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The Oil Crash llega a los ocho millones de páginas vistas

The Oil Crash - 1 May, 2017 - 09:52



Queridos lectores,

En la tarde del 28 de abril de 2017, este blog, The Oil Crash, llegó a los ocho millones de páginas vistas, como muestra la captura de pantalla que abre este post (gracias a Villallanero Solitario por inmortalizar el preciso momento, aunque sea un poco trucado). Cuando el blog llegó a los siete millones de páginas vistas comentábamos que en la actualidad cada nuevo millón de visitas requiere unos nueve meses, y así ha vuelto a ser (en realidad faltaron un par de días para que fueran 9 meses exactos),  y eso con el ritmo de publicación más bajo de toda la historia del blog (se han publicado aquí 41 posts desde el último millón, 10 menos que para pasar de seis a siete, y menos de la mitad del máximo histórico). Se confirma, por tanto, la mejoría relativa en el número de visitas.


De acuerdo con Google Analytics, hasta el 27 de abril de 2017 han entrado en The Oil Crash 1.240.803 usuarios, mientras que cuando verificamos este número en el momento en que llegamos a siete millones de páginas vistas, el 31 de julio de 2016, la cifra de usuarios únicos era de 1.139.838 usuarios (y como siempre, la cantidad total de páginas vistas registrada Google Analytics es algo mayor que la de Blogger). 




Es decir, en estos nueve meses 100.965 nuevos usuarios han entrado en esta página, y por tanto el lectorado sigue una tendencia creciente (aunque es conveniente no olvidar que algunos de estos usuarios vienen una vez y ya nunca más vuelven, y que algunos usuarios más antiguos han abandonado esta página). En el período del anterior millón se habían registrado 128.000 nuevos usuarios, con lo que se confirma que el crecimiento del lectorado es cada vez menor. Se acaba el crecimiento, también para The Oil Crash.


Como siempre, cabe destacar el contexto en el que se produce esta efemérides. En concreto, y hablando de petróleo, la gran cuestión ahora mismo es que se anticipan problemas serios en los próximos meses, como avisa la Agencia Internacional de la Energía, debido a que la fuerte desinversión de las compañías petrolíferas llevará a una súbita caída de la oferta de petróleo. El pico de precios del petróleo reavivará el interés por este tema, pero por desgracia habremos perdido un tiempo precioso para adaptarnos, y ese tiempo lo vamos a necesitar imperiosamente más tarde. Entre tanto, se impone una calma chicha pero tensa, con el ascenso de los movimientos populistas en todo el mundo occidental y el belicismo creciendo en el resto del mundo.


En cuanto a mi, mis problemas con la falta de tiempo para dedicarme a éste y otros menesteres no hacen más que agravarse. Cada vez paso más tiempo fuera de España buscando dinero para poder mantener mi equipo de investigación. Ésa es la causa fundamental del descenso del número de posts, pero a pesar de ello y de la relativa calma es evidente que cada vez más gente es consciente del problema que representa el Oil Crash. Quizá cuando mi actividad profesional se resienta tendré más tiempo para dedicárselo a la divulgación, o quizá lo tendré que dedicar a otros menesteres más perentorios. En todo caso, manténganse a la escucha mientras intentamos arrojar algo de luz sobre la confusión reinante en el campo de la energía y sus implicaciones societarias.



Salu2,
AMT
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La falsedad del arte contemporáneo

Ácratas - 26 April, 2017 - 19:23

LA "ARTISTA" MILLIE BROWN TIÑE LECHE CON COLORES, LUEGO LA BEBE Y LA VOMITA SOBRE EL LIENZO

Weiwei, supuestos hierros enderezados procedentes del terremoto de Siguán. Cualquier ferrallista hace arte en su almacén sin saberlo...Aliexpress: Van Gogh al óleo 7,87 €... Está bien pintado, por artistas chinos y no es una falsedad, sino una copia exacta.
Arturo Rivera, autorretrato operándose el corazón a sí mismo. El autor ha tenido serios problemas cardíacos.El republicano constitucionalista Antonio García-Trevijano: viejito, pero imbatible.
El arte actual, como el resto de las actividades contemporáneas, se fundamenta en el encumbramiento de la mentira. Es imposible encumbrar la mentira sin recurrir al enseñoreamiento previo de la mediocridad. Un difuso e incongruente discurso-jerga conceptualista hace el trabajo sucio. La víctima es la verdad, que se combate fieramente desde las instancias del poder económico y político, y se ningunea para evitar que brille y aplaste la farsa. Pues la verdad es para la mentira como la lejía para los gérmenes.

El arte actual está dominado por los comisarios (curators) y los galeristas/subasteros, que saben perfectamente al servicio de qué y de quiénes están. El arte contemporáneo cubre una necesidad global fundamental: blanquear dinero procedente del crimen organizado y de la especulación, al tiempo que baña a los nuevos millonarios con una pátina de cultura rápida. Una obra de arte no es otra cosa que un valor documentado revendible, un depósito de capital. Como las necesidades actuales de blanqueo de capitales son inmensas, el mundo del arte ha creado de la nada miles de supuestos artistas. Y como es imposible que tantos artistas sean genios, ha inflado el mundo artístico de obritas ready-made, al estilo que inaugurara Duchamp con su mingitorio transusbstancializado en fuente: cajas de zapatos vacías, tapas de yogur pegadas, orines sobre el suelo o, como hace la artista de vanguardia, Millie Brown, vómitos sobre lienzo. A mí, personalmente, Millie Brown me recuerda a Le Pétomane, Joseph Pujol, un trompetista vintage que impulsaba su instrumento en el escenario con el culo, a base de pedos.

A día de hoy, el artista no aparece por cuestiones de calidad de obra o historial, sino cuando al sistema le viene bien. Un nuevo artista no debe hacer nada más que asumir el discurso del sistema, protestar contra cosas perfectamente controladas y servir de herramienta al mundo de las finanzas global, pareciendo siempre que hace lo opuesto.

Por ejemplo, el chino Weiwei, supuesta víctima en su defensa de los derechos humanos: Ilimitadamente apoyado por los medios y las instituciones que le regalan espacios cultos para exponer sus obras y protestas, muchas veces falsas, como esos miles de hierros enderezados en su taller supuestamente procedentes del terremoto de Sichuan. Weiwei es tratado por el Sistema como un luchador contra la dictadura del Partido Comunista chino. En realidad, Weiwei está al servicio de la globalización, de los mismos especuladores que hacen sus fortunas al haber convertido a China en la gran factoría productiva de Occidente. ¿Cómo se compatibilizan ambos intereses aparentemente contradictorios? Simplemente estableciendo bien poco sutilmente la idea de que la libertad en China vendrá de la mano del incremento de renta per cápita de los trabajadores chinos. Es decir, convirtiendo la Globalización en un arma liberadora de los explotados: el Partido Comunista chino fallecerá de puro y simple éxito.

El Sistema cultural occidental se comporta como una ONG que alimenta a sus artistas y los mantiene en un perpetuo estado infantiloide, mimados y subvencionados mientras sean dóciles. Los verdaderos artistas plásticos, entretanto, se baten el cobre para subsistir, pues no encuentran ningún apoyo institucional por el simple hecho de ser demasiado buenos para ser un ejemplo. Me explico: el sistema arrasa y ningunea a los artistas contemporáneos que saben pintar, escribir o esculpir, a los que arriesgan y comunican no sólo porque sus mensajes pueden ser peligrosos para el poder, sino porque, en cuanto los inversores en arte los ven, los prefieren porque los entienden y los intuyen valiosos. ¿Cuál es el problema? Que las obras de arte actual de verdaderos artistas son muy pocas, no sirven a la causa de la ocultación de la ingente cantidad de capitales sin control. Y tampoco pueden incorporarse al sistema junto con las demás "obras de arte" porque las ponen en evidencia (1). Por eso deben ser extirpadas y anuladas. Y por eso, sin mediocridad aderezada de oportunismo y sinvergonzonería, no se tolera el éxito.

Las obras de Warhol no las hizo Warhol, sino que fueron ejecutadas e incluso diseñadas en su Factory: el autor de los grabados de Marilyn fue uno de sus explotados, Louis Walden. Jeff Koons no realiza ni una sola de sus obras: las ejecuta la industria. De ahí viene precisamente su éxito como artistas: de que, al tener a su servicio a la industria, han sido capaces de proveer al sistema de suficiente número de obras para interesar como herramientas de intercambio de capitales.

Nada nuevo bajo el sol. El mundo del arte está tan corrompido por el dinero como el mundo político que le sirve de refugio y sostén. Mientras, China arrasa el mercado del verdadero arte con sus falsificaciones, réplicas de tan buena factura como los originales de los que proceden. Dignos de verse los documentales sobre esas factorías de producción en cadena.

Salud.


UN ÁCRATA METAMODERNO,
(COMO TODOS LOS ÁCRATAS
HABIDOS Y POR HABER)


NOTAS: (1) Eso mismo sucede en política: Antonio García-Trevijano es permanentemente combatido por el Sistema. No se le tolera el acceso a los medios de comunicación de la misma manera que Arturo Rivera no consigue espacio para exponer sus extraordinarias pinturas en Méjico.

LIBRO RECOMENDADO: "El fraude del arte contemporáneo", de Avelina Lésper.




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Elegía del crecentismo

The Oil Crash - 26 April, 2017 - 16:15


Queridos lectores,

Diez años después del inicio de la crisis, los indicadores macroeconómicos españoles nos muestran que el país está por fin saliendo de ese agujero. Durante más de dos años el PIB español ha estado creciendo y a buen ritmo. Lo peor de la crisis, nos dicen, ha pasado; ahora, por fin, avanzamos por la senda del crecimiento y de la recuperación.

Sin embargo, la percepción popular no es en general tan optimista.

Es verdad, dice la gente, que se está notando que la cosa mejora, que hay más empleo, que la gente sale más de vacaciones, que bares y hoteles se llenan... en suma, que hay más negocio y más actividad, y eso finalmente redunda en más empleo. Sin embargo, las condiciones laborales de la mayoría están cada vez más lejos del relumbrón de hace una década. La tendencia es a salarios más bajos y empleo con menos garantías: el salario más habitual en España es de unos 1.000 euros netos al mes, cantidad insuficiente para vivir con cierta holgura en las grandes ciudades, y hasta un 30% de los asalariados cobran menos que eso.

Pero no son sólo las bajas perspectivas salariales las que atormentan al asalariado español, o al que quisiera serlo. El fantasma del desempleo o del subempleo siempre merodean, y nadie puede sentirse relativamente seguro de no caer en ellos: porque ya tienes más de 40 años, porque tienes menos de 35, porque eres mujer, porque eres fácilmente sustituible... Todos saben que cuando se cae en el desempleo o en el empleo precario hay que salir inmediatamente de ahí, como si se hubiera caído en las brasas, pues en nada de tiempo se cae en la pobreza y la exclusión. Nadie quiere hablar de ello, las televisiones se afanan en disimular esa realidad disfrazándola de anécdota cuando es un fenómeno masivo y que, a pesar de la recuperación económica, apenas retrocede. De acuerdo con la última Encuesta de Condiciones de Vida elaborada por el Instituto Nacional de Estadística español, casi un 28% de los habitantes de España está en riesgo de pobreza o de exclusión social. Los medios de comunicación señalan que se ha producido una mejora con respecto al peor momento de la crisis, en 2013, cuando este riesgo llegó a afectar al 29,2% de la población. Poco más de un 1% que puede explicarse fácilmente con esos millones de españoles que han huido de España por razones económicas; de hecho, teniendo en cuenta ese éxodo la población en riesgo ha disminuido poco, quizá también porque los excluidos son poco dados a viajar, porque saben que serán excluidos aquí y en cualquier otra parte. O porque no tienen muchas esperanzas de poder mejorar.

No todos pierden, obvia decirlo. Hay quien ha salido ganando, pero en realidad son los menos. Hay algunos más que creen que podrían salir ganando, que pueden ascender dentro del sistema, y por ello siguen jaleando este absurdo y destructivo orden de las cosas, pero en realidad se autoengañan, porque el sistema necesita cada vez a menos, también de ellos. Pero mientras se engañan a sí mismos, nos engañan también a nosotros, repitiendo desde sus púlpitos mediáticos o sus carpas televisivas los mismos mensajes, modulados por matices aparentes pero con una unidad de fondo. Vivíamos por encima de nuestras posibilidades, nos dicen. Todos podemos mejorar si nos esforzamos, nos dicen. Ya nunca volveremos a la exuberancia de comienzos de siglo, nos repiten, aquello fue una locura y ahora hay que vivir de una manera "más racional", como si aquella exuberancia fuera en modo alguno culpa de los trabajadores. Tenemos que aprender a ser competitivos y adaptativos, nos peroran, tenemos que reinventarnos y, palabra estrella, emprender. Emprender quiere decir que dejemos de pensar en ser ocupados por cuenta ajena y que creemos nuestro propio negocio; trabajando duro y siendo más imaginativos que la competencia podremos medrar. Pero el hecho tozudo es que no hay grandes oportunidades de negocio, y la mayoría de la gente no tiene formación para aspirar a crear un negocio sofisticado con un gran nicho de mercado, entre otras cosas porque el mercado en su conjunto se está haciendo más pequeño con la pérdida de renta efectiva de las clases medias. Pero el consejo cala y algunos deciden "emprender", y así más de uno y más de dos redime todo su prestación de desempleo, pide dinero prestado a familia y amigos, y monta "su negocio": una cafetería, una panadería, una ferretería... La mayoría de estos negocios no duran más de seis meses; los pocos que atraviesan ese umbral temporal sobreviven porque posiblemente un negocio del mismo tipo y mayor trayectoria ha tenido que cerrar. 

Éste es el panorama general. Consideramos que estamos recuperando "la normalidad", cuando el hecho es que un poco menos de un tercio de la población española malvive. Pero ésos no son los que leen blogs como éste, y si Vd. pertenece a esos dos tercios de la población aún segura y no le ve de cerca los colmillos a la pobreza y la exclusión, pensará que exagero. Algunos más displicentes dirán con sorna: "Ya está ese tipo de ese blog catastrofista diciendo que se acaba el mundo; pero mira, todo sigue igual".

En realidad, no todo sigue igual. Todo sigue su curso, que es un curso lento, como corresponde a los procesos históricos. El proceso histórico que estamos siguiendo es el del fin del crecimiento y el del fin de capitalismo. Si tal fin tendrá lugar de manera caótica u ordenada, revolucionaria o evolutiva, es algo que depende completamente de las decisiones que tomen los seres humanos que conforman esta sociedad. Puede haber muchas maneras de abordar y resolver este problema, algunas mejores y otras peores, algunas más tranquilas y otras más sobresaltadas, y yo no puedo decir cuál es la más conveniente porque no lo sé. Pero cerrar los ojos y negarse a aceptar que hay un problema, ésa sé seguro que no es una solución.

Y el primer paso para solucionar el problema es comprenderlo. Hay que comprender que estamos llegando al fin del crecimiento. Ésta es una realidad difícil de aceptar para quienes se sienten favorecidos por el sistema actual, por el mecanismo de crecimiento sin fin. Y sin embargo, independientemente de nuestros gustos y preferencias, el crecimiento está llegando a su fin porque está topando con los límites físicos que marcan nuestra biosfera.

Ahora mismo ya no hay grandes oportunidades de negocio. La gran esperanza de las TIC está tocando también sus límites, porque resulta difícil conseguir una mayor penetración de los sistemas de información y porque la Ley de Moore ha muerto, así que no se puede seguir integrando sistemas en cada vez menos tamaño. El negocio que da el planeta Tierra es el que es. Es inmenso, proporciona una gran prosperidad (no siempre bien repartida) y seguramente se pueden producir aún incrementos aditivos, pero el crecimiento porcentual, el tan buscado tanto por ciento de crecimiento anual, ya sea del 2 o del 5 por ciento, eso ya no se puede mantener. Ya no hay posibilidad de crecer de manera sostenida a esas tasas de crecimiento anual, sólo se puede crecer cuando primero ha habido una recesión, sólo para volver al mismo sitio de antes o un poco más abajo.  El sistema capitalista se está haciendo cada vez más pequeño, muy lentamente pero cada vez más sensiblemente, y para conseguir el crecimiento del capital el gran nicho que queda por explotar es el de las rentas de trabajo, básicamente reduciendo los salarios en aras de un incremento de productividad cada vez más difícil pues cada vez se valoran menos los productos en un mercado saturado y con menor renta disponible, justamente por la reducción de salarios. El proceso, de mantenerse, sólo podría conducir a la destrucción de la clase media y del Estado del Bienestar, y en el largo plazo ni por ésas se podrá garantizar las tasas de retorno del capital estipuladas. Eso pone una fecha de terminación al capitalismo tal y como lo concebimos ahora, puede que sea 20 años, puede que 50, quizá tan sólo 2, pero en todo caso sus días están contados.

Pero no se quiere creer que hemos llegado a este punto y se nos dice: "¿No lo veis? ¡La economía española lleva más de dos años creciendo a buen ritmo!". No es ninguna coincidencia que dos años y medio es el tiempo que el precio del petróleo lleva bajo, después del colapso de precios de septiembre de 2014. Este petróleo barato favorece el despegue de una economía tan basada en el petróleo como la española, donde a pesar de la gran caída general del consumo de energía desde los máximos de 2008 el petróleo aún representa más del 50% de la energía primaria consumida. Aquéllos que quieren creer en el espejismo económico español deberían mirar a Europa y darse cuenta de que en el resto del Viejo Continente no hay tal recuperación, la norma es el estancamiento o el crecimiento muy débil y renqueante. ¿Qué solidez tiene el crecimiento español, si los países más industrializados de su área no levantan cabeza desde el inicio de la crisis?


Mientras aquí se mantiene un modelo económico basado en los servicios de bajo valor añadido y en la construcción, a pesar de saber lo frágil que es delante de las crisis económicas internacionales, el resto de países van discretamente definiendo sus estrategias de cara a un futuro mucho más complejo de lo que aquí se intuye, y para el que nadie aquí se está preparando. Déjenme que analice con un poco de detalle un par de cuestiones asociadas con la crisis energética.

Desde hace casi 10 años Alemania se ha lanzado a un intenso programa de transformación de su matriz energética conocido como Energiewende ("transición energética", en alemán). El objetivo declarado de tal transición es aumentar la producción de energía de origen renovable dentro del objetivo de mejorar la sostenibilidad de la economía alemana y, se aduce, disminuir su huella de CO2. El hecho es que Alemania ha conseguido incrementar su producción energía renovable desde valores casi testimoniales hasta el 36% de la energía eléctrica (valor que no está nada mal, aunque recordemos que la energía eléctrica es sólo una fracción de la energía final consumida, en torno al 20% en los países industrializados y del 14% a escala global; así, en el caso de Alemania, la energía renovable representará menos del 9% de su energía final consumida). Lo curioso del caso alemán es que, a pesar del enorme despegue de la energía renovable las emisiones de CO2 no han disminuido, e incluso han aumentado ligeramente en 2015 y en 2016. ¿Por qué? La razón la podemos ver en el siguiente gráfico, que nos muestra la evolución de la producción eléctrica alemana durante los últimos años.



Si se fijan bien en la gráfica, verán que todo el aumento de energía renovable ha servido fundamentalmente para cerrar centrales nucleares (y en menor medida algunos ciclos combinados de gas). Sin embargo, el consumo de carbón se ha mantenido prácticamente constante, incluso el lignito -altamente contaminante y muy emisor de CO2 - ha aumentado ligeramente. Teniendo en cuenta que la huella de carbono de una central nuclear es muy pequeña, mucho más pequeña que la de una térmica de carbón, está claro que la Energiewende no está pretendiendo la descarbonización de la economía alemana, sino otra cosa. Básicamente, una salida ordenada de la energía nuclear. 

Se puede alegar que abandonar la energía nuclear es algo positivo debido a los riesgos que comporta. Siendo eso verdad, da más bien la impresión de que la urgencia del abandono de la energía nuclear tiene más que ver con la llegada del pico del uranio: como comentamos al analizar el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía de 2014, todo apunta a que el pico del uranio ya se ha producido (y probablemente el del carbón también, pero ésa es otra historia). En ese sentido, el movimiento de Alemania contrasta con el de su vecina Francia, país que apostó mucho más fuerte por la energía nuclear. Las dificultades crecientes para conseguir uranio asequible estarían probablemente detrás de que en los últimos 4 años de manera permanente un 25% de las centrales nucleares francesas permanezcan paradas por uno u otro motivo; también estarían en el trasfondo de la intervención militar de Francia en Malí, y tendrían mucho que ver con el episodio del encarecimiento de la electricidad en España a principios de este año. En Francia se dejan oír ahora voces a favor de una rápida implantación de la energía renovable, a la vista de lo cara que resulta la nuclear. En Alemania esta decisión ya la tomaron hace tiempo, y a pesar de que los críticos atacan la Energiewende por haber encarecido la electricidad, probablemente Alemania está prefiriendo pagar más ahora para poder resistir mejor la crisis energética inminente. Una cuestión para meditar.

Los defensores de la energía nuclear suelen desdeñar el problema del pico del uranio alegando que si el precio es suficientemente alto aparecerán recursos de una manera exponencial. Esencialmente, a 200$ por kilo de uranio la producción se podría cuadriplicar. Este argumento resulta bastante miope, pues ya sabemos que hay un límite máximo al coste de la energía. James Hamilton, profesor de la Universidad de California San Diego, lo sitúa en torno al 10% del PIB, lo cual es consistente con los análisis basados en la Tasa de Retorno Energético (TRE) y con los que han realizado otros economistas como Gaël Giraud. De hecho, a 200$ dólares por barril de petróleo la producción de petróleo también podría cuadruplicarse, pero tal precio es simplemente imposible de soportar por la economía, porque en esencia el rendimiento energético de ese petróleo es demasiado bajo como para sostener una sociedad compleja.


De hecho, el escenario de precios altos para el petróleo parece el más probable para los próximos meses, de acuerdo tanto con la Agencia Internacional de la Energía como con el banco HSBC. La razón, analizada tiempo ha en este blog, es la brutal desinversión de las compañías petroleras, en su afán por simplemente sobrevivir (este tema se explica en detalle en la nueva versión del prontuario). En ese momento podremos comprobar si la inversión en explotación petrolífera se recupera o, como parece más probable, entramos en una nueva fase destructiva de la espiral del descenso energético. La crisis económica y financiera mundial que seguirá llevará de nuevo los precios del petróleo a la baja y a los países productores a un paso de las revueltas internas. ¿Invadiremos Argelia? Sólo el tiempo lo dirá.

Y a pesar de la relativa tregua que el petróleo barato le está dando a las economías occidentales, el malestar crece. Un malestar que lleva un día a un (fallido) referéndum en Grecia que habría sacado el país de la zona euro, otro día a un referéndum (exitoso) para sacar al Reino Unido de la Unión Europea, más tarde a la victoria de Donald Trump en la carrera presidencial de los EE.UU. y que en estos días lleva a Marine Le Pen a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, que aunque no gane la ponen un paso más cerca del Elíseo, aunque sea a cinco años vista. Movimientos del mismo corte son generalizados en todo Occidente, hay un avance aparentemente imparable del populismo, de políticos de escasa catadura moral pero que proponen una reforma radical del sistema político, y mucha gente los considera una alternativa atractiva e interesante porque ya no compran el discurso tradicional de una élite vista como corrupta y subsidiaria del poder económico.

Y Vd., querido lector, incluso si es Vd. un afortunado miembro de esos dos tercios de la sociedad que no se ve en la pobreza o en la exclusión social, párese a pensar: ¿qué estamos ofreciendo a la juventud? Incluso los hijos de las clases altas no tienen claro el futuro. Se les pide que se esfuercen, que se sacrifiquen para que, quizá, tal vez, puedan tener un sueldo casi digno, no de emancipación, en algún momento no demasiado temprano de su vida. Y a medida que vamos vamos más abajo en la escala social el futuro es más negro.

¿En aras de qué mantenemos esta situación? ¿Cuál es la ventaja de mantener un sistema económico que de manera palmaria es ya disfuncional, y que mostrará una mucho peor cara cuando la nueva oleada recesiva emerja?

El problema es la obsesión con el crecimiento económico. No sólo los agentes económicos; también los partidos y sindicatos sólo contemplan la creación de empleo a través del crecimiento económico, y se les hace impensable un escenario en que el crecimiento económico ya no sea posible; y no hablemos ya de abrazar el decrecentismo como fundamento ideológico. Hay demasiado miedo al rechazo social que genera la idea de decrecimiento, a pesar de que el 37% de la población española está ya, a día de hoy, dispuesta a abandonar el crecimiento. ¿Es que su opinión no cuenta? ¿Saben más los presuntos expertos que un día desbarran sobre el falso milagro del fracking en EE.UU. y otro apoyan con oscuros argumentos la austeridad como medida eficaz anti-crisis? En esa misma encuesta que enlazo arriba se muestra que sólo el 4% de la población española apuesta incondicionalmente por el crecimiento, frente a un 16% que apuesta incondicionalmente por todo lo contrario, por detenerlo por completo.

Seamos honestos: la idea de abandonar el crecimiento es ya bastante madura en la población, y el próximo recrudecimiento de la crisis hará que esta opción se convierta en mayoritaria. En realidad, hace una falta urgente un plan de decrecimiento. Pero tal cosa no va a suceder en tanto que nuestros dirigentes políticos y económicos no superen la fase de duelo en la que están respecto al crecentismo, es decir, la ideología del crecimiento. Ya está bien de maquillar estadísticas, ya está bien de mirar hacia otro lado, ya está bien de intentar ver con el prisma crecentista la evidencia que se acumula y que muestra que el crecimiento se acabó.

Así es, señores. Se acabó el crecimiento. Dejen de soñar quimeras, dejen de imaginar soluciones tecnológicos que nunca cuajan y no responden a los problemas que tenemos ya, aquí y ahora. No es una situación coyuntural, sino un problema estructural. Si lo necesitan, lloren por el crecimiento perdido; pero después séquense las lágrimas y pónganse a trabajar, pues nos falta, entre otras cosas, tiempo.

Si Vd., querido lector, es un responsable político y ha llegado aquí porque tiene dudas, sepa que tiene dos preguntas sobre la mesa: 
  1. ¿Es el crecimiento económico deseable? 
  2. ¿Es el crecimiento económico posible?
No se trata, no, de que conteste a estas dos preguntas: la respuesta a ambas ya es conocida y es un rotundo NO; este blog rebosa de la evidencia que avala estas respuestas. Lo importante es que piense cuál es el orden en que se plantea estas dos preguntas. Si se las plantea en el orden en que están escritas, probablemente Vd. comprenda los innumerables problemas que plantea el crecimiento, y con la segunda pregunta está intentando justificar la primera. Si las plantea en el orden inverso, probablemente comprende las limitaciones que imponen los límites biofísicos del planeta, y propone la segunda pregunta para consolarse. Si es así, aún está superando su fase de duelo. Dése su tiempo y supérelo. 

La ideología del crecimiento ha muerto, ¡Larga vida al crecentismo!





Salu2,
AMT
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