuestra situación (lo que en psicología llamamos indefensión aprendida) nos volvemos fatalistas y conformistas y desconfiamos de nuestra capacidad de controlar el mundo (no merece la pena hacer nada).

Para superar estas barreras, y tal como hemos analizado anteriormente, habría que evitar un discurso basado en las ideas de catástrofe o de regresión. Precisamente el miedo puede servir tanto para provocar una reacción (y comprender un riesgo que no se veía como inmediato) como para inclinar la balanza, en el caso de la disonancia cognitiva, hacia los argumentos más tranquilizadores (esto no es verdad pues los ecologistas son unos catastrofistas, las nuevas tecnologías solucionarán el problema, ya inventarán algo que evitará el colapso …). Creo que en este caso lo emotivo juega en nuestra contra, y que lo que debemos hacer es apelar a la razón, aportando datos rigurosos y serios que ayuden a inclinar la balanza hacia la aceptación del decrecimiento y, sobre todo, aportando argumentos que den seguridad y tranquilidad y que den confianza en nuestra capacidad para cambiar las cosas; argumentos basados en la idea de que la variable clave no es el límite biofísico sino la respuesta social a dicho límite, de forma que adoptando determinadas modalidades de organización social (redes comunitarias coordinadas autónomas y autosuficientes, permacultura, complementariedad en vez de antagonismo …) más eficientes, podremos vivir mejor con menos (entender el decrecimiento como una oportunidad de mejora).

Y en esta lucha por racionalizar y complejizar nuestra percepción de los problemas del mundo es clave la revalorización de la ciencia. Como hemos apuntado más arriba, no podemos permitirnos renunciar a un conocimiento organizado que la humanidad ha ido construyendo en el tiempo y que es un instrumento imprescindible para solucionar problemas. Evidentemente rechazamos la instrumentalización de la ciencia por parte del capitalismo y creemos que habría que complementar las aportaciones de la ciencia  con las de otras formas de conocimiento, pero dado que no estamos en un debate de salón, sino ante una cuestión de supervivencia, cualquier hipótesis, cualquier propuesta de acción, deberá ser sometida siempre a una evaluación crítica, a la negociación de las “verdades” argumentada con evidencias empíricas, sin asumir dogmáticamente determinados postulados que podrían suponer nuestra extinción.  

Referencias

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Pensamientos de un catalán zombi a tres días del Referéndum

Ácratas - 28 September, 2017 - 13:28

Versión pequeña para usar en las papeletas del referéndum del 1-O
Hay que pasearse hoy por Cornella, Hospitalet, Badalona, Sant Boi, Viladecans, Gava, El Prat, y el resto del Cinturón Rojo para saber lo que es la Charnegada Zombi. Allí no está pasando nada. Trabajan los que tienen trabajo, vaguean los que no lo tienen, trapichean los camellos, descansan las putas y los funcionarios bostezan.

Un día como cualquier otro. Nada va con nosotros. Somos carne de cañón y lo sabemos. Eso sí, las iglesias están vacías. No van ni las viejas. Nadie.

¿Y el Referendo del 1-O?

Posibilidades: Pacto o Violencia.

La tercera vía, la judicial, es demasiado lenta. No sirve para nada. Y además, es una vergüenza que el Cobarde patológico --aka Rajoy-- delegue sus funciones de Poder Ejecutivo en el Poder Judicial. A ver, Rajoy, rata de cloaca, tienes unas leyes que cumplir y unas obligaciones. Y todos vemos claramente lo que vas a hacer: NADA, lo mismo que hiciste con el Prestige. No tomar ni una decisión. Y capear luego el temporal, confiando en que la mierda que eres flote.

¿Es la hora de la violencia? Pues seguramente debiera de serlo, vaya usted a saber. Pero lo que habrá, por decisión de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, es diálogo.

LOS CATALANES SEPARATISTAS GANAN. ESPAÑA, con todos sus españolitos dentro, PIERDE.

LOS ESPAÑOLES DE CATALUÑA SEGUIREMOS SIENDO ZOMBIS.

Habrá Referendo y luego Elecciones Autonómicas, que se tendrán por constituyentes.

Pero bueno, me pregunto, ¿a quiénes voy a votar en las próximas elecciones autonómicas constituyentes?

Mis intenciones: Dejar de ser un zombi. Votar a algún partido que represente mis intereses.

A ver: soy pobre, ateo y español de habla.

Borro, por lo tanto, a todos los partidos de derechas católicos: PP, Ciudadanos, PdeCat...

Borro a todos los partidos separatistas: CUP, ERC, Podemos (sí, también, lo siento... La Colau, que va para presidenta, no es equidistante, sino pro-referéndum, lo mismo que Pablemos)...

¿Me queda el PSC, que tuvo dos presidentes, uno de ellos de mi pueblo? Ni siquiera. Porque están "por el diálogo", me quieren zombi para siempre.

¡No tengo a quién votar! Por lo tanto, la Democracia NO ME SIRVE PARA NADA.

¿Democracia, decís, españoles de los cojones? ¡Anda y que primero os jodan a todos como a nosotros!

UN CATALÁN ZOMBI




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El Plan B: ¡Dios bendice el Referéndum!

Ácratas - 27 September, 2017 - 21:33


Por fin sabemos a qué se refería Puigdemont cuando aseguraba "El dia 1 d'octubre votarem, li agradi a l'Estat o no". A que, distribuidos por toda la geografía catalana, 380 templos, monasterios y conventos serán los centros de votación para el Referéndum de 1 de octubre. Los templos son santuarios, lo que significa que no pueden clausurarse ni impedir la entrada de fieles bajo ningún concepto, da igual si van a votar o si van a felársela al cura. Desde hace días, las mesas electorales, los censos, los ordenadores y las papeletas están en las sacristías y sótanos de esos centros de culto o retiro.

Consecuencias: El 1 de octubre se votará en Cataluña, peti qui peti. El gobierno de Rajoy se la va a envainar. Ha llegado tarde: debió haber detenido al Govern mucho antes. Cuando Puigdemont firmó las leyes de Referéndum y Transitoriedad. Pero Rajoy es una rata cobarde incapaz de mover un dedo y, mucho menos, de oponerse a la Iglesia.

Ya dijimos que, en el seno de la Iglesia, el Opus Dei era un enemigo a batir por su soberbia y sus injerencias en asuntos económicos que afectan a los intereses del Vaticano. El Gobierno tiene varios ministros del Opus. Los más inutiles, claro. El Gobierno del PP va a caer víctima de una merecida moción de censura si no convoca elecciones ya, pero ya.

Las derechas españolas son todas católicas. De modo que van a someterse al dictamen de la Iglesia. Y ésta ha dicho que, en Cataluña, se vota y punto pelota. Nos lo vamos a pasar muy bien viendo entrar a la extrema izquierda, a las feministas, a los gays y a los musulmanes a las iglesias, Jajajajajaja... Vamos a hacer muy buenas fotos.

El día 2 de octubre nadie, por traidor que haya sido a España, va a ser represaliado. Por eso se arriesgan tanto, porque saben que están bajo el paraguas de la Iglesia. A solicitar amparo fueron Puigdemont y Junqueras a Poblet y Montserrat respectivamente.

Puigdemont inmediatamente convocará elecciones autonómicas con un doble objetivo: Por la Ley Electoral española (nunca se cambió en Cataluña porque a CiU no le convino), se elegirán los señores diputats, que serán de mayoría independentista. Como referéndum encubierto, se contarán los votos de todos los partidos independentistas. Si el número de votos rebasa el 50%, en nuevo Parlament se autodeclarará constituyente.

La rata de Rajoy y su corte de funcionarios número uno de promoción, educados en el Colegio del Pilar y con carreras regaladas en la Universidad Pontificia, no tendrá más remedio que aprovechar el poco tirón que le queda entre los nacional-católicos para convocar ellos también elecciones generales anticipadas. Su promesa será destruir el independentismo. Pero ¿quién va a creerles? Ni los más tontucios.

¿Podrían ser activadas para las próximas autonómicas las masas de la chusma castellanoparlante del Área Motropolitana de Barcelona para vencer ese referéndum encubierto? Me refiero a esas masas que malviven hacinadas en Cornellá, Hospitalet, Sant Boi, Badalona, Badía, Viladecans, Martorell, etc. ¿Cómo, después de tantas traiciones del Estado Español, tras las cien veces que los ha vendido como esclavos a la Banda del Pinyol desde 1978?

Atentos, españolitos... ¡El cura trabucaire ya está aquí! ¡El Carlismo ha vuelto!


ÁCRATAS



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Modelo para recortar/Model per retallar

The Oil Crash - 21 September, 2017 - 17:56
Plaça de l'Ajuntament de Figueres, 20 de septiembre de 2017, 19:56

Queridos lectores,

Quería dedicar ésta y las próximas semanas a discutir toda suerte de temas centrados en la energía y en la educación, con varias contribuciones ajenas destacadas, pero la vorágine de las últimas horas en Cataluña me ha hecho desviarme de mi plan inicial. Querría ser capaz de aislarme del tumulto que me rodea y centrarme en los temas específicos de los que versa este blog, pero la degeneración de la situación en el lugar donde vivo y trabajo hace muy difícil mantener la cabeza serena; incluso, ponerse a discutir los temas menos locales y más trascendentes de los que nos solemos ocupar en esta esquinita de internet podría ser interpretado como una cierta frivolidad o, peor aún, voluntad de ninguneo de la agitación social que llega a todos los ámbitos de la vida cotidiana; pero, ¿cómo ignorar el eco de las sirenas de los coches policiales que ayer retumbaron incluso a través de las paredes de mi laboratorio?

Haré un breve resumen (obviamente personalmente sesgado pues resulta imposible de evitar tal sesgo) acerca de qué pasa y, más importante, de cómo hemos llegado hasta aquí. Creo que tal resumen es importante no sólo para mis lectores de allende nuestras fronteras, sino que quizá puede llegar a ser útil también para aquéllos de mis compatriotas que pudiera ser el caso que hayan perdido perspectiva de las cosas que han ido pasando durante estos años.

Ayer se plasmó de manera dolorosa la diferente concepción de lo que es un proceso político para el Govern de Catalunya y para el Gobierno de España: durante largas horas la Guardia Civil registró numerosas dependencias de la Generalitat de Catalunya y detuvo a catorce personas, la mayoría de las cuales eran altos cargos de la administración catalana. Como reacción a lo que consideran un atropello, miles de ciudadanos de Cataluña se lanzaron a las calles a protestar (mi instituto se quedó medio vacío), de manera mayoritariamente pacífica, delante de los lugares donde se estaban produciendo los registros y las detenciones. La razón de esta medida de tanta fuerza fue la orden del juez que investiga la comisión de delitos asociados a la preparación del referéndum convocado para el domingo 1 de octubre por la Generalitat al amparo de una ley aprobada por el Parlament de Catalunya, ley recurrida por el Gobierno de España delante del Tribunal Constitucional y que ahora mismo está suspendida. Basándose en esa suspensión cautelar, el Gobierno de España considera delictiva la convocatoria del referéndum, y ha dado instrucciones a la Fiscalía General y a los cuerpos policiales españoles para que tomen las medidas adecuadas para evitar ese referéndum, al tiempo que se ha querellado contra todo el Govern y unas cuantas personas más. Durante las últimas semanas se ha producido un goteo de registros y requisa de material propagandístico y de papeletas, que hasta ahora fue tomado a risa por el sector independentista de la ciudadanía, hasta que se produjeron el asalto a las dependencias de la Generalitat y las detenciones de ayer. Para el Govern de la Generalitat, ayer se traspasaron muchas líneas rojas, que le han servido para demostrar qué pueden esperar de una negociación con el Estado español.

¿Cómo se ha pasado del vodevil de los últimos años al drama actual? Y, más importante aún, ¿se puede evitar que el drama acabe en tragedia? No puedo entrar a resumir todo lo que ha pasado hasta ahora: el lector interesado en profundizar más sobre esto puede leer mi primera entrada sobre el puzzle catalán, de hace 5 años, cuando la olla independentista comenzaba a  hervir; o la que escribí hace 4 años (con una segunda entrada analizando la viabilidad económica de un nuevo estado desde el punto de vista del capital internacional), o la última, que data de hace 3 años (cuando se produjo la consulta alegal del 9N), aunque el tema de Cataluña sale una y otra vez en este blog, dado el interés que tiene para mi por ser el lugar donde vivo y también por ser un problema de primer orden en España. Déjenme que escoja una serie de hechos de todos esos posts que he mencionado más arriba para situar someramente la discusión actual, sin entrar en más detalles aquí.

Por un lado, sabemos que Convergència Democràtica de Catalunya, el partido conservador que ha gobernado la Generalitat durante casi tres décadas  (no seguidas), ha ido derivando hacia posturas cada vez más independentistas con el curso de los años. Es cierto que en un principio esta deriva fue una excusa para hacerse perdonar por los recortes sociales que implacablemente aplicó aquí, con verdadero convencimiento, la propia Convergència. Maniobra que ciertamente dió sus frutos, pues con la cada vez mayor deriva soberanista el rechazo por los recortes al estado del bienestar y también a los tremendos escándalos de corrupción de este partido han pasado a un segundo plano. Pero no es menos cierto que el soporte electoral de Convergència (ahora redenominado Partit Demòcrata Europeu Català, PDeCat, cambio de nombre que justamente se produjo para escapar de algunos de los escándalos de corrupción más graves y que afectaban a su cúpula y a la estructura misma del partido) se ha ido degradando y que en unas eventuales elecciones autonómicas sufriría una caída histórica. En su huida hacia adelante, los líderes de Convergència aka PDeCat se enrollaron en la bandera catalana y abrieron una caja de los truenos que llevaba muchos años cerrada y que ahora no pueden volver a clausurar. El ascenso de Carles Puigdemont, independentista convencido, a la presidencia de la Generalitat, aupado con los votos de los otros dos partidos independentistas, ERC y CUP, ha llevado al escenario actual de confrontación abierta con el Estado español, reclamando para la Generalitat una legitimidad de Estado soberano que justamente es lo que se tendría que discutir vía referéndum. Sin embargo, la coalición gobernante en la Generalitat, formada por el PDCat y ERC, ha tenido demasiada prisa por sacar adelante su proyecto de independencia porque sabían que la ciudadanía independentista no admitiría de grado una nueva dilación de plazos tras siete años de agitación popular continua, y porque además las encuestas muestran que el retroceso electoral que sufriría el PDCat pondría en cuestión la actual  hegemonía independentista en el Parlament. Básicamente, así lo comprendieron, era ahora o nunca y se han decidido por un ahora atropellado, lleno de errores de bulto, manipulaciones groseras y falta de respeto a los procedimientos que han hecho las delicias de sus oponentes.

Por el otro lado, tenemos a un Gobierno español regido por el conservador Partido Popular (PP), con Mariano Rajoy al frente, urgido también por sus muchas necesidades. Pues durante los últimos años se han destapado numerosísimos casos de corrupción que afectan a prácticamente toda su cúpula y que comprometen incluso el sistema de financiación del propio partido (situación muy análoga a la de Convergència). Además, la lenta pero progresiva degradación de su base electoral, unida a la actual fragmentación del parlamento español con la irrupción de fuerzas políticas de nuevo cuño, llevaron a una repetición de elecciones primero y a muy feas maniobras para evitar una segunda repetición electoral, incluyendo un tumultoso proceso dentro del progresista y opositor PSOE, que primero defenestró a su líder Pedro Sánchez para facilitar la constitución de un gobierno del PP por medio de la abstención, pero que luego se vio obligado a restaurar a Sánchez en su cargo por el apoyo indiscutible de las bases. En este momento el PP gobierna sin mayoría en el Parlamento español y con el otro gran partido, el PSOE, en una posición tibiamente hostil (ciertamente tibia, pues le está dando un apoyo "crítico" en su manera de encarar el desafío soberanista en Cataluña). Delante del que posiblemente sea el mayor reto institucional de España desde la restauración de la democracia hace 40 años, la actitud del Gobierno del PP ha sido la de dejar que sean los tribunales los que se encarguen de parar el proceso independentista, ya que obviamente la independencia de Cataluña no es legal de acuerdo con las leyes españolas. El problema es que los procedimientos judiciales, en un sistema garantista como el español, son en general demasiado lentos, y en todo caso muy lentos para detener lo que el Gobierno no quiere consentir de ningún modo, que es que llegue a producirse la votación el 1 de octubre que pudiera en cierta manera legitimar a los independentistas. Por ese motivo, a través de la Fiscalía y de instrucciones a los cuerpos de seguridad, el PP ha pretendido acelerar algunos procesos, llegando a las detenciones preventivas de ayer, muy discutibles desde un punto de vista legal. Pero no tiene muchos otros recursos: en repetidas ocasiones se ha dicho que el Gobierno de España podría aplicar el artículo 155 de la Constitución española, que permite suspender total o parcialmente una autonomía española, pero aunque el PP controla el Senado y podría hacerlo, se arriesgaría a sufrir una moción de censura en el Congreso (gracias a mi padre por la corrección). Así las cosas, el Gobierno de España prepara el desembarco de 4000 policías nacionales en Cataluña en los próximos días, con el cometido probable de intentar evitar físicamente que se produzca la votación y eventualmente detener a todo el Govern el día 2 de octubre (no antes, para evitar espolear a que más gente vaya a las urnas).

Hay una cosa un tanto extraña, visto desde una perspectiva europea, en este conflicto institucional, y es la falta de diálogo entre los partidos independentistas catalanes y los partidos españoles. Después de las múltiples demostraciones de fuerza en la calle durante los últimos cinco años y de los resultados en las últimas elecciones autonómicas en septiembre de 2015, en las que los partidos independentistas se presentaron con un programa explícito a favor de la independencia, es evidente que en la actualidad el independentismo catalán tiene un soporte social muy amplio, sin duda por encima del 40% de la población. Sin entrar en la discusión de si el independentismo es mayoritario o no en Cataluña, en cualquier otro país con mayor tradición democrática un porcentaje tan abultado y constatado de apoyo a esa causa forzaría a que se abriera un diálogo entre las dos partes, diálogo que concluiría con la celebración de un referéndum organizado y amparado por el Estado español, como así ha sucedido en tantos otros lugares. Un referéndum libre y transparente, en que las dos opciones podrían ser defendidas con amplitud y claridad. A fin de cuentas, desde el punto de vista de un demócrata no tendría demasiado sentido forzar a los habitantes de un territorio a pertenecer a un país si mayoritariamente no lo desean, pues en la concepción moderna de lo que debe ser un país es una asociación libre por el mutuo interés, no algo inmutable sino, por el contrario, algo negociable y revisable. Además, como demuestra la experiencia de otros países, si se discuten las cosas con serenidad lo más probable es que en tal referéndum el no a la independencia hubiera ganado, porque en todo el mundo occidental la población tiende a ser conservadora en sus elecciones y preferir la estabilidad de un status quo funcional que les garantiza pan y seguridad a una aventura de incierto futuro.

Sin embargo, en España existe aún una minoritaria pero masiva percepción esencialista que impide cualquier aproximación moderna y racional al problema, un esencialismo labrado tras largas décadas de dictadura y adoctrinamiento, y que ha conseguido pervivir, casi inconscientemente, y que es sustentado ahora por muchos que no vivieron esa dictadura. Un esencialismo según la cual España es una idea superior y trascendente que está por encima de las ideas y de las vidas de sus individuos: es el viejo adagio franquista de "España es una unidad de destino en lo universal". Una concepción trascendente de España es comparable con un sentimiento religioso exaltado, que no admite ni enmiendas ni discusión. A un fanático religioso no se le puede plantear la celebración de un referéndum para decidir si Dios existe o no; "¡Qué tontería!" - te diría - "Es obvio que Dios existe". Del mismo modo, al esencialista español no se le puede plantear la celebración de un referéndum para decidir la independencia de Cataluña, "¡Qué tontería! Si Cataluña es España". Desde esa perspectiva esencialista española, si fuera cierto que existiera una amplia mayoría de catalanes que quisiera la independencia de Cataluña sólo podría ser porque han sido abducidos, engañados o se les ha lavado el cerebro, con una actitud paternalista que considera a los otros equivocados porque uno conoce la verdad máxima, la cualidad trascendente de España, que no puede ser cuestionada y es la verdad siempre. Llevada al extremo, hay quien en un arrebato considera que, en vez de sentarse y dialogar para entender los argumentos del otro, considera que lo que tendría más sentido es echar a los catalanes al mar o incluso destruir Barcelona con un misil, cualquier cosa antes que aceptar que Cataluña y sus gentes simplemente siguieran su rumbo como un país diferente, cualquier cosa antes de aceptar que la actual configuración de España no es una verdad indiscutible sino una construcción humana y por tanto provisional y revisable. En vez de querer construir un espacio común de encuentro donde todos los que quieran se sientan incluidos, el esencialismo español se considera legitimado para imponer su verdad por la fuerza si ello fuera preciso. Y el problema aquí es que el PP (y una parte del PSOE) se arropa en el esencialismo español, igual que Convergència lo hace con la bandera catalana y con igual motivo de hacerse perdonar sus muchos pecados. Y al igual que a Convergència, es una estrategia que al PP le ha funcionado bien, incluso se podría decir que mejor que a sus homólogos catalanes.

Por supuesto la posición ultranacionalista que representa el esencialismo español no es fácilmente homologable al nivel de las democracias europeas, y para salvar la cara se usa un discurso poco inteligible con unos esquemas bastante rígidos para justificar su negativa a negociar con los independentistas catalanes. Desde el Gobierno de España se habla repetidamente de respetar la ley, pero sin tener en cuenta que lo que está en discusión no es la legalidad sino la legitimidad; y si bien los partidos independentistas catalanes no están legitimados para saltarse todas las leyes españolas a la torera y a su conveniencia, tampoco están los partidos españoles legitimados a ignorar la amplia base social que en Cataluña reclama un cambio de status quo, en un debate que podía y debía ser tratado desde las instancias españolas en vez de ser ninguneado. La clásica argumentación de que si lo que pretenden los catalanes es cambiar la Constitución española lo que deben hacer es conseguir el apoyo de una mayoría de dos tercios de las cámaras españolas es completamente tramposo y torticero, pues la población de Cataluña no representa dos tercios de la de España y desde el punto de vista de España la independencia de Cataluña no es interesante, confrontando de nuevo la legitimidad que es del pueblo español con la legitimidad que quiere ser del pueblo catalán. Dar vueltas sobre la legalidad española es absurdo e inútil porque la cuestión de fondo es si se debe considerar al pueblo catalán sujeto legítimo de derecho del modo que lo es el español, y sólo desde la grandeza de miras y un verdadero convencimiento democrático podrían los legítimos representantes del pueblo español aceptar discutir la eventual legitimidad de los representantes del pueblo catalán. Un pueblo catalán que por supuesto es diverso y en el que una parte importante del mismo no querría tal independencia y que también debe ser oído y respetado, como oído y respetado debe ser quien sí lo desea. Y al final de una larga negociación, encontrar una fórmula adecuada para dirimir el conflicto. Pero nada de eso está sobre la mesa, uno y otro bando sólo usa argumentos repetidos y cíclicos que usan la legalidad preferida como si fuera la vara de todo medir, ignorando cualquier legitimidad que no sea la propia.

El desastre que inevitablemente sobrevendrá el 2 de octubre abrirá un nuevo capítulo de este conflicto de legitimidades no reconocidas disfrazado de conflicto de legalidades. La frustración de un 2 de octubre que no se parecerá a lo que hubieran deseado, no por la falta de apoyo a la independencia sino por la imposición forzada de la españolidad, dejará profundas marcas en el independentismo catalán. Un independentismo que, con el devenir de los años, podría acabar incubando un esencialismo catalán parejo al español, esencialismo que por más que se empeñen en denunciar es todavía inexistente a una escala digna de ser apreciado, pero que eventualmente puede acabar sobreviniendo. Un esencialismo catalán que puede, como un agujero negro, ir absorbiendo razones y sumiendo a sus víctimas en el mismo tipo de negro no-razonamiento que demuestran quienes son presas del esencialismo español, que sólo busca la aniquilación del disidente. Y es que por desgracia la radicalidad es un pozo del que resulta muy difícil salir.

Yo hace años que vivo aquí, y he aprendido a amar a esta gente y a esta cultura que generosamente me  acogió. Veo con inmensa preocupación la lenta pero inexorable deriva hacia la radicalidad de familiares y de gente a los que llamo amigos y a los que quiero, a ambos lados de la frontera. Estos días de mierda en los que ahora estamos sumidos nos llevan a razonamientos de mierda y a discusiones de mierda de donde, lógicamente, sólo podemos salir cubiertos de mierda. Me comentaba hoy mismo un compañero que ha tenido que salirse de 4 grupos de whatsapp porque ya no lo soportaba. Los que no somos de aquí pero vivimos aquí teniendo muchos vínculos allá recibimos muchos mensajes de gente a la que parecería que ya no conocemos, en las que al final nos reprochan nuestra falta de adhesión a una de las dos causas.

¿Qué espacio nos queda a los de la equidistancia imposible, a los que no queremos vernos envueltos en ningún esencialismo irracional, a los que creemos que hay otros muchos problemas de mucho calado que necesitan ser abordados? ¿Con qué ley seremos juzgados los que no queremos la independencia de Cataluña pero comprendemos a aquéllos que sí la desean? ¿Qué veredicto merecemos los que pensamos que el estado español es profundamente corrupto y decadente, y necesita reformas urgentes que no han querido ser abordadas en tantas décadas por culpa tanto de los dirigentes españoles como de los catalanes? ¿Qué pena se nos reserva a los que amamos a gente que se odia por su defensa encarnizada de entes abstractos?

Una vez más, nuestra dificultad para reconocer el colapso nos lleva a él de manera irremediable. Mientras los que dicen dirigirnos se abocan a una lucha terrible que las masas convencidas jalean, se acerca una nueva recesión económica, los problemas de disponibilidad de recursos están a la vuelta de la esquina, la degradación ambiental no puede esperar más a ser tratada y comienzan a sonar, aún poco audibles, los tambores para las próximas guerras por los recursos. Hablar de todo ello en este momento se considera una frivolidad, una distracción, cuando la verdadera distracción es esta lucha fratricida mientras se nos echa encima la oscura noche.


Salu2,
AMT
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Sucedió en el Parlament

The Oil Crash - 12 September, 2017 - 08:04


Queridos lectores,

Durante la última semana, España ha vivido un choque institucional sin precedentes. Lo que muchos creían que nunca llegaría a ocurrir, al final ha ocurrido. No me entretendré con los detalles: los lectores que viven en España los conocen probablemente hasta el hastío, y para los que viven fuera baste decir que la mayoría parlamentaria independentista en el Parlament de Catalunya ha conseguido aprobar las leyes para convocar el referéndum el 1 de octubre y la eventual creación de una república catalana. Por supuesto que estas leyes se atribuyen a sí mismas un rango superior a las españolas, cosa que obviamente las instituciones españolas no pueden aceptar, con lo que el choque institucional y de legitimidades es intenso en este momento.

Al margen del devenir de este nuevo capítulo de la deriva soberanista catalana (el cual obviamente acabará sin la proclamación de la república catalana en este momento, pero también de manera obvia incrementará la presión independentista de cara al futuro), en medio de este maremágnum se ha producido un episodio insólito y de gran significado: en nombre de la Candidatura d'Unitat Popular, CUP (movimiento autodeclarado anticapitalista e independentista, que da apoyo a la mayoría gobernante en Cataluña), el diputado Sergi Saladié (que es profesor universitario cuando no está en el Parlament) presentó una interpelación sobre el decrecimiento al vicepresidente y responsable de economía de la Generalitat, Sr. Oriol Junqueras, a la sazón presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, ERC. Es la primera vez que una moción de cualquier tipo en ese sentido se discute en un parlamento nacional en España, y por ello mismo se trata de un evento importantísimo.

Contexto

La presentación de esta interpelación motivó una entrevista a Sergi Saladié que Manuel Casal publicó en 15/15\15 (de donde sin pudor he tomado prestada la "estelada decrecentista" que abre este post). La entrevista ya es bastante elocuente sobre las propias disensiones y divergencias dentro de la CUP, que deja claro que el sacar adelante esta interpelación viene más del empeño de Sergi y de algunas personas que le apoyan que de un sentimiento mayoritario en la CUP. Con todo, marca un gran e importante precedente. Como también lo marca la respuesta que Oriol Junqueras le da a la dicha interpelación.

Conviene recordar que ERC es un partido que conoce bien lo que es el peak oil y los límites del crecimiento: su anterior presidente, Joan Puigcercós, habló abiertamente del tema en alguna ocasión y notablemente en un programa de la televisión autonómica, y en esta legislatura la portavoz de ERC, Marta Rovira, hizo mención explícita al peak oil durante el fallido debate de investidura de Artur Mas. Así que resulta especialmente oportuno analizar la discusión que se establece entre Sergi Saladié y Oriol Junqueras a raíz de esta interpelación. Les hago un resumen de la misma antes de analizar los aspectos más destacados.

La interpelación y sus réplicas

Sergi Saladié pone la interpelación (ver vídeo) en el contexto del proceso constituyente de la nueva república, explica que por decrecimiento se entiende un proceso ordenado de reducción de actividad y consumo, y que de acuerdo con muchos indicadores ya estamos en un proceso de decrecimiento, pero no ordenado. Menciona que los recursos son limitados y que la capacidad de absorción de residuos también es limitada, mientras que el capitalismo alimenta el mito del crecimiento infinito. Explica que la huella ecológica de Cataluña es de 6,7 veces mayor que su territorio y que para ello se apropia de los recursos de otros países. Más tarde recuerda que la propia Agencia Internacional de la Energía reconoció el peak oil del crudo convencional en 2010, y que desde entonces se han propuesto muchas falsas soluciones a este problema, introduciendo nuevos hidrocarburos líquidos de baja calidad y alto coste, lo que ha llevado a la ruina a muchas empresas, y que ahora mismo las compañías petroleras están desinvirtiendo de manera salvaje. Y que además lo mismo pasa o pasará pronto con carbón, uranio y gas. Añade que algunos economistas llevan tiempo avisando que estos cenits nos llevan a una crisis económica indefinida (menciona a James Hamilton). Acaba pidiendo una reflexión para hacer frente a estas realidades.

Contesta Oriol Junqueras (ver vídeo). Comienza su intervención agradeciendo la oportunidad de hablar de estos temas en el Parlament (como si alguien se lo hubiera impedido hasta entonces, por otro lado). A continuación, discute sobre qué significa decrecimiento, si en general o si respecto al punto de vista económico, y dice que respecto al uso de recursos naturales seguramente está muy de acuerdo con Saladié (dejando implícito que por la parte económica no lo están) e incidiendo en que la solución es la mejora en la eficiencia y mejor uso de los recursos para disminuir su uso. Después habla de lo que significa decrecimiento económico y dice que sobre eso no están tan de acuerdo, ya que el crecimiento es importante para crear empleo y para sostener fiscalmente el estado del bienestar, y que por eso el crecimiento económico es un objetivo destacado. Después, se va a los buenos datos económicos actuales de Cataluña (como si eso demostrara algo respecto a lo que se discute). Con respecto a la huella ecológica, se pierde en una revisión histórica de qué población ha soportado Cataluña, sin duda malinterpretando el término al centrarse en la cantidad de tierras agrícolas necesitadas, y que eso también ha llevado a la catalana a ser una economía abierta. Según Junqueras, el desarrollo tecnológico ha posibilitado acceder a recursos que de otro modo se considerarían agotados, y por eso, el peak oil es un punto cuya ubicación temporal es un tanto difusa pues depende de la tecnología y del precio, y la rivalidad de diversas formas de producción lo hace más difuso todavía, todo ello sin negar que el problema de la sostenibilidad es muy serio. Después se va por una discusión sobre los incrementos de productividad de la economía catalana, mejor que la de los países del entorno, aunque eso no le quita importancia a la necesidad de disminuir el uso de recursos, aunque aquí de nuevo vuelve a confiar en la mejora tecnología. Finalmente, acaba con una breve discusión sobre la evolución del concepto de propiedad en el contexto del capitalismo y su evolución histórica, que promete desarrollar en su contrarréplica.

Replica Sergi Saladié (ver vídeo). Recuerda el estudio de los límites del crecimiento y cómo éste anticipa un colapso a mediados del siglo XXI si no se reacciona. Recuerda que el colapso conocido de las 26 civilizaciones anteriores a la nuestra, citando el libro de Jared Diamond. Según explica, en los cinco casos que Jared Diamond comenta en su libro "Colapso", el colapso se suele producir por una combinación de degradación ambiental y de escasez de recursos, y que, a diferencia de lo que ha pasado históricamente, en este caso estaríamos a punto de enfrentarnos a un colapso a escala global, por lo que sería importante incrementar la resiliencia del territorio. Justamente por eso, comenta, serían necesarios unos cambios radicales, en energía, urbanismo, alimentación y, mas importante aún, en valores sociales, y que este cambio es además urgente y sería comparable al establecimiento de una economía de guerra puesto que, de hecho, estamos en una guerra contra nuestra propia extinción. Justifica la oportunidad de introducir este debate ahora dado el momento ilusionante de la construcción de la nueva república, y por tanto qué mejor ocasión para plantear la cuestión del decrecimiento, puesto que es muy importante y no una excentricidad. Finaliza preguntando si el Govern contempla o ha contemplado medidas para favorecer la soberanía alimentaria y energética.

La réplica final le corresponde a Junqueras (ver vídeo). Contesta, dice, desde la perspectiva del Departamento de Economía y Hacienda, y afirma que cuanto más alta sea la productividad de los factores de producción más sostenible es esta producción, y que la clave es la tecnología. Recuerda que Cataluña tiene recursos donde tiene limitaciones (enfatiza el caso del agua pero sabe que hay otros) y que es necesario actuar. Acepta que ha habido colapsos de civilizaciones (él dice "sistemas económicos") muy completos, pero pone el acento en la cuestión ambiental, centrándose solamente en el cambio climático. Dice que su actuación se centra en favorecer la producción de productos de alto valor añadido, lo que, según Junqueras, da más resiliencia; y recuerda que en Cataluña se ha aprobado una ley del cambio climático. Pero recuerda también que el problema del cambio climático excede los límites de Cataluña. Concluye afirmando que se queda a la espera de las propuestas de la moción concreta que seguirá a esta interpelación, con medidas específicas en los ámbitos de energía, alimentación, agua, etc, que seguramente podrán ser incorporadas legislativamente.

Análisis del debate
 

La intervención de Sergi Saladié es muy centrada y da bastantes datos, a pesar del escaso tiempo disponible para discutir algo tan importante. La contextualización es completamente correcta, y quizá lo único que le habría faltado, por buscarle una pega, sería centrarlo más específicamente en las consecuencias negativas que comportarían para Cataluña la típica respuesta continuista y las falsas soluciones que propone Junqueras.

Me detendré mucho más a analizar las respuestas de Oriol Junqueras, por supuesto, por un doble motivo: primero, porque representa al Govern y particularmente en su cartera económica, pero segundo, porque Oriol Junqueras es una persona inteligente, bien formada y que milita en un partido de izquierdas que, además, es muy consciente de estos problemas como comentamos más arriba. Por tanto, resulta especialmente interesante comprender los argumentos que usa Junqueras para, básicamente, seguir sin hacer nada; en suma, quiero comprender cuáles son los asideros mentales que está usando para aliviar el peso de su conciencia y no caer en las consecuencias lógicas de lo que estamos hablando. Y quiero identificar esos asideros para poder destruirlos y hacerle más difícil evadirse de su responsabilidad la próxima vez.

El primer argumento de Junqueras es un error lógico de la máxima categoría. Afirmar que el crecimiento económico es necesario para la creación de empleo y la sostenibilidad fiscal del estado del bienestar es una tautología, en tanto que uno añada una necesaria coletilla "en el contexto de nuestras democracias liberales capitalistas". Sin entrar a la cuestión de si ésa es el mejor o único tipo de organización social, el argumento de Junqueras es completamente ocioso: lo que plantea Saladié es que será físicamente imposible continuar con el crecimiento, da igual si eso nos gusta o no, si nos conviene o no nos conviene. En ese contexto, decir que necesitamos el crecimiento si queremos tener empleo, estado del bienestar y, en suma, paz social, es reconocer que no hacer frente a la imposibilidad física de volver a crecer implica que deberíamos de cambiar nuestra organización social porque si no tendremos tasas de desempleo enormes, se hundiría el estado del bienestar y, en suma, caeríamos en el conflicto social abierto.

Junqueras, naturalmente, es perfectamente consciente de este non sequitur  (que para él sea necesario el crecimiento no implica que pueda asegurar que habrá crecimiento) y para eso recurre al argumento principal y recurrente de todo su razonamiento: el tecnooptimismo (mejor sería denominarlo "tecnofé") en diversas variantes. Antes de entrar en la discusión de los diversos argumentos tecnooptimistas que usa Junqueras, convendría hacer una consideración de carácter general. Delante de un problema de la gravedad del que se está discutiendo (gravedad aceptada y reconocida en este caso por el señor Junqueras), el peso central de su réplica es que no podemos descartar que el progreso tecnológico mejore la situación. Es decir, que la cosa está complicada pero con un poco de suerte la tecnología nos salvará. Convendrá el Sr. Junqueras que tal actitud es completamente irresponsable e inaceptable en la gestión pública, porque si efectivamente se produce el milagro pues todo va bien, pero como no se produzca se nos aboca al desastre. Por ello mismo, resulta mucho más prudente y aceptable desde el punto de vista de la responsabilidad de los gestores ser mucho más conservador, contar con aquello que de momento se tiene y adaptar las políticas y estrategias a eso; y si posteriormente se producen avances rupturistas será en aquel momento que se podrán relajar adecuadamente las políticas. En suma, es una variante del principio de precaución, tantas veces invocado y otras tantas ignorado cuando se habla del cambio climático. No es sorprendente, como en el caso del cambio climático, que se eluda aplicar el principio de precaución por no poner en riesgo el BAU, puesto que la único que realmente le importa a los responsables políticos es el crecimiento económico por el crecimiento económico, a pesar de que éste está tocado de muerte, si no definitivamente muerto.

La primera referencia a la tecnología que hace Junqueras tiene que ver con la mejora en eficiencia en los procesos productivos y es una loa más o menos clara a la desmaterialización de la economía. Parece creer Junqueras que uno puede reducir la base material y energética de la economía, al tiempo que crece el PIB. Tal suposición es una falacia desmentida tanto por la Historia como por los análisis econométricos: el 70% del crecimiento del PIB responde al uso de la energía, y los tan cacareados ejemplos de mejora de intensidad energética muestran justamente lo contrario de lo que se pretende demostrar, y es que la economía no se desmaterializa en absoluto (quizá a Junqueras le vendría bien leer las actas del encuentro del físico finito con el economista exponencial). En todo caso, al señor Junqueras le convendría revisar las bases teóricas y conceptuales en las que basa su discurso, porque se está tragando como un bendito enormes falacias completamente desmentidas por los datos reales.

En la misma línea, parece creer Junqueras, sin llegar a decir explícitamente a qué se refiere, que la tecnología da acceso a nuevos recursos antes desdeñados. El único ejemplo a gran escala de ese pretendido cambio en los últimos años corresponde a la explotación del petróleo de fracking en los EE.UU., un negocio que, como Saladié le explica en su primera intervención, está llevando a muchas empresas a la ruina y cuya viabilidad es imposible, no siendo una cuestión de precio. Se ve que Junqueras ha aceptado el discurso infantil y simplista de tantos expertos despistados y no comprende que la dinámica del precio en una situación de escasez como la actual es la de la alta volatilidad y de los ciclos de destrucción de oferta y demanda conocidos como "la espiral". Resulta tristemente patético que Junqueras vea la cuestión del peak oil como una cuestión de precios, y que éstos responde actualmente a una dinámica de rivalidad, aceptando la explicación repetida en la prensa salmón española de que todo está en una lucha de precios entre la OPEP y los EE.UU., con el fracking como punta de lanza. Resultaría muy conveniente que el señor Junqueras ampliara su abanico de lecturas e hiciera caso a lo que le explica Sergi Saladié en su primera intervención, quien le comenta que la enorme caída de la inversión del conjunto mundial de las empresas petroleras, por tal de evitar la bancarrota, está llevando a una caída escalofriante de la inversión en nuevos yacimientos que nos condena a sufrir un nuevo pico de precios del petróleo, probablemente antes del fin de 2018, como alertaba el banco HSBC en diciembre de 2016 o la propia Agencia Internacional de la Energía en marzo de este mismo año, aunque ya se indicaba en el informe anual de 2016 (referencias de más enjundia y más acreditadas que las que debe leer Junqueras o sus asesores).

Por otro lado, el Sr. Junqueras cree que si la economía catalana se centra en sectores de mayor valor añadido deviene, de manera natural, más resiliente, cuando es justamente todo lo contrario: los productos de mayor valor añadido son los de mayor complejidad tecnológica, mientras que los servicios de mayor valor añadido son los del sector cuaternario (servicios a servicios, destacando, por su alto valor añadido, los del sector financiero). Ambos sectores son tremendamente vulnerables a los problemas de escasez de recursos: el tecnológico, porque dependen de materiales escasos que necesitan una gran cantidad de energía para su producción; y el sector de servicios, porque su pujanza está condicionada por la disponibilidad de renta de las clases medias (el caso más evidente es el del turismo, principal sector económico de Cataluña) pero ésta está en compromiso por culpa de la imparable devaluación interna que causa la escasez de recursos y la caída de amplios estratos de la población en La Gran Exclusión. De hecho, esa focalización de la economía catalana lo que la vuelve es más frágil, que es lo contrario de ser más resiliente, pero como el Sr. Junqueras está deslumbrado por la buena evolución actual de la economía catalana es incapaz de ver el muro que tiene en frente. Las continuas loas a la mejora tecnológica y la mayor eficiencia en el uso de recursos ignora, recurrentemente, tanto la paradoja de Jevons como que la tecnología no es energía, e implica que el Sr. Junqueras tiene una paupérrima comprensión de cuál ha sido el impulsor real de las pasadas revoluciones industriales.

Por terminar, vale la pena comentar que el tema del cambio climático es también tratado con excesiva ligereza por parte del vicepresident del Govern de la Generalitat. Dada la urgencia del desafío y la gravedad del mismo, es poco aceptable la dilución de la propia responsabilidad del la que hace gala cuando comenta que es un problema que excede el ámbito de Cataluña (si todos los países dijeran lo mismo nadie haría nada). Por otro lado, el cambio climático es sólo uno más de los problemas ambientales a los que hacemos frente; existen muchos otros, generalmente de ámbito completamente local y muchos de ellos que suceden en Cataluña, sobre los que se tendría que actuar y que no se hace absolutamente nada. 


Conclusión:

Las respuestas del Sr. Junqueras a la interpelación del Sr. Saladié han sido realmente pobres y no están mínimamente a la altura de una persona de su formación y experiencia. Si el vicepresident realmente cree en los argumentos que ha dado, es su obligación informarse mejor, particularmente sobre lo que está pasando con la energía a escala mundial y ser capaz de leer otros textos que no las banalidades infundadas que publica la prensa local. Y si realmente se da cuenta de que las cosas no son de esa manera, tiene que entender que ya no queda tiempo para contemporizar con tal de caerle bien al poder económico; estamos ya en la era de las consecuencias y cada mes, cada semana e incluso cada día que perdemos nos aboca a un cambio de consecuencias desastrosas, y la responsabilidad sobre lo que pueda suceder recae especialmente sobre él, puesto que él comprendía y sabía de qué se estaba hablando. Si el año que viene entramos en una nueva oleada recesiva global y Cataluña la encara en peores condiciones de lo que podría será por su culpa principalmente.

Pero la discusión sobre el decrecimiento, crucial en el momento que nos encontramos, ha quedado completamente eclipsada en medio del torbellino informativo que ha supuesto la tensa y caótica aprobación de las leyes catalanas del referéndum y la desconexión. Pues tal y como comentábamos, los conflictos del día a día nos impiden ver y comprender el proceso que seguimos, hasta hacernos incapaces de reconocer el colapso.

Salu2,
AMT
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PP y CiU bailan el corro de la patata

Ácratas - 11 September, 2017 - 13:14






Dos bandas de delincuentes fascistas, PP y CiU, protagonistas culpables de cientos de casos de corrupción, fingen ambos que se enfrentan a muerte hoy a causa de las reivindicaciones soberanistas del "pueblo catalán". El pueblo catalán es una versión edulcorada del pueblo elegido, no incluye a los españoles residentes en Cataluña, como no se incluye a los palestinos en Israel.

Con un tipejo como Mariano Rajoy al frente de una de esas bandas, prolongación del franquismo nacional católico, un miserable que perjura en los tribunales, y con otro infrahombre como Jordi Pujol al frente de la otra --las 300 familias del Pinyol--, banda explotadora de inmigrantes desde el siglo XIX; un hijo de puta que ha saqueado personalmente las arcas públicas al frente de la Generalitat durante un cuarto de siglo, igual que saqueó la Banca Catalana cuando pasó por ella.

Los únicos que se toman en serio esta mierda de obra teatral --o lo fingen-- son las clases dominantes y privilegiadas de toda España, Cataluña incluida. El resto de los españoles y de los inmigrantes --la opinión pública--, haciendo honor a su insensibilidad a todo lo que no les concierne directamente, pasan de todo o se limitan a gastar bromas. A pesar de que los medios, amplificadores de las mentiras dirigidas a las masas, están empleándose a fondo, dedicando miles de horas al show, sin otro efecto que el de hacer el ridículo. Banda de camellos vendidos al capital, como siempre. ¡Es que no hay tema!

Si hubiera tema, a la mafia catalana le bastaría, para lograr la república, pedir al pueblo catalán que dejara de pagar impuestos a la hacienda española, asegu?andole que le quedarán perdonados en la nueva república catalana. Eso sí que sería revolucionario, en lugar de apoyar al PP en sus políticas de recortes. En vez de eso, la Generalitat gasta mucho dinero en hacer castillos humanos y en organizar manifestaciones cívicas en las que se ondeen esteladas postizas de blanco sobre azulón.

Os vamos a explicar lo que va a pasar sí o sí. El tonto de Puigdemont será encausado, junto con el resto de imbéciles y aprovechados que se han subido al carro de las instituciones de la Generalitat sin pensar ni un instante lo que sería lógico pensar: "¿Cómo es posible que este asiento estuviera vacío y que me dejaran ocuparlo a mí, con lo inútil que soy?" Y el partido llamado PdeCat, que es CiU con el nombre cambiado para paliar sus connotaciones alibabescas, convocará elecciones autonómicas enseguida y volverá a conseguir los 70 diputados que necesita para restablecer el régimen de depredación presupuestaria que desean los 300 del Pinyol para ser felices.

Solución pactada entre PP y CiU: "Repartámonos la pasta y los cargos: sigamos robando todos los derechones de esta Gran Puta que es España".

Hay que ver lo claro que lo tenemos los españoles residentes en Cataluña, completamente jodidos desde siempre, sin oportunidades frente a los catalanes, incluso bajo el franquismo. No os cuento desde el mismo putísimo día en que se aprobó la Constitución del 78.

¡Cuánta miseria humana y cuánto hijo de puta hay en España cobrando de los presupuestos generales y particulares del Estado! ¡Y menuda mierda de estado que tiene España, en perpetua descomposición!

ACRATAS


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Vidas low cost

The Oil Crash - 29 August, 2017 - 07:56

Queridos lectores,

Hace ahora poco más de diez días la sociedad catalana y la española quedaron conmocionadas por el atentado cometido por un fanático, armado con una simple furgoneta, en plenas Ramblas de Barcelona. Un chico muy joven entró en la zona peatonal de la concurrida calle turística de la Ciudad Condal y atropelló a más de un centenar de personas, dejando malheridas a varias decenas y matando a 14 de ellas. Después, se dio a la fuga, robando un coche (previo asesinato de su conductor) y consiguió escapar del cerco que prácticamente de inmediato cayó sobre Barcelona. Pocas horas después, unos compañeros suyos intentaron sembrar el terror en el paseo marítimo de Cambrils pero fueron interceptados letalmente por la policía autonómica catalana, los Mossos d'Esquadra, aunque tuvieron la ocasión de matar a otra persona más. Cuatro días más tarde, los Mossos consiguieron dar con el conductor de la furgoneta en un pueblo al sur de Barcelona y lo abatieron. 

Durante esos cuatro días, las pesquisas policiales fueron frenéticas, y gracias a ellas la policía fue capaz de averiguar muy rápidamente que una célula radical, formada por una decena de jóvenes comandada por un imam fanatizado, eran los responsables de los atentados. Casi todos los participantes de esa célula están ahora muertos, y quedan un par de detenidos, a partir de los cuales se intentará reconstruir todos los pasos que dieron los implicados durante los meses y años precedentes al momento de los atentados. Sin embargo, hay un escaso interés en comprender las causas finales (más allá de asumir una maldad sin límites en estas personas) que les llevaron a cometer estas atrocidades, con un absoluto desprecio no sólo a las vidas ajenas sino incluso a las suyas propias.

Se puede caer en el simplismo de creer que todo es debido al perverso proceso de lavado de cerebro y fanatización al que les sometió el imam radical, pero eso implicaría ignorar un hecho fundamental: no todo el mundo es susceptible de abrazar una visión tan radical y con tal desprecio a la vida humana; los más de dos millones de musulmanes que viven en España, obviamente, ni comparten ni aceptan las atrocidades cometidas por estos energúmenos que dicen ampararse en una visión peculiar y muy sectaria del islam. Para que estos jóvenes fueran proclives a aceptar la visión maniquea y radical con la que el imam les hizo mirar el mundo que les rodea era preciso que ellos mismos fueran gente desarraigada, con poco futuro dentro de nuestra opulenta sociedad y a un paso de la marginación y la pobreza. El imam les dio la oportunidad de volver a ser protagonistas de su vida: en vez de tener que aceptar el relato de la Gran Exclusión a la que todos estamos abocados, tenían la quimérica posibilidad de ser los héroes, a los que al final su sociedad recordaría con orgullo.

Los implicados llevaban cinturones explosivos simulados para asegurarse de que, si se enfrentaban a la policía, ésta se viera obligada a matarlos inmediatamente ante el riesgo de que los activaran. Esto demuestra que le concedían un nulo valor a su propia vida, que la meta que pretendían alcanzar era más importante que su mera existencia física. Como en las épocas más oscuras de la Historia de la Humanidad, el valor de la vida humana se vuelve completamente despreciable en el altar de las ideas totalitarias y salvajes.

Una de las cosas que resultan más chocantes de estos sucesos es la rapidez con la que las investigaciones consiguieron descubrir quién estaba implicado y qué medios habían usado. La razón principal de esta celeridad es la gran cantidad de pruebas que se encontraron en una vivienda de la localidad de Alcanar, al sur de Barcelona, que había explotado justamente la noche anterior. Por lo que se ha sabido, fue precisamente esta explosión accidental lo que precipitó los atentados. Los terroristas estaban preparando una gran cantidad de explosivos que querían cargar en tres furgonetas para cometer tres atentados simultáneos aún más mortíferos, pero su escasa formación en la elaboración y manipulación de explosivos llevó a la deflagración, que mató a varios de los miembros de la célula. Los explosivos se habían elaborado con productos químicos relativamente comunes y sencillos de obtener, aunque muy inestables y poco aconsejables para ningún uso. Pero esta decena de radicales no tenían la formación mínima para trabajar con los explosivos. El atropello múltiple de las Ramblas fue una respuesta torpe y chapucera a la explosión de Alcanar, sabiendo que la policía encontraría rápidamente muchos indicios incriminatorios contra ellos, incluyendo documentación personal que les implicaba (no sólo documentos de identidad, sino también contratos de alquiler y comprobantes de compra de diversos objetos). 

Ésta es una de las características notables de los atentados de Barcelona y Cambrils: no sólo fueron baratos, sino que además fueron chapuceros. La guerra civil de baja intensidad que progresivamente se va extendiendo por todo el mundo tiene dos bandos completamente asimétricos: uno que cuenta con fuerzas de seguridad competentes, armadas y entrenadas, y otro que cuenta con individuos excluidos, fanatizados, ignorantes, mal pertrechados y chapuceros. En la guerra silenciosa que se libra en el mundo, estos marginales optaron por la única cosa que podían, por un atentado low cost, usando como armas herramientas de trabajo comunes, básicamente una furgoneta y cuchillos de cocina. Y la determinación de matar y ser matados.

Poco tiempo ha hecho falta para que nuestros fanáticos "de aquí" hayan comenzado a vociferar, clamando que ésta es una guerra entre la cultura occidental y la árabe, entre la religión cristiana y la musulmana, entre nuestra civilización y "la de ellos". Por supuesto, tales afirmaciones no resisten el más mínimo análisis crítico. Las repetidas muestras públicas de condena de la comunidad musulmana nacional e internacional muestran que la mayoría de los musulmanes se sienten horrorizados por la barbarie, demostrando que la de estos bárbaros no es una visión representativa del islam. Se ningunea el hecho, también, de que año tras año más del 90% de los atentados, y más del 95% de las víctimas, de atentados extremistas tienen lugar en países de mayoría musulmana y los que los sufren son, en una amplia mayoría, árabes y/o musulmanes, lo cual sería contradictorio con la visión de choque de culturas, de religiones o de civilizaciones. Pero los hechos le son igual al radicalismo fascistoide que se reivindica como "100% español". En su simplismo totalitario, el radicalismo identitario español considera que un español no puede ser de raza árabe o de religión musulmana, ignorando toda una fracción de nuestra sociedad que son españoles (y no son ninguna otra cosa) y pertenecen a esa raza y/o a esa religión, y a los cuales nuestra Constitución ampara como ampara a cualquier otro español de cualquier otra extracción. Aún cuando la mayoría entiende más o menos esta realidad, el radicalismo identitario español va cuajando entre las clases medias cada vez más depauperadas, cada vez más amedrentadas porque comienzan a entender que de esta crisis no saldremos nunca y que el único destino que se les prepara desde el BAU es La Gran Exclusión. Que en el plan general al que nos aboca nuestra inevitable declive energético, y por tanto material y económico, es al de que nuestras vidas no valgan más que la de los fanáticos de las Ramblas de Barcelona, que sean también vidas low cost como las de ellos, vidas que se pueden sacrificar y aplastar impunemente. Ese miedo a perder nuestro status, nuestra seguridad occidental, nos lleva directamente a la rabia. Una rabia que, como la Historia demuestra, es una pésima consejera y que hace que poco a poco vaya calando la explicación simplista, la que elude nuestra propia responsabilidad, la del radicalismo fascista emergente que podría acabar cogiendo fuerza, y que no es mejor que la de los fanáticos que se creen luchando en una Guerra Santa o Yihad pero que no son más que unos imbéciles de la peor y más canalla especie.

Los asesinos de las Ramblas y de Cambrils no podían estar más equivocados en el método escogido para luchar contra las injusticias del mundo, pero conocían bien y apuntaban certeramente a su objetivo. España, como Estado-nación, no es una institución inocente de la desgracia que sufren los países ricos en recursos naturales (y pobres en todo lo demás), recursos que Europa ambiciona en su loca huida hacia adelante. De acuerdo con el Ministerio de Defensa español, España mantiene actualmente 17 misiones militares en el extranjero que movilizan a más de 2.400 soldados, y en las que España generalmente participa como parte de algún contingente europeo. Muchas de estas misiones tiene como propósito velar por el mantenimiento de algún precario alto el fuego o la distribución de ayuda humanitaria, pero alguna de ellas tienen una justificación o un contexto algo menos respetable (por ejemplo, la cobertura en Malí que da actualmente España a Francia en su guerra por el control del uranio de Níger). Son estas misiones militares, y otras muchas desarrolladas en el pasado, las que consolidan en el delirante imaginario extremista la estampa de una España imperialista y belicosa (al que se añade, en algunos casos, el aún más rocambolesco y alucinado sueño de "recuperar Al-Andalus"). Es por eso que, una vez identificada España como enemigo a combatir, los terroristas han intentando atacar al corazón económico del país, el turismo, y por ello no es casual que hayan atacado la calle más turística de la ciudad española más conocida en el extranjero, Barcelona, que es a la sazón es el destino turístico internacional más importante de España. El sentido de la lucha que plantean los extremistas es aberrante y los métodos son chapuceros e inefectivos a sus pretendidos fines, pero el objetivo está claro y correctamente identificado. Eso hace temer que futuros ataques intenten incidir en el mismo tipo de blanco, que tiene la ventaja de ser más vulnerable que cualquier otro sector. Porque las víctimas de este atentado son gentes de esa clase media occidental que se resiste a desaparecer, que simplemente disfrutaban de un paseo en una zona pintoresca de una ciudad europea, un pequeño placer que aún les resultaba asequible. Vidas low cost que estaban al fácil alcance de unos locos con vidas también low cost.

Es cierto que hay una guerra, pero no es de religiones, de razas o de culturas. Aunque los medios se esfuercen en negarlo, hay una guerra global, sí, y es una guerra de pobres contra ricos. Y de momento ganan los ricos, porque lo que están consiguiendo es que los pobres luchen entre ellos porque les están haciendo creer que lo que importa, lo que explica el sufrimiento y el dolor de todos, es la diferente religión, raza o cultura. Pero no, no es eso. Miren hacia arriba. Miren cómo se codean y comparten mesa los monarcas cristianos con los musulmanes, los jerarcas arios con los árabes, los de la orilla norte del Mediterráneo con los del Creciente Fértil. Mírenlos y comprendan que la lucha es contra la miseria que nos van imponiendo a todos, a los pueblos del Sur antes y más que a nosotros, pero que a nosotros también se nos está imponiendo y más que se nos impondrá. Si quieren buscar un enemigo, dejen de mirar al hermano que tienen enfrente y miren hacia arriba, a esos con vidas premium que consideran que nuestras vidas no valen nada.

Salu2,
AMT
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