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Aspectos éticos y políticos de la divulgación científica: el caso del peak oil

The Oil Crash - 24 August, 2016 - 13:59




Queridos lectores,

A raíz de la publicación del último post se ha suscitado una pequeña discusión con los lectores, en la que se abordaron diversas cuestiones. De entre todas ellas, hay una especialmente que quisiera comentar esta semana. En el transcurso de la conversación, un lector comentaba que a él no le gusta el sesgo ideológico que, según él, yo demuestro en ese artículo en cuestión, y que según parece hace bastante tiempo que demuestro claramente, hasta el punto que según su opinión al menos una parte de lo que hago no se puede distinguir de la mera propaganda. Este sesgo, al decir de este lector, compromete la utilidad del trabajo de divulgación que hago, y por ello él se quejaba de que mis artículos no proyecten un punto de vista más neutro y técnico; peor aún, que quizá yo estoy abusando de mi condición de científico para propagar ideas de mi propia agenda política, de acuerdo con cierta ideología que yo tengo (aunque este lector no pudo o no quiso identificar).

La cuestión de fondo, al final, es la conveniencia de que yo escriba y publique posts en los que doy una valoración bastante personal de cuestiones que no son directamente técnicas (en el caso del último post, los problemas éticos que suscita viajar a destinos prefabricados en países distantes). Digamos que para el gusto de este lector, y probablemente para el de muchos otros, lo preferible es que me centre en analizar datos y más datos, extrayendo de ellos las conclusiones directas, y probablemente sin deducir las previsibles consecuencias a más largo plazo de mantener las actuales tendencias negativas. Vamos, que lo ideal es que me centre en posts áridos y difíciles de digerir, sin tratar de sacar lecciones para el futuro, dejando a otras personas (nuestros líderes, me imagino) el utilizar esa información para diseñar las políticas adecuadas que las tengan en cuenta.

En una sociedad educada, la discrepancia en algún aspecto no impide que el lector, informado y con criterio, pueda escoger aquello que encuentra útil y desdeñar aquello que considera accesorio o incluso equivocado. Sin embargo, hoy en día se considera normal que cualquier persona que intenta aportar a la discusión organizando la información, incluso quien lo hace pro bono en su tiempo libre como es mi caso, tenga una especie de obligación implícita de cumplir con unos estándares de calidad. Aparte de la dificultad de conseguir llegar a ese nivel de calidad (no siempre lo que escribo está a la altura siquiera de mis propias expectativas, por falta de tiempo principalmente), lo curioso es que las quejas suelen venir no tanto por la fiabilidad de los datos o de los análisis como por la derivación de conclusiones que van más allá de los números fríos. En suma, que lo que parece más inapropiado y polémico es entretenerse en razonamientos de naturaleza ética y política, hasta el punto de que algunos consideran tal proceder impropio de un científico y que me desacredita por completo.

Yo discrepo absolutamente de esa visión, y en particular afirmo rotundamente que mi trabajo de divulgación tiene, por encima de todo, una naturaleza ética y una naturaleza política; las cuales son tan esenciales a lo que hago que, de hecho, si no fuera por ellas simplemente no existiría. Y me parece alarmante que algo que debería ser por un lado evidente y por el otro algo natural y comprensible sea considerado como algo "impuro" en un trabajo de divulgación científica, incluso como algo obsceno que hace que todo lo que digo se vaya al traste. Hay dos razones que explican ese "horror por la condición ética y política de la divulgación científica". El primero es la confusión de lo que significan los términos "ética" y "política", que hace que el lector desavisado confunda lo que digo con otros usos más sobados y desmadejados de esas palabras. El segundo, más perverso, es el trasfondo ideológico de la corriente de pensamiento que domina nuestra sociedad, que pervierte el papel de la ciencia como algo instrumental a su servicio y que convierte en algo desviado todo aquello que lo cuestione, incluso si es una simple conclusión lógica. Seguidamente analizaremos estas dos cuestiones.
 

Todo este blog es una cuestión de ética. Nadie me obliga a escribir aquí; no me pagan por ello ni está previsto en mi contrato que me dedique a estas tareas. Las hago cuando acabo con mi trabajo convencional, en mi tiempo libre, a veces quitándome horas de sueño. Precisamente por eso, porque no tengo ninguna obligación de hacer esto, hay algunas personas que buscan explicaciones extrañas, intentando encontrar una justificación un tanto torticera a mis intenciones, típicamente en forma de una agenda oculta. En realidad, mis intereses y motivaciones son bastante simples: dado que entiendo y creo las cosas que explico, me preocupa el futuro de mis seres queridos. De hecho, cuando uno trabaja en diversas ramas de la ciencia (no olvidemos que mi trabajo convencional se desarrolla en un instituto de investigaciones ambientales) es fácil que uno vea situaciones graves y tendencias preocupantes; y es por ello natural que surja el impulso de explicar estos problemas y de intentar ayudar a resolverlos: al menos fue por eso, por intentar resolver los problemas de la gente, que yo hace muchos años decidí meterme a científico. Por tanto, el compromiso de divulgar estos problemas es ético: uno se preocupa por el bienestar de los demás, cree que el curso actual de los acontecimientos es muy peligroso y pretende ayudar para evitar como mínimo lo peor de lo que se está preparando. 

Que adopte la posición que tomo por razones éticas no quiere decir que tenga intenciones moralizantes. A veces me encuentro, cuando doy charlas divulgativas, que algunas personas me comentan que tienen coche, que lo usan por tal o cual motivo, y prácticamente se me disculpan por ello. Lo cual es un tanto absurdo: yo no soy un gurú espiritual, yo no considero intrínsecamente perverso utilizar el automóvil o cualquiera otra de las comodidades del mundo moderno; es más, considero lógico, en el contexto en el que se encuentran la mayoría de las personas, que hagan aquello que está mejor adaptado a su realidad (personal, laboral, familiar). De hecho, no se trata de ser "bueno" o "malo" en un sentido maniqueo; se trata de escoger lo más conveniente y discutir entre todos un plan eficaz para hacer la transición de la manera menos traumática posible. No se trata, por tanto, de esa moralización tonta que hacen algunos grupos ecologistas, intentando convencernos de que debemos cuidar de la Naturaleza como si fuera un ser inferior. Que va. En el caso de los problemas ambientales, al igual que en el caso del peak oil, es por nuestro propio interés que nos interesa hacer cambios (y no sólo ni principalmente individuales, sino colectivos y societarios). Una vez más, creo oportuno rescatar esta viñeta que resume los términos de nuestra situación de manera magistral.



 Todo el blog es, además, político por definición. El uso común de la palabra "política" ha pervertido su significado. De acuerdo con la wikipedia: "La política (< latín polit?cus < griego antiguo ????????? politikós, femenino de ???????? politik? [‘de, para o relativo a los ciudadanos’]) es el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.1 Constituye una rama de la moral que se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común.". Por tanto, ya etimológicamente la política trata de las cuestiones que importan a los ciudadanos y, como destaca la wikipedia, es una rama de la moral, que justamente trata de cómo resolver los problemas colectivos. La llegada de la producción de recursos naturales no renovables a su máximo y la incapacidad de sostener un sistema económico y social basado en el crecimiento, amén de los impactos ambientales de este sistema productivo, son cuestiones políticas por definición, pues plantean problemas serios y objetivos para la convivencia colectiva. Una cuestión diferente es la toma de posiciones de tipo partidista, es decir, en favor de una u otra ideología ("conjunto de ideas acerca del sistema social"), que como tal son opinables y convencionales. Yo evito al máximo la toma de posiciones partidistas; yo no me caso con ninguna ideología, con ningún "ismo" (recuerdo hace años como, en un debate en la Universidad de Valladolid, algunas personas del público se escandalizaron un poco cuando dije que a mi no me interesaba el ecologismo y que yo no era ecologista). Como he dicho muchas veces, a mi no me interesan las razones ideológicas, sólo las lógicas; y en suma sólo me interesan los datos y las conclusiones que de ellos se derivan, y definiendo muy claramente su marco de aplicación. Alguien podrá alegar que, si bien la llegada al máximo productivo del petróleo, carbón y demás materias no renovables es un hecho probable, todavía es incierto en qué momento se llegará a ese máximo, si no se ha llegado ya; y tiene razón: justamente de eso va este blog, de la discusión de los datos de los que dispones y la valoración de los problemas que de ellos se derivan, siempre en continua revisión y reevaluación, pues nada es cierto y seguro por siempre.  

A pesar de lo anteriormente dicho, hay quien considera, como mi lector, que yo muestro cierto sesgo ideológico en mis análisis y escritos, y posiblemente en la elección de temas  y por supuesto la manera de presentarlos. La presencia de tal sego es posible, pues yo soy humano y aunque intento dar un tratamiento el más ecuánime posible a las cosas de las que hablo y centrarme en las cuestiones factuales y descriptivas, inevitablemente algún sesgo debo tener. Debo decir, empero, que me cuesta identificarme ideológicamente, pues discrepo profundamente con todas las corrientes de pensamiento que conozco, aunque con algunas más que con otras; así que me resulta un tanto chocante la facilidad con la que algunos parecen adjudicarme una u otra etiqueta. A no ser, claro, que el sesgo ideológico esté en el lector, que interpreta como sesgado ideológicamente aquello que contradice su sistema de creencias.

Y aquí entra la otra cuestión que explica el "horror por la condición ética y política de la divulgación científica": la de la contradicción del discurso socialmente hegemónico. De acuerdo con la visión del mundo comúnmente aceptada en la sociedad moderna, la ciencia tiene un carácter meramente instrumental: la ciencia es el paso previo para el desarrollo tecnológico. Es por eso que hoy en día a los sistemas de ciencia se les conoce como sistemas de I+D (Investigación y Desarrollo, a los que en España originalmente se le añade un "+i", de "innovación", con minúscula por algún motivo). Esto deja claro lo que se espera de la ciencia: que ayude a construir los inventos del mañana. Lo último que se espera de la ciencia, por tanto, es que muestre límites e imposibilidades, y lo que ya es intolerable es que la ciencia demuestre la imposibilidad de continuar con el sistema económico vigente, precisamente porque en el modelo social actual se le ha dado a la visión imperante de la economía el papel de agente principal de toda la sociedad, con el mercado en su centro. Por tanto, aquellas actividades científicas que entran en contradicción con la visión imperante suelen ser relegadas en dotación de recursos (véase el caso de lo que pasó con los estudios de dinámica de sistemas después de la publicación del denostado "Los límites del crecimiento"). Aquellas disciplinas que durante tiempo fueron bien financiadas (por el interés del sistema) y por tanto crecieron fuertes, pero que al final han entrado en conflicto con el discursos hegemónico son ahora denostadas y usando para ello muchos recursos (es el caso de la ciencia del cambio climático). Y, en general, cualquier estudio que analice, precisamente, la inviabilidad y sostenibilidad de la sociedad actual suele ser caracterizado como "poco neutral", "sesgado ideológicamente" e incluso "poco científico". Porque en suma lo que requiere el  discurso hegemónico es que la ciencia se centre en crear nuevas máquinas y cosas útiles para mantener el crecimiento económico. Por otro lado, en aquellas disciplinas en las que inevitablemente se observa la degradación ambiental del planeta o se muestra la imposibilidad material de mantener el crecimiento, lo que se pide a los científicos es que se mantengan "neutrales", es decir, que practiquen una suerte de esquizofrenia que les permita permanecer indiferente por la suerte de la Humanidad, incluyendo la de sus seres queridos y de ellos mismos; así, se espera que expliquen la degradación de los bosques de la Amazonia, la desecación de mares y ríos o los cambios en el Ártico y su impacto en el clima del Hemisferio Norte de la misma manera que el empleado de un almacén recitaría el recuento del último inventario. Y por supuesto se considera inaceptable y poco riguroso que se extraigan conclusiones triviales de los hechos observados.

Y aquí entra el trasfondo último, ético y político, de esta cuestión. ¿Se debe aceptar como verdad indiscutible unas premisas sociales cuando nuestro trabajo nos muestra los problemas que se están causando? ¿No tiene uno que reaccionar delante de tanta barbaridad? Como se suele decir: ¿es saludable estar bien adaptado a un sistema enfermo? Y aún una implicación ética más urgente y grave: ¿no se vuelve uno cómplice de un sistema suicida si, viendo de manera evidente los problemas, ni siquiera los denuncia?

Los años que vendrán plantearán dilemas éticos continuos, cada vez mayores. Como tantas veces se ha discutido en este blog sabemos que, si no cambiamos nuestra manera de hacer, se producirán más guerras, hambrunas, revueltas y muerte. ¿Qué debemos hacer? 

¿Debe el científico dejar de extraer consecuencias sociales de sus análisis? Al margen de que éstas se puedan calificar de científicas o no. 

Pero el problema no es sólo para el científico.

¿Debe el periodista manipular groseramente la información, a veces más sutilmente sesgando la agenda, o contar la verdad y toda la verdad, aunque eso le pueda costar el trabajo?

¿Debe el policía reprimir a los manifestantes que reclaman una vivienda digna, si así se lo ordenan? ¿Y a los que protestan por los desahucios producidos al amparo de leyes abusivas aprobadas por parlamentos que parecen estar antes al servicio de los grandes capitales que de los ciudadanos que los han elegido? Se podría decir que todos esos colectivos tienen otros cauces para conseguir sus fines, pero, ¿qué pasará cuando haya revueltas por falta de suministros básicos? ¿Cuando haya hambre, enfermedades y muertes?

¿Debe el médico omitir la asistencia al necesitado sin recursos? ¿Y debe callar ante las cada vez más clamorosas deficiencias materiales y de personal de los servicios?

¿Debe el maestro aceptar que cada año se cambien los libros de texto, aunque a las familias les cueste comprarlos? ¿Y es aceptable que se cierren los comedores escolares durante el verano, a pesar de que algunos niños sólo reciben una comida decente en el colegio gracias a las cada vez más exiguas becas de comedor?

¿Debemos aceptar, cada uno en nuestro lugar de trabajo, que se contrate a gente por un sueldo cada vez menor para hacer un trabajo igual que el nuestro, sin protestar, sin reaccionar, contentos con nuestra suerte y rezando para que el día de mañana no nos encontremos en esa misma situación, o incluso en el paro? ¿Y qué será de nuestros hijos?

En resumen, ¿es aceptable cerrar los ojos delante de desmanes previsibles? ¿es lógico callarse mientras los problemas se van haciendo cada vez peores? Esa pasividad es la que nace de aquella visión tradicional en España, propia de la generación de mis padres: "Hijo mío, no te metas en líos". Demasiado tarde: ya estamos metidos en muchos líos (crisis, paro, guerras, hambrunas, atentados) y más que van a venir, precisamente por no haber hecho nada durante todos estos años, por haber permitido que un sistema claramente insostenible, suicida y temerario se enseñoree de nuestras vidas. Como se ha visto, ser pasivo no evita los problemas; al contrario, los favorece. No tiene sentido seguir siendo sumiso a unos intereses que no dudan en sacrificarte en cuanto lo necesitan, como ya se ha demostrado tantas veces. Por eso yo, personalmente yo y no otra persona, hace ya unos cuantos años decidí pasar de ser servil a intentar servir, y estar al servicio de la sociedad que me ha dado todas las oportunidades para formarme. Para ayudar a conseguir el cambio que todos necesitamos, un cambio que nos permita vivir en equilibrio con nuestro planeta. 

Ahora, querido lector, examine sus propias opciones y considere qué es lo que debe hacer Vd.


Salu2,
AMT


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Gente que no quiere viajar a Cancún

The Oil Crash - 17 August, 2016 - 15:23


Queridos lectores,

Hace unos cuantos meses (casi un año) di una charla en Madrid y después de la misma varios de los asistentes, que hace tiempo que me siguen, propusieron que fuéramos a tomar algo y así podíamos seguir charlando un rato. Yo tenía que regresar pronto a casa (me esperaba una reunión al día siguiente y quería ver a mi familia en Madrid), pero no me pude negar a pasar un momento con ellos. Nos instalamos en una terraza de un pequeño bar no muy lejos del lugar de la charla y comenzamos a hablar. 

Lo cierto es que una reunión de peakoilers es una cosa bastante deprimente vista desde fuera, y también desde dentro: había un general asentimiento de que la situación económica y social sólo podía ir a peor y una cierta resignación por la extendida incomprensión pública de los problemas que se tratan de explicar (aún hoy me encuentro por la red comentarios que resumen mi posición diciendo que yo predigo que el petróleo llegará a los 250 dólares por barril, a pesar de que desde el principio del blog de lo que hablo es de volatilidad). El diagnóstico más común de los peakoilers era que el colapso sera inevitable, así que en ese contexto yo resultaba, prácticamente, ser el más optimista.

En eso estábamos cuando se nos acercaron unas chicas bastante jóvenes y nos pidieron dinero para una conocida ONG, no recuerdo ahora cuál. La razón con la que pretendían mover nuestras consciencias era el drama de los refugiados sirios, en aquel momento en auge mediático (las escenas de barcazas abarrotadas y niños ahogadas ocupaban los telediarios en aquel entonces; ahora que los refugiados están confinados en campos de concentración la cosa es menos visible). Lo interesante del caso es que, a cambio de nuestra aportación económica, las muchachas nos ofrecían unos boletos con los que participaríamos en el sorteo de un viaje a un lugar tropical, no recuerdo si Punta Cana, Cancún o las Bahamas, tanto da. Sin ponernos de acuerdo, todos nosotros les dimos el dinero que nos pedían, más incluso de lo que correspondía por boleto (y por tanto de la aportación esperable) pero pedimos, explícitamente, que no nos dieran el boleto de marras. La estupefacción de las chicas era bien visible en sus caras, e insistían en que debíamos quedarnos con los boletos pues habíamos pagado por ellos. Nosotros insistimos en que no los queríamos, que queríamos aportar el dinero pero sin recibir nada a cambio y menos que nada un sorteo para un viaje que no deseábamos; incluso yo les propuse que se quedasen los boletos para ellas mismas si así lo deseaban. Al final, viendo que realmente no queríamos los boletos y encogiéndose los hombros por la extrañeza, cogieron nuestro dinero y se marcharon.

No puedo hablar por los otros, aunque creo que sus razones para no querer un posible viaje a Cancún no eran muy diferentes de las mías. Está, por supuesto, lo inconsciente y poco solidario con las generaciones futuras que resulta desperdiciar recursos y degradar un poco más el medio ambiente para pasar unos días en un paraíso artificial recreado para satisfacer unas expectativas alienadas de unos alienados occidentales. Además, sabiendo los retos tan importantes que nos depara el futuro, sobre los cuales no se está haciendo nada (por más que los medios a veces difundan noticias para adormecer conciencias), es bastante frívolo (y un tanto culpable) dejarse tentar por una cosa tan fútil y poco interesante como una breve escapada de la realidad. Así mismo, tal escapada sólo es posible si uno anula su capacidad crítica, pues si no verá que detrás del escenario de cartón piedra hay una realidad mucho menos edulcorada.

En el caso concreto de Cancún, la realidad que se encuentra detrás es la de México, una gran nación con un gran potencial pero también con muchos problemas sociales no resueltos en muchas décadas, con grandes desigualdades sociales y con problemas económicos crecientes. Una parte de los problemas económicos de México es debido al inevitable descenso de la producción de petróleo desde hace una década, como se muestra en el siguiente gráfico. 



Como ven, medida que la producción de petróleo del país disminuye, también lo está haciendo tanto el consumo interno como las exportaciones, lo cual no es un patrón habitual de los países productores de petróleo (generalmente el consumo sigue subiendo hasta que producción y consumo se cruzan). Esta desviación del patrón más comúnmente observado en los países productores demuestra que en México, a pesar de las deficiencias que suelen señalar sus propios nacionales, los gobernantes son bastante conscientes de lo que significa la llegada del Peak Oil y, a la chita callando, sin nunca explicar qué es lo que en realidad está pasando, están adaptando al país a la nueva realidad. Piensen que patrones de este estilo (consumo de petróleo cayendo al tiempo que su producción) son los que presentan países industrializados y más diversificados como, por ejemplo, el Reino Unido, en tanto que países completamente dependientes de las exportaciones petrolíferas y no diversificados se suelen dirigir sin dudar contra el muro de quedarse de golpe sin exportaciones (como el trágico caso de Yemen).

Un viajero de verdad debería tener interés en conocer el México real, pero en tal caso, aparte de las maravillas que guarda ese país y las buenas gentes que allí habitan, se encontraría con la dura realidad de la guerra entre los grandes narcotraficantes y el Estado, o las desapariciones masivas de personas, o el genocidio de mujeres en tantos estados mexicanos, o la sistemática violación de los derechos de los campesinos en otros. Y ver esa dura realidad de primera mano, más el transfondo de la crisis económica a la que la caída de producción de petróleo unido a la caída de precios arrastra a México, llevaría a un verdadero viajero a hacerse preguntas. Preguntas incómodas sobre cuál es el papel de otros países, y en particular el nuestro, en todos estos problemas; y se cuestionaría cosas de nuestra sociedad, cosas que todo el mundo da por sentadas y como correctas pero que, cuando se piensa un poco, se ve que no lo son. Y así le pasaría en tantos otros destinos turísticos internacionales: si uno mira por encima de la valla no sólo verá muchas disfuncionalidades, sino que detectará qué parte de la culpa de esas disfuncionalidades se puede atribuir a sí mismo. Es por eso que los grandes destinos turísticos están estandarizados y convenientemente disociados del entorno de su implantación, para mantener un ambiente aséptico que evite, justamente, cuestionarse todo. Aquellos que dicen que el turismo es importante para la economía de todos esos países deberían de ver que quizá este tipo de turismo de masas, deshumanizado y que alienta ciertos desequilibrios (desde el esquilmado de recursos, pasando por la degradación ambiental y llegando incluso a la explotación sexual) no es el que más les interesa a los países receptores, y quizá sí uno que recuperara sus esencias, aquello que les diferencia en vez de esos escenarios de cartón piedra, y que también mostrara aquellas fealdades que el modo de explotación occidental provoca y que al quedar expuestas seguramente terminarían.

Esa tendencia a la trivialización y a la plastificación de los entornos de ocio no se da sólo en destinos distantes, sino a veces muy cerca de nuestra casa. Hace unos días pasé un fin de semana en la Cerdaña y puede comprobar como el éxodo masivo de personas del área metropolitana de Barcelona a esta comarca de montaña ha configurado una realidad muy diferente de la tradicional, de manera semejante a como sucede en la Sierra de Madrid y en tantos entornos más vivibles de grandes ciudades, modificando el urbanismo, los servicios y tantas otras cosas. En algunos casos los nuevos habitantes de esos entornos exigen que se detengan actividades tradicionales de la zona, típicamente agropecuarias, para evitar molestias olfativas, auditivas o incluso estéticas. No lo digo de broma; me constan, por ejemplo, casos en los que se ha conseguido evitar que un payés abone con estiércol en determinadas zonas, o que le quite el cencerro a las vacas para que no hagan ruido, o que no suene de noche el campanario que lleva siglos tocando, o que se obligue a un payés a tener su parcela "más limpia y ordenada" porque su aspecto ofende a sus vecinos (y, supongo, deteriora el valor de sus propiedades). Así, poco a poco, los que huyen del infierno de la gran ciudad en busca del paraíso de la naturaleza lo van deformando para que se parezca a su ideal pulcro e irreal.


Jorge Riechmann tiene un libro llamado "Gente que no quiere viajar a Marte", en la que critica esta visión centrífuga y tecnooptimista que se transmite recurrentemente desde los medios de comunicación, abogando por la huida de un planeta que no hemos sabido cuidar y en busca de otros paraísos que arruinar. Delante de ese "progresismo" que se sueña todopoderoso pero que solamente es tododestructor, Jorge opone una idea simple: es que algunos no queremos seguir esa absurda senda, no queremos viajar a Marte. Pero es que ni siquiera queremos viajar mucho más cerca. No queremos ir a Cancún, ni a Punta Cana, ni a cualquier otro paraíso artificial con el que, nos prometen, podremos escapar momentáneamente del infierno en que se ha convertido nuestro inmediato entorno, un entorno donde nos sentimos explotados, esclavos, ninguneados y oprimidos. Pues no, no queremos viajar a un paraíso prefabricado en plástico y sufrimiento a medio mundo de aquí; reivindicamos y queremos convertir este infierno de aquí en algo más vivible, quizá no un paraíso pero al menos una tierra.

Salu2,
AMT
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¿Dignidad nacional?¿Y eso se traga o va en supositorios?

Ácratas - 6 August, 2016 - 18:52



La política española es tan decepcionante como el polvo de una ramera a la que le viene el menstruo y te embarra los cojones. Pero los españoles tienen los políticos que se merecen. Es así. No hay vuelta de hoja. Y si le das la vuelta a la hoja, dice lo mismo: que sois un rebaño de cabritos.

El partido "ganador" de las elecciones del 26J consiste en un gang de delincuentes dedicados a robar de las arcas públicas. ¡Y lo han votado 7.906.185 personas! Todas ellas están de acuerdo con la corrupción, con tal de salvar su estatus de privilegiados: unos, por ricos; otros por enchufados; otros por no perder sus suculentas pensiones... todos vendidos al dios Euro.

La "oposición socialista" es más de lo mismo, capaz de vender a su puta madre con tal de seguir subida al machito. Tras el paso de González por la Moncloa, con sus escándalos, su director general de la Benemérita en fuga; sus regalos de empresas milmillonarias a los amiguetes como Slim; su "Montesquieu ha muerto"; su GAL y sus puertas giratorias, Zapatero se cargó todo resto de socialismo en el PSOE y vendió la poca soberanía que nos quedaba al pactar con el PP el cambio constitucional del artículo 135, que nos entregó en cuerpo y alma a los acreedores de la banca española. Y, aún a pesar de todo ello, y de las greñas barriobajeras entre el bigardo Sánchez y la Pepona andaluza, logró que 5.424.709 españoles metieran su papeleta en la raja para votarles. Manda pinga.

Los "nuevos partidos" se han quitado los calzones y han mostrado sus huevos colganderos: Son una panda de jovenzuelos capaces de todo con tal de hacerse hueco en el medro funcionarial. No tienen ni puta idea de nada, pero tratan de fungir de sombras, siempre a la izquierda, de PP y PSOE. Ciudadanos es un partido tan de derechas como el PP, aunque laico. Ya es un punto. Se alza como paladín de la honestidad, pero huele a fachoso como a requesón le huele la polla a un lisiado. ¡Y logró que 3.123.769 de españoles lo votaran!

¿Y qué decir de Podemos? Pues que ya ha mostrado sus cartas de brisca de taberna. Se trata de neocomunistas de salón, de diseño transversalista (¿comunistas transversales?), de los que no han leído a Marx, excepto aquella frase que reza "estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros". Mejor que se les vote a ellos que al PSOE, pero van a tener que formarse aceleradamente para que no les sigan tomando el pelo desde el Ministerio del Interior, que el 26J les robó 700.000 votos y ni se han quitado las gomas de la coleta. Pablo Iglesias sigue con la pose de La Tuerca y de ahí no lo saca nadie. Sus 5.049.734 votos reconocidos, laminados por la Ley Electoral y por las mamadurrias del supernumerario del Opus Dei que lleva cilicio y la seguridad del Estado, sólo les han servido para quedarse como estaban. Pardillos. Pero pardillos con un proyecto ratonero: sustituir al PSOE, crear su propio movimiento sindical absorbiendo a CCOO y ser alternativa putocrática, sin otro banderín de enganche que "recuperar el estado del bienestar", es decir, la vuelta al ladrillo, la especulación y al medro de la casta política.

Hasta 1.659.520 votos han logrado los nacionalistas de todo pelaje y condición. Cada uno arrimando el ascua a su sardina y los Presupuestos a sus bolsillos. Todos robando a calzón quitado en sus respectivos feudos.

¿No hay esperanza para España? Bueno... los conformes con el sistema han sumado 24.161.083 votos... pero 10.435.955 españoles nos hemos quedado en casa, yo bebiendo como una esponja; 225.888 se han limpiado el culo con la papeleta y 178.521, más educados, han votado en blanco. Somos 10.840.364 los españoles que estamos esperando que algo cambie verdaderamente para ir a las urnas.

¿Que cambie qué, cojones?

Por ejemplo, que exista separación de poderes del Estado, empezando por que los miembros del Gobierno no sean además diputados. O que los diputados electos hayan de rendir cuentas ante sus votantes, y no ante el capo del partido y su ejecutiva. Que al presidente del Gobierno lo elija la gente, no los diputados a cambio de cargos; y se eviten así espectáculos de patio de Monipodio/prostíbulo como el que nos han ofrecido todos esos sacamantecas desde el diciembre pasado. Que la Ley Electoral no condene a las clases trabajadoras de las metrópolis a tener una minusválida representación respecto a las inmovilistas poblaciones de la España profunda. ¡Que estamos hasta los huevos de que el fachismo del Glorioso Movimiento siga ocupando el poder por el ridículo truco de afeitarse los bigotes y llevar en la solapa pines de colores!

Españoles, os lo digo claro: esto no es una democracia. Y por eso la casta derechuza se atreve a violar las urnas con pucherazos indecentes como el perpetrado por el PP, tecno-instrumentalizado por Indra el 26J, con la aquiescencia de Europa entera. ¡Hay que parar al comunismo! ¡Que no se asusten los mercados! ¡Por Dios y por la Patria!

¿Y qué más da que haya democracia o no?, os preguntaréis, porque sé que sois más descreídos que el que cagó en Turín y se limpió el ojete con la Síndone. Pues sí, sí que da:

Cuando no hay democracia, pasan cosas terribles. Sucede que las leyes son cadenas cada vez más pesadas para el pueblo. Sucede que la injusticia es ley. Sucede que la banca nos roba todos los días. Pasa que las obras cuestan el doble, que los delincuentes de las constructoras reciben indemnizaciones milmillonarias por detener proyectos fracasados, delirantes. Sucede que se admira a capos de la droga como si fueran empresarios modélicos. Sucede, en fin, que los españoles somos el hazmerreír del mundo entero, por nuestra pasividad ante lo injusto y nuestra sumisión al poder.

Los españoles lo toleran todo a ver si España se arregla, si empieza a "ir bien".

Pero España no va bien. El paro es descomunal; el empleo, precario; los sueldos, ridículos.  Los trabajadores son esclavos. Las trabajadoras saben que se ha restablecido el derecho de pernada de los jefes y encargados, y van con el chocho en pompa, como las gallinas*. La economía no se está recuperando más que para los capitalistas, los  especuladores y los ladrones. La educación de la juventud no presagia nada bueno: los jóvenes de menos de treinta son una manga de gilipollas, tatuados hasta parecer tapicerías, y hedonistas hasta el mongolismo, que andan por ahí cazando pokemones. Nuestros médicos formados huyen a escape por las fronteras, mientras miles de indocumentados con títulos falsos nos atienden en los ambulatorios.

La dignidad nacional, en fin, no existe. Porque tal dignidad colectiva nacional es suma de las dignidades personales de cada uno de sus ciudadanos. Y los españoles, ni tienen dignidad, ni saben sumar. Anda y que os den por culo a todos.

MALDITO HIJO DE PERRA


* La crisis frena las denuncias y oculta el acoso sexual del entorno laboral




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Mi colapso y yo: A la deriva

The Oil Crash - 5 August, 2016 - 01:43



Queridos lectores,

Hay una práctica instaurada desde tiempos inmemoriales en la administración española conocida como "agostidad". Se dice que tal o cual medida, generalmente de cierto calado, se ha aplicado "con agostidad" cuando su publicación (y típicamente los plazos asociados de presentación de la documentación relevante por parte de los interesados) recae en los últimos días de julio o primeros de agosto. Puesto que agosto es inhábil en todas las administraciones del Estado español y es el mes en el cual casi todo el mundo está de vacaciones, estas disposiciones pasan con menor publicidad (pues también los medios de comunicación tienen la guardia más baja esas fechas, al ver mermada su plantilla) y muchas veces sin que quienes están afectados por ella puedan reaccionar, si no es que estuvieran sobreaviso.

El pasado sábado día 16 de julio el Ministerio de Hacienda y Admnistraciones Públicas publicó en el Boletín Oficial del Estado español una orden por la que se obligaba, a fecha de 20 de julio, al cierre contable de la Administración General del Estado y otros organismos del Estado. Este cierre tiene normalmente lugar en noviembre y en la práctica imposibilita la ejecución de nuevos gastos que no estuvieran ya presupuestados. No afecta a los gastos corrientes, pero pone patas arriba la programación de las diversas actuaciones que tenían que tener lugar durante la segunda mitad del año. De hecho, el inopinado cierre (oficializado en sábado y dejando sólo cuatro días para reaccionar, uno de ellos domingo) ha forzado a las plantillas de los ministerios a trabajar a marchas forzadas del lunes 18 al miércoles 20 para asegurar que como mínimo sus programas más importantes estaban aprobados antes de que cayera el cierre. Obviamente muchas de las cosas que se tenía planeado hacer ya no se ejecutarán, y ésa era la intencionalidad del cierre contable precipitado: con ese cierre, se imposibilita el gasto, con lo que se contiene el déficit público español y de ese modo el Gobierno (en funciones) le demuestra a la Unión Europea que está haciendo un esfuerzo para reducir el déficit y cumplir con los draconianos ajustes que exige la ortodoxia fiscal europea. 

Las consecuencias prácticas de este cierre contable no serán evidentes para la mayoría de los españoles hasta septiembre, y entonces ya sólo cabrá lamentarse. Cuántos servicios y programas quedarán detenidos por esta manera drástica y no consultada de parar todo gasto nuevo es algo aún difícil de determinar, pero obviamente causará bastante malestar a partir de este otoño.

Yo no fui consciente de las implicaciones del cierre contable hasta el 25 de julio. Ese día, mi administrador de sistemas (que se ocupa del centro de cálculo de mi laboratorio) me pidió la firma para la orden de compra de un nuevo servidor de cálculo que habíamos estado planeando, un servidor que ha de reemplazar los antiguos antes de que éstos dejen de ser funcionales. A los cinco minutos de haber firmado la orden de compra volvió para comunicarme algo que no me pilló por sorpresa: todas las compras a través del sistema de compra centralizada estaban paralizadas hasta el 1 de enero, por razón del cierre contable del Estado. Dejé lo que estaba haciendo y fui a hablar con el gerente para intentar aclarar el efecto y alcance de la nueva situación.

La conversación con el gerente de mi centro no fue demasiado aclaratoria. Él y el resto de los gerentes de los otros centros del CSIC están esperando aclaraciones al respecto, pero de momento la situación es ésa: todas las compras de inventariable están bloqueadas hasta el 1 de enero de 2017. No importa que en nuestro caso el dinero que se tiene que utilizar puede proceder de subvenciones europeas o de contratos con empresas: todo está bloqueado. Pero es que incluso en el caso del dinero que procede de subvenciones españolas (proyectos del Plan Nacional de I+D+i español, típicamente), hay unos plazos obligatorios para la ejecución de los proyectos, y si el dinero no se ejecuta para lo que está previsto en el plazo indicado se tiene que devolver la parte no ejecutada y encima con unos intereses del 7% anual. Peor aún, en cualquier proyecto o contrato el organismo carga unos costes indirectos del 20% típicamente, que contribuyen a pagar los gastos corrientes del CSIC y del centro;  pero esa cantidad se tiene que calcular sobre el presupuesto realmente ejecutado, y por tanto cada 5 euros dejados de ejecutar representan que el CSIC deja de percibir un 1 euro adicional por los costes indirectos; y como esos costes indirectos son abonados en el momento en que se abonan los directos, en el sobreentendido de que los segundos se ejecutarán plenamente, no solamente tendríamos que devolver los costes indirectos asociados a la no ejecución de los directos sino que también tendríamos que pagar un recargo del 7% anual por ellos. Por tanto, las dificultades de ejecución de la arbitraria medida del Ministerio de Hacienda puede causar un grave menoscabo a nuestras cuentas (amén de no dejarnos hacer nuestro trabajo).

Otra consecuencia del cierre contable es que probablemente tampoco se puede contratar nuevo personal con cargo a proyectos o contratos hasta el 1 de enero de 2017. Ese personal es fundamental para la ejecución de los proyectos de investigación, y si por cualquier motivo la disponibilidad de fondos tuvo lugar en el segundo semestre del año los investigadores responsables tendrán problemas para ejecutar las tareas previstas en los plazos indicados, ya que durante seis meses no podrán contratar a nadie.

Tras hablar con mi gerente, respiré hondo y tragué saliva, mientras iba evaluando rápidamente mi situación particular. No tenía previsto contratar a nadie más hasta enero del año que viene, así que el problema de la contratación laboral no me va a afectar hasta esa fecha. Respecto al servidor, la presente situación no nos deja muchas opciones: el gasto se tiene que ejecutar y además los servidores viejos pueden fallar en cualquier momento y acabar paralizando nuestro servicio de datos oceanográficos de satélite. Con el plan actual tendríamos que intentar aguantar como sea hasta enero, parcheando lo que tenemos, quizá comprando alguna pequeña pieza de nuestro bolsillo para que la cosa aguante un poco más. Otra opción es intentar modificar la orden de compra y adquirir las piezas del servidor (ese tipo de compras van por otro conducto, no bloqueado administrativamente) y montar luego el servidor o una parte de él, substituyendo partes de lo que hay, montando una especie de clónico/Frankenstein, sin las mismas garantías ni servicios. Cualquiera de las opciones es mala y sinceramente no sé qué haremos al final. Pero no me quejo: algunos compañeros van a tener problemas mucho más serios, de los cuales los que estaban de campaña o de viaje estos días no van a ser conscientes hasta septiembre, cuando ya será muy tarde para reaccionar en muchos casos. Toda la planificación científica y de ejecución que hubieran podido hacer saltará por los aires. Es la situación habitual en España en los últimos años: nunca sabes a qué tendrás que hacer frente, siempre tienes que estar alerta y pendiente, y rápidamente reaccionar para tapar huecos, buscar soluciones, encontrar resquicios, luchar en suma para poder hacer lo que se te exige pero no se te deja hacer.

Caminaba por el pasillo cuando me crucé con una joven investigadora. Ella lleva varios años trabajando con nosotros, con diferentes contratos y sobre diferentes temas, todos ellos enmarcados en el contexto de la tesis que quiere presentar a finales de este año. Ella es una de las ocho personas a las que no renové el contrato el pasado 1 de enero, no por falta de capacidad en su trabajo (todos los que no renové son gente muy competente) sino porque con los proyectos y contratos que manejo actualmente yo no tenía dinero más que para mantener un puñado de contratos (tres, en total, uno de ellos compartido con otro investigador). En su familia conocen bien lo que es la precariedad de la ciencia española: su marido tuvo un contrato de Juan de la Cierva, ideado para jóvenes doctores, el cual agotó sin que en su centro en Barcelona ni en su Francia natal pudieran conseguirle un acomodo más permanente. Tras trabajar en su centro como "investigador visitante" mientras "disfrutaba" de la prestación de desempleo, al final el chico puso una tienda de ropa (una franquicia) en Barcelona. En cuanto a ella, a pesar de que no pude renovarle conseguimos juntar algo de dinero entre los diversos científicos del grupo y le hicimos un mini contrato de siete meses para intentar acabar el trabajo que ya estaba comenzado. En todo caso, cuando esto escribo ella ya estará en el paro, pues se nos acabó el dinero y no pudimos renovarle más. En cuanto a su tesis, tendrá que acabarla mientras cobra el paro.

Esta compañera y su marido son ejemplos reales de la generación actual, damnificada por la actual precariedad de la ciencia. Es la nueva generación, el futuro que estamos forjando. Pero ella no se ha resignado y, como me comunicó, ha presentado una reclamación laboral contra el CSIC, y previsiblemente llevará al CSIC a juicio. Al conocer la noticia yo asentí levemente, sin decir nada. Lo que ella está haciendo es lógico dado el contexto, es legítimo y, más aún, la ley le ampara, pero es un nuevo problema para mi.

Desde hace unos años el Ministerio de Hacienda mantiene una soterrada guerra contra el CSIC, en diversos frentes. Uno de ellos, el que más encona los ánimos en el Ministerio, es la situación del personal que ha conseguido convertirse en personal indefinido por sentencia judicial. Resulta que algunas personas, habiendo enlazado diversos contratos a lo largo de los años para desempeñar funciones similares, reclaman al CSIC que les convierta en personal indefinido, en aplicación del Estatuto de los Trabajadores y las leyes laborales españolas. El CSIC siempre se niega a atender tal reclamación y los afectados demandan al CSIC, y en casi todas las ocasiones el juez da la razón al trabajador, por lo que el CSIC se ve obligado a hacerles contratos indefinidos y, en ocasiones, a crear plazas con su perfil que después salen a oposición y que generalmente las ganan los mismos que demandaron. De esta manera, más de 600 personas han conseguido estabilizarse en el CSIC durante los últimos años, lo cual, a juicio del Ministerio de Hacienda, es una auténtica vergüenza pues tal cosa implica que en el CSIC hay un auténtico coladero y que se está incorporando nuevo personal "por la puerta falsa". La obsesión de Hacienda con este problema se explica por la regla que se aplica a toda la Administración del Estado y de las administraciones locales, de reducir al máximo la nueva contratación para conseguir cumplir con los objetivos de déficit público fijados, ya hace años, por Bruselas. Que en el CSIC hayan entrado más de 600 personas que han pasado por debajo del radar les parece intolerable. No se paran a pensar que en el período de tiempo que va de 2008 hasta nuestros días habrán entrado por la puerta falsa esos 600 y pico trabajadores, pero al mismo tiempo han salido unos 5.000 por la de delante y así de manera neta el organismo ha perdido más de 4.500 trabajadores o alrededor del 30% de la plantilla. No se paran a entender que lo que necesitaría el CSIC, adaptándose a la idiosincrasia de una institución de investigación moderna, es que a la gente que actualmente se contrata por obra y servicio con cada proyecto, y que tienen perfiles tan especializados que sólo hay una o dos personas que lo tengan en España - con lo que la recontratación recurrente está asegurada - se la debería de contratar con contratos indefinidos y el día que dejase de llegar financiación, si es que así fuera, se les hiciera un despido procedente por causas económicas y se les pagase la indemnización correspondiente. Pero dado que nadie quiere cambiar las obsoletas figuras administrativas que tanto han de valer para un oscuro negociado del Ministerio de Administraciones Públicas como para un centro de investigación, se intenta adaptar la realidad a unas fórmulas administrativas imposibles. De ahí las denuncias y las condenas recurrentes al CSIC.

Delante de esa cascada de denuncias (que, como digo, no es ni mucho menos el problema en una institución que en realidad está perdiendo personal), la reacción de la jerarquía administrativa española no es intentar ajustar los modos de contratación a la realidad; ¡qué va! En vez de eso, la reacción actual a este problema ha sido una resolución de la presidencia del CSIC, del 6 de abril de este año, según la cual se hace una clasificación de centros según su "litigiosidad" o proporción de personal que ha demandado al CSIC en los últimos 5 años, para después usar esa clasificación para ejecutar una serie de represalias: prohibición de nueva contratación a los centros o grupos más "litigosos", anulación de complementos de productividad de las plantillas afectas y exclusión de los centros en las ofertas anuales de empleo público. La motivación de tales medidas es que, al entender de la dirección del CSIC, la culpa de que la gente litigue recae sobre el investigador que utilizó el dinero de su proyecto o contrato con una empresa para contratar a un trabajador cualificado para aquel trabajo y que al final resultó que demandó al CSIC. Resulta infantilmente obvio que no es legítimo ni lógico echarle la culpa a un tercero de los actos que libremente puede ejecutar un trabajador en el ejercicio de la defensa de sus derechos, pero el mensaje que se pretende pasar es sencillo: en vuestra mano está evitar que esa gente pueda litigar. Y de alguna manera tienen razón: si yo no contrato a nadie más, a pesar de necesitar a alguien con tal perfil y tener el dinero para contratarlo, o bien si manipulo los procesos selectivos en los que participo para evitar que alguien encadene contratos, entonces los trabajadores no podrían reclamar. De otro modo, yo no veo cómo puedo evitar que los trabajadores se encuentren en ocasión de reclamar, y al final que demanden o no al CSIC es algo que responde a su libre albedrío y escapa a mi capacidad de influencia (en modo alguno se me ha planteado ir a casa de mi compañera y romperle las piernas, por ejemplo). Tal y como yo lo veo, la única forma en la que los investigadores del CSIC podríamos acceder a los deseos expresados por la Presidencia (y que creo emanados de Hacienda) es cometiendo ciertos actos ilegales, cosa que de acuerdo con el juramento que presté al asumir mi condición de funcionario no puedo hacer. De otro modo, me tengo que exponer a las represalias que la disposición del 6 de abril me promete, sin poder hacer nada para remediarlo, lo cual me parece manifiestamente injusto y por tanto nulo de pleno derecho. 

Me alejo de mi compañera mientras sigo pensando: ¿me afectará su reclamación cuando el próximo enero lance los contratos del personal que tienen que mantener nuestro centro de producción de datos? ¿Me prohibirá el CSIC contratar más gente? ¿O de manera más sibilina alargarán los procesos de contratación que inicie como represalia contra mi por mi incapacidad de impedir que un trabajador reclame sus derechos, y también para crear un período de no contratación en la gente que ahora trabaja para mi y que previsiblemente lo seguirá haciendo, justamente para intentar minar, en fraude de ley, los derechos de estos otros trabajadores? 

La situación del personal contratado en el CSIC es especialmente complicada, fundamentalmente por la política que está siguiendo la institución. Hace unas semanas una joven ingeniera que trabaja con nosotros consiguió un contrato Ramón y Cajal, un tipo de contrato para jóvenes investigadores muy ventajoso. El contrato garantiza 5 años para los investigadores que lo consiguen, financiados al 80% por el Ministerio de Economía (que es quien saca la convocatoria) y el 20% restante proviene de la institución de acogida. Aparte de las dificultades para conseguir ese 20% y los problemas que plantea en el CSIC, está la cuestión de qué pasa después de que se agote el Ramón y Cajal. Pasar positivamente la evaluación que lleva a la concesión de un Ramón y Cajal implica que el investigador tiene un nivel bastante elevado, y tras 5 años lo lógico es que la gente aspire a tener algo más estable (en el caso de mi compañera, ahora tiene 35 años; cuando acabe el contrato tendrá 40 y, lógicamente, no querrá verse como al principio). Muchas universidades tienen compromisos de estabilización con los Ramón y Cajal, de modo que cuando se acaba el período de 5 años hay una evaluación de la actividad desarrollada y si ésta es positiva el investigador accede a alguna fórmula de contratación estable. En el CSIC tal posibilidad está completamente ausente, y así, cuando los contratados Ramón y Cajal acaban, si no tienen la suerte de sacarse una plaza en el CSIC o en cualquier otra institución, se van a la calle o denuncian al CSIC (y siguen el penoso camino que describí más arriba, para acceder a un contrato de ayudante de laboratorio). En el caso de mi compañera la ingeniera, ella ha optado por ir a una universidad que le ha hecho una oferta muy buena; nosotros, por nuestra parte, perderemos una gran profesional y amiga, mientras se va deteriorando nuestra capacidad técnica y humana.

En algunas raras ocasiones los contratados precariamente consiguen sacarse las castañas del fuego ellos mismos y obtienen la financiación para su propia contratación; pero si no es a través de alguno de los conductos previstos por el CSIC se generan nuevos problemas. Hace unos meses, otro compañero y buen amigo mío consiguió un proyecto de los buenos, un proyecto del actual programa marco europeo para la investigación, Horizonte 2020. El proyecto de mi amigo es uno de los pocos proyectos coordinados que se han obtenido en nuestra área del CSIC, y además la financiación que corresponde a nuestro equipo es más que significativa: da para contratarle a él durante los cuatro años del proyecto y a dos personas más. Sin embargo, había un problema: mi amigo no tenía un contrato laboral indefinido con el CSIC en el momento que consiguió el proyecto, y eso es algo que no sólo no está previsto, sino que al parecer es impensable desde el punto de vista del CSIC. Resulta que, por la cuestión de las demandas laborales, para el CSIC es completamente fundamental que no se demuestre lo que es un hecho, y es que se contrata a gente recurrentemente para hacer las mismas tareas, y que en particular éstas muchas veces van más allá de lo que se espera de un ayudante de laboratorio. Así, tanto el investigador responsable de un contratado laboral como el propio trabajador han de firmar cada cuatro meses un documento en el que se explicitan las tareas, todas ellas contempladas en el proyecto que financia la contratación laboral, que la persona contratada ha desarrollado durante ese período; y el investigador responsable afirma que ni ha solicitado ni ha consentido que ésta haya realizado otras tareas (un documento, a fe mía, de poco valor jurídico, ya que tenemos que firmarlo obligatoriamente tanto el investigador responsable como el contratado). En el caso de mi amigo, conseguir el proyecto, en vez de ser una alegría (sobre todo teniendo en cuenta la cuantía económica del mismo, amén de la contribución al prestigio de la institución) se convirtió en un problema de difícil solución. En diversas ocasiones se le dijo, de forma no siempre todo lo considerada que hubiera sido aconsejable, que debía renunciar a ser el investigador responsable y que cualquier otro investigador de plantilla debía pasar a serlo, y que ya se vería si después se le contrataba o no. Como quiera que él no estuvo conforme con esas propuestas, se desencadenaron toda una serie de acciones que no detallaré aquí, pero que viví muy de cerca por la estrechez de mi relación con mi amigo, por participar en el equipo de investigación de su proyecto y por ser precisamente yo mismo el investigador responsable que lo había tenido contratado mientras cometía la ilegalidad de solicitar el proyecto (por cierto que para tranquilidad de mis superiores, puedo acreditar que mi amigo preparó el proyecto sacándose el tiempo fuera de la jornada laboral, y que llegó a preocuparme lo poco que durmió en las semanas previas a la entrega del proyecto). Al final, tras un largo tira y afloja al final se encontró una fórmula para que mi amigo pudiera ser el investigador principal del proyecto que había escrito y concebido él coordinando una decena de universidades y centros de investigación europeos, aunque el episodio ha servido para que el CSIC haya sacado una normativa anti casos como éste y que mi amigo esté en alguna lista negra en Madrid.


La preocupación por el futuro del personal laboral en el CSIC, y más en concreto lo que sucederá con mis próximas contrataciones, se añade a la pila de otras preocupaciones que arrastro como las cadenas de un fantasma desde hace meses. El grupo de investigación que heredé de mi jefe cuando éste se jubiló fue bien financiado durante años, pero en los últimos tiempos nuestra principal fuente de financiación española, el Plan Nacional de I+D+i, comenzó a menguar drásticamente. Es algo lógico, pues los recursos escasean en el Plan Nacional, se presentan muchos y muy buenos proyectos, y la financiación no alcanza para cubrir las necesidades de todos ellos, así que se tiene que repartir como buenamente se puede. Yo no me quejo por la financiación que hemos recibido, que es muy generosa dadas las circunstancias pero muy inferior a la solicitada, y con el PN no me llega para cubrir el mínimo de actividades que yo he decidido asumir. Así que no me ha quedado más remedio que liarme la manta a la cabeza y lanzarme a buscar financiación de fuentes diversas, públicas y privadas, y a recorrer media Europa en busca de oportunidades. Ahora viajo mucho más que antes y dedico una mayor parte de mi tiempo a la gestión y búsqueda de proyectos. Y con cierto éxito: este último año he conseguido ya participar en tres proyectos y contratos, además del del Plan Nacional, y la continuidad de mi grupo para los próximos dos años parece garantizada. No puedo parar, pues tengo que seguir buscando más y más para seguir indefinidamente, en una carrera sin fin. Al tiempo, el trabajo de los últimos años está dando sus frutos y por fin estamos mostrando el gran potencial de este grupo, llegando a donde nadie más que nosotros ha podido llegar (como por ejemplo recuperar salinidad superficial del océano desde satélite en áreas como el Mediterráneo, donde el diseño de las misiones no permitía esperar recuperar una señal coherente). El esfuerzo es grande y está mereciendo la pena, al menos desde una perspectiva bautomática, y mientras dure.

Pero una cosa es la situación de mi grupo de investigación, que de momento es saneada y tiene unas razonables perspectivas de futuro, y otra es la del centro donde trabajo, el Instituto de Ciencias del Mar. Las reposiciones por los errores de ejecución en los proyectos, reclamadas con tardanza y cierta mala fe, más los intereses de demora que nos ha aplicado el Ministerio de Hacienda, más cierto número de avatares que nos han costado bastante dinero, han hecho disminuir enormemente los activos de un centro que durante muchos años ha tenido un balance muy saneado. No sé ni puedo saber cuál es nuestra situación actual, pero resulta un mal indicio de por dónde van los tiros la medida extrema que tomó mi director hace unas semanas de poner todos los servicios del centro al ralentí, al menos hasta saber exactamente donde estamos. Mi impresión es que estamos tocando fondo en lo que se refiere a la capacidad de financiar nuestra infraestructura básica, y en los pasillos hay quien dice que no podremos pasar de septiembre. Yo no soy tan pesimista, pues siempre hay cierto margen para el ahorro y para estirar lo que quede, pero en todo caso lo que está claro es que nuestra situación no es tan boyante como lo fue y que probablemente nunca más lo vuelva a ser. Sé que nuestro nuevo escenario nos acerca al habitual de muchos otros centros del CSIC, donde se vive al día y hoy se capean los problemas de hoy y los de mañana mañana los veremos. Pero esta pérdida de recursos, combinada con los problemas de gasto y los de personal, conforman una tormenta perfecta que nos podría arrastrar al fondo cuando llegue la siguiente marejada.

Ahora mismo vamos a la deriva, intentando capear lo que podemos e intentando enderezar el rumbo con los recursos que vayamos consiguiendo, rezando para que la tempestad que ya se divisa en el horizonte internacional (crisis financiera, crisis bancaria, nuevos recortes en España) no nos acabe de hundir. Por mi parte, sé que tarde o temprano nos vamos a ir a pique, que forzosamente nos tenemos que ir a pique. Pero no por eso saltaré del barco un segundo antes de lo inevitable, y mientras me queden fuerzas intentaré ayudar tanto como pueda a enderezarlo. Porque quizá, si creemos que podemos conseguirlo, acaso sí lo consigamos. Y porque, en todo caso, rendirse no merece la pena, pero intentarlo sí.

Salu2,
AMT
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Terraplanismo y otras ideas paracientíficas

Ácratas - 1 August, 2016 - 22:56


No nos gusta la censura ni coartar la libertad de expresión. Pero, francamente hartos de tanto comentario extemporáneo en todos los artículos sobre contubernios terraplanistas, holocáusticos o antinucleares, que nos resbalan absolutamente y que no hacen más que torpedear el verdadero interés de los temas que publicamos, creamos un hilo para ellos. Todo comentario sobre contubernios de este tenor, fuera de este hilo, irá directamente a la papelera.

ÁCRATAS



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The Oil Crash llega a los siete millones de páginas vistas

The Oil Crash - 1 August, 2016 - 08:34


Queridos lectores,

En la madrugada de hoy, 1 de agosto de 2016, este blog, The Oil Crash, ha llegado a los siete millones de páginas vistas, como muestra la captura de pantalla que abre este post (en este caso debo dar las gracias a Gimp por haber captado el momento mientras todos dormíamos). Cuando el blog llegó a los seis millones de páginas vistas comentábamos que se había observado una ligera desaceleración, pues la frecuencia de cada nuevo millón de visitas había pasado de los ocho a los nueve meses. Llegar a este nuevo millón ha vuelto a llevar nueve meses (más concretamente, nueve meses y seis días), y de nuevo con un ritmo de publicación más moderado que los primeros años (he publicado 51 posts desde el último millón). La tendencia, por tanto, apunta a un cierto estancamiento en la afluencia al blog, aunque en los últimos meses parecería estarse produciendo una cierta mejoría (que se manifiesta en un incremento de las páginas vistas, incluso en estas semanas estivales).

De acuerdo con Google Analytics, hasta el 31 de julio de 2016 han entrado en The Oil Crash 1.139.838 usuarios, mientras que cuando verificamos este número en el momento en que llegamos a seis millones de páginas vistas, el 25 de octubre de 2015, la cifra de usuarios únicos era de 1.011.709 (por cierto que si se fijan verán que, como siempre, la cantidad total de páginas vistas que registra Google Analytics es más abultada que la que registra el propio Blogger). 


Por tanto, en estos nueve meses 128.129 nuevos usuarios han entrado en esta página, y por tanto el lectorado sigue una tendencia creciente (aunque es conveniente no olvidar que algunos de estos usuarios vienen una vez y ya nunca más vuelven, y que algunos usuarios más antiguos han abandonado esta página). En el período del anterior millón se habían registrado 180.000 nuevos usuarios, con lo que queda claro que el crecimiento del lectorado ya no es tan intenso. Conforme con este dato, el porcentaje de usuarios recurrentes ha disminuido levemente.

Que un blog maduro (lo abrí hace ya seis años y medio), un blog que versa sobre un tema tan antipático como es la escasez de los recursos naturales y los problema de sostenibilidad de nuestra sociedad, un blog que encima aborda estos temas desde una perspectiva bastante técnica y a veces árida, pueda a pesar de todo eso continuar creciendo demuestra que el tema sigue teniendo interés. Ahora hace ya más de un año desde que el mundo probablemente llegó a su peak oil; ahora que sus efectos comenzarán a manifestarse es probable que el interés por todos estos temas experimente un rebrote. Es triste constatar que durante todos estos largos años, en los que desde esta bitácora y otras páginas que la precedieron se avisó del problema, no se haya hecho nada útil para paliar el grave problema que se viene. En todo caso, queridos lectores, permanezcan en sintonía, porque probablemente el impacto y presencia de este blog se van a ver incrementados durante los próximos meses.


Salu2,
AMT
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Reseña de "Economia per a un futur sostenible", de Vicent Cucarella

The Oil Crash - 28 July, 2016 - 11:27


Hace quizá un par de meses Vicent Cucarella me hizo llegar este librito a través de su editora, la Editorial Bromera.

Vicent Cucarella es profesor de economía, asociado a la Universidad de Valencia, y desde hace pocas semanas es el Síndico de Cuentas de la Comunidad Valenciana. El ascenso de Vicent a un cargo de tal responsabilidad es un signo de los progresivos cambios en la sensibilidad colectiva sobre los grandes retos que tiene la Humanidad, particularmente porque el libro que comentaré hoy es un ensayo sobre los fundamentos de la economía, sobre los problemas de sostenibilidad que generan los errores de concepto de las corrientes clásicas de pensamiento clásico, y sobre el decrecimiento como fenómeno inevitable pero al tiempo una oportunidad.

De pequeño formato y letra muy legible, y con un estilo muy ligero y didáctico, las poco más de 200 páginas del libro pueden ser devoradas, y con gran provecho, en una tarde de verano. El objetivo más o menos declarado del libro es impartir un pequeño curso sobre fundamentos de economía, teniendo en cuento aspectos que sabemos que son cada vez más importante pero que son desdeñados por las corrientes actualmente dominantes en las escuelas de economía: el agotamiento de los recursos, el límite de biocapacidad de la biosfera, los riesgos ambientales, la amenaza de la pérdida de biodiversidad... Todo ello entra de manera muy natural en un discurso que comienza con los conceptos básicos y tradicionales de la economía y que evoluciona de manera muy lógica, muy consecuente, a considerar estos aspectos.

Para hacer el libro más digerible para el lector más joven y menos proclive al estudio, el ensayo se estructura como una serie de conversaciones de un joven estudiante de bachillerato con una profesora de economía, amiga de su familia, y ocasionalmente con su marido (el cual es oportunamente físico de  profesión, lo cual permite convenientemente introducir el punto de vista de las ciencias naturales en el punto central de la discusión). El lector puede identificarse con el joven estudiante, lego en todas esas materias pero lleno de sana curiosidad y entusiasmo juvenil;  y la estructura del libro como una sucesión de conversaciones (un poco inverosímil, pero recurso aceptable para la presentación gradual de los conceptos requeridos), con el hilo conductor de situaciones cotidianas y el subrelato del día a día de nuestro estudiante en vacaciones de verano, ayuda a esponjar el texto y a hacerlo muy ameno y cómodo de leer.

La manera de introducir los conceptos es muy sencilla, sin entrar en formulismos y evitando la proliferación de jerga, con tan sólo un puñado de términos clave introducidos a lo largo de todo el texto. Contribuye mucho a la legibilidad del texto que cada concepto estándar que es introducido se marca en negrita; y para acabar de ayudar al lector profano que quiere consolidar sus ideas, en cada instancia ulterior o posterior en la cual se menciona un determinado concepto se recuerda en qué página fue definido. En todo caso, la mayoría de los conceptos son muy básicos y toda la gente de cierta edad ya los ha oído más de una vez en su vida, con lo que el libro también contribuye a clarificar algunas confusiones comunes, al explicar qué es cada cosa de manera sintética, con la ayuda de ejemplos simples y cotidianos, y en lenguaje muy llano.

El libro, escrito en valenciano, es realmente una pequeña joya que merece ser regalado a ese pariente que demuestra un poco de interés sobre estos temas pero que nunca se tragaría un solo post de este blog. Sería muy interesante verlo traducido a otros idiomas.

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Había una vez... un circo...

Ácratas - 23 July, 2016 - 20:36


Y el circo continúa: nuevos atentados con cabezas de turco --delincuentes habituales-- ex-confidentes de la policía (ahora moran en el Infierno como confidentes de Satanás). Pero ¿para qué destripar los entresijos de lo evidente? Está claro siempre, siempre, siempre. Del primero al último de los atentados "islamistas" que vienen asolando Occidente. Mezclas de teatro y sacrificio de unos cuantos gilipollas atrapados en sus delitos que cambian la cárcel por la "protección" de la Policía, funcionarios eventuales del Estado con cargo a los fondos reservados, incluyendo el entierro.

Y los políticos hideputas como Hollande hablan nítido, siempre que entendamos justo lo contrario de lo que dicen: "No quiero que los franceses (es decir, quiero que los franceses) tengan miedo".

Los políticos son transparentes en cuanto comprendes que todo lo que dicen son velos que ocultan las verdaderas intenciones del Poder Global, constituido por el Sanedrín Financiero Internacional y unas decenas de miles de acólitos ansiosos de poseer cuanto más dinero falso mejor.

¿Y en España? ¿Cómo estamos, aparte de más pobres que las ratas? Pues lo mismo: después del pucherazo perpetrado por Indra* en las elecciones del junio, todos los partidos callan por la cuenta que les tiene. Incluso los perjudicados. Porque si alguien descorriera la cortina y oreara las alfombras de los despachos, la putidemocracia de que disfrutamos se iría a pique como un ladrillo en un estanque. Y eso no lo quieren ni Pedro, ni Pablo ni Judas Iscariote. Y mucho menos el ministro del Interior, que no se debe a la democracia ni al puto pueblo español, sino a la Obra de Dios.

Así que ¡a aceptar todos que el voto por correo se dobló en junio respecto al resto de las elecciones!, como si las tendencias sociales pudieran cambiar de pronto, como las pacíficas larvas se convierten en voraces ladillas cojoneras. Y como si "las israelitas" (sondeos a pie de urna y con los 50 primeros votos escrutados de una serie de mesas elegidas estadísticamente como más confiables) se pudieran equivocar en más de un 2%. Pero no es sólo eso. Hay más. Si pudiéramos analizar el programa de Indra (porque ¡mira tú!, fuera de código abierto) veríamos el parecido que tiene con el que utilizaron los Bush para ganar en EEUU en la segunda legislatura del asesino con cara de tonto al que tanto admiraba y sigue admirando Aznar. Otro que tal baila. La cadena de custodia termina en el ordenador del Ministerio. Las pruebas se destruyen, porque están ya "en buenas manos". Y ciertos partidos tienen un límite de votos. El resto pasan directamente al partido "ganador" preestablecido. Por eso el PP ha tenido 700.000 votos más de lo esperado y Podemos 700.000 votos menos.

La única noticia alentadora de este mes y pico que hace que no escribo, para los pocos seres libres que vamos quedando, ha sido el Brexit, consecuencia de una de las pocas veces que han dejado hablar al pueblo libremente. Porque el Brexit ha demostrado que la cárcel en que se ha convertido la Europa de los funcionarios a sueldo del Poder Global, empezando por la gorda de la Merkel, tiene los muros de adobo de paja y mierda seca. Por supuesto, el Reino Unido no va a irse de Europa, se van a dilatar las negociaciones más que el chocho de una elefanta de parto. Pero la Troika sabe ya que su capacidad de apriete sobre el cuello de los ciudadanos tiene un límite. De ahí que el Gobierno español se pase por el forro de los cojones el techo de déficit que se deriva del cambio del artículo 135 de la Constitución Española, que el PP cometió en contubernio con el PSOE en septiembre de 2011.

Por cierto: El futuro Gobierno está ya pactado. Los diputados de los partidos se bajarán todos los pantalones, como ya han hecho para elegir la presidencia y el resto de la Mesa del Congreso. En agosto, Rajoy volverá a ser presidente, espero que en minoría permanente por los siglos de los siglos. Pero que no nos extrañe que alcance el pacto de gobernabilidad que todos los medios aseguran que "están reclamando los españoles". Jajajajaja, es para mear y no echar gota. Como si los españoles deseáramos que el PP ponga la cuchilla, el PSOE la guillotina y Ciudadanos la cesta para irnos decapitando de uno en uno.

En fin, no quiero amargaros más la vida, salid de vacaciones y petad vuestras visas. Que a este circo le quedan cuatro telediarios.

MALDITO HIJO DE PERRA


* Indra fue elegida a dedo por el ministro del Interior, sin concurso, ni plicas ni pollas.




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El temor al colapso

The Oil Crash - 20 July, 2016 - 12:46


Queridos lectores,

Parafraseando a Karl Marx, se podría decir que un fantasma recorre Europa estos días, aunque en puridad no es sólo Europa lo que está siendo recorrida por un espectro desasosegante que hace que se le erice el vello a más de uno, a veces sin saber muy bien el por qué. Desde los atentados en París en noviembre pasado Europa ha vivido en un estado de excepción más o menos permanente (yo estuve en Bruselas dos semanas después de la tragedia del Bataclan y era bastante impresionante ver cómo el ejército había tomado las calles). A pesar de la creciente represión policial en casa y el (presumido) incremento de la actividad bélica fuera (en Siria, pero no sólo en Siria), el goteo de atentados en suelo europeo no cesa; en los últimos meses los dos más importantes han sido el ataque del aeropuerto de Bruselas en marzo y el masivo y brutal atropellamiento de hace unos días en Niza. Estos atentados masivos son acompañados por otros menos masivos (como el acuchillamiento de varias personas en Grafing el pasado mes de mayo o en Wüzburg hace unos días, ambos en Alemania, o en Garde-Colombe en Francia) pero no por ello menos inquietantes porque dan a entender que hay mucha gente capaz y deseosa de matar. Con todo, lo más terrible de estos atentados es la insólita pero unánime certeza del ciudadano de a pie de que por fuerza han de venir más; de que lo que ha pasado es sólo el preámbulo de otros eventos similares o incluso más terribles por venir. De ahí ese desasosiego compartido, ese escalofrío que recorre la espalda y pasa de ciudadano en ciudadano, como el espectro que mencionábamos: hay una cierta conciencia y un insensible consenso en que de alguna manera estos eventos terribles no sólo han venido para quedarse, sino que todos comenzamos a temer que pueden hacerse más frecuentes en un futuro próximo.

Sería muy fácil atribuir ese malestar, esa incertidumbre espantosa de no saber si la próxima vez que algo reviente afectará a los más allegados, a la guerra que de manera más o menos declarada Occidente parece estar librando contra el Estado Islámico, ejemplificada (aunque no sea su único frente) en la denominada guerra de Siria. Ya hemos comentado que la aventura del Califato Islámico en la tierra de nadie entre Siria e Irak podría terminar rápidamente si realmente hubiera voluntad de hacerlo. Al fin y al cabo, ISIS financia los enormes costes de su guerra convencional en la parte noroccidental del Creciente Fértil con la venta del petróleo y la compra de armas, el comercio de los cuales se hace mayoritariamente gracias a una quilométrica columna de camiones que pasa a través de un paso fronterizo con Turquía. Esa línea de aprovisionamiento sería presa fácil de los países que dicen combatir a ISIS si realmente quisieran acabar con el Estado Islámico (recuerden cómo acabó un caza ruso que osó atacar esa columna). La triste realidad es que la guerra de Siria sirve para darle cuerpo a algo más complicado que se está fraguando en Occidente, una suerte de guerra civil difusa en el que los contendientes aún no se han identificado plenamente a sí mismos. Resulta, una vez más, un espectáculo grotesco ver que como respuesta a la masacre que un ciudadano francés ha perpetrado con algo tan prosaico como es un camión, matando a más de ochenta compatriotas, una de las respuestas que ha dado el gobierno galo sea anunciar un recrudecimiento de su actividad bélica en Siria. Y también significativo el multitudinario abucheo al primer ministro francés Manuel Valls, odiado por la reforma laboral impuesta a golpe de decreto en el parlamento y de porra en la calle, durante el minuto de silencio en honor de las víctimas.

No nos gusta aceptarlo, pero lo cierto es que, en el momento en que las potencias decidan poner punto final a la farsa de la guerra en Siria, el peligro de un atentado de proximidad, perpetrado por el vecino con el que cruzas por la calle o incluso en el descansillo, no se habrá terminado; al contrario, todos somos conscientes de que el hundimiento final del Califato catapultará a tantos desesperados, incapaces de aceptar la desaparición de su última esperanza de una vindicación, de una mejora de su vida, de una salida a su malestar y a su exclusión social. Queremos creer que el problema proviene, total o mayoritariamente, de una "radicalización islámica", y pasamos de puntillas sobre el trasfondo de exclusión social de los asesinos, como si ésa fuese una condición aprovechada por los integristas y no la razón principal de los problemas.

Ese discurso banalizante del integrismo islámico ha querido también utilizarse para explicar el incremento de tiroteos y altercados en los EE.UU. durante el último año, pero los últimos eventos en ese país cuadran mal con ese patrón. En realidad lo que vemos es esa clase media norteamericana que naufraga en sus microeconomías del día a día, en medio de tanta fanfarria de estadísticas infladas que aseguran que la macroeconomía del gigante americano avanza viento en popa. Esa clase media que está harta de la marginación y de la indisimulada coerción policial constante, sobre todo sobre la población excluida y a excluir. Es esa misma clase media con un roto sueño americano la que apuesta por una ruptura con todo, percibiendo que ya poco tienen que perder, y que auparon a Donald Trump a la candidatura del Partido Republicano y que podrían acabar dándole la presidencia de su país. Es ese mismo temor creciente de la clase media británica el que ha propiciado el resultado del referéndum en el Reino Unido, desfavorable a la permanencia de ese país en la Unión Europea. Es ese malestar que va avanzando por toda Europa, a veces apoyándose en el chivo expiatorio de la inmigración y la xenofobia, pero que no es más que las plasmación del miedo de la clase media a su hundimiento. En los extremos norte y sur de la parte oriental del Viejo Continente encontramos ese mismo fenómeno, en sus dos extremos, también, sociales. 

En el norte encontramos un país hacia donde nadie mira ahora mismo, pero que está atravesando una situación económica y hasta política cada vez más delicada: Noruega. El declive progresivo de la producción de petróleo noruego (que comenzó con el cambio de siglo), unido a los bajos precios actuales de esta materia prima han causado un gran quebranto no sólo en las cuentas de la principal empresa petrolera noruega, Statoil, sino en las arcas de ese Estado. La gran incertidumbre sobre los precios futuros del petróleo (a corto plazo, por la concurrencia de factores que lo empujan en direcciones contradictorias; a más largo plazo, por la inevitable volatilidad que caracterizará el precio del petróleo en los próximos años) están sentando las bases para que un populismo de nuevo cuño se asiente en Noruega con la promesa de devolver a sus clases medias el relumbrón de décadas pasadas que ya no ha de volver por razones prosaicas, pura geología y termodinámica. Noruega, país tan alabado y admirado por sus políticas sociales, no parece que pueda escapar de la bancarrota petrolífera que atenaza a cualquier otro país productor.

En el extremo opuesto del mapa nos encontramos con Turquía, país que hace pocos días sufrió un frustrado intento de golpe de Estado. Deberíamos decir "afortunadamente frustrado", pero prácticamente sin solución de continuidad la prensa de esta parte del mundo se ha lanzado a denunciar las represalias que el presidente Erdogan (otrora denominado "islamista moderado") ha tomado para depurar responsabilidades y, ciertamente en realidad, avanzar hacia un Estado de corte cada vez más autoritario que parece desear. No es ese creciente autoritarismo turco algo nocionalmente muy diferente de lo que está pasando en el resto de Europa; es simplemente que el presidente turco es menos sofisticado que sus homólogos de este lado del Bósforo y juega sus cartas más abiertamente. En particular, el presidente Erdogan ha dejado claro que su prioridad ya no es el ingreso en la UE desde el momento que está considerando reinstaurar la pena de muerte (este gesto no es inocente: él es perfectamente consciente de que la UE nunca aceptaría el ingreso de un país que ejecuta a sus presos, y Europa debería tomar buena nota de la previsible reconfiguración de uno de los frentes de la guerra que se libra en el Próximo Oriente). Pero volviendo al fracaso del golpe de estado, ha sido el pueblo turco el que mayoritariamente lo ha abortado, saliendo a la calle y pagando con ello su tributo de vidas inocentes. Esos jóvenes turcos, que mayoritariamente sueñan con vivir una vida como les venden las televisiones que es el paraíso occidental, han salido a defender a su presidente islamista y con derivas autoritarias y posiblemente megalomaníacas frente a unos militares que históricamente se han considerado a sí mismos garantes del carácter laico del Estado turco y del espíritu modernizador del padre de la patria, Mustafá Kemal Ataturk. Si masivamente los turcos no han permitido al ejército deponer a Erdogan, pagando para ello incluso con sus vidas, es porque perciben que volver a lo de siempre, al BAU, no es garantía más que de continuar con el declive social,


Por tanto, el trasfondo verdadero y el hilo conductor de lo que está pasando, en Europa y en Occidente, es el creciente miedo de la clase media ante el colapso que viene; es la reacción a la congoja que siente al oír los chasquidos y crujidos de un andamio social cada vez más frágil. Los atentados, las revueltas, las manifestaciones, la defensa a muerte de un protodictador, son los golpes a tontas y a ciegas de los desesperados que no se resignan a caer en la Gran Exclusión y que las más de las veces sólo aciertan a golpear a los cercanos, a los que si aún no están excluidos podrían estarlo en no tantos años. Una parte nada despreciable de la población nota hace tiempo que está cayendo, sin que nadie sepa o pueda parar su caída, y en su angustia actúan con histeria ciega, como la persona que ahogándose en el mar puede acabar ahogando a su rescatador.

No está de más repetirlo aquí, una vez más: la producción de petróleo crudo llegó a su máximo en 2005, y contando con los hidrocarburos líquidos con los que hemos mediocremente intentado compensar esta caída parece haber llegado a su máximo definitivo en 2015. El carbón y el uranio parecen estar en una situación similar, y no falta mucho para que lo mismo le ocurra al gas natural. Aún cuando el suministro de energía es y seguirá siendo por muchos años grandioso, ya no va a crecer más, sino que va ir menguando progresivamente. Y eso no permite seguir creciendo y eso, en nuestro sistema económico que nuestros zelotes y nuestros expertos se niegan a cuestionar, nos lleva a una crisis económica que no acabará nunca. De estas nociones, básicas y un tanto abstractas, se derivan ésas otras, mucho más concretas y dolorosas. ¿No lo ven? ¿No entienden qué está pasando? Son seres humanos que sufren y que arrebatados por su rabia golpean contra otros que son sus semejantes. Esto es el colapso, esto es el hundimiento; un proceso de velocidad insensible pero con efectos dolorosos, que deja por rastro humanos hechos jirones.


En realidad, quienes más miedo tienen al colapso son aquellos que niegan que éste sea posible y miran para otro lado cuando los diversos problemas y disfunciones se acumulan, y acusan a los que todo esto denunciamos de pesimistas y apocalípticos, de morbosamente adictos a la catástrofe mil veces anunciada y nunca cumplida. Está claro que regodearse morbosamente en los problemas es malsano, pero no lo es menos (y es más infantil) apartar la mirada cuando lo que tenemos por delante exige una respuesta meditada y adulta. Lo que se necesita es encarar la verdad, sin aspavientos pero sin remilgos. Nada está escrito y nada es necesario (particularmente, el desastre no lo es), pero no podemos esperar que si cerramos los ojos y nos tapamos los oídos gritando "no lo oigo, no lo veo" las cosas negativas vayan a desaparecer como por ensalmo. Más que nada porque lo que es más probable que desaparezca son nuestras seguridades.


Salu2,
AMT
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Cuatro clavos

The Oil Crash - 13 July, 2016 - 11:08


Queridos lectores,


Estos días hay un tema que resulta recurrente en las conversaciones que tengo con diversos amigos y conocidos: cuál será, previsiblemente, la evolución económica de España durante los próximos meses. A pesar del tono optimista que se intenta dar desde la mayoría de los medios de comunicación, es evidente que hay ciertas tensiones económicas de importancia ahora mismo, y así un día en una cadena nacional de televisión nos pueden decir que el FMI no descarta que volvamos a entrar en recesión, y al día siguiente, el mismo medio y el mismo presentador nos puede decir, sin despeinarse, que se espera que en España el PIB crezca un 3% este año y cantidades similares en los próximos años. 

La realidad es que en este momento hay no pocos riesgos económicos para España, la mayoría de los cuales comparte con otras economías occidentales pues son de alcance global. Lo más preocupante de los riesgos es su alcance y profundidad, puesto que todos ellos son el resultado de una degradación progresiva de las bases de la economía mundial, a medida que el capitalismo va inexorablemente perdiendo su viabilidad. No es sólo es que estemos explorando nuevos territorios de esta crisis que no acabará nunca, sino que los procesos que ahora comienzan sólo se detendrán para ser sustituidos por otros peores.

Pero analicemos cuáles son estos problemas que se divisan en el horizonte económico español.


  1. Impacto del Brexit. Aparentemente las clases dirigentes del Reino Unido (y también las europeas) han interiorizado que la salida del Reino Unido de la Unión Europea es un proceso irreversible. Para pesar de todos los que abogan por la repetición de un referéndum cuyo resultado creen poder revertir, lo cierto es que volver a celebrar el referéndum seguramente exacerbaría los ánimos e incrementaría el rechazo a la UE. El proceso de salida, por tanto, parece irreversible. Aunque a muchos efectos prácticos el Reino Unido no abandonará la UE (puesto que el Reino Unido firmará multitud de acuerdos comerciales para preservar un cierta status comercial con la UE), lo cierto es que el Reino Unido recuperará la plena soberanía en cuestiones económicas, fiscales y de circulación de personas. Con el Reino Unido fuera de Europa, existe el riesgo de que el país se decante claramente por ser un paraíso fiscal, como ya apuntábamos antes del referéndum, lo cual parece confirmarse con el reciente anuncio de la reducción de la fiscalidad a las empresas radicadas en las islas. No es sólo esta competencia desleal con Europa casi desde su corazón (que, no nos engañemos, ya se producía en parte con el régimen especial que se le aplicaba a la City londinense) la que va a complicarle la vida a España. En el corto plazo, la salida del Reino Unido de la UE implica que España pasa de ser un receptor neto del presupuesto europeo a ser un contribuyente neto, lo cual ampliará la lista del "debe" español en un momento en que se le está aplicando un expediente por déficit excesivo. Pero es que además los mercados financieros están castigando más en estos días a las economías periféricas del euro que al propio Reino Unido, en una demostración de que el gran capital ve más viable un Reino Unido fuera de la UE que una España o una Italia sufriendo por mantenerse dentro de ella. Justamente, con las otras dificultades crecientes, el peligro de un contagio de los abandonos de la UE, sobre todo por parte de economías más competitivas que la española, aumentaría la presión negativa sobre España. 
  2. Deutsche Bank: La evolución del principal banco de Alemania durante los últimos meses ha sido ciertamente traumática; en más de una ocasión se ha comparado la evolución del precio de sus acciones al de Lehman Brothers en los meses previos a su quiebra. Aparte de la mayor o menor arbitrariedad de esta comparación, lo cierto es que DB encadena unos meses muy aciagos con multitud de noticias muy negativas. El secreto a voces de DB es su exposición a derivados financieros dudosísimos, por valor, dicen algunos, de unos 60 billones de euros (para que se hagan una idea, eso es más de 20 veces el PIB anual de Alemania). Si los alemanes se aplicaran a sí mismos el criterio que hasta ahora ha primado en la Unión Europea con los problemas de los sistemas bancarios de Grecia, Italia, Irlanda o España, según el cual cada estado ha de rescatar sus bancos, las compensaciones del Tratado de Versalles iban a parecer una broma de colegiala. Resulta obvio que si el DB llega en algún momento a quebrar, una parte importante de su deuda quedará impagada (con repercusiones a escala global), mientras que el resto de la deuda sería repartida por toda la zona euro y posiblemente por la UE (de nuevo, la salida del Reino Unido parece muy oportuna, y la tentación de nuevas salidas sería aún mayor). Curiosamente, la prensa especializada se centra estos días en los  problemas (comparativamente bastante menores) de los bancos italianos, supongo que porque es un problema más tratable que el del primer banco alemán. ¿Y qué pasa con los bancos españoles? La banca española también es señalada en algunos momentos, ciertamente no con la misma insistencia que la italiana aunque han circulado algunas noticias bastante negativas (por ejemplo, las referentes a la ampliación de capital del Banco Popular). De cómo se afronten, sobre todo desde el punto de la equidad, la crisis del DB por un lado y las crisis bancarias periféricas por el otro depende algo tan crucial como la afección o desafección de los ciudadanos de  Grecia, Italia, España o Portugal al proyecto europeo.
  3.  La desinversión petrolífera: De este problema  ya hemos hablado en repetidas ocasiones en este blog (por ejemplo, en el post "Pasándose de frenada"). Hay un problema muy serio con la desinversión de las empresas dedicadas a la explotación de petróleo. Estas compañías que, no lo olvidemos, perdían dinero a espuertas antes incluso de que el precio del petróleo cayera, no podían continuar invirtiendo como solían y de hecho están contrayendo sus inversiones de manera brutal (un 20% de 2014 a 2015, y se espera que más de un 25% este año con respecto al 2015). Conviene no olvidar que durante los últimos 30 años la inversión global en exploración y desarrollo de nuevos pozos de petróleo y gas se había multiplicado, en términos reales, casi por 10, como muestra la siguiente gráfica:En la misma gráfica se ve que desde 2005 las ganancias en la producción de petróleo han sido bastante marginales y sólo rebrotaron un poco a partir de 2011 gracias al petróleo ligero de roca compacta (LTO) que se ha explotado en EE.UU. con la técnica del fracking. Justamente, el mayor peso en la nueva producción de esos hidrocarburos de baja calidad y alto coste es lo que estaba arruinando a las compañías, aún cuando el precio del barril de petróleo se situaba en los 100$. Con el precio actual en casi la mitad, muchas compañías están quebrando y las que sobreviven están paralizando drásticamente sus actividades de búsqueda y desarrollo de nuevos yacimientos. La desinversión ha sido tan fuerte que ya se da por descontado un retroceso de la producción de petróleo en varios millones de barriles de petróleo diarios durante 2016 y 2017, simplemente teniendo en cuenta el tiempo que se tarda en poner en marcha un yacimiento. En este contexto, en tanto que la demanda, aunque estancada, se mantenga, es seguro que el precio del petróleo va a subir como un cohete en algún momento de los próximos meses. Cuando eso suceda, el precio será demasiado alto como para que la economía general lo pueda tolerar demasiado tiempo, y eso generará nueva recesión y precios de nuevo bajos, para mayor desgracia de las compañías petrolíferas: es la maldición de la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda que tantas veces ya hemos comentado. El futuro corresponde a un precio del petróleo volátil, que nunca estará a un nivel satisfactorio al mismo tiempo para productores y consumidores. Lo único que puede evitar ese repunte y posterior caída de los precios del petróleo es que se desencadene una nueva oleada recesiva global por los dos motivos enumerados más arriba, lo cual lo único para lo que serviría es para agudizar la agonía de las compañías productoras de petróleo y que el retroceso de la producción fuese aún más agudo. En suma, que podría postergar el latigazo de precios durante unos meses, so pena de hacerlo más grave. De todos, éste es el riesgo que me parece mayor, pues atenta contra las bases físicas de nuestro sistema económico y acelera la velocidad de nuestro declive energético, el cual puede arrastrar consigo el derrumbe de muchos estados y llevarnos a un punto desde el cual hacer las transformaciones necesarias sea mucho más difícil.
  4. Los problemas de España: Los lectores españoles han oído hablar mucho estos días de las penalizaciones que la UE está estudiando imponer a España por causa de su déficit excesivo en 2015. A parte de la multa que finalmente se pueda imponer a España (de hasta 2.000 millones de euros), se tiene que recordar que España tiene que acometer unos recortes para ajustar su déficit a lo exigido de por lo menos 10.000 millones de euros. Lo cual quiere decir que el próximo Gobierno de España tendrá que acometer toda una nueva serie de recortes en las partidas de su presupuesto y previsiblemente la mayor parte del peso de estos recortes recaerá sobre las partidas sociales. Esto acrecentará el malestar social en España, ahora más latente pero siempre presente. Con el resto de problemas enumerados más arriba, parece claro que España se va a montar en una montaña rusa económica de la cual convendría prevenir a la población para evitar falsas esperanzas que no se van a cumplir. Esto es particularmente importante para el gobernante Partido Popular, que previsiblemente seguirá en el poder después del resultado de las últimas elecciones en las que mejoró su apoyo electoral. Si ahora viene una nueva marejada económica, el PP puede ver deteriorarse a ojos vista su soporte social y encontrarse dentro de cuatro años (o antes) en una situación que hoy en día parece impensable. Desgraciadamente, la estrategia más probable que se va a seguir es la de la huida hacia adelante, confiando en que los problemas se habrán solucionado y olvidado para cuando toque convocar nuevas elecciones. En el contexto actual, tal estrategia no sólo parece desacertada, sino que puede precipitar a España en brazos de un caudillo populista que pudiera emerger en este tiempo y que supiera canalizar el descontento popular, al estilo de lo que ha hecho el Frente Nacional en Francia o el UKIP en el Reino Unido.

De todos estos problemas, como digo, el más grave en el medio y largo plazo es el de la producción de petróleo en descenso por la falta de inversión. Es muy importante que los analistas y los autoproclamados expertos dejen de mirar el dedo del precio y miren la Luna de la producción. El precio puede mantenerse bajo aún durante un tiempo, lo cual sería síntoma de una demanda estancada o en leve retroceso, mientras que la producción va cayendo y probablemente lo haga de manera irreversible. Contrariamente a lo que suelen afirmar muchos "expertos", cuando la producción de una materia prima sin sustitutos conocidos y con una demanda bastante inelástica comienza a escasear, el precio no se mantiene continuamente alto sino que va haciendo picos no muy prolongados de precios muy altos, seguidos por amplios valles de precios bajos. Desde hace 6 años hemos explicado este fenómeno en este blog, y es parte de la espiral de destrucción de oferta-destrucción de demanda que antes comentaba. Este problema puede acelerar el declive energético de nuestra civilización, lo cual quiere decir el declive y eventual derrumbe de la misma. Nada está escrito en piedra y nada nos impide reaccionar, antes de que la bancarrota petrolífera arrase a los productores, antes de que los efectos nolineales nos lleven donde no queremos ni tenemos por qué ir. Pero para eso hay que superar la teoría económica clásica y empezar a reaccionar: hay alternativas y hay medios para evitar lo peor. Lo único que nos falta hoy en día es comprender el problema y, más importante, tener la voluntad de querer cambiar las cosas.
 


Salu2,
AMT
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Diálogos con Pedro: Los Tres Reinos

The Oil Crash - 29 June, 2016 - 21:27


Cuando la Mareth entró en la sala, vió a Pedro mirando por el gran ventanal. Al estar la casa de sus padres situada en lo alto de una colina, Pedro tenía el privilegio de una vista magnífica de toda la ciudad, y particularmente del puerto, que era hacia donde miraba el muchacho.
 
María no dijo nada, y sin dejar de caminar pero sin apresurarse se le acercó con movimientos suaves, hasta quedarse justo un paso por detrás de Pedro. Él no la había oído acercarse, pero en ese momento sintió su sutil fragancia. Pedro no sabía qué tipo de colonia o perfume usaba ella, pero lo que sí tenía claro es que era un reflejo de su personalidad: distinguida sin ser frívola, femenina sin ser provocativa, y por encima de todo con esa aura de serenidad que sólo una madre puede transmitir a su hijo.

Al ser más alta que el muchacho pudo distinguir hacia dónde miraba éste por encima de su hombro.

- El barco de los migrantes... - dijo ella - ¿te preocupan los migrantes, Pedro?

Lo dijo así, sin decir antes "Buenos días" o "Ha comenzado la sesión educacional". María era diferente a las otras Mareths que había tenido Pedro; se saltaba lo justo las formalidades sin dejar un momento de enseñarle. De hecho, aprovechaba cualquier resquicio de distracción o de conversación casual para seguir enseñándole, como si el único propósito que ella tenía era educarle cada minuto de cada sesión educacional. Lo cual la honraba, pues justamente para eso la pagaban generosamente.

Él se mantuvo aún unos segundos girado hacia el ventanal, tanto tiempo como su orgullo de muchacho que aún no ha entrado en la edad adulta pero que ve ya su umbral cercano le permitió. Quería demostrarle que él podía sostenerle un cara a cara, y aún más. Le gustaba sentir su presencia tan cercana y sabía que cuando él se volviese ella se situaría a una distancia más apropiada para una Mareth respecto a su alumno y más lejana de lo que a un muchacho que comienza a creerse un hombre le gustaría. Al final Pedro se giró antes de sobrepasar el límite de segundos que separaban la ensoñación de la insolencia. Mientras se giraba tuvo en todo momento la sensación de que ella seguía allí, a un paso de él, que podría mirarle a los ojos a un par de palmos de distancia, pero cuando se volvió completamente tuvo la decepción de comprobar que ella ya se había sentado delante de la amplia mesa de trabajo y sacado su material. Lo cierto es que justo después de hacer su observación ella se había ido a la mesa, preparando sus cosas sin hacer ningún ruido, de modo que el muchacho vivió durante unos segundos en la ficción de que aquella Mareth a la cual admiraba por razones que iban más allá de su erudición estaba aún tan cerca de él, pobre muchacho ignorante que iniciaba su camino en la vida.

Ella le estaba mirando a los ojos y por su media sonrisa divertida parecía estar adivinándole los pensamientos, lo cual azoró aún más al pobre muchacho, que corrió torpemente a ocupar su lugar en la mesa. Para tratar de desviar la atención, él siguió el hilo que ella había iniciado, como si fuera eso lo que había ocupado sus pensamientos en los últimos segundos.

- Sí, mi Mareth - dijo él, recuperando el tratamiento formal que justamente había pedido abandonar al final de la primera sesión; y corrigiéndose de manera un poco forzada añadió: - Sí, María - mientras lo dijo no pudo evitar sonrojarse; se sentía torpe y para tratar de disimular enlazó las siguientes palabras demasiado rápidamente, casi sin vocalizar: - No tenemos suficientes alimentos ni ropa ni trabajo para tanta gente; si continúan llegando pronto no nos quedará para los de aquí.

Ella le miró aún con la expresión divertida unos instantes. Podía haberle mortificado por su torpeza social o argumental, o por ambas a la vez, pero su cambio de expresión, a una más seria pero afable, hizo comprender a Pedro que no se iba a burlar de él, ni tan siquiera con una ligera puya. De hecho, el tono cálido de la voz de María tuvo un efecto balsámico sobre la angustia y apresuramiento de Pedro, y le ayudó a recuperar el hilo de sus pensamientos, volviendo a su enseñanza. Realmente las sesiones educacionales de aquella Mareth valían lo que por ellas se pagaba.

- ¿Realmente crees que esta gente nos va a quitar lo que tenemos, Pedro? - dijo María - Mejor, dicho de otro modo: ¿crees que vienen con esa intención?

El chico se quedó pensativo un momento y dijo:

- No, claro que no; no vienen a quitarnos lo que tenemos, sino a buscar para ellos mismos. Pero es que no hay para todos y si les dejamos entrar...

- ... tendremos que repartir lo que tenemos y tocaremos a menos - completó ella la frase -  ¿es eso lo que te preocupa?

- Sí - dijo él, con un tono ligeramente arrogante, como quien constata una obviedad.

- Y te quedarías sin esta casa tan bonita en lo alto de esta colina - dijo María.

La observación de ella le hizo sentirse egoísta y miserable. Antes de que pudiera replicar, ella continuó:

- ¿Y si hubiera para todos, Pedro? ¿Y si las cosas se repartieran de tal manera que nunca hubiera que elegir entre cubrir las necesidades de todo el mundo aunque eso nos lleve a todos a la pobreza, o permitir que algunos caigan en la absoluta miseria para que otros puedan medrar?

- Eso que dices, María, estaría muy bien pero no es posible; es un sueño, una utopía. En el mundo real ha de haber ricos y pobres, no se puede evitar.

- En realidad, Pedro, es justamente lo contrario - dijo ella, y prosiguió - sólo mediante la justicia social se puede construir una sociedad no sólo justa sino perdurable. Y al revés: sin justicia social, sin un mínimo de redistribución, las sociedades tienden a la decadencia y eventualmente al colapso.

Él se quedó callado unos segundos, analizando lo que ella decía, y le devolvió una respuesta más matizada:

- Quizá tengas razón, si estamos hablando de aquí, de la isla; quizá aquí tiene que haber cierta equidad para evitar que haya malestar y revueltas, como las que me explica mi padre de cuando él era niño. Pero si empieza a venir gente a la isla, buscando vivir tan bien como nosotros, acabarán por hacer imposible mantener esa "redistribución de rentas", como dice el libro que me diste, y al final todos acabaremos hundidos en la pobreza.

- Y por eso la equidad no se ha de practicar sólo en la isla, sino en todas partes, y aún más: los intercambios de la isla con el resto del mundo tienen que ser equitativos. Si no es así, al final todos pereceremos, al final todos colapsaremos.

Él la miró con una sonrisa sarcástica, y le dijo:

- María, todo el mundo se mueve por su propio interés; eso es algo lógico y no es malo en sí. Lo que tú pretendes es un imposible.


Ella sacudió levemente la cabeza, y después inspiró un poco más profundamente, lo que Pedro había aprendido que quería decir que venía una clase magistral, seguramente bajo la forma de un relato o cuento. Y así fue.

- Hace muchos años el mundo era muy diferente. Quizá no era este mundo, ni tan siquiera. Había en aquel mundo un único continente, que era toda la tierra emergida que existía en aquel lugar. Este continente estaba dividido en tres reinos contiguos. El más pequeño y menos poblado era el Reino Naranja. El Reino Naranja era el más poderoso, y sus gentes disfrutaban de un nivel de vida envidiable. En aquel reino nadie trabajaba la tierra, y pocos se dedicaban a la industria, siempre de la más alta tecnología. La mayoría de la gente de aquel reino, los Naranjas, se dedicaba a los servicios de todo tipo, incluyendo los financieros. El Reino Azul era más grande y más populoso que el Reino Naranja. El nivel de vida de los Azules era más bajo, bastante más bajo que el de los Naranjas, pero los Azules eran felices y se conformaban con lo que tenían. La mayoría de los azules trabajan en la potente industria local, aunque había algunos servicios y algo de agricultura. Por último, el mayor de los reinos, tanto en extensión como en población, era el Reino Rojo. El nivel de vida de los Rojos era mucho más bajo que el de los Azules, lo cual quería decir que era incomparablemente más bajo que el de los Naranjas, pero los Rojos vivían en paz y conformes con lo que tenían. La mayor parte de los Rojos trabajaban en la agricultura y exportaban alimentos a los Azules y sobre todo a los Naranjas, y tenían también algo de industria pesada y mucha industria extractiva, pues el Reino Rojo era muy rico en recursos naturales.

Pedro se sonrió, intuyendo por dónde quería ir su Mareth, pero no dijo nada y dejó que ella prosiguiera su explicación.

- Los Tres Reinos intercambiaban sus productos libremente: el Reino Rojo exportaba materias primas y alimentos a los otros dos, el Reino Azul exportaba maquinaria pesada al Reino Rojo y maquinaria ligera al Reino Naranja, y el Reino Naranja daba servicios a los otros dos y organizaba sus finanzas. Una particularidad de los intercambios comerciales entre los tres reinos es que siempre se buscaba el equilibrio comercial. De ese modo, el valor monetario en moneda naranja de las exportaciones e importaciones naranjas debía ser siempre igual, y así mismo para los otros reinos. Así fue durante siglos y los Reinos vivieron en calma y en equilibrio durante ese tiempo.


- Es un sistema de intercambio bastante extraño - dijo el muchacho.

- ¿Por qué dices eso, Pedro? - dijo la Mareth. 

- Yo puedo querer cosas que me hacen falta aunque no tenga mercancías por un valor suficiente para compensar su compra. Además, los productos de unos y otros no tienen un valor comparable y eso hace difícil que se puedan equiparar  - y al ver la mirada inquisitiva de María, añadió - Por ejemplo, no puedes comparar, los productos de huerta rojos con un tractor azul, y no digamos ya con un ordenador naranja.

- Obviamente, dependerá de la cantidad, ¿no crees, Pedro? Es decir: quizá no puedas intercambiar un pepino con un tractor, pero posiblemente sí con cien toneladas de pepino.

- Cierto - repuso Pedro - pero por eso hay que darle un valor objetivo a los intercambios; por ejemplo, decir que un tractor vale lo que cien toneladas de pepinos. A fin de cuentas construir un tractor requiere mucho trabajo especializado y mucho conocimiento, por no hablar de la inversión que se necesita hacer.

- ¿Y cómo se fijaría el valor que dices que es objetivo para las mercancías? - le preguntó María.

- En función de la utilidad que tenga para quien lo quiera comprar - dijo Pedro.

- Muy cierto, con tal de que todos estén de acuerdo en ese precio - dijo María - Pero eso no impide que un sistema de déficit comercial cero como el de los Tres Reinos pueda funcionar. Simplemente, tienes que tener cien toneladas de pepinos (o otros productos por valor equivalente) por cada tractor que quieras comprar.

- Pero ese sistema es comercial y económicamente muy ineficiente - dijo Pedro - Por ejemplo, en el Reino Rojo, donde eran más pobres, saldrían muy beneficiados de comprar más tractores para cultivar sus campos y más maquinaria pesada para explotar sus recursos naturales, pero quizá los Reinos Azul y Naranja no necesitan tantos alimentos como producen sus campos pero sí que estarían gustosos de comprarles más metales o combustibles fósiles, los cuales justamente no pueden producir porque les falta maquinaria para su explotación y alimentos para dar de comer a los rojos. Si se les dejase a los rojos comprar más maquinaria podrían aumentar y mejorar su producción y ganar riqueza.

- ¿Y qué ganarían con esa riqueza que dices que podrían conseguir? - preguntó María.

- Pues, no sé... - dijo el muchacho, dudando un momento; pero en seguida recuperó el hilo de sus pensamientos - Con esa riqueza los rojos se desarrollarían económicamente, mejorarían el nivel de vida de su población y  con el tiempo podrían poner fábricas como en el Reino Azul, o ofrecer servicios avanzados, como el Reino Naranja y así podrían producir bienes de más valor añadido, de modo que todo el mundo sería más rico y la población viviría mejor.

- ¿Y quiénes le comprarían esos productos, que ya producían azules y naranjas? - le preguntó la Mareth.

- Bueno, competirían con los azules para vender maquinaria ligera a los naranjas y con los naranjas para proporcionar servicios a los azules - dijo Pedro.

- Pero, Pedro - dijo ella con una mirada neutra -  ni los naranjas ni los azules están obligados a comprar los productos rojos, y obviamente en cuanto vieran que los rojos intentan competir con ellos podrían mejorar en un ámbito donde tienen más experiencia para evitar ser desbancados; en última instancia, podrían llegar a acuerdos comerciales naranja-azul que dejarían fuera del mercado de maquinaria y servicios a los rojos.

- Pues peor para ellos; los rojos podrían quedarse con sus propios productos y si son mejores que los de naranjas y azules al final su nivel de vida sería mayor - dijo el muchacho, con cierto despecho.

- Sólo que para llegar a ese punto los rojos deberían primero haberse endeudado al menos con los azules, para comprarles su maquinaria sin tener con qué pagarles; y si no pueden comerciar con ellos, ¿con qué les pagarían? 

El chico se quedó un segundo boquiabierto y después, más que nada por añadir algo, dijo:

- Bueno, al principio les venderían más materias primas, que sí que las querrían, mientras iban desarrollando su propia industria y servicios. Después, el proceso ya sería irreversible - dudó Pedro al pronunciar la última frase.

Ella se sonrió condescendiente:

- Lo que acabas de enunciar, Pedro, es la maravillosa teoría que sustentaba las relaciones comerciales en nuestro mundo antes de la última Guerra. Por cierto, felicidades, pues veo que no sólo has leído el tratado que te dejé, sino que los has comprendido.

Delante de la felicitación de su Mareth, él sintió henchirse su pecho con un orgullo un poco ingenuo. Pero ella continuó:

- Lástima que no hayas sido capaz de ver el error lógico de esa aproximación - y al decir María eso Pedro se sintió deshincharse con la misma rapidez de un globo que se le escapa de las manos a un chiquillo que no supo atarlo presto. Pero ella, que no prestaba atención a los vaivenes torácicos de su discípulo, prosiguió sin más:  - Los superávits comerciales de uno son los déficits comerciales de otro, y sin un mecanismo adecuado de reciclaje acaban creando problemas a ambos lados de la frontera. 

El ceño fruncido de Pedro le indicaba que debía continuar con su explicación.

- Debes saber que dentro de los Reinos Naranja, Azul y Rojo había también regiones, algunas más ricas y otras más pobres, y estas regiones también intercambiaban sus mercancías entre ellas dentro de cada reino, de manera análoga a cómo los reinos las intercambiaban entre ellos. Algunas regiones eran netamente deficitarias, es decir, el valor de lo que compraban a otras regiones era superior a lo que vendían; en tanto que otras eran excedentarias. Si ese proceso de bombeo continúa por tiempo indefinido, al final los habitantes de la regiones deficitarias acaban abandonando su actividad y dedicándose a otras cosas más productivas (que mantuvieran su saldo en positivo) o bien abandonando incluso las regiones deficitarias para ir a las excedentarias, donde la vida sería más fácil y cómoda.

- Pero tal cosa no sucede, mi Mareth - dijo Pedro.

- No sucedía dentro de cada reino, puesto que sus gobernantes podían, por decisión meramente política, compensar estas desigualdades. Y, por ejemplo, con los mayores impuestos recaudados en las zonas excedentarias podían invertir en la mejora de las infraestructuras y los servicios de las zonas deficitarias, de manera que compensaran los desequilibros comerciales. Es lo que se denomina reciclaje político de los excedentes comerciales. Aquellos gobernantes que no reciclan sus excedentes comerciales se acaban encontrando con una hiperconcentración de la población en las regiones excedentarias y una hipertrofización de las actividades económicas más rentables. Lo cual, pensarás, no está tan mal; el problema radica en que algunas de las actividades económicas menos rentables resultan esenciales para la sostenibilidad del Reino, y por eso se tiene que invertir en ellas para asegurarse que se mantienen, o bien el reino acaba siendo poco resiliente, frágil, demasiado sensible a las perturbaciones.

Él asintió levemente, sin estar del todo convencido.

- Sin embargo, el reciclaje político de los excedentes comerciales no se puede practicar, o no de la misma manera, entre los reinos. El Reino Naranja no puede decidir gastarse pro bono el dinero de los impuestos recaudados a sus ciudadanos para mejorar la red viaria del Reino Rojo, o para mejorar el saneamiento de las aguas del Reino Azul. Así que la mejor manera de evitar desequilibrios crecientes era asegurarse que el déficit comercial de cada reino fuera lo más cercano a cero siempre, aunque eso fuera comercialmente poco eficiente, aunque eso no llevara la economía a su máximo potencial, aunque eso no permitiera mejorar el nivel de vida de los rojos hasta unos límites más aceptables. De algún modo, los reyes de aquellos reinos habían aprendido hace años esta lección (que la Historia generalmente enseña de la manera más dura) y así la habían aplicado durante generaciones.



Él puso cara de no haber entendido nada, así que ella comprendió que debía retomar su cuento. 

- Volviendo a la historia de los Tres Reinos, sucedió que muchas décadas habían transcurrido desde la última gran guerra, y la memoria de sus causas era todavía más diluida que la de sus consecuencias. Coincidió que en un breve período de tiempo ascendieron a los respectivos tronos de los Tres Reinos tres jóvenes reyes con una nueva visión de las cosas. Estos reyes se rodearon los mejores consejeros, brillantes cultores del Templo de la Siempreviva Bonanza, un credo que se había hecho muy popular en el Reino Naranja y que, un poco por envidia y un poco por esnobismo, fue adoptado rápidamente por las élites azules y rojas. Dada la coincidencia de la inexperiencia política de los reyes con las revolucionarias ideas de los nuevos asesores, los Tres Reinos acometieron una serie de reformas sobre todo financieras y comerciales que, según decían, debían asegurar la prosperidad económica para todo el mundo.

- No me digas más: y esas reformas son las mismas que yo comentaba antes, ¿verdad? - dijo Pedro 

- ¿Acaso lo dudabas? - dijo ella, sonriendo - Los nuevos gestores decidieron que se tenían que relajar las rígidas reglas que atenazaban el comercio entre los tres reinos y permitir que los países que así lo quisieran tuvieran déficit comercial, al tiempo que se permitía que los tipos de cambio de las respectivas monedas se ajustasen en función de la balanza comercial. Así, si un país vendía poco y compraba mucho su moneda se iría devaluando, lo cual haría aumentar el volumen de sus exportaciones y al tiempo reduciría sus compras al extranjero (pues le sería más caro comprar). De esa manera, se ajustaría el comercio de manera automática sin necesidad de intervención directa de los gobernantes.


- Me parece una buena idea - dijo Pedro.

- En realidad fue una idea nefasta, porque la realidad no tiene nada que ver con la teoría de los cultores. El Reino Azul sí que cumplía con la teoría de los cultores y era a veces deficitario y a veces excedentario, pero el Reino Naranja fue siempre excedentario y el Reino Rojo siempre deficitario. A pesar de las sucesivas devaluaciones de la moneda roja, las mercancías rojas (alimentos y materias primas) caían en valor más rápido de lo que aumentaba el volumen de las exportaciones, en tanto que sus importaciones se encarecían más rápido de lo que se reducía la cantidad importada. De ese modo, el Reino Rojo estaba cada vez más endeudado mientras que el Reino Naranja tenía cada vez más excedentes.

- Eso lo que demuestra es que el Reino Rojo debía invertir para diversificar su producción y producir bienes de mayor valor añadido - dijo Pedro.

- Sí, eso es lo que dice la propaganda que has leído, y eso mismo decían los cultores. "Modernizar la economía", decían. Y en el Reino Rojo lo intentaron, pero la cosa no resultó como deseaban. En parte porque la tecnología y el conocimiento lo tenían naranjas y azules, y a pesar de sus afirmaciones de que ayudarían al desarrollo de los rojos lo cierto es que no colaboraban sinceramente; y en otra parte porque las materias primas que exportaba el Reino Rojo valían cada vez menos y no daban para intentar hacer esa industrialización pretendida. De hecho, tanto el Reino Naranja como el Reino Azul se habían hecho muy dependientes de las materias primas baratas, hasta el punto de que su sistema económico necesitaba que los precios de éstas se mantuvieran establemente bajos. Así que al final comprendieron que resultaba mucho más sencillo comprar a las élites rojas con dinero y prebendas para que obstaculizaran el desarrollo rojo mientras permitían que las materias primas se vendieran a bajo precio. Lo cierto es que la liberalización del comercio supuso el hundimiento económico del Reino Rojo y el sometimiento de la mayoría de su población a la más absoluta de las miserias, con la contrapartida de una bonanza sin precedentes en los otros dos reinos, y principalmente el Naranja. Al final, los excedentes comerciales del Reino Naranja y del Reino Azul se invertían en el Reino Rojo pero no para desarrollar su industria, sino para modernizar y mejorar las técnicas de extracción de materias primas y de producción de alimentos, que era lo que en realidad les interesaba a ellos. Gracias a esas inversiones la producción de materias primas llegó a unos niveles nunca antes vistos y con unos precios de coste ridículos. La deuda del Reino Rojo no hacía más que crecer, porque no producía lo suficiente para poder ganar moneda naranja y azul con la que redimir la deuda, y en buena medida porque los precios de las materias primas se mantenían artificialmente bajos para beneficio de azules y sobre todo naranjas; y de vez en cuando naranjas y azules "perdonaban" una parte de la deuda roja, lo justo para que no se acabase de hundir pero no lo suficiente para que realmente pudiera liberarse de esa esclavitud. Finalmente, el Reino Naranja prestaba también un servicio esencial al Rojo: el adiestramiento militar, con el cual las élites rojas conseguían mantener el control sobre una población cada vez más empobrecida.

- Eso me parece terrible, mi Mareth; ¿y todo eso sucedió por la liberalización del comercio? - dijo Pedro.

- No, Pedro, el malo no vino del libre comercio porque el comercio nunca fue liberalizado, en realidad; siempre estuvo intervenido por unas élites que defendían sus intereses antes que los de los pueblos que administraban y a los que decían servir. No se buscó nunca el provecho público sino el privado; no se buscó reciclar los excedentes comerciales para promover la equidad sino para promover el lucro privado, lo cual implicaba la misera colectiva; no se buscó el progreso de los pueblos sino su sometimiento. No, Pedro: eso que se llamó "libre comercio" fue en realidad un comercio completamente intervenido.

El chico la miró con ojos atónitos. Su padre le había dado antiguos manuales de comercio (alguno de ellos tenía más de un siglo) para que fuera aprendiendo el oficio (su padre era comerciante) y le había dicho con una expresión enigmática: "Busca la verdad en estos antiguos textos". Y él, que quería complacer a su padre, había buscado esa verdad, y se había empapado de ese lenguaje un tanto vetusto y de aquella terminología abstrusa creyendo que eso era la verdad que su padre le ofrecía. Sólo que, ahora lo entendía, esa verdad no se mostraba en el anverso de las palabras sino en su reverso más tenebroso pero más real. Era por eso, suponía, que su padre había contratado a María, para que fuera capaz de ir más allá de lo que se decía y comprendiera lo que había en realidad.

- ¿Y cómo continúa tu historia, mi Mareth? - No la había llamado María, pero esta vez había sido plenamente consciente de que así lo hacía. El chico se dio cuenta de que cada vez respetaba más a su maestra, que la veía como algo más que una mujer físicamente atractiva (a pesar de que era más de diez años mayor que él). La miraba entonces como quizá siempre debió mirarla.

- Pasó lo que pasa siempre en estos casos. El muy empobrecido Reino Rojo empezó a exportar una nueva e inesperada mercancía: gente. Los rojos huían de la miseria rampante en su país, y aceptaban cualquier trabajo, sobre todo en el Reino Azul. Los rojos trabajaban en los trabajos más peligrosos de las fábricas, con las sustancias más tóxicas o en los turnos más pesados y penosos. Cualquier cosa era mejor que quedarse a morirse de hambre en su país, y para ellos los salarios azules que les ofrecían les parecían extraordinarios, pues la azul era una moneda más fuerte que la roja. En realidad, los empresarios azules les pagaban salarios de miseria que los trabajadores azules no querrían nunca aceptar, pero como había trabajo para todos y la producción iba viento en popa (la economía naranja era muy boyante y compraba todo tipo de maquinaria, cada vez más sofisticada) se vio como algo positivo; los cultores explicaban que la emigración era una manera natural de combatir "la crisis económica crónica" que afectaba a la sociedad roja (fruto, decían, de su incapacidad de acometer las necesarias reformas que la modernizasen) y que era natural que aquellos rojos mejor preparados emigrasen y aportasen mayor valor añadido y compensasen los desequilibrios. En realidad, como digo, los rojos ocupaban los trabajos menos especializados y más penosos, y el dinero que ganaban ayudaba un poco a sus familiares en el Reino Rojo pero no servían para cerrar la brecha de la deuda externa roja. En un momento dado se pusieron límites a la inmigración, y no fueron pocos los rojos que perdieron la vida intentando atravesar la frontera.

Pedro sintió que un escalofrío le recorría la espalda. Lo que estaba explicando su Mareth le recordaba historias que le habían contado su padre, y sus abuelos, de hacía muchos años; presentía que no le gustaría cómo iba a acabar la historia.

- Ese mundo que describes, aunque injusto, hubiera podido mantenerse indefinidamente, de manera estable... pero no lo hizo, ¿verdad? - dijo Pedro.

- Efectivamente, Pedro, no lo hizo. Sucedió un día que los yacimientos de materias primas, y principalmente los de combustibles fósiles, llegaron a su máximo productivo y su producción comenzó a caer. No es que se agotaran de la noche al día, pero sí que empezaron a producir cada vez menos, y cada año que pasaba la producción era menor.

- María, ningún mundo tuyo escapa al peak oil - dijo él casi riendo.

- Es cierto - dijo ella, riendo de buena gana - El caso es que la industria azul y los servicios naranjas se habían desarrollado de una manera extrema, se habían hipertrofiado y necesitaban un suministro siempre creciente de combustibles fósiles. La razón de esa sed sin límites había que buscarla en una de las grandes innovaciones de los cultores habían introducido: un sistema financiero que premiaba a quien tiene dinero ¡dándole aún más!

- ¿Y por qué alguien que ya tiene mucho dinero quiere aún más? - dijo Pedro.

- En el momento inicial, el sistema de los cultores buscaba que todo el capital estuviese invertido en actividades productivas para hacer crecer la producción y, con ella - decían - el bienestar. De ahí la necesidad de premiar a quien dejaba su capital a disposición de las entidades financieras. Al principio había gente que aprendió a vivir de las rentas del capital, pero con el tiempo, cuando se llegó al peak oil, el rendimiento económico general cayó y sólo los grandes capitales, mayoritariamente naranjas, producían algún rendimiento: eran tan grandes que pagar su remuneración no permitía que nadie más ganase por prestar el capital, así que hicieron leyes e introdujeron prácticas bancarias que básicamente dejaron al pequeño ahorrador en la estacada y todo el beneficio se concentró en el gran capital. El cual, obviamente, no necesitaba ese beneficio para vivir.

- Qué sistema tan absurdo - dijo Pedro.

- Absurdo o no, fue más real de lo que te piensas, Pedro - dijo María - El problema es que al final el engorde del capital, que debía ser un medio para conseguir otro medio, aumentar la producción, con el fin último de mejorar el bienestar, resultó que se convirtió en el fin en sí mismo. Al final lo único que importaba era aumentar el capital por aumentar el capital, sin saberse ya por qué eso era bueno. Y el crecimiento de la producción perdió también su sentido al condicionarse al crecimiento del capital; así, se invirtió preferentemente en aquellos sectores de mayor valor añadido, que no eran necesariamente los que procuraban mayor bienestar a la población. Eso justificaba que la opulenta sociedad naranja y parte de la azul consumiesen cada vez más, llegando a consumir objetos extravagantes (encima, con una duración muy limitada para justificar su rápida sustitución y el crecimiento de la producción sin cese), mientras una gran masa de rojos y algunos azules se morían de hambre. Los problemas comenzaron, obviamente, cuando los recursos no permitieron continuar hacer crecer la producción porque la producción de materias primas dejó de crecer y empezó a decrecer. Aún fueron afortunados: los problemas podían haber venido, también, por culpa de los impactos ambientales de tanto despilfarro, como pasó en nuestro mundo.

- Pero, mi Mareth, ¿por qué no pudieron simplemente conformarse con mucho menos de lo que consumían, como habían hecho años atrás, una vez que se vio que la disponibilidad de recursos ya no crecía? ¿No podían haber mantenido un nivel de vida muy elevado y durante muchas décadas, a pesar del declive del suministro de materias primas, al tiempo que se iban adaptando a otras formas de hacer que no requiriesen materias no renovables, como hacemos nosotros ahora? - preguntó el muchacho.

- Desde el punto de vista técnico podían perfectamente haberlo hecho, mi joven Pedro - dijo María tocándole la mano, y él sintió un doble estremecimiento, uno al sentir el tacto de su suave mano, el otro por ese "joven" que ponía una barrera invisible pero bien real entre ambos - Pero no se puede cambiar una sociedad orientada al crecimiento sin fin, a la producción siempre creciente y al consumo sin límites ni remordimientos de recursos, de manera improvisada; y menos aún cuando la reacción ante las dificultades es la negación obcecada de la realidad.

- ¿Fue eso lo que pasó, María? - el chico estaba ya completamente implicado en la historia que le explicaba su maestra - ¿Se negaron los gobernantes naranjas a aceptar los límites del crecimiento?

María comprobó con agrado, por el uso de la terminología de Pedro, que no sólo había leído manuales de economía clásica sino también algo de economía ecológica. Como mínimo era un discípulo aplicado, que se leía bien sus lecciones.

- No sólo los naranjas, Pedro; también los azules y los rojos, porque en realidad los que no aceptaban la simple realidad de un mundo finito, con unos recursos no ya finitos sino con una capacidad de producción limitada, eran los cultores. Cuando algunos técnicos y científicos comenzaron a identificar el problema de que la disponibilidad de recursos no podía ser siempre creciente y que al final tenía que decrecer, los cultores dedicaron su tiempo a acallar con firmeza, incluso con violencia, las voces disidentes. Incluso se llegaron a aprobar leyes que prohibían hablar de ciertos temas, particularmente los que ponían en cuestión los dogmas imperantes. El problema era que mientras la producción de recursos iba decayendo todo el entramado económico, comercial y financiero que habían montado los naranjas se iba desmoronando. No sólo la producción iba siendo incapaz de seguir el ritmo de crecimiento previsto, es que encima los costes de extracción eran crecientes, lo que se traducía en costes crecientes en la producción azul. El análisis de los expertos financieros naranjas implicaba que las pérdidas en productividad eran debidas a los altos salarios y empezaron a reducir la paga a los obreros azules. También redujeron los impuestos a las empresas azules, con lo que se redujeron los ingresos estatales y por tanto el nivel de los servicios que se prestaba. Esto enfureció a la clase obrera azul, que se revolvió no sólo contra sus gobernantes, sino también contra la población migrada roja que, a su modo de ver, les estaba robando sus puestos de trabajo. Lo triste del caso es que no se dieron cuenta que si en el Reino Azul las cosas se habían puesto más duras, las condiciones de vida eran todavía más crueles en el Reino Rojo, donde similares medidas para aumentar la productividad habían llevado ya a la misérrima población a condiciones de práctica esclavitud. No fue por tanto extraño que en el Reino Rojo se desatase una revuelta que con el tiempo tomó dimensiones de verdadera guerra civil, con territorios controlados por los rebeldes y otros por el Rey Rojo y sus consejeros. En algunos territorios rojos liberados las condiciones de vida mejoraron con la introducción de unas condiciones de vida un poco más igualitarias, pero en la mayoría de ellos la situación era más o menos la misma que bajo el yugo del Rey Rojo, sólo que con diferentes amos; en el fondo poco importaba, pues éstos comerciaban con los mismos mercaderes azules y naranjas. Por su lado, el Reino Naranja y el Reino Azul no tenían alternativa: si querían evitar que sus economías se derrumbasen necesitaban conseguir las materias primas del territorio rojo, y a buen precio.


Pedro contenía la respiración. A medida que la historia se acercaba a su desenlace se podía ver que no podía acabar bien, que un final feliz era imposible.

La Mareth prosiguió:

- Al principio esta situación de muchos productores en el territorio rojo favoreció a naranjas y azules, pues la competencia llevó el precio a la baja. Sin embargo, la profundización de la guerra llevó aparejada la destrucción humana y material del Reino Rojo y la caída de la producción de materias primas. El Reino Naranja ocupó algunos de los territorios más productivos, con la excusa de proteger a la población desamparada, y desplegó su más avanzada tecnología, sólo para encontrarse que el declive de la extracción de materias primas era una realidad geológica, termodinámica y económica inexorable. Así que mientras hordas de refugiados rojos inundaban día sí y día también las fronteras azules (el Reino Azul hacía de tampón para el Reino Naranja), los técnicos naranjas empezaron a introducir nuevas técnicas más agresivas de extracción, y se dirigieron a unos yacimientos nuevos: los del Reino Azul. El Reino Azul era mucho más pobre en recursos naturales que el Reino Rojo, pero en la situación de escasez rampante se consideró que sus recursos eran suficientemente buenos, y para acallar protestas los gobernantes naranjas sobornaron a los azules, igual que habían hecho hacía tiempo con los rojos.

- Y eso llevó al Reino Azul al colapso - dijo Pedro.

- Y eso llevó al Reino Azul al colapso, es cierto, - dijo María - pues el colapso suele ser el resultado de dos tendencias que uno diría contradictorias: por un lado, el agotamiento de los recursos que constituyen la base material de una sociedad; por el otro, la distribución cada vez más injusta de esos recursos en la sociedad, por un mayor acaparamiento de las elites. Las sobornadas elites azules trabajaban en contra de su propio pueblo, como antes hicieran las elites rojas, a cambio de poder ellos gozar de mayores privilegios y prebendas. Sólo que el pueblo azul estaba más preparado e informado que el pueblo rojo, y la creciente rabia contra los poderosos hacía presagiar un desenlace nada bueno para los intereses de las elites azules, y de rebote de las elites naranjas, lo cual les obligó a actuar. Los gabinetes de relaciones públicas naranjas consiguieron explotar el miedo al inmigrante para redirigir esa rabia del pueblo azul contra los emigrantes y refugiados rojos, y así consiguieron desviar la atención, aunque fuera a costa de aumentar la conflictividad interna del Reino Azul, con revueltas y atentados autocausados. La xenofobia a los rojos generaba no pocos problemas, pues muchas veces era difícil saber quién era rojo y quién no. ¿El hijo de un migrante rojo, que había crecido y se había educado en el Reino Azul, era rojo? ¿Y el hijo de ese hijo, que nunca en su vida había ido al Reino Rojo y ya casi ni sabía hablar el idioma de los rojos? Tampoco la diferenciación racial ayudaba, pues tras muchas generaciones rojos y azules se habían mezclado dando lugar a toda gama de morados, y esa mezcla también se había extendido al Reino Rojo, de modo que los nuevos migrantes también eran racial y culturalmente mixtos. Al final fue claro que el único verdadero factor diferenciador era la pobreza, sobre todo a medida que ésta se fue extendiendo en el Reino Azul con el declive de la producción, no sólo de materias primas sino también industrial (ayuno de las anteriores), mientras que la degradación ambiental en el Reino Rojo y en el Azul iba en aumento, en el desesperado intento de las élites naranjas y azules de mantener el imposible de crecer en un mundo de recursos finitos. Al final, en el Reino sólo las élites azules eran racial y culturalmente puras, y fue sólo cuestión de tiempo que la sociedad morada que había emergido de la cada vez mayor permeabilidad entre los pobres que habitaban en los territorios rojo y azul comprendieran que la ahora minoría de los azules eran los nuevos naranjas. Finalmente, los azules fueron brutalmente masacrados y el otrora Reino Azul se sumió en un totum revoltum indistinguible con el Reino Rojo, dividido en multitud de territorios regidos unos por consejos ciudadanos y otros por señores de la guerra.

- ¿Y qué pasó con los naranjas? - preguntó Pedro.

- Durante aún mucho tiempo el Reino Naranja fue capaz de sobrevivir como tal, usando su superioridad técnica, pero su economía tuvo que decrecer en gran medida. Aún consiguió suministrarse de muchas materias primas y algunos productos industriales comerciando con los territorios morados, pero los intercambios eran cada vez más escasos y menos ventajosos para los intereses naranjas. Las élites naranjas pretendieron reproducir el mismo esquema de manipulación que habían usado en el Reino Azul, pero la población naranja estaba mucho más formada y había entendido mayoritariamente la lección del colapso de los Reinos Rojo y Azul. Así que al final se produjo una auténtica revolución naranja y el pueblo naranja depuso a sus corruptos gobernantes, encarceló al Rey Naranja y a los cultores, y prohibió para toda la eternidad el culto a la Siempreviva Bonanza. Después, la nueva República Naranja intentó recomponer sus relaciones con sus vecinos, buscando cómo compensar todo el daño que con el tácito consentimiento del pueblo naranja se le había hecho al pueblo morado.
 
María se quedó callada y Pedro entendió que el relato se había acabado, a expensas de algún epílogo o moraleja. Al ver que su Mareth no salía del mutismo comprendió que le correspondía a él hacer las preguntas adecuadas para obtener las respuestas que buscaba.

- ¿Así que la única manera de mantener la paz era que los reinos tuvieran permanentemente un déficit comercial cero? - preguntó Pedro - ¿Es ése, entonces, el mejor sistema posible? ¿aceptar que los rojos han de vivir siempre en el umbral de la miseria?

- No deberías hablar de un sistema, Pedro, pues son muchos, como las diversas facetas de un dado o de una piedra tallada - le dijo ella, mientras comenzaba a recoger sus cosas: la sesión educacional estaba tocando a su fin - El mejor sistema económico posible es uno que reconoce los límites naturales y vive dentro de ellos. El mejor sistema comercial posible es uno en el que el reciclaje político de los excedentes no conoce de fronteras entre los reinos. El mejor sistema político es uno en el que la equidad se practica dentro y fuera de casa. Y el mejor sistema social es uno que reconoce a todos los hombres el derecho de vivir donde lo deseen, pues en ese sistema ningún lugar es injustamente sometido para que otro sea injustamente beneficiado y no hay una preferencia obvia de un lugar por otro. La suma de todos esos sistemas, y de algunos más, es lo que hace un sistema sostenible. El mismo sistema que funciona actualmente en la isla y en el mundo habitable hoy en día. Uno que ha hecho posible que esta isla dejase hace décadas de ser el Reino Naranja que destruyó el mundo y se convirtiese en la República Naranja que tanto ha hecho para reconstruirlo.

Él se quedó chocado, estupefacto, pues de golpe entendió que la metáfora de los Tres Reinos de su Mareth tenía mucho más de su propio mundo de lo que él pensaba. Ella sonrió al ver su perplejidad y tras dejarle anotados sus deberes para la siguiente semana, sin ni siquiera comentárselos, se levantó para irse. Pero antes de salir por la puerta se volvió, aunque no para mirar a Pedro sino al puerto, a través de la ventana, y le dijo:

- Por cierto, Pedro: hoy han llegado al puerto 167 migrantes. Es exactamente el mismo número de personas que se fue de la isla la semana pasada.

Sin decir nada, Pedro volvió su vista a la ventana. Así que parecía que la sociedad isleña había alcanzado el equilibrio perfecto.

- Yo vine en un barco como ése, hace diez años - añadió la Mareth, con un ligero acento que él no le había notado hasta entonces.

Sin poder disimular su sorpresa, Pedro se volvió rápidamente a la puerta. Pero María ya se había ido.  

Antonio Turiel
Junio de 2016
Categories: General

¿El pico de la energía en Latinoamérica?

The Oil Crash - 25 June, 2016 - 21:04
Queridos lectores,

Esta semana el post está escrito por un trío de autores ya conocido por los lectores: Aníbal Hernández, Demián Morassi y Erasmo Calzadilla. Se trata de un ensayo de cierta profundidad sobre la situación energética en el Latinoamérica. Creo que será de general interés, y particularmente para nuestros lectores de la otra orilla del Atlántico.

Les dejo en las capaces manos de Aníbal, Demián y Erasmo.

Salu2,
AMT





¿Pico energético en Latinoamérica?



Las energías fósiles son la sangre de la civilización industrial. Latinoamérica es parte de esta compleja civilización. Nuestra sangre es bastante negra: de todas las energías, el petróleo representa el 48 % de lo bombeado por nuestro corazón industrial. Con él transportamos la harina para la arepa al supermercado y con él tu carro da vueltas por toda Caracas hasta encontrar dónde estacionar. De las otras energías, el gas (que cocina tu arepa) es la segunda con un 26 % y el carbón (que se usa para electricidad y en gran medida se exporta) ocupa el 5,5 % de nuestro consumo. Por fuera de las fósiles, las hidroeléctricas nos dan el 18 % para electricidad (así puedes iluminar la cocina por la noche), luego los biocombustbles, las centrales nucleares, la biomasa, geotérmica, eólica y solar.

La producción latinoamericana de petróleo disminuye sin tregua desde su pico en 2006, algún año más deprisa y otros sube un poco, en 2014 por ejemplo subió gracias a tres años de barril a 100us$ (y a Brasil). Sin embargo desde ese 2014, con la caída del precio, las empresas y Estados que basan su economía en el petróleo fueron de a poco bajando los brazos, dejaron de explorar, de investigar, de proyectar mientras producían todo lo que podían para no perder competitividad. El resultado del sacudón del precio se ve en la caída de las plataformas de perforación pero aún no en las estadísticas de BP, o al menos no en toda su profundidad.

El efecto de este desplome anunciado (al menos por nosotros) depende de la capacidad de cambiar nuestros otros productos (alimentos, hierro, cobre, etc.) por la energía que nos faltará. Pero la caída del precio de las materias primas es probable que nos dé un par de golpes en otros lados (el esternón y el estómago).

La desglobalización económica [1] deberemos irla monitoreando porque la estrategia que guió el inicio del Siglo XXI puede que no sea válida en este contexto. Es probable que no necesitemos más energía porque no necesitemos producir otras materias primas porque no hay compradores.

Las otras energías aún muestran una capacidad de aumento bastante considerable, hay reservas suficientes para algunos años de aumento de la producción pero se podrán ver limitadas si no hay aumento de la demanda que justifique seguir buscando gas, crear nuevas represas o construir parques eólicos, o bien, no hay capacidad de pedir créditos para realizar estas obras, en general costosas.

Acá nos cruzamos con ese otro límite, el del consumo. ¿Necesitamos seguir aumentando nuestro consumo de energía o, al contrario es hora de decrecer? Esta hora no la fija ni siquiera nuestro deseo ecologista sino el seguimiento de la lógica de los límites del crecimiento.


Obsérvelo usted misma/o

El 8 de junio BP dio a conocer su Statistical Review [2], un informe que desde 1965 es uno de los más completos en cuanto a reservas, producción y consumo de energía. Si bien para Latinoamérica los mismos datos se pueden encontrar en los informes estadísticos de cada País, aquí se aúnan los criterios de unidades de medidas. De todos modos no está de más comparar con los informes de la IEA (Agencia Internacional de Energía de la OCDE) y la OLADE (Organización Latinoamericana de Energía) aunque sus datos abiertos al público son mucho más acotados. El principal problema para sacar conclusiones determinantes es la oscuridad en los datos de Venezuela, los cuales no se publican mes a mes, sino anualmente cubiertos de gran sospecha.


El petróleo es la gran debilidad.


Debido al espectacular crecimiento económico de la región en el Siglo XXI, ha aumentado el consumo de petróleo y el dinero para invertir en este alabado Dios negro. Especialmente en Brasil que es responsable de más de la mitad del crecimiento total de la región. Sin embargo en los últimos años la desaceleración en ese país unida al descenso ya conocido del consumo en México y al hundimiento Venezolano dan cuenta del mayor descenso del consumo en, al menos, los últimos 30 años.


Sin embargo la geología manda. La producción de nuestro principal insumo energético lleva casi 20 años de estancamiento. Venezuela y México, los grandes productores tradicionales, dan cuenta de la gran mayoría del declive, que solo se ha compensado, aunque parcialmente, por el espectacular crecimiento de Brasil, seguramente el mayor productor de la región en el lustro que viene.

No es menos cierto que ha habido crecimiento en algunos lugares, pero este crecimiento que, insistimos, no ha logrado compensar del todo el declive, necesita de altos niveles de inversión y lleva a complicaciones políticas y ambientales: petróleos extrapesados en Venezuela, Presal en Brasil, por medio de fracking en Argentina o en el Amazonas ecuatoriano o las llanuras Colombianas enfrentándose a las poblaciones originarias.



Las otras energías se encuentran en mejor estado y aún tienen la posibilidad de crecer si así lo requiere la demanda, la cual está en jaque. Sin embargo los costos en relación a los beneficios pueden hacer claudicar los esfuerzos por aumentar cada una de estas fuentes.

La producción de gas ha caído en dos grandes productores: Argentina y México. Si bien Argentina tiene las segundas reservas más importantes del denominado shale gas (que se extrae por medio del fracking) la realidad por ahora es que las costosas inversiones no han dado los beneficios esperados y los bajos precios para comprar en el mercado global o a los socios regionales son mucho más convenientes que la puesta en marcha de un boom como se dio en EEUU (que no está demás decir que duró relativamente poco y a base de una burbuja financiera que se está pinchando). Los otros dos grandes productores Trinidad y Tobago y Venezuela, siguen en su particular meseta ondulante. Ya veremos qué pasa cuando salgan de ella.





En cuanto al consumo apenas crece en el último año y en México, el mayor consumidor, cae casi 4 mil millones de metros cúbicos.



En cuanto al carbón todos los ojos están puestos en Colombia. La caída del precio desde 2011 sumado al desapego global por sus fuertes emisiones de CO2 por unidad energética puede que haga difícil levantar la meseta, mientras el consumo en ese país se ha disparado multiplicándose por 5 en los últimos 10 años.



Sin embargo, el detalle para analizar es cómo ha crecido su consumo regional mientras la producción se estancaba. En el último año cae con fuerza en Chile y más moderadamente en Brasil, Argentina, Perú, Venezuela y el resto de países y solo aumenta significativamente en Colombia y marginalmente en México.




Las energías “renovables” han podido despegarse al menos un poco de la principal fuente de producción de electricidad que es la energía hidroeléctrica, el desarrollo de la energía eólica es especialmente importante en algunos países importadores netos de energía como Uruguay que se convirtió en el País con mayor porcentaje de energía eólica en su mix de producción eléctrica. México por su parte ha impulsado la geotermia mientras que en algunas regiones el aumento de la biomasa (carbón vegetal, madera y residuos del agro) fue fundamental para sostener el desarrollo. Si bien hay varios proyectos en los campos eólico, solar (ni siquiera visible en la gráfica) e incluso nuclear, todo parece depender de los referidos a nuevas represas.


La mayor caída en el consumo de los últimos 20 años.

Evidentemente la recesión económica llegó a nuestro continente y eso tiene un efecto en el consumo energético. Si bien este efecto es un rebote de la economía global, donde la caída de las importaciones chinas ha sido la gran protagonista en 2015 y Brasil su actor secundario, Latinoamérica no ha tenido mucho que ofrecer para amortiguar el impacto.



La imposibilidad latinoamericana de producir energía barata para sostener el crecimiento industrial es anterior a este pinchazo y por tanto la región se volvió totalmente dependiente de otras materias primas para su crecimiento. La velocidad de los acontecimientos puede dejarnos con el pie cambiado si no reaccionamos a tiempo.

Recordemos que el petróleo representa casi la mitad del consumo energético y el gas un cuarto del total. Con la caída del precio del barril a mediados de 2014 las empresas (privadas y estatales) sostuvieron el bombeo pero dejaron de perforar nuevos pozos. La relación entre las perforaciones y la producción es fundamental para comprender el futuro, en los últimos diez años las perforaciones aumentaron pero sólo para sostener la producción, luego de la caída del precio las perforaciones descendieron de manera vertiginosa y lo que estamos viendo a principios de 2016 es una caída en la actividad mucho más aguda que en los últimos años.

 


Esta caída energética es parte de una espiral de caída de oferta y caída de demanda de todos los productos para la industria y el consumo, que para el ciudadano se verá reflejado en crisis económicas que podrán ondular dependiendo País y año pero que en su conjunto continuarán durante décadas hasta estabilizarse en algún punto muy lejano al final de la denominada era industrial. Cómo actuarán gobernantes y ciudadanos depende de lo informados que estén, para tomar decisiones, más que de volver a estrategias que en el pasado hayan funcionado. Aún no se oyen debates sobre cómo llevar el declive ni en el ala derecha ni tampoco en las izquierdas de la región. El mantra parece ser cómo “reindustrializar el País” o cómo “volver a la senda del crecimiento”, dos imposibles.

El camino lleno de amenazas es el único que tenemos para recorrer. Es esperable que así sea para evitar mayores problemas climáticos y evitar también que crezca la ya avanzada contaminación de suelo, agua y extinción masiva de seres vivos. El cómo recorrerlo merece un trabajo aparte y no es nuestra intención delinearlo en este texto ya que sólo tiene sentido si previamente logramos entender el trasfondo y no echar todas las culpas a la corrupción, el narcotráfico o al FMI. El fondo de la cuestión, en este momento es la relación entre geología, tecnología y sociedad. La geología tiene límites, la tecnología encuentra límites y la sociedad deberá aprender a limitarse.
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Causas y consecuencias de la salida del Reino Unido de la Unión Europea: la perspectiva energética.

The Oil Crash - 15 June, 2016 - 19:43


Queridos lectores,

No hace aún un año analizaba desde este blog la situación que se planteaba en Grecia con el referéndum que el Gobierno de Syriza le planteaba a su población sobre si estaba dispuesta a aceptar más recortes a cambio de un nuevo crédito a corto plazo (mal llamado siempre "rescate") o bien quería romper la baraja. En aquel momento yo contaba con que, si el pueblo de Grecia escogía rechazar el "rescate" asfixiante, Grecia estaría condenada a salir de la zona euro. No contemplaba yo que la extorsión ejercida por la troika, con la colaboración necesaria del Banco de Grecia, llevaría al Gobierno de Alexis Tsipras a rendirse incondicionalmente y a aceptar aún más deuda para pagar deuda, en contra de la opinión mayoritariamente en contra expresada por su pueblo. El caso es que, un año después, los problemas de Grecia no han terminado sino que, obviamente, se han seguido agravando tal y como anticipábamos. La claudicación de Tsipras delante de la troika llevó a varios ministros a abandonar el gobierno (incluyendo Yanis Varoufakis, el mediático ministro de Economía) y a la convocatoria de elecciones anticipadas, que volvió a ganar una descafeinada Syriza. Desde entonces, se han producido varias huelgas generales y manifestaciones en protesta por las inclementes medidas de reducción de derechos y de prestaciones que el Gobierno griego ha copiado con buena letra de los dictados de la troika. A diferencia de España, donde el incremento del endeudamiento público ha permitido una cierta mejora económica durante 2014 y 2015, en Grecia la recuperación económica ni está ni se la espera. En el transcurso de los próximos años Grecia tendrá que continuar renegociando cada vez más onerosos contratos de usura vendidos como "rescates", y eventualmente en algún momento tendrá que plantearse su salida de la zona euro.

Pero antes de eso un nuevo factor de incertidumbre ha aparecido en la escena europea. En este caso se trata de la posible salida de la Unión Europea del Reino Unido (también conocida como Brexit). A diferencia de Grecia, cuyo PIB representa menos del 0,2% del de la UE, el PIB del Reino Unido está alrededor del 17% de toda la Unión. A pesar de que el Reino Unido no pertenece al núcleo monetario de la Unión, la zona euro, es una economía de mucho peso en Europa y su eventual salida desestabilizaría mortalmente la Unión Europea. Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Analicemos la situación con unos argumentos que raramente son los que se utilizan en esta discusión, los de la crisis energética.


Situación actual:

El auge de UKIP, el partido nacionalista y euroescéptico, y la contestación dentro de su propio partido llevó al primer ministro británico David Cameron a plantear la necesidad de hacer un referéndum para consultar a la población de las islas sobre su interés en permanecer en la Unión Europea. Seguramente los estrategas de su partido consideraron que era necesario plantear este referéndum, en parte porque la larga tradición democrática del Reino Unido no permitía ignorar el creciente clamor popular (como se suele hacerse sin embozos en otras latitudes) y en parte porque tal referéndum permitiría desactivar una de las principales bazas el UKIP. Desactivaría el argumento, obviamente, si el "Sí" a la UE gana el referéndum; pero cuando faltan ocho días para la consulta, algunas encuentras apuntan a que el "No" aventaja al "Sí" en casi 10 puntos (aunque con un porcentaje importante de indecisos). Los partidos tradicionales han comenzando a comprender el riesgo que están corriendo y estos días han puesto toda la carne en el asador para intentar parar lo que sería un movimiento telúrico a nivel mundial tanto por sus consecuencias políticas como por las económicas.


Lo que en principio era una buena estrategia política para dejar sin argumentos a una fuerza política emergente podría volverse completamente en contra del partido conservador y por ende del establishment político. Demasiado tarde ha comprendido el Gobierno británico que David Cameron tiene mala prensa entre las clases populares que secundan masivamente el Brexit, ya que le atribuyen muchos de sus presentes males. Por eso la campaña del Gobierno se centra ahora en mostrar las opiniones de personalidades de prestigio, incluyendo científicos, e incluso dan eco mediático a las declaraciones pro-UE del hasta hace poco muy demonizado nuevo líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn.


Causas:

A posteriori es fácil decir que el movimiento del Partido Conservador británico de llamar a sus conciudadanos a las urnas ha sido un error; sin embargo, la visión un tanto clásica de la situación social británica no concedía ningún margen de credibilidad a este posible revés. De hecho, la misma estrategia de desactivar los conflictos permitiendo que se debatan abiertamente y que al final el pueblo vote le sirvió hace menos de un año para desarmar otro conflicto político de gran potencial desestabilizador: la independencia de Escocia. Ocurre, sin embargo, que la cuestión escocesa tocaba un tema más localizado y menos asociable a los actuales problemas económicos en las islas, lo cual favorecía la diversidad de opiniones entre los escoceses y que finalmente triunfase (aunque por un margen tampoco extremadamente holgado) la opción más conservadora y menos arriesgada. La salida de la Unión Europea, por el contrario, es un tema mucho más transversal y que hace mucho tiempo que en el Reino Unido se asocia con los presuntos perjuicios económicos originados por la pertenencia a la Unión que perciben la población. Un tema que es recurrente es el que la UE favorece los flujos migratorios hacia el Reino Unido, tema que preocupa actualmente fundamentalmente no tanto por la  escasez del trabajo (el paro es sólo del 5%) como por la caída de los salarios. Estamos hablando nuevamente del problema de la devaluación interna: debido al incremento del coste de la vida y la caída de la renta disponible de la clase media, la vida en el Reino Unido es cada vez menos asequible.

La carestía de la vida es más acuciante para los perceptores de rentas más bajas, que corresponden a las personas que desempeñan empleos menos cualificados. Estas personas se sienten especialmente amenazadas por la llegada de emigrantes mayoritariamente no europeos, los cuales pueden fácilmente acceder a las cuantiosas ayudas sociales que el Reino Unido ofrece a sus clases sociales más desfavorecidas. No pocos asocian sus crecientes dificultades con un "exceso de inmigrantes" y creen que se deberían endurecer los filtros fronterizos, para que "la gente de aquí" pueda mantener su estándar de vida "de siempre". Y de este poso de descontento popular ha bebido el UKIP, adoptando una bandera ramplona y populista.

Visto desde una perspectiva europea (y no digamos ya española), el nivel de ayuda social del Reino Unido continúa siendo increíblemente elevado y por tanto asombra un tanto tanta reacción ante las tímidas reformas que se han introducido en él. Desde el continente se comprende mal, en todo caso, qué tiene que ver el problema son los inmigrantes no europeos con la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea. Sin embargo, desde el Reino Unido la UE ha sido siempre percibida como una molestia, a veces conveniente pero generalmente fastidiosa. En particular, muchas veces se le ha echado la culpa a la UE de la implantación de cierta legislación demasiado bienintencionada y generalmente nociva para los intereses del Reino Unido, y pocas veces se ha explicado que la trasposición de directivas europeas muchas veces ha respondido a los intereses de la elite británica y en algunos casos, en los que las directivas europeas podían favorecer los intereses populares, justamente no se han traspuesto. Lo mismo da. Ese espantajo de la UE es lo que agita el UKIP cuando dice que con la salida de la Unión Europea y el restablecimiento de estrictos controles en las fronteras se evitaría la llegada masiva de desposeídos que anhelan el paraíso británico y que están perjudicando a sus nacionales, y muchos así lo creen.

En clave nacional, un aspecto interesante del referéndum sobre la permanencia en la UE es que ha puesto de manifiesto el creciente rechazo al primer ministro Cameron. Muchos de sus compatriotas no le perdonan que haya aprobado leyes para reducir la asistencia social a las rentas más bajas y en general medidas de ajuste y recortes, todos ellas en realidad bastante tímidas y que dejan el nivel de estos servicios a una escala suntuaria visto desde aquí. Lo cual demuestra que el camino del descenso es más duro de transitar que el del ascenso.

La generalización de los servicios sociales que protegen las rentas más bajas arrancaron con fuerza en los ochenta, con la bonanza del petróleo. Es la época en la que el Reino Unido empieza a explotar masivamente el petróleo que extraía en los campos del Mar del Norte, los del petróleo tipo Brent que aún hoy se usa de referencia de precios en Europa a pesar del indisimulable y precipitado descenso de su producción. Como pueden ver en la gráfica que sigue a estas líneas, durante los años 80 el Reino Unido comenzó a exportar petróleo y vivió un tiempo de una bonanza económica que Margaret Thatcher supo atribuirse con habilidad.




Para conseguir la paz social, durante los años 80 los ayuntamientos comenzaron a ofrecer múltiples ayudas, comenzando por viviendas de alquileres muy moderados o incluso costeadas por el municipio. Hoy, más de 30 años después, la bonanza del petróleo es un recuerdo (el Reino Unido llegó a su peak oil a finales de los años 90 del siglo pasado y desde 2005 ha de importar petróleo), pero ese período único de la historia británica ha originado hogares británicos de clase más baja que albergan hasta tres generaciones en las cuales ninguno de sus miembros ha trabajado jamás.

No es por ello casual que, cuando la producción de petróleo comenzó a acelerar, el Reino Unido consiguió generar un importante superávit comercial (ver figura bajo estas líneas). Tras el bache de producción de finales de los ochenta, el Reino Unido recupera brevemente su superávit comercial, pero la llegada de su peak oil envía definitivamente al Reino Unido al terreno del déficit comercial permanente, poco antes de dejar de exportar petróleo hacia 2005. No es tampoco casual que desde 2005 el consumo de petróleo del país comenzara una ligera caída, en un intento de evitar un incremento más acelerado del déficit. Obviamente el Reino Unido tuvo que acometer un importante cambio en su estructura económica y social para poder conseguir esa reducción de consumo, algo que comentaremos con más detalle después.



No sólo la producción de petróleo empezó su declive con el cambio de siglo; también lo hizo la del gas, combustible fundamental para la generación eléctrica y para la industria británica. Como en el caso del petróleo, el Reino Unido ha ido reduciendo su consumo durante la última década para evitar incrementar su déficit comercial.

 
Tal descenso relativamente abrupto en dos fuentes de energía sólo se ha podido capear cambiando la estructura industrial del país. Efectivamente, desde 1990, explotando con habilidad los excedentes de la época del petróleo, el Reino Unido consiguió hacer una gran transición económica centrándose en el sector de los servicios financieros, con la City londinense como mascarón de proa. Entre tanto, el Reino Unido ha reducido su industria, sobre todo la más pesada y más intensiva en energía. De ese modo ha conseguido aumentar su PIB y al tiempo mantener su consumo de energía relativamente constante: el sueño de la desmaterialización de la economía hecho realidad, vamos. 

La razón por la cual el Reino Unido no se usa como ejemplo de desmaterialización es que su modelo no es exportable a ningún otro país: el Reino Unido ha conseguido concentrar una parte muy significativa de la intermediación financiera mundial en Londres, a costa de que obviamente quede menos negocio en el sector para cualquier otro posible actor (y los británicos defienden su nicho de negocio con una fina mezcla de agresividad y pragmatismo). Lo cierto es que sin esta financiarización del Reino Unido el país hubiera caído en una grave crisis económica del estilo de las que describíamos en el post "La bancarrota petrolífera". Pero conseguir este milagro económico no se ha hecho a coste cero: el Reino Unido sufrió una de las reconversiones industriales más duras de Europa durante los 80 y los 90 que destruyó la industria pesada que la crisis de los 70 había respetado, y que dejó humillada y de rodillas una clase trabajadora a la que sólo se pudo apaciguar con las políticas sociales que comentábamos más arriba.


Hasta hoy. La paz social comprada con las medidas masivas de cobertura social, financiadas primero con los excedentes del petróleo, después con los del sector financiero, no da mucho más de sí: los primeros entraron en crisis con el cese de las exportaciones petrolíferas en 2005, y los segundos con el hundimiento del sector financiero en 2008. Es en este contexto que David Cameron ha tenido que comenzar a hablar de recortes, esos que las clases populares no le perdonan. Entre tanto, esa clase social que en España formaría parte del 20% de la población en peligro de pobreza y exclusión, en el Reino Unido aún disfruta de cierto bienestar pero está desnortada y ha perdido en parte su conciencia de clase, a veces recuperada con destellos como la explosión de violencia de 2011: miles de chavs saqueando no en busca de una dignidad de clase sino de smartphones y zapatillas de marca, manjares del banquete de hiperconsumo al cual no están convidados, generaciones zombies del "No future" post-punk. Un caldo de cultivo perfecto para el populismo del UKIP, y un ejemplo más de que la política del resentimiento social que comenta John Michale Greer avanza con fuerza en el mundo occidental.

Consecuencias:

Si al final las fuerzas favorables al "Sí" consiguen enderezar la situación (quizá hasta ahora no se habían tomado en serio el reto, quizá el anuncio del avance del "No" se hace intencionadamente para movilizar a los indecisos) el Reino Unido continuará en la Unión Europea, lo cual se percibirá desde los círculos económicos y financieros como algo positivo, pues justamente lo que más interesa a la principal industria del Reino Unido es que el capital pueda circular libremente. Dada la inevitable decadencia del modelo económico occidental, el Reino Unido seguirá el mismo camino que el resto de la UE, hasta que algún día eventualmente sus caminos comiencen a divergir.

Pero si al final el resultado del referéndum es el "No", se abriría un inesperado y proceloso rumbo tanto para el Reino Unido como para la UE y el mundo. De entrada los mercados financieros entrarían en modo pánico, pues los costes de la secesión serían muy elevados a ambas orillas del Canal de la Mancha, con ramificaciones que llegarían a lugares muy lejanos. Dado que hace tiempo que se multiplican los signos de debilidad económica mundial y que las bolsas europeas no acaban de levantar cabeza (con el sector bancario en el punto de mira, también en España), toda la tensión acumulada acabaría por estallar y arrastraría las bolsas de medio mundo a explorar niveles no vistos ni en la recesión de 2008; con todo, ése sería sólo el efecto a pocos meses vista.

El Reino Unido, celoso de su soberanía, nunca cedió a la tentación de abrazar la moneda única europea, el euro, y eso facilitaría la transición, la cual en todo caso llevaría bastantes meses (se dice que un par de años). La presión para detener el proceso durante todo ese tiempo sería muy intensa, pero si a pesar de ello la secesión llegase a buen puerto se abrirían perspectivas completamente nuevas. De entrada para los presupuestos de la Unión, pues el Reino Unido es un importante contribuyente neto a las arcas europeas. También afectaría gravemente a la economía de la UE y más aún a la del Reino Unido el que todos los intercambios transfronterizos se vieran dificultados.

El Reino Unido lleva sufriendo hace años las consecuencias de haber llegado a sus no muy publicitados peak oil y peak gas; prácticamente cada invierno la Red Eléctrica Nacional emite comunicados avisando sobre restricciones en el suministro de electricidad, justamente porque las bajas temperaturas disparan el consumo pero el suministro de gas no aumenta. Hasta ahora el problema se ha abordado con interrupciones de suministro a las empresas, pero no sería de extrañar que se acaben produciendo restricciones al consumo doméstico. En este contexto, por tanto, resulta extraño que el Reino Unido haya cerrado varias centrales nucleares. 


Es extraño, o quizá con su flema británica los gobiernos del Reino Unido están demostrando un pragmatismo desconocido en otros lares. A estas alturas es evidente que hay problemas recurrentes con el suministro de uranio, y como vimos  al analizar el pico de la energía la nuclear es una fuente en clara decadencia desde hace décadas. Mientras el gobierno francés opta por una huida hacia adelante que le lleva un día a invadir Malí para salvaguardar sus minas de uranio en Níger y al otro a rescatar, por segunda vez, a la compañía suministradora francesa de uranio Areva, quizá los británicos han decidido que ya es hora de soltar lastre de una energía que será complicado de gestionar en una situación de descenso energético.

Al fin y al cabo, el Reino Unido es de los pocos países que tiene una comisión parlamentaria para analizar los límites del crecimiento, y desde hace años su gobierno ha tomado numerosas iniciativas para abordar el problema que representa el cenit del petróleo, organizando encuentros con la industria y ONGs o proponiendo medidas adecuadas para la gestión de la escasez energética que superan el credo liberal en que el libre mercado será capaz de gestionar una situación de recursos menguantes con eficacia (cuando probablemente lo que haría sería acelerar el colapso).

Es posible que, más bien al contrario, una parte de las elites del Reino Unido hayan comprendido que para adaptarse al descenso energético hay que trabajar con un modelo no convencional de sistema económico y de país. Y para ello el primer paso es zafarse del dogal de la UE, quien obstruiría todas las reformas que se deben emprender. En todo caso, el futuro más sencillo y natural a corto plazo para un Reino Unido fuera de la UE sería aumentar aún más su industria financiera e incluso convertirse con descaro en un paraíso fiscal, para atesorar recursos mientras los demás colapsan más rápido.

Todo eso, por supuesto, es una visión completamente especulativa. Lo que no es especulativo es que un Reino Unido fuera de la UE estaría mostrando el camino a tantos otros países en los que la permanencia no ya en la UE sino en el euro está en tela de juicio. Y si el Reino Unido consiguiese medrar relativamente al resto de la UE, aunque sea con un modelo que no se puede imitar, estaría dando incentivos para que al final más países acaben abandonando la UE. 

Salu2,
AMT
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Dinámica de quiebra

The Oil Crash - 8 June, 2016 - 11:39


Queridos lectores,

Es curioso constatar que, después de seis años de singladura en este blog y de tantas actividades de divulgación en las que he participado, hay varios obstáculos graves para conseguir la comunicación del problema de los recursos naturales que no sólo me sigo encontrando, sino que de hecho son el principal impedimento para que el esfuerzo que realizo sea más efectivo. Tengo el pobre consuelo de saber que estos obstáculos son, por lo que comentan, idénticos a los que tantas otras personas que han intentado el mismo fin se han encontrado, así que probablemente estos obstáculos no son nada fáciles ni evidentes de salvar y no todo es culpa mía. Pero, dada la importancia de lo que se pretende, no puedo conformarme con saber que nuestra incapacidad es común; y por ello intento una y otra vez intentar entender las causas de estos obstáculos, escuchando conversaciones en el tren, o leyendo comentarios por aquí y por allí en internet, especialmente cuando se descalifican el tipo de argumentos que aquí se usan (a veces directamente artículos publicados en este blog).

En la esfera peakoiler es moneda común describir como principal obstáculo que uno se encuentra en la divulgación del peak oil el denominado "síndrome de Casandra", o sea, la dificultad de ser creído cuando uno anticipa un futuro que no es tan de color de rosa como generalmente se está haciendo creer desde los principales medios de comunicación. El "síndrome de Casandra" es ciertamente un obstáculo importante: a la mayoría de la gente le resulta difícil aceptar que los problemas que se describen en éste y otros foros puedan ser tan graves como se anticipan, por más que se avalen los diagnósticos con profusos documentos públicos y datos provenientes de reconocidas instituciones públicas y privadas, por una lógica bien sencilla: si realmente fuera tan importante este tema haría repetidamente la primera página de los diarios y se comentaría con frecuencia en los telediarios, ergo, debe ser que quien habla está manipulando datos reales, posiblemente escogiendo aquellos que mejor cuadran con una posición previa, para presentar una visión sesgada de la realidad. Por ejemplo, en uno de los comentarios de aquellos posts de hace seis años, un comentarista me acusaba de leer del revés informes de la CIA y otras prácticas cabalísticas y libreinterpretativas, y siguió dándome la brasa hasta que yo le envié a, digamos, hacerse una revisión proctológica no profesional (curiosamente, aquel post trataba sobre el eventual pico de producción del carbón, el cual posiblemente hayamos superado ya o superemos en breve).

El "síndrome de Casandra" no es nada sorprendente teniendo en cuenta la autista dinámica bautómata de nuestra sociedad: la necesidad de mantener la manera de funcionar convencionalmente aceptada como correcta (el Business as Usual, o BAU) hace que automáticamente se filtren todas las noticias que podrían cuestionar este estado de los negocios, y es por ello que blogs como éste tienen que ser marginales por definición. Sin embargo, la degeneración social subsecuente a esta crisis que no acabará nunca ha llevado a una creciente desconfianza de una parte de la población occidental, principalmente la que se está viendo más azotada por la crisis permanente pero también aquélla que, sin aún estar preso de ella, teme estarlo en un futuro no tan distante. Incrementa la sensación de desconfianza la constatación repetida de la ocultación deliberada de los problemas que se suceden en otras partes del mundo y que de repente algunas personas se encuentran para su sorpresa: hace unos años era el ninguneo sistemático de las crónicas negras que si uno buscaba podía encontrar sobre la situación en Grecia, en Ucrania o en Siria; ahora mismo en España el foco de la negación de la realidad próxima está en Francia, donde se está viviendo un verdadero levantamiento popular contra la reforma laboral que el gobierno francés quiere imponer como un trágala y que está desencadenando una fuerte represión policial; a pesar de los paros en las refinerías, el cierre de centrales nucleares y de otras infraestructuras críticas y la evidencia de la respuesta de mano dura, en España se está haciendo una deliberada sordina mediática a todos estos problemas, comentándolos muy de pasada si es que siquiera se llegan a mencionar. Y si en el caso de las crisis en los otros países que antes mencionaba (Grecia, Ucrania, Siria) aún en algunos momentos ha habido cierto eco (para luego ser silenciado durante años, a pesar de que los problemas han seguido), pregúntese el lector si sabe cuál es la actual situación en Libia (donde una eventual intervención militar occidental parece cada día más probable), en Malí (donde hay tropas españolas) o en Nigeria, por poner tres ejemplos (más allá del de Venezuela, que ocupa la obsesión mediática española estos días). En este momento, es esa desconfianza de saberse deliberada y sistemáticamente desinformado lo que favorece que la discusión detallada que se hace en este blog y en páginas similares sea tomada en mayor consideración, sobre todo teniendo en cuenta que la evidencia avala las cosas que tanto tiempo llevamos explicando (por ejemplo, que la escasez de petróleo lleva a la volatilidad de precios, y no a un precio continuamente elevado como neciamente aún repiten los adalides del libre mercado). Así que cada vez somos menos Casandra, aunque aún falta un largo trecho que recorrer.

Con todo, a mi modo de ver no es el "síndrome de Casandra" el mayor obstáculo para la difusión de la problemática del peak oil. El mayor problema, al menos para mi, es la dificultad de hacer comprender cuál es mi objetivo último. Con demasiada frecuencia me he encontrado con respuestas airadas de lectores casuales de alguno de los apuntes de este blog, en las que pretenden que yo soy un catastrofista por decir que el futuro de progreso ilimitado no está en absoluto garantizado. Peor aún, cuando me limito a analizar datos (como hice recientemente en el post sobre el pico de la energía) se me suele acusar de tener una motivación oculta para decir lo que digo (que, generalmente, es un simple análisis de los datos), simplemente porque lo que digo (lo que se deriva de los mismos datos, en realidad) no coincide con una serie de expectativas previas. También, en no pocas ocasiones, cuando indico que en la actualidad se está produciendo una cierta tendencia particularmente negativa, se me acusa de apocalíptico e incluso de morboso, como si por el simple hecho de destacar que algo va mal yo estuviera deseando que la cosa continuara así indefinidamente hasta que todo reventase.

Como digo, el gran problema es que mucha gente no entiende por qué digo lo que digo. Paradójicamente, el hecho de que yo no declare un sesgo evidente hace que mi actitud sea más molesta, y no menos: si yo actuase de acuerdo con una cierta agenda política mi comportamiento sería, de alguna manera, más aceptable desde un punto social; simplemente se acepta o se rechaza una agenda que corresponde con un cliché estándar (ecologista, decrecentista, socialista, liberal...) y se ha acabado la discusión, ya no hace falta razonar más. Sin embargo, dado que yo no me caso con nadie y que sólo me interesan los argumentos lógicos y no los ideológicos, mi actitud resulta más extraña a algunas personas a las cuales mis argumentos no les gustan. Eso les lleva a atacarme con más virulencia, y en el paroxismo para intentar desacreditarme se llega con descaro a poner en mi boca o en mis dedos palabras que yo nunca pronuncié o escribí.

Mi motivación, lo he explicado mil veces, no puede ser más simple: yo quiero un futuro que merezca la pena ser vivido para mis hijos. Y ya puestos, para los hijos de todos, para toda la Humanidad que nos ha de seguir. Ya sé que a algunos esto les puede parecer muy tonto o muy banal; qué quieren que yo les diga, no doy para más: simplemente no hay nada más importante para mi.

¿Y por qué me dedico a hacer divulgación y no confío en lo que hagan las autoridades o expertos competentes? Pues porque no veo una reacción lógica delante de los retos cada vez más evidentes, y me parece que hay demasiado en juego para tomarse las cosas con tanta ligereza. Yo veo problemas graves en el horizonte, problemas que en realidad pueden ser abordados de forma eficaz, seguramente de varias maneras diferentes. Yo no soy quién para decirle a la Humanidad o a una comunidad cuál de esas respuestas es la mejor: no me corresponde y además, sinceramente, no sabría cuál elegir. Lo que me frustra es que en la discusión de los problemas energéticos la mayoría de las veces no veo análisis racionales, ni respuestas lógicas y creíbles, ni tan siquiera serias, a las cuestiones que se plantean: sólo humo y distracciones, que en el fondo, lo único que buscan es que nada cambie de lo que realmente le importa a quien promueve esos falsos debates. Lo que me alucina es el esfuerzo que se hace por negar que la energía está en la raíz de muchos de los problemas económicos que sufrimos actualmente, a pesar de la abrumadora evidencia; y que en particular las limitaciones con la energía son la causa por la cual no podamos salir de la actual crisis económica, al menos no mientras mantengamos el actual paradigma. Finalmente, lo que me enerva es comprobar cuántas mentiras y falsos argumentos se emplean, con el único objetivo de mantener a la gente engañada y tranquila mientras lentamente se va degradando su nivel de vida.

Este continuo esfuerzo de distracción hace que sea aún más difícil la gestión de riesgos, que en el fondo es lo que yo humildemente pido desde esta página. Que uno señale riesgos no quiere decir que desee que se materialicen; en realidad es exactamente al contrario: se quiere advertir del peligro para evitarlo. Curiosamente, hay personas que, aunque yo repita esto mil y una veces, insisten en que lo que deseo es que haya una catástrofe y luego me reprochan que ésta no se haya producido (?) y en unos plazos que obviamente yo nunca he dado (!). Con tal error de juicio sobre lo que yo y otros como yo pretendemos entenderán Vds. que se complica aún más la posibilidad de darle una respuesta adecuada a los problemas.

Si hablamos de cosas más actuales y concretas, hay de hecho un riesgo creciente que me preocupa más cada día que pasa, un nubarrón negro que no para de crecer en el horizonte, y es el de que se acabe produciendo una caída abrupta de la producción de petróleo debido a que hemos caído en una trampa económica que describía hace unos posts, a saber: que debido a la debilidad de la demanda el precio del petróleo ha caído demasiado, y al caer tanto se está desinvirtiendo demasiado rápido y en demasiada cantidad en el sector de búsqueda y desarrollo de nuevos yacimientos; y en un tiempo relativamente breve nos podríamos ver delante de una bajada demasiado brusca de la producción. Esa caída de la producción aceleraría la velocidad de rotación de la espiral de destrucción de oferta - destrucción de la demanda, acelerando nuestro descenso energético hasta el punto de volverlo completamente incontrolable.

Antes de profundizar más en el análisis de este problema, déjenme que repita lo obvio: esta caída acelerada con consecuencias potencialmente desastrosas no es lo que yo deseo, y si quiero hablar de ello es precisamente para que se entienda que este riesgo es real y se tomen las medidas adecuadas (para lo cual hay varias posibilidades) para evitarlo o como mínimo mitigarlo todo lo que se pueda.

El hecho de que al final se materialicen parte de los peligros que yo anticipaba tampoco me ofrece ningún consuelo, teniendo en cuenta lo que está en juego. El hecho de que se haya recurrido estos años a un petróleo poco asequible que estaba hundiendo económicamente a las empresas del sector (con pérdidas continuadas de más de 100.000 millones de dólares al año durante los años anteriores a la caída de precios actual) ha llevado a que, al final, probablemente el año 2015 haya sido en el que se ha producido el peak oil de todos los hidrocarburos líquidos, cosa que yo llevo diciendo desde hace años (al menos desde 2011). Lo cierto es que a efectos prácticos hubiera dado exactamente igual si al final el peak oil se hubiera producido en 2012 o en 2018 (y de hecho aún no podemos confirmar que 2015 haya sido el pico máximo, aunque la acelerada caída de producción en EE.UU. durante el último año prácticamente lo garantiza): lo grave es estar ya tan cerca del momento en el que la producción de hidrocarburos líquidos empieza a bajar, paulatinamente durante los primeros años, un poco más rápido después. Complica encima esta situación la habitual confusión entre "petróleo crudo" e "hidrocarburos líquidos": algunas personas creen que lo que digo está mal porque afirmo aquí que el peak oil de todos los hidrocarburos líquidos seguramente fue el año pasado y al mismo tiempo que el peak oil del petróleo crudo fue en 2005. Ha sido gracias a los petróleos no convencionales que durante 10 años se haya podido compensar la caída del petróleo crudo, pero como sabemos, a qué coste: la actual aceleración de la espiral

Y en realidad saber la fecha exacta del peak oil es difícil y en todo caso no cambia el problema, no modifica lo que se tendría que hacer desde el punto de vista de gestión de riesgos, especialmente porque la incertidumbre en la fecha final es de pocos años y no sobra tiempo para implementar cualquier medida de contingencia. Sin embargo, una parte desproporcionada del sesgado debate sobre este tema se fija en torno a dar la fecha concreta; y ahora que parece que sí, que ciertamente fue 2015 el año del peak oil, la discusión se desvía a minimizar su importancia: "Mira, parece que hemos llegado al peak oil y no ha pasado ninguna de las desgracias vaticinadas". De nuevo, que las peores consecuencias para Occidente aún no se hayan manifestado es poco relevante: sin un cambio radical de rumbo acabarán notándose más pronto que tarde; pero es que, de nuevo, no había predicción concreta para lugares concretos, sólo una paulatina y a veces más acelerada degradación económica para el conjunto de países. De hecho, si uno pregunta a un habitante de Yemen o de Siria si creen que su país ha colapsado en los últimos diez años no tendrán dudas en decir que sí, y el problema es que la nómina de colapsantes sólo puede crecer con el tiempo si no se empieza a poner remedio desde ya mismo.
 
La dinámica que sigue el agotamiento de los recursos es diferente de la socialmente esperada, aunque completamente natural en realidad. Lo que se espera desde las instancias económicas es que cuando la demanda sube el precio suba con ella, y que si el producto escasea el precio subirá lo suficiente para equilibrarse con la demanda o para que el mercado acabe proporcionando un substituto eficiente. No está contemplado en los libros de texto de Economía que tal substituto no exista, y eso hace que no se comprenda la dinámica actual, en la que no queremos pasar sin petróleo pero tampoco podemos aceptar que nos lo vendan por encima de un precio, el cual es insuficiente para el productor, que cada vez tiene mayores costes. Algo tiene que acabar cediendo, y en el momento actual es la producción: ya se estima que a finales de 2017 habrá una caída de producción de petróleo de 3 millones de barriles diarios (3 Mb/d) simplemente teniendo en cuenta los proyectos ya aplazados, y esta nómina sólo puede ir creciendo durante este año. Si la Agencia Internacional de la Energía nos informó de que en 2015 la inversión en exploración y desarrollo de nueva producción petrolífera cayó un 16% respecto a 2014, en 2016 se estima que respecto a 2015 caerá un 26% adicional. Tales tasas de caída se justifican por la lucha por la mera supervivencia de muchas compañías: se estima que en el primer trimestre de 2016 las compañías que operan en EE.UU. (donde se decía que se estaba produciendo una milagrosa revolución energética, el fracking, que ha demostrado ser una quimera) han tenido que destinar el 86% de sus beneficios solamente a pagar los intereses de la deuda. Y lo peor es que en 2016 expiran créditos por valor de 5.000 millones de dólares, pero en 2017 lo hacen 25.000 millones. Que estas empresas puedan devolver el principal parece dudoso, teniendo en cuenta los problemas que tienen ya sólo con el pago de intereses; y conseguir refinanciar la deuda será difícil, viendo lo mal que le va el sector. Todo hace anticipar, pues, el estallido de una nueva burbuja financiera (pues hay muchos derivados asociados al mercado energético), más recesión y por tanto menos demanda de petróleo, y de ahí precios más bajos para el petróleo y una profundización en la desinversión productiva en el sector petrolífero. Si un año y medio de precios bajos hace anticipar caídas fuertes de producción en pocos años, alargar la situación actual puede precipitarnos catastróficamente en el descenso energético.

He ahí los datos. ¿Es inevitable la caída? No, no lo es. ¿Existen soluciones para evitar o compensar los problemas? Sí, sí que las hay. Por ejemplo, se puede esperar a que la cosa empiece a degenerar y entonces los Estados pueden rescatar estas empresas petrolíferas a cambio de endeudarse más y reducir aún más sus prestaciones (más recortes), aumentando el descontento de sus poblaciones y tensando más la cuerda social. O también se podría decidir intervenir en el mercado del petróleo, de una manera más ligera como describía hace algunos posts, o de otras más intervencionistas, e intentar repartir la carga mientras la sociedad se adapta a la nueva situación. O bien utilizar este tiempo extra para planificar una transición, bien fantasiosa (asumiendo que las renovables todo lo pueden - sea o no cierto - y que se mantendrá el status quo actual) o siendo conscientes de que hace falta un cambio de paradigma. También se puede decidir no intervenir en absoluto y aceptar que la cosa irá a donde vaya.

Como ven, opciones hay muchas, y seguramente hay unas cuantas más. La clave es no matar al mensajero, sino comprender que hay decisiones que la ciudadanía tiene que tomar, y que para ello tiene que estar correctamente informada (evitando tratarla con paternalismos pretenciosos a los que muchas veces tiende los partidos políticos). Negar que se está produciendo el peak oil y que se nos agota el tiempo para reaccionar ciertamente no ayuda mucho en este contexto. En el fondo, calificarnos de catastrofistas a los que todo esto explicamos es una manera sibilina de hurtar un debate social que no debería ser ignorado por más tiempo, sobre qué modelo de sociedad queremos y el que tendremos si no reaccionamos.


Salu2,
AMT
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Diálogos con Pedro: Los Hijos del Mar.

The Oil Crash - 1 June, 2016 - 13:09



- Lo que no entiendo - dijo Pedro - es porqué no se pueden extraer más recursos simplemente invirtiendo más dinero.

- El dinero, Pedro, es una representación del valor, no el valor en sí mismo - le respondió su enseñante.

Pedro no estaba demasiado convencido con esta respuesta. A fin de cuentas Pedro podía comprobarlo cada día, gracias precisamente a que él (en realidad, su familia) disponía de mucho dinero.

- Con el debido respeto a mi Mareth - comenzó así la frase, puesto que uno debía guardar ciertas formas y compostura delante de la mayor eminencia de la isla - no estoy de acuerdo. Cuando yo quiero un objeto, si pago lo suficiente lo puedo conseguir. Si no existe en la isla, puedo pagar lo suficiente para que lo traigan del continente. Y si no existe en el mundo, pagando lo suficiente puedo conseguir que lo fabriquen.

Sus ojos se cruzaron con la mirada severa de su Mareth, y comprendió que tenía que elaborar una respuesta más completa y matizada.

- Por supuesto, si aún no existe la tecnología necesaria para hacer lo que quiero no me lo podrán conseguir - continuó - aunque estoy convencido de que invirtiendo suficiente dinero durante suficiente tiempo se puede conseguir construir cualquier cosa. Al final, por tanto, lo que mueve el mundo y lo que da lugar a los cambios, siempre, desde la construcción de catedrales hasta las guerras, es el dinero.

Había desviado la mirada mientras hablaba por temor a no ser capaz de continuar con su argumento si sentía esos dos ojos penetrantes e inquisitivos clavados sobre sí, pero cuando acabó alzó su mirada y al hacerlo no pudo evitar hacer un leve ademán de desafío. Se arrepintió en seguida: no conocía aún a su enseñante (de hecho, era la primera sesión educacional que celebraban) pero su padre no estaría especialmente contento con Pedro si ya el primer día demostraba ser un muchacho caprichoso y altanero, especialmente teniendo en cuenta lo caras que iban a salir esas sesiones educacionales: la minuta del mejor Mareth de la isla no era precisamente baja.

Contra pronóstico, la severa mirada de su Mareth se relajó y fue reemplazada por una mucho más cálida, con un punto casi de dulzura.

- Otro día, Pedro, hablaremos sobre los límites de la tecnología y los límites que nos imponen las leyes de la Naturaleza - dijo suavemente - Pero hoy querría dejarte claro un concepto básico: el dinero es una representación del valor, pero no es el valor en sí mismo. El verdadero valor de las cosas consiste en los recursos empleados para producirlas.

A Pedro le sonó a la misma cantinela de antes, pero no dijo nada pues comprendió que la lección no había terminado.

- Pedro, el dinero sirve para facilitar los intercambios a las personas, pero no es un instrumento neutro. Según la gobernanza que se le dé al dinero se pueden favorecer intercambios más simétricos o más asimétricos, y se puede garantizar así, sin nunca decirlo explícitamente, que ciertas personas gocen de un acceso privilegiado a los recursos en tanto que otras no puedan ni soñar con verlos.

Aquello sonaba demasiado teórico; afortunadamente para Pedro su Mareth se dio cuenta de que era necesario cambiar de registro para que Pedro pudiera comprenderle.

- Mira, Pedro - dijo su Mareth - te lo explicaré con una historia, la historia de los Hijos del Mar.

Respiró profundamente y comenzó:

- Hace muchos años el mundo era muy diferente. Quizá no era este mundo, ni tan siquiera. La superficie de aquel planeta y aquel momento era toda ella agua, un inmenso océano, y en ese océano había multitud de pequeñas islas, nada parecido a un continente. De todas aquellas islas sólo había una habitada, y la llamaron Tierra, pues era el único lugar donde la gente se pudo asentar.

- ¿Me estás contando un cuento como los que se leen a los niños para ir a dormir? - dijo Pedro, reclinándose en su butaca.

- Te estoy contando una historia donde la realidad es más simple de ver, más evidente - respondió su Mareth - y más bien al contrario deberías abrir muy bien ojos y oídos para comprender.

Pedro se volvió a sentar y no pudo evitar mantener los músculos rígidos durante un buen rato.

- Una particularidad de aquel mundo es que las islas iban a deriva, flotando sobre aquel mar. Con el paso de los siglos, los habitantes de Tierra aprendieron a hacer maniobrar su isla de modo que cuando otra isla pasaba cercana la abordaban y la amarraban firmemente al territorio principal. Con el paso del tiempo las capas de tierra de la isla captada se fusionaban con las del territorio principal y así Tierra se iba haciendo cada vez más grande.

- Y de ese modo Tierra podía dar alimento a más habitantes - dijo Pedro.

- Efectivamente - respondió su Mareth, y prosiguió - Como la población de Tierra siempre iba aumentando lentamente, una de las ocupaciones principales de los terranos era avistar nuevas islas y unirlas a su territorio. Para eso disponían de torres de vigía y un complejo sistemas de timones, remos y velas que les permitía maniobrar para abordar nuevos islotes. Sin embargo, el tamaño de Tierra había crecido considerablemente con el tiempo (ya era más del doble de la extensión original) y cada vez era más pesada y complicada de maniobrar. Así que el crecimiento de Tierra era cada vez más lento y se podía intuir que en breve ya prácticamente no crecería más.

- Un ejemplo de la ley de los retornos decrecientes - dijo Pedro, con la intención de demostrar que se había estudiado las lecciones que había indicado su Mareth antes de venir.

Su enseñante esbozó una breve sonrisa de aprobación y continuó su relato:
 
- A los terranos que vivían cultivando la tierra las crecientes dificultades de Tierra-formar más islotes les traían al pairo, pero para los poderosos comerciantes y para los líderes de Tierra la expansión de la isla era de una importancia capital. Más territorio significaba más colonos, más agricultores y más población, y por tanto más comercio y más impuestos que recaudar, y al final más riqueza bienestar para ellos.

- Pero, mi Mareth, ¿no podían los comerciantes incrementar su beneficio, simplemente vendiendo mercancías de más valor? - preguntó Pedro.

- Sus clientes eran campesinos que vivían de lo que el campo les daba, y su renta en ese sentido era fija: lo que el campo diera. Si el campo no rentaba más, no podían gastarse más aunque quisieran, con lo que la manera de realizar el beneficio del comerciante puede cambiar, pero tiene un límite máximo que viene dado por la renta del conjunto de los campesinos. Del mismo modo, el gobernante no puede incrementar indefinidamente sus impuestos, pues al final los campesinos se revolverían, cuando comenzaran a tener problemas para dar de comer a sus familias. Su única manera de incrementar la ganancia era con más tierra y más campesinos.

Pedro asintió, y también lo hizo su Mareth, por la satisfacción de comprender que el muchacho seguía sus explicaciones y se implicaba en la historia.

- El caso es que un inventor se dio cuenta de que podían explotar los combustibles fósiles (ya sabes: carbón, gas natural, petróleo) que había en el subsuelo de las islas y usarlos en motores que mejoraron la navegabilidad de Tierra. No sólo eso, sino que gracias a los avances técnicos que permitían las nuevas fuentes de energía se podía incrementar la productividad agrícola y así también expandir la población. Los comerciantes y los líderes estaban entusiasmados con las posibilidades y el resto de los terranos ya se conformaban con lo que tenían; de hecho, para la mayoría supuso una gran mejora de sus condiciones de vida, pues todo tipo de trabajo físico se hizo mucho más liviano. 

- Hicieron su Revolución Industrial - dijo Pedro.

- Así es. De ese modo, Tierra empezó a prosperar a un ritmo nunca visto, añadiendo más territorio como nunca antes. La población creció mucho más rápido, pues a la expansión del territorio se le añadió las mejoras en productividad agropecuaria. Los comerciantes se hicieron riquísimos, los líderes aumentaron también su fortuna y en general la población vivía mucho mejor.

Pedro seguía con interés la explicación de su enseñante, y no se dio cuenta en seguida de que se había callado.

- ¿Y entonces, qué? - dijo por fin el muchacho, extrañado de la pausa.

- ¿Qué fue lo que originó la gran expansión de Tierra, Pedro? ¿Fue el dinero? ¿Fue gracias a los grandes capitales que habían acumulado los comerciantes, que se hizo esta expansión posible?

Pedro se quedó pensando un momento.

-  En cierto modo sí - dijo el chico, al cabo de un rato - Quiero decir que resulta obvio que la gran expansión viene motivada por la incorporación productiva de grandes flujos de energía fósil, pero seguramente los terranos ya conocía en carbón y el petróleo desde antiguo. Lo que hace posible su utilización para fines productivos es el avance tecnológico, y éste probablemente fue hecho posible por la acumulación de capital, que favoreció que hubiera gente que dedicase tu tiempo a pensar, en vez de a trabajar de Sol a Sol.

Su Mareth le miró con expresión satisfecha.

- Muy bien, Pedro: has dado la explicación de la economía tradicional. No niegas el papel de los recursos, pero consideras que es algo secundario a la capacidad de movilización de los mismos que concede el capital, cuando es suficiente. Aunque no es falsable, es una explicación convincente cuando uno está en la fase ascendente de la curva de acceso a los recursos. Con esa lógica, el acceso a los recursos depende, prácticamente exclusivamente, de poner más capital durante un tiempo suficiente. Veremos qué pasa con tal hipótesis cuando se llega a la descendente del acceso a los recursos...

Pedro no estaba seguro de comprender que quería decir, pero antes de que pudiera decir nada más ella continuó.

- El caso es que, tras varias décadas de expansión acelerada, todo el sistema económico de Tierra estaba diseñado para la expansión sin fin. Las actividades financieras, otrora completamente marginales, ahora ocupaban el centro de la actividad económico. Muchas actividades económicas, antaño impensables, eran las principales fuentes de ocupación laboral, toda vez que el campo, fuertemente mecanizado, rendía como nunca antes ocupando una mínima parte de la mano de obra. Y estas actividades industriales se apoyaban en el acceso al crédito fácil, que les permitía acceder aquí y ahora a recursos necesarios para su expansión (hierro, carbón, aluminio, petróleo) con el compromiso de devolver los créditos con un conveniente interés, cargado a la riqueza que se tenía que generar en el futuro. Todo el modelo podía funcionar mientras el ritmo de crecimiento del territorio de Tierra, y el de los recursos que contenía, continuase creciendo a buen ritmo.

- ¿Qué quiere decir "a buen ritmo"? Quiero decir: ¿cuánto representa eso? - preguntó Pedro.

- Buena pregunta, Pedro. Dado que las empresas cada vez producían más, cada vez pedían más dinero prestado y el interés que se aplicaba a los créditos las obliga a crecer cada vez más rápido, si querían tener la capacidad de devolverlo: en caso contrario, podrían quebrar. El problema del interés compuesto es que obliga a un crecimiento rapidísimo: a un 7% de interés anual todo se tiene que duplicar cada 10 años, es decir, multiplicar por más de mil al cabo de un siglo, o por un millón en sólo 200 años. En Tierra la expansión fue fulgurante debido a que había abundantes islotes por anexionar, y de ese modo el tipo de interés de los créditos se adecuó a la capacidad de expansión: los empresarios veían que, al ritmo al que se anexionaban nuevos islotes, podían aumentar su negocio un 9 o un 10% anual y así se atrevían  a solicitar créditos al 7% para poder comprar los recursos necesarios para realmente conseguir tal expansión. Como todo el mundo pedía créditos pero no había dinero para todos, los bancos fijaban un precio al dinero (es decir, fijaban un tipo de interés) que daba preferentemente el dinero a aquéllos que podían expandirse suficientemente rápido como para crecer más que el interés fijado. De ese modo, el interés financiero reflejaba el potencial de crecimiento de la economía.

- No acabo de ver dónde está el problema - dijo Pedro.

Su Mareth le miró pensativa un segundo, y luego le dijo.

- Pedro, ¿sabes qué superficie tiene nuestra isla? 

Pedro se asustó un poco: aquello era de Geografía, no de Filosofía Científica; le estaba haciendo una pregunta a traición. Sin embargo, tranquilizándose, se dio cuenta de que se acordada de la respuesta:

- Unos 25.000 kilómetros cuadrados - dijo el muchacho.

- Muy bien. ¿Sabes cuál es la superficie de nuestro planeta? No sufras, yo te la diré: unos 500 millones de kilómetros cuadrados. ¿Cuántas islas como la nuestra cabrían, por tanto, en la Tierra?

Vaya, y ahora una pregunta de Aritmética Mental: realmente era la Mareth más exigente de la isla. Pero aquel cálculo era sencillo:

- La superficie de la Tierra - contestó Pedro - equivale a 20.000 islas como la nuestra.

- Perfecto. Volviendo a nuestra historia: asumiendo que la isla tuviera una extensión inicial como nuestra isla, ¿cuánto tiempo aproximadamente podría crecer a un ritmo del 7% anual, asumiendo que hay islotes suficientes?

- Pues no sé. Millones de años, supongo - dijo Pedro, despreocupadamente.

- Respuesta muy equivocada, Pedro.

La mirada de ella fue muy severa y Pedro comprendió que no podía tomarse el asunto con tanta ligereza.

- A ver - dijo el chico, poniéndose nervioso - antes Vd. dijo que a un 7% anual todo se tenía que duplicar cada 10 años, y por tanto cada siglo se multiplica por... por... ¿por mil?

- Si voy a ser tu Mareth no hace falta que me trates de usted, Pedro - dijo ella, condescendiente - y sí, se multiplicaría por 1.024, por ser exactos, pero digamos que aproximadamente se multiplica por mil cada siglo.

La invitación al trato de confianza ayudó a Pedro a relajarse un poco; recuperada la concentración, Pedro dio con la respuesta.

- Antes de 150 años... más o menos hacia los 145 años de haber comenzado, la isla cubriría toda la superficie de su planeta. - se quedó un tanto sorprendido de su propia respuesta: 145 años no parece tanto, después de todo: Su padre a veces le hablaba de batallas que habían pasado 120 años antes. - Y eso suponiendo que encontrasen suficientes islotes para seguir creciendo.

- Efectivamente. Y ése fue el mayor problema para los habitantes de Tierra: que un día se encontraron con que cada vez había menos islotes para anexionar. Todavía encontraban muchos, muchísimos de hecho, pero no los suficientes para mantener una maquinaria que estaba orientada a crecer y crecer por siempre.

- Perdóneme... - se corrigió a si mismo Pedro -  Perdóname, mi Mareth, pero más bien sería un problema para las clases dominantes de Tierra, no para todos sus habitantes; pues los campesinos vivían de lo que producían.

- El problema lo fue para todo el mundo, Pedro, pues por aquel entonces la sociedad terrana había cambiado mucho. Pocos campesinos trabajan la tierra, la cual era mayoritariamente propiedad de empresas que habían mecanizado la explotación. La mayoría de las personas trabajaban para empresas que producían y comercializaban todo tipo de objetos. Todo el mundo necesitaba que las cosas se mantuvieran "como siempre", que en realidad quería decir como habían sido durante las últimas décadas; y en realidad eso era más necesario para las clases bajas que para las altas.

- ¿Y eso por qué? - preguntó él.

- Pues porque los obreros no tenían ya un campo al cual volver, ni tenían recuerdo de lo que era trabajar el campo, y además eran muchos más de lo que habían sido sus abuelos. Cuando los islotes empezaron a escasear y las empresas se dieron cuenta de que no podían devolver los créditos al 7% de interés, se aceleraron las quiebras y los despidos, y empezó a crecer una masa de desposeídos, de excluidos, de gente que no podía ganarse su sustento.

Las arrugas en la frente de Pedro demostraban no sólo que entendía la situación, sino que sabía que no era tan diferente a la que se había vivido en el mundo real, incluso en su isla, no tanto tiempo atrás como para que se hubiera borrado toda memoria de tanta barbaridad como siguió al desposeimiento en masa.

La Mareth debió adivinar sus pensamientos, porque en seguida le preguntó:

- ¿Qué crees tú que deberían haber hecho los terranos, llegado a ese punto?

A él no le costó demasiado pensarse la respuesta.

- Tenían que haber comprendido que nunca más volverían a encontrar tantos islotes y tendrían que haber aprendido a vivir con lo que realmente podrían conseguir. Adaptarse a lo que tenían, que sin duda era mucho más que lo que cualquier generación anterior había tenido.

Aunque la respuesta le sonó un poco a cantinela aprendida (seguramente, su padre se la había dicho muchas veces) la Mareth se dio por satisfecha. A continuación, le formuló la siguiente pregunta:

- ¿Y qué crees que hicieron, en realidad?

Tampoco le costó mucho pensar esta respuesta, y sonó más convincente y personal esta vez:

- No hicieron ni caso. Siguieron haciendo las cosas como las habían hecho hasta ese momento, y eso al final les llevó al caos, la destrucción y la muerte.

- Bueno, bueno, tampoco no nos pongamos tan dramáticos. Siempre hay tiempo para rectificar, aunque cuanto más se tarde peores serán las consecuencias, lógicamente. Lo que es interesante resaltar es que al principio actuaron con la misma lógica que tú utilizabas hace un rato, cuando me decías que pagando suficiente dinero se podía conseguir cualquier cosa.

Al fin él entendía a dónde quería ir a parar. Ella prosiguió:

- Los grandes comerciantes, los grandes empresarios, el sector financiero y los líderes de Tierra decidieron que el problema no era su modelo (de sociedad, de economía) sino encontrar más recursos. Así que decidieron asignar más dinero (y por tanto, dar acceso a más recursos) a la exploración de nuevas fuentes de energía y de materiales de manera que las empresas pudieran continuar con la expansión acostumbrada (entiéndase, desde su Revolución Industrial). El problema es que el dinero no sustituye al petróleo, el carbón o el acero. Así que se lanzaron a hacer auténticas barbaridades para intentar mantener su sistema de crecimiento infinito. Cambiaron sus leyes ambientales, laborales y sociales para explotar residuos muy marginales, que se extraían con minas a cielo abierto o fracturando la roca en profundidad, inestabilizando la isla y contaminando las reservas de agua, o arrasando bosques milenarios para extraer una brea viscosa que, tras complicados tratamientos químicos que generaba muchos residuos tóxicos, daban algo parecido al petróleo. Destruían enormes partes de la isla para intentar exprimir unas gotas más de los recursos, solamente para intentar seguir creciendo como antes, sin conseguirlo. Cambiaban la regulación del sistema financiero para que se pudiera prestar dinero a esos negocios ruinosos en contra de toda lógica, y cuando comenzaron las quiebras desviaron dinero público, recaudado de los impuestos de todos los terranos, para mantener a flote esas empresas, simplemente para intentar seguir creciendo cuando la cosa ya era imposible. Pensaron que lanzando toneladas de dinero sobre el problema lo iban a solucionar, cuando en realidad lo que hicieron fue agravarlo. Mientras tanto, el tamaño de la economía iba decreciendo y con ella las oportunidades de negocio financiero, que se iban adaptando al ritmo menguante de los recursos. En un momento dado, los tipos de interés llegaron al 0% y luego se hicieron negativos. El modelo basado en el crecimiento, simplemente, llegó a su fin con la incapacidad de encontrar cada vez más recursos.

Pedro asintió. Al fin entendía por qué el dinero no puede abrirse paso delante de todo; por qué creer que el dinero todo lo puede es una ilusión favorecida por la disponibilidad de crédito fácil, fruto de una época en la que los recursos son abundantes, y que aferrarse a esa ilusión, a esa quimera, resulta letal cuando los recursos comienzan a escasear.

- Ahora lo entiendo; gracias, mi Mareth - dijo por fin el muchacho - Ya sé que sólo es una historia, mi Mareth, pero, al final: ¿qué pasó?

Ella abrió la boca con una ancha sonrisa y dijo

- Es muy humano y hasta cierto punto inevitable que todos queramos poner un fin coherente a cualquier historia, aunque sea una mera parábola. Poner un final, negro o dorado, a cualquier historia es tentador, pero no debemos quedarnos prisioneros de una visión concreta de los problemas. Lo que les pasó a los terranos no estaba escrito, no era inevitable: ellos eligieron su desenlace. Igual que nosotros.


El chico se quedó callado unos minutos, absorto en sus pensamientos. Su Mareth comprendió que la lección ya estaba impartida y que su trabajo de aquel día ya estaba terminado. Poniéndose en pie y recogiendo sus cosas, ella dijo:

- Creo que ya basta por hoy. Para acabar la lección, quiero que hagas el siguiente ejercicio: ¿en qué se parece y en qué se diferencia la sociedad terrana de la nuestra? Me entregarás un ensayo razonado de no menos de 4 páginas el día de nuestra próxima sesión educacional.

Pedro tomaba notas apresuradamente mientras miraba cómo se preparaba para irse, y tragando saliva le preguntó algo que había deseado decirle durante toda la lección:

- ¿Puedo llamarte María? - dijo Pedro, y no puedo evitar bajar la mirada, un poco sonrojado y avergonzado.

A ella le hizo gracia tanto el descaro como el azoramiento del muchacho; por un segundo pensó puntualizarle: "Señora María, para tí", pero después se sonrió y le dijo:

- Por supuesto, Pedro. - y dándose la vuelta, añadió - Nos vemos la semana que viene.

Antonio Turiel
Junio de 2016








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El pico de la energía: edición de 2016

The Oil Crash - 25 May, 2016 - 15:57


Queridos lectores,

Hace unos días un lector del Facebook me preguntaba en qué habían quedado las previsiones que hacíamos en este blog cuando hablábamos el pico del gas hace cosa de 6 años. En otra ocasión, un lector me preguntaba sobre la evolución de la energía nuclear y si se había cumplido la previsión del pico del uranio o no. Y por supuesto hay quien pregunta cuál es la situación sobre el pico del petróleo (o peak oil), a pesar de ser el tema más discutido del blog; en el caso concreto del peak oil hay quien incluso pone en cuestión que tal pico pueda haberse producido en 2015 (fecha que yo vengo dando como más probable desde 2011 al menos) teniendo en cuenta la situación actual con el precio del petróleo (aunque eso ya se discutió en el post anterior). En todo caso, me parece que resulta interesante tener un post resumiendo cuál es el estado actual de la producción de energía de todas (o casi todas) las fuentes que utiliza la Humanidad, justamente para poder referir a él cada vez que haya una pregunta al respecto. Éste es el objetivo del presente artículo

La primera cuestión que conviene dejar clara es que estamos hablando de procesos que tienen escalas relativamente rápidas para tratarse de procesos históricos, pero que igualmente no dejan de ser escalas de tiempo de unos cuantos años. Hacer estudios de la producción de petróleo o de otra materia mes a mes puede ser interesante para discutir el efecto de tal o cual medida, pero informa poco sobre el metabolismo de la economía global, que siempre requiere escalas un poco más largas de tiempo para adaptarse a los cambios. Los estudios mes a mes, por ejemplo, incluyen infinidad de factores estacionales que influyen en la producción y consumo del momento, y por tanto los valores de producción fluctúan considerablemente y no nos dejan ver la tendencia general a largo plazo, que evoluciona más lentamente. Por eso, en los análisis que ahora mostraré el paso de tiempo que usaré en la definición de la serie temporal de los datos del suministro energético del planeta será anual. Para disminuir el efecto del ruido estadístico y poder medir los cambios en esta serie hay que tomar períodos un poco más largos de tiempo; así, para poder ver qué está pasando y el sentido de los cambios, yo utilizaré ventanas temporales de un lustro (5 años).

La segunda cuestión es la fuente de datos a usar. Hay pequeñas discrepancias metodológicas entre unas y otras fuentes de datos, discrepancias que tienden a reducirse cuando se trata de datos revisados. Dado que queremos ver los signos de un proceso que es relativamente lento, no tiene demasiado sentido que nos afanemos a mirar los datos del último momento, todavía provisionales y en fase de revisión; y nos vale con datos de hace un año o dos, que ya han sido exhaustivamente revisados y corregidos. Por otro lado, resulta conveniente usar una fuente de datos fácilmente accesible a los lectores interesados que quieran hacer sus propias comprobaciones. Por todos esos motivos he decidido usar la compilación de datos de los anuarios de BP que están registrados en la página Flujos de energía. El último anuario estadístico de BP publicado, el 2015 BP Statistical Annual Review, compila datos del 2014 y por tanto mis series se detienen en ese año. Eso hace que no se registren los importantes eventos que comenzaron justamente a finales de 2014, pero por eso mismo son muy interesantes ya que la caída del precio de las materias primas no se materializó hasta finales de 2014, pero como ahora veremos los problemas de producción empiezan antes, incluso con precios elevados. Quede claro que los datos del anuario estadístico de BP tienen, por supuesto, ciertas limitaciones y una de ellas es que no se contabilizan los biocombustibles (cosa que, cuando uno la analiza, tiene más sentido de lo que parecería).

Comencemos, pues, con nuestro análisis. Todas las gráficas de producción y consumo están medidas en millones de toneladas equivalentes a petróleo (mtoe).

Petróleo:

La evolución de la producción de petróleo durante las últimas décadas se resume en la siguiente gráfica:


Producción mundial de todos los líquidos del petróleo

Se observa una gran tendencia creciente hasta los años 70, que fueron bastante convulsos con el shock de precios de 1973 primero y después la guerra entre Irak e Irán (la cual origina una importante caída del consumo a principios de los 80). Después, se retoma la senda del crecimiento, más moderada, hasta principios del siglo XXI, y después hay una etapa de poco crecimiento sólo rota en los últimos años gracias al gran impulso del LTO del fracking en EE.UU. De hecho, sin el impuso de los EE.UU. la producción de petróleo del mundo se hubiera quedado estancada.

Producción mundial (excluyendo EE.UU.) de todos los líquidos del petróleo

Que había un problema en ciernes con el petróleo podía haberse deducido simplemente viendo cómo había sido el incremento porcentual anual de la producción de petróleo (calculado año a año pero sobre ventanas de 5 años; por eso el último punto corresponde a 2009):


Variación porcentual anual de la producción mundial de todos los líquidos del petróleo
Los ritmos porcentuales de aumento de petróleo no sólo son los más bajos de entre todas las materias primas energéticas, sino que además han tendido a ser virtualmente cero en diversas ocasiones en los últimos 20 años, y sólo ha roto esta tendencia en los últimos años gracias al fracking. Desgraciadamente, el fracking y demás petróleos no convencionales habían llevado ya en 2014 a un exceso de endeudamiento de las empresas productoras que, combinado con la espiral de destrucción de demanda - destrucción de oferta está llevando a que en este momento estemos experimentando una caída de la producción mucho más abrupta de lo que debería de ser. Esta semana conocimos que los descubrimientos de nuevos yacimientos han caído a su mínimo en 50 años, y se estima que para 2017 habrá un descenso de producción de alrededor de 3 millones de barriles diarios (Mb/d) sobre los aproximadamente 90 Mb/d producidos actualmente, solamente por los retrasos de algunos proyectos en curso. Y la cosa podría aún ir a peor.

El petróleo continuará siendo la principal fuente de energía del mundo durante los próximos años, pero ya no puede crecer más e inevitablemente comenzará en breve, si no lo ha hecho ya, a decrecer. Eso es, exactamente, el peak oil: no que se acabe el petróleo de un día para el otro sino que se llega a un máximo después del cual sigue un proceso de declive que se prolonga durante décadas. La importancia del peak oil es primariamente económica: sin crecimiento del consumo de petróleo o se busca una fuente de energía que lo sustituya o el crecimiento económico se ha acabado (como llevamos explicando aquí desde hace 6 años). 

Carbón:

El carbón ha crecido a un ritmo especialmente acelerado desde el año 2000, gracias fundamentalmente al impulso económico de China y de la India, que se han apoyado mucho en esta fuente de energía para impulsar su desarrollo industrial. Sin embargo, los últimos años están marcados por el estancamiento e incluso una cierta tendencia al declive, que probablemente se ha visto agudizada en 2015 y en 2016 (que no salen en la gráfica).


Producción mundial de carbón
Mirando la evolución de las tasas porcentuales anuales de variación se confirma una tendencia al descenso, a pesar de que el crecimiento (a 5 años vista, recordemos) era aún importante en 2009 (del 3% anual).

Variación porcentual anual de la producción mundial de carbón
Por sus características geológicas, el declive del carbón será probablemente más suave y progresivo que el del petróleo, pero probablemente su pico no está nada lejano en el horizonte y posiblemente haya sido ya sobrepasado. Esto es bastante grave, ya que petróleo y carbón representan aproximadamente dos tercios de toda la energía primaria consumida en el mundo.

Gas natural:

La producción del gas natural ha sido creciente en todo el período estudiado, quizá con una ligera deceleración hacia el final.

Producción mundial de gas natural

Las variaciones porcentuales de la producción de gas natural no permiten aventurar cuándo se va a producir el pico del gas natural, que en todo caso se estimaba hace unos años que se produciría hacia 2020.

Variación porcentual anual de la producción mundial de gas natural
En el post "El pico del gas", escrito en julio de 2010, se comentaba que, de acuerdo con un estudio del Energy Watch de un par de años antes, se apuntaba a que antes de 2015 se producirían problemas de suministro en Europa, de acuerdo con las posibilidades reales de aumentar la producción de gas en las zonas limítrofes con Europa (especialmente Rusia) y el aumento previsto de la demanda. Justamente uno de mis lectores me argumentaba que tales problemas "no se han producido" y por tanto las previsiones del 2010 en cuando al pico del gas eran completamente erróneas. Es interesante investigar el por qué: vean cómo ha sido la evolución del consumo en Europa, y fíjense en particular en los últimos 4 años de la serie:


Evolución del consumo del gas natural en EuropaComo pueden ver, no se cumplieron las previsiones de aumento de la demanda en Europa; más bien al contrario, se ha producido una escalofriante caída del 23% del consumo. Lógicamente, así no se ha producido ningún problema de suministro. Resulta curioso que, siendo el gas natural el combustible menos intensivo en carbono y por tanto el mejor en términos de emisiones de CO2, y habiendo demostrado la Unión Europea su interés en luchar contra el Cambio Climático, haya descendido el consumo de gas natural en el continente. Obviamente, lo que estamos viendo aquí es el efecto de la recesión permanente de los sectores productivos, de esta crisis que no puede acabar. Por otro lado, mirando la evolución de la producción de gas natural rusa se ve que las previsiones de estancamiento no estaban ni mucho menos desencaminadas (atención al daño que supuso el período 2008-2009):


Producción de gas natural de Rusia
Energía nuclear:

El anuario de BP no ofrece datos sobre la producción de uranio (la cual, de todos modos, sabemos que probablemente está ya en declive) pero sí sobre la producción de energía eléctrica de origen nuclear (estos datos, como los de todas las fuentes eléctricas, están "primarizados", es decir, convertidos a su equivalente térmico asumiendo un 38% de eficiencia en la conversión; por tanto, el valor aquí representado es 2,63 veces la cantidad de energía eléctrica producida).

Producción mundial de energía nuclear
Como se ve, desde finales del siglo XX este tipo de energía está más bien estancada, y el desastre de Fukushima de 2011 ha agravado una tendencia que venía de antes. Esto es aún más evidente al mirar las variaciones porcentuales anuales:


Variación porcentual anual de la energía nuclear producida en el mundo
De hecho, se podría decir que la energía nuclear entró en una larga fase de decadencia que comenzó hacia los años 80 del siglo XX. Como se ve en la gráfica, desde aproximadamente 2003 (por tanto, 8 años antes de Fukushima) la producción de energía nuclear entró en declive, es decir, las tasas de variación se volvieron negativas. Es curioso cómo la energía nuclear sigue saliendo en los debates energéticos, cuando su decadencia es más que evidente a estas alturas.

Hidroelectricidad:

Aunque aún modesta comparada con la energía proporcionada por las energías fósiles, la energía de origen hidroeléctrico ha tenido una evolución excelente en las últimas décadas y no parece haber tocado techo alguno a escala mundial, más bien lo contrario (aunque en los países occidentales lleva tiempo estancada):


Consumo de energía hidroeléctrica a escala mundial
Las variaciones porcentuales anuales muestran que está en una fase aún expansiva, aunque posiblemente acercándose a su saturación.


Variación porcentual anual del consumo de energía hidroeléctrica.

Energía eólica:

La expansión mundial de la energía eólica es muy rápida, a un ritmo exponencial elevadísimo. La energía producida es aún 5 veces menos que la que proporciona la hidroelectricidad.

Consumo mundial de energía eólica
Las variaciones porcentuales anuales están aún en el rango de los dos dígitos: lejos de los enormes incrementos de los años 80 pero aún altísimos. Es posible que estemos ya en la fase de rendimientos decrecientes, aunque aún es prematuro afirmar tal cosa.


Variación porcentual anual de la energía eólica consumida a escala mundial

Energía solar:

La energía solar ha experimentado también un crecimiento apabullante en los últimos décadas. A pesar de ello, es la más modesta de todas las fuentes, con una cantidad de energía que es aproximadamente la cuarta parte de la eólica.


Consumo mundial de energía de origen solar
La evolución de la variación porcentual anual muestra unos valores altísimos, de tres dígitos, aunque podía estar comenzando una incipiente fase de rendimientos decrecientes.


Variación porcentual anual del consumo de energía solar mundial
Conclusiones

Las fuentes de energía no renovable muestran claros síntomas de estar llegando, si no lo han hecho ya, a su cenit; la única excepción es el gas natural, cuyo cenit se espera para comienzos de la próxima década y que difícilmente podrá compensar significativamente el declive de las otras tres (petróleo, carbón y energía nuclear). Las fuentes de energía renovable, por su parte, están mostrando una evolución excelente y por tanto es lógico poner en ellas todas las esperanzas; sin embargo, tienen un largo camino por recorrer antes de llegar a alcanzar un nivel mínimamente comparable con las no renovables, y por el camino los posibles límites a su capacidad podrían manifestarse (aparte de la dificultad que tiene intentar que se desplieguen a tiempo para evitar los mayores problemas asociados al declive de las no renovables).



Producción comparada de energía de las diversas fuentes consideradas en el post, con el mismo código de colores usado a lo largo de este artículo (negro: petróleo; rojo: carbón; azul marino: gas natural; amarillo: nuclear; azul celeste: hidroelectricidad; morado: energía eólica; verde: energía solar).

Salu2,
AMT
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Par de fuerzas

The Oil Crash - 18 May, 2016 - 09:16



Queridos lectores,

A finales del año 2014 me invitaron a participar en un programa de TV3 donde nos preguntaron (a otro invitado, profesor de economía, y a mi) sobre los bajos precios del petróleo que llevaban experimentándose desde unos meses antes. El interés de la conductora del programa era saber por cuánto tiempo se iba a prolongar esta situación de precios bajos, y si en particular se iban a prolongar, como anunciaban entre otros Goldman Sachs, hasta 2020. Recuerdo haber dicho que la situación de precios bajos no podría durar demasiado tiempo pues la desinversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos de petróleo llevaría eventualmente a que la producción bajase y eso haría subir los precios, aunque también dije que probablemente el precio no volvería a subir hasta final de 2015 como pronto. Me quedé un poco preocupado con mi afirmación: temía, en aquel momento, que quizá estaba fiando demasiado largo la recuperación del precio del petróleo, y que mi previsión se iría al traste si durante 2015 se producía algún evento sonado en la escena geopolítica que hiciera que el precio del petróleo se disparase. Obviamente, predecir grandes eventos traumáticos a escala internacional es harto difícil (aparte de un ejercicio morboso y desagradable); yo prefiero centrarme en los datos contrastados, en explicar las tendencias, y en apuntar a los riesgos que se dibujan en el horizonte para intentar contrarrestarlos. Desgraciadamente, tengo un pequeño ejército de detractores que intentan darle la vuelta a cualquier presunta contradicción mía (sea real o no) para, a través de ella, atacar el fondo de lo que expongo. Es decir, que si no soy capaz de prever el curso concreto de los acontecimientos durante este año, entonces quiere decir que el problema principal que se discute en este blog (el peak oil, es decir, la llegada a la máxima producción de petróleo y su posterior declive) no es cierto (a pesar de lo abrumador de los datos oficiales que muestro aquí). Como uno de los argumentos caros a estos detractores es el del precio del petróleo (el otro es tildarme de catastrofista, aunque los catastrofistas sean ellos), haber aventurado públicamente que el precio no iba a subir en unos cuantos meses podía haber sido usado, una vez más, en mi contra.

Mi impresión a principios de 2015 es que la crisis económica global que los indicadores macroeconómicos anunciaban continuaría deprimiendo la demanda y manteniendo los precios bajos, hasta que la caída de producción forzase el rebote, cosa que contaba entonces que no se produciría hasta finales de 2015. A pesar de que, en líneas generales, se podría decir que ésa ha sido más o menos la situación, lo cierto es que a principios de 2015 esperaba que los síntomas de una nueva recesión serían más o menos evidentes después del verano, y que los precios eventualmente podrían empezar a rebotar a finales de 2015. Lo cierto y verdad es que en este momento, mayo de 2016, los indicadores macroeconómicos mundiales siguen siendo nefastos pero en lugares como España no se vislumbra, al menos en las noticias, ninguna recesión (lo que no quita que la situación económica de muchas familias no es precisamente boyante). Por otra parte, los factores que llevaron al hundimiento del precio del petróleo a finales de 2014 (y que explicábamos en el post "La espiral") no han desaparecido y en particular la demanda sigue siendo relativamente débil y continúa por debajo de la oferta, a pesar de que la oferta ya ha comenzando a caer (como hemos comentado en diversas ocasiones, 2015 ha sido probablemente el año del peak oil - máximo de producción de todos los hidrocarburos líquidos - aunque necesitaremos que pasen algunos años para confirmar o desmentir esta efemérides).

¿Qué está pasando, pues? ¿Como puede suceder que hayamos llegado, como parece, al peak oil, pero no se estén desencadenando los previsibles efectos económicos negativos?

En buena medida, lo que está pasando es que la actual situación económica no es una sorpresa. El pico de precios del petróleo de 2008, en el que realmente se produjo un desajuste entre la demanda y la oferta que llevo a precios récord y que contribuyó y mucho a la crisis mundial (esta crisis que nunca acabará) fue una sorpresa, pero la situación actual no lo es. Desde hace ya unos años se sabía que el negocio petrolero estaba quemando sus últimos cartuchos, llegando al extremo de descapitalizarse en un último intento por mantener la industria a flote unos años más y no pocos indicaban cómo tenía que acabar la cosa. El fracking fue una apuesta sin futuro pero era todo lo que quedaba. La burbuja de deuda creada alrededor del fracking se ha inflado de manera desmesurada, pero aún no ha llegado el momento de reventarla. Se estira tanto como se puede la situación actual, deseando que lleguen mejores momentos que permitan salvar los muebles, y así seguiremos hasta que se vea que ni con precios altos el fracking será rentable (eso si el continúo goteo de quiebras en el sector no acaba en un hundimiento del sector, desencadenando de paso una crisis financiera mundial).

Si se hubiera actuado con la fría lógica de mercado, haciendo las cosas de la manera habitual, el resultado hubiera sido la conocida espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda: ora la oferta no cubre la demanda, lo que causa que el precio del petróleo sea demasiado caro y acabe dañando a la economía global, causando recesión y por ende destruyendo demanda; ora el precio del petróleo cae demasiado (por la destrucción de demanda), a las endeudadas empresas petroleras les cuesta mantener la producción y acaban unas desinvirtiendo en nueva explotación y otras quebrando, y al final la producción baja hasta que es inferior a la demanda y comienza el ciclo de nuevo. -Obviamente, después de cada ciclo la oferta de petróleo es menor y la actividad económica es más menguada, hasta que finalmente algo reviente. Esta espiral es el esperpéntico resultado de aplicar la lógica del mundo en continuo crecimiento en un momento en que se está chocando con sus límites, y no sólo con el petróleo. La espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda era el nefasto resultado de no entender el momento que vivíamos y dejar que el descenso energético al cual nos lleva el peak oil se desarrollara libremente, sin intentar pilotarlo. 

Pero, aunque parezca mentira, se podía hacer algo aún peor. Siguiendo con la analogía de que el descenso energético es un avión con el motor averiado cuyos mandos podemos intentar controlar como sociedad, se podría decir que los movimientos para la transición energética equivaldrían a maniobrar para intentar que el avión planee y conseguir así hacer la caída menos abrupta, mientras que la espiral sería el equivalente a una caída descontrolada, sin nadie a los mandos. Pues bien, lo que estamos haciendo se puede comparar a tomar los mandos de la nave y optar por una caída en picado. Es decir: de una manera necia y deliberada optar por empeorar la cosa, porque la caída sea más dura y más dolorosa. Ése parece ser el curso que estamos siguiendo ahora mismo, como explicaré en el resto de este post.
 
Hay dos fuerzas diferentes y complementarias que están actuando en en el momento actual. Por una parte está el declive económico, exponente del cual son todos los síntomas de una recesión global de primera magnitud; por el otro, está el declive de los recursos, que nos indica que cada vez es más difícil explotar los recursos naturales no renovables, particularmente el petróleo, y eso aumenta la inestabilidad geopolítica de los países cuya economía depende fuertemente de estos recursos

Con respecto a la primera fuerza (el declive económico), los signos se multiplican por doquier. Merece la pena recordar que hace tan sólo cuatro meses el año 2016 empezó con los peores augurios económicos, con unas fuertes caídas de las bolsas mundiales de las cuales no nos hemos recuperado aún. En febrero las bolsas se estabilizaron y comenzaron un lento y trabajoso retorno a los valores precedentes, sin que en realidad no se haya modificado ningún aspecto fundamental del mercado. Si miramos los índices macroeconómicos que examinábamos entonces, nos encontramos, por ejemplo, que el Baltic Dry Index ha ascendido un poco desde los mínimos de enero, pero sólo para empezar a caer de nuevo. También vemos, como destacaba el post anterior, que el China Containerized Freight Index (índice chino de transporte de contenedores, que mide el precio de los fletes) está en mínimos de la serie histórica, y aunque con pequeñas subidas y bajadas mantiene la tendencia a la baja. La razón está en el estancamiento y leve caída de las exportaciones chinas, acompañada con una gran inversión previa en buques mayores:

Valor económico (en 100 M€) de las exportaciones chinas: https://www.flexport.com/blog/why-are-ocean-freight-rates-so-low/




Las largas colas para cargar y descargar se han hecho frecuentes en todos los puertos del mundo, y es que simplemente la demanda global de bienes no ha evolucionado como estaba previsto. No es que el comercio mundial haya colapsado pero sí que ha alcanzado un pico (peak commerce), un máximo que aún está por determinar si es provisional o definitivo. En este contexto, los precios de la mayoría de las materias primas (con la interesante excepción del litio) están realmente bajos, y mientras los economistas aventuran una u otra explicación (la más popular, el exceso de deuda, que tiene una parte de razón) pocos quieren mirar a la fuerte conexión de estas caídas con la del petróleo. Este año puede ser crítico para el sector petrolífero, con un tercio de las compañías en peligro real de quebrar, y eso está llevando a un frenazo en seco de las inversiones que no sólo conseguirá que la producción de petróleo descienda considerablemente en un par de años, sino que además retira inversiones de los países más dependientes de sus exportaciones de materias primas y los acerca a su bancarrota petrolífera. La realidad es que las clases medias de Occidente están viendo retroceder su renta disponible y aumentar el paro, y eso no sólo deteriora el comercio mundial (con menos demanda de gadgets fabricados en China y otros países emergentes, llevándoles a la recesión) sino que en casa arroja a los restos del naufragio de la clase media a los brazos de líderes populistas sin escrúpulos (con consecuencias futuras difíciles de prever pero probablemente poco agradables). Mientras tanto, las principales potencias industriales intentan mantener a flote su capacidad productiva (y de paso una cierta garantía de empleo y de paz social) por medio de soterradas guerras de divisas.

Las malas perspectivas económicas para Occidente, y la recesión global que va avanzando (y que tarde o temprano acabará afectando a España) se ven compensadas por los bajos precios de las materias primas que alimentan sus economías. Sin embargo, tal beneficio para Occidente no viene a cambio de nada. El declive de los recursos no significa simplemente que la producción de estos recursos disminuya con el tiempo; significa que lo que queda es cada vez menos asequible económicamente, y lo que al final hace que disminuya la producción no es tanto la incapacidad física de producir más sino la imposibilidad económica de hacerlo de manera que sus potenciales consumidores se lo puedan permitir; al fin y al cabo, si un producto no tiene mercado no vale nada. Ambos efectos están teniendo un papel en estos tiempos: por un lado, hay una dificultad física en mantener la producción; por el otro, la producción es cada vez menos asequible y por tanto los clientes disminuyen. El resultado final es un descenso de la producción y una crisis económica y financiera galopante en los países productores.

Del lado de los recursos realmente disponibles, un reciente y exhaustivo estudio científico ha puesto en evidencia que las reservas mundiales de petróleo son probablemente menos de la mitad de las que se anunciaban hasta ahora. Algunos analistas económicos han comenzando a preparar el terreno, a su manera, avisando que las compañías pueden disminuir sus reservas debido a lo que se suele considerar ajustes temporales (debido a los actuales bajos precios del petróleo). Sin embargo, si los precios bajos son persistentes debido a la pérdida de capacidad de compra de la masa de trabajadores menos cualificados (según explica Gail Tverberg), los problemas económicos y financieros para estas compañías y, lo que es peor, para los países productores serán crónicos.

En el momento actual, el declive de los recursos está llevando a una situación desesperada a muchos países. Sin embargo, el foco mediático está sólo en uno: Siria. La crisis de los refugiados y la vergonzosa actitud europea delante de este problema está enmascarando que la conflicitividad bélica del mundo está escalando de manera alarmante, y no casualmente en países productores de petróleo o que son críticos para el paso de hidrocarburos.

Yendo a las guerras actualmente activas, es llamativo lo poco que se habla actualmente de Ucrania, a pesar de que la guerra sigue allí su curso letal. Sin embargo, hay otras dos guerras por el petróleo en curso en países del mundo árabe de las que no se habla en absoluto. Una de ellas es Yemen, donde la intervención directa de Arabia Saudita desde hace más de un año no acabó con la guerra civil sino que convirtió la guerra en un conflicto internacional y, por lo que se ve, inacabable. El caso de Yemen es especialmente sangrante, pues se da la circunstancia de que el conflicto de Yemen era previsible desde hacía tiempo viendo la evolución de su peak oil particular, pero nadie hizo nada para evitarlo; lo cual no es muy esperanzador para otros países, como la propia Arabia Saudita que, no olvidemos, dejará de exportar petróleo antes de que pasen 14 años. El otro país en guerra del que no se habla es Libia: desde el derrocamiento de Gadafi hace 5 años el país ha vivido una intensa guerra civil, que recientemente se ha recrudecido con la extensión de Estado Islámico a su territorio. El Reino Unido e incluso Estados Unidos se están preparando para enviar tropas sobre el terreno, en un movimiento que es difícil de justificar si no es dentro del marco de la creciente inestabilidad geopolítica mundial. Otra guerra activa en África pero de la que es muy difícil obtener información alguna es la de Malí (en este caso por el control del uranio de Níger, como ya comentamos). El ataque hace unos meses a una base de las Naciones Unidas y la presencia de tropas españolas en el conflicto debería hacer más asequible el acceso a información; sin embargo, poca cosa se sabe más allá de que el norte está bajo el control de los tuareg separatistas, de alguna manera aliados a Al Qaeda por lo que parece.

La nómina de países con problemas crecientes y agudizándose por los bajos precios del petróleo no se detiene ahí. Nigeria ya no es el mayor productor de petróleo de África, según dicen debido a los ataques de la milicia de Boko Haram, aunque en parte ese descenso es también por la llegada del país a su propio peak oil. El menosprecio de décadas a la población del delta del Níger, unido a la caída de ingresos y una élite política demasiado alejada de las clases populares está llevando al país a una situación potencialmente explosiva con consecuencias devastadoras para el mercado de petróleo. Otro caso digno de estudio es el de Argelia, un país que en 10 años podría dejar de ser exportador de petróleo (superó su peak oil hace casi 20 años) y que está sufriendo para capear el bajo precio del petróleo, y cuya estabilidad política podría ser más precaria de lo que muchos se piensan. Por completar esta lista ya bastante extensa no podía faltar una mención a Venezuela, país que ha tratado de compensar su peak oil de también hace casi dos décadas recurriendo a los petróleos extrapesados del Orinoco (los cuales necesitan combinar con petróleo ligero, precisamente importado de Argelia), de muy bajo rendimiento. El descenso de ingresos del petróleo, juntamente con el descenso natural de la producción de su petróleo de mayor calidad, están arrastrando a Venezuela a una fuerte contracción económica y a una degradación de servicios básicos. Las medidas de excepción decretadas por el presidente Maduro han llevado a una fuerte contestación de la oposición -que democráticamente conquistó la asamblea naciona en la última elección legislativa- que anuncia manifestaciones y una elevación de la tensión que puede acabar muy mal. En los medios occidentales hay un general consenso occidental sobre el probable estallido de la violencia en el país caribeño, y a veces parece que algunos aquí lo desean para poder entrar a saquear, dado que el país posee las mayores reservas de petróleo -sobre todo, no convencional- del continente.

No sólo las guerras y conflictos en los países menos privilegiados están rápidamente deteriorando el balance de la extracción de petróleo. Los recientes incendios forestales en la provincia de Alberta, justamente en la zona donde se explotan las arenas bituminosas de Athabasca, ha llevado a una caída de la producción (en principio provisional) de más de un millón de barriles diarios. Estos incendios se han producido debido a las altas temperaturas y sequedad de la zona, en valores nunca antes vistos (fruto probable del cambio climático combinado con un episodio de El Niño muy fuerte). Aunque los fuegos remitirán y la producción se reestablecerá, algunas cosas no podrán volver a funcionar como antes, sobre todo teniendo en cuenta la escasa rentabilidad de este tipo de explotaciones y menos en estos momentos de precios bajos. En cuanto a los EE.UU., continúa la caída de cabezas perforadoras activas y la producción de petróleo ya ha descendido un 8%.






En resumen, estamos viviendo la acción combinada de dos fuerzas que normalmente estarían en oposición de fase pero que actualmente están sincronizadas. Por un lado, la caída de la actividad económica debido a la menor capacidad de consumo de las clases medias debido a la pérdida salarial (lo que a veces se llama "devaluación interna"). Esta caída del consumo lleva a los precios de todo, y particularmente de las materias primas, a la baja; y los precios bajos de las materias primas deberían permitir relanzar la economía. Sin embargo, la pérdida de poder adquisitivo es tan fuerte y la aversión al riesgo financiero tan grande que lo que está pasando es que se está llevando a la bancarrota acelerada a compañías petrolíferas y países productores de petróleo. Por ese motivo, en vez de vivir una sucesión de destrucción de oferta - destrucción de demanda a un ritmo relativamente moderado lo que parece que vamos a vivir es una caída precipitada de la producción de petróleo, especialmente si estallan al tiempo los muchos conflictos geopolíticos larvados, que va a disparar los precios y va destruir la demanda a un ritmo más alocado de lo que lo hubiera hecho en otro caso. En esencia, el haber estirado la situación con los hidrocarburos de baja calidad, económicamente no asequibles para la masa, ha degradado la base económica de la clase media y va a conseguir que la espiral sea más rápida y violenta; en definitiva, que gire más rápido.




En Física se denomina "par de fuerzas" a dos fuerzas iguales en magnitud y dirección, pero de sentido opuesto, que se aplican en dos puntos diferentes igualmente alejados del centro de masas de un cuerpo. Si las fuerzas estuvieran aplicadas al mismo punto de contrarrestarían perfectamente y el cuerpo se quedaría en reposo. Sin embargo, si hay una distancia entre ambas fuerzas (denominada "brazo del par") el par de fuerzas no desplaza el cuerpo pero le hace girar. En el momento actual, las fuerzas que empujan por un lado de la economía y por el otro lado de los recursos (particularmente, del petróleo) son de signos opuestos pero no pueden cancelarse. De manera análoga a lo que sucede en Física, ese par de fuerzas tiende a hacer girar y cada vez más rápido nuestro sistema social y económico. Ojalá seamos capaces de comprender pronto qué es lo que pasa y ponerle freno, antes de que nos hagan entrar en barrena.

Salu2,
AMT
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El cubo mágico ante la desglobalización

The Oil Crash - 11 May, 2016 - 08:46
Queridos lectores,
Demián Morassi nos ofrece un nuevo ensayo, en este caso analizando el impacto del transporte en contenedores, su conexión con la energía barata y su destino en la época de desglobalización que ya está comenzando. Estoy seguro de que será de su interés.
Salu2,AMT







El cubo mágico ante la desglobalizaciónPor Demián Morassi

Vamos a hablar de un 26 de abril que cambiará el devenir del capitalismo. No, no nos referimos al de hace 30 años, cuando la explosión del reactor de Chernóbil hizo saltar la alarma del capitalismo actual, cuyo pilar, el desarrollo industrial se daba de bruces con riesgos de proporciones inimaginables. Sumémosle otros 30 años a nuestro viaje al pasado.

El cubo mágico.El cubo mágico al que me referiré no es el cubo de Rubik, ese juego donde hay varios colores y el objetivo es encastrarlos perfectamente trasladando unos para acá y otros para allá para completar la tarea... sino a los cubos de colores que llevan productos manufacturados trasladando unos para acá y otros para allá, encastrando perfectamente los nodos del capitalismo industrial globalizado... me refiero, nada menos que al contenedor (no es exactamente cúbico pero bueno, casi).

60 años por el mar.Cumplió 60 años el transporte marítimo de contenedores. El 26 de abril de 1956 el Malcolm McLean Ideal-X, fue el primer hilo de esta red que hoy conecta todos los puertos del mundo.“Malcolm McLean, un magnate del transporte por carretera, utiliza un barco petrolero modificado para mover la primera carga en contenedores por vía marítima desde Nueva Jersey a Houston, hace 60 años, en 1956. Cuatro años más tarde, Sea-Land introdujo el primer servicio transatlántico y, en 1969 en el Reino Unido, Overseas Container Lines lanzó un servicio que hoy es sinónimo del comercio global de mercancías” [1]. La palabra container también la usamos por estas tierras y describe seis planchas de metal de las cuales cualquier cosa puede salir. Ese cubo mágico que con el correr del tiempo irá tomando poder para que al final todos los productos deseen encastrar perfectamente con su espacio interno, diseñando sus embalajes a la medida de los pies y pulgadas (finalmente estandarizadas), sin desperdiciar ni una gota de espacio.

Observando el gráfico proporcionado por Clarckson Resaech [2] vemos como fue el aumento en los últimos cuarenta años.1 TEU equivale a 38,5 metros cúbicos de volumen exterior. Los containers de 2 TEU son los más comunes.



Y los cambios fueron impactantes. Desde 1976 a 1996 el comercio llegaría a 41 millones de TEU (m TEU) para luego añadir otros 136m TEU más entre 1996 y 2016.La mercancías viajan seguras de un lado a otro permitiendo que las externalizaciones no impacten en la calidad, pudiendo ir armando un producto en distintos lados del mundo para luego llevarlos a los lugares de consumo, lo que lograría abaratar los costos. Las líneas de transporte se afianzarán y los portacontenedores se harían más grandes...Durante 1976-1996 el promedio de los barcos era de 1673 TEU.De 1996-2016 el promedio pasó a 4.363 TEU.Se separó a los propietarios de los arrendatarios para lograr mayor eficiencia mientras a su vez los productos de consumo se irían achicando y amoldando su embalaje para optimizar el viaje.Como ejemplo:Con alrededor de 400 televisores de pantalla plana en un container, a $400 / TEU, el coste de carga equivale a sólo 1 dólar de ese televisor que luego sería vendido a 300 dólares.Pero las proyecciones para 2016 son la punta del iceberg en este viaje.La desglobalización invita a replantear cuál será su futuro. 60 años es una edad en que hay que pensar en disminuir la actividad.La sobreoferta de barcos en relación a la pobre demanda arroja los precios de alquiler por el suelo. La incapacidad de hacer crecer la demanda viene, por un lado, por la falta de oportunidades para los trabajadores haciendo que mucho de esos productos que viajan por contenedor se empiecen a relegar por considerarse superfluos, y por otro por la industria desmoronada por el aumento de coste de la extracción de petróleo que, luego de tres años de alto valor en dólares, se ha desmoronado.Las grandes empresas ya no piensan en qué nuevo negocio se pueden montar sino principalmente en cómo desinvertir de la mejor manera posible para mantenerse en esa cresta de la ola a la que la globalización las llevó.

Los valores de alquiler de un contenedor están siendo extremadamente volátiles pero además, en el último año cayeron estrepitosamente. Clarckson Research da cuenta de cómo cayó en promedio de 1290 us$/TEU en enero de 2015 a 385 us$/TEU en marzo de 2016.



En China, el indicador que nació en 1998, el China Containerized Freight Index (CCFI) cuyo valor de inicio fue 1000 puntos (valor que venía siendo el promedio durante 2014), llegó a fines de abril de este año a su mínimo histórico: 632 puntos. Una linda manera de festejar su sexagésimo aniversario.



Lo interesante de esta sobre oferta de contenedores es cómo actualmente este "cubo mágico" se están reutilizando para solucionar otros problemas, especialmente para los problemas habitacionales o como oficinas móviles en  zonas de construcción. En donde yo vivo, varias escuelas han sido ampliadas provisoriamente con contenedores (bibliotecas, salas de taller, etc.). En la arquitectura moderna la estética del contenedor ya tienen su sello, incluso en las clases más acomodadas. Así que va a ser mejor que las empresas de transporte marítimo vayan agudizando su ingenio para adaptarse a las verdaderas necesidades del ser humano. En ese otro mundo posible que sigue vigente como eslogan de los movimientos antiglobalización (aunque algunos pensamos que no sólo es posible sino que indefectible) tendremos que aprender a jugar con el cubo mágico que irá dejando la época dorada de la globalización.


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